Vísperas – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CALOR DE DIOS EN SANGRE REDENTORA.

Calor de Dios en sangre redentora,
y un río de piedad en tu costado;
bajo tu cruz quédeme arrodillado,
con ansia y gratitud siempre deudora.

Conózcate, oh Cristo, en esta hora
de tu perdón; mi beso apasionado,
de ardientes labios en tu pie clavado,
sea flecha de amor y paz de aurora.

Conózcame en tu vía dolorosa
y conozca, Señor, en los fulgores
de tus siete palabras, mi caída;

que en esta cruz pujante y misteriosa
pongo, sobre el amor de mis amores,
el amor entrañable de mi vida. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Salmo 40 – ORACIÓN DE UN ENFERMO

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor;
«A ver si se muere y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Ant 2. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Salmo 45 – DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Ant 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE   Rm 15, 1-3

Los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, sin complacernos a nosotros mismos. Cada uno cuide de complacer al prójimo para su bien, para su edificación; que Cristo no buscó su propia complacencia, según está escrito: «sobre mí cayeron los ultrajes de quienes te ultrajaron».

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre suyo.
R. Por la virtud de su sangre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Bendigamos a Dios que escucha con amor la oración de los humildes y a los hambrientos los colma de bienes; digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la iglesia que sufren:
acuérdate que por ellos, Cristo, cabeza de la iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio vespertino.

Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y de los huérfanos,
y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.

Concede a tus hijos la fuerza necesaria
para resistir las tentaciones del Maligno.

Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte:
que seamos fieles hasta el fin y dejemos este mundo en tu paz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Conduce a los difuntos a la luz donde tu habitas
para que puedan contemplarte eternamente.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que los que hemos sido aleccionados con los ejemplos de la pasión de tu Hijo estemos siempre dispuestos a cargar con su yugo llevadero y con su carga ligera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 3 de agosto

Lectio: Viernes, 3 Agosto, 2018
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 13,54-58
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?» Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.» Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy narra cómo fue la visita de Jesús a Nazaret, su comunidad de origen. El paso por Nazaret fue doloroso para Jesús. Lo que antes era su comunidad, ahora ha dejado de serlo. Algo cambió. Donde no hay fe, Jesús no puede hacer milagros.
• Mateo 13, 53-57ª: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús. Siempre es bueno volver para la propia tierra. Después de una larga ausencia, Jesús también vuelve y, como de costumbre, en el día de sábado, se fue a la reunión de la comunidad. Jesús no era coordinador, pero tomo la palabra. Señal de que las personas podían participar y expresar su opinión. La gente quedó admirada, no entiende la actitud de Jesús: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?” Jesús, hijo del lugar, que ellos conocían desde niño, ¿cómo es que ahora es tan diferente? La gente de Nazaret queda escandalizada y no lo acepta: “¿No es éste el hijo del carpintero?” La gente no acepta el misterio de Dios presente en un hombre común como le conocían a Jesús. Para poder hablar de Dios, tenía que ser diferente. Como se ve, no todo fue bien. Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Noticia, son las que se obstinan en no aceptarla. El conflicto no es con los de fuera de casa, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen entender el misterio que envuelve a la persona de Jesús: “¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y ¿sus hermanas no están aquí con nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto» No lo podían entender.
• Mateo 13, 57b-58: Reacción de Jesús ante la actitud de la gente de Nazaret. Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y dice: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio”. De hecho, allí donde no hay aceptación, donde no hay fe, no se puede hacer nada. Los prejuicios lo impiden. Jesús mismo, aún queriendo, no puede hacer nada. Queda asombrado ante la falta de fe.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos de Jesús” causa mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tiene hermanos y hermanas y que María tiene más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de todo esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por ello, no conviene reñir o discutir esta cuestión solamente con argumentos de la cabeza. Se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. Irrita y aleja. Aún cuando no estoy de acuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla. En segundo lugar, en vez de reñir entorno a los textos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos mucho más para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar algunas otras frases de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidan! Quien no está contra de nosotros está a favor” (Mc 10,39.40).
4) Para la reflexión personal
• En Jesús algo cambió en su relación con la Comunidad de Nazaret. Desde que has empezado a participar en la comunidad, ¿algo ha cambiado en tu relación con la familia? ¿Por qué?
• La participación en la comunidad, ¿te ha ayudado a acoger y a confiar más en las personas, sobre todo en los más sencillos y pobres?
5) Oración final
Pero a mí, desdichado y malherido,
tu salvación, oh Dios, me restablecerá.
Celebraré con cantos el nombre de Dios,
lo ensalzaré dándole gracias. (Sal 69,30-31)

Jn 18, 36-37

«Jesús contestó:
— Mi reino no es de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí» (Jn 18, 36).
«Pilato le preguntó:
— Entonces, ¿tú eres rey?
Jesús contestó:
— Tú lo has dicho. Yo soy rey; para esto nací y para esto vine al mundo, para ser testigo de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad, escucha mi voz.
Pilato le dijo:
— ¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 37).
Un día, cuando fue mi vez para empezar la conversación le dije a Dios:
— Señor, ¡yo no puedo ser profeta! ¿Ya sabes de qué va, Dios mío! El profeta es un tipo diferente y marginado que necesita estar siempre gritando verdades, ¡y no tengo madera para eso! Prefiero no meterme en la vida de los demás, ¡ya sabes cómo es! Quien tiene el tejado de vidrio…
Y Dios me respondió:
— ¡Yo quiero un profeta, lo estoy necesitando!
— ¡Pero yo no puedo, Señor! Profeta es quien está preparado para decir las cosas «a la cara», y yo no sé nada de eso. Basta que me oigas: Ah, ah, ah… ¿lo viste? ¡No sé ni siquiera hablar!…
Y de nuevo se hizo silencio entre mi Diso y yo.
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

34. No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos»[32].


[32] La mujer pobre, II, 27.

La misa del Domingo: misa con niños

MONICIÓN DE ENTRADA

Al venir todos los domingos a la Eucaristía ¿sabéis por qué lo hacemos? Entre otras cosas, porque el Señor, alimenta nuestra vida interior.

Hoy, con frecuencia, nos encontramos con personas que sólo viven preocupados por el alimento del cuerpo. ¿Es suficiente? ¿No os parece que, el comer, no lo es todo?

Comencemos esta Eucaristía sabiendo que, el Señor, nos proporciona el alimento material y, por supuesto, le demos las gracias por fortalecer nuestra vida espiritual con su Palabra, con la Eucaristía con los sacramentos.

Nos ponemos de pie

2. PENITENCIAL

1 Decimos querer al Señor y nos cuesta confiar sólo en su Palabra. Señor, ten piedad

2. Presumimos de ser cristianos pero, no siempre, se nota en nuestras obras y en nuestros comportamientos. Cristo, ten piedad

3. Cuando sentimos cansancio ¿por qué no recurrimos a la oración y al silencio que nos ofrece Dios? Señor, ten piedad

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Al igual que los israelitas por el desierto, también hay muchos hombres y mujeres que protestan porque no tienen lo esencial para vivir, porque les falta el pan. Las lecturas de hoy nos invitan a buscar el pan que Dios nos ofrece. No es un pan de harina, aunque también éste es necesario, el pan que el Señor nos ofrece es un alimento de vida eterna, un alimento que sabremos valorar el día de mañana. Escuchemos con atención.

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia. Para que en su mesa se sienten todos aquellos que buscan con sinceridad respuestas para su vida. Roguemos al Señor.

2. Por los que se sienten vacíos, fracasados. Para que vuelvan al camino de la fe. Para que salga alguien a su encuentro y puedan vivir alegres con Cristo. Roguemos al Señor.

3. Un recuerdo especial por los sacerdotes. Que cuiden de la Eucaristía y nos hagan partícipes a todos nosotros de ese Misterio. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que están de vacaciones. Por aquellos que trabajan. Por todos aquellos que se dedican a procurar el pan de cada día a los demás. Un recuerdo por los panaderos. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

1. Con esta LUPA queremos simbolizar nuestro deseo de buscar siempre al Señor. Que nunca nos cansemos de encontrarle en la Eucaristía, en el pan consagrado.

2. Con esta palabra CREO, le decimos al Señor que, ante todo, creemos y esperamos en sus promesas.

3. Con el PAN Y EL VINO traemos sufrimientos, alegrías y penas de toda la humanidad. Que el Señor nos ayude a cambiar el mundo a mejor.

6. ORACIÓN FINAL

TU ERES EL PAN QUE NOS SALVA

Si necesitamos,
apareces cuando menos lo esperamos
Si te llamamos,
vienes a nuestro encuentro
Si tenemos hambre
abres la mano y nos sacias

TU ERES EL PAN QUE NOS SALVA

Ayúdanos a descubrir a Dios,
en cada acontecimiento
en los detalles de cada día
En el pobre y en el necesitado,
en el triste o en el angustiado

TU ERES EL PAN QUE NOS SALVA

Si estamos débiles,
repartes tu pan con nosotros
Si nos encontramos derrotados,
nos animas con el Pan de tu Palabra
Si nos encontramos desorientados
eres luz que nos ilumina.
¡Gracias, Señor!

La misa del Domingo

Domingo XVIII de Tiempo Ordinario
5 de agosto

 

Lectura del Libro del Exodo 16, 2-4. 12-15;
Sal.77, 3 y 4bc.23-24.25 y 54
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 4, 17. 20-24
Lectura del santo Evangelio según San Juan 6, 24-35

Las lecturas de hoy tienen un claro tinte eucarístico y sacramental. La acción nos va a llevar desde las tierras del desierto con Moisés y Aarón hasta las orillas de Galilea junto a Jesús y la predicación de Pablo a los primeros cristianos de Éfeso.

Evocar: hacer memoria

Hoy vivimos inmersos en lo digital y en las prisas, pero durante mucho tiempo nuestra cultura ha sido narrativa y aún hoy los mayores siguen contando batallitas e historias de cuando eran jóvenes (ojo que instagram y twitter y facebook es otra forma de contar historias pero en tiempo real). El salmo nos invitaba a hacer memoria, un rasgo muy claro de la cultura semita. Hacer memoria es más que recordar simplemente, es actualizar lo vivido.

Y eso es lo que hacía el pueblo judío cada Pascua, volver a hacer presente lo vivido por sus antepasados en el desierto, volver a experimentar a un Dios providente que dio el maná del cielo y alimento en mitad de la necesidad. Es lo mismo que hacemos cada domingo en la eucaristía. Recordar los gestos y las palabras de Jesús nos conectan con esos primeros discípulos y también con los miles, millones de cristianos que a lo largo de la historia celebran o han celebrado la eucaristía. Pensad por un momento que en este mismo instante alguien está repitiendo en algún lugar del mundo los mismos gestos que vamos a hacer y eso, de alguna manera, nos une a ellos.

Convocar: una comunidad reunida

Esta conciencia de estar unidos a una comunidad universal y mayor que nuestro pequeño pueblo o parroquia, es algo de lo que empezaron a vivir los primeros discípulos, algo de lo que intuían aquellos que se acercaban a Jesús a las orillas del lago, en Cafarnaun, sin tener muy claro quién era ese Jesús que habla de un Padre bueno, de amarse, de perdonar,…

Piensa por un momento en todas aquellas personas con las que a lo alrgo de la vida has compartido la fe, has celebrado la eucaristía. Algunos están aquí, sentadas en el banco de al lado, os lleváis viendo toda la vida… con algunos tendrás en común, a aotros los conoceras más… pero a todos te une un mismo Señor y una misma fe… y la misma invitación de Jesús: creer en el Padre, creer en Jesús y saciar así todo el hambre y sed de sentido que tiene nuestra vida.

Provocar: hombres y mujeres nuevos

Y para concluir no quiero olvidarme de las palabras de Pablo a los Efesios. La memoria evocada, el sacramento celebrado en comunidad, no se agota en este ratito del domingo, sino que debe de trasladarse y transmitirse a toda la semana. Nuestra vida ha de hacerse eucaristía, pan que se parte y se reparte. Como nos dice el Apostol, estamos llamados a ser personas nuevas, a revestirnos de paz y de justicia… Piensa en esta semana que puede haber de nuevo en tu vida que sea capaz de trasparentar ese Jesús que llevas y ahora recibes.

Pedro Hernández, sdb

El pan que da Jesús (Oración)

EL PAN QUE DA JESÚS

 

Hola Jesús. Una semana más tengo la oportunidad de pasar un rato y aprender contigo. Seguro que hoy también eres mi maestro y mi amigo. ¿Qué querrás decirme hoy?

Adaptación de Jn 6, 24-35

Un día Jesús tuvo una discusión muy interesante con la gente. Muchas personas iban todo el tiempo detrás de él. Pero Jesús se dio cuenta de que solo le seguían porque hacía milagros, para ver más y más cosas maravillosas. Entonces les dijo: “Si sois mis amigos porque hago trucos, porque tengo poder, porque os doy pan hasta saciaros, es que no me entendéis. Es mucho más importante que creáis en lo que yo anuncio”. Ellos le preguntaron. “¿Y qué es lo que tú anuncias?” Jesús les dijo. “Lo que yo anuncio es que Dios nos da un pan diferente. Un pan que quita el hambre más profunda. No la del estómago, sino el hambre de alegría, de justicia y de amor”. Ellos dijeron: “Danos ese pan”. Jesús les dijo: “Yo soy ese pan”. Lo que quería decirles es que vivieran como él vive, que actuaran como él actúa y que aprendieran de sus palabras, que es lo que de verdad nos llena.

¡A que te gusta comer! Seguro que sí. A todos nos gusta comer. No sólo nos gusta, es que lo necesitamos para un montón de cosas. Te imaginas que te falta la comida. Entonces no tendrías fuerzas, ni podrías creer. Estarías todo el tiempo con hambre. ¡Qué suerte tener pan cada día! Dale gracias a Dios porque puedes comer todos los días.

Pero además del pan hecho de trigo o tortas de harina. Además de la comida cocinada, también hay otra hambre en la vida. Hambre de amor, hambre de diversión, hambre de risa. Jesús hoy me recuerda que es importante tener hambre de tres cosas: de alegría, de justicia y de amor. Repite despacito, por dentro, esta petición: Dame hambre de alegría, de justicia y de amor.

¿Te acuerdas de la oración de la semana pasada? Jesús daba pan para todos. Otras veces hemos rezado sobre el pan que se da en la eucaristía. Recibir a Jesús en nuestro corazón es recibir ese alimento que nos da alegría, justicia y amor. Lo canto pidiendo dame de tu pan.

Dame de tu pan

Dame de tu pan,
dame de beber
que ando sediento y hambriento de ti
no hay nada que sacie mi sed.  

Dame de tu pan
Dame de beber
que sólo tu cuerpo y tu sangre
avivan mi fe.

Dame de tu pan
Dame de beber
que yo aliviaré a mis hermanos
con hambre y con sed.  

Dame de tu pan
Dame de beber
que sólo tu cuerpo y tu sangre
avivan mi fe.

Dame de tu pan interpretado por Nico Montero, «Lo nuevo ha comenzado.»

Vamos a repetir ahora, despacio:

Dame el pan

Dame el pan de tu alegría,
para que sepa vivir contento
Dame el pan de tu justicia,
para que sepa ser una persona justa.
Dame el pan de tu amor,
para que sepa amar a los demás.

 

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio- 3 de agosto

Un filósofo afirmaba que la pregunta es la piedad del pensamiento. En el evangelio de hoy no se cumple su opinión, porque las preguntas de los conciudadanos de Jesús son, en unos casos, puramente retóricas, y en otros no revelan apertura, receptividad, búsqueda; más bien delatan desconfianza, incredulidad. Y aquí hay que decir: «En la desconfianza está el peligro; en la confianza, la salvación».

Estaban al corriente del parentesco de Jesús, ese que conoce el vecindario y que se consigna en los registros de nacimientos o en los libros de familia. Es parte de la verdad de Jesús, pero no toda la verdad. Aquella gente se quedaba fuera de su verdad más profunda, la que asomaba en su sabiduría y en sus actos de poder, que eran actos de sanación, de liberación, y que podían haber servido de umbral para entrar en la verdad más honda, la que narra el parentesco y origen radical de Jesús: es el Hijo de Dios. Si ya Lautréaumont declaró «Me dijeron que era hijo del hombre y de la mujer, y me sorprendió. Yo creía ser algo más», con mucha más razón lo confesamos nosotros de Jesús: es el “hijo de María”… y el Hijo de Dios.

Escudriñemos sus signos y abrámonos confiadamente a su verdad, que nunca acabaremos de conocer y comprender.