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Archive for 10/07/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: MENTES CANSADAS.

Mentes cansadas,
manos encallecidas,
labriegos al fin de la jornada,
jornaleros de tu viña,
venimos, Padre,
atardecidos de cansancio,
agradecidos por la lucha,
a recibir tu denario.

Llenos de polvo,
el alma hecha girones,
romeros al filo de la tarde,
peregrinos de tus montes,
venimos, Padre,
heridos por los desengaños,
contentos por servir a tu mesa,
a recibir tu denario.

Hartos de todo,
llenos de nada,
sedientos al brocal de tus pozos
y hambrientos de tu casa,
venimos, Padre,
el corazón entre tus brazos,
la frente humilde de delitos,
a recibir tu denario. Amén.

SALMODIA

Ant 1. No podéis servir a Dios y al dinero.

Salmo 48 I – VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Ant 2. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Salmo 48 II

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Ant 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE   Rm 3, 23-25a

Todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios; son justificados gratuitamente, mediante la gracia de Cristo, en virtud de la redención realizada en él, a quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación.

RESPONSORIO BREVE

V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

PRECES

Alabemos a Cristo, pastor y obispo de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y digámosle suplicantes:

Protege, Señor, a tu pueblo.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo N.
y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los que tienen la misión de gobernar a los pueblos
y dales sabiduría y prudencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
y admítelos en el festín de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Martes, 10 Julio, 2018
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 9,32-38
Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.» Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.» Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»
3) Reflexión
• El evangelio de hoy presenta tres hechos: (a) la curación de un endemoniado mudo (Mt 9,32-34) y (b) un resumen de las actividades de Jesús (Mt 9,35-38). Estos dos episodios enmarcan la parte narrativa de los capítulos 8 y 9 del evangelio de Mateo, en la que el evangelista trata de mostrar cómo Jesús practicaba las enseñanzas dadas en el Sermón de la Montaña (Mt 5 a 7). En el capítulo 10, cuya meditación empieza en el evangelio de mañana, veremos el segundo gran discurso de Jesús: el Sermón de la Misión (Mt 10,1-42).
• Mateo 9,32-33a: La curación de un mudo. En un único versículo, Mateo nos dice que un endemoniado mudo fue presentado ante Jesús, y que Jesús expulsa el demonio y el mudo empieza de nuevo a hablar. Lo que impresiona en la actitud de Jesús, aquí y en todos los cuatro evangelios, es el cuidado y el cariño con las personas enfermas. Las enfermedades eran muchas, y no existía la seguridad social. Las enfermedades no eran sólo corporales: mudez, parálisis, lepra, ceguera y muchos otros males. En el fondo, estos males eran apenas una manifestación de un mal mucho más amplio y más profundo que arruinaba la salud de la gente, a saber, el abandono total y el estado deprimente y no humano en que se veía obligada a vivir. Las actividades y las curaciones de Jesús se dirigían no sólo contra las deficiencias corporales, sino también y sobre todo contra ese mal mayor del abandono material y espiritual en que la gente se veía obligada a pasar los pocos años de su vida. Pues, además de la explotación económica que robaba la mitad de los ingresos familiares, la religión oficial de la época, en vez de ayudar a la gente a encontrar en Dios la fuerza y a tener esperanza, enseñaba que las enfermedades eran un castigo de Dios por el pecado. Aumentaba en la gente el sentimiento de exclusión y de condena. Jesús hacía lo contrario. La acogida llena de ternura y la curación de los enfermos formaban parte del esfuerzo más amplio para rehacer la relación humana entre las personas y reestablecer la convivencia comunitaria en los poblados y en las aldeas de su tierra, Galilea.
• Mateo 9,33b-34: La doble interpretación de la curación del mudo. Ante la curación del endemoniado mudo, la reacción de la gente es de admiración y de gratitud: “¡Nunca se vio cosa semejante en Israel!” La reacción de los fariseos es de desconfianza y de malicia: “Por el príncipe de los demonios expulsa a los demonios” No pudiendo negar los hechos que producen la admiración de la gente, la única manera que los fariseos tienen para neutralizar la influencia de Jesús ante la gente es atribuir la expulsión al poder del maligno. Marcos trae una larga argumentación de Jesús para poner de manifiesto la malicia y la falta de coherencia de la interpretación de los fariseos (Mc 3,22-27). Mateo no trae ninguna respuesta de Jesús a la interpretación de los fariseos, pues cuando la malicia es evidente, la verdad brilla por si misma.
• Mateo 9,35: Incansable, Jesús recurre los poblados. Es bonita la descripción de la actividad incansable de Jesús, en la que se manifiesta la doble preocupación a la que aludimos: la acogida llena de ternura y la curación de los enfermos: “Jesús recorría todas las ciudades y poblados enseñando en las sinagogas, propagando la Buena Nueva del Reino, y curando todo tipo de dolencia y enfermedad”. En los capítulos anteriores, Mateo había aludido ya a esta actividad ambulante de Jesús por los poblados de Galilea (Mt 4,23-24; 8,16).
• Mateo 9,36: La compasión de Jesús. “Y al ver la muchedumbre, sintió compasión por ella porque estaban vejados y abatidos, como ovejas sin pastor”. Los que debían ser los pastores no eran pastores, no cuidaban del rebaño. Jesús trata de ser el pastor (Jn 10,11-14). Mateo ve aquí la realización de la profecía del Siervo de Yahvé “Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias” (Mt 8,17 e Is 53,4). Al igual que Jesús, la gran preocupación del Siervo era “encontrar una palabra de consuelo para quien estaba desanimado” (Is 50,4). La misma compasión para con el pueblo abandonado, Jesús la mostró en ocasión de la multiplicación de los panes: son como ovejas sin pastor (Mt 15,32). El evangelio de Mateo tiene una preocupación constante en revelar a los judíos convertidos de las comunidades de Galilea y de Siria que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas. Por esto, frecuentemente, muestra cómo en las actividades de Jesús se realizan las profecías (cf. Mt 1,23; 2,5.15.17.23; 3,3; 4,14-16; etc.).
• Mateo 9,37-38: La mies es mucha y los obreros son pocos. Jesús transmite a los discípulos la preocupación y la compasión que lo animan por dentro: “La mies es mucha y los obreros son pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.”
4) Para la reflexión personal
• Compasión ante la multitud cansada y hambrienta. En la historia de la humanidad, nunca hubo tanta gente cansada y hambrienta como ahora. La TV divulga los hechos, pero no ofrece respuesta. Los cristianos ¿tenemos esa misma compasión de Jesús y sabemos irradiarlas a los demás?
• La bondad de Jesús para con los pobres molestaba a los fariseos. Ellos recurren a la malicia para deshacer y neutralizar el malestar causado por Jesús. ¿Hay muchas actitudes buenas en las personas que me incomodan? ¿Cómo las interpreto: con admiración agradecida como la gente o con malicia como los fariseos?
5) Oración final
¡Cantadle, tañed para él,
recitad todas sus maravillas;
gloriaos en su santo nombre,
se alegren los que buscan a Yahvé! (Sal 105,2-3)

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Mary Judith Ress

He estado trabajando dentro del pensamiento ecofeminista, especialmente en sus aplicaciones a la teología, la ética y la espiritualidad en el contexto latinoamericano, los últimos 25 años. Como muchos otros seres humanos, toda mi vida he estado buscando imágenes relevantes de la divinidad, para poder guiar mi forma de ser y actuar en el mundo. Y aunque la teología feminista me había dado herramientas analíticas para «sospechar» de los pilares patriarcales de nuestras imágenes de dios, todavía no me ofrecía de una manera satisfactoria imágenes auténticas del Misterio Último, que incorporaran las revelaciones provenientes de los descubrimientos científicos después de Einstein.

Sin embargo, los humanos necesitamos construcciones de significado sobre los que edificar nuestras vidas. «Sin una visión la gente muere» (Proverbios 29,18). Esto se vuelve algo urgente en mi caso: al acercarme a la vejez busco imágenes que me den un sentido, y no solamente que tengan sentido, sino que me urjan –como a Miriam en la antigüedad– a liderar a otras/os en el canto, la danza, la oración y el agradecimiento, por las maravillas que surgen con un despertar consciente o, en palabras de Carl Sagan, a celebrar «la encarnación local de un Cosmos que se ha hecho auto-consciente».

Convicciones ecofeministas

Cada día me convenzo más de que la humanidad está «gimiendo» por una nueva definición del ser humano que nos haga percibirnos como parte de la comunidad de la Tierra, no ajenos a ella. La convicción ecofeminista es ésta: somos terrícolas. Nuestro pasado, así como nuestro futuro, están radicalmente conectados a la suerte de este planeta. Y desde ahí trataré de seducirles hacia las percepciones del ecofeminismo, un «recordar quiénes somos», algo que, en verdad, ofrece una nueva visión utópica.

El ecofeminismo insiste en que la interdependencia de todos los seres es la realidad que constituye el Universo. Ser «dueños del universo» nos dejaba con una sensión amarga de estar huérfanos de la matriz de la cual evolucionamos. En realidad, poco a poco, está despertando en nosotros/as que al ser partes de una totalidad más grande, esa gran totalidad también es parte de nosotros/as, y es precisamente por la evolución de esa gran totalidad como ahora nos damos cuenta de cuán relacionados/as estamos con todo lo demás.

Los descubrimientos hechos durante los últimos 30 años en la física cuántica y en la biología, han cambiado radicalmente nuestras definiciones del origen y la magnitud del universo, así como de quiénes somos como especie humana. Un gran cambio de paradigma está aconteciendo, que cuestiona nuestra actual manera mecanicista de entender el universo y que nos lleva hacia una cosmología, que está emergiendo, en la que el universo aparece como una red dinámica de eventos interrelacionados…

Para mí, el ecofeminismo es un nuevo término para una sabiduría antigua: una sabiduría que toda- vía permanece dormida dentro de nuestras memorias genéticas. La gran intuición del ecofeminismo es el despertar a la convicción de que todas las cosas están interconectadas, y por lo tanto revestidas de lo sagrado. El ecofeminismo vincula la opresión de las mujeres y de las personas de color, a un sistema que es controlado por la clase masculina que gobier- na, e incluye la devastación del planeta como dos formas de violencia que se refuerzan y alimentan mutuamente. Más: las dos provienen de un sentido terriblemente erróneo de la necesidad de controlar, de dominar a la otra, a lo que es diferente, es decir: la mentalidad patriarcal. Después de haber sido ambas –las mujeres y la tierra– fuente de la vida, hemos llegado a ser recursos para ser usados –y abusados– como la estructura de poder lo desee.

Las ecofeministas se unen con todas aquellas personas que buscan una visión más global y holística, que reconoce y celebra el tejido de la vida. El ecofeminismo ubica a quien se adhiere a él, en el debate postmoderno y postpatriarcal, para entender más relevante y apasionadamente quiénes somos en relación a todo el cosmos. Buscamos una cosmolo- gía, una ética y una espiritualidad más adecuadas.

 

Mujeres activistas

Hoy día, en América Latina, uno de los movimientos más dinámicos es el movimiento ecológico. La mayoría de sus miembros son mujeres y gente joven. (Mundialmente, las mujeres formamos el 60–80% de la membrecía de las organizaciones ecológicas, aunque el perfil de liderazgo no lo refleje). La defensa de los derechos de la tierra y del agua ha sido sostenida principalmente por mujeres. Muchas campesinas e indígenas luchan contra las grandes empresas extractivas, de minería, petróleo, madera…

La teoría ecofeminista está evolucionando a partir de este activismo de las mujeres. Quiero subrayar que la práctica ecofeminista siempre ha emergido de las demandas críticas de la vida, de los imperativos de un momento histórico particular, no de una teoría prefabricada. Las mujeres sienten que hay una manera más sistémica de entender lo que le está sucediendo al planeta, y en muchos casos están buscando una espiritualidad que nutra sus luchas.

Un ejemplo de este activismo es la Red Latinoa- mericana de «Mujeres Defensoras de Derechos Sociales y Ambientales», formada en 2005. Su propósito es «visibilizar los impactos de la minería sobre las mujeres, visibilizar sus luchas, cuestionar este sistema colonizador de los pueblos, de sus tierras, de las mujeres y de la naturaleza, del voraz saqueo de los recursos minerales para el beneficio económico de las corporaciones mineras». La red está presente en Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Salvador, Perú y Uruguay. Son instituciones, colectivos, grupos locales, mujeres del campo y la ciudad, organizaciones de investigación… (www.redlatinoamericanademujeres.org).La metáfora ecofeminista de la semilla Teilhard de Chardin dijo que el gran descubrimiento de la época moderna ha sido el descubrimiento de la evolución. La evolución puede entenderse como un continuo despertar, un proceso cada vez más complejo de transformación, un caminar a tientas hacia un horizonte futuro de posibilidad que estuvo presente desde el comienzo del universo…

La gran metáfora del ecofeminimo es la semilla. La semilla germina, crece, florece, da fruto, se marchita, muere… y vuelve a la tierra para comenzar de nuevo el proceso. La semilla será lo que debe ser, nada más ni nada menos, enriqueciendo a toda la comunidad de la tierra. Nosotras, como semillas, debemos ser lo que debemos ser. ¿Podremos llegar a entender que cada una tiene una contribución única para nuestro tiempo, y que yo floreceré cuando otras también germinen y den frutos como debe ser? Este cambio de conciencia mostrará la mentira de la competitividad y del control patriarcal, y nos llevará a celebrar la complementariedad y la diversidad.

Queridas, queridos: somos terrícolas, y tanto nuestra historia como nuestro futuro están conectados radicalmente con el destino de este planeta frágil y verde que llamamos nuestro hogar. Estamos entrando en una extraña época nueva, donde ojalá los humanos nos conectemos en una escucha profunda. Una escucha de voces mucho tiempo olvidadas: la de los mares, los ríos, las montañas, el bosque, las estrellas, la luna; aquellas que nos llegan por nuestra memoria genética: nuestros ancestros, tanto humanos y no humanos; la de nuestros cuerpos: el mío, el tuyo, la amiga que ha sido abusada, el nuevo bebé, los jóvenes, la viejita desgastada y con arru- gas, la Tierra misma…

Aquí es clave un sentido más amplio de hermandad. De una forma muy real, no existe el otro/la otra: la otra soy yo misma, porque todos venimos de la misma fuente; al final, ¡todos somos terrestres!

A estas alturas de mi vida, tengo el sentimiento de que mi sentido de quién soy se está expandiendo. Yo no soy sólo esta individuo cuyo nombre es Judy, este maravilloso conglomerado de energía; soy también memoria y posibilidad. A veces experimento como destellos de este yo, y ahí me doy cuenta que soy mi abuela, una mujer paleolítica que está compartiendo su sueño con la tribu, alrededor del fuego, en la noche… Sé que estaré presente en mis nietas y bisnietos… En esos momentos mi sentido de comunión (común unión) llega a ser más real, casi físico. «Somos lo que comemos», decía el viejo Feuerbach. Debo comprender que, como las otras especies, los humanos vivimos y morimos, comemos… y somos comidos. Todos los miembros de la Comunidad de Vida de la Tierra se alimentan los unos de los otros, y la muerte de uno da vida y nutrición a otros, lo cual, al final, crea una íntima y profunda reciprocidad. De algún modo, eso es suficiente.

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“Tal es el reino de Dios, como si un hombre
echa la semilla sobre la tierra…” (Mc 4, 26).

“Semejante es el reino de los cielos a un hombre
que sembró buena simiente en su campo” (Mt 13, 24).

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Tú nos dices que has sembrado dentro de nosotros una pequeña semilla —semejante a un grano de mostaza— que puede llegar a ser tan grande como un árbol que es capaz de cobijar en sus ramas a las aves del cielo.

Y que esta semilla de la Gracia nos hace hijos del reino de los cielos, porque nos hace hijos de Dios.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Tú has sido el primer sembrador de esta semilla al darnos la fe por el bautismo.

Y tú quieres que nosotros cultivemos contigo cada día esta preciosa semilla.
Este es nuestro trabajo como cristianos, un trabajo que tú no puedes hacer sin nuestro esfuerzo y colaboración.

Enséñanos a cultivar esta semilla para que dé los frutos que tú esperas. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Hoy nos faltan maestros de oración, nos faltan guías de oración. O tal vez nos hemos olvidado de las lecciones que aquellos un día nos dieron. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Sé que es añadiendo al trabajo la vida de oración cómo mejor puede cultivarse esta semilla de vida divina.

Haciendo que sea un “contemplativo en la acción” crecerá dentro de mí la fe y la vida sobrenatural.

Pero enséñame tú mismo este camino.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Recuerdo que uno de tus santos ha dicho que la oración es la respiración del alma.

Y como no es posible pasar un día ni una hora sin respirar, así tampoco es posible pasar una hora, un día sin oración.

El que no respira, llega a morir; el que no ora deja también morir la vida sobrenatural de su espíritu. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Dicen que orar es tan sencillo como hablar, que basta saber hablar para saber orar.
Pero yo sé hablar con los otros y no sé hablar contigo.

Será porque no me dirijo a ti como a una persona que puede escucharme y hablarme. Como a alguien que tiene una mente para entender y comprender; y tiene un corazón para sentir y compartir los sentimientos. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Si orar es sólo hablar, ¿por qué no sabemos hablar contigo?

Quizá porque olvidamos que tú no eres un juez, sino una Padre.

Quizá porque no sentimos que somos tus hijos y que nuestro Padre es nada menos que Dios.

Quizá porque no sabemos escucharte cuando nos hablas, porque no tenemos tiempo para ti y sí lo tenemos para cualquier otro y para cualquier cosa. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Tú nos conoces y nosotros no te hemos conocido todavía.

Tú nos amas y tu amor te acerca a nosotros, pero el nuestro no ha llegado aún a ti.

Tú nos ves, nos miras, nos oyes, pero nosotros no te miramos ni te escuchamos. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Sé que, como Padre, estás muy cerca de tus hijos, muy cerca de nuestros corazones, de nuestras fatigas y preocupaciones, muy cerca de nuestras debilidades y problemas.

Sé que tienes siempre una palabra para mí, que quiere enseñarme a vivir, que quiere hacerme aprender, que deseas alentarme y ayudarme.
Lo sé en mis horas altas de fe, pero no suelo estar siempre a esta altura espiritual. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Confieso que no sé escucharte, que no tengo tiempo para ti y que lo dedico a escuchar a cualquiera creyendo que puede ayudarme más que tú.

Confieso que no he sabido compartir contigo en oración todos y cualquier momento de mi vida. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Enséñame a hablarte en mi propia lengua, sin fórmulas hechas ni inventadas por otros. Que sepa fabricar espontáneamente mi oración a ti, con mis gestos habituales: de queja o de alegría, tal como salen de mi corazón y se reflejan en mi mirada.

Que no necesite mi uniforme de fiesta para acudir a la oración.

Porque a ti te basta mi vestido de trabajo, el de cada día y de todas las horas del día. Porque tú me quieres recibir tal como soy, tal como me siento dentro de mí, con mis momentos bajos o altos, con mis decepciones o ilusiones, con mis defectos o virtudes. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor
En el fondo de toda oración, me dices, debe haber una actitud de aceptación de tu voluntad, de ponernos a tu disposición.

Y esto es algo que a veces siento que va contra mi naturaleza egocéntrica.

Raras veces me atrevo a decir: “Hágase tu voluntad”, y sí, muchas veces, sin llegar a expresarlo en palabras: “Que se cumpla mi voluntad”. 

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

En el fondo tememos que tu voluntad pueda estorbar nuestros planes. No tenemos valor para ponernos a tu disposición en todo lo que quieres, cuando lo quieres y como lo quieres, aunque la fe nos diga que tu voluntad sólo busca nuestro bien.

Nos espanta que nos envíes el dolor, que siempre tenemos por un mal.

<

p style=”text-align:justify;”>Señor

Que desde ahora el trabajo en oración sea nuestra manera de vivir el cristianismo.

Que sepa aceptar que tu voluntad me viene muchas veces en forma de cruz.
Que haga de las enfermedades un bien para mi vida de oración; de las ocupaciones un servicio a los demás.

Miguel Beltrán

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El Señor llama

10. Todo esto es importante. Sin embargo, lo que quisiera recordar con esta Exhortación es sobre todo el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, ese llamado que te dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P 1,16). El Concilio Vaticano II lo destacó con fuerza: «Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre»[10].


[10] Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 11.

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Oración Domingo XV Tiempo Ordinario

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Entrada: EL SEÑOR NOS LLAMA – Alberto Taulé
Marcha de la Iglesia – Emilio Vicente Mateu

Penitencial: SEÑOR, TEN PIEDAD – Padre Josico

Gloria: GLORIA A DIOS EN EL CIELO – Lambert Joseph Luna

Del salmo 84: MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA – C. Gálvez

Aclamación: ALELUYA – Roberto René Hernández Bautista

Ofrendas: RECIBE PADRE ETERNO – Tradicional

Himno: SANTO, SANTO, SANTO – P. Josico

Paz: CORDERO DE DIOS – Alberto Taulé

Comunión: CUANDO COMEMSO DE TU PAN – Edgar López
Id por el mundo – Carmelo Erdozáin

Meditación: MENSAJERO DE LA PAZ – Desconocido
Testigos – Cesáreo Gabarain

Salida: VIRGEN DEL CARMEN BELLA – Desconocido
El anuncio de María – Edgar López

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Cantos del domingo

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