I Vísperas – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿QUIÉN ES ÉSTE QUE VIENE?

¿Quién es éste que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Ant 2. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   Col 1, 3-6a

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios hizo llover maná para el pueblo, les dio pan del cielo. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios hizo llover maná para el pueblo, les dio pan del cielo. Aleluya.

PRECES

Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa Francisco y por nuestro obispo N.;
protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra
para que a nadie falte el pan de cada día.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, ten piedad de los difuntos
y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, danos tu misericordia y atiende a las súplicas de tus hijos; concede la tranquilidad y la paz a los que nos gloriamos de tenerte como creador y como guía, y consérvalas en nosotros para siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 4 de agosto

Lectio: Sábado, 4 Agosto, 2018
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 14,1-12
En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.» Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.» Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy describe cómo Juan Bautista fue víctima de la corrupción y de la prepotencia del gobierno de Herodes. Fue condenado a muerte sin proceso, durante un banquete del rey con los grandes del reino. El texto nos da muchas informaciones sobre el tiempo en que Jesús vivía y sobre la manera en que los poderosos de aquel tiempo ejercían el poder.
• Mateo 14,1-2. Quién es Jesús para Herodes. El texto inicia informando sobre la opinión de Herodes respecto a Jesús: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas. Herodes trataba de entender a Jesús desde los miedos que le asaltaban después del asesinato de Juan. Herodes era un grande supersticioso que escondía el miedo detrás de la ostentación de su riqueza y de su poder.
• Mateo 14,3-5: La causa escondida del asesinato de Juan.Galilea, la tierra de Jesús, estaba gobernada por Herodes Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande, desde el 4 antes de Cristo. ¡43 años en todo! Durante el tiempo en que Jesús vivió, no hubo mudanza de gobierno en Galilea! Herodes era dueño absoluto de todo, no rendía cuenta a nadie, hacía lo que se le pasaba por la cabeza. ¡Prepotencia, falta de ética, poder absoluto, sin control por parte del pueblo! Pero quien mandaba en Palestina, desde el 62 antes de Cristo, era el Imperio Romano. Herodes, en Galilea, para no ser depuesto, procuraba agradar a Roma, en todo. Insistía sobre todo en una administración eficiente que diera lucro al Imperio. Su preocupación era su propia promoción y seguridad. Por ello, reprimía cualquier tipo de subversión. Mateo informa que el motivo del asesinato de Juan fue la denuncia que el Bautista hace a Herodes por haberse casado con Herodíades, mujer de su hermano Felipe. Flavio José, escritor judío de aquella época, informa que el motivo real de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía a un levantamiento popular. A Herodes le gustaba ser llamado bienhechor del pueblo, pero en realidad era un tirano (Lc 22,25). La denuncia de Juan contra Herodes fue la gota que hizo rebosar el vaso: «No te está permitido casarte con ella”. Y Juan fue puesto en la cárcel.
• Mateo 14,6-12: La trama del asesinato. Aniversario y banquete de fiesta, ¡con danzas y orgías! Marcos informa que la fiesta contaba con la presencia “de los grandes de la corte, de los oficiales y de personas importantes en Galilea” (Mc 6,21). Es éste el ambiente en que se trama el asesinato de Juan Bautista. Juan, el profeta, era una denuncia viva de este sistema corrupto. Por esto fue eliminado bajo pretexto de un problema de venganza personal. Todo esto revela la flaqueza moral de Herodes. ¡Tanto poder acumulado en mano de un hombre sin control de sí! En el entusiasmo de la fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento liviano a Salomé , la joven bailarina, hija de Herodíades. Supersticioso como era, pensaba que debía guardar ese juramento, atendiendo a los caprichos de la muchacha y mandó el soldado a traerle la cabeza de Juan sobre una bandeja y entregarla a la bailarina, que a su vez la entregó a su madre. Para Herodes, la vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como disponía de la posición de las sillas en la sala.
Las tres características del gobierno de Herodes: la nueva Capital, el latifundio y la clase de los funcionarios:
a) La Nueva Capital. Tiberíades fue inaugurada cuando Jesús tenía 20 años. Era llamada así para agradarle a Tiberio, el emperador de Roma. Allí moraban los dueños de la tierra, los soldados, la policía, los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Para allá llevaban los impuestos y el producto del pueblo. Allí Herodes hacía sus orgías de muerte (Mc 6,21-29). Tiberíades era la ciudad de los palacios del Rey, donde vivía el personal que viste con elegancia (cf Mt 11,8). No consta en los evangelios que Jesús hubiese entrado en esta ciudad.
b) El latifundio. Los estudiosos informan que, durante el largo gobierno de Herodes, el latifundio creció en prejuicio de las propiedades comunitarias. El libro de Henoc denuncia a los dueños de las tierras y expresa la esperanza de los pequeños: “¡Entonces los poderosos y los grandes dejarán de ser los dueños de la tierra!” (Hen 38,4). El ideal de los tiempos antiguos era éste: “Cada uno se sentaba a la sombra de su parra y de su higuera, y nadie lo inquietaba” (1 Mac 14,12; Miq 4,4; Zac 3,10). Pero la política del gobierno de Herodes volvía imposible la realización de este ideal.
c) La clase de los funcionarios. Herodes creó toda una clase de funcionarios fieles al proyecto del rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras, fiscales del mercado, recaudadores de impuestos, militares, policías, jueces, promotores, jefes locales. En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que apoyaban al gobierno. En los evangelios, algunos fariseos aparecen junto a los herodianos (Mc 3,6; 8,15; 12,13), lo cual refleja la alianza entre el poder religioso y el poder civil. La vida de la gente en las aldeas estaba muy controlada tanto por el gobierno como por la religión. Se necesitaba mucho valor para comenzar algo nuevo, ¡como lo hicieron Juan y Jesús! Era lo mismo que atraerse sobre sí la rabia de los privilegiados, tanto del poder religioso como del poder civil.

4) Para la reflexión personal

• ¿Conoces a personas que murieron víctima de la corrupción y de la dominación de los poderosos? Y aquí entre nosotros, en nuestra comunidad y en nuestra iglesia, ¿hay víctimas de desmando y de autoritarismo?
• Herodes, el poderoso, que pensaba ser el dueño de la vida y de la muerte de la gente, era un cobarde ante los grandes y un adulador corrupto ante la muchacha. Cobardía y corrupción marcaban el ejercicio del poder de Herodes. Compáralo con el ejercicio del poder religioso y civil, hoy, en los diversos niveles de la sociedad y de la Iglesia.

5) Oración final

Lo han visto los humildes y se alegran,
animaros los que buscáis a Dios.
Porque Yahvé escucha a los pobres,
no desprecia a sus cautivos. (Sal 69,33-34)

Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

Está claro, en este evangelio, que (junto con el tema de la salud) lo primero y lo que más preocupa a los humanos es la comida. Por eso buscan a Jesús de nuevo los que se habían saciado de comer. Las dos primeras preocupaciones de la vida son estar sanos y poder comer lo necesario. Por eso es tan básica y tan lógica la preocupación por el pan, es decir, no pasar necesidad. De ahí, que la crisis económica nos preocupe tanto a casi todos, menos a los que se están forrando de ganar dinero ahora precisamente, cuando hay más hambre en el mundo.

Cuando Jesús advierte que lo buscan motivados por ese interés, les dice que hay algo más importante, algo que les conviene más. Hay un alimento superior, el que da «vida eterna», que no se refiere a la «otra vida», sino a «una vida distinta de la existencia de antes».Jesús les dice así que no basta el interés por la comida y la sana economía, sino que lo determinante es una vida en la que se imponga, antes que ninguna otra cosa, la bondad, el respeto, la solidaridad. Porque, cuando ese es el tipo de vida que se impone, se resuelve, no solo el problema del hambre, sino tantos otros problemas humanos que nos hacen desgraciados o, si se resuelven, nos hacen felices.

Esta nueva vida se alcanza por medio de la fe, es decir, la adhesión a Jesús, a su mensaje, a su forma y estilo de vida. Cuando el Evangelio se hace en nosotros convicción, entonces empezamos a vivir esa vida distinta, la «vida eterna», que nos cambia y cambia el mundo.

José María Castillo

Lc 12, 49-53

«Vine a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que se hay cumplido!
¿Creéis vosotros que yo vine para establecer la paz en la tierra? Os digo que no, sino la división. En efecto, de ahora en adelante, en una casa de cinco personas, habrá división, tres contra dos y dos contra tres; división de padre contra hijo y de hijo en contra de su padre, de madre contra hija y de hija en contra de su madre, de suegra contra nuera y de nuera en contra de su suegra» (Lc 12, 49-53).
Y Dios volvió a hablar:
— El pueblo está necesitando un prfeta. Tú, ¿vienes o no?
Y yo dije:
— Iría, Señor; pero ¡ya sabes! Andan por ahí matando a los profetas, infamando su nombre, calumniando y armando trampas para que caigan en descrédito. Además, todos quieren que el profeta diga lo que a ellos les gusta… ¡y yo no logro afrontar semejante responsabilidad!
Dios volvió a hablar:
— Tú, ¿vas a ir o no a la gente?
Y yo dije:
— ¡Pero Señor!, la izquierda quiere un profeta que derribe las estructuras superadas; la derecha quiere un profeta que mantenga el viejo orden; los moderados quieren un profeta que sepa ser hábil político y contemporizador; los intransiguentes pretenden un profeta que arrase a los injustos… Todos quieren un profeta que diga lo que a ellos les gusta oír, pero que ellos mismos no tienen el valor de decir. ¡Yo no tengo madera de profeta! No sé hablar en nombre de los cobardes que piden un profeta para no asumir ellos su propio papel. ¡Es que no sé, de veras! ¡Yo no querría ser profeta, Señor!
Y mi Dios volvió a quedarse en silencio.
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

CAPÍTULO SEGUNDO
DOS SUTILES ENEMIGOS DE LA SANTIDAD

35. En este marco, quiero llamar la atención acerca de dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías que surgieron en los primeros siglos cristianos, pero que siguen teniendo alarmante actualidad. Aun hoy los corazones de muchos cristianos, quizá sin darse cuenta, se dejan seducir por estas propuestas engañosas. En ellas se expresa un inmanentismo antropocéntrico disfrazado de verdad católica.[33] Veamos estas dos formas de seguridad doctrinal o disciplinaria que dan lugar «a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente»[34].


[33] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo, sobre algunos aspectos de la salvación cristiana (22 febrero 2018), 4: L’Osservatore Romano (2 marzo 2018), pp. 4-5: «Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal». En este documento se encuentran las bases doctrinales para la comprensión de la salvación cristiana en relación con las derivas neo-gnósticas y neo-pelagianas actuales.

[34] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 94: AAS 105 (2013), 1060.

Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

Es relativamente frecuente que las enseñanzas de Jesús sean mal interpretadas. Le sucedió allá en Palestina cuando las propuso por primera vez y, por desgracia, lo siguen siendo en nuestro tiempo, y por las mismas razones.

El domingo pasado veíamos cuanta era la dificultad para que entendamos cómo es el Dios predicado por Jesús, y lo fácilmente que los hombres caemos en la tentación de “elaborarlo” conforme a nuestras ideas y no a los datos revelados por Jesús.

Unas veces es la soberbia la causante de este fenómeno. Un caso típico lo tenemos en el episodio de Jesús con los fariseos a la puerta del Templo. (Jn. 2,19-21). Jesús intentando que comprendieran que en Él se cumplían las Escrituras les dijo: “Destruid este Templo y en tres días lo levantaré”

Los judíos llenos de soberbia le contestaron: ¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días?

¡Jesús! ¿Cómo pretendes enseñarles nada a aquellos doctores que lo sabían todo? ¡Qué ocurrencia!

La soberbia les impide preguntar y aprender algo nuevo. ¡Ya lo saben todo!

Otras veces los causantes del error son “las ideas preconcebidas”. Un caso significativo es el que tiene lugar cuando Jesús les habla de la Eucaristía. El prejuicio de que siendo el hijo de José no podía ser el Mesías enviado por Dios, les impidió entender el sentido profundo de sus palabras. La máxima expresión de su voluntaria ceguera fue su comportamiento cuando les dijo que había que comer su cuerpo y beber su sangre. Incapaces de realizar el más mínimo esfuerzo mental por entender qué es lo que quería decir, le abandonan escandalizados. Con una mente abierta, desprovista de prejuicios que los determinara a pensar en una única dirección, le hubieran preguntado sobre el sentido de sus palabras. Hubiera sido lo lógico, pero la lógica y los prejuicios caminan muy pocas veces juntos.

En otras ocasiones, es la ingenuidad la causante de la tergiversación. Es el caso de la samaritana. El diálogo es precioso. (Jn. 4, 1-26)

“Jesús le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás”.

La samaritana encantada le dice: “Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir a sacarla”

La pobre, en su ingenuidad, piensa que Jesús le ofrece un agua que le librará de tener que ir diariamente a buscarla al pozo. No ve más allá de la comodidad del cuerpo, cuando Jesús le está ofreciendo un agua muy distinta. No pocas veces la desviación viene provocada por una idea infantil de lo que supone el verdadero seguimiento de Jesús. Esto aparece claramente en el caso de los seguidores como consecuencia de la multiplicación de los panes y los peces. Les dijo Jesús: “En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes” (Jn.6,26) . Eso era todo lo que habían entendido de la acción de Jesús.

Si nosotros no queremos caer en el mismo error de interpretar mal lo que nos dice la Revelación, hemos de eliminar las causas que lo motivan: la soberbia, los prejuicios, la ingenuidad y la simpleza.

En segundo lugar hemos de excitar la mente para que esté en actitud de investigar en aquellos contenidos que Dios quiere comunicarnos.

El cristiano, como persona madura que debe ser, no puede permitirse el lujo de andar merodeando por las ramas sin esforzarse en entrar en el meollo de las cosas; en este caso concreto, de la revelación. Se necesita un cierto esfuerzo mental para calar hondamente en la riqueza de lo revelado, de modo y manera, que una vez rectamente comprendido, pueda ser el motor de los comportamientos.

En tercer lugar es preciso despertar el estado de ánimo imprescindible para conectar con Dios: la humildad y la sencillez. Lo dijo expresamente Jesús: “Yo te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos (Mt. 11,25) La sencillez y la humildad son los canales por los que nos conectamos con Dios y Él con nosotros.

Eliminados los obstáculos, dispuesta la mente a investigar con seriedad y en actitud de humildad estamos bien dispuestos para acercamos a Jesús y preguntarle sobre sus asombrosas palabras: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás” [Tercera lectura (Jn. 6,24-35)]

Jesús, ¿de qué sed y de qué hambre nos hablas? ¿Qué sed es la que Tú quitas y qué hambre es la que Tú sacias? ¿Qué es lo que has querido decirnos?

Evidentemente Jesús no se está refiriendo en este momento al hambre y sed biológicas. Por supuesto que la tuvo en cuenta y la remedió cuantas veces estuvo en su mano, como nos informan los Evangelistas en sus narraciones, pero no fue esa la razón de su presencia entre nosotros. Lo que le motivó a encarnarse fue el hambre y sed de destino que padecía la humanidad, la inseguridad en el caminar, la carencia de referente sólido a dónde mirar.

El hambre y la sed que Jesús vino a quitarnos es aquella que aparece por el desconocimiento del sentido de la existencia humana. Por eso como remedio a la desorientación existencial; la producida por el no saber ni de dónde venimos ni a dónde vamos ni qué hacemos mientras tanto, nos la remedió con su oferta de ser “El Buen Pastor” que guía a sus ovejas por caminos seguros. (Mt. 9,36)

Frente a la incertidumbre de no tener un claro itinerario por la vida, expuestos a perdernos en sus muchos vericuetos, Él se ofrece como nuestro camino verdad y vida” (Jn. 14,6)

Frente a la náusea provocada por la posibilidad de caminar bajo un cielo vacío hacia la nada, convirtiendo la vida en una pasión inútil, nos ofrece su mano para conducirnos a un destino eterno. “Vendré y os tomaré conmigo para que donde yo estoy estéis también vosotros”. (Jn. 14,3)

La incertidumbre de no saber si merece la pena obrar siempre el bien, teniendo en cuenta que no pocas veces la fidelidad al bien provoca males materiales, desaparece ante la firmeza de su garantía: “Todo el que cumpla los mandamientos será amado de mi Padre y vendremos a él y haremos en él nuestra morada” (Jn.14,22-23)

Esos agobios existenciales, de orientación de sentido, son los que elimina Jesús con el pan de sus enseñanzas indicándonos claramente quiénes somos de verdad, qué hacemos aquí y que nos espera después. Él es quien de verdad alivia nuestros agobios (Mt. 11,28) porque Él es el pan que Dios prometió que llovería del cielo. [Primera lectura (Ex.16, 2-4, 12-15)] para que encontráramos descanso para nuestras almas, si nos acercamos a Él mansos y humildes de corazón(Mt. 11,29)

San Pablo [Segunda lectura (Ef. 4, 17, 20-24)] nos exhorta a que, una vez descubierta nuestra verdadera realidad, no vivamos como paganos sino como Cristo nos enseña: hombres y mujeres nuevos creados según Dios, en justicia y santidad verdadera.

Hombres y mujeres nuevos comprometidos en conseguir un mundo en el que no haya más hambre ni sed material, ¡por supuesto! pero también, en que no haya más hambre y sed de sentido existencial.

Hombres y mujeres gozosos con conciencia de hijos de Dios, que forman ya ahora y aquí la gran familia de Dios y lo harán luego eternamente, allá, en la casa del Padre. AMÉN

 

Pedro Sáez

¿Estómagos agradecidos?

Las personas, por lo que sea, nos dejamos seducir rápidamente por los sucesos extraordinarios. ¿Qué tiene el espectáculo que tanto atrae? Pues eso: espectacularidad, morbo. Nos deslumbra todo aquello que, aparentemente, está fuera de lo común.

1. -En el Evangelio de hoy, en la memoria de muchos, sigue viva la multiplicación de los panes. Sus bocas todavía permanecían abiertas ante el milagro: ¡hubo pan para todos! Pero, Jesús, era consciente de que aquella amistad que le brindaban, no era del todo sincera. Era un tanto interesada.

Siempre recuerdo aquel viejo refrán: “el amigo bueno es como la sangre, acude a la herida”. Jesús, como buen amigo, había acudido en socorro de los que tenían hambre material. Pero no quería que se quedasen en el aquel milagro. Para Jesús, el milagro, seguía siendo palabra. Una buena catequesis, una dinámica para despertar la fe en aquellos corazones cerrados a Dios. ¿Lo entendieron así aquellos estómagos agradecidos? ¿Buscaban a Jesús por la fuente de sus palabras o porque les colmaba de pan? ¿Amaban a Jesús por el Reino que traía entre sus manos o porque les había llenado de alimento sus manos abiertas?

También a nosotros, queridos amigos, el Señor nos interpela en este domingo. ¿Por qué le buscamos? ¿Porque en algunos momentos nos ha confortado en nuestra soledad? ¿Porque, tal vez, ha sido bálsamo en horas amargas o en momentos de pruebas? ¿Por qué buscamos al Señor? ¿Por qué y para qué venimos a la Eucaristía de cada domingo? Sería bueno, amigos, un buen examen de conciencia: ¿qué es Cristo para mí?

2. – La Iglesia, en estos momentos, también tiene el mismo problema que sufrió Jesús en propias carnes. Hay muchos que, lejos de verla como un signo de la presencia de Dios en el mundo, la toleran porque hace el bien. Porque soluciona problemas. Porque llega a los lugares más recónditos del mundo levantando hospitales, construyendo orfanatos o cuidando a los enfermos de Sida. Pero, la Iglesia, no desea que sea apreciada por su labor social o humana. Su fuerza, su orgullo y su poder no está en esas obras apostólicas (que están bien y son necesarias para calmar tantas situaciones de miseria o injusticias). El alma de nuestra Iglesia, de nuestro ser cristiano es Jesús. Un Jesús que tan sólo nos pide creer en El como fuente de vida eterna. Como salvación de los hombres y de todo el mundo.

3.- Hay un viejo canto que dice “todos queremos más y más y más; el que tiene un euro quiere tener dos; el que tiene cuatro quiere tener seis…..” Y a Jesús, primero, le pedían pan. Luego le exigían más y, al final, solicitaban de Cristo, todo, menos lo esencial: su Palabra, su Reino, la razón de su llegada al mundo.

Que sigamos viviendo nuestra fe con la seguridad de que, Jesús, sigue siendo el pan de la vida. Y, sobre todo, que amemos al Señor no por aquello que nos da, sino por lo que es: Hijo de Dios.

4.- TE BUSCO, SEÑOR

Aunque lo haga de una forma equivocada,
e incluso, a veces porque me das lo que me conviene.
Pero créeme, Señor, que te busco porque te quiero.
Aunque a veces la cruz me pese demasiado
Aunque, en otros momentos,
no entienda en algo o en mucho tus misterios
Aunque, la vida terrena,
me guste más que aquella que en el cielo me espera

TE BUSCO, SEÑOR
No por lo que me das, aunque me lo ofrezcas

No porque me acompañas, que te lo agradezco
No porque me iluminas,
aunque a veces prefiera vivir en la oscuridad
Sólo sé, Señor, que te busco.
En cada día y en cada acontecimiento
En la escasez y en la abundancia
En el llanto y en la sonrisa
Cuando las cosas vienen de frente
y, cuando el suelo por debajo de mis pies,
se abre en un peligroso boquete

TE BUSCO, SEÑOR
Aunque mi fe no sea sólida

y, a veces, exija pruebas de tu presencia
Aunque dude, y a continuación,
te de la espalda y no pueda defenderte
Aunque no trabaje demasiado
por tu causa y por tu Evangelio
Sólo sé, Señor, que no dejo de buscarte
Que no dejo de quererte
Que no dejo de de pensar
que, sin Ti, mi vida sea

Javier Leoz

Hacer un negocio de lo que es sagrado

1.- El hombre nuevo.- «Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos de placer, a renovaros en la mente y el espíritu» (Ef 4, 21). Estas palabras del Apóstol nos invitan a reconsiderar nuestra conducta. Comencemos por recordar que Jesús nos ha enseñado el camino que hemos de recorrer los cristianos, nos ha mostrado cuál ha de ser la manera de vivir honestamente. Sus palabras han perdurado a través de los siglos, han atravesado el espacio y el tiempo hasta llegar a cada uno de nosotros. Hoy, difícilmente hay un cristiano que no sepa qué es eso de vivir según el mensaje y la doctrina de Cristo.

Sin embargo, puede ocurrir que no lo pongamos en práctica, o que expresemos con claridad y en cada momento lo que supone ser cristiano. Pero, en el fondo, hay un sentimiento que mueve a comportarse correctamente, quizá de forma casi imperceptible… Lo malo es que muchas veces ese sentimiento, esa intuición, esa voz de nuestra conciencia la ahogamos con otros sentimientos e inclinaciones. Y en lugar de dar paso al hombre nuevo hecho según Dios, dejamos que se manifieste el hombre viejo y corrompido por las pasiones y el egoísmo.

«Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas» (Ef 4, 24). Nos sigue diciendo el Apóstol y nos habla de una y estaba recién creado por el divino artífice. De alguna forma esa imagen nueva es infinitamente más perfecta que aquella imagen de la primera pareja, hecha por Dios.

Nueva condición más próxima, en el parecido, al modelo inmensamente perfecto que es Dios; condición nueva del hombre justo y santo de verdad… Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, dejad que su poder os trascienda, dejad que Dios actúe en vuestras vidas, dejad que su bondad os inunde, dejad las manos libres a Dios. Él sólo pide, para actuar en nosotros, que le secundemos con nuestro sí incondicional, con nuestro pobre esfuerzo, con la pequeña renuncia de cada momento. Y si dejamos el paso libre a Dios, el hombre viejo y podrido se oscurecerá, para que resurja el hombre nuevo, creado a imagen de Dios, en justicia y santidad verdaderas.

2.- Buscar lo que vale.- Jesús conoce a fondo lo que se esconde en el interior del hombre. Sabe cuándo uno le busca con rectitud de intención, y cuándo se mueve por motivos menos rectos. Por eso, a quienes lo buscan después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, les acusa de que van detrás de él para beneficiarse otra vez de su poder divino.

Es una acusación que sigue en pie para quienes se sirven de la Iglesia, en lugar de servirla. Esos que hacen gala de religiosidad, para sacar algún provecho personal, para medrar en cualquiera de las mil facetas de la vida. Es una actitud egoísta, casi sacrílega podíamos decir, pues pretende hacer un negocio de lo que es sagrado. Es esta una cuestión muy delicada con la que no podemos jugar. Recordemos que, según San Pablo, de Dios nadie se ríe.

De todas formas, Jesús entra en diálogo con aquellos que le buscan por intereses bastardos, trata de hacerles comprender lo poco noble de su actitud, intenta abrirles el entendimiento y el corazón a valores más altos y duraderos. También a nosotros, con paciencia de años, quiere Dios iluminarnos para que busquemos lo que realmente vale, nos fortalece para que superemos nuestra propia debilidad y alcancemos el supremo bien que satisfaga todos nuestros anhelos y deseos.

La gente, a pesar de su torpeza, pide ese Pan que baja del cielo y que da la vida al mundo. «Señor–dicen–, danos siempre de ese pan». Es una exclamación sencilla, una jaculatoria fácil de aprender para que la repitamos en nuestro interior, suplicando al Señor con humildad y confianza que nos conceda satisfacer esa hambre y esa sed que a veces nos acucian, esos deseos indefinidos que sólo Dios puede calmar.

Antonio García-Moreno

Pan de vida eterna

¿Por qué seguir interesándonos por Jesús después de veinte siglos? ¿Qué podemos esperar de él? ¿Qué nos puede aportar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿Nos va a resolver acaso los problemas del mundo actual? El evangelio de Juan habla de un diálogo de gran interés que Jesús mantiene con una muchedumbre a orillas del lago Galilea.

El día anterior han compartido con Jesús una comida sorprendente y gratuita. Han comido pan hasta saciarse. ¿Cómo lo van a dejar marchar? Lo que buscan es que Jesús repita su gesto y los vuelva a alimentar gratis. No piensan en otra cosa.

Jesús los desconcierta con un planteamiento inesperado: «Esforzaos no por conseguir el alimento transitorio, sino por el permanente, el que da la vida eterna». Pero ¿cómo no preocuparnos por el pan de cada día? El pan es indispensable para vivir. Lo necesitamos y debemos trabajar para que nunca le falte a nadie. Jesús lo sabe. El pan es lo primero. Sin comer no podemos subsistir. Por eso se preocupa tanto de los hambrientos y mendigos, que no reciben de los ricos ni las migajas que caen de su mesa. Por eso maldice a los terratenientes insensatos que almacenan el grano sin pensar en los pobres. Por eso enseña a sus seguidores a pedir cada día al Padre pan para todos sus hijos.

Pero Jesús quiere despertar en ellos un hambre diferente. Les habla de un pan que no sacia solo el hambre de un día, sino el hambre y la sed de vida que hay en el ser humano. No lo hemos de olvidar. En nosotros hay un hambre de justicia para todos, un hambre de libertad, de paz, de verdad. Jesús se presenta como ese Pan que nos viene del Padre no para hartarnos de comida, sino «para dar vida al mundo».

Este Pan venido de Dios «da la vida eterna». Los alimentos que comemos cada día nos mantienen vivos durante años, pero llega un momento en que no pueden defendernos de la muerte. Es inútil que sigamos comiendo. No nos pueden dar vida más allá de la muerte.

Jesús se presenta como «Pan de vida eterna». Cada uno ha de decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Pero quienes nos llamamos seguidores suyos hemos de saber que creer en Cristo es alimentar en nosotros una fuerza imperecedera, empezar a vivir algo que no acabará en nuestra muerte. Sencillamente, seguir a Jesús es entrar en el misterio de la muerte sostenidos por su fuerza resucitadora.

Al escuchar sus palabras, aquellas gentes de Cafarnaún le gritan desde lo hondo de su corazón: «Señor, danos siempre de ese pan». Desde nuestra fe vacilante, a veces nosotros no nos atrevemos a pedir algo semejante. Quizá solo nos preocupa la comida de cada día. Y a veces solo la nuestra.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 4 de agosto

En la historia de la Iglesia hay varias parejas de esposos canonizadas o beatificadas: aparte de san Joaquín y santa Ana, podemos señalar a san Isidro Labrador y santa María de la Cabeza, o los esposos Martin, padres de Teresa del Niño Jesús, o el matrimonio italiano Luigi y Maria Beltrame. Ellos, y tantos más, han sido recíprocamente signo y estímulo para vivir el evangelio, mediación del amor de Dios.

Pero en la historia se han dado también influencias en sentido contrario. No es el caso de Herodías el primero que narra la Escritura sobre el influjo negativo de la mujer del rey sobre la decisión del monarca. Baste evocar la historia de Ajab y Jezabel a propósito de la viña de Nabot. Jezabel urde una red de complicidades (ancianos, notables y un par de canallas) y provoca la ejecución de Nabot. Ajab, libre ya de todo escrúpulo, podrá por fin apoderarse de la viña.

También hallamos un poderoso influjo en el terreno de la amistad: mencionemos, por solo citar historias luminosas, la de Francisco y Clara de Asís o la de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Apuntamos una algo más reciente: la Madre Magdalena de Jesús Sacramentado, pasionista, ejerció una influencia muy positiva sobre el P. Juan Arintero, dominico y director espiritual suyo; en cierto modo podemos decir que la dirigida se volvió directora, punto en que se manifiesta un rasgo admirable del “genio femenino”.

Hay otro aspecto en la historia de hoy: Herodías influye en la decisión de Herodes por tercero interpuesto: su propia hija. La madre ha sabido aguardar el momento y, entre bastidores, mueve los hilos de un drama que se consuma en la muerte del Bautista. El evangelista denuncia la red de complicidades que se dan en esta muerte y anticipa la que se tejerá en torno a la muerte de Jesús. La cuestión que se plantea es esta: ¿en qué sentido encauzas tu ascendiente sobre otras personas?, ¿en qué sentido ejerces tu influencia sobre los más cercanos a ti?