Vísperas – San Alfonso María de Liborio

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor de la Iglesia. (MEMORIA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Salmo 26 I – CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Ant 2. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Salmo 26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra.
R. En la asamblea le da la palabra.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Alfonso María de Ligorio, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Alfonso María de Ligorio, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que propones constantemente a tu Iglesia nuevos modelos de vida cristiana, apropiados a todas las circunstancias en que puedan vivir tus hijos, concédenos imitar el celo apostólico que desplegó el santo obispo Alfonso María de Ligorio por la salvación de sus hermanos, para que, como él, lleguemos también a recibir el premio reservado a tus servidores fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 1 de agosto

Lectio: Miércoles, 1 Agosto, 2018
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 13,44-46
«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
«También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy presenta dos breves parábolas del Sermón de las Parábolas. Las dos son similares entre sí, pero con diferencias significativas para esclarecer mejor determinados aspectos del Misterio del Reino que está siendo revelado a través de estas parábolas.
• Mateo 13,44: La parábola del tesoro escondido en el campo. Jesús cuenta una historia bien sencilla y bien breve que podría acontecer en la vida de cualquiera de nosotros. Dice: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel”.. Jesús no explica, sino que sencillamente dice: El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo”. Así apremia casi a los oyentes a que compartan con los demás lo que esta historia suscitó en sus corazones. Comparto algunos puntos que he descubierto: (a) El tesoro, el Reino, ya está en el campo, ya está en la vida. Está escondido. Pasamos y pisamos por encima sin darnos cuenta. (b) El hombre encontró el tesoro. Fue por pura causalidad. No esperaba encontrarlo, pues no lo estaba buscando. (c) Al descubrir que se trata de un tesoro muy importante, ¿qué hace? Hace lo que todo el mundo haría para tener el derecho de poder apropiarse del tesoro. Va, vende todo lo que tiene y compra el campo. Así, junto con el campo adquiere el tesoro, el Reino. ¡La condición es vender todo! (d) Si el tesoro, el Reino, ya estaba en la vida, entonces es un aspecto importante de la vida que empieza a tener un nuevo valor. (e) En esta historia, lo que predomina es la gratuidad. Al tesoro se le encuentra por caso, más allá de las programaciones nuestras. El Reino ¡acontece! Y si acontece, tú y yo tenemos que sacar las consecuencias y no permitir que este momento de gracia pase sin fruto.
• Mateo 13,45-46: La parábola del comprador de piedras preciosas. La segunda parábola es semejante a la primera pero hay en ella una diferencia importante. Trata de descubrirla. La historia es la siguiente. “El Reino de los Cielos es semejante a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.”. Comparto algunos puntos que descubrí: (a) Se trata de un mercader de perlas. Su profesión consiste en buscar perlas. Es lo único que hace en la vida: buscar y encontrar perlas. Buscando, encuentra una perla de gran valor. Aquí el descubrimiento del Reino no es pura causalidad, sino que es fruto de una larga búsqueda. (b) El mercader de perla entiende el valor de las perlas, pues muchas personas quieren venderle las perlas que encontraron. Pero el mercader no se deja engañar. El conoce el valor de su mercancía. (c) Cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo lo que tiene y compra esa perla. El Reino es el valor más grande.
• Resumiendo la enseñanza de las dos parábolas. Las dos tienen el mismo objetivo: revelar la presencia del Reino, pero cada una la revela de una manera diferente: a través del descubrimiento de la gratuidad de la acción de Dios en nosotros, y a través del esfuerzo y de la búsqueda que todo ser humano hace para ir descubriendo cada vez mejor el sentido de su vida.

4) Para la reflexión personal

• Tesoro escondido: ¿lo has encontrado alguna vez? ¿Has vendido todo para comprarlo?
• Buscar perlas: ¿cuál es la perla que tú buscas y que aún no has encontrado?

5) Oración final

Señor, yo, en cambio, cantaré tu fuerza,
aclamaré tu lealtad por la mañana;
pues has sido un baluarte para mí,
un refugio el día de la angustia. (Sal 59,17)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 5, 35-43

<

p style=»text-align:justify;»>35Todavía estaba hablando cuando vienen [algunos] del jefe de la sinagogadiciendo: “Tu hijaha muerto ¿por qué molestas todavía al Maestro?


36Pero Jesús, no haciendo caso a dicha palabra, dice al jefe de la sinagoga: “No temas; solo cree”.

<

p style=»text-align:justify;»>
37Y no dejó que nadie le acompañara, sino Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38Y van a casadel jefe de la sinagoga, y ve el alboroto y los que lloraban y los que daban muchos alaridos; 39y, entrando, les dice: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La críano ha muerto, sino que duerme”.

<

p style=»text-align:justify;»>40Y se burlaban de él.
Pero él, expulsando a todos, toma consigo al padre de la críay a la madre y a los que [iban] con él, y entra donde estaba la cría.


<

p style=»text-align:justify;»>41Y, agarrando la mano de la cría, le dice: “Talithakoum” (que se traduce así: “Muchacha, a ti te digo, levántate”.


<

p style=»text-align:justify;»>42Y, de inmediato, la muchachase puso en pie y echaba a andar (porque era de doce años).
Y, de inmediato, quedaron fuera de sí con gran sobrecogimiento.
43Y les mandó mucho para que nadie supiera esto, y dijo que le dieran de comer».

5,35-43: Pero el episodio que acabamos de explicar parece haber producido una consecuencia trágica. Ya al llegar a la pregunta de 5,30, los lectores pueden sentirse preocupados por la suerte de la hija de Jairo: si el poder sanador de Jesús ha salido ya de él y así ha curado a la mujer, ¿cómo podrá ser capaz de curar a la niña de su enfermedad mortal? Y ahora se añade un problema aún mayor: vienen unos mensajeros de la casa de Jairo e informan al jefe de la sinagoga que, mientras Jesús ha estado buscando a la mujer, para encontrarla y conversar con ella, la hija de Jairo ha muerto (5,35).

Cuando Jairo elevó su petición de ayuda, había todavía una razón para la esperanza; ahora parece que no queda ninguna. El contraste es muy duro: el tiempo de la prisa para la curación ha pasado; ahora es momento para llamar a los plañideros profesionales. Por eso, los mensajeros añaden cruelmente: «¿Por qué sigues molestando todavía al Maestro?». Así, la muerte de la muchacha plantea un fuerte reto contra la credibilidad de Jesús. Por eso, los lectores se preguntarán: ¿Por qué ha gastado su tiempo con una mujer cuya enfermedad no era grave, permitiendo así que la joven muchacha muriera? Por desgracia, en este mundo suele suceder que una persona reciba beneficios a expensas de otros. Pero en el reino de Dios prevalece una lógica distinta, según la cual lo que es bueno para una persona también es bueno para sus prójimos. Si una mujer ha sido liberada de una aflicción que la había torturado durante doce años, esto no significa que la vida de la niña deba terminar a la edad de doce años. También ella puede ser curada, pues hay suficiente poder escatológico de sanación para todos.

De acuerdo con la promesa implícita en la palabra «Maestro», Jesús le pide a Jairo que confíe en su poder vivificante, incluso en el momento en que el anuncio de la muerte de su hija le está sacudiendo con más fuerza, precisamente el momento en que el mismo Jesús ignora el mensaje de los que le dicen que la paciente ha muerto. Los dos hombres (Jairo y Jesús) siguen caminando hacia la casa donde yace la niña muerta. Mientras avanzan, va disminuyendo progresivamente el grupo que les rodea. Este tipo de reducción de la audiencia para un milagro está atestiguada, además de en el evangelio de Marcos (cf. 7,33; 8,23), en otros lugares del Nuevo Testamento (Hch 9,40) y del Antiguo (cf. 1Re 7,19; 2 Re 4,33). Jesús deja a la multitud atrás cuando entra con Jairo al lugar de la muerte (donde está la muerte) y solo toma consigo a tres de sus discípulos, a los «tres grandes»: Pedro, Santiago y Juan (5,37). Estos son los mismos tres seguidores a quienes se les ofrecerá un anticipo de la gloria de la resurrección de Jesús en la transfiguración (9,2), pero también los llamados para compartir el sufrimiento de Jesús en Getsemaní (14,33). Así, la resurrección de la hija muerta de Jairo está implícitamente relacionada con la muerte y resurrección del mismo Jesús. Llegando a la casa de Jairo, Jesús repara en la actitud de los plañideros que lloran por la niña fallecida (5,38). Pero él no interpreta la situación como lo hacen ellos; en lugar de eso, Jesús interviene con valentía en la situación (cf. el «entrando», que tiene un sentido enfático) y pronuncia una sentencia cargada de significado, que parece contradecir lo que todos los presentes ven: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto, sino que está durmiendo». Esta afirmación utiliza una metáfora que es común en el Antiguo Testamento, en el judaísmo y en el Nuevo Testamento, y que muestra la muerte como una especie de sueño.

Eso significa que la muerte no es el final de la vida, sino un estado de interin y esperanza antes de la resurrección definitiva al final de los tiempos (cf. Dn 12,2; 1Co 15,6; 1Ts 5,10). A la vista del acontecimiento escatológico, que está empezando a penetrar en el tiempo presente, la muerte ya no aparece como última realidad, sino como la penúltima.

Pero esa afirmación de Jesús, cuando afirma que la niña solo está durmiendo, es recibida con risas por los plañideros profesionales, que son los expertos en la muerte (Mc 5,40a). Ellos saben bien que la niña está muerta y que los muertos no vuelven a la vida. Este escepticismo puede reflejar el de algunas personas del entorno de Marcos. La fe de los primeros cristianos en la resurrección suscitaba perplejidad en sus contemporáneos, dado que muchos tenían serias dudas sobre la vida que viene después de la muerte, y aquellos que la aceptaban se inclinaban a entenderla como inmortalidad del alma más que como resurrección del cuerpo. De acuerdo con eso, es normal que Pablo instruya a los tesalonicenses sobre «aquellos que han dormido», es decir, aquellos que han muerto (véase la semejanza de vocabulario con nuestro pasaje, hablando de «dormir»), vinculando su resurrección inminente con la resurrección que ya se ha cumplido en Cristo y poniendo de relieve la oposición entre la confianza de quienes creen en la resurrección y la falta de certeza de «aquellos que no tienen esperanza» (1Ts 4,13- 14). Ciertamente, la fe cristiana en la resurrección pudo parecer ridícula para los de fuera (cf. Hch 17,32). Pues bien, esta percepción del ridículo puede reflejarse para los lectores de Marcos en la reacción de los plañideros que ríen ante la afirmación de Jesús cuando dice que la niña solo está dormida.

Resulta conveniente que esta imagen de falta de fe desaparezca antes de que se realice el milagro de la resurrección. Así, Jesús expulsa a los plañideros de la casa, quedando solo él, los tres discípulos y los padres de la niña para ser testigos del acto final del drama. La palabra que se usa aquí para la expulsión de los demás (ekbalon) es un verbo fuerte que en el conjunto del evangelio indica la expulsión de los demonios (Mc 1,34; 3,15.23, etc.). Marcos puede estar indicando así que los milagros de curación de Jesús forman parte de su lucha escatológica contra los poderes demoníacos, incluyendo «el último enemigo» que es la muerte (cf. 1Co 15,26).

La expulsión de la audiencia que forma el resto de las personas, representadas por los plañideros, aumenta la sensación de misterio y drama de la historia; esta sensación va creciendo a medida que nos aproximamos al lugar terrible donde se ha instalado la muerte. La noticia de la muerte de la niña ha llegado primero hasta los protagonistas (Jesús y el padre de la niña) cuando todavía estaban lejos de la casa (5,35). Un poco más tarde, llegaron (erchontai) al lugar y vieron las actividades de los plañideros, al parecer, desde fuera (5,38). Después, entraron en la casa (eiselthon) y hablaron con los plañideros (5,39- 40a). Ahora un grupo más pequeño entra (eisporeuetai) en la habitación donde yace la niña muerta (5,40b). El énfasis que se va poniendo en esta disminución progresiva del grupo subraya el hecho de que la curación acontece en un lugar oculto y aumenta la tensión, hasta el momento de ruptura final.

La tensión desaparece en un estallido de luz. Jesús entra en la habitación y lanza su ataque contra la muerte, tomando a la niña muerta de la mano y mandándole que se levante (5,40b-41). Jesús le habla como si ella estuviera viva -¡y presta atención: está viva!-. Igual que en la «resurrección» de Lázaro en Jn 11,3, la llamada personal de Jesús hace que aquel que dormía (estaba muerto) vuelva de nuevo a la vida desde el reino de la muerte.

La impresión que producen las palabras de Jesús aumenta por el hecho de que aparecen en el idioma original, en arameo. La traducción de esas palabras al griego añade también un elemento final de bello suspense dentro de esta larga y misteriosa historia. Pero el suspense queda rápidamente superado: la niña se levanta de inmediato y comienza a caminar de un lado a otro, como si hubiera sido sacada del reino de la muerte y reintroducida en el país de la vida gracias a la mano de Jesús que la agarra, como mano de un nuevo Orfeo (5, 42a).

Marcos desea, sin duda, que sus lectores vinculen esta resurrección de la niña con la resurrección del propio Jesús. Jesús le dice a la niña que se «levante» (egeire), la misma palabra con la que se dirá que Jesús ha sido «levantado» de la muerte (êgerthê, 16,6). Por otra parte, la niña resucitó «se puso en pie» (anestê), lo mismo que él resucitará o se pondrá en pie (anastêsetai) venciendo a la muerte después de tres días (8,31; 9,31; 10,34).

La relación entre nuestra historia de «resurrección» de una niña muerta y la de la resurrección del propio Jesús ayuda a explicar el mandato final de silencio (5,43). En efecto, si la resurrección de la hija de Jairo anticipa la de Jesús, esta curación resulta en cierto sentido prematura, debe permanecer en secreto hasta que Jesús mismo haya resucitado. Pero la reacción a esta acción de Jesús no será la que se podía esperar: en el próximo pasaje los mismos paisanos de Jesús lo rechazarán, no a pesar de las maravillas que él ha realizado, sino precisamente a causa de ellas.

Yo era el hombre…

Yo era el hombre más calmo del mundo.
Era la personificación de la tranquilidad.
Yo era un hombre común, espectador educado y forofo del equipo que ganara, aunque lleno de simpatía por los perdedores en el juego de la vida. Yo sabía ganar y perder, sin perder más de lo debido.
Si llovía, yo dejaba que el agua cayese.
Si hacía sol, le dejaba calentar.
Si hacía frío, le dejaba que helara.
Si era primavera, yo dejaba que las flores crecieran.
Yo era el hombre más tranquilo de mi parroquia.
Todo estaba bien para mí, aun cuando no lo estuviese.
Nadie tenía queja alguna contra mí, pues yo era un hombre de paz.
Ciudadano calmo, sin manías, sin extremismos, tranquilo y pacífico. Eso era yo. Si había miseria a mi alrededor, yo ayudaba un poquito y luego me tranquilizaba al saber que pocos hacían lo que yo.
Si veía sufrir, yo aportaba mi ayuda por algún tiempo y luego volvía a mi vidita particular, sin angustias ni inquietudes.
Si alguien me venía llorando, yo le consolaba con algunas palabras paternalistas, que son las que la gente dice siempre al que llora. Después seguía mi vereda…
Yo era un hombre bueno. No quiero decir que fuera el mejor sujeto del mundo, ¡pero tampoco de los peores! No mataba ni robaba y hasta, de vez en cuando, sentía un nudo en la garganta cuando iba a ver una película o una función de circo.
¡Vaya vida! Yo me merecía un premio. En una época de tanto egoísmo, yo era de veras un tipo leal y sincero. En una época de tanta neurosis, yo era un sujeto calmo que comunicaba la paz. En una época de tanto escapismo, yo era un tío metódico que nunca dejó de cumplir sus obligaciones. ¡Incluso rezaba todos los días, cosa que pocos hacen!
Todo eso era yo: calmo, tranquilo, corriente, sabía estar en mi lugar, incapaz de entrometerme en la vida ajena, lleno de compasión paternal, buen vecino, bue amigo, buen empleado, buen hijo, buen ciudadano… ¡Menuda vida! Yo me merecía el premio Nobel de la Tranquilidad…
Justo entonces Jesús pasó por mi vida… ¡Y ya nunca me pude quedar solo en la mía! Cuando él pasa, o uno entra en la suya o se queda sin ninguna…
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

Más vivos, más humanos

32. No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. Depender de él nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad. Esto se refleja en santa Josefina Bakhita, quien fue «secuestrada y vendida como esclava a la tierna edad de siete años, sufrió mucho en manos de amos crueles. Pero llegó a comprender la profunda verdad de que Dios, y no el hombre, es el verdadero Señor de todo ser humano, de toda vida humana. Esta experiencia se transformó en una fuente de gran sabiduría para esta humilde hija de África»[30].


[30] S. Juan Pablo II, Homilía en la Misa de canonización (1 octubre 2000), 5: AAS 92 (2000), 852.

Comentario Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

Oración del Salmo 111

¡Aleluya!
¡Clemente y compasivo YHWH!
Dio de comer a quienes lo honran, se acuerda por siempre de su alianza. Reveló a su pueblo la fuerza de su acción, les dio como herencia las naciones. Su mano actúa con verdad y justicia, son leales todos sus mandatos, válidos para siempre jamás, para cumplirlos con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo, determinó para siempre su alianza; Su alabanza permanece para siempre.

 

Jn 6, 24-35

«24Así que cuando la muchedumbre vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, ellos subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, buscando a Jesús.

25Y al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: “Rabbí, ¿cuándo llegaste aquí?”. 26Les respondió Jesús y dijo: “En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. 27Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste el Padre, Dios, hasellado”.

28Así que le dijeron: “¿Qué haremos para obrar las obras de Dios?”.29Respondió Jesús y les dijo: “Ésta es la obra de Dios, que creáis en aquél al que envió”.

30Así que le dijeron: “¿Qué signo haces tú, pues, para que veamos y te creamos? ¿Qué obras [= haces]? 31Nuestros padres comieron el maná enel desierto, como está escrito: ‘Pan del cielo les dio a comer’”. 32Así que les dijo Jesús: “En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés el que os dio el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo; 33porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”.

34Así que le dijeron: “Señor, danos siempre ese pan”. 35Les dijo Jesús:“Yo soy el pan de vida. El que viene a mí, no tendrá hambre, y el que cree en mí, no tendrá sed nunca».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Tras el episodio de la multiplicación, que leíamos el domingo pasado, el evangelio nos cuenta el episodio de Jesús caminando sobre las aguas (Jn 6,16-21) y, tras éste, da comienzo el Discurso del Pan de Vida, un denso texto para meditar con calma. Es largo, lo leeremos en varios domingos y podemos tener la impresión de que Juan se repite mucho, pero en realidad va avanzando en sus afirmaciones cada vez con mayor profundidad. El discurso sobre el Pan de Vida es un conjunto de siete diálogoscada vez más largos, tensos y densos, que desarrollan el sentido de la multiplicación de panes como símbolo de la Eucaristía, y que culminan y desembocan en la confesión de Pedro (vv. 68-69). Jesús habla con la muchedumbre, con los judíos y con los discípulos. A medida que va conversando con Jesús, la muchedumbre se va alejando de Jesús y aparece mayor hostilidad: a medida que la conversación avanza, cada vez hay menos gente que se queda con Jesús. Al final sólo se quedan los Doce. También hoy ocurre que, cuando el evangelio exige determinados compromisos, muchos se alejan de Jesús.

 

TEXTO

Nuestro evangelio contiene parte de la introducción al discurso del Pan de Vida (v. 24), tres diálogos completos (vv. 25-27; 28-29; 30-33) y el cuarto diálogo, incompleto (vv. 34-35; el resto, hasta el v. 41 no lo leeremos en la liturgia dominical [!]). La introducción muestra un interés desmedido de la gente por encontrar a Jesús (cf. desde v. 22). Pero es una búsqueda interesada, como lo pone en evidencia el primer diálogo, donde Jesús cambia la perspectiva: hay que obrar por un alimento para la vida eterna (vv. 25-27). El segundo diálogo especifica ese obrar: se trata de creer en el enviado de Dios, el propio Jesús (vv. 28-29). El tercer diálogo recoge la “vuelta a las andadas” de la gente que busca signos, y Jesús les vuelve a reconducir al alimento imperecedero, el verdadero pan del cielo, dado por Dios para vida del mundo, que es Jesús mismo, el enviado, el que baja del cielo (vv. 30-33). El inicio del cuarto diálogo desvela con claridad todo lo anterior con la enfática afirmación de Jesús: Él es el pan de vida en quien hay que creer (vv. 34-35).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Atendamos las repetidas preguntas de la gente a Jesús: ¿reflejan nuestras preocupaciones vitales o religiosas? ¿qué preguntas hacemos hoy al Señor? ¿cuáles son nuestras preocupaciones? Atendamos también las respuestas de Jesús: ¿en qué medida son válidas para nosotros y atendidas por nosotros?

• La gente busca a Jesús porque quiere más pan, pero sólo a nivel material. Y Jesús pide que vaya más allá, que hay un alimento que no perece por el que hay que trabajar. La preocupación por esta vida nos impide preocuparnos por otra vida (la eterna). ¿Qué sentido tiene esto para nosotros, como cristianos seguidores de Jesús? Recordemos que estamos en el mundo, pero no somos del mundo. ¿Cambia esto nuestro modo de afrontar la vida?

• La gran obra que Dios nos pide es creer en aquél que Dios envió, en Jesús. La fe en Jesús quita “hambre y sed”: ¿quéexperiencia tenemos a este nivel? ¿Crecemos en la fe?

• Jesús es el verdadero pan del cielo, el pan de Dios, el pan que vence la muerte y trae vida. La fe y la vida están estrechamente relacionadas; la fe fecunda y ensancha la vida; la fe es una entrega confiada al Señor Jesús, que se nos ofrececomo un “pan” que sustenta nuestras personas, confiere nuevos rumbos a nuestra vida y nos trae vida nueva. Creer más es vivir más.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
5 de agosto 2018

Éxodo 16,2-4,12-15; Salmo 77; Efesios 4:17,20-24; Juan 6:24-35

La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado.

En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste acá?» Jesús les contestó: «Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?» Respondió Jesús: «La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado». Entonces la gente le preguntó a Jesús: «¿Qué signo vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo».Jesús les respondió: «Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed».

Reflexión

Jesús dice que crean en aquel a quien Dios ha enviado. Dios les dio a comer maná en el desierto. Jesús nos recuerda que el nuevo maná que da la vida verdadera y eterna al mundo es su propio Cuerpo y Sangre ¿Qué cosas les da alegría? ¿Les da alegría estar junto a Jesús? Jesús dice que estar junto a Él da mucho más que todas las cosas de este mundo. ¿Que nos da Jesús? (Alegria, paz, bondad, sabiduría, fuerza) ¿Conversas con Jesús como si fuera tu mejor amigo? Tratemos esta semana de conversar mucho con Jesús, nuestro mejor amigo.

Actividad

Preparen unas tarjetas.

Hoy me hizo feliz:

Hoy me preocupa:

Hoy me molesta:

Hoy necesita nuestra ayuda:

Jesús, ayúdame hoy a crecer en fe, esperanza y amor.

Motiven a los niños a escribir/dibujar su compromiso de oración para esta semana. Que prometan hablarle de que les hace feliz, que les preocupa, que les molesta, y de alguien que necesita ayuda. Visiten al Santísimo, si es posible, con las tarjetas para que empiecen en seguida.

Oración

Señor, a veces las cosas que deseamos no son las que Tú deseas. Enséñanos a creer firmemente que Tú Pan y Tú presencia entre nosotros es lo que nos da la vida y la alegría verdadera. Que tú seas siempre nuestro mejor amigo. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

JESÚS ES REAL

“Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan no porque han visto señales, sino porque comieron pan hasta llenarse. Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre este ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación” (Juan 6, 26-27).

La compañía de la bebida Coca Cola ha estado en producción por más de 100 años. ¿Hay alguien aquí que nunca haya tomado o probado una Coca Cola? Me extrañaría que así fuera. Ahora, hay muchos refrescos, pero solo una Coca Cola. De hecho, una de los eslóganes más populares usados por publicidad de la Coca Cola es “Coca Cola – es real.” La Coca Cola puede ser lo “real” cuando se trata de refrescos, pero en la lectura bíblica de hoy, aprenderemos lo que es más importante cuando se trata de “lo real” de nuestra vida.

En nuestra lección bíblica, una multitud que había estado presente al Jesús alimentar a 5000, estaban buscándole. Al no encontrarlo, se fueron en sus barcas al otro lado del lago y allí encontraron a Jesús. Al encontrarle le preguntaron: “Rabí, ¿cuándo llegarte acá?’

Jesús les respondió: “Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan no porque han visto señales, sino porque comieron pan hasta llenarse. Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre este ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación.”

La verdad es que no estoy seguro de lo que deseaba indicar Jesús al decir que Dios le había puesto su sello de aprobación, pero sí recuerdo que cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, se oyó una voz del cielo decir: “Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él”. También recuerdo que cuando Jesús estaba en el Monte de la Transfiguración con Moisés y Elías, se escuchó una voz del cielo que dijo: “Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!” Estos dos eventos pudieran ser considerados, sin lugar a dudas, sellos de aprobación de Dios a su Hijo.

Después de Jesús indicarle a la gente que Dios le había dado su sello de aprobación, ellos le dijeron: “¿Y qué señal harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer? Las Escrituras dice que Moisés le dio a nuestros antepasados pan del cielo a comer.”

Jesús les contestó: “Ciertamente les aseguro que no fue Moisés el que les dio el pan del cielo. El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre y ahora les ofrece ese pan. Yo soy el pan de vida. El que en mí cree nunca pasará hambre.”

Algunas personas están buscando un signo de parte de Dios que les demuestre que Jesús es real. En la palabra de Dios, Él nos ha dado el único signo que necesitamos. Él le ha dado a Jesús su sello de aprobación. Le dijo: “Este es mi Hijo.” ¡No hay duda que Jesús es real!

Padre, te damos gracias por haber enviado a tu Hijo. Agradecemos grandemente el saber que Jesús es real y que lo único que necesitamos es creer en Él. En su nombre hemos orado. Amén.

Comentario al evangelio – 1 de agosto

No, el reino de Dios, las cosas de Dios, no son cantidades despreciables. Ni son como materia desdeñable, bisutería, baratijas. Son lo más valioso. Ningún precio es demasiado alto para obtenerlas, hay que venderlo todo. Recordamos el proverbio: «Quien quiere comprar a Dios y se guarda el último céntimo, es un tonto, porque a Dios solo se le compra con el último céntimo».

A esto se lo llama “el principio del todo” (G. Lohfink) o la norma de la totalidad. Los santos lo han vivido. Basta espigar unos pocos ejemplos: «mi Dios y mi todo» (San Francisco de Asís, y lema de los franciscanos); «ámalo totalmente» (Clara de Asís); «tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta» (Ignacio de Loyola, cuya memoria celebrábamos ayer); «Ya toda me entregué y di / y de tal suerte he trocado / que mi Amado es para mí / y yo soy para mi amado» (Teresa de Ávila); «A Dios toda la gloria, al prójimo toda la alegría, a mí todos los sacrificios» (María Bertila Boscardin).

¿Estamos dispuestos a vivir la economía del todo? ¿Nos asusta ese principio?