I Vísperas – Domingo XV del Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LUZ MENSAJERA DE GOZO.

Luz mensajera de gozo,
hermosura de la tarde,
llama de la santa gloria,
Jesús, luz de los mortales.

Te saludamos, Señor,
oh luz del mundo que traes
en tu rostro sin pecado
pura la divina imagen.

Cuando el día se oscurece,
buscando la luz amable
nuestras miradas te siguen
a ti, lumbre inapagable.

Salve, Cristo venturoso,
Hijo y Verbo en nuestra carne,
brilla en tu frente el Espíritu,
das el corazón del Padre.

Es justo juntar las voces
en el descanso del viaje,
y el himno del universo
a ti, Dios nuestro, cantarte.

Oh Cristo que glorificas
con tu vida nuestra sangre,
acepta la sinfonía
de nuestras voces filiales. Amén.

SALMODIA

Ant 1. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Ant 2. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Ant 3. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

LECTURA BREVE   Hb 13, 20-21

El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Llamó Jesús junto a sí a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos a anunciar la salvación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Llamó Jesús junto a sí a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos a anunciar la salvación.

PRECES

Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:

Escúchanos, Señor.

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;
haz que no sean estériles, sino que den fruto, encontrando un corazón noble de nuestra parte.

Dios nuestro, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo,
y enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,
y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

A ti, que eres el médico de las almas y de los cuerpos,
te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos,
cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese nombre significa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 14 de julio

Lectio: Sábado, 14 Julio, 2018
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 10,24-33
«No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos! «No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.
«Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. « Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy presenta diversas instrucciones de Jesús respecto al comportamiento que los discípulos deben adoptar durante el ejercicio de su misión. Lo que más llama la atención en estas instrucciones son dos advertencias: (a) la frecuencia con que Jesús alude a las persecuciones y a los sufrimientos que tendrá; ( b) la insistencia tres veces repetida para el discípulo invitándolo a no tener miedo.
• Mateo 10,24-25: Persecuciones y sufrimientos marcan la vida de los discípulos. Estos dos versículos constituyen la parte final de una advertencia de Jesús a los discípulos respecto a las persecuciones. Los discípulos tienen que saber que, por el hecho de ser discípulos de Jesús, van a ser perseguidos (Mt 10,17-23). Ellos no podrán reclamar ni quedarse preocupado con esto, pues un discípulo tiene que imitar la vida del maestro y participar con él en las privaciones. Esto forma parte del discipulado. “«No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo.”. Si a Jesús le tildaron de Belcebú, cuánto más van a insultar a sus discípulos. Con otras palabras, el discípulo de Jesús deberá preocuparse seriamente sólo en caso de que no le aparezca ninguna persecución en su vida.
• Mateo 10,26-27: No tener miedo a decir la verdad. Los discípulos no deben tener miedo a los perseguidores. Estos consiguen pervertir el sentido de los hechos y esparcen calumnias para que la verdad sea considerada como mentira, y la mentira como verdad. Pero por mayor que sea la mentira, la verdad terminará venciendo y derribará la mentira. Por esto, no debemos tener miedo a proclamar la verdad, las cosas que Jesús enseñó. Hoy en día, los medios de comunicación consiguen pervertir el sentido de los hechos y hacen aparecer como criminales a las personas que proclaman la verdad; hacen aparecer como justo el sistema neo-liberal que pervierte el sentido de la vida humana.
• Mateo 10,28: No tener miedo a los que pueden matar el cuerpo. Los discípulos no deben tener miedo a los que matan el cuerpo, a los que torturan, machacan y hacen sufrir. Los torturadores pueden matar el cuerpo, pero no consiguen matar en ellos la libertad y el espíritu. Deben tener miedo, esto sí, a que el miedo al sufrimiento los lleve a esconder o a negar la verdad y, así, les haga ofender a Dios. Porque quien se aleja de Dios, se pierde por siempre.
• Mateo 10,29-31: No tener miedo, sino tener confianza en la Providencia Divina.     Los discípulos no deben tener miedo a nada, pues están en las manos de Dios. Jesús manda mirar los pajarillos. Dos pajarillos se venden por pocos centavos y ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento del Padre. Hasta los cabellos de la cabeza están contados. Lucas dice que ningún cabello se cae sin el permiso del Padre (Lc 21,18). ¡Y se caen tantos cabellos! Por esto. “no temáis. Vosotros valéis mucho más que muchos pajarillos”. Es la lección que Jesús saca de la contemplación de la naturaleza.
• Mateo 10,32-33: No tener vergüenza de dar testimonio de Jesús. Al final, Jesús resume todo en esta frase: “Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
Sabiendo que estamos en la mano de Dios y que Dios está con nosotros en cada momento, tenemos el valor y la paz necesaria para dar testimonio y ser discípulos y discípulas de Jesús.
4) Para la reflexión personal
• ¿Tengo miedo? ¿Miedo de qué? ¿Por qué?
• ¿Has sufrido o te han perseguido alguna vez por causa de tu compromiso con el anuncio de la Buena Nueva que Jesús nos envía?
5) Oración final
Son firmes del todo tus dictámenes,
la santidad es el ornato de tu casa,
oh Yahvé, por días sin término. (Sal 93,5)

Domingo XV de Tiempo Ordinario

1. Palabra

Jesús incorpora a su misión a los Doce. Y con ello, a su estilo mesiánico, y a sus consecuencias: la acogida y el rechazo (Evangelio).

La lectura de Amós 7,12-15 nos hace ver las características de la misión: que uno no la elije y que lo normal es el enfrentamiento entre los guardianes del Sistema y el mensaje profético.

Ambas lecturas subrayan el carácter itinerante del Enviado. El verdadero discípulo es una persona desinstalada. El Evangelio refleja la radicalidad de forma de vida de los grupos de predicadores itinerantes que en la era apostólica se dedicaban a anunciar el mensaje cristiano. Sin duda ha de ser releído en nuestros contextos sociales, pero mantiene su fuerza significativa.

2. Vida

Los religiosos/as, especialmente los que pertenecen a la tradición pauperística (por ejemplo, los franciscanos), se suelen identificar profundamente con el Evangelio de hoy. Pero también ellos experimentan el contraste (¿escandaloso?) entre la aspiración a la radicalidad de la pobreza y la realidad de sus formas institucionales de vida.

El seglar casado/a fácilmente se siente despistado con estos textos, pues no ve posible su cumplimiento literal y no siempre tiene conciencia clara de ser profeta. Sólo a través de un proceso de maduración en la fe, aprende a distinguir la radicalidad de los consejos concretos de Jesús (ligados a su época) y la radicalidad del estilo de vida que conlleva la vocación cristiana.

La radicalidad es, primordialmente, espiritual, y está en relación directa con la soledad de la que hablábamos el domingo pasado.

Pero siempre se traduce en un estilo de vida que abarca todos los valores de la existencia: las relaciones interpersonales, el «status social», lo económico… Ciertamente, no hay un modelo práctico igual para todos; pero ser llamado a ser discípulo de Jesús (y todo cristiano lo es) desencadena una dinámica de transformación de la vida entera.

Haz oración sin espiritualizar los textos. En su concretez llevan una carga de transformación.

Javier Garrido

14.- Somos duros de corazón y sordos de oído

«Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis?” (Jn 8, 46).

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Nos sorprende en el evangelio encontrarte tantas veces discutiendo agriamente con algunos judíos, defensores de la antigua ley.

Ellos te atacaban con duras palabras siempre que podían:

«… estás endemoniado», «… ahora sabemos que tienes el demonio dentro».

Y tú no te callabas, les plantabas cara con valentía, defendiéndote y acusándoles directamente:

—Yo no estoy endemoniado; honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado…
—Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. 

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No debían gustarte nada aquellas disputas inútiles; tuvo que dolerte enfrentar tantas veces tu verdad a la dureza y resistencia de algunas gentes.

—Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis?
—El que es de Dios, oye las palabras de Dios; por esto vosotros no las oís, porque no sois de Dios.
Esta es tu gran desilusión: «Aunque yo os digo la verdad, no me creéis». «Si vosotros no me oís es porque no sois de Dios». 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

No sólo aquellos judíos tenían un corazón duro y unos oídos sordos a la verdad que tú les anunciabas de parte de Dios.
También nosotros reaccionamos muchas veces de igual manera.

También a nosotros puedes dirigir tus quejas. —¿Por qué no entendéis este lenguaje? ¿Por qué no podéis oír mi palabra?

La gente de nuestro mundo no quiere tampoco aceptar lo que tú decías: «La verdad os hará libres», porque tu verdad, la verdad de Dios, no es precisamente del gusto de la suya. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

En el fondo, los hombres de todos los tiempos no queremos aceptar la verdad del cielo, porque esto nos impide obrar a nuestro gusto y antojo, haciendo el bien y el mal según nos convenga.

En definitiva, no queremos tener más Dios que el que construimos a nuestra medida, y no queremos otra verdad que la que salga de nuestro interés.

Fueron muy sinceros aquellos judíos al decir:
«Nunca servimos a nadie». Porque sólo se servían a sí mismos.

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Tú sabes que es nuestra vida torcida, en pecado, lo que nos impide conocer y aceptar libremente tu verdad, la que tú nos traes de Dios. Somos esclavos del pecado que hemos elegido libremente y por esto nos hemos quedado ciegos para conocer tu verdad y para aceptar libremente tu camino.

Nos lo dijiste claramente: «Todo aquel que hace pecado, es esclavo del pecado; …vosotros juzgáis según vuestra carne; …moriréis en vuestro pecado. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Tu deseo es librarnos del pecado, que es nuestra esclavitud primera, fruto de nuestro mal uso de la libertad.

Tú quieres darnos la verdadera libertad de los hijos de Dios, que no quedemos maniatados en los instintos de la carne, sino que podamos mirar hacia arriba y aspirar a una vida del cielo. Por esto les decías: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo».

Es la verdad de la vida eterna —contraria a la verdad del mundo y del pecado— la que tú quieres que conozcamos, aceptemos y vivamos todos.

—Si el Hijo os libertare, verdaderamente seréis libres.

—El que aceptare mi palabra, no morirá eternamente. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú quieres que te oigamos, que aceptemos tu palabra, que volvamos a ser hijos de Dios, porque sólo en esto está nuestra felicidad.

La vida verdadera del hombre está en creer tu palabra, venida del cielo, y ponerla en práctica. Imitándote a ti, que nos diste el único camino al decir:

—…Yo nada hago de mí mismo, …yo hago siempre lo que a él agrada.

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Al mundo le molesta tu verdad porque es áspera y contradice las comodidades y gustos de esta vida terrena.

A los hombres les molesta que nos repitas tan- tas veces que el camino verdadero para la felicidad y la salvación es el camino de la cruz. Nos molesta —porque tendríamos que imitar— que subieras al Calvario y nos dejaras como recuerdo tu figura de crucificado.

Y que encima dijeses que tú eres el camino, la verdad y la vida.

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú hablas demasiado claro, con tus palabras y con tu ejemplo.

Tú dices que quien no se atreve a mirar cara a cara la verdad no podrá tener libertad de corazón y de espíritu.

Y nosotros buscamos la libertad por otros caminos, que nos hacen esclavos de nosotros mismos, esclavos del pecado y esclavos de los demás. 

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p style=»text-align:justify;»>Señor

Ábrenos los ojos para empezar a ver, conocer y aceptar la verdad de nuestras vidas, desorientadas y torcidas.

Que podamos enfrentarnos sin miedo con la realidad de nuestro propio pecado, para recuperar después la libertad, la felicidad y el amor. Que tengamos también la valentía de desterrar entre nosotros, entre nuestros amigos, la insinceridad, la hipocresía y la indiferencia.

Que intentemos que los demás vivan en la verdad y no en el engaño, en la ficción y en la
comedia de aparentar lo que no somos.

Que sepamos hacerlo desde una exquisita delicadeza y caridad, pero sin renunciar al deber de denunciar las injusticias que existen en nuestro alrededor.
Porque sólo siendo hijos de la verdad, podemos ser hijos de Dios.

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

También para ti

14. Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales[14].


[14] Cf. Catequesis (19 noviembre 2014): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (21 noviembre 2014), p. 16.

Domingo XV de Tiempo Ordinario

Una de las tareas que nos ofrecen los textos de este domingo XV del Tiempo Ordinario es la de “descubrir” el papel que cada uno de nosotros juega, teniendo en cuenta el proyecto general de Dios sobre toda la humanidad y las orientaciones concretas para cada uno de nosotros, según su personal situación.

Los hombres tenemos una doble relación con Dios. Una nos afecta en cuanto inmersos en el plan general sobre el mundo. La otra en cuanto personas individualizadas a las que se le señalan comportamientos concretos.

Referente a la primera relación. Cada uno de nosotros formamos parte del cosmos. Dios, como supremo creador y responsable de todo cuanto existe, tiene un designio general sobre el desenvolvimiento del mundo y la humanidad.

Es una idea que San Pablo expone claramente en la segunda lectura (Ef. 1, 3-14) cuando habla del “designio misterioso de la voluntad de Dios según planes”. Idea que reafirma seguidamente: “Dios nos ha elegido en Cristo antes de crear el mundo”.

Es lógico. Todo creador tiene un proyecto en su cabeza que es el que guía su quehacer. Nosotros formamos parte de ese proyecto total.

Lo cual no nos quita libertad sino que nos da raigambre, solidez. No somos un globo suelto en la vorágine del mundo sino una pieza perfectamente definida por Dios dentro de él.

En cuanto a la segunda relación hombre-concreto Dios.

El primer texto tomado del profeta Amós (7, 12-15) se refiere a determinados compromisos personales.

Dios le “manda” a él que predique al pueblo judío. La misma idea aparece en el tercer texto en el que Jesús “encarga” a los apóstoles una misión concreta. (Mc. 6, 7-13)

¿Supone esto algún tipo de “mangoneo” de nuestra voluntad, por parte de Dios, a expensas de nuestra libertad?
NO. Ciertamente NO.

Ni el proyecto general creador de Dios ni sus orientaciones sobre los correctos comportamientos humanos privan de la suficiente libertad al hombre como para no ser personalmente responsable de sus acciones.

Una vez más hemos de recordar que la naturaleza y el obrar de Dios nos son desconocidos en cuanto a su íntima entidad. Consecuencia de esto es que no sabemos cómo es la acción de Dios sobre nosotros tanto como miembros de la totalidad del cosmos como la que ejerce sobre nosotros como individuos concretos.

Pero, igualmente no podemos perder de vista que con la misma fuerza y solemnidad con la que la Revelación nos informa de los planes de Dios se nos garantiza la libertad suficiente como para que cada uno de nosotros sea realmente dueño responsable de sus decisiones personales.

Las orientaciones morales que Él nos indica como normas de vida lejos de quitarnos la libertad nos la posibilita mediante comportamientos que nos permiten ser dueños de nuestros actos e insertarnos positivamente en la sociedad en la que vivimos. El amar al prójimo como a nosotros mismos, precepto al que Él mismo reduce todas sus enseñanzas morales, es el recurso imprescindible para una convivencia en paz y progreso.

Son preceptos que no nos “recortan” sino que nos permiten ser perfectamente humanos y humanos abiertos a lo divino. Son medidas, nos decía San Pablo, “Para que seamos santos e irreprochables ante Dios y ante los hombres”.

Conocer los planes de Dios y seguirlos fielmente no merma nuestra libertad sino que la encauza. Es la misma situación que la que habéis vivido vosotros con vuestros hijos cuando eran pequeños. Les “obligasteis”, a lavarse las manos antes de comer, a no beber agua fría cuando estuvieran sudando, a ser ordenados con sus cosas y mil normas más, terribles para ellos pero no comparables a la peor de todas sus torturas: ir al colegio.

Allí tuvieron que estudiar diversas asignaturas cuya validez desconocían en absoluto. También les inculcaron normas de convivencia en armonía con los demás. Para un niño “todo eso” era quitarle aquella libertad que le permitía estar todo el día jugando.

Sin embargo vosotros, buenos padres y madres, lo hacíais exclusivamente pensando en su bien, no inmediato sino en aquel que luego les iba a permitir una vida digna de ser vivida. Vuestro protector comportamiento que parecía que les quitaba la libertad, estaba siendo el fundamento de una verdadera libertad. Haberles dejado en lo que ellos, en su desconocimiento, entendían por libertad les hubiera convertido en auténticos bárbaros, insolidarios sociales, incompetentes técnicos, incapaces de vivir, convivir y hacer progresar a la sociedad.

La misma revelación que habla de los proyectos de Dios sobre nosotros viene en nuestra ayuda garantizándonos que todo cuanto “ocurre” en el mundo, por desconcertante y oscuro que sea para nuestra comprensión, se enmarca en el amor de Dios hacia su obra, en la que estamos incluidos todos y cada uno de los que formamos la humanidad en cada periodo histórico. Todas las “decisiones” de Dios, como nos decía San Pablo son tomadas POR PURO AMOR.

Este pensamiento nos hace vivir en una cierta oscuridad comprensiva pero eliminando todo temor a estar abandonados, a sentirnos arrojados a un mundo sin sentido.

Un último párrafo hace referencia a nosotros, los que no venimos del judaísmo ni hemos contemplado físicamente a Jesús. También para nosotros, dice San Pablo, es válido todo esto.

Pues, que sepamos aprovecharlo. AMÉN.

Pedro Sáez

El ejercicio misionero

1. Al enviar a sus discípulos en misión, Jesús los envía:

1) «de dos en dos», para que se ayuden, para que no se desvíe el evangelio y para que testimonien válidamente, es decir, en grupo o en comunidad;

2) con «autoridad», es decir, en función de la fuerza de Dios, no desde la opinión personal o desde el poder de las instituciones, puesto que son embajadores de Cristo;

3) con poder sobre «los espíritus inmundos», que hoy equivaldrían a las dominaciones y sometimientos deshumanizantes. El Evangelio o la gran noticia que se proclama no consiste en interpretar el mundo, sino en transformarlo: es liberación y desalienación. La misión tiene por fundamento e institución a Jesús, y como actitudes evangélicas la disponibilidad, la pobreza y la libertad. nada de falsas seguridades.

2. La misión de la Iglesia y de los cristianos, a tenor de las consignas de Jesús, debe llevarse a cabo sin triunfalismos, con lo justamente necesario. En suma:

1) para que la misión no se convierta en proselitismo, debe respetar totalmente la libertad humana y religiosa de toda persona o pueblo;

2) para que no degenere en repetición vacía de contenido, debe huir del acomodamiento burgués o de la instalación, que es lo que ocurre cuando el misionero cede a la tentación de la comodidad o la vanidad;

3) para que sea misión eficaz, debe ser ejercida coordinadamente, no al modo de los «francotiradores», puesto que los evangelizadores están asociados a la persona y la obra del Maestro y forman parte de una Iglesia en estado de comunidad.

3. Los contenidos de la misión del evangelio pueden ser hoy actualizados así:

1) conversión de personas, instituciones y estructuras en la dirección del evangelio de Jesús; sin cambio profundo no adviene el reino;

2) señales que atestigüen este cambio, entre las que cabe citar, además de la liberación de lo demoníaco o lo diabólico —es decir, el rechazo del dominio del hombre sobre el hombre—, la injusticia, la mentira, la tortura y la muerte, así como la curación de cuerpos y espíritus: erradicación del hambre y de las epidemias mortales, aumento para todos de calidad de vida. En definitiva, lo importante no es lo que tenemos, sino lo que llevamos, a saber, una misión con medios pobres (pero profundamente enriquecedora) y vitalmente gozosa (aunque aparentemente dura).

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Participamos de algún modo en la misión cristiana?

¿Qué dificultades encontramos hoy a la hora de evangelizar?

Casiano Floristán

Profecía y pobreza

La vida cristiana se juega en lo cotidiano, en lo ordinario, como el tiempo litúrgico en el que estamos.

Confiar en las personas, no en el dinero

Capítulos antes, Marcos nos decía que Jesús instituyó a los doce «para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar» (Mc 3, 14). Esto se concreta ahora. Jesús no fue bien recibido en su tierra (cf. Mc 6, 1), comenzó entonces a enseñar en las aldeas vecinas. Busca completar su tarea enviando a sus discípulos a anunciar la buena nueva. Ir «de dos en dos»(v. 7) es una costumbre tradicional del pueblo judío para llevar un mensaje importante. El Señor les da indicaciones, cuyo espíritu sigue siendo capital para quienes hoy son portadores del evangelio.

La misión debe ser cumplida con simplicidad y pobreza. El camino se hará con sandalias y con un bastón en la mano, sin «pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja» (v. 8). Llevar dos túnicas es señal de riqueza. Así sobriamente deben ir los mensajeros del Reino, con sólo lo esencial. Mateo (10, 9-15) y Lucas (9, 1-6), en textos paralelos a éste, añaden y quitan a esa enumeración. Lo importante no es la letra de las instrucciones, sino el sentido de ellas. Nada debe estorbar la proclamación del Reino. Este no puede ser presentado desde el poder y la seguridad que da el dinero o la posición social. Es necesario dejar que el evangelio aparezca con toda su fuerza. Los seguidores de Jesús dependerán de la acogida que les den las personas a quienes se dirigen (cf. v. 10), no de ventajas en la sociedad.
 

No ser un «profesional»

La pobreza del mensajero es una condición exigida por el mensaje mismo. Si hay algo difícil en la vida de los cristianos, y de toda la Iglesia, es precisamente esto. Tendemos a tomar precauciones y seguridades. A instalarnos y gozar de privilegios que, paradójicamente, pueden venir en nuestra sociedad de la misma tarea evangelizadora. El reclamo del Maestro es siempre permanente y nos lleva a la fuente y al sentido de la misión. El profeta no puede dejar de confrontar los poderes de este mundo cuando ellos maltratan al pueblo. Si no escuchan, habrá que sacudir el polvo de nuestros pies(cf. Mc 6, 11). Amós mantiene clara su conciencia de portador de un mensaje. Frente a la amenaza de expulsión que recibe, contesta con sencillez: no soy un profesional de la profecía: «yo no soy profeta ni hijo de profeta», 7, 14, soy simplemente un hombre de este pueblo, pero he recibido una responsabilidad: el Señor me mandó ir a profetizar, cf. v. 15. Y la cumplirá, agrade o no a los poderosos. En esa tarea sólo confiará en Dios y no en el dinero.

La misión recibida viene de una elección, «antes de crear el mundo» (Ef 1, 4). Ser hijos de Dios es una gracia, pero también una exigencia. De ésta hay que responder ante Dios mismo. Sólo un profundo sentido de Dios, el rechazo de todo privilegio social o económico, una auténtica pobreza personal, un ejercicio «no profesional» del papel de evangelizador, permitirá que demos un testimonio que conduzca a una conversión (cf. Mc 6, 12).

Gustavo Gutiérrez

Anunciar a un Dios amigo

Este Jesús, amigo de todos, sembrador de amistad, creador de comunión amistosa con sus discípulos, es encarnación del cariño y la amistad de Dios hacia todos. En Jesucristo, la relación entre Dios y los hombres queda definida y configurada por el amor. Esta es la realidad más profunda de nuestro ser: nacemos, crecemos y vivimos envueltos en la amistad de Dios. «Permanecer en Cristo» es permanecer en el amor, vivir en la esfera del amor de Dios.

Nuestro mundo no es un mundo amistoso. Además del odio, la violencia y el mutuo enfrentamiento está la falta de amistad. Son muchas las personas que no conocen una mano amiga. Hombres y mujeres que no tienen sitio en el corazón de nadie. Gentes que sufren la soledad, el aislamiento o la inseguridad. Personas a las que nadie escucha, nadie besa ni acaricia, nadie espera en ninguna parte.

Los cristianos solo podremos anunciar a Dios como Buena Noticia si sabemos introducir su amistad y bendición en este mundo a veces tan inhóspito. No todos pueden ofrecer amistad. Solo quien se experimenta amado es capaz de amar. Por eso, esta puede ser hoy una de las claves de nuestra acción evangelizadora: acoger la amistad de Dios, disfrutarla y celebrarla en nuestras comunidades, para poder anunciarla y comunicarla incluso a los más olvidados y abandonados.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio (14 de julio)

“No tengáis miedo”. Hasta tres veces se repite en un pasaje tan corto. Jesús afirma que nadie nos podrá hacer suficiente daño desde fuera como para perder la calma, como para vencer la protección, la Providencia de Dios. Y lo está diciendo a quienes van a pasar malos momentos…

No es previsible que a nosotros nos persigan por ser cristianos, luego no deberíamos tener motivos para temer. Pero el “miedo” puede ser “defensivo” (algo me amenaza) o “conservador” (miedo al cambio). Y este es el más extendido hoy día.

No se puede ser cristiano de verdad si no hay una continua tensión de cambio, de mejora, de transformación del mundo. A los apóstoles no los amenazaban por permanecer en casa, sino por predicar el Reino, por hablar del Maestro, por tratar de llevar la Salvación a los demás. Y, en eso, nuestra situación no es tan distinta. No podemos permanecer de brazos cruzados, el miedo no debe agarrotarnos.

Desterremos, pues, el miedo a complicarnos la vida tratando de ayudar a otros; el miedo a exponernos a los comentarios de los demás por nuestras opiniones coherentes con el Evangelio; el miedo a tener que revisar cada día nuestras actitudes para ver si corresponden a lo que pretendemos vivir; el miedo a leer nuestra vida, nuestros criterios, a la luz de la Palabra; el miedo a sentirnos “bichos raros” en medio de una sociedad que en su mayoría ignora a Dios; el miedo, en definitiva, a ser cristianos “en activo”.

Dios cuida de nosotros.