Vísperas – Viernes XV del Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: YO HE SENTIDO, SEÑOR, TU VOZ AMANTE

Yo he sentido, Señor, tu voz amante,
en el misterio de las noches bellas,
y en el suave temblor de las estrellas
la armonía gocé de tu semblante.

No me llegó tu acento amenazante
entre el fragor de trueno y de centellas;
al ánima llamaron tus querellas
como el tenue vagido de un infante.

¿Por qué no obedecí cuando te oía?
¿Quién me hizo abandonar tu franca vía
y hundirme en las tinieblas del vacío?

Haz, mi dulce Señor, que en la serena
noche vuelva a escuchar tu cantilena;
¡ya no seré cobarde, Padre mío! Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Salmo 134 I – HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Ant 2. Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Salmo 134 II.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Ant 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE   St 1, 2-4

Hermanos míos, si estáis sometidos a tentaciones diversas, consideradlo como una alegría, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce constancia. Pero haced que la constancia dé un resultado perfecto, para que seáis perfectos e íntegros, sin defectos en nada.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre suyo.
R. Por la virtud de su sangre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Invoquemos al Hijo de Dios, a quien el Padre entregó por nuestras faltas y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo:

Señor, ten piedad.

Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que se confiesen culpables
y en tu bondad otórganos el perdón y la paz.

Tú que, por medio del Apóstol nos has enseñado que donde se multiplicó el pecado sobreabundó mucho más la gracia,
perdona con largueza nuestros muchos pecados.

Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia infinita;
vuélvete a nosotros para que podamos convertirnos a ti.

Salva a tu pueblo de sus pecados, Señor,
y sé benévolo con nosotros.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que abriste las puertas del paraíso al buen ladrón,
ábrelas también para nuestros hermanos difuntos.

Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Padre santo, que quisiste que tu Hijo fuese el precio de nuestro rescate, haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en los padecimientos de Cristo, nos gocemos también en la revelación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 20 de julio

Lectio: Viernes, 20 Julio, 2018

1) Oración inicial
¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor.

2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 12,1-8
En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.» Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy veremos de cerca uno de los muchos conflictos entre Jesús y las autoridades religiosas de la época. Son conflictos entorno a las prácticas religiosas de aquel tiempo: ayuno, pureza, observancia del sábado, etc.. En términos de hoy, serían conflictos como por ejemplo, la boda de de personas divorciadas, la amistad con prostitutas, la acogida de los homosexuales, el comulgar sin estar casados por la iglesia, el faltar a la misa en domingo, no ayunar el día de viernes santo. Son muchos los conflictos: en casa, en la escuela, en el trabajo, en la comunidad, en la iglesia, en la vida personal, en la sociedad. Conflictos de crecimiento, de relaciones, de edad, de mentalidad. ¡Tantos! Vivir la vida sin conflicto ¡es imposible! El conflicto forma parte de la vida y aparece desde el nacimiento. Nacemos con dolores de parto. Los conflictos no son accidentes por el camino, sino que son parte integrante del camino, del proceso de conversión. Lo que llama la atención es la manera en que Jesús se enfrenta a los conflictos. En la discusión con los adversarios, no se trataba de que tuviera razón en contra de ellos, sino de que prevaleciera la experiencia que él, Jesús, tenía de Dios como Padre y Madre. La imagen de Dios que los otros tenían era de un Dios juez severo, que sólo amenazaba y condenaba. Jesús trataba de hacer prevalecer la misericordia sobre la observancia ciega de las normas y de las leyes que no tenían nada que ver con el objetivo de la Ley que es la práctica del amor.

• Mateo 12,1-2: Arrancar el trigo en día de sábado y la crítica de los fariseos. En un día de sábado, los discípulos pasaban por las plantaciones y se abrieron camino arrancando espigas para comerlas. Tenían hambre. Los fariseos llegaron e invocaron la Biblia para decir que los discípulos estaban cometiendo una trasgresión de la ley del sábado (Cf. Ex 20,8-11). Jesús también usa la Biblia y responde evocando tres ejemplos sacados de la Escritura: (a) de David, (b) da la legislación sobre el trabajo de los sacerdotes en el templo y (c) de la acción del profeta Oseas, es decir, cita un libro histórico, un libro legislativo y un libro profético.

• Mateo 12,3-4: El ejemplo de David. Jesús recuerda que David había hecho una cosa prohibida por la ley, pues sacó a los panes sagrados del templo y los dio a los soldados para que los comiesen porque tenían hambre (1 Sam 21,2-7). ¡Ningún fariseo tenía el valor de criticar al rey David!

• Mateo 12,5-6: El ejemplo de los sacerdotes.. Acusado por las autoridades religiosas, Jesús argumenta a partir de lo que ellas mismas, las autoridades religiosas, hacen en día de sábado. En el templo de Jerusalén, en día de sábado, los sacerdotes trabajan mucho más que en los días entre semana, pues deben sacrificar los animales para los sacrificios, deben limpiar, barrer, cargar peso, degollar animales, etc. Y nadie decía que iban contra la ley, pues pensaban que era normal, etc. La ley misma los obligaba a hacer esto (Núm 28,9-10).

• Mateo 12,7: El ejemplo del profeta. Jesús cita la frase del profeta Oseas: Misericordia quiero y no sacrificio. La palabra misericordia significa tener el corazón (cor) en la miseria (miseri) de los otros, es decir, la persona misericordiosa tiene que estar bien cerca del sufrimiento de las personas, tiene que identificarse con ellas. La palabra sacrificio significa hacer (fício) que una cosa queda consagrada (sacri), es decir, quien ofrece un sacrificio separa el objeto sacrificado del uso profano y lo distancia de la vida diaria de la gente. Si los fariseos tuviesen en sí esta mirada del profeta Oseas, sabrían que el sacrificio más agradable a Dios no es que la persona consagrada viva distanciada de la realidad, sino que ponga enteramente su corazón consagrado al servicio de la miseria de sus hermanos y hermanas para aliviarla. Ellos no debían condenar como culpables a aquellos que en realidad eran inocentes.

• Mateo 12,8: El Hijo del Hombre es señor del sábado. Jesús termina con esta frase: el Hijo del Hombre es señor del sábado. Jesús, él mismo, es el criterio para la interpretación de la Ley de Dios. Jesús conocía la Biblia de memoria y la invocaba para mostrar que los argumentos de los otros no tenían fundamento. En aquel tiempo, no había Biblias impresas como tenemos hoy en día. En cada comunidad sólo había una Biblia, escrita a mano, que quedaba en la sinagoga. El que Jesús conociera tan bien la Biblia es señal de que durante treinta años de vida en Nazaret, ha participado intensamente en la vida de la comunidad, donde todos los sábados se leían las escrituras. La nueva experiencia de Dios como Padre hacía que Jesús llegara a descubrir mejor cuál había sido la intención de Dios al decretar las leyes del Antiguo Testamento. Al convivir con la gente de Galilea, durante treinta años en Nazaret, y sintiendo en la piel la opresión y la exclusión de tantos hermanos y hermanas en nombre de la Ley de Dios, Jesús tiene que haber percibido que esto no podía ser el sentido de aquellas leyes. Si Dios es Padre, entonces él acoge a todos como hijos e hijas. Si Dios es Padre, entonces debemos ser hermanos y hermanas unos de otros. Fue lo que Jesús vivió y rezó, desde el comienzo hasta el fin. La Ley debe estar al servicio de la vida y de la fraternidad. “El ser humano no está hecho para el sábado, sino el sábado para el ser humano” (Mc 2,27). Fue por su fidelidad a este mensaje que Jesús fue condenado a muerte. El incomodaba al sistema, y el sistema se defendió, usando la fuerza contra Jesús, pues él quería la Ley al servicio de la vida, y no viceversa. Falta todavía mucho para que tengamos esa misma familiaridad con la Biblia y la misma participación en la comunidad como Jesús.

4) Para la reflexión personal
• ¿Qué tipo de conflictos tú vives en familia, en la sociedad y en la iglesia? ¿Cuáles son los conflictos relativos a prácticas religiosas que, hoy hacen sufrir a las personas y son motivo de mucha discusión y polémica? ¿Cuál es la imagen de Dios que está por detrás de todos estos preconceptos, normas y prohibiciones?
• ¿Qué te ha enseñado el conflicto en estos años? ¿Cuál es el mensaje que sacamos de todo esto para nuestras comunidades de hoy?

5) Oración final
Señor, si acostado me vienes a la mente,
quedo en vela meditando en ti,
porque tú me sirves de auxilio
y exulto a la sombra de tus alas;
mi ser se aprieta contra ti,
tu diestra me sostiene. (Sal 63,7-9)

20.- Que te veamos a ti

«¡Señor, que te vea!» (Lc 18, 41).

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

En el evangelio nos das un retrato de nuestra manera de ser como personas, en la figura del ciego de Jericó, que además de ciego estaba junto al camino y pedía limosna.
Porque la vida de todo hombre sobre la tierra se parece mucho a la figura del ciego de Jericó.

Como él, muchos somos ciegos en esta vida; como él, muchos estamos sentados junto al camino, y como él, muchos pedimos limosna en la vida. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

No nos falta la vista corporal, pero sí la vista de la mirada del alma.

Muchos hemos de ver más, hemos de ver mejor.

Tenemos ceguedad total para muchísimas cosas de la vida, que ni reparamos, ni descubrimos, ni queremos ver. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Estamos ciegos para ver las necesidades de los demás; sólo tenemos ojos, y muy abiertos, para nuestras propias necesidades.

Todos vamos comparando y viendo lo que los demás tienen y nosotros no tenemos.

Y no miramos lo que los demás no tienen y tal vez nosotros tenemos y aún nos sobra. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Quizá no nos atrevemos a mirar a los demás, porque esto supondría pedirnos un esfuerzo para el cual no estamos preparados.

Si nos pusiéramos a mirar a los demás, a mirar las necesidades de los otros, no podríamos vivir en paz, al ver lo que falta a muchos. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Hay quien le sobra cariño, le sobra tiempo, le sobra dinero, hay quien tiene necesidad de cariño, de tiempo, de dinero.
A unos sobra paz y a otros les hace mucha falta.

A unos sobran las palabras buenas y otros no tienen una palabra buena. Muchos tenemos dos brazos, dos manos, y hay quien tiene necesidad de mis brazos y de mis manos. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú nos dices que el ciego de Jericó estaba sentado junto al camino.

En la vida muchos estamos pasivos, sentados, sin trabajar lo que es necesario.

Y no precisamente en medio del camino, sino a un lado, aparte, contemplando cómo los demás caminan y van adelante.
Y muchos nos reservamos modo de espectadores de otros 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú nos quieres en pie,
 sino andando y corriendo.

Para esto nos pones en la vida y nos das unos 
años para ganar esta carrera.

Sentarse, contemplar a los demás, estar mano sobre mano y lamentarnos y quejarnos, no es precisamente tu voluntad.

Corriendo y corriendo nos vamos acercando al abrazo contigo para siempre en el Cielo. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

También el ciego de Jericó pedía limosna. En la vida, todos, a gusto o sin gusto, con palabras o con obras, todos nos estamos pidiendo limosna los unos a los otros.

Cuando pedimos que alguien nos hable, cuando pedimos que alguien nos escuche, cuando pedimos que alguien nos consuele, estamos pidiendo limosna.

Y todos necesitamos que alguien nos hable, que alguien nos escuche, que alguien nos consuele, que alguien nos quiera, que alguien se nos entregue, que alguien nos ayude.

Y cada vez que pedimos y deseamos todo esto, estamos pidiendo limosna.

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

No pediríamos limosna si ya tuviéramos todo lo que necesitamos.
Pero no lo tenemos y por esto tenemos que ser mendigos.

Todos somos mendigos en la vida, mendigos de los demás.
Lo malo es pedir limosna a quien no nos puede dar nada.

Pedir que nos escuche aquel que no sabe o no quiere escuchar, o pedir que nos hable aquel que no sabe hablar, o pedir que nos consuele y quiera y ame aquel que no sabe consolar, ni querer, ni amar. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Tú eres el único a quien se puede ir a pedir limosna, porque siempre puedes y quieres dar. Tú puedes dar a cada uno lo que necesita. Vivir es pedir limosna a Dios, y el que sabe pedir recibe la limosna que pide. 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Yo quiero que seas tú quien me dé la limosna que necesito cada día.

Yo quiero, como el ciego de Jericó, empezar a gritar, y gritar en voz alta:

—¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!

Señor
Tú oíste este grito, pasaste por delante del ciego, mandaste que le pusieran delante de ti, y al tenerle bien cerca le hiciste sólo una pregunta: —¿Qué quieres que haga contigo? 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

También en nuestra vida tú continuamente estás pasando por delante de nosotros, pero nosotros estamos muy distraídos para darnos cuenta de tus pasos, de tus idas y venidas. Y a veces son los demás quienes nos llevan a ti, y tú nos hablas y nos haces la misma pregunta: «¿Qué quieres que haga contigo?»

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

¡Cuan diversas respuestas habrás oído a lo largo de la historia!: que tenga dinero…, que tenga felicidad…, que tenga un amor…, que tenga un hogar…

Otros piden: que tenga vida…, que tenga salud…, que mi problema se resuelva… Únicamente el ciego de Jericó, que era ciego en los ojos del cuerpo, pero que veía muy bien con los ojos del alma, hizo la petición mejor, que debería ser nuestra petición: «¡Señor, que vea!» 

<

p style=»text-align:justify;»>Señor

Si logramos verte, todo lo demás no importa. Ojalá también podamos responder tan luminosa y sabiamente: ¡Señor, que yo vea y que te vea! 

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

20. Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida. Consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una manera única y personal, en morir y resucitar constantemente con él. Pero también puede implicar reproducir en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor. La contemplación de estos misterios, como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes[18]. Porque «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio»[19], «toda la vida de Cristo es Revelación del Padre»[20], «toda la vida de Cristo es misterio de Redención»[21], «toda la vida de Cristo es misterio de Recapitulación»[22], y «todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en él y que él lo viva en nosotros»[23].


[18] Cf. Ejercicios espirituales, 102-312.

[19] Catecismo de la Iglesia Católica, 515.

[20] Ibíd., 516.

[21] Ibíd., 517.

[22] Ibíd., 518.

[23] Ibíd., 521.

La misa del Domingo: misa con niños

DOMINGO XV DE TIEMPO ORDINARIO
22 de julio de 2018

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Venir a la Eucaristía todos los domingos es un momento para alcanzar la seguridad que, las prisas, el mundo, los problemas u otras tantas cosas nos arrebatan en el día a día.

Hoy, el Señor, nos hace partícipes de su descanso. Nos alimenta con su Cuerpo y con su Sangre, nos cuida y desea para nosotros caminos de alegría, justicia y vida. ¿Seremos capaces de acoger tanto regalo en tan poco tiempo?

Iniciemos esta celebración con el canto.

 

2. PENITENCIAL

1. Jesús es Buen Pastor. ¿Valoramos su Palabra y su presencia? ¿Seguimos sus consejos y su vida? Señor, ten piedad

2. Jesús es amigo que nunca falla. ¿En qué fallamos nosotros? ¿LE recordamos en algunos momentos durante el día? Cristo, ten piedad

3. Jesús es alimento de vida eterna. ¿Por qué preferimos otros alimentos que caducan o engordan el cuerpo pero no fortalecen la vida interior? Señor, ten piedad

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy, las lecturas, nos hablan de lo negativo que es estar dispersos. Es decir; sin unión, sin fraternidad. Pero Dios, al final de los tiempos, envió a Cristo. El, como Buen Pastor, nos da razones para vivir, para caminar unidos y para no desorientarnos en medio de tanta confusión que reina en el mundo.

Escuchemos con atención.

 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Pidamos al Señor que, lejos de apartarnos de Él, nos agarremos a su cayado. Tengamos en cuenta su Palabra y nos dejemos guiar por su presencia. Roguemos al Señor.

2. Por todos los que sólo trabajan por lo material y olvidan lo espiritual. Para que descubran que, una vida sin fondo, es una vida fracasada, débil. Roguemos al Señor.

3. Por todos nosotros., Para que busquemos el descanso, la paz y las respuestas en la eucaristía de cada domingo, en la oración y en Cristo. Roguemos al Señor.

4. Para que no seamos egoístas. Para que aprendamos que, en el dar, está el secreto para ser felices. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

1. Con esta HOGAZA DE PAN presentamos la necesidad de tantos hermanos que no tienen lo elemental para vivir. Que sea posible un mundo en paz y con más justicia.

2. Con esas CREMAS queremos simbolizar la UNCIÓN de descanso, de paz y de tranquilidad que es la fe. La felicidad no nos la dan los lugares sino la vida interior de cada persona.

3. Damos gracias a Dios por el alimento que no perece. Que siempre nos alimenta y nos fortalece. Por el memorial que nos dejó de su pasión, muerte y resurrección. Traemos hasta la mesa del altar el pan y el vino.

 

6. ORACIÓN

COMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR
Te quedaste en la mesa, para que nos sentáramos
como hermanos en una misma fe
Te quedaste en el pan, para que comulgando
nos hiciéramos fuertes
Te quedaste en el vino, para que bebiéndolo
supiéramos el valor de tu sangre

COMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR
Alrededor de una mesa, nos hablaste del amor
para que no olvidásemos que somos hermanos
Alrededor de nuestros pies desnudos
te arrodillaste para darnos testimonio de tu amor

COMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR
Nos dijiste que eras Vida Eterna
Nos aseguraste que nunca nos fallarías
Nos dejaste, para siempre,
el pan de la Eucaristía

COMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR

La misa del Domingo

Domingo XVI, T.O. ciclo B
22 de julio de 2018
LECTURAS de la Palabra de Dios.

1ª. Lectura del libro del profeta Jeremías (23, 1-6)

Hoy escucharemos del profeta Jeremías una queja de Dios contra los malos pastores del pueblo de Israel. Hay una promesa de un pastor especial para reanimar al rebaño disperso.

Salmo responsorial (Salmo 22): “El Señor es mi Pastor nada me falta”

El salmo para este día no podía ser otro que el 22, con el que aclamamos a Dios como nuestro pastor.

2ª Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2, 13-18)

Ante la gran rivalidad y división entre griegos y judíos, ahora conviviendo en una misma comunidad cristiana, San Pablo les presenta a Cristo como la unificación entre los dos pueblos bajo la categoría de la pacificación.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6, 30-34)

El buen pastor anunciado por el profeta Jeremías llega verse como realidad en la persona de Jesús de Nazaret. El evangelista san Marcos resalta hoy los sentimientos de misericordia de Jesús, que -tras su retiro/descanso-, atiende a la muchedumbre que le busca, como ovejas sin pastor.

SUGERENCIAS para la HOMILÍA:

1º. “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar”.

. En el evangelio del domingo pasado veíamos como Jesús, tras llamar a sus discípulos, los envía a llevar a cabo su misma misión. Ahora, a su regreso, les invita a retirarse y estar con él a solas en un lugar tranquilo. Allí, sin duda, les enseñará otros aspectos importantes en el seguimiento: descansar, contemplar, evaluar desde una reflexión serena y retomar fuerzas para continuar de nuevo la misión “entre gentes que andan como ovejas sin pastor”.

. Puede que en algunos momentos (o etapas de la vida) tengamos la tentación de ver el seguimiento de Jesús como un “puro activismo”, empeñados en llevar a cabo múltiples actividades (por muy nobles -“o pastorales”- que parezcan)… Pero, creo que el pasaje del evangelio de hoy (así como otros…) nos deben hacer caer en la cuenta de la importancia -y actualidad- de este aspecto de “saber retirarnos con Jesús a un sitio tranquilo”, para, como sin duda hacía él, mantener una relación especial con el Padre.

. Este “retiro” no es (o no debe ser) un “tiempo perdido”. Es tiempo de “soledad con compañía”, la de Jesús, el Señor. Se necesita silencio, oración, contemplación serena y “discernimiento”…

En nuestro camino de seguimiento al Señor, o sea, -como nos diría el Papa Francisco al presentarnos “el camino de la santidad”- es necesario el “discernimiento” (Cfr. Gaudete et exultate, nº 166-196) para seguirle mejor. Es necesario desentrañar cuál es la voluntad de Dios en lo que se debe emprender.

Y, cómo no, también, es un “tiempo” para recobrar fuerzas físicas, psíquicas y espirituales…

2º. “Sintió compasión”
. Y, tras ese “tiempo con Jesús”, “al desembarcar”, volveremos a ver a una gran multitud, que nos deberá provocar -como a Jesús- “compasión”; y será necesario seguir evangelizando (pero “con renovadas fuerzas”).

No podemos quedarnos perpetuamente pasivos, ociosos… La misión está ahí; es urgente (que no agobiante). Para Jesús no hay tiempo que perder (Mc 1, 38-39).

. Sí, ante el gran gentío, Jesús, “sintió compasión de ellos”. El Señor les muestra a sus discípulos -y nos muestra- cómo debe ser el apóstol, revelando un rasgo de su rostro: ser “pastores con compasión”. La misión se debe llevar a cabo desde la “compasión” por las personas que están a nuestro alrededor, o sea “vivir con ellos su pasión”, sus inquietudes y esperanzas.

Así, pues, ya, tras el encuentro con el Señor en intimidad, no se es sólo “seguidor”; se comienza a ser “apóstol”, mensajero de la Buena Nueva, como Jesús, haciendo presente el Reino de Dios con gestos y palabras.

. Como vemos, la Palabra de Dios de este domingo se centra principalmente en la imagen del Buen Pastor. En Jesús se cumple la profecía de los profetas, como la de Ezequiel: “Yo mismo -dice el Señor- reuniré al resto de mis ovejas de todos los países…”. Cristo, en su vida, se mostró como ese Buen Pastor, siendo cercano y compasivo con la gente. Y -como nos expresa san Pablo en la Carta a los Efesios- Cristo, mediante la cruz, ha unido en un sólo pueblo a judíos y gentiles, dando muerte al odio.

La misión de Jesús es la de reunir, congregar, formar un nuevo Pueblo de Dios desde el amor…

. También nosotros, los seguidores de Jesús, estamos llamados a llevar a cabo esta misión con sus sentimientos de buen pastor, que en síntesis podemos concluir, diciendo:

. “contemplación” (descanso, retiro, oración, meditación…) . y “acción” (actividades evangelizadoras).

Feliz y fecundo verano con Jesús.

Usta Sánchez, sdb

Descansar y cansarse (Oración)

DESCANSAR Y CANSARSE

 

Hola Jesús. Aquí me tienes otra semana. A mí y a muchos niños y niñas en todo el mundo. imagino a todos esos niños de tantos lugares. De  mi ciudad, de mi país y de otros sitios, a veces muy lejanos. Cada uno somos distintos. A unos nos gustan unos juegos o unas comidas o unos equipos de fútbol y a otros les gustan otras cosas. Pero todos tenemos algo en común, somos tus amigos.

Jesús siempre habla a sus amigos, a veces les hace encargos. Otras veces les enseña y a veces, como hoy, les propone hacer algo juntos. Lee la lectura para descubrir qué te propone hoy.

Adaptación de Mc 6, 30-34:

Jesús estaba un día con sus amigos. Estaban cansadísimos, porque llevaban muchos días atendiendo a la gente que siempre necesitaba algo. Así que Jesús les propuso, “¿Por qué no nos vamos a un sitio tranquilo donde podamos descansar?” A ellos les pareció muy bien, porque a veces, de tanto trabajo que tenían, ni siquiera tenían tiempo para comer. Entonces se marcharon en barca, pensando en pasar un rato de juegos, de siesta, o lo que a cada uno le apeteciese cuando llegasen a la otra orilla . Pero cuando la gente vio que se iban, les siguieron, y cuando desembarcaron, ya estaban esperándoles. A Jesús le dieron pena, porque se dio cuenta de que necesitaban ayuda. Pensó que eran como un rebaño de ovejas que necesita al pastor. Por eso, en lugar de descansar, se puso a enseñarles.

A veces yo también me canso. Si he tenido que estudiar mucho o si he caminado demasiado. Si no he parado de hacer cosas… Y tú me propones que vaya a descansar contigo a algún lugar tranquilo.

Venid conmigo (canción)

Venid, venid conmigo a un lugar tranquilo y descansad en mi vuestro cansancio.

Dejad que os cure las heridas que el trabajo por el Reino os ha dejado.

Reponed con mi Pan vuestras fuerzas, con mi Vino alegrad el corazón.

Y ahora, venid, venid conmigo…

Venid conmigo interpretado por Ain Karem, «Busca mi rostro.»

Me gusta descansar contigo, Jesús. descanso contigo cuando estoy aquí, ahora, rezando. O cuando voy a misa, que es un momento para compartir tu mesa. O cuando aprendo algo de tu vida, o cuando canto alguna canción que habla de ti.

Fíjate en lo que les pasó a Jesús y sus amigos. Ellos querían descansar pero había mucha gente que necesitaban su ayuda y le siguieron. Entonces Jesús, que se preocupaba por ellos, se puso a enseñarles. Escribe ahora, o piensa, o di en voz alta alguna cosa que tú has aprendido de Jesús.

Jesús te propone que vayas con él, respóndele diciendo, quiero ir contigo.

Quiero ir contigo

Ven conmigo, a escuchar el evangelio y aprender de mí.
Ven conmigo, a celebrar la misa.
Ven conmigo, a atender a quien necesita ayuda.
Ven conmigo, a descansar después del esfuerzo.

 

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Comentario al evangelio (20 de julio)

El sábado y la curación que viene de Dios

El pasaje de la enfermedad grave del buen rey Ezequias nos sitúa ante un acontecimiento muy personal, con tremendas repercusiones en la vida del pueblo. Ezequias fue un rey piadoso que había vivido siempre de cara al Señor. Cayó imprevisiblemente enfermo, pero su fe le lanzó a suplicar ¡un poco más de salud! Mantuvo un precioso diálogo con su Dios. El Dios omnipotente es, a su vez, sumamente cercano: Yahvé se compadeció de Ezequias y reconoció de este modo su vida justa. Escuchó a quien siempre había vivido en alianza. Hay una preciosa bilateralidad entre Ezequias y Yahweh.

Ezequias representa al pueblo. Por eso, su curación tendrá repercusión en la vida del pueblo y la ciudad de Jerusalén. Ésta es protegida de las manos de los invasores. Y es que reconocer la cercanía de Dios en la vida personal es experimentar cómo irradia a nuestro alrededor, en nuestras relaciones personales, pero también institucionales.

Las palabras del salmista despiertan en nuestro corazón la belleza del sentimiento humano. Hablar con Dios es apasionarnos y manifestarle con toda la fuerza de nuestro interior qué experimentamos en cada acontecimiento.

Hoy damos un salto no sólo en el tiempo, no sólo teológico –como hacemos todos los días al pasar del Antiguo al Nuevo Testamento-. Hoy el salto también es temático. No sabemos por qué, pero la liturgia de este día nos presenta el asunto del sábado, tan importante para el pueblo judío.

El precepto de guardar el sábado fue establecido en recuerdo de la liberación de Egipto y como anticipo del descanso al final de los tiempos. Pero a partir del exilio de Babilonia se constituyó en una ley férrea, que en lugar de servir al ser humano, lo esclavizaba. En estas circunstancias, Jesús proclama que ninguna ley puede anteponerse a la práctica de la misericordia. La importancia que en este gesto se descubre, no es sólo estar por encima de la ley en aquello que considero de relevancia ética y que por tanto humaniza, sino la naturalidad con la que Jesús lo vive y lo transmite. No hace una apología de la anarquía, sino que con toda carga de lógica y sentido común se pone en la piel de lo que es, un hombre con capacidad de razón, con inteligencia, con anchura de corazón y con una libertad que supera toda norma.

Nosotros a veces nos dejamos llevar del cumplimiento, de la norma, de lo legítimo y sin embargo cuántas situaciones serían mucho más llevaderas y holgadas, generarían más paz si las viviéramos con este talante de Jesús: siempre por amor cualquier norma es superable.

¿Soy consciente de esta verdad? Que la Santa Ruah, vivificadora y renovadora de todo, penetre nuestra inteligencia para relativizar lo que nos paraliza y lanzarnos hacia aquello que nos hace crecer en humanidad.