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Archive for 3/07/18

SANTO TOMÁS, apóstol (FIESTA)

 

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: COLUMNAS DE LA IGLESIA, PIEDRAS VIVAS.

¡Columnas de la Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo entero.

De pie en la encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los hambrientos.

De puerta en puerta va vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
no temáis, pecadores, que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dijo Tomás: «Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Respondióle Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dijo Tomás: «Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Respondióle Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Ant 2. Tomás, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús; dijéronle los otros discípulos: «Hemos visto al Señor.» Aleluya.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tomás, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús; dijéronle los otros discípulos: «Hemos visto al Señor.» Aleluya.

Ant 3. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino fiel. Aleluya.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino fiel. Aleluya.

LECTURA BREVE   Ef 4, 11-13

Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE

V. Contad a los pueblos la gloria del Señor.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

V. Sus maravillas a todas las naciones.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Introduje mis dedos en el lugar de los clavos, puse mi mano en su costado, y exclamé: «¡Señor mío y Dios mío!» Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Introduje mis dedos en el lugar de los clavos, puse mi mano en su costado, y exclamé: «¡Señor mío y Dios mío!» Aleluya.

PRECES

Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos,
concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, celebrar con alegría la fiesta de santo Tomás; que la intercesión de este apóstol, que reconoció y confesó a Cristo como a su Señor y su Dios, nos haga crecer en la fe, para que así, creyendo en Jesús, el Mesías, tengamos vida en su nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Martes, 3 Julio, 2018

Juan 20,24-29Tempo Ordinario

1) ORACIÓN INICIAL

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según san Juan 20,24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»

3) REFLEXIÓN

• Hoy, en la fiesta de Santo Tomás, el evangelio nos presenta el encuentro de Jesús resucitado con el apóstol Tomás, que quería ver para poder creer. Por esto muchos lo llaman Tomás, el incrédulo. En realidad, el mensaje de este evangelio es bien diferente. Es mucho más profundo y actual.

• Juan 20,24-25: La duda de Tomás. Tomás, uno de los doce, no estaba presente cuando Jesús aparece a los discípulos la semana anterior. Tomás no cree en el testimonio de los demás que decían: “Hemos visto al Señor”. Pone condiciones: “«Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.”. Tomás es exigente. Quiere ver para creer. No quiere un milagro para poder creer. ¡No! Quiere ver las señales en las manos, en los pies y en el costado. No cree en un Jesús glorioso, desligado del Jesús humano que sufre en la cruz. Cuando Juan escribe, al final del siglo primero, había personas que no aceptaban la venida del Hijo de Dios en la carne (2 Jn 7; 1Jn 4,2-3). Eran los gnósticos que despreciaban la materia y el cuerpo. Y para criticar a los gnósticos, el evangelio de Juan habla de la preocupación de Tomás que quiere “ver para creer”. La duda de Tomás deja transparentar también lo difícil que era creer en la resurrección.

• Juan 20,26-27: No seas incrédulo, sino creyente. El texto dice “seis días después”. Esto significa que Tomás fue capaz de sostener su opinión durante una entera semana, contra el testimonio de los otros apóstoles. ¡Vaya tozudez! ¡Gracias a Dios, para nosotros! Y así, seis días después, durante la reunión de la comunidad, ellos tuvieron de nuevo una profunda experiencia de la presencia de Jesús resucitado en medio de ellos. Las puertas cerradas no pudieron impedir que El estuviera en medio de los que creían en El. Hoy pasa lo mismo. Cuando estamos reunidos, aunque tengamos las puertas cerradas, Jesús está en medio de nosotros. Y hasta hoy, la primera palabra de Jesús, es y será siempre: “¡La Paz esté con vosotros!” Lo que llama la atención es la bondad de Jesús. No critica, ni juzga la incredulidad de Tomás, sino que acepta el reto y dice: “Tomás, ¡ven, pon tu dedo en mis heridas!”. Jesús confirma la convicción de Tomás y de las comunidades, a saber: el resucitado glorioso es ¡el crucificado torturado! El Jesús que está en la comunidad, no es un Jesús glorioso que no tiene nada en común con nuestra vida de gente normal. Es el mismo Jesús que vivió en esta tierra y que tiene en el cuerpo las señales de su pasión. Las señales de su pasión están hoy en el sufrimiento de la gente, en el hambre, en las señales de tortura, de injusticia. Y en las personas que reaccionan, que luchan por la vida y no se dejan abatir, Jesús resucita y se hace presente en medio de nosotros. Y ¡Tomás cree en este Cristo, y nosotros también!

• Juan 20,28-29: Felices los que no vieron y creyeron. Con él decimos: “¡Señor mío y Dios mío!” Esta entrega de Tomás es la actitud ideal de la fe. Y Jesús completa con el mensaje final: “Has creído porque has visto. ¡Dichosos los que no han visto y han creído ¡” Con esta frase, Jesús declara felices todos los que estamos en esta condición: sin haber visto, creemos que el Jesús que está en medio de nosotros, es el mismo Jesús que ¡murió crucificado!

El envío: “¡Como el Padre me ha enviado, yo también os envío!” De este Jesús, crucificado y resucitado, recibimos la misión, la misma que él recibió de su Padre (Jn 20,21). Aquí, en la segunda aparición, Jesús repite: “La paz sea con vosotros.” Esta repetición acentúa la importancia de la Paz. Construir la paz forma parte de la misión. Paz, significa mucho más que la ausencia de guerra. Significa construir una convivencia humana armoniosa, en la que las personas puedan ser ellas mismas, teniendo todas lo necesario para vivir, conviviendo felices y en paz. Fue ésta la misión de Jesús, y es también nuestra misión. Jesús sufrió y dijo:”Recibid al Espíritu Santo” (Jn 20,22). Solamente con la ayuda del Espíritu de Jesús, seremos capaces de realizar la misión que El nos dio. Enseguida Jesús comunicó el poder de perdonar los pecados: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» El punto central de la misión de paz está en la reconciliación, en el intento de superar las barreras que nos separan. Este poder de reconciliar y de perdonar es dado a la comunidad (Jn 20,23; Mt 18,18). En el evangelio de Mateo es dado también a Pedro (Mt 16,19). Aquí se percibe que una comunidad sin perdón ni reconciliación no es una comunidad cristiana. Dicho con una palabra, nuestra misión es crear comunidad a ejemplo de la comunidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• En la sociedad de hoy, las divergencias y tensiones de raza, clase, religión, género y cultura son enormes y crecen cada día. ¿Cómo realizar hoy la misión de reconciliación?

• En tu familia y en tu comunidad, ¿hay algún grano de mostaza que apunta hacia una sociedad reconciliadora?

5) ORACIÓN FINAL

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre. (Sal 117)

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Isabel Aparecida Félix

Comienzo este texto con una noticia fresca que acabo de recibir: los movimientos de mujeres de Brasil, Argentina y Chile figuran entre «los más destacados en los círculos internacionales».

Cuando se habla de mujeres de América Latina, lo habitual es hacer una conexión inmediata con números preocupantes de feminicidio, con la falta de respeto a sus derechos y con una fuerte cultura del estupro. Pocas veces sin embargo, se habla de los cambios que ha traído la lucha feminista en países como Brasil, Argentina y Chile, países que han hecho reformas interesantes en dirección a la igualdad de género, incluso con el reconocimiento de organismos internacionales como la ONU, y que han tenido, a lo largo de los últimos 50 años, gobernantes mujeres.

Sin embargo es un hecho que, incluso con la constatación de los avances y conquistas en las luchas de los movimientos de mujeres organizadas, todavía la violencia de género se muestra alarmante en América Latina, según dados de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina): por lo menos 12 mujeres mueren cada día víctimas de la violencia de género, esto es, son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres. El Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG) de la ONU indica que en 2014, en 25 países de la región un total de 2.089 mujeres murieron víctimas de feminicidio.

Sabemos que la violencia perpetrada contra las mujeres y otras minorías es un fenómeno cultural que, desgraciadamente, no es reciente en la historia, y que atraviesa continentes, religiones, países y culturas enteras. Y en lo que se refiere a la religión, en los últimos años en todo el mundo ha crecido en la esfera pública la influencia de líderes religiosos con discursos y prácticas religiosas conservadoras respecto a la cuestión de género y de la diversidad sexual. Tales discursos, de corte fundamentalista, han interferido políticamente en los avances y conquistas de derechos que habían alcanzado en las últimas décadas los movimientos emancipatorios organizados, principalmente de mujeres y de las comunidades LGBT, como apunta la noticia citada. En ese sentido, importa destacar la afirmación de Boaventura de Sousa Santos: «para bien o para mal, la religión nunca ha abandonado el dominio público».

Podemos afirmar que la violencia contra las mujeres no es relevante para las religiones, incluso a pesar de que la mayoría de sus fieles son mujeres. Sin embargo no podemos dejar de percibir las ambigüedades de la religión, como bien expresa la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza: «La religión puede fomentar el fundamentalismo, o el exclusivismo y la explotación de una mono-cultura mundial totalitaria, o puede defender valores y visiones espirituales democráticas radicales que celebren la diversidad, la multiplicidad, la tolerancia, la igualdad, la justicia y el bienestar para todos».

A lo largo de la historia podemos percibir que las voces que apoyan la lucha contra la violencia contra las mujeres y otras minorías, no vienen precisamente del centro de las instituciones religiosas; esas voces vienen de la periferia, de sus fronteras, y de la sociedad civil.

Para constatarlo, hago aquí memoria de Sojourner Truth, una mujer del siglo XIX, ex-esclava, analfabeta, cristiana, que no se permitió a sí misma quedarse ocupando el lugar de víctima de la violencia racista, inhumana, del sistema esclavista, sino que se convirtió en «l’enfant terrible» por su reivindicación del status de humanidad, como afirma Donna Haraway.

Estando en la Convención de los Derechos de las Mujeres, en Ohio, Estados Unidos, en 1851, donde la discusión central era sobre el derecho de las mujeres al voto, Sojourner Truth se levanta, y profiere un discurso histórico («¿No soy yo una mujer…?»), y se une a otras tantas mujeres que desafiaron los pode- res religiosos y sociales en vistas a la liberación de las múltiples formas de opresión y dominación.

Lea el histórico discurso de Sojurner Truth: https://goo.gl/tTXa5v

Durante la Conferencia, un clérigo defendió que las mujeres no deberían tener los mismos derechos que los hombres, porque si una mujer es de clase alta y blanca, él la respeta cuando necesita ayuda; pero cuando la mujer tiene poco entendimiento, como ocurre con las mujeres negras, no puede tener derecho de votar… Por lo demás, ambas son pecadoras…; por ese motivo, no tienen derecho de votar.

Contra esto, Sojourner Truth se alza, abre su vozarrón, rompiendo todos los protocolos, y afirma que es negra, que tiene un cuerpo fuerte para trabajar como hombre, no importa la inteligencia. No necesita ni recibe ayuda, ni respeto. Incluso también siendo mujer, muestra que las personas negras, en la mayoría de las veces no son consideradas como mujeres, conforme a lo dicho por el clérigo que la precedió, y son consideradas más bien esclavas, de clase baja, y son tratadas diferentemente de las «mujeres blancas de clase alta». Para Sojourner, ser mujer de color, raza y clase y grado de instrución diferente, no equivale a tener derechos diferentes.

Sojourner termina su discurso mostrando cómo usar la Biblia para apoyar las luchas de las mujeres contra la violencia y rechaza la interpretación del clérigo que utiliza la Biblia para legitimar la violencia contra las mujeres al decir que: «Si la primera mujer que Dios hizo, fue suficientemente fuerte como para poner ella sola el mundo entero cabeza abajo, todas estas mujeres que estamos juntas aquí debemos ser capaces de arreglarlo, y ponerlo de nuevo como debe estar».

Con esta intervención ella muestra que así como Eva tuvo el poder de cambiar el mundo, las mujeres, juntas, tienen poder suficiente para cambiar el mundo de nuevo en la lucha contra todas las formas de violencia y dominación. Y hoy, los movimientos de mujeres organizadas tanto a nivel social como de dentro de las religiones siguen la inspiración de Sojourner Truth: «solamente juntas podemos transformar el mundo».

 

Pablo de Tarso, el que inventó a Cristo, y María Magdalena, la que conoció a Jesús

Con la caída de Jerusalén en el año 70, sólo quedaron vivas las comunidades cristianas fundadas por el apóstol Pablo en las ciudades griegas y romanas por donde tanto viajó y predicó. Estas comunidades, que alimentaron su fe con sus visitas y sus cartas, escritas varias décadas antes que los evangelios, no conocieron de Jesús, de sus palabras y obras, prácticamente nada.

Y el problema, como bien dice José María Castillo, es que Pablo tampoco conoció a Jesús, nunca lo oyó hablar, no descubrió el rostro del Abbá misericordioso y sanador que hace salir el sol sobre buenos y malos. Pablo, fariseo, predicó un Señor glorificado, divinizado, a partir de una experiencia personal en su camino a Damasco. Pero ese «Señor» predicado por Pablo se- guía teniendo los mismos rasgos del Yavé intransigen- te que ordenó a Abraham matar a su hijo. La teología paulina está atravesada por una visión sacrificial, ritual y moralizadora que nada tiene que ver con el mensaje de Jesús. El Reino de Dios, reino de justicia para los pobres y las pobres, desaparece en las cartas de Pablo. Esto es un problema gravísimo porque las iglesias cristianas se han fundamentado históricamente, y todavía hoy, más en la teología de Pablo que en la buena noticia del Evangelio de Jesús.

Además de intolerante, Pablo, como buen fariseo, fue misógino, homofóbico y promotor de una fe resignada ante las autoridades, incluso esclavistas. Para Pablo, lo importante era el más allá, la gloria futura prometida a quienes renunciaban a sus pecados, no el dolor ni la pobreza del más acá.

¿Qué hubiera dicho Jesús si hubiera leído las cartas de Pablo? Con esta serie queremos poner un granito de mostaza para ayudar a reflexionar sobre la contradicción que existe entre la teología de Pablo y el evangelio de Jesús. El formato elegido son debates imaginarios entre Pablo de Tarso y María Magdalena. Un periodista de Emisoras Latinas conducirá los debates.

María y José Ignacio LÓPEZ VIGIL
autores de Un tal Jesús y Otro Dios es Posible.
Nueva serie de audios.
Con derechos compartidos en http://www.emisoraslatinas.net y http://www.radialistas.net

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“Vino la palabra de Dios sobre Juan,
hijo de Zacarías, en el desierto” (Lc 3, 2).
 

“Voz del que clama en el desierto: preparad
el camino del Señor, enderezad sus sendas” (Lc 3, 4-5)

Señor
En el evangelio se anuncia con una sorprendente solemnidad la aparición de Juan, tu precursor en el desierto, al decirse:
— En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la provincia de Tracomitide, y Lisamias… (Lc 3, 1-3). La importancia de Juan el Bautista la dejó clara Juan el Evangelista, al decir de él, nada menos:
— Hubo un hombre enviado de Dios que se llamaba Juan. Este vino para servir de testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz (Jn 1, 6-9).

Señor
La importancia de Juan está en que recibió sobre sí tu palabra: “Vino la palabra de Dios sobre Juan” (Lc 3, 2).
Su verdadera importancia: ser testigo, testimonio de tu luz. De sí mismo no tiene palabra, ni tiene luz: “No era él la luz” (Jn 1, 8).
Pero en él habla tu palabra y de él sale tu luz.
Juan fue el primer testigo y dio el primer testimonio de ti. 

Señor
Entendemos que algo singular quisiste decirnos al señalar que la palabra divina vino “en el desierto”.
Precisamente fue el desierto el lugar escogido por ti para sentar tu primera cátedra de la verdad.
Y fue un hombre del desierto —Juan— el escogido para encarnar tu voz y tu palabra.

Señor
Que Juan había vivido y vivía entonces en el desierto lo recoge puntualmente el evangelista, al decirnos:
— Traía Juan un vestido de pelos de camello y un cinto de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre.
Este Juan predicaba además por toda la región de Judea el bautismo de penitencia para el perdón de los pecados. Anunciaba al mundo que estaba ya cerca el reino de los cielos.
El reino que venías a traernos tú, de parte de Dios.

Señor
En Juan tenemos todos el primer enviado del Padre, al primer ángel mensajero, con la misión de preparar tu camino, delante de tu faz. Un hombre o ángel encarnado, que clamaba en el desierto la llegada de la salud del mundo.

Señor
Quisiste escoger el desierto porque en las ciudades y pueblos no hay tiempo ni lugar para oír tu palabra.
Los desiertos tienen la pobreza de recursos naturales y la austeridad de condiciones que hacen entender mejor el tipo de salvación que venías a anunciarnos.
Los desiertos de este mundo son el lugar más propicio para que los hombres tengan hambre de ti, hambre de verdad, hambre de un mundo mejor, hambre de su salvación espiritual.

Señor
No es extraño que los antiguos santos se fraguaran en el desierto.
Alejados del ruido de las voces del mundo, que sólo hablan de riquezas terrenas y de intereses egoístas para comer y vivir holgadamente. En el retiro del silencio se oye más claramente tu voz.
Y se entienden otras verdades, verdades distintas, verdades más altas.
Verdades que hablan del espíritu y del camino de la trascendencia.

Señor
Juan hablaba en imágenes fuertes y claras:
— Preparar vuestros caminos… Que todo valle quede enderezado… Que todo barranco quede relleno… Que los montes queden allanados… Que los caminos torcidos queden rectificados… Imágenes en las que podamos encontrar nuestro propio retrato.

Señor
Nuestras vidas tienen mucho de todo esto. De monte, cuando nos elevamos por los bue- nos deseos y las buenas obras.
De barranco, cuando volvemos a caer en los mismos defectos y faltas.
De subidas y bajadas, de avances y de retrocesos.
Y, sobre todo, de caminos torcidos, cuando, en lugar de caminar recto subiendo de la tierra al cielo, caminamos a ras del suelo, ahora por un desfiladero, ahora por un precipicio.

Señor
Estos caminos torcidos hacen difícil encontrar tu casa, encontrarnos algún día contigo.
Caminamos y nos fatigamos sin llegar nunca, sin nunca llegar a verte.

Señor
Para ti, los caminos rectos son los caminos limpios y sencillos.
Los caminos de los pequeños y los caminos pequeños de cada día.
No los caminos de altas ambiciones, que nos inquietan y angustian tanto.
Sí los caminos que se ven con los ojos claros y el corazón puro.
El camino de la bondad que no tiene engaños ni disfraces.
Este es camino que deja contento el corazón e ilumina la mirada.

Señor
Que no nos espante la voz de Juan en el desierto.
Que no nos espante la verdad desnuda y exigente.
Que no nos espante la austeridad y el silencio de la vida sin riquezas y comodidades
materiales.
Porque en “tal” desierto se oye mejor la voz del espíritu.
Y en esta voz estás tú.

Miguel Beltrán

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CAPÍTULO PRIMERO
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

Los santos que nos alientan y acompañan

3. En la carta a los Hebreos se mencionan distintos testimonios que nos animan a que «corramos, con constancia, en la carrera que nos toca» (12,1). Allí se habla de Abraham, de Sara, de Moisés, de Gedeón y de varios más (cf. 11,1-12,3) y sobre todo se nos invita a reconocer que tenemos «una nube tan ingente de testigos» (12,1) que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor.

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Oración Domingo XIV Tiempo Ordinario

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Entrada: ALELUYA, EL SEÑOR ES NUESTRO REY – Miguel Manzano
La alegría de vivir – M. de Terry

Penitencial: SEÑOR, TEN PIEDAD – Padre Josico

Gloria: GLORIA A DIOS EN EL CIELO – Lambert Joseph Luna

Del salmo 122: TEN PIEDAD DE NOSOTROS, TEN PIEDAD – M. Íñiguez

Aclamación: ALELUYA – Roberto René Hernández Bautista

Ofrendas: VINO Y PAN – Carlos Camacho

Himno: SANTO, SANTO, SANTO – P. Josico

Paz: CORDERO DE DIOS – Alberto Taulé

Comunión: A LOS HOMBRES AMÓ DIOS – J. A. Tindley
Acerquémonos todos al altar – Francisco Palazón

Meditación: TÚ ALIENTAS MI VIDA – Emilio Vicente Mateu
Trabajar para ti – R. Porres – Coro San José

Salida: SANTA MARÍA DEL CAMINO – Juan Antonio Espinosa
Cántico de María – Alejandro Mejía

Letras y partituras de los cantos

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