I Vísperas – Domingo XVI del Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desead la paz a Jerusalén.

Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

Ant 2. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Salmo 129 – DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Pe 1, 19-21

Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Venid conmigo a retiraros a un lugar apartado y descansad un poco», dice el Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Venid conmigo a retiraros a un lugar apartado y descansad un poco», dice el Señor.

PRECES

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre
no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio
sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones
para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión
y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad
con María y con todos tus santos.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Mira con misericordia a estos tus hijos, Señor, y multiplica tu gracia sobre nosotros, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y el amor, perseveremos en el fiel cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 21 de julio

Lectio: Sábado, 21 Julio, 2018
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 12,14-21
Pero los fariseos, en cuanto salieron, se confabularon contra él para eliminarle.
Jesús, al saberlo, se retiró de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos. Y les mandó enérgicamente que no le descubrieran; para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías:
He aquí mi Siervo, a quien elegí,
mi Amado, en quien mi alma se complace.
Pondré mi Espíritu sobre él,
y anunciará el juicio a las naciones.
No disputará ni gritará,
ni oirá nadie en las plazas su voz.
La caña cascada no la quebrará,
ni apagará la mecha humeante,
hasta que lleve a la victoria el juicio:
en su nombre pondrán las naciones su esperanza.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy consta de dos partes entrelazadas entre sí: (1) Describe las diferentes reacciones de los fariseos ante la predicación de Jesús; (2) describe cómo Mateo ve en esta reacción diferente la realización de la profecía del Siervo de Yahvé, anunciado por Isaías.
• Mateo 12,14: La reacción de los fariseos: deciden matar a Jesús. Este versículo es la conclusión del episodio anterior, en el que Jesús desafía la malicia de los fariseos curando al hombre que tenía la mano atrofiada (Mt 12,9-14). La reacción de los fariseos fue ésta: “Salieron y se confabularon contra Jesús, para matarle”. Llegó así la ruptura entre Jesús y las autoridades religiosas. En Marcos, este episodio es mucho más explícito y provocador (Mc 3,1-6). Dice que la decisión de matar a Jesús no era sólo de los fariseos, sino que también de los herodianos (Mc 3,6). Altar y Trono se unieron contra Jesús.
• Mateo 12,15-16: La reacción de la gente: siguen a Jesús. Cuando supo de la decisión de los fariseos, Jesús se fue de ese lugar. La gente le sigue. Aún sabiendo que las autoridades religiosas decidieron matar a Jesús, la gente no se aleja de él, y le sigue. Le siguieron muchos y curó a todos. Y les mandó enérgicamente que no le descubrieran. La gente sabe discernir. Jesús pide para que no divulguen demasiado lo que está haciendo. Contraste grande. Por un lado, el conflicto de vida y muerte entre Jesús y las autoridades religiosas. Por otro lado, el movimiento de la gente deseosa de encontrarse con Jesús. Eran sobre todo los excluidos y los marginados que venían donde él con sus males y sus enfermedades. Los que no eran acogidos en la convivencia social de la sociedad y de la religión, eran acogidos por Jesús.
• Mateo 12,17: La preocupación de Mateo: Jesús es nuestro Mesías. Esta reacción diferente de parte de los fariseos y de la gente lleva a Mateo a ver en esto una realización de la profecía del Siervo. Por un lado, el Siervo era perseguido por las autoridades hasta el punto de ser escupido en el rostro, pero no volvía el rostro atrás, sin avergonzarse, y puso su rostro como un pedernal (Is 50,5-7). Por otro lado, el Siervo era buscado y esperado por la gente. Las multitudes de las islas distantes esperaban su enseñanza (Is 42,4). Era exactamente esto lo que estaba aconteciendo con Jesús.
• Mateo 12,18-21: Jesús realiza la profecía del Siervo. Mateo trae por entero el primer cántico del Siervo. Lee el texto bien despacio, pensando en Jesús y en los pobres excluidos hoy:
He aquí mi Siervo, a quien elegí,
mi Amado, en quien mi alma se complace.
Pondré mi Espíritu sobre él,
y anunciará el juicio a las naciones.
No disputará ni gritará,
ni oirá nadie en las plazas su voz.
La caña cascada no la quebrará,
ni apagará la mecha humeante,
hasta que lleve a la victoria el juicio:
en su nombre pondrán las naciones su esperanza.
4) Para la reflexión personal
• ¿Conoces un hecho en que las autoridades religiosas, en nombre de su religión, decidieron perseguir y hasta matar a personas que como Jesús hacían el bien a la gente?
• Jesús es el Siervo de Dios. Y hoy ¿nuestra Iglesia, nuestra comunidad, yo, somos siervos de Dios para la gente? ¿Qué nos falta?
5) Oración final
¡Qué admirable es tu amor, oh Dios!
Por eso los seres humanos
se cobijan a la sombra de tus alas;
se sacian con las provisiones de tu casa,
en el torrente de tus delicias los abrevas (Sal 36,8-9)

Seamos buenas ovejas de Cristo y buenos pastores de los demás

1. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado… Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Todos los cristianos debemos sentirnos, interior y exteriormente, buenos discípulos, buenas ovejas, de nuestro único pastor, que es Cristo. Cristo debe ser para nosotros nuestro único camino, nuestra única verdad y nuestra única vida. Es evidente que, a lo largo de nuestra vida, tenemos otros guías y maestros, como son nuestros padres y educadores, pero cuando ya somos personas cristianas adultas y responsables debemos considerar a Cristo como nuestro único pastor, el que nos marca, en cada caso concreto, el camino que hemos de seguir, la verdad en la que debemos creer y la única vida que debe vivir plenamente dentro de nosotros. Pero no debemos olvidar que también cada uno se nosotros somos en muchas ocasiones pastores y guías de otras personas. Como padres, o como educadores, o como amigos, o simplemente como compañeros de las personas con las que convivimos. Todos, queramos o no, influimos en las personas con las que nos relacionamos. Y si queremos ser buenos cristianos debemos de intentar influir en ellos también cristianamente en los demás. Con nuestras palabras y con nuestro ejemplo. Sobre todo, de aquellas personas a las que veamos, de una manera o de otra, descarriadas, es decir, apartadas del único pastor verdadero que es Cristo. Debemos hacerlo siempre con amor y con mansedumbre, no pensando principalmente en nuestro propio bien, sino pensando siempre en el bien de esas personas a las que consideramos apartadas de Cristo. Con nuestras palabras y con nuestro ejemplo, como ya hemos dicho, y también con nuestra oración. Las personas que seguían tan ansiosamente a Jesús lo hacían porque veían en él un auténtico guía y un auténtico pastor. Que cuando los demás nos ven a nosotros, nos vean también así: como a personas interesadas sinceramente por su bien, por el bien que Cristo vino a traernos a todos.

2. Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño… Mirad que llegan días en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. El profeta Jeremías se queja amargamente de los reyes y autoridades de Israel que gobiernan pensando en su propio bien, no en el bien de las personas gobernadas por ellos. Le dice al pueblo que no se desanime, porque Dios suscitará un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra. También nosotros tenemos en nuestro tiempo motivos suficientes para quejarnos de nuestras autoridades, pero no olvidemos que estas autoridades han sido autoridades elegidas por nosotros mismos. Por eso tenemos una gran responsabilidad en la elección democrática de los que nos van a gobernar. En esta sociedad de partidos políticos en la que nosotros vivimos, los votantes tenemos la grave obligación de votar al partido que mejor vaya a defender las verdades cristianas que nosotros defendemos.

3. Hermanos: ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. San Pablo les dice a los cristianos de Éfeso que Cristo con su vida y con su muerte ha unido a los judíos con los gentiles. Ya no hay distinción entre unos y otros por motivos del cumplimiento de la ley mosaica; a partir de ahora es la fe y la creencia en Cristo lo que une a los dos pueblos. Esto mismo es lo que debemos hacer ahora los cristianos en nuestras relaciones con personas que pertenezcan oficialmente a otras religiones, o a otros pueblos. Todas las personas que crean en Cristo son hermanos nuestros. En nuestros deseos de ecumenismo no debemos fijarnos tanto en los ritos que nos separan, sino en la fe que nos une. Cristo debe ser nuestra paz, nuestra amistad verdadera, con todos los que desean vivir según el evangelio de Cristo El actual Papa Francisco debe ser, en este tiempo, nuestro modelo religioso.

Gabriel González del Estal

El extraordinario corazón humano de Jesús

Hoy me conmueve, querido amigo, la humanidad de Jesús profundamente, su entrega sin descanso, sobre todo su enorme corazón compasivo. Vamos a escuchar lo que nos dice el texto de Marcos 6,30-34 para adentrarnos profundamente en el encuentro. Lo escuchamos:

Reunidos los apóstoles con Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado, y les dice: “Venid vosotros solos a un lugar apartado y descansad un poco”,pues eran muchos los que iban y venían y no les quedaba tiempo ni para comer. Se fueron pues en la barca a un lugar apartado ellos solos. Al verlos marchar, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades corrieron allá a pie y se les adelantaron. Al desembarcar vio una gran muchedumbre y se llenó de compasión porque estaban como ovejas sin pastor. Y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Después de escuchar esta secuencia de la vida de Jesús, se me graban varias frases que me impresionan y me llevan al encuentro. La primera es una frase que mellama mucho la atención: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. La segunda: “No encontraban tiempo ni para comer”. La tercera: “Le dio lástimade esa multitud que andaba como ovejas sin pastor”. Y la última que me impresiona mucho también: “Y les enseñaba con calma”.

Querido amigo, vámonos con Él a aprender a ser como Él y a aprender a tener ese corazón tan humano y tan bueno como el que tenía Jesús. Hoy le encontramos que está solo. Sus discípulos han estado predicando —que ya los llama “apóstoles” conrazón, porque los envía, como enviados—, han estado predicando por varios pueblos y Él ha asistido, ha oído la muerte de Juan Bautista. Está solo. En esto que ya llegan sus discípulos, que por primera vez han ejercido el oficio de enviados, vienen a contarle contentos de la misión que han tenido, a darle cuenta a Jesús de todo lo que les ha pasado y todo lo que ha sucedido en este primer paso de predicadores. Dice el texto que llegándose a Él “le contaron todo cuanto habían hecho y enseñado”.

Pero fijaos y fíjate, querido amigo, que cuando Jesús ve que llegan así —los ve fatigados, los ve cansados—, ¿qué les dice?: “Vamos, venid aparte a descansar a un sitio tranquilo”. Me llama mucho la atención. Me gusta esta actitud de Jesús, pero me hace pensar muchísimo, porque —y me dirijo directamente a Jesús—: Jesús, Tú quieres siempre que después de la actividad, después de todo ese activismo que llevamos, las prisas, el horario, el tiempo…, que no nos dejemos arrastrar por él, que necesitamos descanso, que necesitamos la charla amistosa contigo, un diálogo sosegado contigo, una calma contigo. Nos dices cómo: “Ven, ven a descansar conmigo a un sitio tranquilo”. Cuántas veces también me dejo llevar de esta prisa y no encuentro espacios para hablar contigo, para descansar. Jesús no quiere eso: quiere el trabajo y la soledad, el trabajo y el diálogo contigo y con tu Padre. Me lleva mucho a pensar en mi vida, en mis días rápidos, en mis momentos, en mi estrés, en mis tiempos muertos también, que como egoísta quiero hacer y hacer y hacer… y no tengo ni calma para estar contigo, dejándome arrastrar por ese activismo tonto que me vacía totalmente.

Y seguimos con Jesús: vemos que deja ya Cafarnaún. Era imposible estar ahí, está muy cerca la Pascua, hay mucha agitación y se convierte en una ciudad de muchojaleo y de mucho ruido, y por eso les dice que “a un sitio tranquilo”. Como decíamos,después del ruido, del jaleo, del trabajo, del ir y venir, de la prisa, del horario… a Jesús, a un sitio tranquilo: “Venid y descansad… Venid y descansad… Acudid a mí todos losque estáis cansados y fatigados que Yo os aliviaré”. ¿Y a dónde se dirige Jesús? DejaCafarnaún y se dirige a un lugar apartado del territorio de Betsaida. Coge la barca con sus discípulos y se dirigen al otro lado de Galilea, que es Tiberíades. Allí hay una planicie solitaria y allí con sus discípulos quieren estar con tranquilidad.

Pero ¿qué ocurre? Se corre la voz, se corre la noticia de que está Jesús. Se adelanta la gente, la multitud corre de un lado para otro y concurren antes de que ellos llegaran allí. La fama de sus milagros, la fama de cómo es Él, cómo predica, se extiende. Y al tomar tierra se da cuenta de que hay una gran cantidad, una multitud de personas que están deseosos de escucharle. El Señor sube a una pequeña colina y desde allí ve a toda esta gente, contempla esta multitud enorme, que esperan su llegada. Y cuando está ahí se conmueve, se compadece de ellas. Se compadece porque ve que son “como ovejas que no tienen pastor”. ¿Qué pastores tenía esta gente? Ninguno. Exigencias, leyes, autoridades, pero cuidado de ellos, ninguno. Y a Él le da lástima. ¡Qué corazón tan bueno tienes, Jesús! Compadecerme, sentir con el otro, ver a la gente, ver el sufrimiento, ver la multitud.

Ya no pueden descansar, ya no pueden; querían descansar, pero no pueden. ¿Qué pasa? Que ante esta situación, Jesús deja ese descanso y se pone a atender a toda esta gente. Comienza a explicarles, a hablarles, porque les da lástima. Esta humanidad de Jesús me sorprende. Les quiere alimentar. Cuando le buscan es que tienen hambre: tienen hambre de Él, tienen hambre de amor, hambre de liberación. Jesús primero les da el alimento espiritual, para más tarde —como ya veremos— les va a dar el alimento corporal. Así es Jesús, así es Jesús… Se compadece pero les da todo: les da el alimento, les llena de vida, les da toda la fuerza. Esta expresión “le diolástima” me hace pensar en un corazón sensible, un corazón que ama, un corazón que sufre con el que sufre, que le da pena, que no es frío, que no es duro. Y pienso, querido amigo, en ti y en mí: cuántas durezas, cuántas frialdades, cuántas insensibilidades antelos demás… «Bah, no soy yo, y como no soy yo, no me preocupo».

Y qué imagen tan bonita: “como ovejas sin pastor”. ¿Quién es el pastor verdadero sino Tú, Señor? Estaban sin ti, te buscaban. ¿Te busco yo también así? ¿Me compadezco de los demás también así? ¿Tengo esa sensibilidad como Tú? ¡Qué lección tan grande en este encuentro, Señor! Quiero sentir lo que Tú sentías, dámelo a comprender, dámelo a sentir. Que yo sepa ser sensible y que sepa estar siempre en servicio, que sepa ofrecer ese pan de la palabra, ese pan de mi vida, ese encuentro con el otro. La gente, las personas no entienden que Tú estás cansado, que Tú estás con tus discípulos para descansar, necesitan de ti, necesitamos de ti, se aglomeran a tu alrededor y ansían tu palabra, quieren oírte porque Tú les hablas con autoridad, Tú les hablas con amor, Tú no eres una persona que no les deja paz.

Y a pesar del cansancio, otra expresión que me impacta muchísimo: “Lesenseñaba con calma”. ¿Cómo es mi trabajo? ¿Cómo es mi entrega a los demás? ¿Cómo es lo que yo hago por los demás? ¿Sé dar a los demás con calma…, escuchar…, amar…, meterme en la piel del otro y en los zapatos del otro? Escucharles ahí… El mundo, laspersonas que me rodean tienen hambre de escucha y tienen hambre mía, por eso hoy, Jesús, quiero aprender la lección de no-prisa, de no-ajetreo, de no-reloj. Quiero amarte con calma y amar al otro con calma, escucharte con calma y escuchar al otro con calma, preocuparme del otro y preocuparme del cansancio de los demás. ¡Cuántas veces, Jesús, nos has dicho: “Venid a mí los que estáis preocupados y cansados, que Yo osaliviaré”! Así es Jesús.

Este encuentro me llena de amor, de ternura, de emoción, de sensibilidad. Hazme un corazón sensible para los demás, hazme un corazón fuerte para darles la palabra, el buen alimento. Señor, dame esa vida de paz, de calma, sin prisas, que oriente a los demás, no que desoriente ni que altere a los demás. Así eres Tú, Jesús. Quiero aprender de ti esta lección. Me quiero sentar también ahí para escucharte y cuando pase el día, ¡qué bonito es al finalizar el día volver otra vez al encuentro! Me despierto en el encuentro y me duermo en el encuentro. Y ahí en el encuentro te cuento y te pregunto cómo he pasado el día, Jesús, en qué te he ofendido, qué es lo que he hecho que no está bien, en qué te he agradado, qué quieres que haga más…Este encuentro es para estar con Él ahí.

Nos metemos en la barca también con los apóstoles, vemos a ese Jesús que mira a cada uno y me mira a mí. ¡Qué de trabajo, qué de preocupaciones, cuánto te afanas! Y sólo una cosa es necesaria… ¡Cuánto afán! Descanso con Él, me quedo en la planicie, en la colina contigo, veo cómo miras Tú a los demás, al mundo, a todas las personas. Y veo cómo hablas… y me lleno de tu paz… y aprendo… y escucho… y amo…para salir escuchando, amando, entregándome. El apóstol no tiene descanso, el apóstol está siempre. El que evangeliza siempre está en servicio, siempre está entregado. Pero no nos podemos entregar si antes no nos hemos recuperado en la amistad y en el corazón tuyo.

Que yo aprenda a ser así: humano, sensible, evangelizador, testigo y amoroso en mi forma de darte a los demás. Enséñame, Señor, a vivir la vida desde ti y contigo y para ti y para los demás. “Venid a descansar… Venid a descansar a un sitio tranquilo” y “andaban como ovejas sin pastor”, porque “no tenían tiempo ni para comer” y “les enseñaba con calma”. En la paz, en la calma de tu corazón aprendo toda la lección quehoy me das. Ser Marta y ser María; sentarme a tus pies para recibir tu palabra y aprender a ser buen pastor y para aprender también a sensibilizarme de todas las personas que sufren y que necesitan mi vida, mi servicio, mi entrega desinteresada continuamente en el contacto que yo tenga con ellas.

Que así sea. Y que la Virgen, la Madre que escuchó, que supo hacer silencio, que supo acudir continuamente, me enseñe a trabajar, a descansar en su corazón, estar en servicio y compadecerme de todas las necesidades de los demás. La paz, la calma, el silencio y el amor llenen este encuentro. Nos quedamos saboreándolo en el amor de su corazón.

Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

21.- Las desilusiones y las ilusiones de Dios

«… Viendo a lo lejos una higuera que
tenía hojas, fue allá por si encontraba
algo en ella, y cuando llegó nada halló,
sino hojas…» (Mc 2, 18ss).

Señor
Tus palabras en el evangelio suelen ser palabras de aliento y esperanza.
Pero a veces tus palabras son también severas, terriblemente serias.
Por ejemplo, cuando un día maldijiste una higuera porque no daba fruto.
Y tenías presente a muchos de nosotros que estamos simbolizados en ella.

Señor
Ayúdame a comprender que es por tu bondad y por deseo de ayuda que sigues siendo exigente conmigo.
Y enséñame con tu ayuda a saber ser exigente conmigo mismo, para corresponder a tus demandas.
En definitiva, para llegar a dar el fruto que tú esperas de mí y que tienes derecho a exigir porque todos los hombres somos heredad tuya. 

Señor
Desde que nos creaste y plantaste en la viña de este mundo, que es tuyo, vienes cada año —cada día— a ver qué tal vivo, qué hago, qué frutos doy.
Y tú que lo das todo, lo creas todo, también pides y buscas qué te podemos dar como fruto del trabajo de vivir.
Sé que no lo necesitas para ti; sé que lo pides, buscas y exiges para bien de los demás y para mi propio bien. 

Señor
Sé que no te contentas con exterioridades de hojas por grandes y hermosas que sean.
Sé que la fachada, el estilo, la estética, lo que es decoración, por hermoso que pueda ser a los ojos del mundo, no te basta, ni te satisface si no es expresión de algo más.
Tú esperas un fruto que salga de dentro, que proceda de la sustancia misma, que lleve la riqueza del espíritu. Varias veces repites con desilusión que no hallaste en la higuera lo que esperabas encontrar. 

Señor
Que no me pase por alto esta sencilla lección de la higuera:
No te bastan hojas, quieres fruto; no te bastan exterioridades, quieres algo más profundo, interior, sustancial.

No quieres estilos decorativos que no encierran dentro ninguna profundidad de pensamiento, ni de sentimiento.
Quieres fondo, no mera forma; quieres el fruto del espíritu interior, no la forma externa vacía y superficial. 

Señor
Esta es la historia de muchas vidas humanas: no dan fruto porque no saben que son hijos del padre de los cielos.
No conocen su identidad verdadera, ni saben que son príncipes reales de este mundo creado. No pasan de creer que son los dominadores de este mundo material y visible de las cosas que se ven y se palpan. 

Señor
Por esto, su trabajo es mejorar lo material, producirlo, multiplicarlo y consumirlo.
Por esto su fruto es transformar las cosas materiales, más que crear otros bienes mejores desde el espíritu interior.
Por esto hemos llegado a creer que producir hojas era ya producir frutos. 

Señor
Sé que tu corazón esperaba este ruego del agricultor que pedía dejarnos aún algún corto tiempo —»este año»— y probar otros medios mejores —»cavar alrededor… y echar estiércol»— con la esperanza —»… a ver si…»— de que llegásemos a dar fruto.
Sé que estás dispuesto a darme una nueva oportunidad porque muchos han pedido esto a mi favor.
Las oraciones constantes de los familiares y amigos intercediendo por mí son muchas.
Y sé que gracias a ellas vivo y puedo mejorar mi vida. 

Señor
Gracias por conservarme aún la vida sobre este mundo.
Pero con las gracias, déjame pedirte tu ayuda especial en forma de iluminación y de fuerza. Luz para conocerme y reconocerte dentro de mí.
Y fuerza para exigirme desde la voluntad a trabajar en mi vida interior y dar fruto espiritual.

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

21. El designio del Padre es Cristo, y nosotros en él. En último término, es Cristo amando en nosotros, porque «la santidad no es sino la caridad plenamente vivida»[24]. Por lo tanto, «la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya»[25]. Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo.


[24] Benedicto XVI, Catequesis (13 abril 2011): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (17 abril 2011), p. 11.

[25] Ibíd.

Domingo XVI de Tiempo Ordinario

Ante la inoperancia de los sacerdotes judíos Dios, tras recriminarles por su despreocupación por el pueblo, se hace cargo personalmente de la orientación del pueblo y les habla de alguien que en el futuro les pastoreará con toda dedicación y competencia. (1ª lectura: Jer. 23, 1-6)

Jesús, el prometido en el primer texto, siente la desorientación en la que está sumida la humanidad y se ofrece como su Buen Pastor. Es lo que hemos escuchado en la 3ª lectura (Mc. 6 ,30-34)

San Pablo, 2ª lectura (Ef. 2, 13-18) señala la más profunda razón para trabajar sin descanso por conseguir una de las más importantes metas de la humanidad: el reconocimiento de la unidad del género humano y su igualdad en dignidad y derechos.

San Pablo nos recuerda que fue Jesús quien superando toda diferencia afirmó que el pueblo judío, que se consideraba el feudo de Dios, y los gentiles, a quienes se consideraba enemigo, forman una unidad porque todos hemos sido reconciliados por Él, teniendo todos acceso al Padre en un mismo Espíritu.

Traducido a un lenguaje moderno esto significa que todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos porque todos somos igualmente hijos de Dios, redimidos por el mismo Jesús, e iluminados por el mismo Espíritu.

Es un principio fundamental que ha tardado mucho tiempo y muchas lágrimas en abrirse paso en el mercado universal de las ideas.

Hubo una época en la que la esclavitud más bestial estaba reconocida como legítima. No obstante su elevada civilización Atenas y Roma la defendían sin restricciones. Posteriormente y hasta hace muy poco tiempo se ha aceptado la esclavitud como perversa interpretación de la diferencia entre blancos y negros. El color de la piel “justificaba” que se les tratara como animales en los trabajos más inhumanos. Hoy se sigue haciendo también con otros colores de piel además de la negra.

Todavía hace poco, históricamente hablando, que Martín Luther King “soñaba con unos tiempos en los que los negros fueran reconocidos como personas”.

Hasta 1776 en la declaración de los derechos de Virginia no se leían frases tan esperanzadoras como estas: “Todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes…”(art. 1ª)
Un poco después, 1789 la Declaración francesa de los derechos del hombre y ciudadanos insistía en la misma idea: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”

No fueron suficientes. En 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas, tras los sangrientos acontecimientos de la segunda guerra mundial, volvía a insistir en que “Todos los hombres nacen iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón deben tratarse fraternalmente los unos con los otros” (Art. 1º)

Parece mentira que haya que decir solemnemente, y por cierto con tan poco éxito, cosas como que todos somos iguales y que debemos tratarnos fraternalmente.

Parece mentira pero por desgracia, en pleno siglo XXI sigue siendo un sueño el de Luther King: no ha llegado la época en la que todos los humanos nos consideremos cercanos unos de otros.

Deberíamos seguir el ejemplo de Jesús y hacer caso al consejo que dio a sus Apóstoles: retirarnos a un lugar tranquilo para poder repensar con sosiego y profundidad sobre la unidad del género humano basada radicalmente en que todos, absolutamente todos, somos igualmente hijos de Dios.

Sin embargo, lamentablemente, esta solución parece excluirse de los planes de la moderna civilización que se gloría de ser laica, sin contar con Dios para nada.

Está muy de moda lo de la sociedad laica. A muchos se les llena la boca con semejante descubrimiento. Si con ello se quieren evitar las teocracias en el sentido torpe y antievangélico en que se ha entendido en muchas ocasiones, incluso por la suprema Jerarquía de la Iglesia, habría que reconocer que la idea es acertada pero no nueva dentro del auténtico pensamiento cristiano. Jesús JAMÁS pensó en teocracias, todo lo contrario. Pensó en una comunidad creyente en su evangelio dispuesta a servir a los demás desde el campo en el que cada uno se desenvuelva. Es más, condenó los estados de poder en los que gobernar fuera dominar a los demás. Se lo dijo expresamente a los Apóstoles y a todos nosotros: No así entre vosotros. Quien quiera mandar sea el servidor de todos. Como Yo que no he venido a ser servido sino a servir.

Si por estado laico, de laicos y laicas, se entiende que hay que eliminar una de las fuentes más sólidas de la fraternidad universal, estamos dando, una vez más, pasos en una dirección equivocada. Totalmente equivocada como solución de un mundo en el que está prohibida la esclavitud pero en el que muchos millones de seres humanos viven en la más espantosa miseria, ignorancia y explotación.

Se buscan soluciones políticas. Está bien. Es la misión de los políticos resolver, no crear, los problemas de la humanidad, pero la situación desgraciada de esta pobre gente debe ser preocupación de todos. Si los países ricos, nosotros por ejemplo, bajáramos nuestros niveles de vida, fuéramos más sobrios en nuestros gastos superfluos; pensáramos menos en enriquecernos nosotros y más en ayudar a los demás; nos sintiéramos de verdad cristianos, hermanos de todos los seres humanos, esas gentes podrían alzarse de su miseria y comenzar a vivir una vida digna de persona humana.

Es perfectamente legítimo luchar por vivir bien, ¡por supuesto! Hemos de acabar con la idea falsamente evangélica de la pobreza para parecernos a Jesús que no tenía donde reclinar la cabeza. Dios no quiere la pobreza ni la tristeza para nadie, sino la felicidad para todos, pero eso, para todos, no solo para unos cuantos y jamás a expensas de otros convertidos en esclavos reales.

No olvidemos las auténticas enseñanzas del Evangelio. Aprendamos de él porque son el remedio definitivo y básico de todo el progreso de la humanidad. Su pensamiento es claro: que todos los que vivimos en países ricos vivamos un poco más austeramente para que los que “moran”, que no viven, en países pobres puedan vivir un poco menos miserablemente. No se trata de parches sino de una nueva actitud ante los bienes materiales y su reparto, según el programa universal de Dios creador del mundo. Dios pensó en el mundo como un lugar en el que todos pudiéramos vivir fraternalmente. Un mundo que fuera una agradable habitación de todos y para todos.

No lo convirtamos con nuestro egoísmo en una parcela particular donde solo pueden vivir unos cuantos, aunque entre esos cuantos estemos nosotros.

Escuchemos las soluciones políticas pero sin olvidar que la gran solución es aceptar de verdad la fraternidad universal consecuencia de que todos somos igualmente hijos de Dios, que viven en un mundo creado para todos. AMÉN.

Pedro Sáez

La solicitud de Jesús

1. Jesús se preocupa al mismo tiempo de los «apóstoles» y de la «muchedumbre». Por una parte, los discípulos tienen necesidad de retirarse de vez en cuando a un «lugar desierto y apartado»: su actividad les agobia y puede hasta desfondamos; Jesús les invita a descansar, para recuperar precisamente el sentido de la misión. Por otra parte, la muchedumbre es digna de «lástima», porque no están a su cargo buenos servidores ni tienen los pobres qué comer. Jesús les multiplicará el pan y será el supremo servidor. Y el pueblo, naturalmente, sabe «reconocer» a sus propios pastores, es decir, a los que tienen gestos reales de justicia y pronuncian palabras proféticas de verdad.

2. El compromiso precede a la palabra, y la vida cristiana está antes que la reflexión. Pero la enseñanza cristiana del evangelio va ligada a la acción en función de las necesidades del pueblo; el Evangelio no es para unos cuantos privilegiados, sino para todos. Sin embargo, el pueblo siempre está abandonado a su suerte, y en tiempos de Jesús se encontraba despojado de sus propias tierras, alejado del templo y de la sinagoga por impuro, despreciado por sus propios jefes por ignorante, y desorientado por los falsos mesías.

3. La tarea pastoral es evidente: hacer que el pueblo sea pueblo de Dios en estado de comunidad. De ordinario, el pueblo está sin organizar, escaso de recursos, aquejado de padecimientos indebidos y manipulado por los que se consideran sus servidores, pero que, de hecho, actúan como amos. A la inculturación popular del mensaje se une la encarnación de los apóstoles en el seno del mismo pueblo. Una Iglesia que no es del pueblo no es verdadera Iglesia.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Es nuestra Iglesia una Iglesia del pueblo?

¿Están nuestros pastores al servicio del pueblo?

Casiano Floristán

Como ovejas sin pastor

El evangelio del domingo anterior nos relataba la misión que Jesús confiere a sus discípulos. El presente texto evangélico profundiza el tema del pastor, de aquel que tiene una responsabilidad hacia los otros.

Los «pobres del país»

Cumplida una etapa de su tarea, los discípulos se reagrupan en torno al Señor para hacer un balance de lo realizado (Mc 6, 30). Con firmeza y ternura, Jesús los invita «a descansar un poco» (v. 31), porque las solicitaciones eran muchas «y no encontraban tiempo ni para comer» (v. 31), anota Marcos siempre atento a ese hecho. Se trata de un rasgo humano del Señor que es necesario valorar en toda su sencillez y significado.

Pero, como lo saben todos aquellos que toman seriamente su tarea pastoral, no hay «sitio tranquilo» (v. 32) para quienes deben dar testimonio del evangelio. Las gentes acudieron de todas partes, llegando incluso antes que ellos al sitio al que se dirigían (cf. v. 33). Nuevamente, aquí Marcos nos presenta una reacción profundamente humana de Jesús. Al ver a aquellos que se acercaban, ávidos de escuchar la palabra, al Señor «le dio lastima de ellos» (v. 33). Se acabó el descanso prometido y merecido. Ante quienes estaban «como ovejas sin pastor» (v. 34), el Señor es sensible; por ello «se puso a enseñarles con calma» (v. 34).

Estas ovejas sin pastor son los pobres de la Palestina de entonces, «los pobres del país» —así son llamados en la Biblia—, considerados ignorantes y sin remedio por los escribas y fariseos. Pobres porque pecadores, decían los grandes y poderosos. De ellos se ocupa en primer lugar Jesús. El vino sobre todo por los últimos de la sociedad; presta atención, interrumpiendo incluso su legítimo descanso, a aquellos que no interesan a nadie. Son sus predilectos.

Los malos pastores

El texto de Jeremías nos trae el rechazo de Dios a los pastores que, lejos de unir, dispersan; a quienes no se preocupan por las necesidades de los que están bajo su responsabilidad. Tienen cargo de pastores, pero no cumplen su misión (cf. Jer 23, 2). De espaldas al pueblo al que fueron enviados, usufructúan los privilegios y honores con que ellos mismos han querido rodear la responsabilidad que el Señor les encomendó. Entretenidos en sus malas acciones (cf. v. 2), en sus tejes y manejes, olvidan para qué están donde están. Ellos no son de los que cortarán su descanso por ir hacia «los pobres del país».

La respuesta de Dios no se hará esperar. El mismo asumirá la tarea, reunirá las ovejas dispersas (cf. v. 3) y les dará nuevos pastores que de verdad se ocupen de ellas (cf. v. 4). Esos nuevos pastores tendrán como modelo a aquel que Dios enviará para hacer «justicia y derecho en la tierra» (v. 5). La justicia y el derecho en la Biblia expresan la voluntad de Dios. Por esa razón el enviado será llamado «Señor—nuestra—justicia» (v. 6).

El creará «un solo hombre nuevo, haciendo las paces» (Ef 2, 15). A eso estamos convocados los cristianos, a tener compasión (es decir, «sentir con») de los pobres, a no traicionar la tarea que el Señor nos confiere, a construir una paz basada en la justicia y para acercarnos libremente «al Padre con un mismo Espíritu»(Ef 2, 18).

Gustavo Gutiérrez

La mirada de Jesús

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharles con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?

Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. «Al desembarcar, Jesús vio la multitud, se conmovió porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma».

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque han interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos y muchas. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: «andan como ovejas sin pastor». La enseñanza que reciben de los maestros y letrados de la ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

Movido por su compasión, Jesús «se pone a enseñarles con calma». Sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios y su proyecto humanizador del reino. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús.

José Antonio Pagola