I Vísperas – Santiago, apóstol

SANTIAGO APÓSTOL, PATRONO DE ESPAÑA
Solemnidad

Testigo especial de la transfiguración y de Getsemaní, es el protomártir de los apóstoles.

INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO
Pues que siempre tan amado
fuiste de nuestro Señor,
Santiago, apóstol sagrado,
sé hoy nuestro protector.

Si con tu padre y con Juan
pescabas en Galilea,
Cristo cambió tu tarea
por el misionero afán.
A ser de su apostolado
pasas desde pescador:
Por el hervor del gran celo
que tu corazón quemaba,
cuando Cristo predicaba
aquí su reino del cielo,
«Hijo del trueno» llamado
fuiste por el Salvador.

Al ser por Cristo elegido,
por él fuiste consolado,
viéndole transfigurado,
de nieve y de sol vestido
y por el Padre aclamado
en la cumbre del Tabor.

Cuando el primero a su lado
en el reino quieres ser,
Cristo te invita a beber
su cáliz acibarado;
y tú, el primero, has sellado
con tu martirio el amor.

En Judea y Samaría
al principio predicaste,
después a España llegaste,
el Espíritu por guía,
y la verdad has plantado
donde reinaba el error. Amén.

SALMO 116
Ant. El Señor llamó a Santiago y lo hizo su compañero, para enviarlo a predicar.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor llamó a Santiago y lo hizo su compañero, para enviarlo a predicar.

SALMO 147
Ant. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se transfiguró delante de ellos.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden,
y se derriten;
sopla su aliento,
y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se transfiguró delante de ellos.

CÁNTICO
Ant. Tú fuiste, Santiago, el primero, entre los apóstoles, que derramaste tu sangre para fecundar la Iglesia. Aleluya.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Ant. Tú fuiste, Santiago, el primero, entre los apóstoles, que derramaste tu sangre para fecundar la Iglesia. Aleluya.

LECTURA: 1Co 4, 15
Tendréis mil tutores en Cristo, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús.

RESPONSORIO BREVE
R/ En esto conocerán todos que sois mis discípulos.
V/En esto conocerán todos que sois mis discípulos.

R/ En que os amáis unos a otros.
V/ Que sois mis discípulos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/En esto conocerán todos que sois mis discípulos.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Astro brillante de España, apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Astro brillante de España, apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros. Aleluya.

PRECES
Oremos, hermanos, a Dios, nuestro Padre, y pidámosle que, por intercesión del apóstol Santiago, proteja a nuestra nación y bendiga a todos los hombres; digamos:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Padre Santo, tú que dispusiste que nuestra nación fuera protegida por el apóstol Santiago,
– concede a cuantos en ella moran ser fieles a su mensaje evangélico.

Padre santo, bendice a la Conferencia episcopal de nuestra nación y derrama tu Espíritu sobre nuestros obispos,
– para que con celo propaguen el mensaje apostólico.

Padre Santo, haz que nuestros gobernantes y cuantos les asisten
– gobiernen con rectitud y trabajen para el bien de todos.

Padre Santo, derrama tu Espíritu sobre nuestro pueblo,
– para que todos vivamos en mutua comprensión y cumplamos con lealtad nuestros deberes cívicos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Padre Santo, que quisiste que el apóstol Santiago fuera el primero, entre los apóstoles, en gozar del reino de tu Hijo resucitado,
– concede a nuestros difuntos participar en esta misma gloria.

Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración:
Padre nuestro…

ORACION
Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN:
V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 24 de julio

Lectio: Martes, 24 Julio, 2018
Tiempo ordinario

1) Oración inicial
Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 12,46-50
Todavía Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
3) Reflexión
• La familia de Jesús. Los parientes llegan a la casa donde se encuentra Jesús. Probablemente venían de Nazaret. De allí hasta Cafarnaún hay unos 40 km. Su madre estaba con él. No entran, pero envían un recado: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» La reacción de Jesús es firme: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Para entender bien el significado de esta respuesta conviene mirar la situación de la familia en el tiempo de Jesús.
• En el antiguo Israel, el clan, es decir la gran familia (la comunidad) era la base de la convivencia social. Era la protección de las familias y de las personas, la garantía de la posesión de la tierra, el cauce principal de la tradición, la defensa de la identidad. Era la manera concreta que la gente de la época tenía de encarnar el amor de Dios en el amor al prójimo. Defender el clan era lo mismo que defender la Alianza.
• En Galilea, en el tiempo de Jesús, a causa del sistema implantado durante los largos gobiernos de Herodes Magno (37 aC a 4 aC) y de su hijo Herodes Antipas (4 aC a 39 dC), el clan (la comunidad) se estaba debilitando. Había que pagar impuestos tanto al gobierno como al Templo, la deuda pública crecía, dominaba la mentalidad individualista de la ideología helena, había frecuentes amenazas de represión violenta de parte de los romanos, la obligación de acoger a los soldados y de hospedarles, los problemas cada vez mayores de supervivencia, todo esto llevaba las familias a encerrarse en sus propias necesidades. Esta cerrazón se veía reforzada por la religión de la época. Por ejemplo, quienes dedicaban su herencia al Templo, podían dejar a sus padres sin ayuda. Esto debilitaba el cuarto mandamiento que era el gozne del clan (Mc 7,8-13). Además de esto, la observancia de las normas de pureza era factor de marginalización para mucha gente: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, endemoniados, publicanos, enfermos, mutilados, paralíticos.
• Y así, la preocupación por los problemas de la propia familia impedía que las personas se unieran en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse, nuevamente, para la gran familia, para la Comunidad. Jesús nos da el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reacción y alargó la familia: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Creó comunidad.
• Jesús pedía lo mismo a todos los que querían seguirlo. Las familias no podían encerrarse en sí mismas. Los excluidos y los marginados debían ser acogidos dentro de la convivencia y, así, sentirse acogidos por Dios (cf. Lc 14,12-14). Este era el camino para alcanzar el objetivo de la Ley que decía: “No debe de haber pobres en medio de ti” (Dt 15,4). Como los grandes profetas del pasado, Jesús procura reforzar la vida comunitaria en las aldeas de Galilea. El retoma el sentido profundo del clan, de la familia, de la comunidad, como expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor hacia el prójimo.
4) Para la reflexión personal
• Vivir la fe en comunidad. ¿Cuál es el lugar y la influencia de las comunidades en mi manera de vivir la fe?
• Hoy, en grandes ciudades, la masificación promueve el individualismo que es lo contrario de la vida en comunidad. ¿Qué estoy haciendo para combatir este mal?
5) Oración final
Yo esperaba impaciente a Yahvé:
hacia mí se inclinó
y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un cántico nuevo,
una alabanza a nuestro Dios. (Sal 40,2.4)

La teología feminista en la historia

Teresa Forcades i Vila

Con ese título escribí hace diez años un libro. En él afirmaba que la teología feminista existe desde que existe la teología patriarcal: desde que existen teologías (reflexiones sobre Dios) que consideran a las mujeres menos aptas que los varones para representar o interpretar lo divino, han existido alternativas críticas que han reivindicado la igualdad ante Dios de mujeres y varones. Hoy sigo pensando de igual modo, particularmente tras haber tenido la oportunidad de profundizar en el papel de las mujeres en las primeras comunidades cristianas y de haber constatado hasta qué punto resulta significativo que, según tres de los cuatro evangelistas, Jesús resucitado se aparezca en primer lugar a una o a dos mujeres, antes que a ningún varón, y que uno de los evangelistas incluso riña a los varones por no haber creído en el testimonio de María Magdalena (Mc 16,14). En latín, la palabra ‘testigo’ y la palabra ‘testículo’ son la misma (testes). El par de testes-testículos tradicionalmente necesarios para establecer la masculinidad se asocian al par de testes-testigos legalmente necesarios para dar por establecido un hecho histórico. La nueva Creación inaugurada por Cristo rompe esta lógica patriarcal al presentar a una mujer sola, o a dos, como sus primeras testigos.

Los textos primitivos del budismo, por su parte, testimonian que la conciencia de la discriminación de las mujeres y la respuesta crítica ante ella existían ya antes de Cristo: tal como explico en el libro, la primera manifestación feminista de que tenemos noticia fue organizada en el s. V a.C. por Mahapajapati Go- tami, tía materna de Buda. No creo que fueran solamente las mujeres motivadas religiosamente, como María Magdalena o Mahapajapati Gotami, quienes desafiaran el sexismo de la época; más parece que han sido sólo las tradiciones religiosas las que, aunque muy a regañadientes, han preservado su memoria.

Considero que las distintas teologías feministas tienen hoy el reto de analizar de forma crítica la asociación moderna que vincula la religiosidad tradicional con el sexismo y reserva para el humanismo secular la emancipación de las mujeres. Al rechazar la identificación entre modernidad y emancipación, la teóloga feminista se sitúa en la encrucijada incómoda, irritante y fecunda inaugurada por Joan Kelly en 1982 con su análisis de la querelle de femmes que caracterizó los primeros siglos de la Modernidad. Kelly constató que la teocracia medieval definía la plenitud humana en términos de ‘santidad’ a la vez que reconocía el pleno acceso de las mujeres a ella y ponía a disposición de las mujeres abundantes ejemplos de santidad femenina socialmente relevantes. El humanismo renacentista, en cambio, rechazó la santidad como ideal de realización humana y lo sustituyó por el desarrollo intelectual (ejercicio de la propia razón) y político (la participación en el progreso social); las mujeres quedaron excluidas de ese ideal humano renacentista definido. A la vez que rechazó todas las barreras sociales como constructos artificiales que introducen jerarquías violentas donde la naturaleza creó igualdad, el humanismo universalista moderno naturalizó las barreras sociales que separan a los varones de las mujeres. Así, con la modernidad y no antes, nacemos ‘las mujeres’ como categoría social.Antes existíamos por supuesto las mujeres, mas no como categoría social ya que una aristócrata poco tenía en común con una mujer del pueblo; la aristócrata se definía socialmente como aristócrata, no como mujer. La división premoderna en estamentos sociales no implicaba la igualdad de las mujeres dentro de su categoría social, pero dificultaba la naturalización de ‘la esencia femenina universal’.

Con la Modernidad, la esencia femenina no solamente se naturaliza sino que se teologiza: la inferioridad de todas las mujeres respecto a todos los varones se considera instituida por Dios y necesaria para la buena marcha de la sociedad. La ley sálica –que prohibe gobernar a las mujeres– se introduce en Francia en 1328. Considero que la teologización de la submisión social de las mujeres se llevó a cabo de forma mucho más profunda que la teologización de la submisión social de los estamentos sociales inferiores. Al fin y al cabo, Jesús fue un hombre del pueblo, no un aristócrata; y hombres del pueblo fueron también sus primeros discípulos y los primeros mártires. Jesús, en cambio, no fue mujer y la tradición canónica no ha preservado la memoria de las mujeres como discípulas de Jesús en igualdad con los varones. Sí fueron las mujeres mártires y santas, mas el avance de la Modernidad ha tendido a menospreciar cada vez más el martirio y la santidad y a asociarlos al fanatismo religioso y a la ignorancia precientífica. Durante la época medieval, la danza de la muerte representada en el atrio de algunas iglesias recordaba a quienes entraban en ellas que el privilegio social era de corta duración: la muerte igualaba a todos; las diferencias sociales eran sólo apariencia. ¿Dónde encontramos en la Modernidad una sabiduría paralela, a saber, la relativización de las diferencias de género? La buscaremos en vano. No aparece históricamente. La naturalización y la teologización de la inferioridad femenina se han consolidado durante cinco siglos de modernidad. Considero que han culminado en la Iglesia Católica con la teología del cuerpo desarrollada por el Papa Juan Pablo II y con el llamado ‘feminismo vaticano’: el reconocimiento de la igualdad en dignidad de varones y mujeres acompañado de una complementariedad binaria de género que se extiende desde lo físico hasta lo espiritual, a la cual se atribuye un origen divino y un significado teológico y sacramental vinculado al ‘gran misterio’ que se menciona en la carta a los Efesios (Ef 5,32).

Según Juan Pablo II, el amor redentor de Cristo expresa la esencia de la masculinidad, que no es otra que la capacidad de ‘vaciarse uno mismo’ para darse a otro; el acto espiritual de ‘dar la vida’ dándose a sí mismo tiene un correlato físico en la capacidad del cuerpo masculino de penetrar y de impregnar el cuerpo femenino. De forma complementaria, la aceptación por parte de la Iglesia del amor de Cristo expresa la esencia de la feminidad, que no es otra que la capacidad de abrirse a fin de acoger el don de sí que ofrece otro; el acto espiritual de ‘acoger la vida’ haciendo espacio en sí misma tiene un correlato físico en la capacidad del cuerpo femenino de ser penetrado y ser impregnado por el cuerpo masculino.

Y ahora viene el punto relevante para el tema de la ordenación femenina: según Juan Pablo II, el ‘gran misterio’ de la complementariedad teológica de los sexos explica por qué el sacerdote, que actúa ‘in persona Christi’, debe ser varón (el varón, como Cristo, se da a sí mismo en la relación esponsal) y por qué la virgen María, símbolo de la Iglesia, debió ser mujer (la mujer, como la Iglesia, recibe y acoge en su seno la donación de sí del esposo que la hace fecunda).

Además de excluir a muchas personas que tienen un cuerpo o un deseo que no se adapta a la complementariedad de penetrar vs. ser penetrado, ‘el feminismo vaticano’ reproduce y refuerza el estereotipo de la feminidad como ‘disponibilidad’ a los deseos o necesidades del varón: la mujer-esposa está preparada para dar la bienvenida y para abrazar la expresión masculina de sí, pero –según este modelo– no está humana, teológica ni eclesialmente preparada para ‘expresarse a sí misma’. El modelo reproduce y refuerza asimismo el estereotipo de la masculinidad como ‘incapaz de acoger’: el varón está preparado para expresarse a sí mismo, pero –siempre según este modelo– no se corresponde a su esencia humana, teológica ni eclesial el ser receptivo (dejarse penetrar, dejarse impregnar) a los deseos o necesidades de su compañera o a la inesperada y siempre excepcional expresión de sí de la mujer. El ‘gran misterio’ de Juan Pablo II resulta ser un viejo prejuicio: se invita a la originalidad personal de la mujer a difuminarse hasta desaparecer convertida en un espejo acogedor para la originalidad personal de su esposo. Personalmente, considero que nuestra plenitud humana, teológica y eclesial no está sujeta a las categorías de género ni a categorías de ninguna clase, sino que se realiza solamente cuando se es capaz de reconocer simultáneamente la originalidad personal propia y la de los demás y se está dispuesto a actuar en consecuencia.

Las personas que tienen identidades sexuales que no se adaptan a las categorías socialmente predominantes encarnan un carácter queer que en el fondo nos afecta a todos, en tanto que todos hemos sido creados a imagen de Dios y llamados a ser como Dios (en quien ni las categorías de género ni ninguna otra categoría encuentran aplicación). Las categorías de género son históricas, no escatológicas. Los sacramentos de la Iglesia, en cambio, no reflejan la realidad histórica de la vida humana, sino su dimensión escatológica (su ser ‘en Dios’). En este sentido, considero teológicamente consistente desde un punto de vista cristiano tanto que las mujeres puedan ser ordenadas sacerdote, como que las parejas homosexuales o transexuales puedan casarse por la Iglesia.

24.- Nuestro Padre del cielo

«… Uno es vuestro Padre, el que está
en los cielos» (Mt 23, 9).

Señor
Tantas veces nos habías hablado ya del Padre en tu vida.
En tus conversaciones, en tus palabras, con todo el mundo hablabas así del Padre:
—El Padre y yo somos una misma cosa.
—Lo que pidierais al Padre en mi nombre, El os lo concederá.
De mil maneras nos dijiste que el Padre nos quiere.

Señor
Tú nos has hablado mucho de este Padre, del cual venías y al cual volvías.
Posiblemente porque querías que nosotros entendiéramos y viviéramos nuestra religión, fundándola en la teología del Padre celestial, del Padre del cielo, de Dios Padre.

Señor
Tú no te presentaste en el mundo como el gran solitario, como el gran profeta que viene y se va.
Te presentaste a este mundo como el enviado, como el Hijo del Padre, como el enviado del Padre.
Y por esto tu relación con el Padre no es únicamente tuya, sino que quieres que sea también nuestra.
Sin esta relación no se puede entender nuestra religión; sería otra cosa. 

Señor
Lo maravilloso de ti es habernos precisamente enseñado la relación que tú tenías con el Padre, como fundamento de la relación que nosotros hemos de tener con este mismo Padre.
Del Padre viene todo, al Padre hemos de volver todos.

Señor
La teología del Padre es una teología poco conocida entre nosotros y si la conociésemos mejor podría ser el mejor ejemplo de la paternidad sobre la tierra.
Nos enseñaría la función de pastorear, apadrinar y patrocinar, que es propia de todo aquél que tiene a otros a su cargo, o tiene la misión de enseñar a los que son más pequeños, o de ayudar a los que tienen menos que él. 

Señor
Tú nos enseñas que el Padre lo tiene todo y el Padre nos lo da todo.
Porque el Padre quiso que nosotros tuviésemos la compañía de su Hijo y porque el Padre lo quiso, tú cumpliste esta voluntad de vivir entre nosotros. Y por esto te hemos visto, te hemos oído y te hemos tocado mientras estabas en la tierra. 

Señor
Al enseñarnos la teología del Padre, nos has dicho que todos éramos hijos de este mismo Padre, hijos de Dios y, por tanto, hermanos sobre la tierra.
Que tenemos lazos de familia con Dios, lazos de familia con los demás hombres del mundo, aun sin conocerlos.
Somos, con mayor razón, hermanos de las personas más próximas a nosotros, de las personas que vemos por la calle y de las personas que habitamos bajo el mismo techo.

Señor
Tu enseñanza va todavía más lejos.
Tu familia del cielo, nuestra familia, no se acaba con un Padre igual a su Hijo, ni con un Hijo igual a su Padre.
Hay un tercer familiar igualmente importante en la familia de Dios, al que tú llamas «el Espíritu», el «Espíritu de la verdad», «el Espíritu Santo». 

Señor
Efectivamente, antes de marcharte, nos dijiste: —Yo me voy, pero no os dejaré huérfanos; detrás de mí viene otro que será vuestro consolador, vuestro maestro.
Y de El nos dices que tú, el Padre y el Espíritu Santo sois una misma cosa, una misma realidad, la realidad de Dios.

Señor
Al revelarnos y darnos a conocer tu familia trinitaria, querías incorporar a todos los hombres a ella.
Que supiéramos que todos somos descendientes de un Dios en tres personas, de un Dios que es a la vez Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Señor
Tú quieres que esta verdad entre también en nuestra vida personal, familiar y profesional. Tú quieres que no estemos solos, que Dios vivo esté con nosotros y esté en medio de nosotros. 

Señor
Tú nos enseñas que Dios no divide a la familia de la tierra en blancos y negros, en pequeños y grandes, en poderosos y en no poderosos.
Si somos diferentes en muchas cosas, sin embargo, somos iguales en lo más importante: tenemos el mismo Dios, el mismo cielo, la misma vida.
Y esto es lo más importante.

Señor
A nosotros sólo nos queda darte las gracias por esta noticia y responder con la misma moneda. Nos toca creer y vivir de nuestra creencia, con el pensamiento y más todavía con el corazón. Para desde aquí comprometernos a obrar en consecuencia.
Porque sólo una vida humana, de compromiso sincero y mutuo en creer, amar y actuar como miembros de la familia de Dios puede ser una respuesta justa que agrade a Dios. 

Señor
Tú nos has revelado la realidad de la vida de Dios en sí misma.
Nos has dicho que el Padre, conociéndose, nos ha dado su palabra, su pensamiento, ese pensamiento que nosotros hemos podido ver en forma humana, en tu persona.
Porque el pensamiento de Dios, la palabra de Dios, el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, eres tú, Jesucristo.
Y nos has dicho que el amor del Padre al Hijo es amor total y es amor personal que se hace persona.
Y este amor del Padre y del Hijo es la persona del Espíritu Santo.

Señor
Este es tu gran secreto, tu gran misterio, revelado por tu boca a todo el mundo.
Que Dios, cuando piensa y ama dentro de El, envía, comunica su ser en realidades personales y personificadas.
Que Dios puede ser todo esto, dentro de la más perfecta unidad de naturaleza. 

Señor
Tú nos has revelado cómo eres y cómo es tu vida, para que te imitemos.
Quieres todo esto de nosotros, que nuestra vida sea un ir pensando, conociendo, un ir amando a todos cada vez más personalmente, cada vez más profundamente.
Quieres que tu ejemplo nos ayude a ser más familia, que tu modo de ser sea imitado en toda familia humana.
Quieres que todas las familias de la tierra tengan más unión desde el pensamiento y desde el corazón.
Y quieres que nos unamos la familia de la tierra con la familia del cielo, en una gran y única familia: la familia de Dios.

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

24. Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.

Música – Domingo XVII de Tiempo Ordinario

Entrada: VAMOS TODOS AL BANQUETE – Misa popular salvadoreña
El Señor es mi fuerza – J. A. Espinosa

Penitencial: SEÑOR, TEN PIEDAD – Alberto Taulé

Gloria: GLORIA A DIOS EN EL CIELO – Rufino Zaragoza

Del salmo 114: BENDECIRÉ AL SEÑOR ETERNAMENTE – M. Pacheco

Aclamación: ALELUYA – Antonio Torrelles – Kairoi

Ofrendas: UN NIÑO SE TE ACERCÓ – Cesáreo Gabaráin

Himno: SANTO, SANTO, SANTO – Cesáreo Gabaráin

Paz: CORDERO DE DIOS – Alejandro Mejía

Comunión: COMPARTIR JUNTO AL SEÑOR – Carmelo Erdozáin
Pan para todos – J. A. Olivar

Meditación: DESPERTAR – Juan Antonio Espinosa
Venga tu Reino – Kairoi

Salida: HACED LO QUE ÉL OS DIGA – Bernardo Velado/Antonio Alcalde
Madre del cielo morena – Padre Zezinho

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Cantos del domingo

Recursos – Domingo XVII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DEL PAN

(Cualquier adulto/a de la comunidad presenta un pan, como símbolo de la Eucaristía. A ser posible, una buena hogaza. Tras la ofrenda, el Presidente la deposita sobre la mesa del altar)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo hoy esta hogaza de pan. Es el símbolo de nuestra alimentación más básica y del hambre, por su carencia, que sufren millones de personas en este mundo. Pero es también el símbolo de tu Eucaristía, el de tu Cuerpo entregado por los hombres y por las mujeres. Danos hoy, Señor, la fuerza de tu Cuerpo para empeñarnos en la realización de los compromisos que nos nacen de la actualización de la muerte y resurrección de tu Hijo.

PRESENTACIÓN DE UNA JARRA DE VINO

(Esta ofrenda la debe hacer otro miembro cualquiera de la comunidad. Aunque, si el pan lo ofreció un hombre, ahora debiera ser una mujer. El presidente hace lo mismo, tras recibir la ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo esta jarra de buen vino. Calma la sed de los hombres y de las mujeres y alegra, cuando es consumido con medida, nuestro corazón, acercándonos unos a otros, unas a otras en la felicidad de la fiesta. Es también el signo de la Sangre que vertió tu Hijo por nosotros y nosotras en su pasión y en la Cruz. Con ella queremos expresar que es posible un mundo distinto, fruto del amor y de la justicia, donde no cabe la explotación de unos por otros/de unas por otras, las desigualdades y las injusticias.

PRESENTACIÓN DE UNAS MANOS VACÍAS

(Una persona adulta de la comunidad muestra sus manos, en forma de cuenco, pero vacías, mientras dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo quiero reconocer que Tú eres nuestra esperanza y nuestra riqueza; nosotros y nosotras, a cambio, no tenemos nada. Sólo nuestra disponibilidad para acoger tu gracia. Eso es lo que hoy te ofrezco, con estas manos vacías, que esperan ser llenadas por Ti.

PRESENTACIÓN DEL EMBLEMA DE CÁRITAS

(Esta ofrenda la puede hacer uno de los miembros, ya mujer ya hombre, del grupo de Cáritas de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo este emblema de Cáritas y con él quiero simbolizar, tanto en nombre propio como de toda la comunidad, que el amor que hemos de tenernos entre nosotros y nosotras y a todos los hombres y mujeres ha de ser efectivo, y no sólo voluntarioso. Haznos sensibles, Señor, a los sufrimientos de las personas y capaces de respuesta y solidaridad.

PRESENTACIÓN DE UNA ACTIVIDAD PASTORAL

(Se trata de que cualquiera de los miembros comprometidos o comprometidas de la comunidad en una de sus actividades relacionadas con la evangelización de los alejados o de una actividad socio-caritativa con los marginados y marginadas, exprese el compromiso de todos y de todas para la transformación del mundo y de la sociedad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, aquí tienes una de las actividades pastorales de nuestra comunidad, que expresa nuestro compromiso de dar testimonio de tu Reino en medio del mundo y de la sociedad en que vivimos y de nuestros deseos de que cambien y caminen en la dirección última del Reino. Con ella queremos expresar que no nos inhibimos del mundo en el que vivimos ni que cruzamos los brazos ante la esperanza firme que tenemos de llegar a gozar en tu propio Reino. Sin embargo, te pedimos hoy fortaleza, tanto para la comunidad como para cada uno y cada una de nosotros y de nosotras para que no nos cansemos nunca de proclamar el Evangelio y de luchar en favor de los valores de la verdad, la justicia, la libertad, la paz y la solidaridad, que son los que, en el tiempo definitivo, regirán la convivencia en los Cielos.

Oración de los fieles (Domingo XVII de Tiempo Ordinario)

Imploramos la misericordia de Dios y le pedimos por todos los hombres. Y respondemos:

ESCÚCHANOS SEÑOR.

1. – Por toda la Iglesia; para que dé testimonio de lo que es sentarnos a la misma mesa, partir los bienes con el necesitado y celebrar la fracción del pan. OREMOS

2. – Por el Papa Francisoc, los obispos, los sacerdotes; para que no dejen de alimentar al mundo con el Pan de la Palabra, el Pan de la Eucaristía y el pan que sacia el hambre de la tierra. OREMOS

3. – Por todos los que sufren a causa de la pobreza, el paro, la soledad, la incomprensión; para que el Señor escuche sus súplicas y ponga en su camino personas capaces de compartir con ellos. OREMOS

4. – Por las familias que viven en la rutina, el cansancio y han dejado de poner sobre la mesa los bienes para compartirlos; para que el Señor les ayude a no rendirse, a ser generosos, y a empezar de nuevo desde la gratuidad. OREMOS

5. – Por todas las naciones; para que sus gobernantes miren por el bienestar de todos los hombres y empiecen a desaparecer tantas desigualdades de bienes mal repartidos. OREMOS

6. – Por todos los que estamos aquí reunidos, por nuestros familiares, amigos, y todos los que esperan una oración de nosotros; para que el Señor, que concede todas nuestras necesidades, esté pronto a socorrernos. OREMOS

Recibe, Señor, la oración de tu Iglesia que confía en tu misericordia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Comentario al evangelio (24 de julio)

Los creyentes descubrimos en los profetas a personas capaces de leer los acontecimientos históricos con los ojos de Dios. Ellos miran el mundo, ponen nombre a cada cosa, se fijan en lo grandioso y especialmente en lo que pasa desapercibido, denuncian injusticias concretas, defienden al débil, … y al final, abren la puerta a la esperanza, con una fe ciega en que el mal no tiene la última palabra en nuestra historia. En medio de la injusticia mayor sienten que no están solos, que Dios sigue acompañando al mundo, empeñado en que su proyecto siga adelante. De esto último nos habla hoy Miqueas, cuando hace su confesión de fe: ¿Qué Dios hay como tú, que se complace en ser bueno?

Por desgracia, nuestra sociedad y nuestras comunidades cristianas necesitan seguir oyendo este mensaje y convencerse de que éste es nuestro Dios. Muchas veces, al hablar de la fe cristiana, se han cargado las tintas en los preceptos. Se ha predicado mucho más lo que no hay que hacer que lo que estamos llamados a hacer; ¡y mira que hay tema para hablar! De este modo se ha hecho de la fe cristiana un cajón cerrado de cumplimientos. Justo lo contrario a lo que es nuestro Dios: bondad, misericordia, AMOR.

Vivir para cumplir la norma nos hace dudar de todo lo que hacemos (¿estaré haciendo bien?, ¿es esto lo correcto?) y al final nos paraliza. Vivir desde el amor abre horizontes: invita a buscar soluciones a los problemas, porque quien ama cree en las personas y no guarda rencor. Vivir desde el amor invita a entregarse sin medida porque el amor no lleva cuentas; invita a caminar, a crecer, a llevar a plenitud el proyecto del Padre.

En el Evangelio de hoy encontramos una llamada a vivir desde ese Amor: El que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre. ¿Cuál fue la reacción de los familiares de Jesús al escuchar estas palabras tan rotundas? Nos las tendremos que imaginar porque ninguno de los tres evangelistas nos la cuentan. La que sí podemos percibir es nuestra reacción: al escuchar estas palabras de Jesús, ¿nos sentimos verdaderamente sus hermanos?, ¿podemos decir que vivimos cumpliendo la voluntad del Padre?

Os invito a que a lo largo del día escribáis vuestro final a este pasaje del Evangelio.