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Archive for 4/07/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HORA DE LA TARDE.

Hora de la tarde,
fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos
de tus viñadores.

Al romper el día
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.

Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de gloria
no hay trabajo grande.

Das al de la tarde
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
y tuyo el viñedo.

A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
cuida los sarmientos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Salmo 26 I – CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Ant 2. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Salmo 26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   St 1, 22. 25

Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en el estudio de la ley perfecta (la que hace libre) y es constante no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla.

RESPONSORIO BREVE

V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su amor nos mira como hijos, y digámosle:

Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia: guárdala de todo mal
y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como al único Dios verdadero,
y a Jesucristo como al Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes
y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren: alivia sus dificultades
y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia acoge a los que hoy han muerto
y dales posesión de tu reino.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche: tú que eres siempre inmutable, da firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Miércoles, 4 Julio, 2018

1) ORACIÓN INICIAL

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) LECTURA DEL EVANGELIO

Del Evangelio según Mateo 8,23-27
Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: « ¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Díceles: « ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

3) REFLEXIÓN

• Mateo escribe para las comunidades de judíos convertidos de los años 70 que se sentían como un barco perdido en el mar revuelto de la vida, sin mucha esperanza de poder alcanzar el puerto deseado. Jesús parece que duerme en el barco, porque ellos no veían ningún poder divino que los salvara de la persecución. Mateo recoge diversos episodios de la vida de Jesús para ayudar las comunidades a descubrir, en medio de la aparente ausencia, la acogedora y poderosa presencia de Jesús vencedor, que domina el mar (Mt 8,23-27), que vence y expulsa el poder del mal (Mt 9,28-34) y que tiene poder de perdonar los pecados (Mt 9,1-8). Con otras palabras, Mateo quiere comunicar la esperanza y sugerir que las comunidades no deben temer nada. Este es el motivo del relato de la tormenta calmada del evangelio de hoy.

• Mateo 8,23: El punto de partida: entrar en el barco. Mateo sigue el evangelio de Marcos, pero lo acorta y lo incluye en el nuevo esquema que él adoptó. En Marcos, el día fue pesado por el mucho trabajo. Una vez terminado el discurso de las parábolas (Mc 4,3-34), los discípulos llevan a Jesús al barco y, de tan cansado que está, Jesús se duerme encima de una travesera (Mc 4,38). El texto de Mateo es mucho más breve. Solamente dice que Jesús entra en el barco, y los discípulos lo acompañan. Jesús es el Maestro, los discípulos siguen al maestro.

• Mateo 8,24-25: La situación es desesperada: “! Estamos a punto de perecer!” El lago da Galilea está cerca de altas montañas. A veces, por los resquicios de las rocas, el viento sopla fuerte sobre el lago produciendo repentinas tormentas. Viento fuerte, mar agitado, barco lleno de agua. Los discípulos eran pescadores experimentados. Si ellos piensan que están a punto de hundirse, quiere decir que la situación es peligrosa. Pero Jesús no parece darse cuenta, y sigue durmiendo. Ellos gritan: “Señor, ¡sálvanos! Que estamos pereciendo”. En Mateo, el sueño profundo de Jesús no es sólo señal de cansancio, es también expresión de confianza tranquila de Jesús en Dios. ¡El contraste entre la actitud de Jesús y de los discípulos es grande!

• Mateo 8,26: La reacción de Jesús: “¿Por qué tenéis miedo?” Jesús se despierta, no por las olas, sino por el grito desesperado de los discípulos. Se dirige a ellos y dice: “¿Por qué tenéis miedo? ¡Hombres de poca fe!” Luego, él se levanta, amenaza los vientos y el mar, y todo queda en calma. La impresión que se tiene es que no era necesario aplacar el mar, pues no había ningún peligro. Es como cuando uno llega a casa de un amigo, y el perro, al lado del dueño de la casa, empieza a ladrar al visitante. Pero no es necesario tener miedo, porque el dueño está presente y controla la situación. El episodio de la tormenta calmada evoca el éxodo, cuando la multitud, sin miedo, atravesó las aguas del mar (Ex 14,22). Jesús rehace el éxodo. Evoca al profeta Isaías, que decía al pueblo: “Cuando atravieses las aguas, ¡yo estaré contigo!” (Is 43,2). Por fin, el episodio de la tormenta calmada evoca la profecía anunciada en el Salmo 107:
Los que viajaron en barco por el mar,
para traficar por las aguas inmensas,
contemplaron las obras del Señor,
sus maravillas en el océano profundo.
Con su palabra desató un vendaval,
que encrespaba las olas del océano:
ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo,
se sentían desfallecer por el mareo,
se tambaleaban dando tumbos como ebrios,
y su pericia no les valía de nada.
Pero en la angustia invocaron al Señor,
y él los libró de sus tribulaciones:
cambió el huracán en una brisa suave
y se aplacaron las olas del mar;
entonces se alegraron de aquella calma,
y el Señor los condujo al puerto deseado.
(Sal 107,23-30)

• Mateo 8,27: El miedo de los discípulos: “¿Quién es este hombre?” Jesús preguntó: “¿Por qué tenéis miedo?” Los discípulos no saben qué responder. Admirados, se preguntan: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?” A pesar de haber vivido tanto tiempo con Jesús, no saben todavía quién es. ¡Jesús sigue siendo un extraño para ellos! ¿Quién es éste?

• ¿Quién es éste? ¿Quién es Jesús para nosotros, para mí? Esta debe ser la pregunta que nos lleva a continuar la lectura del Evangelio, todos los días, con el deseo de conocer más y más el significado y el alcance de la persona de Jesús para nuestra vida. De esta pregunta nace la Cristología. No nació de altas consideraciones teológicas, sino del deseo que los primeros cristianos tenían de encontrar siempre nuevos nombres y títulos para expresar lo que Jesús significaba para ellos. Son decenas y decenas los nombres, los títulos y los atributos, desde carpintero hasta hijo de Dios, que Jesús recibe: Mesías, Cristo, Señor, Hijo amado, Santo de Dios, Nazareno, Hijo del Hombre, Esposo, Hijo de Dios, Hijo del Dios altísimo, Hijo de María, carpintero, Profeta, Maestro, Hijo de David, Rabuni, Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hijo, Pastor, Pan de vida, Resurrección, Luz del mundo, Camino, Verdad, Vida, Rey de los judíos, Rey de Israel, etc., etc. Cada nombre, cada imagen es un intento para expresar lo que Jesús significaba para ellos. Pero un nombre, por muy bonito que sea, nunca llega a revelar el misterio de una persona, mucho menos de la persona de Jesús. Jesús no cabe en ninguno de estos nombres, en ningún esquema, en ningún título. El es mayor que todo, supera todo. No puede ser enmarcado. El amor capta, la cabeza ¡no! Es a partir de la experiencia viva del amor, que los nombres, los títulos y las imágenes reciben su pleno sentido. Al final, ¿quién es Jesús para mí, para nosotros?

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Cuál era el mar agitado en el tiempo de Jesús? ¿Cuál era el mar agitado en la época en que Mateo escribió su evangelio? ¿Cuál es hoy el mar agitado para nosotros? Alguna vez, ¿las aguas agitadas de la vida han amenazado con ahogarte? ¿Qué te salvó?
• ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cuál es el nombre de Jesús que mejor expresa mi fe y mi amor?

5) ORACIÓN FINAL

Una edad a otra encomiará tus obras,
pregonará tus hechos portentosos.
El esplendor, la gloria de tu majestad,
el relato de tus maravillas recitaré. (Sal 145,4-5)

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Marcos 4, 35-41

«35Y les dice aquel día, llegado el atardecer: “Pasemos a la otra orilla”. 36Y dejando a la muchedumbre, lo llevan cuando estaba en la barca y había otras barcas con él.

37Y sucede una gran tormenta de viento y las olas se abalanzaban sobre la barca, de modo que la barca [estaba] inundándose.
 38Y élestaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y lo despiertan y le dicen: “Maestro ¿no te importa que perezcamos?”.

39Y, levantándose, abroncó al vientoy dijo al mar: “¡Cállate! ¡Enmudece!”. Y el viento amainó y sucedió una gran calma.

40Y les dijo: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Cómo no tenéis fe?”.
41Y temieron con un gran temor y se decían unos a otros: “¿Quién es entonces este, que hasta el vientoy el mar le obedecen?”.

 

• Habiendo utilizado las parábolas de Jesús para describir el poder real de Dios en 4,1-34, Marcos presenta ahora la relación de ese poder con el mismo Jesús en una evocadora narración de rescate del mar. Las parábolas son historias que hablan de una acción de Dios que resulta imperceptible para unos ojos no espirituales, porque esa acción se esconde bajo una apariencia de debilidad; en esa línea, nuestro pasaje presenta a un Jesús que se muestra aparentemente vencido por el cansancio y la indiferencia ante el destino de sus discípulos, pero que en realidad es su salvador, pues les libera de las fuerzas diabólicas que les amenazan. De esa forma queda sugerida una fuerte conexión entre el reino de Dios, tal como aparece en las parábolas, y la identidad de Jesús, tal como aparece presentada por la narración del evangelio de Marcos; desde esta perspectiva, la narración se centrará cada vez más intensamente en ese último tema de la identidad de Jesús. 
En su forma actual, este pasaje se divide en tres partes: 1) una introducción, que sirve para fijar el contexto (4,35-36); 2) la descripción de la tormenta, con la victoria de Jesús sobre ella (4,37-39); y 3) la conversación que la interpreta (4,40-41). Después de la introducción, el pasaje se estructura en torno a las tres veces en que aparece la palabra megas (grande): 4,37: una gran tormenta; 4,39: una gran calma; 4,41: un gran temor. La repetición del megas supone que los discípulos están aterrorizados por un poder devastador sobrehumano; pero a través de la persona de Jesús irrumpe un poder aún más grande, que vence al anterior y suscita un pavor que sobrecoge. Así, el mensaje del texto resulta muy semejante al de 3,27: la opresión del hombre fuerte sobre el mundo se ha quebrado, porque ha venido uno que es aún más fuerte. La semejanza con la parábola del hombre fuerte no es accidental, porque en cierto sentido nuestra narración es como un exorcismo, lo cual aparece especialmente claro en 4,39. 


• 4,35-36: Jesús propone a los discípulos que realicen su primer viaje «al otro lado», a la región gentil de la Decápolis, en la costa alejada del Mar de Galilea. La vinculación del texto con los temas del capítulo de las parábolas (que tratan de la inclusión de los gentiles y una visión más amplia de los propósitos de Dios) queda reforzada por la tipología de Jonás que subyace a todo nuestro pasaje, pues el tema de la salvación de los gentiles está en el centro del libro de Jonás. La vinculación de nuestro pasaje con la misión gentil va en la línea de una tradición exegética, iniciada a partir de Tertuliano, que ha visto al pequeño grupo que va con Jesús en la barca como un símbolo de la Iglesia. Esta línea de interpretación se ve apoyada por el extraño detalle de 4,36: «Y había otras barcas con él». En su contexto marcano, este detalle remite a 3,14, donde se dice que los Doce fueron escogidos «para estar con él», y a 4,10, donde el círculo de discípulos se amplia para incluir a «aquellos que están en torno a él con los Doce». Sea cual fuere la función de las otras barcas, estas se encuentran allí probablemente para acoger a un grupo mayor de discípulos, que ha estado presente desde 4,10. 


• 4,37-39: Esta invitación de Jesús (que llama desde la barca a un grupo mayor de discípulos) resultará casi irresistible en la próxima sección, que constituye el clímax de la escena, donde se describe la tormenta y a Jesús imponiéndose sobre ella. Surge la tempestad; las olas rompen contra la barca, que empieza a llenarse de agua y presumiblemente a hundirse (4,37). Viviendo en medio de una tribulación como nunca ha existido (13,19), con la tormenta de la guerra interna y la persecución que les amenaza desde todas partes (13,9-13), los miembros de la comunidad de Marcos deben de haberse sentido como esta barca. En esa línea se puede añadir que la persecución experimentada por la comunidad de Marcos parece estar relacionada con su misión a los gentiles (cf. 13,9-13), de manera que se produce así un nexo entre la situación de la comunidad y la de los discípulos, azotados por las olas, en su viaje «hacia el otro lado». Además, en el texto podemos escuchar un eco del gesto de desesperación de la comunidad, cuando los discípulos gritan diciendo: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (cf. 13,20). 
La descripción de la tormenta en el mar tal vez haría recordar la historia bíblica de Jonás. Las semejanzas entre las dos narraciones no son pocas: salida en barco; una violenta tempestad en el mar; el 
protagonista duerme; marineros muy atemorizados; se calma la tormenta, por algo relacionado con el protagonista; respuesta maravillada de los marineros. Estas semejanzas atañen también al vocabulario común («que estemos a punto de perecer» en 4,38, «sobrevino una gran calma» en 4,39, y «ellos temieron con un gran temor» en 4,41).

Pero entre Mc 4,35-41 y la historia de Jonás también existen diferencias significativas. La principal, que, en contra de lo que sucede con Jonás, Jesús no está huyendo de Dios, sino que está implicado activamente en el cumplimiento de su voluntad. Siendo semejante a Jonás, Jesús es mayor que Jonás (cf. Mt 12,41 y Lc 11,32).

Más aún, incluso el hecho de que Jesús duerma forma parte de su semejanza con Dios. En los mitos del antiguo Oriente Próximo, la divinidad suprema a menudo aparece retratada durmiendo, como signo de su soberanía: ningún enemigo es suficientemente poderoso como para impedir su sueño. Sin embargo, las evocaciones veterotestamentarias de esta idea convierten el sueño de Dios en causa de preocupación: los israelitas le llaman para despertarlo, pidiéndole que se levante y que venga en ayuda de su pueblo (Sal 44,23-24; cf. Sal 35,23; 59,4). Según eso, la imagen extendida del Dios que duerme combina la noción de la omnipotencia divina con la de su aparente indiferencia (ante el dolor humano); ambas ideas parecen importantes en nuestro pasaje: Jesús demuestra su poder soberano sobre los elementos, respondiendo así a la queja de los discípulos, que le acusan de no preocuparse de su destino. Esta no es la única forma en la que el Jesús de nuestro pasaje se parece al Dios del Antiguo Testamento. Como hace Jesús en Marcos, Dios guerrea y triunfa sobre el poder del mar, al que «increpa» (Is 51,9-10 vincula una invocación a Dios para despertarle con el recuerdo de su primera batalla contra el océano personificado; por su parte, Dios increpa al mar en Job 26,11-12 y también en varios salmos [Sal 18,15; 104,7; 106,9] y en Is 50,2).

Según eso, si refleja la persecución experimentada por la comunidad de Marcos, probablemente nuestro pasaje refleja también una de las causas de esa persecución, es decir, la cristología alta de los seguidores de Jesús, que tienden a igualarle con el Dios del Antiguo Testamento, de manera que la comunidad cristiana puede quedar sometida a la acusación judía de blasfemia (cf. 2,7). Sin embargo, al mismo tiempo este pasaje de Marcos sirve también para evocar la fuente de la perseverancia de la comunidad frente a estas reacciones furiosas de sus enemigos: los creyentes están convencidos de que aquel en quien han creído es el Todopoderoso, el que es capaz de calmar todas las olas amenazadoras.

Jesús despliega su poder en el momento cumbre del pasaje, cuando impone su mandato sobre el viento y el mar en 4,39 (diciendo que «callen»). Este mandato recuerda al que Jesús proclamó ya contra el espíritu impuro en 1,25 (ordenándole callarse). En ambos pasajes, Jesús increpa al poder demoníaco (epetimesen: increpó) y le ordena que se calle en términos rudos. De esa manera, si las olas batiendo contra la pequeña barca son símbolo de la persecución experimentada por la comunidad de Marcos, la vinculación con 1,25 muestra que esa persecución se funda en la hostilidad implacable de Satán contra la misión de Jesús. Pero nuestro pasaje muestra también que la hostilidad satánica resulta en último término ineficaz: «El viento amainó y sobrevino una gran calma».

• 4,40-41: El pasaje termina con un diálogo entre Jesús y los discípulos. Este diálogo refuerza la impresión de la pavorosa y excelsa identidad de Jesús, que los discípulos tienen dificultad en comprender. Después de haber superado la amenaza externa, Jesús se vuelve hacia la amenaza interna, es decir, la falta de fe de sus seguidores, preguntando a sus compañeros en la barca por qué han sido tan cobardes y si todavía siguen siendo incrédulos. A la pregunta de los hombres a Dios («¿no te importa que.. .?») responde la pregunta de Dios a estos («¿por qué sois tan cobardes…?»). Las dos son preguntas reales, ambas reflejan situaciones existentes: por un lado, la situación desesperada de los hombres; por otro, la seguridad de Dios, que indica que «todo irá bien y que todas las cosas serán buenas» (Juliana de Norwich). Lo que está en juego en todas las circunstancias es el saber cuál de esas dos realidades (cobardía humana o seguridad divina) será la determinante.

Los discípulos responden a la pregunta de Jesús sobre su cobardía y falta de fe con una tercera pregunta, semejante a la que había formulado la muchedumbre tras el primer exorcismo de Marcos en 1,21-28: en el primer caso preguntaban: «¿Qué es esto?», en el segundo: «¿Quién es este?», con una referencia al sometimiento de los poderes demoníacos.
Hay un progreso respecto al pasaje anterior: la reacción impersonal, a coro, frente al primer exorcismo de Jesús en Cafarnaún (¿qué es esto?; 1,27) se ha intensificado ahora, convirtiéndose en una pregunta personal (¿quién es este?). El exorcismo de Cafarnaún era la primera gran demostración de la verdad del mensaje de Jesús, cuando afirmaba que el reino de Dios se había acercado (1,14-15); pues bien, ahora se vuelve cada vez más claro que ese reino se concreta en el mismo Jesús.

A la pregunta de los discípulos sigue una exclamación (¡porque hasta el viento y el mar le obedecen!) con la que concluye el pasaje. A la pregunta de «quién es este», se responde diciendo que es el portador de un mundo nuevo, que, como el Dios creador en los mitos del Oriente Próximo y en los textos poéticos del Antiguo Testamento, vence al monstruo del mar y así suscita un orden nuevo, un cosmos (cf. Is 51,9- 10; Job 26,10-13; Sal 104,5-9). Sin embargo, en Marcos esta victoria tiene un carácter provisional. En nuestra historia, Jesús exorciza al poder rugiente, satánico, del mar, pero en el pasaje siguiente el poder maléfico reaparece en tierra firme en forma de endemoniado vociferante, poder que Jesús arrojará de nuevo al mar en una piara de cerdos. Cuando llegue para Jesús el tiempo de cruzar de nuevo el mar, en 6,45-52, el agua habrá vuelto a recibir su carácter demoníaco y tendrá que ser sometida por una nueva epifanía del mismo Jesús, que se presentará en forma de Dios.

El continuo traslado de los demonios, adelante y atrás, entre el mar y la tierra firme, hace que la audiencia pueda percibir la naturaleza infatigable y cuestionadora del mal, recibiendo también la impresión de que Jesús no ha desenvainado todavía el arma de la que provendrá el definitivo golpe mortal contra ese mal. Ciertamente, vemos que Jesús vence todos sus combates contra su oponente, pero después descubrimos que no son definitivos. La revelación final, la batalla decisiva, se dará solamente en el futuro.

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“Yo no soy el Cristo” (Jn 1, 20). 

“… Del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato” (Jn 1, 27)

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
La gente, los judíos de Jerusalén —nos dices en el evangelio—, enviaron a un representante a hablar con Juan el Bautista.
Van y le preguntan, con ignorancia y extrañeza:
— Tú, Juan…, tú, ¿quién eres? ¿Qué dices de ti mismo?
Y es que algunos creían que aquel gran hombre podía ser su Mesías.
El hombre maravilloso, que todos esperaban para que les salvara.
Querían salir de dudas y esperaban una respuesta clara a su demanda:
— Tú, Juan, ¿quién eres? ¿Eres el Mesías?

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Juan no te desbancó, no te negó.
Juan contesta sencillamente que no, que se han equivocado y que él no es el Cristo, no es el Mesías.
Y siguen insistiendo y preguntando:
— Entonces tu serás… ¿Es que tú eres Elías? Los judíos dudaban si Juan era aquel otro gran profeta que había existido tiempo atrás y muchos creían que tenía que volver sobre la tierra.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Otra vez Juan te es fiel.
Con su misma sencillez contesta de nuevo que no, que se habían equivocado, que él no es Elías.
Y va una tercera pregunta, más cercana a la realidad:
— Entonces, tú eres profeta; dinos si tú eres profeta…
Juan contesta otra vez, igual que antes, que no, que él no es profeta.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Juan se quedó corto en sus palabras.
Dijo menos de lo que era en verdad.
Porque tú mismo, hablando de Juan, dijiste que era el más grande de los profetas.
En cambio, él, cuando ha de juzgarse a sí mismo, dice que no, que ni siquiera llega a ser profeta.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Ya estamos muy cerca de la confesión que hizo de sí Juan. A la última pregunta:
— En definitiva, tú, ¿quién eres?
Juan contesta con una profunda humildad:
— Yo soy una palabra que habla en el desierto y que dice: Preparad los caminos del Señor.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
La misión de Juan es decir a cada uno que procure poner su conciencia en rectitud, hacia arriba, en paz con Dios.
Y así podrán tener su corazón abierto para que entres tú en él.
Esta fue la primera misión de Juan el Bautista, que sigue en plena validez aún hoy.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Juan nos dejó muchas lecciones de humildad con sus palabras.
Porque en la vida todos hacemos lo contrario. Nos preguntan: “Tú, ¿quién eres?”, y en seguida decimos lo que nunca hemos sido y solamente lo que deberíamos o querríamos haber sido alguna vez.
Nos preguntan y contestamos lo que nos hubiese gustado ser, lo que desearíamos haber sido, pero que nunca en realidad hemos llegado a ser.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
En la vida vamos engañándonos los unos a los otros.
Trata cada uno de que crean de él que es más importante de lo que es.
Esta es nuestra naturaleza, nuestro instinto.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Nos engañamos los unos a los otros porque no nos atrevemos a vivir en humildad.
La humildad sólo nos pide que hablemos con sinceridad, que digamos las cosas por su nombre, ni mejores ni peores, sencillamente tal como tú las ves.
Deberíamos hablar poniéndote como testigo de nuestro corazón, como testigo de nuestra palabra.
Aunque el mundo haga todo lo contrario.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Ayúdanos
a ser más sinceros.
Cuando nos dicen: “Tú, ¿quién eres? ¿Eres acaso profeta?”, parece que querríamos contestar: “¿Profeta?, mucho más”.
Cuando nos creen y dicen: “¿Eres tú bueno?”, nos gustaría contestar: “¿Bueno?, mucho más”. Y decimos lo que nunca hemos hecho aún, porque tratamos de ser más y mejores de lo que somos y hemos sido.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
Inclínanos a admitir delante de ti y, después, delante de los demás, que somos sencillamente muy poca cosa.
Que no valemos casi nada y que bien merecemos el último lugar entre los hermanos.
Porque los humildes, según tú los ves, son mejores que los que desean ser los mejores.

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Son tantos los que van por el mundo ambicionando lo que no merecen: puestos y sitios; honor y gloria; nombre y estima; felicidad y amor.
El mundo es infeliz porque va buscando lo que no tiene y lo que no necesita.
El mundo es infeliz porque no somos humildes, porque tenemos un orgullo en el corazón que nos hace aparentar lo que no somos.

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Somos infelices porque deseamos más, ambicionamos más.
No tenemos y queremos tener, sea como sea y a costa de todo.
Mientras Juan el Bautista es feliz confesando su humildad.
Y confesando que sólo tú eres grande, que él ni siquiera es digno de atar tu sandalia y vivir a tus pies.

Miguel Bertrán

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4. Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión. Lo atestigua el libro del Apocalipsis cuando habla de los mártires que interceden: «Vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia?”» (6,9-10). Podemos decir que «estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios […] No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce»[1].


[1] Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino (24 abril 2005): AAS 97 (2005), 708.

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Del Salmo 145

Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre; todos los días te bendeciré, alabaré tu nombre por siempre.

Grande es YHWH, muy digno de alabanza, su grandeza carece de límites.
Una época a otra encomiará tus obras, pregonará tus hechos portentosos.
El esplendor y la gloria de tu majestad, el relato de tus maravillas recitaré.
Del poder de tus portentos se hablará,
y yo tus grandezas contaré;
se recordará tu inmensa bondad,
se aclamará tu justicia.

Es YHWH clemente y compasivo, tardo a la cólera y grande en amor; bueno es YHWH para con todos, tierno con todas sus criaturas. Fiel es YHWH en todo lo que dice, amoroso en todo lo que hace. YHWH sostiene a los que caen, endereza a todos los encorvados.

Cerca está YHWH de los que lo invocan, de todos los que lo invocan con sinceridad. ¡Que mi boca alabe a YHWH,
que bendigan los vivientes su nombre santo por siempre jamás!

 

Mc 6, 1-6a

«1Y salió de allí y va a su patria, y sus discípulos le siguen.

2Y llegado el sábado comenzó a enseñar en la sinagoga, y muchos, al oírle, estaban maravillados diciendo: “¿De dónde [vienen] a éste estas cosas? y ¿qué sabiduría es la que ha sido dada a éste? ¿Y esos milagros (dynameis) hechos por sus manos? 3¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?”. Y se escandalizaban a causa de él.

4Y les dijo Jesús: “No es despreciado un profeta sino en su patria, entre sus parientes y en su casa”.

5Y no podía hacer allí ningún milagro (dynamin), sino unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. 6Y se asombró de sufalta de fe (apistia)».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Continuamos avanzando en el evangelio de Marcos y llegamos al final de la segunda sección (3,7-6,6a). Jesús ha continuado haciendo presente la soberanía de Dios, que pone vida y dignidad por doquier, pero, al igual que en la primera sección, lo que es una experiencia gozosa para unos, se convierte en motivo de rechazo para otros. En este caso, la sección termina con el rechazo de sus paisanos de Nazaret. El conflicto crece. La reacción de Jesús consistirá en el envío de sus misioneros, discípulos que se hacen apóstoles (6,7- 13.30) para que expandan la soberanía de Dios por todas partes.

 

TEXTO

Este evangelio tiene tres partes: a) una pequeña introducción que nos señala la vuelta de Jesús a su tierra y la actitud discipular de seguirle (v. 1); b) la sección central, que partimos en dos: una primera parte, más extensa, que relata la reacción de los nazarenos a la enseñanza de Jesús (vv. 2- 3); una segunda parte, concisa y severa, que recoge la respuesta de Jesús (v. 4); c) la conclusión narrativa, donde Marcos, con su osadía habitual, nos dice que Jesús no podía hacer allí ningún milagro. Una “cruz” para la exégesis que ya fue revisada por el propio Mateo (cf. Mt13,58: “no hizo”).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La gente de Cafarnaún había aceptado maravillada la enseñanza de Jesús (cf. Mc 1,22), pero la gente de Nazaret se escandaliza de la misma enseñanza. Les cuesta aceptarque “uno de tantos”, un “carpintero”, tuviera esa sabiduría y esa capacidad de obrar milagros, esa capacidad de hacer presente a Dios. Jesús no tenía apariencia de super héroe y quizá fue eso lo que cerró a la fe a sus paisanos. ¿Cuáles son los obstáculos que debilitan nuestra fe?

• Es un texto de “maravillas y asombros”: los nazarenos semaravillan, pero les lleva al escándalo; el nazareno se asombra de la falta de fe de sus paisanos. El texto recoge impactos, no indiferencia; sentimientos fuertes, no apatía o desinterés. ¿Qué nos maravilla y escandaliza de Jesús? ¿Qué, de nuestra vida y nuestra fe, le hará asombrarse a Jesús?

• La frase de Jesús en el v. 4 es tremendamente dura. Su generalidad nos alcanza. ¿Sentimos “desprecio” en nuestros ambientes y familias por ser fieles al Evangelio? ¿O sacrificamos algo para no “perder la fama” entre los nuestros?

• La fe, que aquí es una actitud de confianza desmedidaen la persona de Jesús, es condición indispensable para que sus obras de poder sean experimentadas. La fe se manifiesta en una manera nueva de ver la realidad y de insertarse en ella, viendo y sintiendo la presencia salvadora de Jesús/Dios. ¿Cómo es nuestra fe? Muy discretamente el texto comienza diciendo que los discípulos, mudos aquí,siguen a Jesús. Es la marca del discipulado en Marcos: ir detrás de Jesús. ¿En qué aspectos seguimos a Jesús? ¿En cuáles no?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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XIV Domingo del Tiempo Ordinario
8 de Julio 2018

Ezequiel 2,2-5; Salmo 122; 2Cor 12,7-10; Marcos 6,1-6

Nadie es profeta en su propia tierra.

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué, no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados. Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

Reflexión

Los vecinos de Jesús no quieren escuchar porque, de tan conocido, piensan que no puede decir nada nuevo. ¿Tienen a alguien muy cerca que no escuchan? ¿Por qué? ¿A quién escuchan? ¿Por qué? ¿Jesús les hablaba del amor de Dios. ¿Quién les habla del amor de Dios? ¿Escuchan y aprenden de ellos? ¿Porque es importante saber del amor de Dios? ¿Dónde ven el amor de Dios en sus vidas?

Actividad

Cortar corazones y escriban en cada uno donde pueden encontrar el amor de Dios. (Una sonrisa, un abrazo, ayuda de un amigo, la biblia, la Eucaristía, los Sacramentos, una flor bella, corrección de un padre, una invitación a jugar, un atardecer, el cariño de una mascota…) Esconde los corazones para que ellos encuentren uno nada más. Después, ellos presentan como van a compartir el amor de Dios usando lo que dice en el corazón que encontraron.

Oración

Señor queremos escucharte siempre. Ayúdanos a darnos tiempo unos a otros para hablar y escuchar y así descubrir que tú estás en las cosas pequeñas de la vida diaria. Amen

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