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Archive for 1/07/18

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: DIOS DE LA LUZ, PRESENCIA ARDIENTE.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Ant 2. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Salmo 113 A – ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO; LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Co 1, 3-4

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Entrando en la casa Jesús dijo: «La niña no está muerta; está durmiendo.» La tomó de la mano y exclamó: «Niña, yo te lo mando, levántate.»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Entrando en la casa Jesús dijo: «La niña no está muerta; está durmiendo.» La tomó de la mano y exclamó: «Niña, yo te lo mando, levántate.»

PRECES

Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y unidad entre ellos
y signo de salvación para todos los pueblos.

Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los obispos
y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.

A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestro Maestro,
y dar testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.

Concede, Señor, al mundo el don de la paz
y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Otorga, a los que han muerto, una resurrección gloriosa
y haz que los que aún vivimos en este mundo gocemos un día con ellos de la felicidad eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que quisiste hacernos hijos de la luz por la adopción de la gracia, concédenos que no seamos envueltos por las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Esta narración evangélica se halla muy bien construida. Así cada detalle de la misma se halla cargado de un significado simbólico, y no nos es posible comprender a decir verdad todo el mensaje, si lo leemos simplemente como una bella “historia”. La historia no se halla más que para servir de soporte al mensaje, y este mensaje se refiere a la vida, a su restauración y a su mantenimiento.

No es por casualidad que tengamos aquí dos narraciones en una. No hay motivo suficiente para pensar que los dos sucesos hayan tenido lugar al mismo tiempo y en el mismo día. Las dos narraciones han quedado unidad porque tienen mucho en común y porque nos transmiten el mismo mensaje.

En ambos casos se trata de una mujer. La mujer tiene una relación muy especial con la vida. Da la vida a su hijo tras haber cuidado de esta vida nueva en su seno a lo largo de nueve meses, y prosigue cuidado de él aún largo tiempo tras su nacimiento. En la cultura semítica dar la vida era para una mujer el honor supremo así como el deber más importante. Y, por supuesto, toda mujer judía alimentaba la secreta esperanza de llegar a ser ella misma la madre del Mesías.

Las dos mujeres de nuestro Evangelio tiene en común el verse privadas de la posibilidad de cumplir con ese deber y de recibir ese honor – la primera a causa de su muerte a la edad de doce años – edad de la pubertad legal, y edad en la que una joven judía dada de ordinario en matrimonio (no se trataba, pues, de una niña”, sino de una joven núbil) – la segunda a causa de su tipo de enfermedad (de la que se veía afligida desde hacía doce años – cifra que es menester en cuenta), que la hacía impura según la Ley, y que por consiguiente excluía para ella todo tipo de contacto con los hombres y la privaba de la posibilidad de ser madre.

Ambas mujeres son devueltas por Jesús a la plenitud de la vida, y son por lo mismo restablecidas en su papel de potenciales donadoras de la vida. Al curarlas, se revela Jesús como quien da la vida. ¿No es el más antiguo título de Cristo en la Iglesia siria el de “el que da la vida”? Cuando manda Jesús que se de de comer a la joven, se revela asimismo como quien alimenta la vida. Es quien da y restaura no sólo la vida “espiritual”, sino la vida “humana”, una vida que es a un tiempo física, psíquica y espiritual.

Al obrar de esta manera nos recuerda Jesús la belleza y el valor de la vida – de toda forma de vida: la vida tan bella, encantadora y frágil de un niño en plenitud de salud así como la de una persona entrada en años y enferma; la vida interrumpida de manera violenta de un embrión humano, lo mismo que la de los niños nacidos pero que no pueden desarrollarse como consecuencia de falta de alimentación, de habitación, de instrucción o de otras oportunidades normales; la vida de las personas cogidas como rehenes, lo mismo que las de tacones enteras que son rehén de cálculos políticos o económicos; la vida asimismo de personas bien alimentadas y a las que no falta bien material alguno pero que jamás llegarán a una plena madurez como consecuencia de falta de amor, de comprensión, de compasión, de perdón.

En el Evangelio de hoy se nos revela Jesús como quien da y alimenta la vida, todas las formas de vida. Todos nosotros, jóvenes o ancianos, casados o célibes, somos llamados, a ejemplo de Cristo y cada uno de nosotros a nuestra manera, a dar la vida, a alimentarla, y llegado el caso, a restablecerla.

Y porque creemos en esta misión recibida de Cristo, en quien participamos en una misma fe, deseamos una vez más, en esta mañana, recibir juntos el Pan de la Vida.

A. Veilleux

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No fue un ilusionista

La verdad es que Jesús de Nazaret no fue un ilusionista, el típico prestidigitador que saca palomas y pañuelos de su chistera para sorprender a los cándidos espectadores. Hoy lo vemos curando enfermedades y devolviéndoles la alegría a seres humanos que la habían perdido. A Jairo le resucita a su hija, y a la pobre mujer que padecía hemorragias la vuelve a la normalidad.

La teología tradicional nos presentó siempre los milagros de Jesús (y las profecías que realizó) como prueba inequívoca de su divinidad. Pero pienso que, aunque sea cierto que los milagros constituyen una prueba fehaciente de que él era Dios, Jesús, al curar enfermos, no pretendía maravillar al personal para llenarlos de asombro, sino que el móvil que lo llevaba a actuar de esa manera era más bien la lástima que le invadía al contemplar el sufrimiento de aquella pobre gente, hasta el punto de confesar que “se le revolvían las entrañas”.

Si observamos detenidamente las curaciones de Jesús, nos encontramos con que en casi todas ellas el Maestro hace referencia a la fe. A la mujer que padecía hemorragias le dice: “Tu fe te ha salvado”. Y a Jairo, jefe de la sinagoga, lo tranquiliga: “No temas; basta que tengas fe”. Da la impresión de que Jesús entendía la fe como requisito para realizar el milagro. A Jairo le bastaba con que el Maestro le impusiera las manos a su hija; y la mujer enferma sólo deseaba tocar el manto de Jesús, segura de que de él saldría una fuerza especial, capaz de curarla.

Quiero distinguir entre lo que yo entiendo por “fe humana” y lo que concibo como “fe cristiana”. Fe humana es la que consiste en “creer a los demás mortales porque nos ofrecen suficiente garantía de lo que nos dicen o hacen: damos crédito a lo que nos cuentan, y tenemos plena confianza en lo que hacen los profesionales de los oficios cotidianos: el panadero, el lechero, el que nos atiende en la carnicería… En tanto que la “fe cristiana” consiste en “creer en Jesús”, dejarse seducir por su persona y por su mensaje. Esta es la fe que movilizó a la mujer enferma y al jefe de la sinagoga.

El pasaje evangélico de hoy constituye todo un reto y una invitación a que tomemos el pulso a nuestra fe. ¿Nos seduce Jesús de Nazaret, o más bien estamos sesteando en nuestros rezos y ritos rutinarios y repetitivos con los que creemos cumplir el expediente, pero en realidad no nos enamora seriamente la persona de Jesús y su mensaje? ¿Somos como Pedro caminando sobre las aguas que, al primer titubeo, se hundía y sólo recurrió al Maestro acuciado por el miedo? ¿O como el resto de apóstoles que, amenazados por una fuerte tempestad, se llenaron de pavor al constatar cómo el vendaval se iba apoderando de la barca, que, poco a poco, se hundía?

La fe, en definitiva, consiste en fiarse de Jesús. El infatigable viajero san Pablo dirá: “Sé muy bien de quien me he fiado”…

Amigos, ¿cómo conseguiremos una fe seria, acendrada, en el profeta de Nazaret? Sencillamente, buscándolo. Él está fundamentalmente en dos lugares inequívocos: en la Eucaristía, derroche de amor y alimento que da vida; y en el prójimo, esa otra “Eucaristía” inconfundible: “Lo que hagáis a uno de éstos lo más pequeños, a mí me lo hacéis”. Los pobres, los desarrapados, los marginados, la escoria de la sociedad, aquellos a quienes nadie quiere, son los preferidos de Jesús; y en ellos se ha encarnado el Mesías. Son sus preferidos, la niña de sus ojos… Mi condición de creyente la manifiesto con estas sencillas palabras: “Yo de Jesús me fío”.

Pedro Mari Zalbide

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Querido amigo: Hoy estamos ante un encuentro en el que vemos a Jesús lleno de ternura, de humanidad, detallista, ejemplar. Jesús se preocupa de todo lo que le afecta a la gente que tiene a su lado: desde la fe hasta la salud. Cualquier gesto es admirable para ver cómo reacciona Jesús ante tantos acontecimientos imprevistos. Hoy tenemos uno de ellos y lo vamos a ver en el Evangelio que nos narra San Marcos en el capítulo 5, versículo 21-43. Allí vamos a ver cómo Jesús se conmueve, cómo trabaja por alegrar, por tranquilizar a un hombre que se llama Jairo, cuando resucita a su pequeña hija que sólo tenía doce años. Vamos a escucharlo con atención:

Cuando Jesús llegó de nuevo en la barca hasta la otra orilla, se reunió la multitud a su alrededor. Él estaba junto al mar. Llega uno de los jefes de la Sinagoga,llamado Jairo, y al verlo se postra a sus pies, suplicándole con insistencia: “Mi hijitaestá muriéndose. Ven, impón tus manos sobre ella para que se cure y viva”. Se fue conél. Le seguía un gran gentío que le oprimía. Todavía estaba Él hablando cuando llegan de la casa del jefe de la Sinagoga diciendo: “Tu hija ha muerto. ¿Por qué molestar ya al Maestro?”. Pero al oír Jesús lo que hablaban, dijo al jefe de la Sinagoga: “No temas. Cree solamente”. Y no permitió que nadie le acompañara sino Pedro, Santiago y Juan,el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la Sinagoga y ve el tumulto y a los que lloraban y a las plañideras, y entrando les dijo: “¿Por qué alborotáis y lloráis? Laniña no está muerta, sino dormida”. Y se reían de Él. Pero Él, echando a todos, tomóconsigo al padre y a la madre de la niña y a los que le acompañaban y entró donde estaba la niña. Y tomando a la niña de la mano le dijo: “Talita cumi” (que significa “Muchacha, a ti te digo: ¡levántate!”). Enseguida se levantó la niña y se puso a andar,pues tenía doce años. Y todos ellos quedaron muy asombrados. Les encargó con insistencia que nadie lo supiera. Luego les dijo que le dieran de comer.

Bien, querido amigo, hemos oído todo el relato de esta escena en la que Jesús resucita y cura a la hija de este hombre, que es uno de los dirigentes más importantes, llamado así como Príncipe de la Sinagoga de entonces. Vamos a situarnos donde está Jesús, allí nos vamos, allí sentimos y allí escuchamos. Sabemos muy bien que ha regresado de la región de Gerasa, que ya había pasado esa tormenta donde había calmado el mar y que llega otra vez allí, a Cafarnaún. Y la multitud que se entera de que viene, va detrás de Él, le sigue, pasa a la otra orilla y con esa multitud, junto al mar, allí en el borde del mar, vemos que llega un hombre plebeyo, Príncipe de la Sinagoga, un hombre importante. Y viene a pedirle a Jesús que cure a su hija. Según nos narra el Evangelio, era un hombre formado y que pertenecía al Consejo Superior de la Sinagoga. También se entiende que podía ser de una Sinagoga o de varias, puesto que Cafarnaún era una de las ciudades más importantes y podía haber varias sinagogas.

¿Qué hace este pobre hombre? Este ilustre judío cae de rodillas delante de Jesús —dice ahí que “se postró”— y le adoraba rogándole que entrase en su casa, y le suplicaba con insistencia, con mucha insistencia, su dolor: “Maestro, Señor, mi hija está en las últimas, ven a mi casa, impón las manos sobre ella y cúrala”. Y elevangelista nos explica un poco el porqué de este hombre: es un hombre importante y explica “porque tenía sólo esa hija”, hija única, de doce años, que se estaba muriendo en esos momentos.

¿Qué hace Jesús ante esa enorme multitud que está con Él, ahí, junto al mar? Se pone en camino y van a la casa de este hombre y cuando llegan a esta casa con toda esta multitud, antes incluso de llegar, vienen y le comunican que no siga hablando más con Jesús porque su hija ya está muerta: “No le canses al Maestro”. Pero Jesús, que oye esto, le dice a este Príncipe de la Sinagoga y padre de la niña: “No temas. Solamente cree y tu hija será curada”. Yo comprendo que este hombre tiene fe, pero una fe no muy completa, no muy fiel, no muy fuerte; no es como el Centurión, que le dice que ni siquiera vaya. Él le pide que vaya a su casa, que le toque y que le ponga la mano a su hija.

Jesús percibe el corazón de este hombre y continúan camino de la casa. Y sin dudar, entra. Pero se da cuenta de todo el desarrollo y las manifestaciones exageradas que había allí, puesto que la gente, la multitud, al enterarse de que se había muerto la hija de uno de los principales de la Sinagoga, se reúnen los flautistas, el tumulto, lasplañideras, que las alquilaban para este oficio y tocarían canciones tristes… de muerte. Entra Jesús y dice: “Paraos, retiraos de aquí que la niña no está muerta sino que está dormida”. Vemos y oímos el murmullo de la gente que se mofa de Jesús, se ríen ydicen: “Pero si… ¿qué sabe? Si está muerta…”. Pero Él, con esa autoridad que tiene,con ese señorío que domina siempre todo lo de Jesús, le dice al padre y a la madre que se vayan con Él, entran dentro, coge a Pedro, a Santiago y a Juan, los más predilectos, y entran donde está la niña. Yo también entro, querido amigo. Vamos tú y yo y estamos ahí: nos metemos en esta habitación de esta niña difunta y vemos lo que se realiza de una forma sublime, sencilla, pero preciosa, detallista, amorosa. Jesús, ¿qué hace? Ve a la niña y toma la mano de ella y grita con la voz y con el gesto: “¡Talita cumi!”, que quiere decir: “Niña, a ti te lo digo, ¡levántate!”.

¡Qué dominio, qué fuerza, qué autoridad la de Jesús que domina y triunfa sobre la muerte, sobre la enfermedad, que arranca todo para conseguir la victoria! Vuelve en sí… el espíritu a ella, su cuerpo se reanima, se levanta, y como niña se pone con todanormalidad. Los padres, nosotros, Pedro, Simón… nos quedamos atónitos, no sabemos qué es lo que pasa. Vemos a un Jesús que hace prodigios, que va contra corriente, contra la muerte, contra todo. Pero nos dice que no se lo digamos a nadie. Pero… ¡qué amor, qué detalles, qué humanidad! Les dice a sus padres: “Dadle de comer a la niñaporque ya veis que no está muerta sino que está viva”. Y dice el texto que su fama se extendió por todos lo sitios…

Querido amigo, parece una escena de un cuentecito, pero no es un cuento. Es contemplar tú y yo a un Jesús lleno de detalles, de amor, de amabilidad, de cariño, de bondad. Un Jesús que se compadece de todo, de un padre desolado, y que resucita a su hija. Un Jesús que en sus detalles se preocupa hasta de lo mínimo: “Que den de comer a la niña”. Y nos hace pensar… y nos quedamos así… Después de esto pensamos: ¡Qué bueno eres, Jesús, eres tan humano, eres tan sensible, eres tan detallista! Lloras cuando se te muere un amigo, perdonas y tranquilizas las conciencias —“tus pecados son perdonados”—, das pan a los hambrientos, les das la palabra, tiendes la mano al que te necesita, aclaras a Nicodemo su inquietud, a Magdalena la estimas en su forma de vida desestimada, a Lázaro lo resucitas.

Y hoy me sorprendes… Me llena de admiración y de ternura verte: con tu mano cariñosa comunicas vida. Me haces pensar, Jesús: yo también quiero que pongas tu mano sobre mi vida y que ahí cures mis muertes, resucites mis momentos fríos, que me des vida, que no estoy, que me falta la fe, que tengo una fe incipiente, como estehombre que no te dice “No vayas”, sino “Ven y pon la mano sobre mi niña”; que aveces me tienes que resucitar de mis incredulidades: todo lo quiero razonar, todo lo quiero pensar. Y Tú eres más natural… Eres un hombre que actúa con mucha fe y con mucha confianza. Yo te lo pido también: te pido que me resucites como a la hija de Jairo, que me hagas el poder de dar la vida para que comunique esta misma vida que Tú me das a los demás, para que esta fe que Tú me das y que yo la tengo tan floja, tan probada, tan contrastada, pueda transmitirla a los demás. Que aprenda también como Tú esa actitud: a tender la mano a quien me necesita. Que viva tu amistad continuamente y que sea como este hombre, que aunque ve morir a su hija, aunque sabe que se muere, acude a ti con fe y confianza, y con una actitud de súplica y de postración y de adoración.

Que yo en mis momentos bajos me llene de ti, me fortalezca en ti. No te pido que hagas milagros, pero que me des paz, me des fe, me quites mis tristezas y mis muertes y que oiga decirte: “No, no estás muerta, estás dormida”. Y sentir tu manoque me coge y me dice: “¡Talita cumi! Yo te lo digo: ¡levántate!”. Ese “¡levántate!” quelo sienta en este encuentro y que deje que Jesús… que Tú pongas tu mano sobre mismuertes, que quites esta forma de desesperanza y de infidelidad. También te pido Jesús que yo sea esa portadora del mensaje de vida, que dé vida y que transmita esperanza.

Y también te pido, ¿por qué no?, por todas esas personas que sufren, están enfermas, son pobres… Que yo también sufro, estoy enferma, estoy pobre y no me acerco a ti. ¡Que acuda a ti con fuerza y con confianza y con esperanza sabiendo que Tú me vas a dar la paz, la vida, y me vas a curar y a sanar! Yo te pido, Jesús, en este encuentro dejarme tocar, dejarme sanar y dejar oír: “Tú no estás muerta, estásdormida”. Entra en mi casa, Señor, entra en mi corazón, entra en mi vida y resucítame,porque creo, pero aumenta mi pobre fe; confío, pero aumenta mis formas y dame esa confianza en ti porque tengo dificultades espirituales y no sé resucitarlas.

En ti confío, gracias, Señor. Entra en mi vida y resucítame, Jesús. Que yo también aprenda y sepa resucitar las muertes que encuentre en mi camino y ayude a tantas personas que necesitan mi vida, mi aliento, mi fe y mi confianza. Jesús, termino este encuentro contigo sintiendo: “¡Levántate! Yo a ti te lo digo” —esa voz imperiosa en mi vida—, “no estás muerta, estás dormida”. Entonces, Jesús, te digo: “Despiértame, llévame o dame la vida fuerte y abundante que necesito para comunicarte en todos los lugares en que yo esté en mi vida. ¡Gracias, Señor, entra en mi corazón! ¡Resucítame!”.

Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

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“Levántate, toma al niño y a su madre
y huye a Egipto” (Mt 2, 13)

 

Señor
Como tú, muchos entre nosotros tienen que salir de la casa conocida, hacia tierras que desconocen.
Solos o con la familia, viajando para encontrar trabajo y así salvar la vida.
Viajando dentro o fuera del país, pero siempre con una misma preocupación: ganarse la vida.

Señor
Son muchas las personas que viven fuera de su casa, lejos de sus familias, lejos también de ti, y lejos de su propio interior.
Azares de la guerra o azares de la paz.
Emigrantes por necesidad o por libre voluntad.

Señor

Muchos gastan su vida sin llegar a encontrar un sitio fijo, un trabajo estable o un lugar reposado que garantice su seguridad y su felicidad.
Muchos cambian con frecuencia de lugar, de oficio, de trabajo, de amigos y a veces también de pareja y aun de familia.

Señor

Nuestro destino parece ser tener que vivir viajando, vivir dando la bienvenida un día y el saludo de despedida otro.
Vivimos separándonos frecuentemente unos de otros, cambiando siempre de lugar.
Peregrinar y cambiar es el sino del hombre.

Señor
Estas personas necesitan mayor comprensión y ayuda que los otros.
Y no siempre lo encuentran en quienes creen que su casa, su país, su trabajo ha de ser sólo para los que nacieron en su tierra.
Y se les niega el derecho a la vida y al trabajo, o tienen que luchar y defender este derecho contra otros.

Señor

Algunos hombres no entienden que la tierra, el mundo, es sólo de Dios y que Dios lo da a todos los hombres por igual.
Tú eres el que das derecho a vivir en este mundo y en esta tierra.
Y con el derecho nos exiges la obligación de convivir en igualdad de oportunidades, de respeto y de libertad.

Señor
Pocos entienden que todos los hombres, sin discriminación de color o de raza, tienen el mismo derecho a elegir y poder vivir en cualquier parte del mundo.
Pocos reconocen que el mundo es tu casa, que cedes a todos los hombres, porque son tus hermanos por voluntad de Dios.

Señor
Nosotros hemos inventado las lenguas distintas y las fronteras entre países.
Y creemos que esto nos da derecho a decir: esto es mío, esto no es tuyo.

O ésta es mi tierra y mi casa, y no es la tuya.

Señor

Porque somos así, nuestra vida sobre el mundo se va haciendo muy difícil.
Y porque somos así, nuestra vida es la de viajantes inquietos.
Y muchas veces también vida de solitarios y extraños entre los mismos vecinos y compañeros de trabajo.

Señor
A veces hay excepciones y alivios.
Hallamos en nuestro camino gente con corazón bueno y sencillo, que nos mira y nos invita sin palabras a su casa y nos hace huéspedes de su mesa.

Pienso que éstos son los que tú envías, para que el mundo no sea tan duro ni la vida tan penosa.
Estas gentes son tus imágenes vivas, las que hablan de tu bondad, sin saberlo ellas mismas.

Señor
Gracias por haber encontrado en las rutas del mundo esta gente que abre sus puertas, su corazón y su amistad.
Gracias por estas personas que alargan su mano, que miran nuestra cara con ojos de acogida y simpatía.

Señor
En estos casos recuerdo más que nunca aquella promesa que un día nos hiciste:
— Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Señor
Estas palabras salieron de tu corazón cuando tenías que despedirte de nosotros y volver al cielo.

Nadie se ha podido despedir diciendo con tanta verdad palabras más consoladoras.
Los otros que se despiden nos dejan casi siempre para toda la vida.
Sólo tú podías despedirte quedándote entre nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Señor

Sé que, además, tu permanencia en este mundo se da dentro de cada uno de nosotros por la vida de la Gracia divina.
Y que tu presencia es viva por medio del Espíritu que nos envías para que habite en nosotros.

Señor
Es tu presencia y compañía compartiendo nuestro viaje por la vida, de aquí para allá, lo que nos puede hacer soportar la soledad humana.
Lo que nos da fuerza y ánimo en la vida.
Lo que nos da esperanza de que siempre podemos contar con tu ayuda.

Miguel Beltrán

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1.«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1).

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Lectio: Domingo, 1 Julio, 2018

Jesús cura a dos mujeres
Vencer el poder de la muerte y
abrir el camino hacia Dios
Marcos 5,21-43

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

En este 13º Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia propone una meditación de dos milagros de Jesús a favor de dos mujeres. El primero a favor de una mujer, considerada impura a causa de una hemorragia que padecía desde hacía doce años. El otro a favor de una niña de 12 años. Recién muerta. Según la mentalidad de la época, cualquier persona que tocase la sangre o un cadáver era considerada como impura. ¡Sangre y muerte eran factores de exclusión! Por esto, las dos mujeres estaban marginadas, excluidas de la participación de la comunidad. También hoy hay categorías de personas que están excluidas o que se sienten excluidas de la participación de la comunidad cristiana. ¿Cuáles son hoy los factores que causan la exclusión, tanto en la Iglesia como en la sociedad?
Marcos describe los dos milagros con imágenes muy vivas. El texto es largo. Durante su lectura, considera que estás en medio de la gente acompañando a Jesús hacia la casa de Jairo. Y mientras caminas en silencio, trata de poner atención a los comportamientos tan variados de las personas que aparecen en la descripción de los dos milagros. Jairo, el padre de la niña, la gente, la mujer que sufre a causa de la hemorragia, los discípulos, la niña. Pregúntate cómo sería tu comportamiento

b) Una división del texto para ayudar a su lectura:

Marcos 5,21-24: El punto de partida: Jairo pierde la hija. Jesús va con él, la gente lo sigue
Marcos 5,25-26: La situación de la mujer que sufre de una hemorragia irregular
Marcos 5,27-28: El razonamiento de la mujer ante Jesús
Marcos 5,29: La mujer consigue su intento y queda curada
Marcos 5,30-32: La reacción de Jesús y los discípulos
Marcos 5,33-34: La conversación entre Jesús y la mujer curada por la fe
Marcos 5,35-36: La conversación entre Jesús y Jairo
Marcos 5,37-40: La llegada a la casa de Jairo y la reacción de la gente
Marcos 5,41-43: La resurrección de la niña

c) El texto:

Marcos 5,21-1321 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar.22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, 23y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» 24Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.
25 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, 26 y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, 27 habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28 Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» 29Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. 30 Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» 31 Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: `¿Quién me ha tocado?’» 32 Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho.33 Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34 Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»
35 Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» 36 Jesús, que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.» 37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. 39 Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» 40 Y se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» 42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. 43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te gusta o que te ha emocionado más? ¿Por qué?
b) ¿Cómo es el comportamiento de la mujer que ha tocado a Jesús? ¿Y qué es lo que le da la fuerza para tocar a Jesús?
c) ¿Por qué los discípulos no entendían lo que sucedía entre Jesús y la gente?
d) ¿Quién era Jairo? ¿Cómo se comporta Jesús con él, con su mujer y con su hija?
e) Una mujer es curada e integrada de nuevo a la convivencia de la comunidad. Una niña es levantada de su lecho de muerte. ¿Qué enseñan hoy estas dos acciones de Jesús para nuestra vida de familia y comunidad?

5. Para aquéllos que desean profundizar más en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

i) A lo largo de las páginas de su evangelio, Marcos va aumentando las informaciones sobre la persona de Jesús. Hace ver cómo el misterio del Reino se refleja en el poder que Jesús ejercita a favor de los discípulos y de la gente, y sobre todo, a favor de los pobres y marginados. Al mismo tiempo, a medida en que este poder se manifiesta, aumenta en los discípulos la incapacidad de entender y queda siempre más claro que tienen que cambiar las ideas que tienen sobre el Mesías. De otro modo, la incomprensión crecerá y corren el peligro de alejarse de Jesús.

ii) En los años setenta, época en la que Marcos escribe su evangelio, existía gran tensión en las comunidades cristianas entre los judíos convertidos y los paganos convertidos. Algunos judíos, sobre todo aquéllos que habían pertenecido al grupo de los fariseos, continuaban fieles a la observancia de las normas de la pureza de su cultura milenaria y, por esto, tenían dificultad de vivir con los paganos convertidos, porque pensaban que éstos vivían en la impureza. Por esto, la narración de los dos milagros de Jesús a favor de dos mujeres era de gran ayuda para superar los viejos tabúes.

b) Comentario del texto:

Marcos 5,21-24: El punto de partida: Jairo pierde la hija. Jesús va con él y la gente lo sigue.
La gente se une a Jesús que ha llegado de la otra orilla. Jairo, jefe de la sinagoga, pide ayuda para su hija que se está muriendo. Jesús va con él y la gente lo acompaña, empujándolo por todas partes porque todos quieren estar cerca de Jesús cuando vaya a realizar el milagro. Y éste es el punto de partida de los dos episodios que siguen; la curación de la mujer que padece hace ya doce años a causa de una hemorragia y la resurrección de la niña de doce años.

Marcos 5,25-26: La situación de la mujer que sufre a causa de una hemorragia irregular.
¡Doce años de hemorragia! Por esto, esta mujer vivía marginada, porque en aquel tiempo la sangre convertía a la persona impura y a quien la tocara. Marcos dice que la mujer había gastado toda su fortuna con los médicos, pero en vez de mejorar había empeorado. ¡Situación sin solución!

Marcos 5,27-28: El razonamiento de la mujer ante Jesús
Ella había sentido hablar de Jesús. Nace en ella una nueva esperanza. Se dijo entre sí: “Si consigo tan sólo tocar su manto, seré curada”. La doctrina de la época decía: “Si toco su manto, quedaré impuro” ¡La mujer piensa exactamente lo contrario! Signo este que demuestra mucho valor. Signo también de que la mujer no estaba completamente de acuerdo con lo que las autoridades enseñaban. La mujer se mete en medio de la gente que apretujaba a Jesús por todas partes, y casi sin ser vista, toca a Jesús.

Marcos 5,29: La mujer consigue su intento y queda curada
Precisamente en aquel momento advierte que su cuerpo ha quedado curado. Hasta hoy en Palestina, en una curva del camino cerca del lago de Galilea, vecino a Cafarnaún, se lee sobre una piedra esta inscripción: “¡Aquí, en este lugar, la mujer considerada impura, pero llena de fe, tocó a Jesús y curó!”

Marcos 5,30-32: La reacción de Jesús y de los discípulos
También Jesús siente que ha salido de Él una fuerza: ¿”Quién me ha tocado?”. Los discípulos reaccionan: “Tú estás viendo que la gente te estrecha por todas partes y preguntas ¿quién me ha tocado?” He aquí de nuevo un pequeño desacuerdo entre Jesús y los discípulos. Jesús poseía una sensibilidad que no era percibida por los discípulos. Estos reaccionan como todos y no entienden la reacción distinta de Jesús. Pero Jesús no renuncia y sigue preguntando.

Marcos 5,33-34: La conversación entre Jesús y la mujer curada por la fe
La mujer se ha dado cuenta que ha sido descubierta. Es para ella un momento difícil y peligroso. Pues, según la creencia de la época, una persona impura que, como aquella mujer, se mete en medio de la gente, contaminaba a todos tocándolos simplemente. Convertía a todos impuros delante de Dios (Lv 15,19-30). Por esto, el castigo era que podía ser apartada y apedreada. Pero a pesar de todo esto, la mujer tiene el valor de asumir lo que ha hecho. La mujer, llena de miedo y temblando, se le echa a los pies y confiesa la verdad. Jesús pronuncia entonces su palabra final diciendo: “¡Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz y queda curada de tu enfermedad!” Bellas palabras, muy humanas. Con la palabra “Hija” Jesús acoge a la mujer en la nueva familia, en la comunidad, que se forma en torno a Él. Sucede lo que ella pensaba. Jesús reconoce que sin la fe de aquella mujer no hubiera podido obrar el milagro.

Marcos 5,35-36: La conversación entre Jesús y Jairo
He aquí que, en este preciso momento llega el personal de la casa de Jairo para anunciarle que su hija ha muerto. No hay necesidad, por tanto de molestar a Jesús. ¡Para ellos la muerte era la gran frontera y Jesús no conseguirá superarla! Jesús escucha, mira a Jairo y le aplica lo que apenas ha visto, esto es, que la fe es capaz de hacer lo que la persona cree. Y le dice: “¡No temas, solamente ten fe!”

Marcos 5,37-40: La llegada de Jesús a la casa de Jairo y la reacción de la gente
Jesús se separa de la gente y sólo permite a algunos discípulos estar con Él. Y dice: “La niña no está muerta, está dormida”. Los criados de la casa ríen. La gente sabe cuándo una persona está muerta o cuando duerme. ¡Es la risa de Abrahán y de Sara, o sea, de aquéllos que no consiguen creer que “nada es imposible para Dios!” (Jn 17,17; 18,12-14; Lc 1,37). También para ellos, la muerte es una barrera que no es posible superar. Las palabras de Jesús tienen un significado mucho más profundo. La situación de las comunidades del tiempo de Marcos parecía una situación de muerte. Ellos debían escuchar: “¡No estáis muertos. Estáis dormidos. Despertaos!”. Jesús no da importancia a la risotada y entra en el cuarto donde se encuentra la niña. Entra Él, los tres discípulos y el padre de la niña.

Marcos 5,41-43: La resurrección de la niña
Jesús toma por la mano a la jovencita y le dice: “¡Talita kúmi!” Y ella se levanta. Gran conmoción. Jesús conserva la calma y pide que le den de comer a la niña. ¡Curación de dos mujeres! Una tiene doce años y la otra doce años con hemorragia, doce años de marginación. La exclusión de la joven comienza a la edad de doce años, porque empiezan las menstruaciones. Comienza a morir. Jesús tiene un poder mayor y la resucita: “¡Levántate!”

c) Ampliando conocimientos: Las mujeres del Evangelio

En la época del Nuevo Testamento, la mujer vivía marginada por el simple hecho de ser mujer (cf. Lv 15,19-27; 12,1-5). En la sinagoga no participaba en la vida pública, no podía ser testigo. Por esto, muchas mujeres se resistían contra esta exclusión. Desde los tiempos de Esdra, cuando la marginación de la mujer todavía era más pesada (Esd 9,1-2;10,2-3), crecía su resistencia, como aparece en las historias de Judit, Ester, Ruth, Noemí, Susana, la Sulamita y otras. Esta resistencia encuentra eco y acogida en Jesús. He aquí algunos episodios en los que aparece el inconformismo y la resistencia de las mujeres en la vida cotidiana y la acogida que Jesús les da:

La prostituta tiene el valor de desafiar las normas de la sociedad y de la religión. Entra en casa de un fariseo para postrarse a los pies del Jesús. Encontrándolo, encuentra amor y perdón y recibe defensa contra los fariseos. La mujer encorvada no siente para nada los gritos del jefe de la sinagoga, Busca la curación, aunque sea en sábado. Jesús la acoge como una hija y la defiende contra el jefe de la sinagoga (Lc 13,10-17). La mujer considerada impura por causa de la pérdida de sangre, tiene el valor de meterse en medio de la gente y de pensar exactamente lo contrario de la doctrina oficial. La doctrina decía: “¡Quien la toca, queda impuro!” Pero ella decía: “¡Si consigo tocarlo, curaré!” (Mc 5,28). Es acogida sin reproche y se cura. Jesús declara que la curación es fruto de la fe (Mc 5,25-34). La Samaritana, despreciada por su condición de herética, tiene el valor de hablar con Jesús y de cambiar el sentido de la conversación comenzado por Él. (cf Jn 4,19.25). En el evangelio de Juan, es la primera persona que recibe el secreto de que Jesús es el Mesías (Jn 4,26). La mujer extranjera de la región de Tiro y Sidón no acepta su marginación y sabe hablar de tal modo, que obtiene de Jesús el ser por Él escuchada (Mc 7,24-30). La madres con los hijos pequeños se enfrentan a los discípulos y son acogidos y bendecidos por Jesús (Mt 19,13-15; Mc 10, 13-16). Las mujeres que desafía al poder y permanecen junto a la cruz de Jesús (Mc 15,40; Mt 27,55-56.61), fueron también las primeras en experimentar la presencia de Jesús resucitado (Mc 16, 5-8; Mt 28,9-10). Entre ellas se encontraba María Magdalena, poseída de espíritus malignos, pero curada por Jesús (Lc 8,2). Ella recibió la orden de transmitir la Buena Noticia de la resurrección a los apóstoles (Jn 20,16-18). Marcos dice que “ellas habían seguido y servido a Jesús cuando estaba todavía en Galilea. Había muchas más que habían subido con Él a Jerusalén” (Mc 15,41). Marcos se sirve de tres palabras importantes para definir la vida de estas mujeres: seguir, servir y subir a Jerusalén. Son tres palabras que definen al discípulo ideal. ¡Representan el modelo para los otros discípulos que huyeron!

6. Orar con el Salmo 103 (102)

¡Dar gracias a Dios por todo lo que hace por nosotros!

Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios.

Él, que tus culpas perdona,
que cura todas tus dolencias,
rescata tu vida de la fosa,
te corona de amor y ternura,
satura de bienes tu existencia,
y tu juventud se renueva como la del águila.

Yahvé realiza obras de justicia
y otorga el derecho al oprimido,
manifestó a Moisés sus caminos,
a los hijos de Israel sus hazañas.

Yahvé es clemente y compasivo,
lento a la cólera y lleno de amor;
no se querella eternamente,
ni para siempre guarda rencor;
no nos trata según nuestros yerros,
ni nos paga según nuestras culpas.

Como se alzan sobre la tierra los cielos,
igual de grande es su amor con sus adeptos;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros crímenes.

Como un padre se encariña con sus hijos,
así de tierno es Yahvé con sus adeptos;
que él conoce de qué estamos hechos,
sabe bien que sólo somos polvo.
¡El hombre! Como la hierba es su vida,
como la flor del campo, así florece;
lo azota el viento y ya no existe,
ni el lugar en que estuvo lo reconoce.

Pero el amor de Yahvé es eterno
con todos que le son adeptos;
de hijos a hijos pasa su justicia,
para quienes saben guardar su alianza,
y se acuerdan de cumplir sus mandatos.
Yahvé asentó su trono en el cielo,
su soberanía gobierna todo el universo.

Bendecid a Yahvé, ángeles suyos,
héroes potentes que cumplís sus órdenes
en cuanto oís la voz de su palabra.
Bendecid a Yahvé, todas sus huestes,
servidores suyos que hacéis su voluntad.
Bendecid a Yahvé, todas sus obras,
en todos los lugares de su imperio.
¡Bendice, alma mía, a Yahvé!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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