Vísperas – Miércoles XV del Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SEÑOR, TÚ ERES MI PAZ Y MI CONSUELO.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
al acabar el día su jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo vengo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti yo quiero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto espero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Ant 2. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Salmo 126 – EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   Ef 3, 20-21

A aquel que tiene sumo poder para hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, con la energía que obra en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo, Señor, te alabe.

Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación;
haz que sepamos corresponder y así logremos la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad
y vivan unidos por la caridad.

Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos:
acuérdate de los trabajadores que ganan el pan con el sudor de su rostro.

Acuérdate también de todos los que viven entregados al servicio de los demás;
que no se dejen vencer por el desaliento ante la incomprensión de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
y líbralos del poder del Maligno.

Llenos de fe invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y vivamos confiados en tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 18 de julio

Lectio: Miércoles, 18 Julio, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 11,25-27

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
3) Reflexión
• Contexto. El pasaje de Mt 11,25-27 representa un giro en el evangelio de Mateo: a Jesús le son formuladas las primeras preguntas sobre la llegada del reino de los cielos. El primero que plantea interrogativos sobre la identidad de Jesús es Juan Bautista, que a través de sus discípulos le diriuge una pregunta concreta: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (11,3). Sin embargo, los fariseos junto con los escribas se dirigen a Jesús con palabras de reproche y de juicio:”Tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado” (12,2). Hasta ahora, en los cap. 1-10, la llegada del reino de los cielos en la persona de Jesús no parecía encontrar obstáculos, pero a partir del cap. 11 empiezan a aparecer dificultades concretas. O sea, muchos empiezan a tomar posición ante la persona de Jesús: a veces es “objeto de escándalo”, de caída (11,6); “esta generación”, en el sentido de descendencia humana, no tiene una actitud de acogida hacia el reino que viene; las ciudades situadas a lo largo del lago no se convierten (11,20); se desencadena una verdadera controversia sobre el comportamiento de Jesús (cap.12), es más, se empieza a pensar cómo matarlo (12,14). Este es el clima de desconfianza y de contestación en el que Mateo enmarca nuestro pasaje.

Ahora ha llegado el momento de interrogarse sobre la actividad de Jesús: ¿cómo interpretar estas “obras de Cristo” (11,2.19)? ¿Cómo explicar estas acciones taumatúrgicas (11,20.21.23)? Estos interrogantes tocan la cuestión crucial de la mesianidad de Jesús. Mientras tanto, las obras mesiánicas de Jesús ponen bajo juicio no sólo a “esta generación” sino también a las ciudades del entorno del lago que no se han convertido al llegar el reino en la persona de Jesús.
• Hacerse pequeño. Para realizar esta conversión, el itinerario más eficaz es hacerse “pequeños”. Jesús comunica esta estrategia de la “pequeñez” en una oración de reconocimiento (11,27) que tiene un paralelo espléndido en el testimonio dado por el Padre con ocasión del bautismo (11,27). A los estudiosos les gusta llamar a esta oración “himno de júbilo”. El ritmo de la oración de Jesús empieza con una confesión: “Yo te bendigo”, “te confieso”. Esta expresión introductoria le da mucha solemnidad a la palabra de Jesús. La oración de alabanza que Jesús pronuncia tiene las características de una respuesta para el lector. Jesús se dirige a Dios con la expresión “Señor del cielo y de la tierra”, es decir, a Dios como creador y custodio del mundo. En el judaísmo, por el contrario, era costumbre dirigirse a Dios con la invocación “Señor del mundo”, pero sin el término “Padre”, que es una característica distintiva de la oración de Jesús. El motivo de la alabanza es la revelación de Dios: porque has ocultado…, has revelado. Este esconder, referido a los “sabios e inteligentes”, afecta a los escribas y fariseos, considerados como totalmente cerrados y hostiles a la llegada del Reino (3,7ss; 7,29; 9,3.11.34). Se revela a los pequeños, el término griego dice “niños”, a los que aún no hablan. Por tanto, Jesús considera oyentes privilegiados de la proclamación del reino de los cielos a los inexpertos de la ley, a los no instruidos.
¿Cuáles son las “estas cosas” que se ocultan o revelan? El contenido de este revelar u ocultar es Jesús, el Hijo de Dios, el revelador del Padre. Es evidente para el lector que el revelarse de Dios va inseparablemente unido a la persona de Jesús, a su palabra, a sus acciones mesiánicas. Él es quien permite el revelarse de Dios y no la ley o lo hechos que presagiaban el tiempo final.
• El revelarse de Dios, del Padre al Hijo. En la última parte del discurso, hace Jesús una presentación de sí mismo como aquel a quien todo le ha sido comunicado por el Padre. En el contexto de la llegada del Reino, Jesús tiene la función y la misión de revelar en todo al Padre del cielo. En esta función y misión, él recibe la totalidad del poder y del saber, y la autoridad para juzgar. Para confirmar esta tarea tan comprometedora, Jesús invoca el testimonio del Padre, el único que tiene un real conocimiento de Jesús: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre” y viceversa, “nadie conoce al Padre sino el Hijo”. El testimonio del Padre es insustituible para que la dignidad única de Jesús como Hijo sea entendida por sus discípulos. Se afirma, además, la exclusividad de Jesús en el revelar al Padre; así lo afirmaba el evangelio de Juan: “A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (1,18). En síntesis, el evangelista hace entender a sus lectores que el revelarse de Dios acontece a través del Hijo. Es más: el Hijo revela al Padre a quien quiere.
4) Para la reflexión personal
• ¿Sientes en la oración la necesidad de expresar al Padre todo tu agradecimiento por los dones derramados en tu vida? ¿Tienes ocasión de confesar y de exaltar públicamente al Señor por las obras maravillosas que realiza en el mundo, en la Iglesia, en tu vida?

• En tu búsqueda de Dios, ¿pones tu confianza en tu saber e inteligencia, o te dejas guiar por la sabiduría de Dios? ¿Qué atención prestas a tu relación con Jesús? ¿Escuchas su Palabra? ¿Tienes sus mismos sentimientos para descubrir su fisonomía como Hijo del Padre del cielo?
5) Oración final
mi boca publicará tu justicia,

todo el día tu salvación.
¡Oh Dios, me has instruido desde joven,
y he anunciado hasta hoy tus maravillas! (Sal 71,15.17)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 5, 21-43

<

p style=»text-align:justify;»>«21Y, al cruzar Jesús en la barca de nuevo al otro lado, se aglomeró mucha muchedumbre junto a él, y él estaba junto al mar.
 22Y viene uno de los jefes de la sinagoga, de nombre Jairo y, viéndole, cae a sus pies 23y le suplica mucho, diciendo: “Mi hijita está agonizando; ven, para que le impongas las manos para que sea curada y viva”

24Y se fue con él. Y mucha muchedumbre le seguía y le estrujaba.

 

<

p style=»text-align:justify;»>Después de haber exorcizado al endemoniado geraseno, Jesús cruza otra vez el mar y vuelve a la orilla judía del Mar de Galilea, donde realiza dos nuevos milagros de curación: la de una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años y la resucitación de una niña que tenía doce años, la hija de Jairo, jefe de la sinagoga.
La historia de la curación de la hija de Jairo rodea la narración de la curación de la hemorroísa, formando un esquema de «sándwich» típicamente marcano: comienza la historia de la hija de Jairo (5,21-24), se interrumpe por la inclusión de la historia de la hemorroísa (5,25-34) y a continuación prosigue la historia de la hija de Jairo (5,35-43). Cada una de las historias forma una unidad en sí y hay diferencias estilísticas entre ellas: la historia sobre Jairo está compuesta de sentencias cortas, dominadas por el presente histórico, mientras que la historia sobre la mujer está formada por largas sentencias llenas de participios y dominada por verbos en pasado (aoristos). 
En su forma presente, las dos historias se hallan vinculadas por el vocabulario y los temas comunes. En ambos casos, los que suplican desean obtener la «salvación» (5,23.28.34) y se arrojan a los pies de Jesús (5,22.33). En ambos casos, la persona curada recibe el nombre de «hija» (5,23.34.35). Y mientras en un caso esa «hija» ha estado enferma doce años, en el otro la niña tiene doce años (5,25.42). Por otra parte, la condición de las dos mujeres que sufren resulta semejante, pues ambas se han vuelto ritualmente impuras, la una por el desarreglo menstrual, la otra por la muerte. Sin embargo, en ambos casos la impureza resulta abiertamente ignorada: en un caso por la mujer, que toca el vestido de Jesús; en el otro por Jesús, que toca el cadáver de la niña. Más aún, en ambas curaciones se menciona el temor (5,33.36) y resulta determinante la fe (5,34.36). 


<

p style=»text-align:justify;»>• 5, 21-24: La petición de Jairo. Jesús vuelve a Palestina y le reciben dos de los personajes típicos con los que él suele encontrarse allí: una muchedumbre judía y un líder judío. Sin embargo, esta vez, en contra de lo que sucede habitualmente (2,6-12; 11,18; 12,12; 14,1-2), la respuesta de la multitud y la del líder no se oponen entre sí: la multitud se arremolina en torno a Jesús (5,21) y Jairo, jefe de la sinagoga, impulsado por la enfermedad mortal de su hija, se arroja a sus pies (5,22). Pero en esta historia la función de Jairo como padre resulta más importante aún que su función como líder judío; su función de padre se expresa en la petición urgente («con insistencia»), que brota del fondo de su corazón, a favor de su pequeña hija (mi hijita), la cual, a su juicio, «está agonizando» (5,23). Este padre es el primero de los tres padres/madres que pedirán a Jesús que cure a sus hijos/hijas en los próximos capítulos del evangelio (cf. 7,26-27; 9,17-24). Este motivo de los padres que tienen fe y la muestran en favor de sus hijos puede haber servido muy bien para que los lectores de la Iglesia antigua recordaran la práctica de la oración de intercesión. 
La petición de Jairo expresa dos cosas: la urgencia de su situación y la confianza que pone en Jesús para aliviarla. Esa petición se divide en tres partes, como tres alientos de una misma respiración. En el primer segmento, Jairo describe la inminencia de la muerte de su hija, lo cual suscita el aumento de la tensión narrativa cuando después se retrase la curación. En el segundo segmento, Jairo le pide a Jesús que imponga sus manos sobre su hija, prefigurando así el tema principal de la narración en su desarrollo posterior (cf. 5,27.41). En el tercero, Jairo expresa su confianza en que Jesús puede curar a su hija, de manera que «ella sea curada y comience a vivir de nuevo» por medio de Jesús. 
La palabra que aquí se emplea para «ser curada» es sôthê, que literalmente significa «ser salvado». Este lenguaje de salvación, que reaparece en la historia de la mujer en 5,34, tiene un sentido superficial y otro sentido teológico más profundo. El significado de la raíz de ese verbo es rescatar de un peligro. En su sentido superficial, esta palabra (curar y salvar) significa la recuperación respecto de una enfermedad mortal. Sin embargo, en un nivel más profundo, y de acuerdo con las expectativas de la Biblia, esta palabra (sôthê) evoca la liberación escatológica, divina, del sufrimiento al final de los tiempos (13,13.20) o del reino de los muertos (8,35; 10,26). Pronto quedará claro que en la presente situación se necesita la salvación definitiva, escatológica, pues la hija de Jairo no está en trance de morir, sino muerta. 


Jesús muestra su aprobación a la petición de Jairo yendo con él (5,24) y parece que la escena está ya preparada para que suceda una curación impresionante: la gran multitud que se arremolina en torno a ellos podrá contemplar cómo la niña es recobrada para la vida, de manera que esa multitud glorificará a Jesús por realizar otro milagro más.

18.- El oro del corazón

«Y amaba Jesús a Marta y a María,
su hermana, y a Lázaro» (Jn 11, 5).

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú no escondías el amor de tu corazón.
De un modo muy particular, la gente sabía que sentías una especial predilección por los hermanos Marta, María y Lázaro.

Tu corazón era muy sensible a la fina amistad: compartías como propias las alegrías y las penas de la gente que te amaba y a quien amabas. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Cuando tu amigo Lázaro enfermó y halló la muerte, tú viniste de lejos para ayudar a tus amigos.

Y tu ayuda se manifestó en uno de los más sorprendentes milagros.

Porque no pensaste un punto en devolverle de la muerte a la vida.

Te bastó dar una orden todopoderosa al difunto Lázaro frente a su sepulcro: «¡Lázaro, sal fuera!», para mostrar la fuerza inmensa de tu amor y de tu poder. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

En el evangelio de esta resurrección de Lázaro nos dejaste además un retrato visible del oro de tu corazón.

Toda la gente, con los judíos incrédulos en primera fila, te vieron «estremecerte» en tu alma y llenarte de «conturbación» en tu espíritu al ver el llanto y dolor de María por la muerte de su hermano.

El propio discípulo Juan, testigo directo, nos dijo varias veces que lloraste: «Y lloró Jesús». 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Sabemos que este ejemplo de la sensibilidad de tu corazón frente al dolor de tus amigos y discípulos no es excepción en tu vida.

Los que te conocieron y a quienes conociste son todos testigos de que vibrabas con un corazón grande, con un corazón de oro.

Ojalá no lo olvidemos nunca nosotros y ojalá, en nuestra medida y posibilidades, podamos también nosotros seguir tus huellas e imitar tu estilo. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Nos toca a cada uno de nosotros sacar de tu ejemplo muchas lecciones prácticas. Lecciones que, traducidas en la vida ordinaria de cada día, supondrán vivir nuestra vida con un lenguaje nuevo de amor.

Y por esto ahora deseamos pedir tu ayuda para lograrlo.

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Que prefiera tener un corazón de oro a tener todo el oro del mundo en lugar de corazón. Que pueda con este corazón abrirme y abrir los corazones de los que me rodean.

Que sepa desde este corazón agradecer la llegada de las alegrías pequeñas.
Que las personas y las cosas que me rodean reciban de mí la caricia y el tacto amable que ofrece amistad y bondad.

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Que sepa repartir mis bienes con la mano izquierda: la que no se ve ni desea ser vista. Que siempre esté a punto para cambiar lo grande que otros desean por lo pequeño que yo quiero.

Que no me avergüence de tener un corazón sensible, fácil para sufrir, fácil para comprender el sufrimiento de los otros. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Que sepa, con el corazón que me has dado, soportar con elegancia y paciencia las cargas de la vida.

Que sepa soportarme a mí mismo y pueda soportar a los demás.

Que sepa alegrarme de día por la luz del sol que ilumina mis pasos.

Ysepa agradecer de noche el cielo estrellado, que ilumina las sombras de mi camino.

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Que a mi corazón no le importe estar rodeado de espinas, porque también lo está el corazón de la rosa.

Que no me atormente el destino difícil de todo corazón: ser pájaro de barro, volar a lo alto y caer atraído por la tierra. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Que acepte de mi corazón el ser fuego que se atormenta, se abrasa y se consume.

Que cultive cada vez más un corazón que caliente, ilumine y consuele a los que necesitan de él. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Que sepa distinguir en la vida lo verdadero de lo falso: el oro del polvo.

Que no me acostumbre a «dorar» mi vida con falso oropel.

Que sepa convertir el polvo humano en oro espiritual.

Que no envidie ni me deslumbre el oro, metal que a tantos atrae, ciega y embrutece.

Que sepa encontrar el oro verdadero donde está: escondido en el corazón de los buenos y de los humildes. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Deja que te ame a ti más que a nada y que a nadie.

Porque tú fuiste el primer Corazón de Oro.

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

18. Así, bajo el impulso de la gracia divina, con muchos gestos vamos construyendo esa figura de santidad que Dios quería, pero no como seres autosuficientes sino «como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P 4,10). Bien nos enseñaron los Obispos de Nueva Zelanda que es posible amar con el amor incondicional del Señor, porque el Resucitado comparte su vida poderosa con nuestras frágiles vidas: «Su amor no tiene límites y una vez dado nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros. De esta manera, nuestras vidas demuestran su poder en acción, incluso en medio de la debilidad humana»[17].


[17] Conferencia de Obispos católicos de Nueva Zelanda, Healing love (1 enero 1988).

Comentario Domingo XVI de Tiempo Ordinario

Oración

Señor y Hermano Jesús:
Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”.
Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón.
Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio.
Nos lleve sobre todo a fiarnos de Ti y de tu Padre, a seguirte en fe confiada y amorosa, y a poner nuestro grano de arena para construir paz y vida en nuestro entorno. AMEN, ASI SEA.

 

Mc 6, 30-34

«30Y los apóstoles se reúnen con Jesús y le contaron todo cuantohabían hecho y cuanto habían enseñado.
31Y les dice: “Venid vosotros aparte, a un lugar solitario, y descansad un poco”.

Porque los que iban y venían eran muchos, y ni para comer tenían tiempo.

32Y se fueron en la barca a un lugar solitario, aparte.
33Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allí corriendo, a pie, de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos.
34Y, al desembarcar, vio mucha muchedumbre, sintió compasión de ellos, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Tras el envío de los Doce (Mc 6,6b-13), Marcos hace una especie de paréntesis para contar el final trágico de Juan Bautista (6,14-29), en el contexto de un banquete que dio Herodes Antipas a la gente importante de Galilea. En contraste con este banquete, el evangelio de hoy es la introducción al episodio de “otro banquete”, el de la multiplicación de panes y peces (6,30-44). En una comida, Juan Bautista es asesinado; en otra, la multitud hambrienta es saciada. En cuanto a “los grandes”, parece claro que hoy en día también “sacrifican” muchas vidas; en cuanto a Jesús, son las comunidades cristianas las que deben “saciar” las necesidades de la multitud.

 

TEXTO

Estamos ante un díptico, cuyas partes tienen a su vez una estructura ternaria. Todo el conjunto textual (6,30-34) forma la introducción al relato de la primera multiplicación de panes y peces, que llega hasta el v. 44. En la primer cuadro del díptico (vv. 30-31) se dan tres pasos: a) el retorno de los misioneros, que cuentan a Jesús todo lo que han hecho (v. 30); b) la invitación de Jesús a un lugar apartado para descansar (v. 31a); c) una glosa explicativa del narrador, que hace referencia a la cantidad de gente que estaba alrededor (v. 31b). El segundo cuadro también tiene una disposición en tres pasos: a) el viaje de los discípulos con Jesús a un lugar apartado (v. 32); b) la presencia de la gente, que va de todas partes a ese lugar (v. 33); c) la reacción de Jesús ante la presencia de la multitud (v. 34). Todo parece confluir en este v. 34, que es el clímax del relato hasta este momento (la unidad textual continúa hasta el v. 44).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Los discípulos aparecen aquí como apóstoles: es la única vez, textualmente segura, en que Marcos llama así a los discípulos. El evangelio no “regala” títulos. Son llamados así después de su labor misionera, no antes. Y refieren a Jesús todo lo que habían hecho y enseñado. ¿Cuál sería el “título” que nos definiría a la vista de lo que hacemos y enseñamos? ¿Qué cosas podríamos contar a Jesús de nuestra misión?

• Aparece varias veces la mención a “muchos” y a “mucha muchedumbre”: sin duda, la capacidad de atracción de Jesús y su grupo era muy grande, debido a su “estilo misionero”. ¿Qué nos sugiere esta insistencia a nosotros, a nuestra capacidad (escasa) de convocatoria?

• La actitud de Jesús para con la “mucha muchedumbre”: sintió compasión. Es la gran característica de Jesús en los evangelios. El verbo aparece 5 veces en Mt, 4 en Mc y 3 en Lc, y en casi todos los casos está referido a Jesús. La “mirada compasiva” que se despliega en acciones liberadoras caracterizó a Jesús y tiene que caracterizar a sus seguidores.

• La reacción de Jesús es “enseñarles muchas cosas”, algo propio de Jesús en Mc (cf. Mc 2,13; 4,1-2; 6,34;10,1), que subraya la impresión que la enseñanza provocaba en la gente (cf. 1,22.27). Marcos pocas veces pone lo que Jesús enseñaba. Porque no se trata (sólo) de un contenido teórico o doctrinal, sino sobre todo de un modo de ser y de actuar. La enseñanza de Jesús es supropia persona y su capacidad de ayudar, consolar,compartir, levantar, dignificar, pacificar…; un testimonio de lo que él mismo vivía y era. ¿Es así la nuestra? ¿Pensamos siquiera en nuestra responsabilidad de “enseñar” como lo hizo Jesús?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XV de Tiempo Ordinario

XVI Domingo del Tiempo Ordinario
22 de Julio 2018

Jeremías 23, 1-6; Salmo 22; Efesios 2, 13-18; Marcos 6: 30-34

Jesús nos enseña muchas cosas.

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco», porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer. Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Reflexión

Jesús ve que el pueblo anhela las palabras de Dios. Jesús quiere estar con el pueblo, aunque está cansado, enseñándoles lo que Dios quiere y valora. ¿Qué quiere Dios de nosotros? ¿Lees la biblia? ¿Ayudas tú alguna vez en la casa, aunque estés cansado o no tengas ganas? También, Jesús quiere que sus discípulos descansen y tengan tiempo para estar con Él para recargar sus energías. ¿Pasas tú algún tiempo del día conversando con Jesús? ¿Cómo puede Jesús ayudarte?

Actividad

En las siguientes archivos, tenemos una página para colorear y un cubo para que cada niño lo prepare haciendo un cubo de oración. En la clase se turnan en tirar y ver cual cita bíblica les sale. Lo leen y compartan que significa para cada uno. Que se los lleven a la casa y jueguen con sus familias.

Colorear

Cubo de oración

Oración

Señor, sin Ti no podemos hacer nada bueno. Ayúdanos a pasar mucho tiempo contigo en oración. Ensénanos lo que es importante para Dios para poder glorificarlo siempre. Ayúdanos a crecer en fe y a ser buenos unos con otros para llevar siempre Tú mensaje de amor a otros. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo XVI de Tiempo Ordinario

Jesús trabajaba muy duro, y por lo mismo, a veces se cansaba. Entonces buscaba estar solo para descansar y comunicarse con su Padre a través de la oración. Pero seguramente, muchas veces -como en este pasaje-, su cansancio desaparecía al ver tanta gente que necesitaba de Él; tantos hombres y mujeres que necesitaban su guía y su consuelo porque «acaban como ovejas sin pastor». ¡El amor vencía su cansancio!

Hoy necesitamos más que nunca de la guía de Jesús: la pobreza, la enfermedad, el sufrimiento, y la desesperanza, muchas veces ocasionada por seguir falsos caminos (como los vicios y el egoísmo), hacen que nos sintamos tristes y confundidos.

Sólo que ahora, Jesús nos manda a ser nosotros los pastores que regresen a las ovejas al redil. Cada vez que uno de nosotros ayuda al necesitado; enseña al que no sabe; visita un enfermo; acompaña al que sufre… está actuando como Cristo, ¡como el Buen Pastor! Cada vez que Jesús se hace presente a través de nosotros, el mundo es un poco mejor y más feliz.

Busquemos en la oración, en la Palabra de Dios, y en los sacramentos, la fuerza para guiar nuestra propia vida y la de quien nos necesita ¡El mundo necesita de Dios!

Cuando has visto a alguien que sufre, que está enfermo, o que no sabe seguir a Cristo, ¿le has consolado, le has visitado o le has ayudado a conocer a Jesús?

Comentario al evangelio (18 de julio)

Pasión de Dios y revelación del Misterio a los sencillos

Los celos de Dios están teniendo un protagonismo especial en la liturgia de la Palabra de este semana. Hoy, de nuevo, aparecen en boca del profeta Isaías expresiones apocalípticas, frases con una enorme carga dramática y emotiva. Ellas nos muestran cómo Dios busca al ser humano, cómo quiere que lo ame por encima de todas las cosas y cómo le pide que reconozca que es criatura, hechura de Dios: ¡todo nuestro poder es poder que procede de Dios mismo! ¡Nada es posible sin Él! Dios tiene un plan para nosotros y ese plan es dar a conocer su Alianza a todos los pueblos. Pero podemos desvirtuar esta misión y hacer de ella un instrumento nuestro de poder sobre los demás.

El orgullo de Asiria y la respuesta airada de Dios contra quienes se oponen a su Alianza son evocados por las palabras que María proclama en su Magníficat –‘derriba del trono a los poderosos…La pasión de Dios por su pueblo se plasma en el sentimiento celoso de Yahvé ante quienes se creen superiores y autosuficientes. ¡Qué fantástica forma de hablar con nosotros, desde la pura sensibilidad, desde los instintos más primarios del ser humano a través de los cuales nos reconocemos seres de carne y hueso!: Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño. Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego.-

El salmo -con profundas y estremecedoras palabras, penetradas de la experiencia de Dios-, nos invita a reconocer el poder divino frente a la insensatez del pueblo que rechaza a Dios y aun se jacta de Él; nos a invita a proclamar feliz al hombre que se deja guiar por el Señor de la Historia y ratifica Su protección al pueblo que se mantiene en fidelidad a Él.

Jesús da gracias al Padre y lo alaba porque ha revelado su Misterio porque nos ama. “El misterio de la fe” que proclamamos en cada Eucaristía supera toda lógica: es revelado no a los sabios y entendidos, sino a los sencillos. La Revelación tiene que ver con el corazón abierto, con el corazón que no pone en tela de juicio cada signo de la bondad de Dios, cada semilla de belleza que derrama en nuestro mundo, cada huella de su dolor encarnado en el dolor de tantos hombres y mujeres que sufren de cualquier manera y por diferentes causas.

Conocer el misterio de Dios en Jesús es sabernos niños en los brazos del buen padre-madre a quien reconocemos maestro y protector. La arrogancia no es buena consejera y menos la que se cree dueña de los misterios insondables del mismo Dios. Quienes comprenden el misterio del Reino no son siempre los más doctos, sino los humildes, quienes se dejan invadir por el Evangelio y la acción imprevisible del Espíritu. ¡Cuánto trabajo por hacer en este camino de la humildad del corazón! ¿Cuál es mi grado de asombro y de sorpresa a la acción del Santo Espíritu?

Pidámosle al Espíritu de Sabiduría que nos haga dóciles como niños para sorprendernos siempre ante los insondables caminos por los que penetra!