II Vísperas – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿DONDE ESTÁ MUERTE, TU VICTORIA?

¿Dónde está muerte, tu victoria?
¿Dónde está muerte, tu aguijón?
Todo es destello de su gloria,
clara luz, resurrección.

Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.

Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.

Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
Sol de su vida y corazón.

Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y señor,
denos su espíritu esperanza
viva y eterna de su amor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Ant 2. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Salmo 113 B – HIMNO AL DIOS VERDADERO.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Ant 3. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Ts 2, 13-14

Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad. Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Trabajad no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece y que da vida eterna.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Trabajad no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece y que da vida eterna.

PRECES

Demos gloria y honor a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive para interceder en su favor, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Señor Jesús, sol de justicia que iluminas nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche te pedimos por todos los hombres,
que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre
y santifica a tu iglesia para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz
y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, a tus hijos difuntos
y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, danos tu misericordia y atiende a las súplicas de tus hijos; concede la tranquilidad y la paz a los que nos gloriamos de tenerte como creador y como guía, y consérvalas en nosotros para siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

El pan de nuestra libertad

1.- Desde luego, hoy, el pan no es lo que era. Porque, en estos tiempos, son muchos los dietistas y los “forjadores” de imposibles cuerpos humanos perfectos, que prohíben la ingesta del pan como si de un veneno poderoso se tratase. Y, sin embargo, durante milenios –y sobre todo en el mundo mediterráneo— el pan ha sido el alimento principal de generaciones y generaciones. Fue, además, un avance técnico importante, un triunfo científico de indudable importancia, porque moler la harina, hacer una masa con agua y añadir levadura para que aumente, no es algo tan fácil, ni tan espontáneo. Por eso tiene mucho sentido cuando Jesús de Nazaret inicia su discurso del pan, considerándolo comida fundamental y solamente comparable al maná que los israelitas recibieron del cielo durante la larga marcha por el desierto. Jesús preanuncia, además, el prodigio del milagro eucarístico, donde un pan bendecido se convierte en viático de eternidad y donde, asimismo, en él se va a quedar para acompañarnos durante los siglos de los siglos.

2.- Jesús no esconde la importancia que tiene la comida y quien la da. Dice, no exento de dureza argumental, que le han buscado porque asistieron a la entrega de pan, delicioso y gratis, y con él quedaron saciados. Sin duda, es como un adelanto de una vida feliz. Recostada la multitud sobre la hierba, en tiempo fresco, en el que el sol ardiente de Palestina no molestaba, comiendo sin parar y escuchando la Palabra de Jesús. ¿No es, casi, legítimo que intentaran repetir la escena muchas veces y así construir una vida de tranquilidad, ocio y paz? Si, claro, pero Jesús les dio de comer el día de la multiplicación por un hecho real y contingente. No es que pretendiera embaucar con su poder, simplemente quiso alimentarles porque después de mucho tiempo de seguirle podrían caer de hambre y de cansancio.

3.- El diálogo de Jesús con los quieren otra vez el pan prodigioso demuestra una gran desconfianza ante el propio milagro de la multiplicación. No le encuentran sentido espiritual alguno, y sólo lo ven como un subsidio, como un seguro de desempleo, que permite vivir sin trabajar, aunque esté justificado. Y de ahí que se inicie ese otro planteamiento en el que el Rabí de Galilea les promete una vida completa. “El que viene a mi –dice el Señor—no pasará hambre, y el que cree en mi no pasará nunca sed”. Pero ellos muy pegados a lo material no saben ver ese otro mensaje de altura.

4.- Por eso hay que pensar que Jesús habló para nosotros. Porque, obviamente, la nosotros si sabemos de qué habla Jesús, aunque, aún entendiéndole, no le hagamos caso. Hemos de reflexionar, con toda el alma, sobre la Eucaristía, sobre la Comunión, sobre el alimento de altura que todos los días está a nuestra disposición en la Santa Misa. No podemos buscar a Jesús para ser importantes dentro de la Iglesia, o para que nos vean. Hemos de buscar el alimento que nos transforma y nos mantiene. Sería una gran práctica de oración y de piedad que copiáramos las frases que Jesús dice a sus interlocutores de hace más de dos mil años y las repitiéramos como antecedente y consecuente de nuestro momento de Comunión. Deberíamos hacerlo.

5.- Durante la peregrinación por el desierto, Dios Padre les socorre con un alimento prodigioso, desconocido, que nunca ha vuelto a repetirse, y sobre el cual los estudiosos han hecho muchas conjeturas sobre su origen y composición. Tanto da. La cuestión es que el poder de Dios Padre da comer a su pueblo hambriento. Y ello es, igualmente, parecido, cuando Moisés, apaleando una roca, obtiene agua. Ya podemos nosotros “hinchar” a palos a un pedrusco de esos de granito que abundan en la sierra de Madrid que no sacaremos nada, salva romper el palo y hasta nuestra muñeca. Lo del maná es un bello antecedente para el discurso de Cristo de hoy, pero realmente el prodigio, total y enorme, es que el mismo Dios se quede en el pan para acompañarnos durante toda nuestra vida.

6.- Y Pablo de Tarso acierta del todo cuando dice en su Carta a los Efesios que no renovemos por el Espíritu de Jesús y que nos transformemos dentro de una nueva condición humana, a imagen de Dios. La Eucaristía nos ayuda a ello. Es una primicia de eternidad. Es la Comunión –la común unión—con Cristo. Es camino seguro de vida eterna. Por eso os decía que debemos meditar hoy sobre el Sacramento del Altar, dedicarle todo el tiempo que hayamos previsto para nuestra oración cotidiana. Sinceramente, merece la pena, porque es el Pan de nuestra Libertad.

Ángel Gómez Escorial

El alimento que sacia el cuerpo y el espíritu

1.- Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna. Sí, es evidente que lo primero es buscar el pan nuestro de cada día; tenemos un cuerpo al que debemos alimentar diariamente, si queremos que se mantenga sano y fuerte. El pan físico de cada día es necesario para alimentar el cuerpo, pero no es suficiente para alimentar al hombre. El ser humano es mucho más que cuerpo, es espíritu, es anhelo, es deseo, es amor, es felicidad. Si alimentamos físicamente el cuerpo, pero dejamos vacío el espíritu, el ser humano se siente insatisfecho y frustrado. Sigue siendo estadísticamente verdad que hay muchos más suicidios entre los ricos que entre los pobres. Jesús reprocha a los que le buscan que le busquen únicamente porque les ha saciado el cuerpo; yo no he venido sólo para eso, les dice, yo he venido para daros un pan que sacie vuestro espíritu, un pan que os alimente para la vida eterna. En tiempos de crisis económica, todos nosotros podemos caer en la misma tentación en la que cayeron aquellos seguidores de Jesús: podemos terminar creyendo que lo único importante en estos momentos es saciar el hambre corporal. Y, como hemos dicho, esto no es así: el dinero es necesario para vivir físicamente, pero no es suficiente para ser vivir felizmente. Tratemos de ganar, con esfuerzo, el pan nuestro de cada día, pero no nos olvidemos de buscar, también con esfuerzo, el pan que alimente nuestro espíritu para la vida eterna. Esto es lo que nos pide Jesús en este texto evangélico que leemos este domingo.

2.- Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed. San Juan repite muchas veces las palabras de Jesús cuando dice que “el que cree en mí tiene vida eterna”. Cuando san Juan dice <creer> no se refiere a un asentimiento racional, sino a un compromiso vital. Creer en Jesús es seguirle, es defender sus valores, es alimentarse con su espíritu, es dejar que sea él el que dirija y gobierne nuestra vida. El que cree en Jesús de esta manera no pasará hambre, ni sed. Jesús, mientras vivió en este mundo, dio de comer a muchos pobres materialmente hambrientos y sació la sed de muchas personas espiritualmente sedientas. Esto es lo que debemos hacer los seguidores de Jesús: luchar contra el hambre física que padecen injustamente millones de personas y tratar de saciar la sed espiritual que padecen muchísimas personas descarriadas e insatisfechas. La Iglesia de Jesús debe ofrecer, en la medida de sus posibilidades, ayuda física y consuelo espiritual a las personas que se acercan a ella. De alguna manera, la Iglesia de Jesús debe tratar de ser para mucha gente despensa, fuente y farmacia física y espiritual. Esto es lo que hizo y fue Jesús de Nazaret y esto es lo que debe intentar ser la Iglesia Católica.

3.- Vestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdadera. San Pablo se dirige a cristianos recién convertidos del paganismo al cristianismo. Antes, les dice, erais como hombres viejos, corrompidos por deseos seductores, ahora debéis vivir como hombres nuevos, creados a imagen de Dios, cuyo único vestido debe ser la justicia y la santidad verdadera. Este programa de vida que propone san Pablo a los nuevos cristianos de Éfeso es un programa que sigue siendo válido para todos nosotros. Justicia y santidad, ahí es nada. Los cristianos de ahora debemos aspirar a ser lo que siempre han debido ser los seres humanos: justos y santos. Justos en nuestras relaciones sociales y laborales con las demás personas, y santos, amando a Dios y al prójimo sobre todas las cosas. A este hombre nuevo, vestido de justicia y santidad, es al que debemos aspirar todos los días, intentando dar muerte en nosotros a tantos deseos seductores que todavía siguen vivos en nuestro hombre viejo.

Gabriel González del Estal

Mc 6, 14-16

Llegó a oídos de Herodes lo que Jesús hacía.
Su nombre andaba de boca en boca y su fama estaba en pleno auge.
Corrían voces de que era Juan Bautista resucitado y reencarnado en Jesús. (De donde se deduce que el espiritismo no es tan nuevo como parece…)
Otros aseguraban, sin sombra de duda, que el espíritu de Elías se había incorporado en él.
Los más entendidos dejaban caer su opinión de parapsicólogos:
— ¡Nada de eso! No pasa de ser un profeta como cualquier otro.
Herodes prefirió la respuesta espiritista:
— Aquel Juan a quien yo corté la cabeza, ése ha resucitado…
Y la fértil imaginación de todos inventaba mil explicaciones para tratar de captar el fenómeno de Jesús de Nazaret.
Tal como sucede hoy en día… (cf. Mc 6, 14-16).
A este punto empecé a angustiarme, temiendo que Dios se me vengaría. Y me decía a mí mismo:
¡Qué va! ¡Es que me dejo impresionar! ¡Figúrate si Dios va a tomar represalias contra mí… él que es tan bueno! Todos lo saben. Si no lo logra conmigo, ya se las arreglará para dar con un profeta que haga lo que me pidió… y que yo honestamente no pude conceder por no considerarme a la altura…
Pero de vez en cuando, yo me encontraba con la mirada de Dios, fijándome e interrogándome mudamente como quien espera una respuesta.
Fue cuando empecé a estar inquieto, nervioso, confuso, sintiendo que no tenía más salida que la de, por lo menos, fingir estar de acuerdo con su idea. Yo pasaría por el aro, mientras Dios no encontrase el profeta por él esperado.
Y empecé a fingir que era profeta.
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

El gnosticismo actual

36. El gnosticismo supone «una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»[35].


[35] Ibíd.: AAS 105 (2013), 1059.

Lectio Divina – 5 de agosto

Lectio: Domingo, 5 Agosto, 2018
Jesús el pan de vida.
1. Oración inicial
 

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
 
2. Lectura

a) Clave de lectura:
 
El Discurso del Pan de Vida no es un texto que hay que discutir o disecar, sino un texto que hay que meditar y rumiar. Por esto, si no se entiende todo, no hay porqué preocuparse. Este texto del Pan de Vida exige toda una vida para meditarlo y profundizarlo. Un testo así, la gente lo debe leer, meditar, rezar, pensar, leer de nuevo, repetir, rumiar, como se hace con un buen caramelo en la boca. Tenerlo en la boca, dándole vueltas, hasta que se acaba. Quien lee el Cuarto Evangelio superficialmente puede quedarse con la impresión de que Juan repite siempre la misma cosa. Leyendo con más atención, es posible percibir que no se trata de repeticiones. El autor del Cuarto Evangelio tiene su propia manera de repetir el mismo asunto, pero a un nivel cada vez más profundo. Parece como una escalera de caracol. Girando uno llega al mismo lugar pero a un nivel más profundo.
 
b) Una división del 6° capítulo:
 

Es bueno tener presente la división del capítulo para poder percibir mejor su sentido:
Juan 6,1-15: el pasaje sobre la multiplicación de los panes
Juan 6,16-21: la travesía del lago, y Jesús que camina sobre las aguas
Juan 6,22-71: el diálogo de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos
1º diálogo: 6,22-27  con la gente: la gente busca a Jesús y lo encuentra en Cafarnaún
2º diálogo: 6,28-34  con la gente: la fe como obra de Dios y el maná en el desierto
3º diálogo: 6,35-40  con la gente: el pan verdadero es hacer la voluntad de Dios
4º diálogo: 6,41-51  con los judíos: murmuraciones de los judíos
5º diálogo: 6,52-58  con los judíos: Jesús y los judíos
6º diálogo: 6,59-66  con los discípulos: reacción de los discípulos
7º diálogo: 6,67-71  con los discípulos: confesión de Pedro

c) El texto: Juan 6, 24-35
 

Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.» Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
Ellos entonces le dijeron: «¿Qué signo haces para que viéndolo creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
 
3. Un momento de silencio orante
 

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
 
4. Algunas preguntas
 

para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) La gente tenía hambre, comió el pan y buscó más pan. Buscó el milagro y no la señal de Dios que en el milagro se escondía. ¿Qué es lo que más busco en mi vida: el milagro o la señal?
b) Hambre de pan, hambre de Dios. ¿Cuál de las dos predomina en mí?
c) Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”. El sacia el hambre y la sed. ¿Qué experiencia tengo de esto?
d) Por un momento, haz silencio dentro de ti y pregúntate: “Creer en Jesús: ¿qué significa esto para mí, bien concretamente en mi vida de cada día?”
 
5. Para aquéllos que deseen profundizar más en el tema

a) Contexto:
 
En el evangelio de hoy iniciamos la reflexión sobre el Discurso del Pan de Vida (Jn 6,22-71). Después de la multiplicación de los panes, el pueblo se fue detrás de Jesús. Había visto el milagro, había comido hasta saciarse y ¡quería más! No trató de buscar la señal o la llamada de Dios que había en todo esto. Cuando la gente encontró a Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, tuvo con él una larga conversación, llamada el Discurso del Pan de Vida. No es propiamente un discurso, pero se trata de un conjunto de siete breves diálogos que explican el significado de la multiplicación de los panes como símbolo del nuevo Éxodo y de la Cena Eucarística.
La conversación de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos es un diálogo bonito, pero exigente. Jesús trata de abrir los ojos de la gente para que aprenda a leer los acontecimientos y descubra en ellos el rumbo que debe tomar en la vida. Pues no basta ir detrás de las señales milagrosas que multiplican el pan para el cuerpo. No de sólo pan vive el hombre. La lucha por la vida sin una mística no alcanza la raíz. En la medida en que va conversando con Jesús, la gente se queda cada vez más contrariada por las palabras de Jesús, pero él no cede, ni cambia las exigencias. El discurso parece moverse en espiral. En la medida en que la conversación avanza, hay cada vez menos gente que se queda con Jesús. Al final quedan solamente los doce, y Jesús ¡no puede confiar ni siquiera en ellos! Hoy sucede lo mismo. Cuando el evangelio empieza a exigir un compromiso, mucha gente se aleja.

b) Comentarios del texto:
 

Juan 6,24-27: La gente busca a Jesús porque quiere más pan. La gente va detrás de Jesús. Ve que no ha entrado en la barca con los discípulos y, por ello, no entiende cómo ha hecho para llegar a Cafarnaúm. Tampoco entiende el milagro de la multiplicación de los panes. La gente ve lo que acontece, pero no llega a entender todo esto como una señal de algo más profundo. Se detiene en la superficie: en la hartura de la comida. Busca pan y vida, pero sólo para el cuerpo. Según la gente, Jesús hizo lo que Moisés había hecho en el pasado: alimentar a todos en el desierto, hasta la saciedad. Yendo detrás de Jesús, ellos querían que el pasado se repitiera. Pero Jesús pide a la gente que dé un paso más. Además del trabajo por el pan que perece, debe trabajar por el alimento que no perece. Este nuevo alimento lo dará el Hijo del Hombre, indicado por Dios mismo. El nos da la vida que dura por siempre. El abre para nosotros un horizonte sobre el sentido de la vida y sobre Dios.
Juan 6,28-29: “¿Cuál es la obra de Dios?” La gente pregunta: ¿Qué debemos hacer para realizar este trabajo (obra) de Dios? Jesús responde que la gran obra que Dios nos pide “es creer en aquel que Dios envió”. O sea, ¡creer en Jesús!
Juan 6,30-33: “¿Qué señal realizas para que podamos creer?” La gente había preguntado: “¿Qué debemos hacer para realizar la obra de Dios?” Jesús responde “La obra de Dios es creer en aquel que le ha enviado”, esto es, creer en Jesús. Por esto la gente formula una nueva pregunta: “¿Qué señal realizas para que podamos ver y creer en ti? ¿Cuál es tu obra?” Esto significa que no entendieron la multiplicación de los panes como una señal de parte de Dios para legitimar la multiplicación de los panes como una señal de parte de Dios para legitimar a Jesús ante el pueblo como un enviado de Dios. Y siguen argumentando: En el pasado, nuestros padres comieron el maná que les fue dado por Moisés. Ellos lo llamaron “pan del cielo” (Sab 16,20), o sea, “pan de Dios”. Moisés sigue siendo un gran líder, en quien ellos creen. Si Jesús quiere que la gente crea en el, tiene que hacer una señal mayor que la de Moisés. “¿Cuál es tu obra?”
Jesús responde que el pan dado por Moisés no era el verdadero pan del cielo. Venía de arriba, sí, pero no era el pan de Dios, pues no garantizó la vida para nadie. Todos murieron en el desierto. (Jn 6,49). El verdadero pan del cielo, el pan de Dios, es el pan que vence la muerte y trae vida. Es aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo. ¡Es Jesús! Jesús trata de ayudar a la gente a liberarse de los esquemas del pasado. Para él, fidelidad al pasado no significa encerrarse en las cosas antiguas y no aceptar la renovación. Fidelidad al pasado es aceptar lo nuevo que llega como fruto de la semilla plantada en el pasado.
Juan 6,34-35: “Señor, ¡danos siempre de este pan!” Jesús responde claramente: «¡Yo soy el pan de vida!» Comer el pan del cielo es lo mismo que creer en Jesús y aceptar el camino que él nos ha enseñado, a saber: «¡Mi alimento es hacer la voluntad del Padre que está en el cielo!» (Jn 4,34). Este es el alimento verdadero que sustenta a la persona, que da un rumbo a la vida, y que trae vida nueva.
 
6. Plegaria del Salmo 111
 

¡Aleluya! Doy gracias a Yahvé de todo corazón,
en la reunión de los justos y en la comunidad.
Grandes son las obras de Yahvé,
meditadas por todos que las aman.
Actúa con esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
De sus proezas dejó un memorial.
¡Clemente y compasivo Yahvé!
Dio de comer a quienes lo honran,
se acuerda por siempre de su alianza.
Reveló a su pueblo la fuerza de su acción,
les dio como herencia las naciones.
Su mano actúa con verdad y justicia,
son leales todos sus mandatos,
válidos para siempre jamás,
para cumplirlos con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo,
determinó para siempre su alianza;
santo y temible es su nombre.
Principio del saber es temer al Señor;
son cuerdos los que lo practican.
Su alabanza permanece para siempre.
7. Oración final
 

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Trabajad por el alimento que perdura

18º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Hoy, querido amigo, nos encontramos ante una escena en la que Jesús nos ayuda a crecer en la fe y nos dice cuál es el verdadero alimento, el que no pasa, el que perdura. Nos valemos de la escena que nos narra Juan en el capítulo 6, versículo 24-35. La escuchamos con toda atención y con todo amor:

Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarle al otro lado del marle preguntaron: “Rabí, ¿cuándo llegaste aquí?”. Jesús les respondió: “Os lo aseguro, mebuscáis no por haber visto las señales, sino porque comisteis de los panes hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que dura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, pues a Él lo confirmó Dios Padre con su sello”. Entonces le dijeron: “¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “Ésta es la obra de Dios: que creáis en aquél a quien Él ha enviado”. Le dijeron: “¿Qué signo haces Tú para que lo veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo»”. Jesús les dijo: “Os lo aseguro: no os dio Moisés el pan del cielo. Es miPadre quien os da el verdadero pan del cielo, pues el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les respondió: “Yo soy el Pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mi nunca tendrá sed”.

Esta escena se desarrolla en la sinagoga de Cafarnaún. Querido amigo, tú y yo nos vamos también a esa sinagoga y vemos y escuchamos y aprendemos el verdadero camino de la fe, cómo Jesús nos va enseñando y nos va conduciendo hacia una intimidad y hacia un alimento que nunca pasa. Ha estado con sus discípulos, ha realizado el milagro de la multiplicación de los panes, se ha retirado con sus discípulos. La gente le busca otra vez, se embarcan, y se fueron a Cafarnaún en busca de Él y, extrañada, toda esta multitud le pregunta: “Pero ¿cuándo has venido aquí?”.

Jesús se da cuenta de que le buscan por el pan natural, por el alimento. Les ha dado de comer y quieren más, quieren que haga milagros, que les solucione todos los problemas físicos. Pero Él va más allá, Él hace todas estas acciones y las hace paraenseñarnos mucho más, y les dice: “Vosotros me buscáis porque os he dado de comer, pero mirad, no sólo sea por eso. Trabajad por el alimento que nunca perece y que os da la vida eterna, el que os da mi Padre”. Parece que interrumpen este discurso tan precioso y tan importante, donde Jesús está explicando el verdadero alimento, el valor de la Eucaristía y le preguntan: “Pero ¿cómo podremos ocuparnos de todo esto, de estos trabajos que Tú dices?”. Y Él les lleva a la fe: “Tenéis que creer en mí. Dios quiere que creáis en el que Él ha enviado”. Y le siguen interrumpiendo: “¿Y qué signos vemos?”. Y les hace una relación de lo que ellos ya saben: “Os aseguro que no fueMoisés quien os dio pan del cielo. Es mi Padre, porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y el que da la vida al mundo”. Y ya convencidos, le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Él, agradecido y contento, les dice: “Yo soy el Pan de vida. El que viene a mí nunca pasa hambre y el que cree en mí, nunca pasa sed”.

Estamos asistiendo, querido amigo, a la intervención de Jesús en la que nos va explicando y nos va aclarando todas las dudas de fe. Queremos signos, buscamos el pan natural, buscamos las cosas naturales, nos creamos necesidades, buscamos otro pan. Cuando oigo a Jesús en este discurso, me hace pensar muchísimo en cuántas necesidades, cuántos alimentos inútiles y vacíos busco en mi vida, y cómo me doy cuenta de que todo me deja más hambre, de que todo me debilita la raíz de mi propia vida interior, de que por mucho que busque, por muchos adelantos técnicos, por mucho que yo quiera satisfacer mis propias necesidades humanas, me lleno y me lleva siempre al vacío, al hastío, a la nada. Pero cuando yo me doy cuenta de que acudo a ti, cuando me doy cuenta de que me alimento de tu propia vida, entonces sí tengo fuerza, entonces sí tengo alegría, entonces sí comparto, entonces soy alimento para los demás.

Hoy Jesús, querido amigo, a ti y a mí nos da un mensaje fuerte, duro y a veces incomprensible, pero incomprensible si buscamos sólo el alimento natural, pero precioso, necesario, importante si buscamos al Jesús verdadero. Y nos falta fe, fe y amor. Tenemos que pedirle hoy al Señor mucha fe. Él me repite: “Yo soy el Pan. Notrabajes por alimentos que no te den vida, no quieras cubrirte todas las necesidades sin mí. Búscame, escúchame, come de mi pan. Yo soy el Pan. Ven a mí… Ven a mí… No sólo de pan vive el hombre. Yo soy el Pan de vida. Yo soy la fuerza. Yo soy el alimento.Yo soy el sacramento de tu salvación”. Me hace pensar mucho en la Eucaristía, en lapalabra, en la presencia de Jesús, en al amor, en el compartir, pero en lo que más me hace pensar es en mi fe. Jesús no quiere cosas… ni cosas hechas por Él para tranquilizar nuestra conciencia: ayunos, rezos, limosnitas… No, Él quiere que creamos, que creamos en Él y que creamos que Él es el Pan de vida que baja del cielo y que da la vida al mundo.

Hoy, amigo, tú y yo le decimos: “Señor, danos siempre de este pan. Danossiempre”. “Dame de este agua —le decía la samaritana—, para que no tenga más sed”. Hoy también tú y yo nos acercamos y le decimos: “Señor, danos siempre de tu pan”. Y también pensamos un poco en los alimentos que tenemos que no nos llevan a nada; esos alimentos que nacen sin fe, nacen sin la necesidad de acudir a Él, nacen sin la necesidad de sentir su amor. Queremos ir a Él, pero queremos creer porque Él nunca pasa, porque Él nunca nos deja. Vamos a pedirle sed de Él, sed de verdad, sed de la bondad de Él, hambre de Él, sed de amar, sed de sentirse amado por Él. Tenemos que ir a Él y creer. Creer porque la Eucaristía, Él, es el verdadero alimento, el que nunca pasa, el que nunca fenece.

El discurso de Jesús de hoy es muy importante y muy necesario. Y cuánto noshace pensar cuántos alimentos…, ¿de qué me alimento?, ¿qué hago con esos alimentos?, ¿cómo me siento?, ¿vacía?, ¿sin ilusión?, ¿con más ansia?, ¿con menos?, ¿qué necesidades tengo?, ¿en qué consumo mi alimento?, ¿de qué me sacio?, ¿cómo satisfago mis anhelos y mis ilusiones?, ¿en qué lugar está mi fe?, ¿dónde está?… ¿dónde está?…

Jesús, te quiero pedir tantas cosas… Te pido que seas mi alimento de la Palabra, mi alimento de la Eucaristía. Te pido que vivas tanto en mí que seas mi fuerza, que seas mi esperanza, que seas mi ilusión. Y te pido también compartir este pan con los demás. Que yo siempre sea así: que aprenda a sentirte y a amarte. “Señor, danossiempre de ese pan”. Y ayúdame a trabajar por el alimento que no pasa, que eres Tú. ¡Cuántas necesidades me agobian! ¡Cuántos alimentos que no me producen bienestar! Pero Tú eres mi Pan, Tú eres el Pan de vida, Tú eres mi Eucaristía. Dame siempre de ese pan para que llene mi alma de amor, de ilusión y de fuerza. Y oiré hoy mucho en micorazón: “Yo soy tu pan de vida, ven a mí y no pasarás hambre. Yo soy tu pan de vida,cree en mí y te sentirás bien. Yo soy tu pan de vida, cómeme y sentirás fuerza”.

Jesús, ayúdame en este camino de fe para que no me entretenga con otras cosas, con otros trabajos, sino que acuda a ti, que eres mi pan, el pan de la Eucaristía y el pan de la fuerza. Que Tú siempre seas el alimento en mi vida y en mi corazón, que nunca pase. Se lo pedimos intensamente a tu Madre para que Ella nos dé ese alimento y le diga a su Hijo, le diga a Jesús: “No tiene vino, no tiene pan, necesita fuerza, ¡ayúdale!”. Que Ella sea así nuestro auxilio, nuestra fuerza y nuestro alimento y nuestra ayuda para llenarnos siempre de Jesús y trabajar por el alimento que perdura y que nunca pasa.

Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

De líquido a sólido

El filósofo polaco Zygmunt Bauman, recientemente fallecido, acuñó el término “Modernidad líquida”, para referirse a las características de la sociedad actual, en contraste con la solidez de las sociedades pasadas. Según Bauman, hasta no hace mucho tiempo, se podían hacer proyectos de vida a medio y largo plazo porque había unos “pilares” que daban estabilidad: un lugar para vivir de forma permanente, un trabajo fijo, una relación amorosa estable, unos valores sociales e institucionales comúnmente aceptados… Hoy, toda esa “solidez” no sólo se ha debilitado, sino que se ha convertido en algo “líquido”: no parece haber nada duradero: ni relaciones personales, ni trabajo, ni instituciones, ni valores. Todo cambia a gran velocidad, hay un fuerte sentimiento de inestabilidad porque no podemos apoyarnos en nada que ofrezca verdadera solidez. Por eso, como afirmaba Bauman, todo es “líquido”, y sentimos que se nos escurre como el agua entre los dedos.

Hay quienes defienden esta “modernidad líquida”, como un medio para romper con estructuras y formas de vida paralizantes y opresoras que pueden frenar e incluso impedir el crecimiento y desarrollo de las personas y de la sociedad. Sin embargo, el ser humano no puede basar su vida en lo líquido, porque una de las consecuencias es lo que hemos escuchado en la 2ª lectura: la vaciedad de criterios. Como no hay nada sólido, la consecuencia es el relativismo: todo vale y a todo se le da el mismo valor. Pero el relativismo acarrea una desorientación generalizada en lo social, político, moral, religioso… por lo que el ser humano tampoco encuentra su felicidad en el relativismo.

Aunque no lo queramos reconocer, todos aspiramos a una solidez que nos permita poder realizar nuestro proyecto de vida. Por eso, es necesario pasar de lo “líquido” a lo “sólido”.

Eso sí, no se trata de buscar la seguridad a cualquier precio, como los israelitas en la 1ª lectura, que exclaman: ¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Han sido liberados, pero añoran la esclavitud, porque ésta les daba una estabilidad que no les ofrece la inseguridad de la libertad, la “liquidez” del éxodo por el desierto.

¿Cómo pasar correctamente de lo “líquido” a lo “sólido”? Jesús nos lo ha dicho en el Evangelio: Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre. Aunque vivamos en una sociedad “líquida”, en la que con suerte sólo encontramos “alimentos perecederos” como la olla de carne que añoraban los israelitas, tenemos una base sólida sobre la que apoyarnos: la Eucaristía, la presencia real de Jesucristo.

Yo soy el pan de vida, ha afirmado Jesús en el Evangelio. Él se hace Eucaristía, el alimento que perdura, para liberarnos, como a los israelitas, de la esclavitud del nuevo “Egipto” que es la sociedad líquida y el consiguiente relativismo.

No se trata de ser inmovilistas, de cerrarnos a cualquier tipo de avance o progreso o de rechazar sin más cualquier propuesta innovadora. La Eucaristía hace posible lo que hemos escuchado en la 2ª lectura: Cristo os ha enseñado… a renovaros en la mente y en el espíritu. Y renovar no es hacer borrón y cuenta nueva con todo lo anterior, porque esto nos lleva a la “liquidez”. Renovar consiste en dar nueva energía, transformar lo que existe para mejorarlo, para que sea algo sólido que nos sostenga.

¿Qué síntomas de la “sociedad líquida” descubro en mi entorno, y en mí mismo? ¿Preferiría, como los israelitas, ser “esclavo” para obtener seguridades? ¿La Eucaristía me enseña a renovarme?

Decía también la 2ª lectura: Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios. Aunque nos movemos en una sociedad “líquida”, la Eucaristía, obra del Espíritu, es el verdadero, y casi único, fundamento sólido sobre el que debemos apoyarnos, tanto para no ser inmovilistas como para no quedarnos a merced de la sociedad líquida. El Pan de Vida que es Jesús mismo es quien nos dará solidez y nos irá renovando para poder llevar adelante nuestro proyecto de vida, que en último término ha de consistir en recuperar y llevar a la mayor plenitud posible la imagen de Dios en nosotros, porque como dijo San Agustín: Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón estará inquieto mientras no descanse en Ti (Confesiones I, 1, 1).

Lo primero la vida

La exégesis moderna no deja lugar a dudas. Lo primero para Jesús es la vida, no la religión. Basta analizar la trayectoria de su actividad. A Jesús se le ve siempre preocupado de suscitar y desarrollar, en medio de aquella sociedad, una vida más sana y más digna.

Pensemos en su actuación en el mundo de los enfermos: Jesús se acerca a quienes viven su vida de manera disminuida, amenazada e insegura, para despertar en ellos una vida más plena.

Pensemos en su acercamiento a los pecadores: Jesús les ofrece el perdón que les haga vivir una vida más digna, rescatada de la humillación y el desprecio.

Pensemos también en los endemoniados, incapaces de ser dueños de su existencia: Jesús los libera de una vida alienada y desquiciada por el mal.

Como ha subrayado J. Sobrino, pobres son aquellos para quienes la vida es un carga pesada pues no pueden vivir con un mínimo de dignidad. Esta pobreza es lo más contrario al plan original del Creador de la vida. Donde un ser humano no puede vivir con dignidad, la creación de Dios aparece allí como viciada y anulada.No es extraño que Jesús se presente como el gran defensor de la vida ni que la defienda y la exija sin vacilar, cuando la ley o la religión es vivida «contra la vida».

Ya han pasado los tiempos en que la teología contraponía «esta vida» (lo natural) y la otra vida (lo natural) como dos realidades opuestas. El punto de partida, básico y fundamental es «esta vida» y, de hecho, Jesús se preocupó de lo que aquellas gentes de Galilea más deseaban y necesitaban que era, por lo menos vivir, y vivir con dignidad. El punto de llegada y el horizonte de toda la existencia es «vida eterna» y, por eso, Jesús despertaba en el pueblo la confianza final en la salvación de Dios.

A veces los cristianos exponemos la fe con tal embrollo de conceptos y palabras que, a la hora de la verdad, pocos se enteran de lo que es exactamente el Reino de Dios del que habla Jesús. Sin embargo, las cosas no son tan complicadas. Lo único que Dios quiere es esto: una vida más humana y digna para todos y desde ahora, una vida que alcance su plenitud en su vida eterna. Por eso se dice de Jesús que «da vida al mundo». (Jn 6, 33).

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 5 de agosto

El pan que da la vida

      Hay muchas clases de pan. Quizá porque hay muchas clases de hambre. Hay personas que viven pensando y deseando tanto el pan de mañana que se olvidan de disfrutar el pan que tienen delante ahora mismo. O quizás lloran porque ayer no tuvieron pan, sin ver el banquete que está preparado ante ellos. También están los que sólo son capaces de preocuparse por su propio estómago, incapaces de darse cuenta de que hay hermanos y hermanas cerca que carecen del necesario pan.

      Y la mayoría de la humanidad trabaja duramente cada día para procurarse el pan, o el arroz, o el maíz, necesario para sobrevivir, para poder llegar al día siguiente. Sólo ellos saben lo necesario que es el “pan nuestro de cada día”. Y generalmente son ellos los que mejor saben gozar, y agradecer, y disfrutar del pan que tienen en la mesa cada día, tanto si es fruto de su trabajo como si es un regalo. Cuando la vida se vive pendiente de un hilo, todo lo que se tiene es pura gracia y se recibe como un regalo.

      Los que habían comido del pan que les había dado Jesús, fueron a buscarle, cuando se dieron cuenta de que había desaparecido. Habían gozado tanto. Estaba tan rico aquel pan. Para aquellos cuya vida había significado sólo lucha y sufrimiento el hecho de haber sido regalados con semejante banquete, un poco de pan y un poco de pescado, fue motivo suficiente para ir a la búsqueda del que se lo había regalado. Por eso, buscan a Jesús.

      Ciertamente aquellos que buscaban a Jesús, de los que nos habla el Evangelio de hoy, no entendieron a la primera lo que significaba que Jesús fuera el “pan de vida”. Ellos lo que entendían con total claridad era el pan y el pescado que comieron, que Jesús les había dado, que les hizo sentirse saciados y quizá les posibilitó hasta dormir una buena siesta. Y lo entendían sencillamente porque tenían hambre. Será necesario un largo proceso hasta que lleguen a pasar del hambre físico al hambre de vida que era el que Jesús les estaba ofreciendo saciar. Pero, al menos, el primer paso ya lo han dado. Por el contrario, los que no tienen hambre desprecian el pan, los que se sienten saciados no necesitan de nada. Jesús puede estar en su vida, pero no pasará de ser un adorno más.

Para la reflexión 

      ¿Qué tipos de hambres descubrimos en nuestro mundo? ¿En nuestra comunidad? ¿En nuestra familia? ¿En nosotros mismos? ¿Es Jesús sólo un adorno en nuestra vida o en nuestra familia o realmente encontramos en él el “pan de vida”? ¿Qué significa para nosotros que Jesús es el “pan de vida”?

Fernando Torres, cmf