La sinceridad de la caridad

La caridad es el amor como un compartir. Jesús nos indica el camino.

Del anonimato a la identidad

El jefe de la sinagoga es mencionado por su nombre; indicación, tal vez, de que había un contacto personal con él. Jairo forma parte del grupo social que rechaza a Jesús, pero como persona se acerca al Señor. Su hija se muere, le pide que le dé la vida. No se dice lo que Jesús responde, simplemente Jairo se pone en camino con él (cf. Mc 5, 23-24).

La multitud estaba allí también. Marcos intercala otro episodio. Una escena bella y tierna. Una mujer padece una enfermedad que en las categorías de la época significaba impureza; había, además, gastado todo lo que tenía en su deseo de curarse (cf. v. 25-26). Marginada por mujer, por enferma y por pobre, se acerca humildemente a Jesús, no se atreve a dirigirle la palabra. Piensa para sus adentros que quizá baste tocar sus vestidos y sanará casi sin que él se entere, intenta robarle un milagro (cf. v. 27-28). Su proyecto dio resultado. Toca a Jesús y recupera la salud. Pero la relación con el Señor ha de ser siempre personal, el diálogo completa el sentido del gesto.

«¿Quién me ha tocado el manto?» (v. 30). La pregunta parece ingenua a sus discípulos, con tanta gente apretujando cualquiera podría ser. Pero Jesús sabe lo que hace, da a la mujer la oportunidad de salir del anonimato al que le habían confinado la marginación y el desprecio que sufría. No la señala en medio de la multitud, es ella la que se presenta y habla «asustada y temblorosa»; pero acogida en su persona y en su dignidad «le confesó todo»(v. 33). El Señor valora su fe y su coraje: «Tu fe te ha curado; vete en paz» (v. 34); tú lo has hecho con la confianza que depositaste en mí, recibe ahora la paz, le dice. Le da la salud corporal (queda curada) y social (sale de su situación de marginada). Tener fe es tener vida.

Dios no hizo la muerte

De vida trata la continuación del episodio de la hija de Jairo. Acaba de morir, el asunto parece cerrado (cf. v. 35). No para Jesús. La fe está por encima de la muerte; más todavía, la fe es victoria sobre la muerte. De allí el consejo a Jairo: «No temas» (v. 36); en el evangelio el miedo se opone a la fe. Jesús no busca lo espectacular, al contrario quiere disminuir la importancia de lo que va a hacer: «La niña no está muerta; está dormida» (v. 39). El Señor le da la vida, ella se levanta, y —apunte más importante de lo que parece— Jesús sugiere que le den de comer. Esto forma parte del derecho a la vida de toda persona.

Los amigos de la muerte (cf. Sab 1, 16) niegan ese derecho a muchos en el mundo de hoy. Los textos de este domingo nos recuerdan la voluntad de vida que nos anuncia Jesús. Por ello ante la necesidad que padecen los hermanos, Pablo pide a los cristianos de Corinto que compartan lo que tienen. Con delicadeza les dice que no les da una orden, les está sugiriendo solamente un gesto concreto para que prueben la sinceridad de su caridad (cf. 2 Cor 8, 8). Ese compartir con quien tiene necesidad, hará que haya «nivelación» (v. 14). Eso fue lo que hizo el Señor con la mujer enferma y con la hija de Jairo.

Gustavo Gutiérrez