Enviados a hacer el bien (Oración)

ENVIADOS A HACER EL BIEN

 

Jesús, otro día que me preparo para estar un rato contigo. Cada día me sorprendes con tus palabras. Unas veces me hablas de tener alegría. Otras veces de lo que es el amor. hay días que te veo curando a los que andan enfermos y otras veces estás con los amigos. ¿Qué querrás decirme hoy?

Intenta hacer un ejercicio de imaginación, como si estuvieras en la misma escena. Como si vivieras en la tierra de Jesús hace dos mil años y tú fueras uno de sus amigos. Y un día, ocurre lo siguiente:

Adaptación de Mc 6, 7-13:

Los amigos de Jesús llevaban mucho tiempo con él. Aprendiendo de lo que les enseñaba. Un día Jesús llamó a los doce más cercanos, y les dijo: “Ahora os toca a vosotros hacer lo mismo que yo hago”. Entonces los mandó a distintos pueblos. Les dijo que fueran de dos en dos. Y que no se preocupasen de llevar mucho equipaje. “Os basta un bastón para el camino. Y poca ropa. Del resto ya os irán dando”. También les dijo que algunas personas les harían caso; y otras no. Pero que no se preocupasen por eso, porque no todo el mundo hace caso al evangelio. Ellos se fueron. Iban contando lo que Jesús les había enseñando, y se daban cuenta de que eran capaces de ayudar a las personas a expulsar el mal de sus vidas. Y sanaban a muchos que se encontraban enfermos.

A veces parece que las cosas buenas sólo las hacen otros, los superhéroes de las películas o la gente muy especial. Pero tu, Jesús, me dices que yo también soy muy importante. Que yo también tengo una misión. Que también cuentas conmigo para hacer lo mismo que tú. No sé si seré capaz pero quiero intentarlo.

A veces parece que uno necesita muchísimas cosas para todo. Por ejemplo, cuando me voy de viaje seguro que me llevo muchísimo equipaje, pero tú, Jesús, nos recuerdas que para vivir como tú, basta tener amigos, ganas de ser bueno y un corazón tan grande que quepan todos. Te doy gracias porque todo eso lo tengo.

¿Sabes que eres muy importante? Eres muy, muy importante para Jesús, porque cuenta contigo para hacer muchas cosas. Así que no dejes que la semilla se pierda.

Ven, levántate

No dejes que la semilla se pierda,
no pares de soñar.
No creas porque tu mano esté herida
ya no puedes sembrar.
Es el tiempo de mirar los surcos no sembrados
no dejes que otro ocupe tu lugar. 

Ven, levántate
y mira como Cristo necesita de ti.
Ven y alégrate
tienes tanto para dar y ser feliz.
Ven, levántate
y escucha como el cielo grita por ti.
Ven y alégrate
tienes tanto para dar y ser feliz.

Ven, levántate interpretado por Juan Ignacio Pacheco, «Levántate.»

Hoy vamos a terminar la oración de una manera diferente. Vete poniendo la mano en los distintos lugares que te vaya diciendo.

Todo esto eres tú
Toca tus ojos. Porque los ojos tienen que abrirse para descubrir a nuestros hermanos.
Toca ahora tus orejas. Y ojalá que nunca estés sordo para escuchar a tus amigos.
Toca tu boca. Y acuérdate de que con las palabras podemos decir cosas bonitas a nuestros familiares, a nuestros profes, a mucha gente.
Toca tus manos. Las manos pueden acariciar, construir, saludar, lanzar besos.
Toca tus piernas. Que te sujetan al caminar, y te pueden llevar en dirección a todas las personas, para que no dejes a nadie fuera.
Todo eso eres tú. Y así, tocando también tu frente, tu corazón, y tus hombros, termina la oración…

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.