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Archive for 8/07/18

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿DONDE ESTÁ MUERTE, TU VICTORIA?

¿Dónde está muerte, tu victoria?
¿Dónde está muerte, tu aguijón?
Todo es destello de su gloria,
clara luz, resurrección.

Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.

Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.

Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
Sol de su vida y corazón.

Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y señor,
denos su espíritu esperanza
viva y eterna de su amor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Ant 2. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Salmo 113 B – HIMNO AL DIOS VERDADERO.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Ant 3. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Ts 2, 13-14

Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad. Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios.

PRECES

Demos gloria y honor a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive para interceder en su favor, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Señor Jesús, sol de justicia que iluminas nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche te pedimos por todos los hombres,
que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre
y santifica a tu iglesia para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz
y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, a tus hijos difuntos
y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, conserva a tus fieles en continua alegría y concede los gozos del cielo a quienes has librado de la muerte eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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En el reducido ambiente y en la sociedad cerrada de un pequeño pueblo de la Galilea del s. I, la familia y la sinagoga eran (tenían que ser) los dos cauces, a través de los cuales, cada individuo que venía a este mundo se socializaba, es decir, se integraba en la sociedad judía de su tiempo. ¿Ocurrió esto en el caso de Jesús?Por lo que cuenta este relato, parece que no. Tanto la familia como la sinagoga, se sorprenden cuando, después de un tiempo seguramente corto, se dan cuenta de que Jesús ya no piensa, ni habla, ni vive como era de esperar en un vecino del pueblo y en un hijo de aquella familia.

El hecho es que la conducta de Jesús se vio allí tan “desviada”, que solo mereció “desprecio”. Y, por supuesto nadie, ni su familia más íntima se fió de él. Esto es muy duro en la vida de una persona. Es el precio de la libertad. Sobre todo, la libertad ante las personas a las que uno se siente más vinculado afectivamente. La dolorosa extrañeza de Jesús estaba justificada.

Los tres sinópticos recuerdan este hecho (Mt 13, 53-58; Lc 4, 16-30). ¿Qué importancia tiene este episodio? Si Jesús fue incomprendido donde mejor se le conocía, sin duda es que fue visto como una novedad que no se podía entender. Y si además fue rechazado, es que fue visto como un peligro serio. Un peligro para aquella religión (la sinagoga) y para aquel modelo de sociedad (la familia). Hoy lo veríamos como una novedad más extraña y como un peligro mayor.

José María Castillo

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En la época de Jesús reconocía la Ley judía a todo adulto masculino el derecho de leer la Escritura en la sinagoga y de añadir a dicha lectura algunas explicaciones. En Nazaret nadie niega a Jesús este derecho. El problema para los conciudadanos de Jesús es más bien que a lo largo de unos treinta años de su vida ha sido un lugareño como otro cualquiera. De ahí que, cuando se pone a proferir palabras de sabiduría y a llevar a cabo curaciones milagrosas, se pregunten: “¿De dónde le viene todo esto? ¿Qué sabiduría es ésta que le ha sido concedida y todos estos grandes milagros que realizan por sus manos? Pues, ¿no es el hijo del carpintero? Etc.” Y al no tener el coraje para sacar las conclusiones de estos hechos, no hacen otra cosa que rechazarlo.

Todos los sabemos: Jesús no ha buscado el poder. Poder y autoridad son dos realidades totalmente diferentes que no tienen por qué ir de consuno. Puede uno tener mucho poder, sin tener una verdadera autoridad. Y a la inversa, uno puede ejercer una gran autoridad sin tener poder alguno. Jesús habla y actúa con autoridad, pero se niega a ejercer el poder. Jamás ha echado mano de signo alguno para probar lo que sea.

Cuando en el Antiguo Testamento Dios envía a Ezequiel a que anuncie Su palabra al pueblo de Israel, no le otorga tampoco poder especial alguno que pueda forzar el asentimiento del pueblo. Lo único que hace es invitarlo a hablar con autoridad: “…tú les dirás; Así habla el Señor Dios…” Entonces, escuchen o se nieguen a escuchar, (¡ellos sabrán lo que hacen!) sabrán que en medio de ellos hay un profeta”.

Se han dado momentos en la historia de la Iglesia en los que ha querido ésta utilizar el poder para imponer el Mensaje de Cristo. Cada vez que ha conseguido hacerlo, han sido catastróficos los resultados. Cuando ha sido fiel a su verdadera misión le ha conducido siempre esta fidelidad a otorgar una prioridad a los métodos de debilidad, practicando el amor universal. Pablo recuerda a los Corintios que no les ha hablado con una gran demostración de poder, sino con una gran debilidad.

Jesús no ha venido ni como Sumo Sacerdote ni como rey. Ha venido como profeta y ha huido cuando la muchedumbre ha querido hacerle rey. Es el último de los profetas, dotado de una autoridad radical, pronunciando las palabras de Dios, de la boca misma de Dios. A partir de su resurrección, se hace presente en y a través de su Pueblo. Y se da una dimensión – o una consecuencia – sorprendente del misterio de la Encarnación: el hecho de que Su autoridad, aun cuando haya sido confiada a todo su Pueblo es ejercida por seres humanos ordinarios y falibles, que han sido escogidos y llamados a diversos tipos de servicios en el seno de la comunidad cristiana, y ello comenzando por el obispo de Roma como sucesor del apóstol Pedro.

Podríamos muy examinarnos, cuáles son las ocasiones en nuestras vidas en que tratamos de ejercer el poder sobre los demás. Se da una sed de poder innata en todo ser humano. ¿Cuántas veces nos dejamos guiar sutilmente – o acaso no tan sutilmente – por esta sed de poder? ¿Nos mostramos atentos a los profetas despojados de todo poder, pero que nos hablan con autoridad, o nos vemos más bien fascinados por quienes ejercen el poder?

A. Veilleux

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“… Dijo al paralítico: Hijo, perdonados te son tus pecados” (Mc 2,5).

“…Para que sepáis que el Hijo del hombre
tiene potestad de perdonar los pecados en la tierra
dice al paralítico—: A ti te digo: levántate, toma tu camilla
y vete a tu casa” (Mc 2,10).

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Nos dices en el evangelio que entraste un día en una ciudad y que te presentaron a un hombre enfermo, que dejaron frente a ti, a tus pies.
Ni se movía, ni se podía mover: era paralítico. Tú, la misma potencia, frente a él, la misma impotencia.

Os miraríais cara a cara; él, con ojos suplicantes; tú, con ojos de misericordia.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Nos dices que te impresionó la fe del hombre paralítico, porque esperaba de ti lo que no pudo recibir de ningún hombre de su tiempo: la curación.

Y a nosotros nos impresiona también lo que hiciste con él; algo más costoso que simplemente curarle el cuerpo: le curaste el alma.
—Confía, hijo; tus pecados te son perdonados—, le dijiste. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

¡Vaya desconcierto que creaste en aquellas gentes y qué gran desilusión!
Te habían traído a un enfermo maltrecho del cuerpo para que le devolvieras su salud física, no para que le dieras otras cosas que no te habían pedido.
Así nos ocurre a nosotros tantas veces; queremos esto y nos das aquello; por eso siempre nos sorprende tanto tu comportamiento. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Hoy sigue repitiéndose la misma historia de entonces.

Nadie entiende el beneficio de perdonarnos los pecados del alma, porque nadie se cree enfermo del alma y sólo quiere ser curado de las enfermedades del cuerpo.

Para nosotros el pecado ya no es un mal, y me- nos aun una enfermedad más grave que las otras enfermedades que nos hacen sufrir y nos causan dolor. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

En lugar de agradecerte tu perdón, algunos te llamaron sacrílego y blasfemo, usurpador del poder de Dios.
La falta de fe les cegó el corazón y la mente. No pudieron verte como quien eras: el mismo Dios sobre la tierra.

Algo que hacemos, igualmente, muchos de nos- otros, también ahora, después de tantos siglos de conocerte y tenerte a nuestro lado. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

¡Gracias por tener tanta paciencia con los hombres sin fe de tu tiempo, y con los hombres sin fe del nuestro!

A ellos no les dejaste por imposibles; quisiste comunicarte con su corazón y acercarte al fondo de sus pensamientos, disimulando sus palabras duras y ofensivas.

Con una pregunta les invitabas a despertar su fe:
—¿Por qué pensáis mal en vuestro corazón? Y con una simple explicación les razonabas que quien puede hacer lo más difícil puede hacer también lo más fácil.

Después de perdonar los pecados del alma, te pones a curar la enfermedad corporal del hombre paralítico. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Aun así, muchos siguieron sin comprenderte, sin conocerte, porque les faltó la fe verdadera. Tus palabras al paralítico:
—Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa—, debieron parecerles jactancia y presunción.
Pero al ver con sus ojos que el paralítico obedecía y podía moverse por sí mismo, callaron llenos de sorpresa, o quizá de admiración.
Después del milagro muchos creyeron, pero no todos abrieron por completo sus ojos a la fe.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Los hombres de todos los tiempos somos así. Buscamos solucionar nuestros problemas materiales, concretos y tangibles: problemas de vivienda, de comida, de negocios, de ocupación, de salud.

Estos, y no otros, son los problemas que nos preocupan.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Tu lección fue clara, tan clara y transparente como el agua del mar.

Las enfermedades del alma son más importantes y graves que las del cuerpo; los problemas espirituales, más serios que los materiales. Aunque no sepamos verlo, aunque no queramos reconocerlo.

Y por esto Tú empiezas por el alma y después vas al cuerpo.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Ten paciencia con nuestra falta de fe, tan corriente ayer como hoy.

Ten paciencia con nosotros, cuando te pedimos favores materiales y olvidamos los del Espíritu. Danos primero lo que necesitamos más, lo que tú creas que es más importante, y no lo que pensamos nosotros que es lo primero y más necesario. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Ábrenos los ojos para ver mejor el mundo del espíritu y de lo sobrenatural, el mundo de la verdad, tal como lo ves tú mismo.

Que el reino de Dios, que es el reino del alma, tenga en nuestras vidas la primacía sobre todos los demás reinos de la tierra.
Que nos importe, sobre todo y ante todo, el alma.

Miguel Beltrán

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8. Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que «participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad»[5]. Pensemos, como nos sugiere santa Teresa Benedicta de la Cruz, que a través de muchos de ellos se construye la verdadera historia: «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado»[6].


[5] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 12.

[6] Vida escondida y epifanía, en Obras Completas V, Burgos 2007, 637.

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Lectio: Domingo, 8 Julio, 2018

En Nazaret, donde no había fe,
Jesús no pudo hacer milagros
La misión de todos: recrear la Comunidad
Marcos 6,1-6

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

En este 14º Domingo del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos pone a nuestra consideración, el rechazo que sufre Jesús por parte de la gente de Nazaret. Su paso por Nazaret fue doloroso para Jesús. La que era su comunidad, ahora ya no lo es. Algo ha cambiado. Los que antes lo acogían, ahora lo rechazan. Como veremos después, esta experiencia de rechazo llevó a Jesús a tomar una determinación y a cambiar su práctica.
Desde que has empezado a participar en comunidad, ¿ha cambiado algo en tu relación con la familia y con los amigos? La participación en comunidad ¿te ha servido para acoger y para tener más confianza en las personas, sobre todo en las personas más humildes y pobres?

Marcos 6,1-6b) Una división del texto para ayudar en su lectura:

Marcos 6,1:
La llegada de Jesús a Nazaret, su comunidad de origen
Marcos 6, 2-3:
La reacción de la gente de Nazaret ante Jesús
Marcos,6, 4:
El modo cómo Jesús acoge la crítica
Marcos 6,5-6:
La falta de fe impide obrar milagros

c) El texto:

1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. 2Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? 3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él. 4 Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.» 5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. 6Y se maravilló de su falta de fe.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha gustado y que ha llamado más tu atención?
b) ¿Cuál es la conducta de Nazaret para con Jesús? ¿Por qué no creen en Él?
c) A causa de la falta de fe de la gente, Jesús no pudo obrar muchos milagros en Nazaret . ¿Por qué la fe es tan importante? ¿Es que Jesús no puede obrar milagros sin la fe de las personas?
d) ¿Cuáles son los puntos que deben caracterizar la misión de los discípulos?
e) ¿Cuál es el punto de la misión de los apóstoles que hoy reviste para nosotros mayor importancia? ¿Por qué?

5. Para aquéllos que deseen profundizar más en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

i) A lo largo de la páginas de su Evangelio, Marcos indica que la presencia y la acción de Jesús constituyen una fuente creciente de gozo para algunos y un motivo de rechazo para otros. Crece el conflicto, aparece el misterio de Dios que acoge a la persona de Jesús. Con el capítulo 6º, en la narración nos encontramos delante de una curva. La gente de Nazaret se cierra ante Jesús (Mc 6,1-6). Y Jesús, ante esta postura de cierre de la gente de su comunidad, se abre a gentes de otras comunidades. Se dirige a la gente de la Galilea y envía a sus discípulos en misión, enseñando cómo debe ser la relación con las personas, de modo que sea verdadera relación comunitaria, que no excluya, como sucede entre la gente de Nazaret (Mc 6,7-13)

ii) Cuando Marcos escribe su Evangelio, las comunidades cristianas viven una situación difícil, sin horizontes. Humanamente hablando no había futuro para ellos. La descripción del conflicto que Jesús vive en Nazaret y el envío de los discípulos, que alarga la misión, las vuelve creativas. Para aquéllos que creen en Jesús no se puede estar en una situación sin horizontes.

b) Comentarios del texto:

Marcos 6,1-3: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús
Es siempre bueno regresar a nuestra tierra. Después de una larga ausencia, también Jesús regresa y, como de costumbre, en el día de sábado va a una reunión de la comunidad. Jesús no era el coordinador, pero sin embargo tomó la palabra.. Signo de que las personas podían participar y expresar su opinión. Pero a la gente no le gustó las palabras expresadas por Jesús y quedó escandalizada. Jesús, por ellos conocido desde niño ¿cómo había cambiado tanto? La gente de Cafarnaún había aceptado la enseñanza de Jesús (Mc 1,22), pero la gente de Nazaret había quedado escandalizada y no lo había aceptado. ¿Cuál es el motivo de este rechazo? “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” No aceptaban el misterio de Dios presente en una persona tan común como ellos. ¡Para poder hablar de Dios debería ser diverso de ellos!

La acogida para Jesús no fue buena. Las personas que hubieran debido ser las primeras en aceptar la Buena Nueva, son precisamente las primeras en no aceptarla. El conflicto no es sólo, por tanto, con los de fuera, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen entender el misterio que rodea a la persona de Jesús: “¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos prodigios hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no están aquí con nosotros?” Y no consiguen creer.
La expresión “hermanos de Jesús” causa mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y otros textos, los protestantes dicen que Jesús tuvo muchos hermanos y hermanas y que María tuvo más hijos. Nosotros los católicos decimos que María no tuvo otros hijos. ¿Qué pensar de todo esto? En primer lugar, las dos posiciones, sea la de los católicos como la de los protestantes, sacan el argumento de la Biblia y de la antigua Tradición de sus respectivas Iglesias. Por esto no conviene discutir estas cuestiones con argumentos racionales, fruto de nuestras ideas. Se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y el sentimiento de la gente. El argumento sostenido sólo por ideas no consigue deshacer una convicción de la fe que encuentra sus raíces en el corazón. Sólo irrita y desasosiega. Pero aunque no se esté de acuerdo con la opinión del otro, debo sin embargo respetarla. En segundo lugar, en vez de discutir sobre los textos, nosotros todos, católicos y protestantes, debemos unirnos mucho más para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan ultrajada por la pobreza, la injusticia, por la falta de fe. Debemos recordar otras frases de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). “Para que todos sean una misma cosa, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21). “No se lo prohibáis. Quien no está contra nosotros, está con nosotros” (Mc 9,39-40).

Marcos 6,4-6ª. Reacción de Jesús ante el comportamiento de la gente de Nazaret
Jesús sabe muy bien que el “santo de la casa no hace milagros” Y dice: “¡Un profeta no es despreciado más que en su propia patria, entre sus parientes y en su casa!” En efecto, allí donde no hay aceptación de la fe, la gente no puede hacer nada. El prejuicio lo impide. Jesús, aún queriéndolo, no pudo hacer nada y permanece atónito ante la falta de fe de aquellos paisanos.

c) Informaciones sobre el Evangelio de Marcos:

Este año la liturgia nos presenta de modo particular el Evangelio de Marcos. Por esto vale la pena dar algunas informaciones que nos ayuden a descubrir mejor el mensaje que Marcos nos quiere comunicar.

● El diseño del rostro de Dios en la pared del Evangelio de Marcos

Jesús murió alrededor del año treinta y tres. Cuando Marcos escribe su Evangelio en torno a los años setenta, las comunidades cristianas vivían ya dispersas por el Imperio Romano. Algunos dicen que Marcos escribió para las comunidades de Italia. Otros dicen que lo hizo para las de Siria. Difícil es saberlo con certeza. De todas maneras, una cosa es cierta. No faltaban los problemas: el Imperio Romano perseguía a los cristianos, en las comunidades se infiltraba propagandas del Imperio, los judíos de la Palestina se rebelaban contra la invasión romana. Existían tensiones internas debidas a diversas tendencias, doctrinas, jefes….
Marcos escribe su evangelio para ayudar a las comunidades a encontrar respuesta a estos problemas y preocupaciones. Recoge varios episodios y palabras de Jesús y los une entre sí como ladrillos de una pared. Los ladrillos son ya antiguos y conocidos. Vienen de las comunidades donde se han transmitido oralmente en reuniones y celebraciones. El diseño formado por los ladrillos era nuevo. Venía de Marcos, de su experiencia de Jesús. Él quería que las comunidades, leyendo lo que Jesús hizo y dijo, encontrasen repuesta a estas preguntas: ¿Quién es Jesús para nosotros y qué somos nosotros para Jesús? ¿Cómo ser su discípulo? ¿Cómo anunciar la Buena Nueva de Dios, que Él nos ha revelado? ¿Cómo recorrer el camino por Él trazado?

● Tres claves para entender las divisiones en el Evangelio de Marcos:

1ª Clave: El Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído y escuchado en comunidad. Cuando se lee un libro en soledad, se puede siempre volver hacia atrás, para unir una cosa con la otra, pero cuando se lee en comunidad y está una persona delante de nosotros leyendo el Evangelio, no es posible decir: “¡Párate! Lee otra vez. No lo he entendido bien!” Como veremos, un libro escrito para ser escuchado en las celebraciones comunitarias tiene un modo diverso de dividir el tema respecto a otro libro para ser leído estando a solas.

2ª Clave: El Evangelio de Marcos es una narración. Una narración es como un río. Atravesando el río en barca, no se da uno cuenta de la división en las aguas. El río no tiene divisiones. Está constituido por un solo fluir, del principio hasta el fin. En el río, las divisiones se hacen desde la orilla. Por ejemplo se dice: “¡Qué bella parte del río es la que va desde aquella casa hasta la curva donde se encuentra la palmera, tres curvas después!” Pero en el agua no se ve ninguna división. La narración de Marcos fluye como un río. Sus divisiones, aquéllos que escuchan las encuentran en las márgenes, como si se dijera, en los lugares por donde Jesús pasaba, en la geografía, en las personas que encuentra, a lo largo de los caminos que recorre. Estas indicaciones al margen ayudan al lector a caminar con Jesús, paso a paso, de la Galilea hasta Jerusalén, del lago al Calvario.

3ª Clave: El evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído de una sola vez. Así hacían los judíos con los libros breves del Antiguo Testamento. Algunos entendidos afirman que el Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído, todo entero, en el curso de la larga vigilia de la noche de Pascua. Por eso, a fin de que las personas que escuchaban no se cansaran, la lectura debía ser dividida y tener algunas pausas. Además, cuando una narración es larga, como la del Evangelio de Marcos, su lectura debe ser interrumpida a cada paso. En ciertos momentos se necesita una pausa, de otro modo los oyentes se pierden. Estas pausas ya estaban previstas por el mismo autor de la narración. Y se hacía entre dos lecturas largas dando algunos resúmenes previos. Prácticamente como sucede en la televisión. Todos los días, al comienzo de la telenovela se repiten algunas escenas de la transmisión precedente. Cuando termina, se presentan algunas escenas del día siguiente. Estos resúmenes son como los ejes o bisagras que unen lo que se ha leído con lo que se va a leer. Permiten pararse y comenzar de nuevo, sin interrumpir ni alterar la secuencia de la narración. Ayudan a quien escucha a colocarse en el río de la narración que fluye. En el Evangelio de Marcos hay varios resúmenes de este tipo o pausas, que nos permiten descubrir y seguir el hilo de la Buena Noticia de Dios que Jesús nos ha revelado y que Marcos nos cuenta. En total se trata de siete bloques o lecturas más largas intercaladas de pequeños resúmenes o bisagras donde es posible hacer una pausas.

● Una división del Evangelio de Marcos

He aquí a continuación una posible división del Evangelio de Marcos. Otros lo dividen de diverso modo. Lo importante de una división es que abra una de las muchas ventanas al interior del texto y nos ayude a descubrir la ruta del camino que Jesús abrió para nosotros en dirección hacia el padre y los hermanos.

Mc 1,1-13               Comienzo de la Buena Nueva
                                      Preparar el anuncio
                                               1ª Lectura
Mc 1,14-15             pausa, resumen, bisagra
Mc 1,16-3,16          Crece la Buena Nueva
                                      Se presenta el conflicto
                                               2ª Lectura
Mc 3,7-12               pausa, resumen, bisagra
Mc 3,13-6,6            Crece el Conflicto
                                      Aparece el Misterio
                                               3ª Lectura
Mc 6,7-13               pausa, resumen, bisagra
Mc 6,14-8,21          Crece el Misterio
                                      No se entiende
                                               4ª Lectura
Mc 8,22-26             pausa, resumen, bisagra
Mc 8,27-10,45        Se sigue sin entender
                                      Aparece la luz oscura de la Cruz
                                               5ª Lectura
Mc 10,46-52           pausa, resumen, bisagra
Mc 11,1-13,32        Crece la luz oscura de la luz
                                      Aparece la rotura y la muerte
                                               6ª Lectura
Mc 13,33-37           pausa, resumen, bisagra
Mc 14,1-15,39        Crecen la rotura y la muerte
                                      Aparece la victoria sobre la muerte
                                               7ª Lectura
Mc 15,40-41           pausa, resumen, bisagra
Mc 15,42-16,20      Aumenta la victoria sobre la muerte
                                      Reaparece la Buena Nueva
                                               8ª Lectura
Mc 16,9-20

En esta división los títulos son importantes. Indican el camino del Espíritu, de la inspiración, que recorre el Evangelio del principio hasta el fin. Cuando un artista tiene una inspiración trata de expresarla en una obra de arte. La inspiración es como una fuerza eléctrica que corre invisible a través del hilo y enciende la lámpara de nuestras casas. Así también la inspiración corre invisible a través de las letras de la poesía o las formas de las pinturas para revelar y encender en nosotros una luz semejante o casi semejante a la que brilló en el alma del artista. Por esto las obras artísticas atraen y asombran a las personas. Lo mismo sucede cuando leemos y meditamos el Evangelio de Marcos. El mismo Espíritu o Inspiración que llevó a Marcos a escribir el texto, continúa estando presente en las palabras de su Evangelio. Mediante una lectura atenta y orante, este Espíritu entra en acción y comienza a obrar en nosotros. Y así, poco a poco, descubrimos el rostro de Dios que se ha revelado en Jesús y que Marcos nos comunica en su libro.

6. Plegaria del Salmo 145

¡Dar gracias siempre por todo!

Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey,
bendeciré tu nombre por siempre;
todos los días te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre.

Grande es Yahvé, muy digno de alabanza,
su grandeza carece de límites.
Una edad a otra encomiará tus obras,
pregonará tus hechos portentosos.
El esplendor, la gloria de tu majestad,
el relato de tus maravillas recitaré.
Del poder de tus portentos se hablará,
y yo tus grandezas contaré;
se recordará tu inmensa bondad,
se aclamará tu justicia.
Es Yahvé clemente y compasivo,
tardo a la cólera y grande en amor;
bueno es Yahvé para con todos,
tierno con todas sus creaturas.

Alábente, Yahvé, tus creaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas,
explicando tus proezas a los hombres,
el esplendor y la gloria de tu reinado.
Tu reinado es un reinado por los siglos,
tu gobierno, de edad en edad.
Fiel es Yahvé en todo lo que dice,
amoroso en todo lo que hace.
Yahvé sostiene a los que caen,
endereza a todos los encorvados.
Los ojos de todos te miran esperando;
tú les das a su tiempo el alimento.
Tú abres la mano y sacias
de bienes a todo viviente.

Yahvé es justo cuando actúa,
amoroso en todas sus obras.
Cerca está Yahvé de los que lo invocan,
de todos los que lo invocan con sinceridad.
Cumple los deseos de sus leales,
escucha su clamor y los libera.
Yahvé guarda a cuantos le aman,
y extermina a todos los malvados.

¡Que mi boca alabe a Yahvé,
que bendigan los vivientes su nombre
sacrosanto para siempre jamás!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Mejor hablar a los peces

Tengo la impresión de que los curas, a veces, hablan a los ausentes. San Francisco hablaba a los pájaros. Ciertos eremitas de la antigüedad amansaban leones y otras bestias feroces. Según un jesuita portugués (mí hija teóloga me ha traído a casa, oliendo aún a tinta, un libro suyo delicioso que, además de pagarle, como es obligación, lo he devorado en una tarde), san Antonio tuvo un memorable sermón a los peces (que parece que no son muy locuaces y que por tanto deben haberse quedado mudos, como de costumbre y como gusta a la mayor parte de los predicadores)

Pero ellos se empeñan, patéticamente, en hablar a los que no están. Lo digo sin irreverencia: si no fuese porque la iglesia no está afortunadamente vacía, se asemejarían a esos que hablan solos. Lo malo es que disparan andanadas sobre la pobre gente que tiene la mala suerte de estar en los bancos (y están, regularmente, todos los domingos).

«Hay gente que se deja ver en la iglesia solamente en navidad y pascua, o con ocasión de un funeral, pero ni eso, porque se quedan en el atrio hablando y bromeando…».

O también: «Quisiera decir a esos que no saben qué es la oración, que ni siquiera saben hacer la señal de la cruz, que abandonan los deberes religiosos más elementales…».

O: «¿Quién tiene aún ganas de escuchar la palabra de Dios? Hoy se prefiere prestar atención a los periódicos, a la televisión…».

O también: «Me gustaría mirar a la cara de esos individuos que hablan mal del cura, que critican todas sus iniciativas, y resulta que al cura no lo ven jamás, ni siquiera de espaldas…».

Y nosotros allí, como palos, recibiendo aquella descarga de reproches que sólo merecemos en parte. En estas ocasiones —y el domingo era una de ellas— el implacable Santiago comenta: «Se ha equivocado de código postal. Es más, se ha equivocado de dirección».

Es verdad que Ezequiel ha recibido del Señor la orden de hablar a gente testaruda, «…te hagan caso o no te hagan caso»; pero también por no escuchar, que significa además rechazar la palabra, hace falta que la palabra les alcance allá donde están. Y en la iglesia, donde se acalora el cura, ciertamente no están.

¿Y si la culpa fuera de la sal?

A propósito de Ezequiel, no quisiera que esas frases se convirtieran en una cómoda coartada para el predicador.

«Yo te envío… a un pueblo rebelde… También los hijos son testarudos y obstinados…». Estoy de acuerdo. Pero un predicador honesto también tendría que preguntarse si se rechaza la palabra de Dios o más bien el rechazo se debe al modo de transmitirla. A veces puede darse el caso de que la caligrafía resulte ilegible, o la lengua incomprensible.

Precisamente en el libro que he citado al principio he encontrado una frase que he anotado diligentemente: «Supuesto, pues, que o la sal no sale o la tierra no se deje salar, ¿qué habrá que hacer con esta sal o qué se deberá hacer con esta tierra?…».

Así pues, las alternativas son dos. O la culpa es de la tierra que no se deja salar. O la culpa es de la sal que ha perdido la capacidad de salar.

Una cita más del precioso librito: «Si la sal pierde la sustancia y la virtud, y el predicador decae respecto a la doctrina, o su ejemplo no arrastra, lo que habrá que hacer es desecharlo como cosa inútil, para ser pisado por todos… Como no hay persona más digna de reverencia y de ser puesta por encima de nuestra cabeza, que el predicador que enseña, y que hace lo que debe, así es merecedor de todo desprecio y de ser puesto bajo los pies el que con la palabra y la vida predica lo contrario…».

Añado una tercera hipótesis: puede ser que la sal sea de óptima calidad, pero que vaya a terminar, no en el plato que la necesita, sino en aquel en el que ya hay bastante…

Un Dios excesivamente cercano se hace irreconocible

En cuanto al desagradable incidente que le ocurrió a Jesús en su pueblo, el párroco nos ha llamado la atención sobre algunas consideraciones que quedarán en mi memoria entre las cosas más bellas que me ha tocado oír. Siento la tentación de decir, sin exageración, y sin halago (no estoy a la espera de una promoción…), que estaba inspirado. Pasarlo al papel significa empobrecer inevitablemente el discurso, pero lo intento.

Así pues, los de Nazaret conocían todo lo referente a Jesús: su historia familiar, el color de su pelo y de sus ojos, su manera de caminar, sus costumbres, sus compañías, sus tic, muchos episodios de su infancia.

El tipo era muy muy conocido, como también su clan familiar. En su estado civil resultaba «carpintero, hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón». Por no hablar de las hermanas. Todo bien especificado, documentado. ¿Quién habría podido sospechar a Dios detrás de un personaje catalogado con tanta precisión?

¿Cómo era posible reconocer a Dios en un individuo tan familiar, cercano, común?

Luego, ¿quién se cree que es?

Un Dios tan abordable, tan a la mano, que se puede tocar, se hace difícilmente reconocible.

En realidad —ha dicho el predicador— en Jesús de Nazaret Dios ha venido a manifestarse, pero también a esconderse.
Está por medio la densidad de la carne. Sólo la mirada de la fe logra traspasar esa densidad. Y en Nazaret había tan poca fe que Jesús quedó bloqueado en su indiscutible poder taumatúrgico.

Lo mismo pasa en la Iglesia, en la que Cristo está vivo hoy. Si la humanidad de Jesús resulta esplendorosa, de la Iglesia no se puede decir lo mismo. Hay miserias, grietas, lagunas, insuficiencias, manchas, opacidades, la rémora de sus hijos que terminan por hacer más espeso ese muro y por oscurecer nuestra mirada.

Y así sus hermanos y sus hermanas, los de su casa, con frecuencia esconden más que revelan a Jesús. Y sin embargo nosotros sabemos que él está allí. Pero solamente la fe nos permite alcanzarlo y le permite a él volver a hacer milagros.

Hace falta que la espina quede bien clavada

Me impresiona Pablo que se gloría, que hace el elogio de su debilidad. Defiendo que la debilidad del cura, reconocida humildemente, no es solamente el lugar donde se manifiesta el poder de Dios, sino que constituye un medio privilegiado para comprender y compadecer nuestras debilidades.

El hombre de Dios que presume de campeón intrépido, que se considera superior a la condición común, me hace sospechar en vez de convencerme. Prefiero reconocerlo en la miseria que le pertenece y me pertenece. También a él, aunque alguna vez finja ignorarlo, o intente torpemente enmascararlo, se le ha asignado una parte de miseria.

Y me siento hasta tranquilo por el hecho de que el cura tenga una o más espinas metidas en la carne. No tengo curiosidad alguna por comprobar de qué se trata, como tampoco me interesa conocer la naturaleza de la que atormentaba a Pablo.

Me basta saber que el Señor, a pesar de las oraciones que se le dirigen con este fin, no está en absoluto dispuesto a extirpar las espinas del cuerpo de sus elegidos. Deben permanecer plantadas en la carne para que produzcan la flor, cada vez más rara, de la humildad.

Las espinas «sostienen» al menos tanto como los clavos. …Sólo por quedarnos en el terreno de la humanidad.

A. Pronzato

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