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Archive for 7/07/18

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿QUIÉN ES ÉSTE QUE VIENE?

¿Quién es éste que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Ant 2. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   Col 1, 3-6a

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús recorría las aldeas y predicaba en las sinagogas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús recorría las aldeas y predicaba en las sinagogas.

PRECES

Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa Francisco y por nuestro obispo N.;
protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra
para que a nadie falte el pan de cada día.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, ten piedad de los difuntos
y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, conserva a tus fieles en continua alegría y concede los gozos del cielo a quienes has librado de la muerte eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 7 Julio, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 9,14-17
Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: « ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: « ¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»

3) Reflexión

• Mateo 9,14: La pregunta de los discípulos de Juan entorno a la práctica del ayuno. El ayuno es una costumbre muy antigua, practicada por casi todas las religiones. Jesús mismo la practicó durante casi 40 días (Mt 4,2). Pero no insiste con los discípulos para que hagan lo mismo. Les deja libertad. Por esto, los discípulos de Juan Bautista y de los fariseos, que se veían obligados a ayudar, quieren saber porqué Jesús no insiste en el ayuno. “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos y tus discípulos no ayunan?”
• Mateo 9,15: La respuesta de Jesús. Jesús responde con una comparación en forma de pregunta: “¿Pueden acaso los amigos del novio ponerse tristes, estar de luto, cuando el novio está con ellos?” Jesús asocia el ayuno con el luto, y él se considera el novio. Cuando el novio está con los amigos del novio, esto es, durante la fiesta de la boda, los amigos no necesitan ayunar. Durante el tiempo en que Jesús está con los discípulos, es la fiesta de la boda. No precisan ni pueden ayunar. Quizá un día el novio se vaya, entonces será un día de luto. En ese día, si quieren, pueden ayunar. Jesús alude a su muerte. Sabe y siente que, si continúa por este camino de libertad, las autoridades querrán matarle.

• Mateo 9,16-17: Vino nuevo en ¡pellejos nuevos! En estos dos versículos, el evangelio de Mateo presenta dos frases de Jesús sobre el remiendo de vestido nuevo y sobre el vino nuevo en pellejo nuevo. Estas palabras arrojan luz sobre las discusiones y los conflictos de Jesús con las autoridades de la época. No se coloca remiendo de vestido nuevo en ropa vieja. Porque al lavarla, el remiendo tira del vestido y se produce un desgarrón peor. Nadie pone vino nuevo en pellejo viejo, porque el vino nuevo por la fermentación hace estallar el pellejo viejo. ¡Vino nuevo en pellejo nuevo! La religión defendida por las autoridades religiosas era como ropa vieja, como pellejo viejo. Tanto los discípulos de Juan como los fariseos, trataban de renovar la religión. En realidad, lo que hacían era poner remiendos y por ello corrían el peligro de comprometer y echar a perder la novedad y las costumbres antiguas. No es posible combinar lo nuevo que Jesús nos trae con las costumbres antiguas. ¡O el uno o el otro! El vino nuevo hace estallar el pellejo viejo. Hay que saber separar las cosas. Muy probablemente, Mateo repite estas palabras de Jesús para poder orientar a las comunidades de los años 80. Había un grupo de judíos cristianos que querían reducir la novedad de Jesús al judaísmo de antes de la llegada de Jesús. Jesús no está contra lo que es “viejo”. Lo que él no quiere es que lo viejo se imponga a lo nuevo, y así empieza a manifestarse. No es posible releer el Vaticano II con mentalidad pre-conciliar, como algunos tratan de hacer hoy.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son los conflictos entorno a las prácticas religiosas que hoy traen sufrimiento a las personas y son causa de mucha discusión y polémica? ¿Cuál es la imagen de Dios que está por detrás de todos estos preconceptos, normas y prohibiciones?
• ¿Cómo entender la frase de Jesús: “No colocar un remiendo nuevo en un vestido viejo?” ¿Qué mensaje saco de todo esto para mi comunidad, hoy?

5) Oración final

Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro
para su pueblo y sus amigos,
que no recaerán en la torpeza. (Sal 85,9)

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1. Situación y contemplación

A la luz de las lecturas de este domingo, vamos a revisar nuestra fe. Muchos cristianos nutren su fe de creencias, es decir, de un conjunto de convicciones referentes a contenidos no verificables, pero a los que se adhieren por fe. Pueden ser ideas sobre Dios (por ejemplo, que es Trino y Uno) o el hombre (que es pecador y ha sido llamado a la salvación mediante Jesucristo), o bien acontecimientos (que Jesús murió bajo Poncio Pilato y que luego resucitó). Otros han hecho de la fe un proceso personal, en que lo determinante es el encuentro con Jesús resucitado, y, por ello, dan la máxima importancia a la historia de Jesús y a la relación viva con El hoy.

Las páginas de este libro están inspiradas, sin duda, en este segundo modo de vivir la fe. Hoy, concretamente, queremos acercarnos a la experiencia de soledad radical que vivió Jesús por ser fiel a su misión. Los suyos (familiares, vecinos de Nazaret, el pueblo judío) desconfiaban de El. ¿Qué resonancias tiene en mí esta dimensión tan afectiva y personal de la fe?

– Marcos nos ha presentado en toda su crudeza la incomprensión que Jesús sufrió por parte de los suyos. Estos domingos estamos profundizando en el carácter desconcertante del mesianismo de Jesús para las expectativas de la gente. La consecuencia va a ser el rechazo.

– El texto del profeta Ezequiel refleja la misma experiencia del rechazo. Fue el camino normal de los enviados de Dios. Jesús resumirá en una parábola esta trayectoria de la historia de Dios con su pueblo (Mc 12,1-12), cuya culminación será su propia muerte.

– El salmo responsorial expresa la respuesta de la comunidad cristiana a los enviados de Dios. Por una parte, el reconocimiento del pecado, de cómo, efectivamente, no escuchamos la Palabra de Dios. Por otra parte, la fe. La Iglesia quiere seguir humildemente a Jesús, aunque su misión nos resulte desconcertante.

Intentemos acompañar a Jesús en su soledad.

2. Reflexión

La soledad de Jesús tiene niveles diversos. Uno, el más comprensible para nosotros, es el psico-afectivo. Tuvo que ser muy doloroso para Jesús ir a la sinagoga de Nazaret y sentir el rechazo de sus conocidos. Probablemente, habían oído hablar maravillas del hijo de María, el carpintero, y se hicieron expectativas de que Jesús les iba a hacer milagros. Pero Jesús no estaba dispuesto a pasar por ese chantaje. La frase del Evangelio es terrible: «No pudo hacer allí ningún milagro… Se extrañó de su falta de fe».

La soledad de Jesús nace de un nivel más hondo, el fracaso de su misión. No se trata de cualquier fracaso, sino del fracaso en relación con el Reino. ¿No era acaso contradictorio que el Mesías fracasase si, por definición, la era mesiánica consiste en la victoria definitiva de Dios? Jesús sintió en propia carne la prueba más dura: Si Israel rechazaba al Mesías es que rechazaba el Reino y, en consecuencia, la esperanza última que le quedaba. ¿No significaba este rechazo, quizá, que Jesús estaba engañado, que no había recibido la misión que El se atribuía? De hecho, entre los suyos se decía que estaba loco. ¿No tendrían razón?

3. Praxis

El cristiano no debe confundir la fe con un sistema de creencias. Estas buscan siempre dar seguridad, evitar riesgos. La fe adulta camina a pecho descubierto y no evita las preguntas y la oscuridad. Por eso, no necesita sacralizar la figura de Jesús, haciendo de El un Mesías omnisciente, por encima de toda duda. Meditar en la soledad de Jesús ayuda mucho a vivir con realismo lo que es la condición de todo creyente: A medida que la fe se te hace fuente personal de ser, te vas quedando solo. Es así, no hay que darle vueltas.

No por eso te alejas de nadie; al contrario. Pero sólo Dios entra en el último reducto de tu conciencia, aunque no tengas secretos para tu amigo íntimo. Hace falta que las personas que te quieren estén en tu misma honda para que comprendan lo que significa para ti hacer la voluntad de Dios por encima de todo, incluso de las personas a las que más quieres, o ese sentimiento misterioso de descansar sólo en Dios, en última instancia.

Soledad habitada, no solitaria, en que el corazón creyente experimenta lo más gozoso y exigente de su vocación cristiana.

Si sabes un poco de estas cosas, no tengas miedo; sigue a Jesús.

Javier Garrido

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Hoy, querido amigo, vamos a tener un encuentro con Jesús, que quiere volver otra vez a su patria pero ni es creído, ni es bien recibido. Lo que sucedió en esta primera visita de Jesús a su tierra lo vamos a escuchar en el Evangelio de Marcos, capítulo 6, versículo 1-6:

Partió de allí y fue a su tierra, y sus discípulos le seguían. Llegado el sábado se puso a enseñar en la Sinagoga y muchos de los oyentes decían admirados: “¿De dóndele viene esto? ¿Y qué sabiduría es esa que le ha sido dada y los milagros que se hacen por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y de José, de Judas y de Simón? Y sus hermanas ¿no viven aquí, entre nosotros?”. Y se escandalizaban de Él. Jesús les decía: “Un profeta no es menospreciado sino en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro. Sólo curóa algunos enfermos imponiéndoles las manos, y se asombraba de su incredulidad. Y recorría las aldeas vecinas enseñando.

¡Qué razón tiene “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron”! Hoy vemos a Jesús, querido amigo, que tiene ganas de ir a su tierra, a su patria, a Nazaret, y deja Cafarnaún. Y con sus discípulos se dirige hacia allí, y aunque había nacido en Belén, Nazaret era su patria; allí se había criado, había trabajado, había estado formando esa familia con su madre, María, y con su padre, José. Hacía un año que había salido ya de Nazaret: había salido como un simple carpintero, pero ahora vuelve como un maestro, como un rabí, rodeado de discípulos y con fama de profeta que hace milagros, que es una persona extraordinaria.

Como siempre llega el sábado, que es el día consagrado para el culto divino delos judíos, y Jesús entra en la Sinagoga. Lo había hecho tantas veces de niño… Allí habíacantado los salmos, había escuchado las Escrituras… La Sinagoga está llena. Allí también está su Madre, allí estamos tú y yo, allí están sus discípulos, allí están sus parientes, allí está todo Nazaret, ¡y con qué expectación! El presidente de la Sinagoga solía invitar a una persona competente —normalmente era un rabí— para que hiciese la lectura y comentara los profetas. Y aquel sábado invitó a Jesús. Él se subió, leyó el texto en hebreo y se sentó para hacer la homilía en arameo, que era su lengua vernácula. Sabemos por el Evangelio de Lucas que leyó la profecía del capítulo 61 deIsaías, que dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”.

Sus paisanos se quedan admirados de sus palabras y se preguntan: “¿De dóndesaca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?”. Y desconfiaban de Él. Pero Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Y nos dice el texto que con dolorJesús no pudo hacer allí ningún milagro porque les faltaba fe, y sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos; y añade: “y se extrañó de su falta de fe”. Salió del pueblo y fue enseñando y curando en los pueblos de alrededor.

Querido amigo, vemos esta escena y vemos un Jesús con mucho amor, pero con dolor. Con mucho amor porque quiere ir a su patria. Tiene amor a los suyos, quiere comunicarles su mensaje, quiere anunciarles la Buena Nueva que tiene, quiere enseñarles lo que Él sabe de su Padre, quiere ir… Y va con todo cariño. Y allí va con sus discípulos y visita ese pueblo que, al verle cómo habla se llena de asombro, pero también de incredulidad. Ese amor que Jesús tiene pronto se convierte en tristeza y en mucho asombro por la incredulidad que tenían de Él. Pero tampoco le extraña tanto, sabe que un profeta no es bien mirado en su patria. ¡Con qué cariño lo hace!

Y esto a ti y a mí nos lleva a pensar cuántas veces Jesús quiere venir a nuestro propio corazón, quiere entrar en nuestra propia casa, y nosotros nos extrañamos porque ¿cómo este hombre va a hacer algo? O quizás también no somos capaces de verle la normalidad. Queremos que sea y queremos que se nos hagan gracias extraordinarias, ver cosas extraordinarias, y Jesús es de otra manera: Él prefiere el camino de la humildad y espera mi fe y espera que le descubra, y que le descubra en la normalidad de la vida diaria; espera que le descubra en todas las personas que tengo a mi alrededor. Pero a veces soy como estos paisanos de Jesús: dudo, no aprecio, no valoro, tengo prejuicios —“éste ¿de qué va a hablar?”—, no veo ningún portento.

En este encuentro, Jesús, yo también te quiero pedir un perdón muy grande, porque no valoro a los de mi casa, no me doy cuenta de lo que hacen, no me doy cuenta de sus portentos, no me doy cuenta de nada. Me dominan mis razonamientos humanos, mis juicios, mis prejuicios. Parece que quiero algo, pero no espero nada de las personas que tengo a mi lado. Jesús a veces nos cambia la vida y quiere entrar en nuestro corazón y quiere demostrarnos lo que hace, pero no le conocemos; es el grandesconocido, el “no querido”. ¡Cuántas veces tú y yo, que nos confesamos creyentes, que miramos todo, no nos damos cuenta de que pasa a nuestro lado! Por esto hoy, querido amigo, tú y yo tenemos que pedir el don de la fe, el don de apreciar las gracias que se nos dan, el don que Dios nos regala de vivir en nuestro caminar.

Y ahora, Jesús, también me doy cuenta de que cuántas veces te llenarás detristeza al verme… y que no eres recibido. ¡Cuántas veces estarás a mi lado y yo noquiero ni siquiera recibirte, ni escucharte, ni amarte! Este regalo que Tú me das, este regalo de ser así, ¡qué pocas veces lo comprendo! ¡Qué poco coherente que soy con el Evangelio y contigo! Llevo el don y el regalo de tu presencia y no me doy cuenta de que lo tengo conmigo. Hoy te pido una actitud para ir iluminando mi camino: un camino de fe, un camino de saber apreciar que Tú estás conmigo.

Y quiero pedirte también que entres en mi corazón, que entres en mi casa, que yo quiero escucharte, quiero creer en ti. Pero me tienes que ayudar a superar esta precariedad mía, este no saber reconocerte, este no saber comprender lo que me quieres decir. ¡Cómo Tú también tienes que tener paciencia, Jesús! Pero ayúdame: ayúdame en mi debilidad y ayúdame para que sepa también valorar a cada una de las personas que tengo a mi lado, a apreciar sus dones, quitar los prejuicios, quitar todos esos estorbos, todas esas cataratas de mis ojos para ver la luz, la luz de la gracia en cada uno de ellos, y para saber apreciar en medio de la humildad y de la pobreza de cada una de las personas que rozo, el regalo tuyo.

Hoy, Jesús, te pido el don de la fe, te pido ser testigo tuyo, y te pido comprenderte, y sobre todo no juzgarte, valorarte en mis hermanos a través del respeto, a través del amor, para que Tú puedas ser profeta en mi tierra, para que Tú me puedas comunicar, para que puedas hacer milagros: el milagro de ver bien, el milagro de oírte, el milagro de quererte, el milagro de comprenderte. Tú me hablas por medio de tu palabra, pero a veces soy dura y no te comprendo, a veces no me doycuenta y digo: “¿Pero quién es éste?”. Que yo sepa apreciarte a ti también, Señor, quesepa entrar en tu camino y que sepa comprenderte y amarte.

Hoy también estoy ahí, como si Tú vinieras a mi corazón y me hablaras y medijeras todo lo que quieres… Yo lo escucharé, lo amaré, le daré vida, toda la vida que pueda. Pero Tú, Jesús, ayuda mi pobreza y mi falta de fe, que sepa apreciarte en todo, que sepa quererte, que sepa no extrañarme de tu doctrina. Al contrario: que sepa amarte y que no me crea mejor que los demás, que no me crea indispensable, porquenecesito de ti y necesito que Tú entres en mí y que no puedas decir “nadie es profeta entre los suyos” en mi corazón. Que te espere, que te quiera, que te ame… Que sepaestar siempre viviendo con fe el día a día y viviendo con fe a mis hermanos y a todas las personas que Tú pones en mi camino, ese camino de humildad y de esperanza que día a día me vas poniendo a lo largo de mi historia. Gracias, Jesús.

También quiero decirte que perdón por no valorarte, por no quererte, por mi increencia, por mi falta de fe. Pero hoy también me quedo tranquila y oigo en micorazón: “Mi gracia te basta”. Tú me vas a ayudar, Tú me vas a dar un camino de fe. Lepedimos también a la Virgen —que Ella estuvo allí escuchando, y con dolor vería cómo desprecian a su Hijo—, que yo nunca te desprecie y que nunca te eche de mi casa yque nunca tengas que salir de mí diciendo: “Me voy porque no entiende, no me recibe, es incrédulo, no me quiere”. Madre mía, ayúdame para acoger todas las lecciones que me da tu Hijo a través del amor de cada día.

Francisca Sierra Gómez

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“… Se celebraron unas bodas en Cana
de Galilea, y estaba allá la madre de Jesús.
Y fue también convidado Jesús
y sus discípulos a la boda” (Jn 2, 1-3).

Señor
Según nos cuenta el evangelio, fuisteis invitados a una boda, tú, tu madre y los apóstoles. Para compartir la felicidad de unos recién casados.
Era su primer día de familia recién estrenada. Y vosotros fuisteis los invitados de honor.

Señor
Esta familia tuvo una alegría muy especial aquel día de su boda, que conservaría siempre hasta el fin de su vida.
No podrían menos de ir contando a sus hijos, a sus nietos, a todo el mundo, lo que había pasado aquel día feliz.

Señor
Les dirían a todos que tú estabas a la izquierda; que a la derecha tenían a tu Madre.
Que todos estaban muy contentos hasta que hubo un momento en el cual, sin darse ellos cuenta, ni el marido ni la esposa, se había terminado el vino.
Que entonces la Virgen María, que estaba muy atenta, te miró de reojo y, sin apenas moverse, te susurró:
—No tienen vino.

Señor
Estos esposos continuarían contando muchas veces a sus hijos y nietos lo que siguió a este momento:
Que tú, mirando a tu Madre, le dijiste en voz baja: unas palabras misteriosas, que muchos no oyeron, y los que la oyeron no pudieron entender.
—¿Qué nos va a ti y a mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora.
Porque tú no creías que había llegado la hora de manifestar tu condición divina.

Señor
Lo que más maravilla nos causa es que, a pesar de tus palabras, la Virgen siguiera adelante.
Y que, dirigiéndose a los sirvientes, les mandase hacer lo que tú les dijeses, y que, en efecto, tú obedecieras a tu Madre.
Que mandases llenar de agua hasta el borde unas jarras, nada menos que seis grandes tinajas. Y que después las presentaran al maestresala antes que a nadie.

Señor
Todos cumplieron cuanto tú les dijiste.
Y precisamente cuando probaron aquella agua no encontraron el gusto del agua; encontraron el gusto del vino.
No había agua allí, había vino, y del mejor vino.
Todos se dieron cuenta de que tú habías hecho un gran milagro, un precioso regalo, un regalo de bodas a aquella pareja feliz que te había invitado a compartir la felicidad de su día.

Señor
A aquella familia le entró la alegría y la felicidad cuando tú entraste en aquella casa para acompañarles.
Y cuando entró contigo tu Madre.
Nuestra alegría y nuestra felicidad también deberían seguir este camino.
El camino de invitarte a ti y a tu Madre a formar parte de nuestra familia, para sentarte en el sitio del invitado de honor y para dejarte intervenir en nuestros apuros y necesidades de cada día.

Señor
Repite muchas veces tu visita en nuestras casas, a nuestras familias.
Necesitamos que seas, con tu Madre, nuestro invitado de honor.
Necesitamos tantas cosas, tantas veces tu ayuda, tu bendición, tus milagros.
En nuestras familias siempre falta algo, lo que ocurre es que ni nos enteramos.
No nos damos cuenta de que falta muchas veces lo principal.

Señor
Seríamos mucho más felices si nos diésemos cuenta de que falta algo importante en casa. Este algo que nosotros no podemos comprar y sólo tú nos lo puedes dar.
Necesitamos que la Virgen te lo diga y lo pida por nosotros.
Que te diga que nos falta esto o aquello; que nos falta no sólo un poco de dinero, sino, sobre todo, un poco más de virtud.
Que nos falta un poco más de amor, que nos falta un poco más de cariño, que nos falta más generosidad.
Que nos falta una ayuda, un consuelo, que nos falta alguien que sepa mandar.

Señor
Si tu Madre está metida en nuestra casa, ella te lo recordará.
Y tú no te negarás a sus ruegos.
Porque tú has venido al mundo para ayudarnos.
Tú siempre has tenido una predilección por la familia.
Tú siempre, como aquel día, quieres complacer a tu Madre cuando ella te pide milagros en favor nuestro.

Señor
La culpa la tenemos nosotros, que preferimos ponernos a nosotros mismos como cabeza de la familia.
Queremos, en nuestra soberbia, resolver los problemas que no está en nuestras manos resolver.
Nos sería más provechoso arrodillarnos delante de ti y decirte:
—Nada puedo, pero tú eres mi Dios y puedes darme lo que me hace falta.

Señor
Danos más humildad y más fe.
Más humildad para reconocer que no lo podemos todo.
Más fe para buscarte, encontrarte e invitarte a vivir con nosotros.
Para que contigo y con la Virgen encontremos la felicidad.

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7. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»[4].


[4] Cf. Joseph Malègue, Pierres noires. Les classes moyennes du Salut, París 1958.

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Los textos de la liturgia de este domingo, 14 del T. Ordinario, advierten claramente de uno de los grandes aprietos, peligros, con los que nos encontraremos si nos decidimos a ser los propagadores del Evangelio: será una tarea ardua como consecuencia de las dificultades que surgirán de todos aquellos que no quieren recibirlo.

En el primero de ellos, tomado del profeta Ezequiel (2,2-5)aparece él como alguien a quien le toca hablar de Dios “a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí, ellos y sus padres, hasta este mismo día. Hijos de cara dura y corazón de piedra son aquellos a quienes yo te envío”.

Nos tranquiliza saber que lo que nos pide Dios no es que convirtamos al mundo sino que lo intentemos. Los resultados no dependen de nosotros sino de la voluntad de quienes nos ven o escuchan. Por eso Dios consuela al profeta diciéndole: Escuchen o no escuchen -puesto que son una raza de rebeldes-, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta.

Esa es nuestra misión: hablar de Dios, involucrarnos en la misión de Jesús; los resultados no cuentan en la “contabilidad” con Dios, solo nuestra actitud.

San Pablo, 2ª lectura (2ª Cor. 12,7b-10) nos habla de una segunda tranquilidad respecto de nuestro compromiso con Dios.

En la lucha contra nuestra pereza y comodonería para vivir y/o extender el Evangelio no estamos solos. Cuando, nada menos que San Pablo experimenta esos mismos temores, la fe acude en su ayuda para garantizarle en nombre de Dios que “Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la flaqueza”

En la lucha contra el mal, Dios respeta la libertad de aquellos sobre los que intentemos influir, por eso tanto su acción como nuestra influencia queda condicionada por esa libertad.

Tampoco hemos de echarnos atrás porque nos consideremos indignos, incompetentes para esa misión. Si Dios nos ha pedido nuestra colaboración es porque sí podemos dársela, no como insignes teólogos pero sí como ciudadanos que cumplen su misión en la tierra con honradez, con dedicación, con buen ánimo.

Esto nos lleva a otra importante consideración. El triunfo final es de Dios. Tanto en los frutos que consigamos en nuestra acción sobre los demás como en la superación de nuestros límites y miedos la voz cantante la lleva Él. Este pensamiento nos evita engreírnos y estropearlo todo con la soberbia.

Las razones que pueden esgrimir contra nosotros los que quieren frenar la expansión del Evangelio son muy variadas pero no nos deben acobardar. Son las que ya pusieron al mismo Jesús. Si se opusieron a Él también se opondrán a nosotros y con los mismos “argumentos”

Es lo que nos quiere subrayar la tercera lectura, el Evangelio. (Mc. 6,1-6)

Jesús es “desprestigiado”, descalificado para proclamar el Evangelio por ser “el hijo del carpintero”. Tonto pretexto porque las ideas valen por su contenido no por quién las haya dicho. La verdad es la verdad la diga el gran Agamenón, el rey que dirigió a los griegos contra Troya, o su porquero. La verdad es independiente de quien la diga. Otra cosa son las fábulas, los tinglados que se puedan montar sobre cualquier tema pero la verdad es una, porque la verdad es la realidad, y la realidad es la que es.

En otra ocasión la dificultad para aceptar a Jesús es que anda endemoniado y que en virtud de Belcebú, el príncipe de los demonios, echa Él los demonios.

Otro día lo quieren despeñar porque dice que es hijo de Dios. Ante Pilato le acusan de renegar del César.

Es igual. Buscar falsas razones para apoyar cualquier disparate contra las enseñanzas de Dios es sencillísimo: Basta tener cara dura y corazón de piedra como aquellos a los que Dios enviaba al profeta.

Entendamos cual es nuestra misión y los riesgos que esto comporta pero no olvidemos nunca las prometedoras palabras de Jesús: “Cualquiera que me confesare delante de los hombres yo le confesaré ante mi Padre Celestial”. (Mt. 10,32) AMÉN.

Pedro Sáez

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