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Archive for 5/07/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VENGO, SEÑOR, CANSADO.

Vengo, Señor, cansado;
¡cuánta fatiga
van cargando mis hombros
al fin del día!
Dame tu fuerza
y una caricia tuya
para mis penas.

Salí por la mañana
Entre los hombres,
¡y encontré tantos ricos
que estaban pobres!
La tierra llora,
porque sin ti la vida
es poca cosa.

¡Tantos hombres maltrechos,
sin ilusiones!;
en ti buscan asilo
sus manos torpes.
Tu amor amigo,
todo tu santo fuego,
para su frío.

Yo roturé la tierra
y puse trigo;
tú diste el crecimiento
para tus hijos.
Así, en la tarde,
con el cansancio a cuestas,
te alabo, Padre.

Quiero todos los días
salir contigo,
y volver a la tarde
siendo tu amigo.
Volver a casa
y extenderte las manos,
dándote gracias. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Salmo 29 – ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Ant 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Salmo 31 – ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto
un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Ant 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA BREVE   1Pe 1, 6-9

Saltad de júbilo, aunque de momento tengáis que sufrir un poco en diversas pruebas. Así la pureza de vuestra fe resultará más preciosa que el oro (que, aun después de acrisolado por el fuego, perece) y será para vuestra alabanza y gloria y honor en el día de la manifestación de Jesucristo. A él no lo habéis visto, y lo amáis; en él creéis ahora, aunque no lo veis; y os regocijaréis con un gozo inefable y radiante, al recibir el fruto de vuestra fe, la salud de vuestras almas.

RESPONSORIO BREVE

V. Nos alimentó el Señor con flor de harina.
R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.

V. Nos sació con miel silvestre.
R. Con flor de harina.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Dios de amor que has hecho alianza con tu pueblo,
haz que recordemos siempre tus maravillas.

Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad
y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu y en el vínculo de la paz.

Que el mundo prospere y avance según tus designios
y que los que lo construyen no trabajen en vano.

Envía, Señor, operarios a tu mies
para que tu nombre sea conocido en el mundo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los santos
y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora comienza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Jueves, 5 Julio, 2018

Tiempo Ordinario

1) ORACIÓN INICIAL

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Mateo 9,1-8

Subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando.» Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: `Tus pecados te son perdonados’, o decir: `Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: `Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.» Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

3) REFLEXIÓN

• La autoridad extraordinaria de Jesús. Jesús aparece ante el lector como persona investida de una extraordinaria autoridad mediante la palabra y el signo (Mt 9,6.8). La palabra autoritaria de Jesús ataca el mal en su raíz: en el caso del paralítico ataca el pecado que corroe al hombre en su libertad y bloquea sus fuerzas vivas: “Tus pecados te son perdonados” (v.2); “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (v.6). En verdad, todas las parálisis del corazón y de la mente con las que uno está encadenado, las anula la autoridad de Jesús (9,6), el hecho de encontrarse con él en la vida terrena. La palabra autoritaria y eficaz de Jesús despierta a la humanidad paralizada (9,5-7) y le da el don de caminar (9,6) con una fe renovada.

• El encuentro con el paralítico. Jesús, después de la tempestad y de una visita al país de los gadarenos, vuelve a Cafarnaúm, su ciudad. Durante el regreso tiene lugar el encuentro con el paralítico. La curación no se realiza en una casa, sino a lo largo del camino. Así pues, durante el camino que conduce a Cafarnaúm le llevaron un paralítico y Jesús se dirige a él llamándolo “hijo”, un gesto de atención que pronto se convertirá en un gesto salvífico: “tus pecados te son perdonados” (v.2). El perdón de los pecados que Jesús invoca sobre el paralítico de parte de Dios alude al nexo entre enfermedad, culpa y pecado. Es la primera vez que el evangelista atribuye a Jesús de manera explícita este particular poder divino. Para los judíos, la enfermedad en el hombre era considerada un castigo por los pecados cometidos; el mal físico, la enfermedad, siempre era signo y consecuencia del mal moral de los padres (Jn 9,2). Jesús restituye al hombre su condición de salvado al liberarlo tanto de la enfermedad como del pecado.

• Para algunos de los presentes, como los escribas, las palabras de Jesús anunciando el perdón de los pecados son una verdadera blasfemia. Para ellos Jesús es un arrogante, ya que sólo Dios puede perdonar. Este juicio sobre Jesús no lo manifiestan abiertamente, sino murmurando entre ellos. Jesús, que escruta sus corazones, conoce sus consideraciones y les reprocha su incredulidad. La expresión de Jesús “para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados…” (v.6) indica que no sólo puede perdonar Dios, sino que en Jesús, también puede perdonar un hombre (Gnilka).

• A diferencia de los escribas, la multitud se llena de asombro y glorifica a Dios ante la curación del paralítico. La gente está impresionada por el poder de perdonar los pecados manifestado en la curación, y se alegra porque Dios ha concedido tal poder al Hijo del hombre. ¿Es posible atribuir esto a la comunidad eclesial donde se concedía el perdón de los pecados por mandato de Jesús? Mateo pone este episodio sobre el perdón de los pecados con la intención de aplicarlo a las relaciones fraternas dentro de la comunidad eclesial. En ella se tenía ya la práctica de perdonar los pecados por delegación de Jesús; era ésta una práctica que la sinagoga no compartía. El tema del perdón de los pecados aparece de nuevo en Mt 18 y al final del evangelio se afirma que ello tiene sus raíces en la muerte de Jesús en la cruz (26,28). Pero en nuestro contexto el perdón de los pecados aparece unido a la exigencia de la misericordia como se hace presente en el siguiente episodio, la vocación de Mateo: “…misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt 9,13). Estas palabras de Jesús pretenden decir que él ha hecho visible el perdón de Dios; sobre todo en sus relaciones con los publicanos y pecadores, al sentarse con ellos a la mesa.

• Este relato que retoma el problema del pecado y reclama la conexión con la miseria del hombre, es una práctica del perdón que se ha de ofrecer, pero es sobre todo una historia que debe ocupar un espacio privilegiado en la predicación de nuestras comunidades eclesiales.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Estás convencido de que Jesús, llamado amigo de los pecadores, no desprecia tus debilidades y tus resistencias, sino que las comprende y te ofrece la ayuda necesaria para vivir en harmonía con Dios y con los hermanos?

• Cuando vives la experiencia de negar o rechazar la amistad con Dios, ¿recurres al sacramento que te reconcilia con el Padre y con la Iglesia y que hace de ti una nueva creatura por la fuerza del Espíritu Santo?

5) ORACIÓN FINAL

Los preceptos de Yahvé son rectos,
alegría interior;
el mandato de Yahvé es límpido,
ilumina los ojos. (Sal 19,9)

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30.- “Alégrese el corazón de los que buscan a Dios” (Sal 105,3). Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, “un corazón recto”, y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios.

«Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza: grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene medida. Y el hombre, pequeña parte de tu creación, pretende alabarte, precisamente el hombre que, revestido de su condición mortal, lleva en sí el testimonio de su pecado y el testimonio de que tú resistes a los soberbios. A pesar de todo, el hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo le incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti» (San Agustín, Confessiones, 1,1,1).”

Después de haber expuesto esa tesis antes comentada, se introduce con este texto de un salmo, se alegre el corazón de los que buscan a Dios, hemos sido creados para buscar a Dios, tenemos esa tendencia innata. Yo creo que cuando ejercemos esa búsqueda, cuando la estamos poniendo en práctica, cuando el hombre vive como ser religioso que es, alégrese, sea feliz porque está buscando lo principal, aquello para lo que ha sido creado. Quienes buscan la verdad buscan a Dios, aunque no lo sepan y sean benditos, bienaventurados, felices por ello. El hombre es un buscador y el que busca dichoso sea. Lo peor que le puede ocurrir a un hombre es que pierda ese instinto de búsqueda, eso puede ocurrir entre nosotros, que esta sociedad materialista nos engañe de tal manera, nos someta de tal manera, nos esclavice y llene de apegos que perdamos el instinto de buscar a Dios. El salmo quiere que los que buscan a Dios sean felices por ello. Es verdad que no le vas a encontrar plenamente en esta vida, vas a tener encuentros parciales con Él y va a quedar para el cielo, para la vida eterna va a quedar la satisfacción plena de ese deseo que tienes de conocer a Dios. Ese deseo va a ser satisfecho en esta vida, pero parcialmente, pero bendito sea Dios, bendito seas tú, bienaventurado seas porque estás buscando. Recuerdo que hace poco una joven me hacía la pregunta siguiente “¿yo cómo puedo buscar a Dios más en mi vida, tengo la sensación de que mi vida espiritual es incompleta, me faltan medios de búsqueda, me quedo en algo superficial y no profundizo lo que debiera profundizar?” Yo lo que le contesté es “dale gracias a Dios de tener esa conciencia de querer buscar más, de no resignarte a quedarte en lo superficial, de entender que has sido creada para buscar a Dios y sentir esa santa insatisfacción, vas por el buen camino porque para eso has sido creada”.

La vida es para buscar a Dios, la muerte para encontrarle y la eternidad para poseerle, decía un sacerdote conocido. La vida es para buscar a Dios, la muerte para encontrarle es el encuentro definitivo y la eternidad para poseerle. La vida es para buscarle y nuestro encuentro es proporcional a la búsqueda y lo que es una auténtica paradoja es que pasemos la vida olvidados de aquel con el que vamos a compartir la eternidad, es una paradoja vivir fuera de esta perspectiva de búsqueda de su rostro. Hemos sido creados por Él y para Él, sólo que el que busca, el que lucha, el que se cuestiona, el que sabe arriesgar podrá ser feliz. Terminaría comentando este versículo del Salmo 105,3 diciendo que el que busca de alguna manera ya ha encontrado, porque si no hubiese encontrado no tendría ese afán de búsqueda, eso decía Pascal “no me habrías buscado si no me hubieras encontrado ya”, es decir, algo habrás encontrado porque si no hubieses encontrado nada no buscarías. Has percibido algo, que Dios es grande, que Dios es bueno, y aunque te falta mucho todavía eso poco que has percibido te ha dado un deseo grande de búsqueda. Has saboreado un poquito la grandeza de Dios entonces ya te has sentido atraído por Él.

También decía San Agustín, “busquemos como buscan los que aún no han encontrado, hallemos como encuentran los que aun han de escudriñar pues cuando se ha hallado algo es cuando se comienza a buscar”. Cuando has hallado algo es en realidad cuando empiezas a buscar con verdadera determinación, aquí hay algo grande y yo no lo había buscado, había estado distraído en otras cosas.

Continúa el Catecismo “Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha”.

Vamos a suponer que, aunque hemos sido creados para Dios nos veamos engañados por el pecado, por este mundo, de manera que perdamos en buena parte el instinto de búsqueda de Dios. Aun en ese caso que dejes de buscar a Dios, Dios no deja de buscarte a ti, tú no le pidas a Dios que deje de buscarte a ti “Yo me olvido de Dios y que Dios se olvide de mí”, eso no se lo pidas, Dios no se puede olvidar de ti, aunque tu dejes de buscarle él te buscará con más afán, recordamos el texto de Isaías 49, 15 “¿Es que puede una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esto llegase a ocurrir, yo Yahvé, no me olvidaré de ti”. Nos fijamos en cómo puede ocurrir que una madre se olvide del hijo de sus entrañas, cómo puede el pecado nublar un corazón maternal para poder desentenderse de su hijo, como en el pecado del aborto. Esto puede llegar a acontecer porque Satanás tiene poder pues, aunque eso ocurriese, Dios no se olvidará de nosotros. Tú no buscarás a Dios, pero Dios no cesará de buscarte a ti.

Para apuntalar más esta afirmación se nos remite al punto 2577 que dice así :

“Dios es quien primero llama al hombre. Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su Faz, corra detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberlo abandonado, el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración”

Es un texto muy hermoso, Dios es primero quien llama al hombre aunque, aquí vienen cuatro supuestos, el hombre se olvide de su creador, se esconda de su creador, aunque corra detrás de ídolos aunque se rebote y acuse a Dios. Aun en esos cuatro supuestos Dios no deja de buscar al hombre. Ha puesto cuatro posibilidades en las que quedan reflejadas las distintas situaciones en las que nosotros podemos dejar de buscar el rostro de Dios:

− Primero, aunque olvide a su Creador, por los afanes de esta vida, por la pereza, por la dejadez… podemos a veces ser tentados de dejadez, de pereza, de recurrir siempre a lo fácil. Puede ocurrir que por esta tendencia que tenemos a lo fácil y a la pereza, fruto del pecado original, podamos tener tendencia al olvido de Dios. Pues, aunque tú actúes así, Dios te busca con pasión.

− Segundo, aunque el hombre se esconda de Dios por falta de confianza, como Adán y Eva que se escondían porque oían las pisadas de Dios. Ese esconderse de Dios puede estar latente en nosotros de muchas maneras, me escondo de Dios porque si me presento delante de Dios me va a pedir una serie de cosas que yo no quiero que me las pida, me escondo de Él porque me parece que su rostro luminoso va a poner al descubierto ciertas cosas que yo no tengo la determinada determinación de cambiar en mi vida, y, a veces nos escondemos de Dios, ridículamente porque de Dios uno no puede esconderse, ¿A dónde iré lejos de tu rostro?, si escalo al cielo allí estás tú, si me escondo en el abismo allí te encuentro. El hombre a veces se escapa y allí donde vaya Dios está presente.

− La tercera posibilidad, aunque corramos detrás de ídolos. A veces el hombre corre detrás de ídolos en el sentido de que traiciona a Dios, es infiel a Dios, en vez de buscar al autor de todos los bienes lo que hace es quedarse con algunos bienes olvidándose del dador de los bienes. Esto también ocurre, que nos entregamos a las cosas de Dios como si fuesen ídolos, por ejemplo, el ídolo del sexo, y el sexo es algo bueno creado por Dios pero te puedes entregar a ello de una manera idolátrica, o el dinero, también los bienes materiales son buenos, pero te entregas a ellos de una manera idolátrica, en vez de buscar a Dios te estás quedando o apegando a los medios para llegar a Dios. Esa es la idolatría.

− Por último, aunque te rebotes contra Dios, aunque haya momentos de rebeldía donde más que esconderse se enfrenta uno directamente a Dios, momentos de rebeldía en los que uno dice, no creo en ti, hay momentos en los que el hombre estalla, por ejemplo el Libro de Job, un Job que estalla porque le parece injusto el proceder de Dios y entonces la criatura se rebela contra el creador.

En cualquiera de estas cuatro posibilidades que hemos visto, tú harás lo que hagas, pero Dios por ello no va a dejar de buscarte a ti, va a tener la santa paciencia de continuar convocándote, de intentar como siempre diciendo “¡Cuántas veces he querido reuniros como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas, pero no habéis querido!”, esa frase famosa que pronunció Jesús al ver a Jerusalén, y dice Jesús lloró “Dominus flevit”.

Allí hay una capilla en la que se recuerda que Jesús lloró, una capilla impresionante al otro lado del Torrente Cedrón viendo Jerusalén, Jesús lloró, es decir, nos busca apasionadamente y no va a dejar de buscarnos y no le pidamos eso. Es como si pidiéramos a una madre que se olvide de su hijo, ¡Olvídate de mí mama!, pero ¡Cómo puedes decirle eso! Esta es la afirmación primera de este punto del Catecismo, hemos sido creados para Dios, si le buscamos seremos felices, si cometemos la gran barbaridad de no buscarle estamos negando nuestro propio ser porque nuestro propio ser tiene implícita la búsqueda de Dios, pero incluso en este caso, Dios te seguirá buscando a ti y tendrá infinita paciencia y no retornará sino después de haber cogido la oveja perdida en sus hombros y llevarte al redil.

 “Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, “un corazón recto”, y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios.”

Es decir, tenemos dentro de nuestro corazón una tendencia innata a Dios y Dios nos busca apasionadamente pero el Catecismo no es ingenuo. Algunos dicen “Pues yo no siento esa tendencia a Dios, si es verdad que el deseo de Dios está inscrito dentro de nuestro corazón entonces por qué me encuentro con tantas personas que dicen que Dios no les dice nada y que no sienten necesidad de Dios, y por qué incluso yo en mi vida no he sentido ese deseo o he estado alejado de Dios, o quizá no lo sienta ni siquiera ahora mismo”.

Pues el Catecismo formula el principio, aunque por naturaleza tengamos ese deseo de Dios también tenemos una gran capacidad de engañarnos, lo de meter goles en nuestra propia puerta lo solemos hacer con bastante facilidad. Una cosa es que por naturaleza Dios nos ha creado de una manera y otra es que por nuestro pecado, por el mundo, ese deseo de Dios puede quedar muy anestesiado. Cuando alguien dice “A mi Dios no me dice nada” eso quiere decir no únicamente que el sentido religioso de esta persona no ha sido desarrollado sino que su tendencia más íntima ha quedado anulada por el influjo del mundo, porque está pagando la factura de sus propios pecados, etc., ha quedado anulada, y supone un esfuerzo muy serio, tiene que implicar toda su inteligencia y toda su voluntad para poder llegar a descubrir a Dios y para buscar a Dios y para entender que la búsqueda de Dios es prioritaria y no es un tema baladí, tiene que poner en juego todos sus talentos, capacidades, inteligencia. Su inteligencia porque en primer lugar ha de utilizarla no sólo para nuestra practicidad, para un utilitarismo. A veces utilizo mi racionalidad para decir, si así como mejor, o tengo medios más cómodos… pero la inteligencia no sólo tiene que responder a buscar los medios para una vida más cómoda sino que nos tiene que llevar a descubrir las verdades últimas, ¡es que hemos sido creados para la verdad, no sólo para salir del paso! Cuando a un hombre le dicen “no te comas la cabeza, vive el día a día, procura disfrutar de cada momento y no te comas el coco haciéndote preguntas”, cuando uno entra por ahí, está renunciando a lo que es más íntimo en su inteligencia que es la búsqueda de la verdad, es que queremos vivir en la verdad, no queremos vivir como el avestruz que se tapa la cabeza y hace como si no ha visto. No hacerse las preguntas clave de la vida, de dónde vengo, a dónde voy, qué sentido tiene la vida después de la muerte… no afrontar todas esas preguntas es utilizar la inteligencia para el utilitarismo, para ver cómo le saco más provecho al placer, a todos los progresos del hombre que me permitan tener más calidad de vida, pero es renunciar a las preguntas últimas del hombre. En la medida que ha entrado la secularización no sólo se ha querido suprimir la asignatura de religión, sino que también en la misma medida se ha ido arrinconando la filosofía, las humanidades… lo de la metafísica suena como a un tipo de asignaturas de filosofía que tienen que ser superadas y ahora, vamos a hablar de cuestiones “prácticas”, como si no fuese práctico preguntarse por el sentido de la vida. Tenemos que poner todo el esfuerzo en utilizar bien la inteligencia y en tener la rectitud del corazón, rectitud de tu voluntad, un corazón recto. El corazón según el lenguaje bíblico es lo más profundo del ser, donde se decide o no se decide un hombre por Dios, me decido a seguir a Dios dentro de mi corazón o le rechazo. Eso es lo que simboliza el corazón, la interioridad del hombre. Es muy importante que de cara a esta búsqueda de Dios no únicamente utilizar bien su inteligencia sino también su voluntad y su corazón. Yo, ¿Estoy buscando limpiamente, mi corazón que anhelos tiene? ¿Ama la verdad? No sólo es coherencia intelectual sino también es el amor a la verdad, ¿qué busco en mi corazón? A lo mejor compensaciones afectivas, igual he hecho de mi “yo” el centro de la existencia y soy un narcisista y necesito salir de mí mismo para buscar a Dios porque sólo pienso en mí y necesito sanar esa voluntad egocéntrica para poder buscar a Dios. El esfuerzo de encontrar a Dios es un esfuerzo serio, porque tenemos capacidad de auto engañarnos.

Termina diciendo que también el testimonio de otros nos debe enseñar a buscar a Dios. No podemos ser autodidactas en esta búsqueda de Dios. Él mismo nos ha puesto mediaciones para que desde ellas encontremos su rostro, señales en el camino, nos ha dado señales que a veces tenemos en testimonios de los demás. A nuestro alrededor hay testimonios suficientes para buscar a Dios aunque también es verdad que el que no busque a Dios, el que no quiera buscarle, el que no tenga un corazón recto aunque esté rodeado de santos no va a ver esas señales que Dios le envía.

Puede ocurrir que unos padres sean muy santos y eduquen muy bien a sus hijos, pero sus hijos…, no hay más ceguera que el que no quiere ver, y aunque Dios ha puesto esos testimonios no quieren verlos. A veces puedo tener rechazo de las mediaciones que Dios me ha enviado, pero es obvio que esas mediaciones existen y a la hora de encontrarnos con Dios son necesarias, se pueden rechazar, pero son necesarias. Los santos, los testimonios santos que hay alrededor nuestro, tantas cosas buenas que nos hablan de Dios… los santos son como el espejo que refleja la luz de Dios y cuando uno dice, esta persona que buena es y tiene una fe que le ayuda a ser de Dios. El problema está en que muchas veces se nos presentan modelos incorrectos. Si los medios de comunicación tomasen el compromiso de difundir los buenos testimonios y no estar siempre exclusivamente, prácticamente, centrándose en todo lo negativo, si hiciesen eso, podrían llegar a tener un influjo muy grande en la búsqueda del bien y en la búsqueda de la verdad. Pero tenemos que reconocer que de los testimonios buenos no hablamos, es mucho más fácil centrarse en lo negativo, y sin embargo dice Jesús “Alumbren así vuestras obras a los hombres para que viéndolas den gloria al Creador”.

Por tanto, tenemos que estar atentos a esos símbolos que Dios ha puesto y ser también nosotros un signo para que otros crean en Dios, ponernos ante los ojos del mundo para quien nos mire vea Dios. ¡Qué gran responsabilidad es esta! Señor, que quien me mire te vea a ti, y en vez de quedarme yo con la vanidad y con la sensación de que me están mirando a mí, no, ni me avergüenzo ni tengo miedo de que me miren. La auténtica humildad no es la del que se esconde para que no le vean, sino la de aquel que no le condiciona la mirada de los demás, vive naturalmente. Hay un refrán que dice “Ama como si nunca te hubiesen herido y baila como si nadie te estuviese mirando”.

Tu haz las cosas con la conciencia de quien está en presencia de Dios y a mí la mirada de los hombres no me afecta, y esa es la forma de dar testimonio, quien te mire a ti vea a Dios, porque tus obras buenas le remitan a un Dios ante el que tú vives. Ese es el testimonio tan grande que nos debe ayudar a acercarnos a Dios.

El punto 30 finaliza con un texto de San Agustín precioso que dice así:

Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza: grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene medida. Y el hombre, pequeña parte de tu creación, pretende alabarte, precisamente el hombre que, revestido de su condición mortal, lleva en sí el testimonio de su pecado y el testimonio de que tú resistes a los soberbios. A pesar de todo, el hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo le incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti (S. Agustín, conf. 1, 1, 1).

Es muy conocida esta última frase, pero también ayuda mucho, nos ubica y contextualiza el conocer la primera parte. Tú eres grande Señor y muy digno de alabanza. Termina aquí San Agustín, porque su texto de las Confesiones es un canto de alabanza a Dios.

Decía San Ignacio de Antioquía que “cuando nos reunimos para la alabanza divina se debilita el poder de Satanás y la concordia de nuestra fe le impide causarnos daño alguno”.

Es impresionante decir, cuando nos unimos para alabar a Dios se debilita el poder de Satanás, la alabanza divina es lo que más puede proteger al hombre y hacerle estar en puerto seguro, y tengamos en cuenta que esto es una finalidad de nuestra vida. A veces no hemos recibido la suficiente educación en la alabanza divina, no hemos sido educados en ello, nos quedamos en la oración de la petición. Además hay que decir que una cosa es que te injurien a ti y que “cuando nosotros somos injuriados quizá el soportarlo pacientemente es digno de alabanza”, pero otra cosa es que, como dice Santo Tomás de Aquino, “cuando lo injurien a Dios el soportarlo pacientemente, el quitarle importancia, eso no es digno de alabanza sino el colmo de la impiedad”.

Digamos que hemos sido creados para alabar a Dios y eso tiene que brotar de nosotros en todo momento y lugar, bien sea porque hay tantas cosas buenas que nos llevan a alabarle o porque hay tantas cosas malas que nos llevan a repararle, uno ha escuchado una blasfemia y alaba a Dios y quiere en esa alabanza repararle. Digamos que puede parecer una contradicción el que por un lado seamos una pequeña parte de la creación y por otra neguemos a Dios con nuestro pecado.

Es lo mismo que en el Domingo de Ramos, Hosanna el que viene en nombre del Señor, le alabamos, y luego el Viernes Santo pidiendo su condena. Es decir, que tenemos contradicciones muy serias dentro de nosotros, pero aun así, Jesús nos dice, “Mirad si éstos no me alabasen, estas piedras lo harían en su lugar”, hay un pasaje que sus discípulos quieren acallar las alabanzas y Jesús dice, “Dejadlos”, ya sabemos que estos que me alaban luego tienen contradicciones, que luego me niegan, si también nosotros lo hacemos, pero no por eso dejemos de alabarle, quizás Dios tenga misericordia de nosotros en el sentido de que alabándole y alabándole nos inclinemos más a la coherencia y dejemos de ser incoherentes.

Dice San Agustín, “Tú mismo nos educas para la alabanza”, ser educados para la alabanza es algo clave, la Iglesia procura educarnos para la alabanza, toda la historia de nuestra vida es una estrategia, es un plan de amor de Dios en que no está educando en la alabanza. Cuando uno ve la historia de su vida dice “¡Bendito sea Dios, que tuvo paciencia conmigo, que me puso en el camino de esta persona!”, hacer una lectura de la vida en clave de alabanza, eso suele ser muy bueno, os invito a que en un rato de oración peguéis un repaso a vuestra vida en clave de alabanza, incluso diciendo “Señor, metí la pata en este momento de mi vida pero sin embargo yo te alabo porque también de mis errores también me has hecho aprender, bendito seas”, Hacer una lectura de la vida en clave de alabanza, Dios nos educa para la alabanza. Termina diciendo “Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti”, a veces, esta inquietud interior que tiene el hombre se suele caracterizar por una tendencia ansiosa, buscar una cosa, la otra, en esta no encuentro satisfacción… por ejemplo, el consumismo lo tiene muy fácil con el hombre porque aprovecha ese deseo de felicidad que tiene el hombre para incitarle por aquí y por allá.

Si el hombre no tuviese el deseo de felicidad dentro de sí, las campañas publicitarias tendrían mucho menos efecto en nosotros, pero el consumismo se sirve de ese deseo de felicidad para encauzarlo, en lugar de por Dios, lo intenta encauzar por otros caminos intentando que el materialismo sea una especie e de sucedáneo de nuestro deseo de infinito, de nuestro deseo de Dios. Dios nos ha hecho para Él, y a veces, cuántas veces nos hemos visto a nosotros mismos yendo de flor en flor, como la abeja que está en la flor un ratito y ya se cansa y se va a otra flor, eso nos pasa a nosotros, ir de flor en flor pero sin poner nido en nada porque nada nos satisface plenamente hasta que dejamos de buscar donde no podemos encontrar y buscamos en Dios y entonces en Él encontramos la paz. Nos has creado para ti y he ido de flor en flor, he estado dando palos de ciego, no sabía ni dónde buscar hasta que he encontrado en ti. Es la historia de San Agustín que se mete en todas las sectas hasta que al final encuentra la verdad, en aquello que su madre le había dicho desde el principio, ¡Hijo si yo te había bautizado, has tenido que pegarte este recorrido inmenso hasta que te has encontrado con la verdad plena de Dios!

Creo que ya os recordé el ejemplo que pone Chesterton en uno de sus libros, que es un hombre verdaderamente ingenioso. Chesterton también fue un gran buscador que entró en todo tipo de escuelas filosóficas, de pretendidas sectas etc., hasta que se encontró definitivamente con Cristo y dice el siguiente ejemplo “Es como si sale de Londres por el Támesis un barco buscando la tierra prometida y se adentra en los mares y buscando pierde el rumbo y la tormenta hace que no sepa en qué dirección estaba navegando y se gira 180 grados y vuelve a acometer hacia el puerto de Londres del que había partido, sin darse cuenta que ha vuelto al punto de partida y cuando llega dice “Que maravilla, lo que he encontrado”, pero si ¡éste es el lugar desde el que saliste diciendo que aquí no encontrabas nada y que tenías que ir fuera a buscar tu tesoro!”.

Así pasa a veces en nuestra vida, que tenemos el tesoro que es Dios y en lugar de decir “Dios es mi padre, que feliz soy, soy hijo suyo, soy hijo de Dios”, nos tenemos que pegar una vuelta, un recorrido mundial para comprobar finalmente que en mi punto de partida, es decir en la gracia del bautismo, en la presencia de Dios en mi vida lo tenía todo y mi corazón ha andado inquieto de flor en flor hasta que ha descansado en ti.

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“Respondióle y dijo: —Escrito está: no sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4).

 

Señor
Un día fuiste al desierto para prepararte a tu vida pública y, sobre todo, para darnos ejemplo de que en nuestra vida debemos también prepararnos a solas.
Y estuviste ayunando cuarenta días y cuarenta noches, y al fin, como es natural, tuviste hambre.
Y como alrededor no tenías más que piedras, el tentador te dijo:
— Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Tú le contestaste:
— No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Señor
Tú querías enseñarnos algo en esta primera tentación.
Tal vez, que nuestra propia vida la reducimos sólo a esto: un intentar de mil maneras convertir las piedras en pan para el cuerpo.
O que la vida sobre la tierra no es una vida en el paraíso, sino una vida en el desierto.
Un desierto rodeado de piedras, piedras que hemos de trabajar y hemos de convertir en algo precioso, pan para el cuerpo y para el espíritu.

Señor
Nuestras vidas se parecen mucho a la soledad de un desierto, con abundancia de piedras.
La vida tiene esta dura aspereza: la aspereza de estar solos, aun estando rodeados de gente. 

Señor
Hay una soledad que el corazón conoce muy bien: la soledad del que sabe que los demás no se interesan por él, no le comprenden.
La gente no nos suele comprender, porque no nos puede nunca comprender del todo.
Aun para nosotros mismos, cada uno es un misterio oscuro.
Y sólo nos cabe y nos queda la esperanza de que Dios nos comprenda, nos conozca y nos ayude.

Señor
La soledad del que se encuentra en la vida como en un desierto es el retrato de muchos, de muchísimos más de los que cabría imaginar y suponer.
Aun las vidas que en apariencia son felices, en el fondo secreto de su corazón —que se comunica a tan pocos—, hay mucha soledad.

Señor
Y también hay muchas piedras en el mundo. Piedras de todas clases y tamaños, buenas o malas, no por ellas mismas, sino por el uso que hacemos de ellas.
Piedras malas cuando algunos las toman del suelo y nos las echan encima.
Piedras buenas, cuando nos sirven para construir nuestras casas.

Señor
Tú quisiste pasar cuarenta días y cuarenta noches sintiendo la austeridad y la dificultad de vivir en un desierto de piedras.
Cuando nosotros nos encontramos en la misma situación, deberíamos pensar que tú también pasaste por este mismo camino.
Deberíamos aprovechar las piedras para nuestro propio bien, y para el bien de los demás.

Señor
Tú pasaste hambre en el desierto, no sólo hambre de pan.
Y como tú, también nosotros tenemos hambre de muchas cosas, cada uno sabe de qué.
Unos tienen hambre de deseos altos, otros hambre de deseos más bajos.

Señor
Tenemos hambre de cariño, esto tan necesario en la vida, por lo que nos desviamos de nuestra ruta y aun a veces de ti.
Tenemos hambre de éxito, de felicidad, de un hogar, de unas personas que sean como las hemos soñado.
Tenemos hambre de dinero que necesitamos, o de un poco más todavía; y siempre nos faltaeste último dinero.

Señor
Todas estas formas tan variadas y múltiples de hambre nos dan inquietud, desazón y tensión interior.
Esta es la realidad y quien no lo confiesa es porque no se atreve o no se conoce.
Todos en la vida sentimos mucha hambre de todo aquello que no tenemos.
Y así pasamos las veinticuatro horas del día diciendo: “Si yo pudiera tener…” “Si yo tuviera…”. 

Señor
Tú nos contestas con una enseñanza:
—No sólo de pan vive el hombre…, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Porque cuando tengamos o podamos llegar a tener todo eso que ahora creemos que va a saciar nuestra hambre, ¿tendremos felicidad?
¿Seremos ya entonces el hombre feliz, la mujer feliz, que hemos deseado?

Señor
San Agustín decía que el corazón humano está hecho para ti, y solamente tú lo puedes llenar. El vacío que tiene nuestro corazón no lo llena nadie, únicamente tú podrías llenarlo.
Ni el regalo más regalado de la vida, ni todos los sueños, aspiraciones e ideales colmados pueden proporcionarnos la felicidad al corazón.

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5. En los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte. Esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo, y es digna de la admiración de los fieles[2]. Recordemos, por ejemplo, a la beata María Gabriela Sagheddu, que ofreció su vida por la unión de los cristianos.


[2] Supone de todos modos que haya fama de santidad y un ejercicio, al menos en grado ordinario, de las virtudes cristianas: cf. Motu proprio Maiorem hac dilectionem (11 julio 2017), art. 2c: L’Osservatore Romano (12 julio 2017), p. 8.

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1.- En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos… La multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿de dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el hijo del carpintero, el hijo de María?… y esto les resultaba escandaloso. Las lecturas de este domingo 14 del tiempo ordinario nos ponen de manifiesto lo que decíamos más arriba: los profetas en su tiempo fueron frecuentemente incomprendidos y rechazados. Esto les pasó a Ezequiel, como vemos en la primera lectura, a san Pablo, como podemos deducir de la segunda lectura, y al mismo Cristo, como sabemos todos los cristianos, y como vemos también hoy en esta lectura del evangelio según san Marcos. Que a Jesús le persiguieron y le mataron por anunciar el reino de Dios y por predicar su evangelio es, por supuesto, algo evidente para nosotros. La lectura del evangelio de hoy tiene, no obstante, un comentario algo especial: los de su pueblo no le persiguieron, ni le mataron, pero no creyeron en él como profeta de Dios. ¿Por qué? Porque le consideraron uno más entre los del pueblo, “el hijo del carpintero y de María y el hermanos de sus hermanos”. Y Jesucristo no fue uno más entre los del pueblo; fue un verdadero profeta de Dios, fue el hijo de Dios. Fue la falta de fe en la divinidad de Cristo lo que impidió a los habitantes de Nazaret creer en él y amarle, porque sin fe no hay amor posible, y sin fe y sin amor no podemos acercarnos a Dios y creer en él. Pidamos hoy a Dios todos nosotros, los cristianos, creer en Jesús y amarle, intentando vivir como él vivió, “pasando por la vida haciendo el bien”. Y creamos en la bondad de las personas buenas con las que convivimos, aunque sean de un origen humilde, y no tengan grandes títulos, ni condecoraciones. Fe y amor a todas las personas porque son hijos de Dios, esto es lo que debemos hacer todos los que queremos ser verdaderos cristianos, discípulos de Jesucristo.

2. – “Esto dice el Señor”: “Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos”. El profeta Ezequiel predicó en tiempos del exilio y en circunstancias muy difíciles. El pueblo de Israel había dejado de fiarse de Dios y, por tanto, tampoco se fiaba de sus profetas. Dios manda a Ezequiel que insista y que no desista de su vocación de profeta, que el pueblo sepa que él, Dios, no se ha olvidado de ellos. En estos tiempos nuestros, en este siglo XXI, también nosotros, los cristianos, no debemos desanimarnos ante las dificultades que nuestra sociedad ofrece a nuestros catequistas y evangelizadores para cumplir con su misión de anunciar el evangelio de Jesús, el reino de Dios a las personas con las que convivimos. Nos hagan caso o no, nosotros no debemos de dejar de predicar y predicar el evangelio. Las dificultades no sólo no deben desanimarnos, sino que deben de confirmarnos en la necesidad de nuestra misión. Más necesario es predicar el evangelio a una sociedad que, mayoritariamente, ha dejado de creer en él, que a una sociedad mayoritariamente fiel y creyente.

3. – Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, de las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte. La vida del apóstol san Pablo la conocemos suficientemente bien todos los cristianos. Fue un apóstol que predicó el evangelio de Jesús a los gentiles, con una fortaleza y una capacidad de sufrimiento grandísima. En su predicación sufrió toda clase de dificultades, persecuciones y la misma muerte. Pero todo lo sufrió con valentía por su fe y su amor a Cristo. “No soy yo, llegó a decir, es Cristo quien vive en mí”. No se fio nunca de su propia fuerza, sino de la fuerza del Cristo que vivía en él. Un buen ejemplo para nosotros, los cristianos de todos los tiempos: no somos nosotros, es el Cristo que actúa en nosotros el que es fuerte. En nuestra debilidad debemos dejar que actúe la fuerza de Dios. Precisamente, porque el Señor ve nuestra debilidad y nuestra humildad, como decía María, la madre de Jesús, es por lo que Dios puede hacer en nosotros maravillas. Seamos humildes también nosotros, reconociendo nuestra debilidad. Como hoy nos dice san Pablo de sí mismo, y dejemos que en nuestra debilidad se manifieste la fuerza de Cristo.

Gabriel González del Estal

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Jesús salió de allí y se fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado se puso a enseñar en la sinagoga, y la gente, al oírlo, decía asombrada: «¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?». Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta». Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe. Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Marcos 6, 1-6

 

Comentario del evangelio

Jesús se fue a su tierra y se encontró conque las personas no creían en Él, no le reconocían como Hijo de Dios. Podríamos pensar que en su tierra todo sería mucho más fácil, pero fue donde se encontró con más problemas. Por esta razón no pensemos que donde parece que sea más fácil evangelizar es donde al final va a ser más eficaz nuestra labor o vamos a tener mayores facilidades. El Señor nos llama a todos y somos nosotros los que le escuchamos y le acogemos, o le damos la espalda. Pero en esto debemos estar abiertos a sorprendernos.

Y fijaros que dice que no pudo hacer allí ningún milagro, ya que las personas no creían en Él. Es importante que nos demos cuenta que debido a la situación que Jesús se encontró entre sus vecinos no pudo hacer milagros por la falta de fe.

Por eso debemos cuidar nuestra fe, cada uno de manera personal, pero también debemos cuidarnos unos a otros en la fe. Los espacios de oración personal y de oración comunitario son imprescindibles en nuestra vida de fe. Es necesario que cuidemos de forma especial nuestra relación con el Señor, para que seamos creyentes de verdad en nuestras vidas.

Para hacer vida el evangelio

• Escribe una situación de tu vida en la que hayas sido consciente de que necesita ser mejor cristiano.

• ¿Por qué te diste cuenta de que necesitabas crecer como cristiano? ¿Qué crees que te pide Jesús para ser mejor creyente?

• Escribe un compromiso sencillo que te ayude a ser mejor amigo de Jesús.

 

Oración

¿Qué sentirías por el camino al acercarte
a Nazaret con el grupo de los doce?
¿Estarías orgulloso de mostrarles tu pueblo y a los tuyos?
¿Cómo esperarías el recibimiento de tus paisanos?
Posiblemente no las tendrías todas.

Tú, Señor Jesús, conocías a los tuyos
y algo te decía que aquella visita sería dura para Ti,
pero tenías que hacerla, eran los tuyos
y también ellos tenían derecho
a conocer y vivir tu Proyecto.
Como hiciste en otros sitios así haces en tu pueblo,
ni más ni menos: vas a la sinagoga, enseñas, etc. etc.

¿Qué viste en los ojos de tus paisanos,
de aquellos con quien ibas los sábados a la sinagoga,
con los que jugaste
de niño, con los que trabajaste a su lado?
Alegría, entusiasmo, admiración,
recelo, sospecha, dudas…
De todo hubo… pero ganaron las sospechas.
Los tuyos se quedaron con la imagen
que tenían gravada en sus retinas:
con el tiempo que viviste con ellos,
pero no supieron descubrir en tu presencia
la mano de Dios, el Emmanuel.

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