Vísperas – Viernes XVI del Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ERES LA LUZ Y SIEMBRAS CLARIDADES.

Eres la luz y siembras claridades,
eres amor y siembras armonía
desde tu eternidad de eternidades.

Por tu roja frescura de alegría,
la tierra se estremece de rocío,
Hijo eterno del Padre y de María.

En el cielo del hombre, oscuro y frío,
eres la luz total, fuego del fuego,
que aplaca las pasiones y el hastío.

Entro en tus esplendores, Cristo, ciego;
mientras corre la vida paso a paso,
pongo mis horas grises en tu brazo,
y a ti, Señor, mi corazón entrego. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.

Salmo 144 I – HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus creaturas.

Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.

Ant 2. Los ojos de todos te están aguardando, Señor, tú estás cerca de los que te invocan.

Salmo 144 II

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor, tú estás cerca de los que te invocan.

Ant 3. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA BREVE   Rm 8, 1-2

No hay ya condenación alguna para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús me libró de la ley del pecado y de la muerte.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.

V. Muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
R. Para llevarnos a Dios.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate, Señor, de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Acuérdate, Señor, de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.

PRECES

Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo:

Confirma, Señor, lo que has realizado en nosotros.

Señor Jesucristo, consuelo de los humildes,
dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al pecado.

Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al mal,
por tu misericordia obtengamos el perdón.

Señor, a quien ofende el pecado y aplaca la penitencia,
aparta de nosotros el castigo merecido por nuestros pecados.

Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los hombros la oveja descarriada,
no apartes de nosotros tu misericordia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti confiaron.

Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como víctima viva. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 27 de julio

Lectio: Viernes, 27 Julio, 2018

Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial

Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 13,18-23
«Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la palabra y la entiende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»
 
3) Reflexión.
• Contexto. A partir del cap.12, aparece una oposición entre los cabecillas religiosos de Israel, los escribas y fariseos, por una parte, mientras por otra, entre las multitudes que escuchan a Jesús maravilladas por sus acciones prodigiosas, se va formando poco a poco un grupo de discípulos de características aún no definidas pero que sigue a Jesús con perseverancia. A doce de estos discípulos les entrega Jesús el don de su autoridad y de sus poderes; los envía como mensajeros del reino y les da instrucciones exigentes y radicales (10,5-39). En el momento en que se desenlaza la controversia con sus opositores, Jesús reconoce su verdadera parentela no en la línea de la carne (madre, hermanos), sino en los que lo siguen, lo escuchan y cumplen la voluntad del Padre (12,46-50). Este último relato nos permite imaginar que el auditorio al que Jesús dirige la palabra es doble: por un lado los discípulos a los que se les concede conocer los misterios del reino (13,11) y que están en condiciones de entenderlos (13,50), y por otro lado la muchedumbre que parece estar privada de esta comprensión profunda (13,11.34-36). A las grandes multitudes que se reúnen para escuchar a Jesús les es presentada en primer lugar la parábola del sembrador. Jesús habla de una semilla que cae o no en la tierra. Su crecimiento depende del lugar en que cae; es posible que sea impedida hasta el punto de no dar fruto, como acontece en las tres primeras categorías de terreno: “el camino” (lugar duro por el paso de los hombres y de los animales), “el terreno pedregoso” (formado por rocas), “los abrojos” (terreno cubierto de espinas). Sin embargo, la que cae sobre “tierra buena” da un fruto excelente aunque en cuantía diversa. Se orienta al lector a prestar más atención al fruto del grano que a la acción del sembrador. Además, Mateo focaliza la atención del auditorio sobre la tierra buena y sobre el fruto que ésta es capaz de producir de forma excepcional.
La primera Parte de la parábola acaba con una advertencia: “El que tenga oídos, que oiga” (v.9); es una llamada a la libertad de escuchar. La palabra de Jesús puede quedarse en simple “parábola” para una multitud incapaz de comprender, pero para el que se deja llevar por su fuerza puede revelar “los misterios del reino de los cielos”. El acoger la palabra de Jesús es lo que distingue a los discípulos y a la muchedumbre anónima; la fe de los primeros revela la ceguera de los segundos y los empuja a buscar más allá de la parábola.

• Escuchar y comprender. Siempre es Jesús el que conduce a los discípulos a la pista correcta para la comprensión de la parábola. En el futuro será la Iglesia la que será guiada por medio de los discípulos a la comprensión de la Palabra de Jesús. En la explicación de la parábola, los dos verbos “escuchar” y “comprender” aparecen en 13,23: “Lo sembrado en tierra buena es el que escucha la Palabra y la comprende”. Es en la comprensión donde el discípulo que escucha cada día la Palabra de Jesús se distingue de las multitudes que sólo la escuchan ocasionalmente.

• Impedimentos para la comprensión. Jesús se refiere principalmente a la respuesta negativa que sus contemporáneos dan a su predicación del reino de los cielos. Esta respuesta negativa va ligada a impedimentos de índole diversa. El terreno del camino es el que los viandantes han convertido en sendero endurecido y aparece del todo negativo: “Todos saben que no sirve para nada echar la semilla en el camino: no se dan las condiciones necesarias para el crecimiento. Después la gente pasa, pisotea y destruye la semilla. La semilla no se echa en cualquier parte (Carlos Mesters). Ante todo está la responsabilidad personal del individuo: acoger la Palabra de Dios en el propio corazón; si por el contrario cae en un corazón “endurecido”, obstinado en las propias convicciones y en la indiferencia, se ofrece campo al maligno que acaba por completar esta actitud persistente de cerrazón a la Palabra de Dios. El terreno pedregoso. Si el primer impedimento es un corazón insensible e indiferente, la imagen de la semilla que cae sobre piedras, sobre rocas y entre espinos, indica el corazón inmerso en una vida superficial y mundana. Estos estilos de vida son energías que impiden que la Palabra dé fruto. Se da un atisbo de escucha, pero pronto queda bloqueado, no sólo por las tribulaciones y las pruebas inevitables, sino también por la implicación del corazón en las preocupaciones y en las riquezas. Una vida no profunda y superficial se aviene con la inestabilidad. La tierra buena: es el corazón que escucha y comprende la palabra; esta da fruto. Este rendimiento es obra de la Palabra en un corazón acogedor. Se trata de una comprensión dinámica, que se deja envolver por la acción de Dios presente en la Palabra de Jesús. La comprensión de su Palabra permanecerá inaccesible si descuidamos el encuentro con él y no le dejamos que dialogue con nosotros.
 
4) Para la reflexión personal
• La escucha de la Palabra de Dios, ¿te lleva a la comprensión profunda o permanece sólo como un ejercicio intelectual?

• ¿Eres corazón acogedor y disponible, dócil para llegar a una comprensión plena de la Palabra?

5) Oración final

Los preceptos de Yahvé son rectos,
alegría interior;
el mandato de Yahvé es límpido,
ilumina los ojos. (Sal 19,9)

27.- Se fue visiblemente, se quedó invisiblemente

«Os conviene que yo me vaya, porque
si no me fuere no vendrá a vosotros el
Consolador; mas si me fuere os lo enviaré»
(Jn 16, 7).

Señor
Tú, antes de partir al Padre, nos dijiste:
—Os conviene que yo me vaya… Si yo me voy, voy a enviar detrás de mí a otro… que os va a consolar y a enseñar.
Seguramente los apóstoles preferían que no te fueses, seguramente no deseaban ningún sustituto.
Sin duda no sabían por qué te ibas, ni por qué era bueno para ellos que viniera otro detrás de ti. 

Señor
Tú les habías dicho que tenías que volver al Padre, pero que no se quedarían huérfanos, que vendría otro igual que tú, Dios como tú, pero distinto de ti, el Espíritu santificador.
Y que el Espíritu les consolaría y les enseñaría, de un modo nuevo, no visiblemente como tú, sino desde dentro, invisiblemente, uno a uno. Pero los apóstoles y nosotros no acabamos de entenderlo. 

Señor
Tú tenías que irte de un modo visible, para poder quedarte siempre de un modo invisible. Te vas como Dios hecho hombre, pero quieres quedarte como Dios espíritu de nuestro espíritu interior.
Como Dios no te vas, estás siempre con nosotros, desde la venida del Espíritu, de un modo más interiorizado, dando vida a nuestra alma espiritual. 

Señor
Desde tu partida en cuerpo mortal, los apóstoles no podían ver tu cuerpo, oír tu voz, hablarte con palabras que tú oías con oídos igual que los suyos.
Pero podían también amarte, hablarte, oírte, mirarte de otro modo, cada vez que lo hacían al Espíritu invisible que quedaba presente en tu lugar.
Porque tú también eres el Espíritu, siendo él de tu misma naturaleza y Dios como tú, el mismo Dios, y no otro. 

Señor
Al enviar al Espíritu en tu lugar, quisiste decir a los apóstoles que empezaba una nueva etapa en su vida.
Que tendrían que vivir más «dentro» de su corazón, desde entonces convertido en el santuario del Espíritu, en la casa de Dios.
Les decías que te quedabas para siempre entre nosotros, escondido a las miradas y como huésped invisible. 

Señor
Es posible que los apóstoles y nosotros no acabemos de saber verte y tratarte desde nuestro interior de un modo visible.
Estamos acostumbrados a ver con ojos de carne, a hablar con labios de carne, a tocar con manos de carne.
Así lo habían hecho siempre los apóstoles y así estamos acostumbrados a hacerlo también nosotros.
Nos va a costar este cambio, y nos tendrás que ayudar. 

Señor
Adivinamos vagamente que no habrá otro camino desde ahora en adelante.
Que tu misión de hacerte visible termine en la historia cuando pasaste por este mundo apareciendo como uno de nosotros.
Que empieza para todos el tiempo de Dios invisible viviendo en el interior de cada uno, no delante ni enfrente. 

Señor
Quizá porque sabías que estábamos muy lejos aún de saber acostumbrarnos a esta nueva realidad que tú nos preparabas, dijiste que el Espíritu tuyo y del Padre nos iba a consolar, venía para consolarnos y enseñarnos.
Por un lado, consolarnos: ayudar a que nuestro corazón sea feliz, ayudarle a saber vivir menos desde la sensibilidad de la carne y más desde la sensibilidad del espíritu, desde el interior, no desde los consuelos exteriores.
Por otro, enseñarnos lo que creíamos saber y haber entendido de tus labios y no habíamos aún comprendido ni interior ni espiritualmente.

Señor
El Espíritu tendrá mucho trabajo que hacer en nuestro corazón de carne, que se resiste a las realidades interiores y espirituales en donde reside la verdad.
Ansiamos recibir un consuelo a hechura de nuestras necesidades y dificultades materiales, pero no un consuelo desde la verdad esencial y trascendente.
Nuestro corazón se resiste a este consuelo desde la verdad, que nos quiere dar el Espíritu. 

Señor
Tú nos dices que necesitamos este nuevo con- suelo y aprendizaje de la verdad si queremos ser de los tuyos.
Que necesitamos que el Espíritu Santo, como Maestro del espíritu, nos enseñe y nos haga aprender mejor el significado de nuestra vida y el significado de lo que nos enseñaste de palabra.
Y que esto nos consolará desde la verdad. 

Señor
Es verdad que aún no hemos llegado a saber bien por qué se vive y se muere, y qué tenemos que hacer para vivir mejor y para morir mejor. Es verdad que todavía no sabemos dar a cada cosa su verdadera importancia.
Entre nosotros, aquí en el mundo, se suele dar importancia a lo que no la tiene, y dejamos de dar importancia a lo que es impórtame. 

Señor
Tenemos miedo de que la verdad del Espíritu nos desengañe de lo que hasta ahora amábamos y apreciábamos.
Tenemos el desengaño de saber que íbamos equivocados, de conocer que lo que tamo esperábamos y soñábamos queda sólo en humo y sombra de lo que es la realidad.
Y que lo que hemos dejado de hacer sea realmente lo que vale más en la vida, según la verdad del Espíritu. 

Señor
Quizá por todo esto huimos de entrar en el fondo de nuestro corazón.
Quizá por todo esto nos resistimos a que el Espíritu nos enseñe la verdad y nos consuele desde la verdad. 

Señor
Ojalá hubiésemos sido buenos discípulos de la verdad desde el principio de nuestros días. Ojalá hubiésemos tenido ojos del alma en lugar de carne, para ver las cosas del mundo tal como son, y con la importancia real que tienen, no según la que les hemos querido dar.
Ojalá no hubiésemos temido conocer la verdad, por amarga y desencantadora que fuese. Ojalá hubiéramos buscado el consuelo y la felicidad sólo donde está la verdad, y no contra ella. 

Señor
Haz que nuestro corazón se abra desde hoy al Espíritu que tú nos envías.
Y que él, sólo él, sea nuestro consolador y nuestro maestro.

Miguel Beltrán

Gaudete et exsultate (Francisco I)

27. ¿Acaso el Espíritu Santo puede lanzarnos a cumplir una misión y al mismo tiempo pedirnos que escapemos de ella, o que evitemos entregarnos totalmente para preservar la paz interior? Sin embargo, a veces tenemos la tentación de relegar la entrega pastoral o el compromiso en el mundo a un lugar secundario, como si fueran «distracciones» en el camino de la santificación y de la paz interior. Se olvida que «no es que la vida tenga una misión, sino que es misión»[27].


[27] Xavier Zubiri, Naturaleza, historia, Dios, Madrid 19993, 427.

La misa del Domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Amigos: ¡Bienvenidos a esta Eucaristía, en la que el Señor, una vez más se multiplica para que no nos falte el Pan de la Vida!

Una vez más, movidos por nuestra fe, damos gracias a Dios por todo que nos da. Cuando existe buena voluntad, hasta lo poco, se puede convertir en mucho.

Que este encuentro nos haga más generosos, más agradecidos por lo que el Señor hace por nosotros. Y, que la fe en Jesús, sea para nosotros un motor, una fuerza que nos impulse siempre hacer el bien. ¿Lo intentamos?

Iniciamos esta celebración.

2. PENITENCIAL

1. Dios es lo más importante. ¿Por qué –entonces- damos tanto valor a lo que vemos, a lo que tocamos, a lo que es sólo material? Señor, ten piedad

2. Una gran parte del mundo pasa hambre mientras que, la otra, no sabe qué hacer con tantos alimentos. Cristo, ten piedad

3. El Señor se multiplica, en cada Eucaristía, para que no nos falte su alimento y su aliento. ¿Por qué nos cuesta tanto ofrecer algo de nuestro tiempo para que los demás sean más felices? Señor, ten piedad

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas nos hacen ver el milagro que produce la fe. Cuando se da, sin mirar a lo que se tiene, el Señor procura que no nos falte a nosotros y que, además, los demás sean consolados. Y es que la fraternidad, la amistad, la hermandad se debe de notar en nuestra vida cristiana.

Escuchemos con atención las tres lecturas.

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1. El mal, en nuestro mundo, es responsabilidad de la falta de justicia, del poco interés por solucionar los problemas de los más pobres. Roguemos al Señor.

2. El mundo del espectáculo y del color nos llama la atención. Para que no antepongamos las cosas superficiales a lo verdaderamente importante. Roguemos al Señor.

3. Para que estas celebraciones las vivamos con alegría. Para que nunca nos cansemos de comulgar el pan que es Jesús. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que son egoístas. Por los que sólo piensan en sí mismos. Roguemos al Señor.

5. Por los que comparten. Por los que pertenecen a asociaciones caritativas. Recordemos especialmente a Cáritas. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

1. Hoy, no puede ser de otra manera, queremos simbolizar el Evangelio que hemos escuchado: con estos 5 panes y dos peces, queremos dar gracias al Señor por su presencia; por su ayuda. Porque siempre está pendiente de nuestras necesidades.

2. Con esta CALCULADORA queremos decirle al Señor que nos ayude a no mirar tanto el cuánto tenemos o el cuánto nos queda para hacer el bien.

3. Finalmente, con el PAN Y EL VINO, damos gracias al Señor porque se quiso quedar en este sacramento para fortalecer y acompañar nuestra vida cristiana.

6. ORACIÓN FINAL

YO QUIERO SER, SEÑOR

Cinco panes para que otros coman
Cinco panes para que los demás vivan
Cinco panes que se partan por los demás

YO QUIERO SER, SEÑOR

Dos peces que alimenten en la escasez
Dos peces en la mesa del necesitado
Dos peces en la boca del hambriento

YO QUIERO SER, SEÑOR

Cinco panes que lleven alegría a las casas
Cinco panes que tengan aroma a perdón
Cinco panes con sabor de fraternidad

YO QUIERO SER, SEÑOR

Dos peces que naden contra corriente
Dos peces que naden hacia los pobres
Dos peces que vivan para los demás

YO QUIERO SER, SEÑOR

La misa del Domingo

Domingo XVII (T.O ciclo B)
29 de julio de 2018

Mucha gente buscaba a Jesús

Acabamos de leer la escena de la multiplicación de los panes y los peces tal como la cuenta el evangelista San Juan. El texto que hemos escuchado comienza diciendo que “mucha gente buscaba a Jesús por los milagros que hacía”.

¿Hoy los que buscan a Jesús son muchos o pocos? ¿Interesa Jesús en este tiempo? Parece que hoy pocas personas dan poca importancia las cosas de la fe. Todo esto nos invita a preguntarnos: ¿Por qué busco a Jesús? ¿Por qué soy cristiano? Estas preguntas merecen respuesta. Lo dejo a tui consideración. Ojalá puedas decir que estás buscando al Señor. Quizás tengas que reconocer que, antes de que te hayas puesto en camino, El Señor ya ha salido en mi búsqueda, porque todo lo tuyo le interesa. De una manera profunda se expresaba San Pablo en la segunda lectura cuando reconoce que buscamos a “un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Es cierto que podemos decir que somos buscadores de Dios, que tenemos deseo de Dios, pero también es cierto que tenemos que reconocer que Dios se ha hecho el encontradizo en tantas experiencias de la vida, en los sacramentos, en la Iglesia.

Vivimos de la Eucaristía

Los cristianos vivimos de la Eucaristía. Hoy, en el evangelio, San Juan describe algunas acciones que nos recuerdan la Eucaristía. Dice el evangelista que Jesús “dio gracias”, distribuyó los panes, ordenó que se recogieran las sobras para que nada se perdiera. En cada Eucaristía Jesús da gracias, y nosotros damos gracias junto a él, a Dios nuestro Padre. En cada Eucaristía Jesús nos alimenta y nosotros salimos fortalecidos al poder comer este alimento. En cada Eucaristía Jesús nos dice “dadles vosotros de comer”, y nosotros salimos con el compromiso de ser generosos, abiertos, serviciales.

Vivir conforme a vuestra vocación

Acabo esta homilía recordando una expresión de San Pablo tomada de la segunda lectura. Quisiera hacer notar que cuando el apóstol escribe estas palabras está en la cárcel por causa del Evangelio. Llama la atención que con tanta alegría se presente San Pablo como prisionero por causa de Jesús. ¡Hay que ver la fuerza que tiene la fe! Además, dice el apóstol Pablo: “Vivir conforme a vuestra vocación”. La vocación no es otra cosa que la huella de amor que Dios ha puesto en nuestro corazón. La vocación primera es la de ser hijo de Dios que nos quiere y nos pide que colaboremos con Él. A cada uno de nosotros, Dios le ha regalado una vocación particular. ¿Ya la has descubierto? Reconoce esa vocación y vive según ella. Vive, sin miedos, conforme a la vocación que Dios te ha regalado. En síntesis, la vida cristiana consiste en vivir conforme a la vocación que dios nos ha regalado a cada uno.

Koldo Gutiérrez

El milagro de compartir (Oración)

EL MILAGRO DE COMPARTIR

 

Hola Jesús. Quiero estar contigo un día más. Espero aprender algo de ti, como ocurre siempre que paso un rato contigo. Seguro que viendo lo que tú hacías me doy cuenta de lo que puedo hacer yo.

Alguna vez has oído la historia de la multiplicación de los panes y los peces. De ese día que había tanta gente y Jesús convirtió unos pocos alimentos en comida para todos. Vamos a hacer una cosa, vamos a intentar imaginarnos que estamos allí. Imagínate que tú eres de esas personas que van con Jesús. Un montón de gente que están sentados, contentos porque han estado escuchando sus palabras. Entonces:

Adaptación de Jn 6, 1-15

Aquel día, había tanta gente siguiendo a Jesús y sus discípulos, que cuando llegó la hora de comer se encontraron con un problema, y es que por allí no había ningún sitio donde dieran comida para tantos. Además, los discípulos estaban preocupados, porque tampoco tenían dinero para comprar alimentos. Entonces apareció un niño, que tenía cinco panes y dos peces y los ofreció. Jesús le guiñó el ojo, y tomó los peces y los panes. Dijo que la gente se sentase. Y empezó a repartirlo. Todos estaban sorprendidos, porque no paraban de llenarse cestas y cestas de comida. Tantas, que cuando todo el mundo acabó de comer, aún sobraban doce cestos. La gente, admirada, quería nombrar a Jesús rey. Pero él se marchó a la montaña, porque no quería ese tipo de poder.

No te parece admirable que este milagro empiece con un niño. Todos los demás sólo ven problemas. La gente porque tiene hambre. Los amigos de Jesús porque piensan que no hay comida ni dinero. Pero el niño piensa: Bueno, si todos ponemos lo que tenemos, al menos tendremos algo.

También yo y tú, cada uno de los niños, tenemos panes y peces. A lo mejor no son panes y peces de verdad, como si fuese comida, pero cada uno podemos dar lo que tenemos a los demás. El que sabe cantar, puede alegrar a otros con su voz. El que juega mejor puede enseñar a quien sabe menos. El que es más alegre puede compartir su alegría. ¿Y tú? ¿Qué puedes compartir?

Escucha la canción. Fíjate en su letra. Habla del amor más sincero. El amor que lo entrega todo, sin fronteras. El de quien lo da todo. Ese fue Jesús. También tú puedes darle todo.

Al amor más sincero

Al amor más sincero,
al Amor sin fronteras,
al Amor que dio su vida por amor
encontré un día cualquiera…

…y a ese Amor tan sincero,
a ese Amor sin fronteras,
a ese Amor que dio su vida por amor
le entregué mi vida entera.

Al amor más sincero, interpretado por Javi Sánchez, «Ojos que ven.»

Todos tenemos panes y peces para poner en la cesta de Jesús. Imagina que esta semana, tú eres ese niño que va poniendo sus panes y sus peces en la cesta de Jesús. Imagínate que Jesús está ahora contigo, que te guiña el ojo a ti y que tú le vas dando lo que tienes.

El pan número 1 es mi buen humor. Tómalo Jesús.
El pan número 2 es ayudar en casa. Tómalo Jesús.
El pan número 3 es rezar un ratito cada día. Tómalo Jesús.
El pan número 4 es compartir mis cosas. Tómalo Jesús.
El pan número 5 es decirle algo bonito a mis padres. Tómalo Jesús.
El pez número 1 es dar gracias por las cosas buenas. Tómalo Jesús.
El pez número 2 es pedir perdón si hago algo mal. Tómalo Jesús.

Ahora Jesús tiene un cesto lleno de cosas bonitas. Y con eso va a poder llegar a todo el mundo. ¡Ves como no era tan difícil!

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Comentario al evangelio (27 de julio)

Jesús hablaba en parábolas, para que todo el mundo entendiera, utilizaba cuentos, símbolos sencillos para transmitir su mensaje de reino.  Utilizaba términos coloquiales de la familia, del trabajo, del campo, de las cosechas, para hacer más asequible su Palabra. Pues aún así, no comprendemos, nuestro corazón se paraliza, nuestros ojos no ven, nuestros oídos quedan inertes al ruido.  Pero ahí esta el maestro, con palabras de aliento, con voz suave, que intenta de nuevo ponernos en marcha.  Jesús sabe de nuestra pequeñez y nuestra debilidad, y sale a nuestro encuentro, porque como buen pedagogo lo intenta de nuevo.

Cuantas veces al escuchar, al leer esta parábola hemos intentado identificarnos con un tipo concreto de semilla, y es curioso, según nuestro estado de ánimo, según nuestro proceso personal va cambiando.  Y nos encontramos con nuestra realidad, muchas veces no muy brillante y descubrimos que ese Reino que se nos promete, está ahí, al alcance de la mano, pero se nos escapa, hay demasiadas cosas que nos lo impiden, a veces no entendemos que nos sucede, a veces queremos encontrar en la escritura nuestras respuestas, algo que justifique nuestras conductas, algo que ratifique nuestro estilo de vida, pero eso no dura, eso se marchita, no hay consistencia; es semilla que ha caído al borde del camino.

Cuantas veces nos sentimos eufóricos, creemos que podemos comernos el mundo, pero eso si, por nuestras propias fuerzas, queremos ser autosuficientes.  Pero Dios es el que obra en nosotros, y cerrados a su poder es perder las raíces, que son la base de una fe consistente.  Autosuficiencia y constancia son incompatibles, somos criaturas que se crecen y se mantienen del sustento de su creador.

Del mismo modo, la semilla que llevamos en nuestro corazón no germinará cuando vamos en búsqueda de cosas que no nos alcanzan la plenitud, la felicidad completa.  Buscamos fama, dinero, posición, y olvidamos que el reino es sinónimo de pequeñez, de ocultamiento.  Sólo así encontraremos frutos, lo que sean, pero habrá fruto; las capacidades o importan, los resultados dan lo mismo.  Es ser y darse.

Lo sembrado en tierra fértil que germina requiere dejarse preparar, que el arado entre profundo, que espere paciente la lluvia que le empapará, que no desespere en la oscuridad y que se duela en el esfuerzo.  Será primavera y dará fruto abundante porque el sembrador es el que se desvive por su cosecha.