II Vísperas – Santiago, apóstol

SANTIAGO APÓSTOL, PATRONO DE ESPAÑA
Solemnidad

Testigo especial de la transfiguración y de Getsemaní, es el protomártir de los apóstoles.
 
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO
Santo adalid, patrón de las Españas,
amigo del Señor:
defiende a tus discípulos queridos,
protege a tu nación.

Las armas victoriosas del cristiano
venimos a templar
en el sagrado y encendido fuego
de tu devoto altar.

¡Gloria a Santiago,
patrón insigne!
Gratos, tus hijos
hoy te bendicen.

A tus plantas postrados, te ofrecemos
la prenda más cordial de nuestro amor.
Defiende a tus discípulos queridos,
protege a tu nación.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 115
Ant. Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y empezó a sentir terror y angustia.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y empezó a sentir terror y angustia.

SALMO 125
Ant. Entonces les dijo: «velad y orad, para no caer en la tentación«.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando.
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Ant. Entonces les dijo: «velad y orad, para no caer en la tentación«.

CÁNTICO
Ant. El rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia e hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Ant. El rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia e hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

LECTURA: Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE
R/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.
V/Contad a los pueblos la gloria del Señor.

R/ Sus maravillas a todas las naciones.
V/ La gloria del Señor

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. ¡Oh glorioso apóstol Santiago, elegido entre los primeros! Tú fuiste el primero, entre los apóstoles, en beber el cáliz del Señor. ¡Oh feliz pueblo de España, protegido por un tal patrono! Por ti el Poderoso ha hecho obras grandes. Aleluya

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh glorioso apóstol Santiago, elegido entre los primeros! Tú fuiste el primero, entre los apóstoles, en beber el cáliz del Señor. ¡Oh feliz pueblo de España, protegido por un tal patrono! Por ti el Poderoso ha hecho obras grandes. Aleluya

PRECES
Oremos, hermanos, a Dios, nuestro Padre, y pidámosle que, por intercesión del apóstol Santiago, proteja a nuestra nación y bendiga a todos los hombres; digamos:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Padre Santo, tú que dispusiste que nuestra nación fuera protegida por el apóstol Santiago,
– concede a cuantos en ella moran ser fieles a su mensaje evangélico.

Padre santo, bendice a la Conferencia episcopal de nuestra nación y derrama tu Espíritu sobre nuestros obispos,
– para que con celo propaguen el mensaje apostólico.

Padre Santo, haz que nuestros gobernantes y cuantos les asisten
– gobiernen con rectitud y trabajen para el bien de todos.

Padre Santo, derrama tu Espíritu sobre nuestro pueblo,
– para que todos vivamos en mutua comprensión y cumplamos con lealtad nuestros deberes cívicos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Padre Santo, que quisiste que el apóstol Santiago fuera el primero, entre los apóstoles, en gozar del reino de tu Hijo resucitado,
– concede a nuestros difuntos participar en esta misma gloria.

Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración:
Padre nuestro…

ORACION
Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN:
V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 25 de julio

Lectio: Miércoles, 25 Julio, 2018
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 20,20-28
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.» Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.» Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre.»
Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»
3) Reflexión
• Jesús y los discípulos están en camino hacia Jerusalén (Mt 20,17). Jesús sabe que van a matarlo (Mt 20,8). El profeta Isaías lo había anunciado ya (Is 50,4-6; 53,1-10). Su muerte no será fruto de un destino o de un plan ya preestablecido, sino que será consecuencia del compromiso libremente asumido de ser fiel a la misión que recibió del Padre junto a los pobres de su tierra. Jesús ya tenía dicho que el discípulo tiene que seguir al maestro y cargar su cruz detrás de él (Mt 16,21.24), pero los discípulos no entendieron bien qué estaba ocurriendo (Mt 16,22-23; 17,23). El sufrimiento y la cruz no se combinaban con la idea que ellos tenían del Mesías.
• Mateo 20,20-21: La petición de la madre de los hijos de Zebedeo. Los discípulos no sólo no entendían, sino que seguían con sus ambiciones personales. La madre de los hijos de Zebedeo, como portavoz de sus dos hijos, Santiago y Juan, llega cerca de Jesús para pedirle un favor: «Manda que estos dos hijos míos, se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu Reino». Ellos no habían entendido la propuesta de Jesús. Estaban preocupados sólo con sus propios intereses. Esto refleja las tensiones en las comunidades, tanto en el tiempo de Jesús como en el tiempo de Mateo, como hoy en nuestras comunidades.
• Mateo 20,22-23: La respuesta de Jesús. Jesús reacciona con firmeza. Responde a los hijos y no a la madre: ««No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» » Se trata del cáliz del sufrimiento. Jesús quiere saber si ellos, en vez del lugar de honor, aceptan entregar su vida hasta la muerte. Los dos responden: “¡Podemos!” Era una respuesta sincera y Jesús confirma: «Mi copa sí la beberéis”. Al mismo tiempo, parece una respuesta precipitada, pues pocos días después, abandonaron a Jesús y lo dejaron solo en la hora del sufrimiento (Mt 26,51). Ellos no tenían mucha conciencia crítica, ni tampoco perciben su realidad personal. Y Jesús completa: “pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre.» Lo que él Jesús puede ofrecer, es el cáliz del sufrimiento de la cruz.
• Mateo 20,24-27: Entre ustedes no sea así. “Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos”. La demanda que la madre hace en nombre de los dos produce enfrentamiento y discusión en el grupo. Jesús los llama y habla sobre el ejercicio del poder: ««Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»
En aquel tiempo, los que detenían el poder no tenían en cuenta a la gente. Actuaban según como les parecía (cf. Mc 14,3-12). El imperio romano controlaba el mundo y lo mantenía sometido por la fuerza de las armas y, así, a través de tributos, tasas e impuestos, conseguía concentrar la riqueza de la gente en mano de unos pocos allí en Roma. La sociedad estaba caracterizada por el ejercicio represivo y abusivo del poder. Jesús tenía otra propuesta. El enseña contra los privilegios y contra la rivalidad. Invierte el sistema e insiste en la actitud de servicio como remedio contra la ambición personal. La comunidad tiene que preparar una alternativa. Cuando el imperio romano quiere desintegrar, víctima de sus propias contradicciones internas, las comunidades deberían estar preparadas para ofrecer a la gente un modelo alternativo de convivencia social.
• Mateo 20,28: El resumen de la vida de Jesús. Jesús define su vida y su misión: “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir, y para dar la vida en rescate de muchos”. En esta autodefinición de Jesús están implicados tres títulos que lo definen y que eran para los primeros cristianos el inicio de la Cristología: Hijo del Hombre, Siervo de Yahvé y Hermano mayor (Pariente próximo o Goel). Jesús es el Mesías Servidor, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12). Aprendió de su madre quien dijo: “¡He aquí la esclava del Señor!”(Lc 1,38). Propuesta totalmente nueva para la sociedad de aquel tiempo.
4) Para la reflexión personal
• Santiago y Juan piden favores, Jesús promete sufrimiento. Yo, ¿qué busco en mi relación con Dios y qué pido en la oración? ¿Cómo acojo el sufrimiento que se da en la vida y que es contrario a aquello que pido en la oración?
• Jesús dice: “¡No ha de ser así entre vosotros!” Nuestra manera de vivir en la comunidad y en la iglesia ¿está de acuerdo con este consejo de Jesús?
5) Oración final
Los paganos decían: ¡Grandes cosas
ha hecho Yahvé en su favor!
¡Sí, grandes cosas ha hecho por nosotros
Yahvé, y estamos alegres! (Sal 126,2-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 5, 25-34

25Y una mujer, teniendo una hemorragia desde hacía doce años, 26y habiendo sufrido con muchos médicos, y habiendo gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino habiendo ido más bien a peor, 27oyendo [hablar] sobre Jesús, acercándose por detrás entre la muchedumbre, tocósu manto. 28(Porque decía: “Si tocoaunque sea su manto, seré curada”). 29Y,de inmediato, se secó la fuente de su sangre y supo en su cuerpo que estaba sanada del flagelo.

<

p style=»text-align:justify;»>30Y, de inmediato, Jesús, conociendo el poderque había salido de él, volviéndose a la muchedumbre, decía: “¿Quién ha tocadomi manto?”.
31Y le decían sus discípulos: “¿Ves que la muchedumbrete está estrujando y dices: quién me ha tocado?”. 32Y miraba alrededor para ver la que había hecho eso.

<

p style=»text-align:justify;»>33Pero la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que le había pasado, fue y se postró ante él y le dijo toda la verdad.
34Pero él le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y sé sanada de tu flagelo”.

• 5, 25-34: Pero antes de que pueda experimentar la «salvación», la hija de Jairo debe probar la muerte. La carrera para llegar hasta la hija de Jairo antes de que muera queda detenida por lo que se ha llamado «retraso atormentador». Este retraso está ocasionado por una mujer cuyos sufrimientos han sido destacados en 5,26-27 mediante una serie de siete participios que describen su condición, en un relato que transmite los rasgos implacables del sufrimiento de una mujer a lo largo de un período de doce años.

Con respecto a Jairo, la mujer se encuentra en el lado opuesto del espectro social, económico y religioso. Mientras que él es un hombre notable, ella es una mujer anónima; mientras que él es un oficial de sinagoga, ella es una mujer ritualmente impura y, por tanto, excluida de la comunidad religiosa; mientras que él tiene una familia y una parentela más amplia, ella probablemente debe vivir aislada a causa de su condición; mientras que él es rico, ella se ha empobrecido pagando los honorarios de los médicos. Pero ahora su suerte parece haberse invertido de pronto, pues lo que para Jairo es una pérdida de tiempo (necesario para la curación de su hija), para ella es una ganancia: la misma muchedumbre que ha ralentizado el camino de Jesús hacia el lecho de muerte de la hija de Jairo le ofrece a ella la oportunidad de ser curada. Esta conducta de ocultamiento de la mujer resulta necesaria por su estado de salud: al parecer su salud está perturbada por una pérdida vaginal crónica, que la vuelve perpetuamente impura, convirtiéndola en fuente de impureza para todos aquellos que entren en contacto físico con ella, lo cual normalmente la impedía aparecer en público.

La solución que ella elige resulta simple pero audaz: en vez de pedir a Jesús que la toque, será ella la que se acerque a tocarle a él, antes de que él sea consciente de lo que ha sucedido. Ciertamente, el momento del contacto ha quedado gramaticalmente destacado por el hecho de que la palabra «tocó» es el primer verbo conjugado «finito», tras una serie de siete participios. Esta palabra (tocó) recibe así una gran intensidad como clímax de toda la serie de participios.

Al realizar este contacto ilícito con Jesús, la mujer de nuestra historia desarrolla el mismo tipo de actitud audaz y arriesgada que mostrará la mujer sirofenicia de 7,24-30. Estas dos valerosas mujeres, la primera una judía, la segunda una gentil, forman un contrapunto «divino» frente a la impetuosidad demoníaca de Herodías y Salomé en la historia posterior de 6,17-28; Marcos parece haber yuxtapuesto deliberadamente los cuatro personajes femeninos a fin de poner de relieve las semejanzas y contrastes entre ellas.

La mujer con hemorragia toca el vestido de Jesús e inmediatamente corre a través del cuerpo de esa mujer algo parecido a una corriente eléctrica, secando «la fuente de su sangre» (5,29). A diferencia del prolongado fracaso de los médicos, que utilizando su sabiduría o sus artes fueron incapaces de curar a la mujer durante doce años, el poder divino que irrumpe y actúa a través de Jesús la cura en el acto, allí mismo. Este despliegue de la energía sanadora va inmediatamente unido al problema del contacto contaminador. En vez de que la impureza pase de la mujer a Jesús, es el poder sanador el que pasa de Jesús a la mujer. De esa manera, lo mismo que en 1,40-45, la curación exige que el sanador toque a una persona ritualmente impura, teniendo así que transgredir las restricciones de pureza del Levítico.

<

p style=»text-align:justify;»>Jesús puede actuar de esa manera porque su poder de sanación se identifica con el poder de la nueva edad de Dios. Esta dimensión escatológica de la historia aquí narrada viene indicada por el uso repetido del verbo sôzein (salvar/curar), una palabra que en Marcos tiene una fuerte connotación escatológica.
La mujer ha experimentado en su cuerpo el poder de la nueva edad de Dios y descubre de manera instantánea que ha sido curada. La insistencia en la percepción de la mujer va vinculada con el énfasis en la percepción de Jesús. Inmediatamente después de que la mujer le haya tocado, Jesús conoce en sí mismo que hay un poder que ha salido de él (5,30) e inmediatamente se vuelve y mira en torno para identificar a la mujer. Tanto la pregunta siguiente de los discípulos («ves que la gente te está estrujando ¿y preguntas…?») como la descripción que hace el narrador de la búsqueda posterior de Jesús («él siguió mirando alrededor para ver…») mantienen el flujo extraordinario del lenguaje sobre la percepción de Jesús. Más aún, la forma gramatical de la narración de Marcos sugiere que Jesús ha percibido sobrenaturalmente el género de la persona que le ha tocado (cf. 5,32).
De esa manera, en este momento crucial de la narración, el foco de atención cambia repentinamente de la percepción que los hombres tienen de Jesús a la percepción que Jesús tiene de los hombres. Lo que importa no es tanto la forma en que los hombres ven a Jesús, sino la forma en que Jesús les ve a ellos. Jesús ignora por tanto la pregunta de los discípulos y continúa buscando ansiosamente a la persona cuya necesidad la ha llevado a buscarle y tocarle de esa forma. En este contexto resulta significativo el hecho de que Jesús «mira alrededor para ver» a la mujer, un detalle que probablemente hacía que los lectores de Marcos recordaran la mirada de Jesús, una mirada penetrante y sobrenatural, creadora de discípulos, tal como aparece en el conjunto del evangelio (cf. 1,16; 2,14; y también 12,34).

Aunque el texto no diga que la mujer ha respondido a esta mirada de Jesús convirtiéndose en una seguidora suya (como lo han hecho los dos pares de hermanos de Mc 1 o el publicano de Mc 2), el evangelio de Marcos ha contado este relato de tal manera que probablemente sus lectores han podido recordar su propia entrada en la fe cristiana. Con temor y temblor, conociendo lo que le ha pasado, después de un momento de duda inicial, la mujer se adelanta, arrojándose a los pies de Jesús, y le cuenta «toda la verdad» (5,33). La situación es probablemente semejante a la de muchos cristianos de Marcos: también son conscientes de que en ellos «se ha realizado un milagro» y de que ya nunca podrán ser lo que habían sido antes. Se encuentran impulsados, por tanto, a superar su timidez, a demostrar su devoción por Jesús y a decir «toda la verdad». El ejemplo de la mujer puede funcionar como una palabra de ánimo, para que los miembros de la comunidad marcana profesen con valentía su fe y no se vuelvan atrás por miedo a las consecuencias que ella implica. Como sabemos por textos como Mc 6,38 y 13,9-13, las consecuencias que brotaban de confesar la fe podían ser duras, incluyendo el juicio y la condena a muerte. Debía existir una fuerte tentación de ocultar la propia vinculación con Jesús, como hará el mismo Pedro más tarde en el evangelio (14,53-72). El hecho de que la frase «toda la verdad» sea propia de un contexto judicial hace que tengamos que leer esta experiencia de la mujer en un «doble nivel»: confesión del milagro y confesión de la fe cristiana.

Este doble nivel de lectura queda también apoyado por la conclusión de esta parte del relato, en la que Jesús vuelve a dar seguridad a la mujer, a la que llama «hija», diciéndole que su fe la ha salvado y que vaya en paz (5,34). En el contexto de Marcos esta palabra («tu fe te ha salvado, vete en paz») constituye un tipo de bendición e implica que la mujer se ha convertido en parte de una nueva familia que se sitúa en torno a Jesús y cuyos miembros están conectados con él mediante el cumplimiento de la voluntad de Dios (3,35; cf. 10,28-30).

Más aún, «tu fe te ha salvado» constituye probablemente una fórmula bautismal. Según eso, al escuchar la bendición final de Jesús, los lectores de Marcos podrían recordar muy bien el tiempo en que su propia fe les «salvó» del mundo de la muerte y les colocó en el camino que conduce al shalom escatológico (que es paz, plenitud). Así, la historia de la mujer con desorden menstrual se presenta como su propia historia.

25.- La paz sea contigo

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la
doy como la da el mundo. No se turbe
vuestro corazón, ni se acobarde» (Jn 14, 27).

Señor
En multitud de ocasiones te dedicaste con insistencia a recomendarnos la paz.
Una paz de espíritu, de ánimo, de corazón, de pensamiento de acción.
Una paz interior capaz de transparentarse también al exterior. 

Señor
La paz es señal de tu presencia, de tu cercanía, de tu compañía.
La paz es tu don distintivo, pero es un don que pide también nuestro trabajo de colaboración. Y en esto último es donde solemos fallar nosotros. 

Señor
Enséñanos a disponer nuestro corazón y nuestro pensamiento para que tú puedas depositar dentro de nosotros el don de la paz.
Que sepa yo alejar de mi lado tantas preocupaciones superfluas, tantos cuidados vanales, tantas obsesiones menudas que inquietan mi espíritu. 

Señor
Que me prepare cada mañana como si celebrara aquel día del Día de la Paz.
Que tome algún rato de silencio al comienzo de la jornada, para pensar lo que quiero hacer y lo que voy a decir durante el día.
Que no quiera hacer más de lo que puedo. Ni lo quiera hacer todo y deprisa, sino menos cosas y una muy bien hecha cada día. 

Señor
Que me pregunte, primero, qué es más importante en mi jornada y de qué manera la quiero vivir.
Que antes de hablar piense qué palabras necesitan los otros de mí. 

Señor
Dame serenidad en el orden.
Que entienda que no puede haber paz sin ti, sin mí y sin los demás.
Que no puedo tener paz si voy contra ti, o contra mí mismo, o contra los otros.

Señor
Dame la paz del que no va apresurado por la vida.
Del que hace cada cosa a su tiempo y con el tiempo necesario para cada cosa.
Del que vive sin atropellarse ni atolondrarse. 

Señor
Que cuide con mimo las cosas que me rodean. Porque tienen vida actual y mucha historia pasada.
Porque me hablan y esperan mi palabra. Porque viven conmigo y me ayudan a vivir.

Señor
Que prepare la mejor silla de casa para aquel que va a venir a descansar.
Que tenga siempre a punto un pequeño «regalo» para la hora de su partida. 

Señor
Que vuelva a descubrir la belleza de las flores, de los cuadros, de los muebles, de cuanto tengo en mi habitación, en mi propia casa.
Que sepa aprovechar la hora de comer y de cenar —acompañado o a solas— para gozar de la compañía de la paz de Dios en medio de nosotros.
Que use más la palabra a distancia —el teléfono— para enviar a los que lo necesitan mensajes de paz.

Señor
Que me adelante por la calle o en cualquier lugar a saludar a los demás.
Con mis ojos, con mis manos, con mis palabras. Dirigidas al corazón, no a la inteligencia. 

Señor
Que mi diálogo no sea un diálogo comercial de compra y venta de productos.
De dar y recibir cosas.
Sino de comunicación de sentimientos e ideas. 

Señor
Que deje a un lado las prisas cuando los demás me necesitan y buscan.
Que sepa dar a los demás el tiempo que querría para mí.
Que no me vean desasosegado por causa de no tener tiempo. 

Señor
Que busque por la tarde alguna hora, algún rato, para el retiro interior conmigo mismo y con mi Dios.
Que sepa comunicarme desde mi corazón con el Dios que me dio y me conserva la vida.
Que le hable y, sobre todo, que le escuche. Que sepa gozar y gastar con El mi «tiempo libre», cuando lo tenga. 

Señor
Que viva como contemplando, como adivinando la presencia y compañía de Dios en todos los pasos, pequeños o grandes, de mi vida.
Que aprenda cada día algo distinto en el arte de caminar en paz con todos. 

Señor
Que no me esfuerce tontamente en hacer planes «grandes» en mi vida.
Porque sé que Dios quiere de mí caminos pequeños.
Caminos planeados por El y por mí conjuntamente. 

Señor
Que me dé cuenta de que es a Dios, no a mí, a quien el mundo necesita.
Para convencerme que son los milagros de Dios, y no los míos, los que salvan, ayudan y curan nuestros males. 

Señor
Que recuerde cada mañana y cada noche las palabras de santa Teresa de Ávila:
Nada nos debe turbar, nada nos ha de espantar. Porque la paciencia todo lo alcanza. Y quien a Dios tiene nada le falta.
Sólo Dios basta.

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

La actividad que santifica

25. Como no puedes entender a Cristo sin el reino que él vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese reino: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt 6,33). Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos o renuncias que implique, y también en las alegrías y en la fecundidad que te ofrezca. Por lo tanto, no te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño.

Comentario Domingo XVII de Tiempo Ordinario

Oración

Señor Jesús:
Abre nuestro corazón y nuestro ser entero a tu Palabra, para que seamos hermanos tuyos, tu familia.
Danos el corazón abierto, confiado y obediente de María tu madre.
Y que escuchando tu Palabra, podamos decir, como ella: “haz tu voluntad en mí, en nosotros”. AMEN.

 

Jn 6, 1-15

«1Después de esto, se fue Jesús a la ribera del mar de Galilea, de Tiberíades, 2y mucha muchedumbre le seguía porque veían los signos que hacía sobre los que estaban enfermos. 3Subió Jesús al monte y se sentó allí con sus discípulos. 4Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.

5Levantando Jesús los ojos y viendo que venía hacia él mucha muchedumbre, dice a Felipe: “¿Dónde compraremos panes para que coman éstos?”. 6Esto decía para probarle, porque él sabía qué iba a hacer. 7Felipe le contestó: “Doscientos denarios de panes no les bastan para que cada uno tome un poco”.

8Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:9“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?”. 10Dijo Jesús: “Haced recostar a la gente”. Había en el lugar mucha hierba. Así que se recostaron los hombres en número de unos cinco mil.

11Así que tomó Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartióa los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.

12Cuando se saciaron, les dice a sus discípulos: “Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda”. 13Así que los recogieron y llenaron 

14Al ver la gente el signo que había hecho, decía: “Éste es verdaderamenteel profeta que iba a venir al mundo”. 15Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, se alejó de nuevo al monte él solo».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Correspondería leer el pasaje de la multiplicación en Marcos, pero la liturgia nos coloca el paralelo en Juan. Hay notables diferencias (compárese este relato con el de Mc 6,35-44). En Jn 5 el evangelista nos ha narrado la curación de un enfermo en la piscina de Betesda (5,1-18), un denso relato que termina señalando la persecución de Jesús a manos de los judíos, que quieren matarle (cf. vv. 16.18). Por eso, a continuación, nos presenta el discurso sobre la Obra del Hijo, que trata de reivindicar la figura de Jesús. De inmediato viene otro signo (término con el que el evangelistase refiere a los “milagros” de Jesús): la multiplicación de panes(6,1-15), al que sigue el episodio de Jesús caminado sobre el mar (6,16-21) y otro largo discurso de Jesús en la sinagoga deCafarnaún sobre sí mismo como “pan de vida”, que va a provocarel rechazo de muchos de sus discípulos (cf. v. 66). En un contexto tan sombrío, de hostilidades y rechazos, leeremos en 5 domingos sucesivos la práctica totalidad del capítulo 6. Jesús es el alimento que da vida verdadera.

 

TEXTO

Esta primera perícopa de Jn 6 tiene una estructura bastante armónica. Se divide en dos partes, divididas cada una de ellas en tres pasos. La primera parte (vv. 1-10) es como la preparación para la segunda. Consta de: a) una introducción general al capítulo, que nos informa de la localización de Jesús, sus acompañantes y una indicación temporal (vv. 1-4); b) el inicio del tema general: Jesús se preocupa de la alimentación de la muchedumbre y plantea la cuestión a Felipe, que es consciente de la dificultad (vv. 5-7); c) interviene otro discípulo, Andrés, indicando que un muchacho tiene cinco panes; Jesús empieza a disponerlo todo para cinco mil personas (vv. 8-10). La segundaparte, la “multiplicación”, consta de: a) el signo de Jesús con los panes y peces (v. 11); b) la recogida de lo sobrante (vv. 12-13); c) la reacción de la gente ante el signo y la de Jesús ante la de la gente (vv. 14-15). Como se puede apreciar, a nivel textual el hecho de la multiplicación es menos relevante que otros aspectos: lo que el texto privilegia hay que considerarlo central.“Signo” y “monte” abren y cierran la perícopa; “Panes” es la palabra-guía.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Juan señala que está cerca la fiesta de Pascua: el capítulo 6 (el pan de vida) confronta la Pascua del Éxodo y la Pascua Nueva de Jesús. En la Pascua judía, el pueblo atravesó el mar Rojo; en la nueva Pascua, Jesús atraviesa el mar de Galilea. En la Pascua judía, una gran multitud siguió a Moisés; en la nueva Pascua, una gran multitud sigue a Jesús. Entonces, Moisés subió al monte; ahora, Jesús sube al monte. Moisés realizó prodigios (señales); Jesús realiza signos prodigiosos (señales). El texto quiere indicar la definitiva revelación de Dios en Jesús de Nazaret, cuya centralidad es absoluta: Él es quien alimenta a la comunidad, nadie más. Y nos interroga sobre el papel centralque Jesús tiene en nuestra vida creyente. ¿Sí?

• Jesús interpela a Felipe con motivo de las necesidades de la multitud. Moisés había dado de comer al pueblo hambriento y Jesús hará lo propio, pese a la incertidumbre de Felipe, que no ve fácil solución. También hoy Jesús nos interpela a los discípulos por las necesidades de las multitudes que, por diversas causas,tienen “hambres”. ¿Somos otros “felipes” que sólo constatamos las dificultades o apostamos por algo más?

• Andrés encuentra una solución: un muchacho dispuesto a entregar sus cinco panes y dos peces. Compartir lo que se tiene es la base desde la que se opera el signo prodigioso. El texto evoca el gesto de la Última Cena. El pan de cebada pasa a ser un símbolo de la Eucaristía, y celebrarla como es debido conlleva compartir y entregar el sustento propio. Si entre los cristianos se diera un verdadero compartir, habría comida abundante para todos y sobraría para alimentar los doce canastos en que se refleja la totalidad del pueblo.

• La gente quiere hacer rey a Jesús, pero Jesús rechaza esa posibilidad y se vuelve al monte. Hay una manera inapropiadade agradecer a Jesús lo que hace por nosotros. A la gente le interesaba un rey como Jesús, que daba pan de cebada, pero eso sólo es un signo de otro pan, que no será tan bienvenido (cf. 6,60.66). ¿Qué nos interesa de Jesús y qué nos importuna de él?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XVII de Tiempo Ordinario

XVII domingo del tiempo Ordinario
29 de Julio 2018

2 Reyes 4, 42-44; Salmo 144; Efesios 4, 1-6; Juan 6, 1-15

Jesús da de comer a cinco mil hombres

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: «¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?» Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan». Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero ¿qué es eso para tanta gente?» Jesús le respondió: «Díganle a la gente que se siente». En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil. 

Reflexión

En el Antiguo Testamento, cuando Dios pide a sus profetas que den de comer a la gente, Él mismo provee el alimento. Jesús puede hacer el milagro de multiplicar los panes porque Él es Dios, pero quiere la generosidad de la gente. Al compartir lo que somos y tenemos, Dios multiplica el bien para todos. ¿Te animas a compartir como el muchacho que dio todo lo que tenía? ¿Han visto alguna vez que cuando comparten alcanza para todos y se sienten todos más contentos?

Actividad

En las siguientes páginas hay ideas que los niños pueden practicar la caridad. ¿Por qué hacemos actos de caridad? ¿Conocen a alguien que necesita ayuda? ¿Cómo pueden ellos ayudar? Que cada niño escoja un proyecto para la próxima semana que pueda ayudar a alguien.

Oración

Señor, danos generosidad para compartir lo que tenemos, lo mejor de nosotros y así nuestros amigos y familiares estaremos llenos de tus bendiciones. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo XVII de Tiempo Ordinario

Esta vez Jesús realiza uno de sus milagros más impresionantes. Sólo le bastó que Andrés consiguiera 5 panes y 2 pescados, y a partir de ellos, ¡dio de comer a más de 5000 personas! Según el Evangelio, la gente quería proclamarlo rey por esta gran hazaña. Pero Jesús no se dejó vencer por su vanidad y se alejó a orar solo en la montaña, pues lo que había hecho, lo había hecho por amor y no por hacerse notar.

Hoy el mundo necesita de muchos milagros del amor de Dios para resolver problemas tan graves como el hambre, la violencia, los vicios, la contaminación, la falta de amor en las familias…

Y estos milagros los puede lograr con nuestra ayuda. Y no es que Jesús no pueda realizarlos solo, pero le gusta que, como lo hizo Andrés, tengamos iniciativa para ayudar a los demás. Y una vez que nos ve actuar, Él hace el resto y lo hace ¡de una manera sorprendente!

Sólo recuerda que ayudar a los demás, se hace por amor, no para que los demás nos vena. Cuando hacemos algo bueno, debemos pensar que lo hicimos gracias a Dios y a los talentos que nos dio.

¿Acostumbro orar como Jesús, para pedirle a Dios nuestro Padre, que me dé sabiduría para hacer el bien y mantenerme siempre sencillo y humilde por mis logros?

Comentario al evangelio (25 de julio)

Todos tenemos nuestros santos preferidos. Uno de los míos es Santiago. Lo siento; quizá se note demasiado en mi comentario.

Santiago es para muchas personas, especialmente jóvenes y no muy cercanas a la fe, más un lugar, una ciudad, que una persona. El atractivo que durante siglos ejerció Compostela, acreditado ya hace tiempo, se ha intensificado en los últimos años, y son miles quienes de modos muy diversos (en bicicleta, a caballo, a pie…) se dirigen a la ciudad del Norte de España. Pero Santiago es -sobre todo- un apóstol, un discípulo del Señor. Un discípulo tan recordado que se apela a él desde grafías muy diversas: Jaime, Jacobo, Yago…

Santiago es uno de los apóstoles de los que tenemos más datos bíblicos. Hermano de Juan, es uno de los elegidos para ser testigos de acontecimientos bien importantes: la curación de la suegra de Pedro, la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la oración en el huerto… Santiago es también el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Cristo, como atestigua la primera lectura de hoy (Hch 12, 2).

Llamado por el mismo Jesús ‘hijo del trueno’ (Mc 3, 17), las Escrituras nos hablan del carácter impetuoso del apóstol, de su deseo de que caiga fuego del cielo sobre quienes niegan hospedaje a Jesús, de su cobardía inicial a la hora de acompañar al Señor que caminaba hacia la cruz… El episodio que el evangelio de hoy nos narra, en el que quizá Mateo trata de esconder a los Zebedeos tras su inocente madre, habla también de ese carácter.

Debemos muchas cosas a Santiago. La historia de la fe de quienes oramos en español está llena de su presencia y de frutos de su intercesión. Pero también debemos agradecer que su sinceridad abriera la puerta a que Jesús nos dejara una enseñanza tan hermosa como la que hoy se nos proclama: ¿para qué vivimos?, ¿quién es el verdaderamente grande entre nosotros? Leamos con calma el evangelio de hoy sin dejar de interceder por los jóvenes reunidos en Río.

Gracias, hermano Santiago, por tu continuo velar sobre nuestra fe. Gracias por tu ejemplo y  coherencia. Gracias por haber dejado que el Evangelio modelara tu carácter. Gracias por avivar en tantos el deseo de bondad, de belleza, de paz. Condúcenos a todos al que es la Verdad.