Vísperas – Viernes XIV del Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: OH CRISTO, TÚ NO TIENES.

Oh Cristo, tú no tienes
la lóbrega mirada de la muerte;
tus ojos no se cierran:
son agua limpia donde puedo verme.

Oh Cristo, tú no puedes
cicatrizar la llaga del costado:
un corazón tras ella
noches y días me estará esperando.

Oh Cristo, tú conoces
la intimidad oculta de mi vida;
tú sabes mis secretos:
te los voy confesando día a día.

Oh Cristo, tú aleteas
con los brazos unidos al madero;
¡oh valor que convida
a levantarse puro sobre el suelo!

Oh Cristo, tú sonríes
cuando te hieren sordas las espinas;
si mi cabeza hierve,
haz, Señor, que te mire y te sonría.

Oh Cristo, tú que esperas
mi último beso darte ante la tumba,
también mi joven beso
descansa en ti de la incesante lucha. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.

Salmo 114 – ACCIÓN DE GRACIAS

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.

Ant 2. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 120 – EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Ant 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA BREVE   1Co 2, 7-10a

Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria, que no conoció ninguno de los príncipes de este siglo; pues si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Pero, según está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.» Pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.

V. Muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
R. Para llevarnos a Dios.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate, Señor, de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Acuérdate, Señor, de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.

PRECES

Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y enjugaba con amor las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:

Señor, ten piedad.

Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y desconsolados, pon ahora tus ojos en los sufrimientos de los pobres
y consuela a los deprimidos.

Escucha los gemidos de los agonizantes
y envíales tus ángeles para que los consuelen y conforten.

Que los emigrantes sientan el consuelo de tu amor en el destierro, que puedan regresar a su patria
y que un día alcancen también la patria eterna.

Que los pecadores escuchando tu voz se conviertan,
y encuentren en tu Iglesia el perdón y la paz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Perdona las faltas de los que han muerto
y dales la plenitud de tu salvación.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que con el escándalo de la cruz has manifestado de una manera admirable tu sabiduría escondida, concédenos contemplar, con tal plenitud de fe, la gloria de la pasión de tu Hijo, que encontremos siempre nuestra gloria en su cruz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 13 de julio

Lectio: Viernes, 13 Julio, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 10,16-23

«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
«Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
«Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.
3) Reflexión
• De cara a su futura misión, Jesús da algunas directrices a la comunidad de sus discípulos, llamados y reunidos en torno a él e investidos de su misma autoridad como colaboradores.

• Mateo 10,16-19: el peligro y la confianza en Dios. Jesús introduce esta parte de su discurso con dos metáforas: ovejas entre lobos; prudentes como las serpientes, sencillos como las palomas. La primera muestra el contexto difícil y peligroso en que los discípulos son enviados. Por un lado se evidencia la situación peligrosa en que se encontrarán los discípulos enviados a la misión; por otra, la expresión “yo os envío” expresa protección. También en la astucia de las serpientes y en la sencillez de las palomas parece que Jesús relaciona dos comportamientos: la confianza en Dios y la reflexión atenta y prolongada del modo de relacionarse con los demás.
Jesús sigue después un orden que, a primera vista, parece señalado por una marcada desconfianza: “guardaos de los hombres…”, pero en realidad indica estar atentos a posibles persecuciones, hostilidades y denuncias. La expresión “os entregarán” no se refiere sólo a la acusación en los tribunales, sino que tiene sobre todo un valor teológico: el discípulo que realiza el seguimiento de Jesús podrá vivir la misma experiencia que el Maestro, “ser entregado en las manos de los hombres” (17,22). Los discípulos han de ser fuertes y resistir “para dar testimonio”, su entrega a los tribunales ha de ser un testimonio para los judíos y para los paganos, como posibilidad de atraerlos hacia la persona y hacia la causa de Jesús y, por tanto, al conocimiento del evangelio. Es importante esta vuelta positiva al testimonio caracterizado por la fe que se hace creíble y atrayente.
• Mateo 10,20: La ayuda divina. Para que todo esto se haga realidad en la misión-testimonio de los discípulos, es indispensable la ayuda que viene de parte de Dios. Es decir, es necesario no confiar en las propias seguridades o recursos, sino que, en las situaciones críticas, peligrosas y agresivas de su vida, los discípulos encontrarán en Dios ayuda y solidaridad. A los discípulos se les promete también el Espíritu del Padre (v.20) para realizar su misión, él obrará en ellos al llevar a cabo su misión de evangelizar y dar testimonio, el Espíritu hablará a través de ellos.
• Mateo 10, 21-22: amenaza-consuelo. El tema de la amenaza vuelve de nuevo con la expresión “entregará”: hermano contra hermano, padre contra hijo, hijo contra sus padres. Se trata de un verdadero y gran desorden de las relaciones sociales, la trituración de la familia. Las personas unidas por los más íntimos lazos familiares -como los padres, los hijos, los hermanos y las hermanas- caerán en la desgracia de odiarse y eliminarse mutuamente. ¿En qué sentido esta división de la familia tiene alguna cosa que ver con el testimonio a favor de Jesús? Tal ruptura de las relaciones familiares podría encontrar su causa en la diversidad de actitudes adoptada en el seno de la familia con respecto a Jesús. La expresión “seréis odiados” parece indicar el tema de la acogida hostil de sus enviados por parte de los contemporáneos. La dureza de las palabras de Jesús son comparables a otro escrito del NT: “Bienaventurados vosotros si sois insultados por el nombre de Cristo, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por homicida, ladrón, malhechor o delator. Pero si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence; más bien dé gloria a Dios por este nombre”. Al anuncio de la amenaza sigue la promesa de la consolación (v.3). La mayor consolación de los discípulos será “ser salvados”, poder vivir la esperanza del salvador, es decir, participar de su victoria.
4) Para la reflexión personal
• Estas disposiciones de Jesús ¿qué nos enseñan hoy para que comprendamos la misión del cristiano?

• ¿Sabes confiar en la ayuda de Dios cuando sufres conflictos, persecuciones y pruebas?
5) Oración final
Devuélveme el gozo de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso;
abre, Señor, mis labios,
y publicará mi boca tu alabanza. (Sal 51,14.17)

13.- El gozo de la cumbre

«… Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús:
¡Qué bien estamos aquí; quedémonos…!» (Mt 17, 4).

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Tú escogiste un día a tres de tus discípulos para acompañarte: a Pedro, Santiago y Juan. Los tomaste aparte contigo, porque querías enseñarles y regalarles algo especial.

Aunque vivimos en medio del mundo, en medio de los demás, tú quieres que nuestro corazón tenga un aparte, un rincón para la intimidad contigo.

Aun viviendo en familia y con muchas amistades, compañías y negocios, quieres estar a solas con nuestro corazón.

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p style=»text-align:justify;»>Señor

A Pedro, Santiago y Juan los llevaste a un monte muy alto.

No les tomaste sólo para andar, sino para subir arriba, más arriba.

Nos tomas también a nosotros aparte y nos llevas por un camino de subida al monte.
Porque existe esta montaña siempre: es la vida. Esta montaña es para cada uno distinta; es la montaña de nuestra propia vida. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Cuando llegasteis a la cima, te transformaste, te transfiguraste.

Te descubres a aquéllos que tienen la valentía, el heroísmo de vivir su vida escalando la montaña.

Si te habían visto en figura, en aquel momento te dejaste ver tal como eres en realidad: como Dios. 

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Ya sabemos que vivir es subir, escalar, esforzarnos hasta llegar a la cumbre.

Pero hay tanta diferencia según quien nos acompaña: si nadie, si alguien deseado, si alguien obligado, pagado…

El acompañante lo puede cambiar todo, hacer que un camino sea feliz o infeliz. Necesitamos un acompañante que nos aparte las piedras del camino, que nos haga descansar si se fatiga el corazón, que nos ayude a levantar en las caídas, que nos muestre la dicha llegados a la cumbre.

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Los discípulos vieron que de tus ojos, de tu rostro, salía como un resplandor tal, que el mismo sol era lámpara pequeña comparado con él.

Vieron que tu vestidura se convertía en blancura tal, que la misma nieve tendría celos de verla.

Vieron esto y se quedaron tan pasmados, tan admirados, tan entusiasmados, que no sabían qué decir.
Vieron además, en visión, que el profeta Moisés y el profeta Elías se aparecían y hablaban contigo. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Entonces fue cuando Pedro, tan espontáneo siempre, rompió jubiloso aquel silencio:
—¡Qué bien se está aquí! ¡Quedémonos…! Porque aquella visión era algo muy distinto de lo que hasta entonces habían contemplado. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Es tan bueno verte cara a cara…

Qué razón tenía Pedro: ¡Qué bien se está contigo! ¡Qué bien se está donde estás tú!

Qué agradable y luminosa se hace entonces la vida.

Cuando tú estás presente por la fe, entonces la religión nos llena el corazón; no es una carga, no es una obligación.

Es un gusto, una satisfacción estar delante de Dios. 

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Descubrirte tal como eres es una gracia que das a todos los que en la vida han hecho un esfuerzo por escalar la montaña.

Y si muchos no llegamos a entrar en el goce de tu compañía es porque la montaña de nuestra vida nos parece demasiado alta y tememos lanzarnos cuesta arriba.

Estamos indecisos, deambulando aquí y allá por unos 10.000 vericuetos, entre el valle y la planicie.
Y tú sólo te descubres en la cumbre a los que han hecho el esfuerzo de subir hasta arriba.

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú sabes que hay muchos lados de la montaña por donde se puede subir.

Hay muchos caminos para llegar arriba, todos igualmente buenos, porque llevan a la cima. Caminos más largos o más cortos; más estrechos o más anchos.

Cada uno tiene el suyo, a veces elegido, a veces obligado.

No importa que un camino sea más fácil o más difícil; que unos caminen de prisa y otros más lentos.

No importa el camino, lo importante es llegar. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Enséñame a no comparar caminos. Enséñanos a aceptar cada uno el nuestro, pensando que tú estarás con nosotros durante el camino.

Que en la cima te podamos ver tal como eres, con el gozo del alma.

Todos tenemos nuestro camino y en él, siempre que queramos, tú nos acompañarás. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Después tuvo que volver la realidad. Volver otra vez a lo mismo de antes.
A aquel decirles tú «no digáis nada», a aquel volver monte abajo, a la vida diaria. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú sabes que nuestro corazón está hecho para la felicidad y necesariamente pide alegría, pide gozos, pide satisfacción.

Lo malo es que lo buscamos por cualquier sitio.

Lo malo es que el mundo, las personas, no nos pueden dar lo que buscamos.

Lo malo es que nos contentamos con menos y nos contentamos con una satisfacción del cuerpo, cuando es el alma la que está hambrienta. Lo malo es que no vamos a ti a buscar la alegría y satisfacción que pide siempre nuestro corazón. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Enséñanos a seguir los pasos de los apóstoles.
A acercarnos a ti como uno de esos tres predilectos.

Enséñanos a acercarnos a ti y no esperar a que nos llames.
Enséñanos a apartarnos un poco de los demás, para subir contigo la escalada de la vida.

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

13. Esto debería entusiasmar y alentar a cada uno para darlo todo, para crecer hacia ese proyecto único e irrepetible que Dios ha querido para él desde toda la eternidad: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5).

La misa del Domingo: misa con niños

DOMINGO XV DE TIEMPO ORDINARIO
15 de julio de 2018

1. MONICIÓN DE ENTRADA

¡Qué alegría sentimos cuando somos elegidos para algo bueno! Cuando somos elegidos como los mejores; cuando somos elegidos para un concurso; cuando somos elegidos para participar de algo que merezca la pena.

Hoy, en esta Eucaristía, vamos a sentir una inmensa alegría: Dios nos ha elegido, en Cristo, a ser sus hijos. A ser buenos. A ser perfectos.

Y, el mundo, necesita de gente así: de gente buena. ¿Seremos capaces de no decepcionar al Señor?

Que esta Eucaristía nos haga sentir que, todos los cristianos, estamos llamados a ofrecer al mundo lo que el Señor nos trajo: el Evangelio.

 

2. PENITENCIAL

1. Por las veces que somos perezosos con las cosas de Dios y las dejamos olvidadas en la maleta de nuestro corazón. Señor, ten piedad.

2. Por pensar que, la tarea de anunciar el Evangelio, es cosa de los sacerdotes, catequistas o de otros grupos de nuestra parroquia. Cristo, ten piedad.

3. Por poner mucha confianza en nuestras fuerzas y olvidar el amor y el poder de Dios. Señor, ten piedad.

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Todos somos necesarios para la obra que Dios quiere llevar adelante. Ser profeta, entre otras cosas, es llevar a cabo el anuncio de la muerte y de la resurrección de Cristo. Para ello contamos con el auxilio de Dios que, en Cristo, nos ha bendecido con su amor, con su santidad, con su fuerza y con su perdón.

Las tres lecturas que vamos a escuchar nos invitan a llevar una vida agradable a los ojos de Dios pero sin dormirnos.

 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por el Papa Francisco. Por toda la Iglesia. Para que no se canse de avanzar por los caminos del amor y de la perfección humana y cristiana. Roguemos al Señor.

2. Pedimos por nuestros sacerdotes. Que sepamos valorar su misión. Que no nos olvidemos de rezar por ellos. De apoyarles en momentos de debilidad. Roguemos al Señor.

3. En esta cercanía de la fiesta de la Virgen del Carmen pedimos por los hombres y mujeres del mar. Por todos los que viven de la pesca. Que Dios sea su compañía en tantos momentos de soledad. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que se dedican a expandir el Evangelio. Para que cuenten siempre con los medios necesarios para llevar a cabo su misión. Roguemos al Señor.

5. Por todos los que ponen su interés en el dinero, en su apariencia, en su fuerza. Para que descubran que Dios es lo más grande que les puede ocurrir y tener en sus vidas. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

1. Con los Evangelios, el bastón, una tela rota, una lámpara y la cruz, queremos representar en este día nuestro deseo de caminar según las orientaciones del Evangelio: queremos llevar la VERDAD, con el apoyo del Señor, sin afán de riqueza, con la luz de la fe y la fortaleza que nos da la cruz.

2. Que este pan y vino que acercamos hasta el altar sea para nosotros un apoyo. Sin Dios no podremos llevar a cabo nuestra misión de bautizados. Con la Eucaristía, el Señor, entra en nosotros y nos llena de su amor y de su fuerza.

 

6. ORACIÓN FINAL

CONTIGO SEÑOR
Es posible creer en el amor
Sentimos la presencia de Dios
La luz en medio de la oscuridad

CONTIGO SEÑOR
Nos sentimos importantes
y anunciadores de tu Reino
Creemos y esperamos en Ti
Soñamos con verte en el cielo

CONTIGO, SEÑOR
Bendecimos a Dios nuestro Padre
Le glorificamos con nuestros cantos
Le damos gracias por la vida
Le damos gracias por la FE

CONTIGO, SEÑOR
Iremos por los caminos del mundo
Llevaremos tu nombre
Les hablaremos de Ti
Les diremos que eres amigo
que nunca falla
CONTIGO, SEÑOR

La misa del Domingo

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO – B
LOS FUE ENVIANDO DE DOS EN DOS
15 de julio de 2018

Amós 7,12-15; Efesios 1,3-14 y Marcos 6,7-13

OBSERVACIONES PREVIAS

  • Familiarizados con Dios, pero poco creyentes. Sabemos tanto de él que ya hemos perdido las razones para fiarnos. Y no solo es cuestión de ‘saber’, sino que tenemos necesidad de experimentar.
  • Nuestra vida de fe está perdiendo su encanto. Un Dios del que conocemos casi todo, no nos atrae, ni merece nuestra fe… Hemos perdido el encanto por ¡las maravillas de Dios!: el día que nace, un niño que llora, una madre que camina con su hijo…, un amanecer…
  • Sería correcto dejar las cuestiones sobre Dios para dejarse cuestionar por Dios. Si no le necesitamos, si nuestra vida se arregla sin Dios…, no es de extrañar que Dios se vaya de nuestra de vida como se fue un día del pueblo de Israel.

PARA REFLEXIONAR

Testigos de Dios en el mundo

Dios no se sirve normalmente de revelaciones directas, ni de ángeles. Es la Iglesia la que continúa la obra salvadora de Cristo Jesús: Pablo, los apóstoles… Y ahora Dios se sigue apoyando en nuestra misión en el mundo: no todos escriben encíclicas, ni han recibido el encargo de animar una diócesis o una parroquia. Pero todos los cristianos somos testigos de la Palabra de Dios en el mundo en que nos toca vivir: catequistas, estudiantes, obreros, padres de familia… La iniciativa de Dios, enviando profetas, sigue en plena actualidad.

Los apóstoles de Cristo tienen un estilo propio

Basta con “lo imprescindible”, sugiere que nuestro apoyo sea la fuerza de la Palabra y no los medios técnicos, aunque nos hacen falta. Lo que se le exige al enviado es disponibilidad y dedicación. El verdadero enviado no se “vende” buscando el propio interés. Es más, deberá contar con la incomprensión y hasta con la persecución, como Amós, como Pablo, como Cristo… Un cristiano que da testimonio de los valores del Evangelio resulta incómodo. Pero no por eso debe cesar en su tarea profética. Debe predicar la Buena Noticia, la Palabra de Dios, no a sí mismo. Amós predica lo que Dios le ha encargado; los apóstoles anuncian el Reino: la palabras y el mensaje que han visto y oído a Jesús. El cristiano debe dar testimonio con su vida y con sus obras.

Dar color cristiano a la vida

El mensaje de hoy es un examen de conciencia. En la familia, en el trabajo, en los medios de comunicación, en el ámbito de la escuela, de la parroquia… todos podemos dar color cristiano a este mundo y ayudar a discernir los valores del Reino. Como los apóstoles curaban enfermos, muchos tienen ocasión, en su propia familia, o en las estructuras sanitarias, de atender a los enfermos. Si eres capaz de atender una noche a un enfermo, o de emplear voluntariamente unas horas ayudando a quien te necesita, seguramente estás dando un testimonio de Cristo más creíble que si escribieras hermosos libros.

PARA COMPROMETERSE

  • Dios nos envía como testigos a este mundo. Estamos llamados a representar a Dios. Cuanto más lejos está Dios de este mundo, este se hace más inhumano. La fe tiene sentido dándola, compartiéndola con los que vivimos a diario.
  • Y no de cualquier manera, sino al estilo de Jesús. Nuestra fe no es para encerrarla en casa: la Iglesia surgió de un grupo de personas que fueron por el mundo proclamando el mensaje de Jesús.
  • Si los discípulos de Jesús, que nos sabemos queridos por él, nos callamos, ¿quién convencerá a los seres humanos, al mundo de que Dios nos quiere?

PARA REZAR

AQUÍ ME TIENES, SEÑOR

Aquí me tienes, Señor,
dispuesto a todo lo que quieras de mí
dispuesto a vivir con alegría tu Buena Noticia,
dispuesto a hacerla posible en el ambiente en que me muevo,
con palabras y con obras,

con humildad, pero también con firmeza.
Envíame, Señor, por los caminos del mundo
escaso de poder y dinero, pero rico en solidaridad y cariño.

Aquí me tienes, Señor,
Que, al igual que a todos mis hermanos,
me duela la gente que no es feliz,
pero sobre todo la gente pequeña y sencilla que sufre,
que no dispone de lo necesario para vivir dignamente.
Que, al igual que a todos mis hermanos,
me arda el corazón y la cabeza
para que sea capaz de contagiar de amor y de esperanza
la pobre realidad que me envuelve.

Aquí me tienes, Señor,
dispuesto a obedecer siempre la voluntad del Padre,
limpiamente buscada, aunque a veces me resulte muy difícil.

Aquí me tienes, Señor,
dispuesto a andar los caminos de la vida a tu lado,
aprendiendo de ti a ser feliz y ayudando a otros
a que también lo sean.

Aquí me tienes, Señor,
dispuesto a participar con mis hermanos y compañeros
en todas aquellas iniciativas que generen justicia y paz
para cada uno de nosotros y para el mundo entero.
Aquí me tienes, Señor,
caminando contigo, Señor de la vida,
experimentando que me amas
como un padre ama a sus hijos.

¡Escucha, oh Dios, mi oración confiada!

Isidro Lozano

Enviados a hacer el bien (Oración)

ENVIADOS A HACER EL BIEN

 

Jesús, otro día que me preparo para estar un rato contigo. Cada día me sorprendes con tus palabras. Unas veces me hablas de tener alegría. Otras veces de lo que es el amor. hay días que te veo curando a los que andan enfermos y otras veces estás con los amigos. ¿Qué querrás decirme hoy?

Intenta hacer un ejercicio de imaginación, como si estuvieras en la misma escena. Como si vivieras en la tierra de Jesús hace dos mil años y tú fueras uno de sus amigos. Y un día, ocurre lo siguiente:

Adaptación de Mc 6, 7-13:

Los amigos de Jesús llevaban mucho tiempo con él. Aprendiendo de lo que les enseñaba. Un día Jesús llamó a los doce más cercanos, y les dijo: “Ahora os toca a vosotros hacer lo mismo que yo hago”. Entonces los mandó a distintos pueblos. Les dijo que fueran de dos en dos. Y que no se preocupasen de llevar mucho equipaje. “Os basta un bastón para el camino. Y poca ropa. Del resto ya os irán dando”. También les dijo que algunas personas les harían caso; y otras no. Pero que no se preocupasen por eso, porque no todo el mundo hace caso al evangelio. Ellos se fueron. Iban contando lo que Jesús les había enseñando, y se daban cuenta de que eran capaces de ayudar a las personas a expulsar el mal de sus vidas. Y sanaban a muchos que se encontraban enfermos.

A veces parece que las cosas buenas sólo las hacen otros, los superhéroes de las películas o la gente muy especial. Pero tu, Jesús, me dices que yo también soy muy importante. Que yo también tengo una misión. Que también cuentas conmigo para hacer lo mismo que tú. No sé si seré capaz pero quiero intentarlo.

A veces parece que uno necesita muchísimas cosas para todo. Por ejemplo, cuando me voy de viaje seguro que me llevo muchísimo equipaje, pero tú, Jesús, nos recuerdas que para vivir como tú, basta tener amigos, ganas de ser bueno y un corazón tan grande que quepan todos. Te doy gracias porque todo eso lo tengo.

¿Sabes que eres muy importante? Eres muy, muy importante para Jesús, porque cuenta contigo para hacer muchas cosas. Así que no dejes que la semilla se pierda.

Ven, levántate

No dejes que la semilla se pierda,
no pares de soñar.
No creas porque tu mano esté herida
ya no puedes sembrar.
Es el tiempo de mirar los surcos no sembrados
no dejes que otro ocupe tu lugar. 

Ven, levántate
y mira como Cristo necesita de ti.
Ven y alégrate
tienes tanto para dar y ser feliz.
Ven, levántate
y escucha como el cielo grita por ti.
Ven y alégrate
tienes tanto para dar y ser feliz.

Ven, levántate interpretado por Juan Ignacio Pacheco, «Levántate.»

Hoy vamos a terminar la oración de una manera diferente. Vete poniendo la mano en los distintos lugares que te vaya diciendo.

Todo esto eres tú
Toca tus ojos. Porque los ojos tienen que abrirse para descubrir a nuestros hermanos.
Toca ahora tus orejas. Y ojalá que nunca estés sordo para escuchar a tus amigos.
Toca tu boca. Y acuérdate de que con las palabras podemos decir cosas bonitas a nuestros familiares, a nuestros profes, a mucha gente.
Toca tus manos. Las manos pueden acariciar, construir, saludar, lanzar besos.
Toca tus piernas. Que te sujetan al caminar, y te pueden llevar en dirección a todas las personas, para que no dejes a nadie fuera.
Todo eso eres tú. Y así, tocando también tu frente, tu corazón, y tus hombros, termina la oración…

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Comentario al evangelio (13 de julio)

Vivimos en una sociedad donde cada día se aseguran más cosas: la casa, el coche, las joyas o las obras de arte (el que las tiene), el riesgo de averías, de incendios, la responsabilidad civil de los profesionales (y aún en las familias), la atención sanitaria privada,…

Necesitamos un respaldo, y la sociedad (algunas empresas) nos lo facilita por un módico precio. Es una forma de vender tranquilidad. Si algo me pasa, está el seguro.

Jesús, en este pasaje, anuncia las peores calamidades para sus seguidores: persecuciones, azotes, juicios,… pero también garantiza el respaldo. Lo que ocurre que esta vez es gratis. Dios mismo nos asiste en las desgracias, en los males sufridos por su causa. 

Se impone un ejercicio de confianza. Los que se encuentran con Dios personalmente, pueden (podemos) dar testimonio de la tranquilidad, la paz interior, la confianza que produce el saberse en sus manos. La fe, la Esperanza (con mayúscula), no evita los problemas, las preocupaciones, ni nos proporciona soluciones eficaces (mágicas) a los conflictos de cada día. Pero sí nos da la serenidad suficiente para abordar las dificultades con otro talante; para saber que, al final, está Dios, y que Él no nos deja solos, que nos da la fuerza necesaria para seguir adelante.

No nos van a perseguir, probablemente, ni nos van a llevar ante el juez por anunciar el Evangelio, pero sí padecemos a diario otras preocupaciones. Dios nos garantiza que, si contamos con Él, Él estará con nosotros. Y (repito) aunque eso no nos solucione automáticamente los conflictos, nos dará la serenidad y la entereza necesarias para buscar la salida, o para llevar adelante la dificultad con otro ánimo. Porque nada hay más poderoso que Dios, y Él está de nuestro lado. Es la experiencia de muchos.