Vísperas – Jueves XVIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CUANDO LA LUZ SE HACE VAGA

Cuando la luz se hace vaga
y está cayendo la tarde,
venimos a ti, Señor,
para cantar tus bondades.

Los pájaros se despiden
piadosamente en los árboles,
y buscan calor de nido
y blandura de plumajes.

Así vuelven fatigados
los hombres a sus hogares,
cargando sus ilusiones
o escondiendo sus maldades.

Quieren olvidar la máquina,
olvidar sus vanidades;
descansar de tanto ruido
y morir a sus pesares.

Ya todo pide silencio,
se anuncia la noche amable:
convierte, Padre, sus penas
en abundancia de panes.

Alivie tu mano pródiga,
tu mano buena de Padre,
el cansancio de sus cuerpos,
sus codicias y sus males. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Salmo 71 I – PODER REAL DEL MESÍAS

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Ant 2. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Salmo 71 II

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre
y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Ant 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA BREVE   1Pe 1, 22-23

Por la obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor fraternal no fingido; amaos, pues, con intensidad y muy cordialmente unos a otros, como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V. En verdes praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes.

PRECES

Elevemos a Dios nuestros corazones agradecidos porque ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales y digámosle con fe:

Bendice, Señor, a tu pueblo.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al Papa Francisco y a nuestro obispo N.,
que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, a nuestros pueblos y ciudades
y aleja de ellos todo mal.

Multiplica como renuevos de olivo alrededor de tu mesa hijos que se consagren a tu reino,
siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de aquellas de tus hijas que han consagrado a ti su virginidad,
para que, en la integridad de su cuerpo y de su espíritu, sigan al cordero donde quiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Da la paz a los difuntos
y permítenos encontrarlos nuevamente un día en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos con confianza a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Al ofrecerte, Señor, nuestro sacrificio vespertino de alabanza, te pedimos humildemente que, meditando día y noche en tu palabra, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 9 de agosto

Lectio: Jueves, 9 Agosto, 2018

1) Oración inicial

Señor, Dios de nuestros padres en la fe, infúndenos copiosamente la fuerza de la cruz, con la que enriqueciste de modo admirable a Santa Teresa Benedicta en la hora del martirio; concédenos por su intercesión, buscarte sin descanso a ti que eres la suma Verdad, y mantener con lealtad hasta la muerte la alianza eterna del amor, sellada con la sangre de tu Hijo para la salvación de la humanidad.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 25,1-13″

«Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: `¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’ Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: `Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.’ Pero las prudentes replicaron: `No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.’ Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: `¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él respondió: `En verdad os digo que no os conozco.’ Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

3) Reflexión

• Hoy es la fiesta de Santa Edith Stein que en el Carmelo tomó el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Por esto, el evangelio de hoy trae la parábola de las diez vírgenes que debían dar la bienvenida al novio cuando llegara para las fiestas de la boda.

• Mateo 25,1ª: El comienzo: “Entonces”. La parábola empieza con esta palabra: “Entonces”. Se trata de la venida del Hijo del Hombre (cf Mt 24,37). Nadie sabe cuándo va a venir ese día, “ni los ángeles, ni el hijo mismo, sino que solamente el Padre” (Mt 24, 36). No importa que los adivinos quieran hacer cálculos. El Hijo del Hombre vendrá de sorpresa, cuando la gente menos lo espera (Mt 24,44). Puede ser hoy, puede ser mañana. Por esto, el recado final de la parábola de las diez vírgenes es “¡Vigilad!’ Las diez muchachas deben estar preparadas para cualquier eventualidad. Cuando la policía nazista llamó a la puerta del monasterio de las Carmelitas en Echt en la provincia de Limburgia en los Países Bajos, Edith Stein, la hermana Teresa Benedicta de la Cruz, estaba preparada. Asumió la Cruz y siguió para el martirio en el campo de exterminio por amor a Dios y a su gente. Era una de las vírgenes prudentes de la parábola.

• Mateo 25,1b-4: Las diez vírgenes preparadas para aguardar al novio. La parábola empieza así: “El Reino del Cielo es como diez vírgenes que prepararon sus lámparas y salieron al encuentro del novio”. Se trata de muchachas que debían acompañar al novio para la fiesta de la boda. Para esto, ellas debían llevar consigo las lámparas, sea para iluminar el camino, sea para iluminar la fiesta. Cinco de ellas eran prudentes y cinco eran sin fundamento. Esta diferencia aparece con claridad en la manera en que se preparan para la función que recibirán. Junto con las lámparas encendidas, las previdentes llevaron consigo también una vasija de aceite de reserva. Se preparaban para cualquier eventualidad. Las vírgenes sin fundamento se llevaron sólo las lámparas, sin pensar en llevarse un poco de aceite de reserva.

• Mateo 25,5-7: El retraso no previsto de la llegada del novio. El novio se demora. No había una hora determinada para que llegara. En la espera, el sueño se apodera de las muchachas, sin embargo las lámpara siguen gastando aceite e se van apagando poco a poco. De repente, en medio de la noche, se oye un grito: “¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!”. Todas ellas despiertan y empiezan a preparar las lámparas que ya estaban casi al final. Debían de poner el aceite de reserva para evitar que las lámparas se apagaran.

• Mateo 25,8-9: Las diversas reacciones ante la llegada atrasada del novio. Solamente ahora las necias se dan cuenta de que olvidaron llevar consigo el aceite de reserva. Fueron a pedir aceite a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan”. Las prudentes no pudieron atender este pedido, pues en aquel momento lo que importaba no era que las prudentes compartieran su aceite con las otras, sino que estuvieran listas para acompañar al novio hasta el lugar de la fiesta. Por esto aconsejan: ‘es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.’

• Mateo 25,10-12: El destino de las vírgenes prudentes y de las necias. Las necias siguen el consejo de las prudentes y van a comprar aceite. Durante esta breve ausencia de la compra llega el novio y las prudentes pueden acompañarlo a la fiesta de las bodas. Y la puerta se cierra detrás de ellas. Cuando llegan las otras, llaman a la puerta y piden: “¡Señor, Señor, abre la puerta para nosotras!” Y reciben la respuesta: “En verdad os digo que no os conozco”.

• Mateo 25,13: La recomendación final de Jesús para todos nosotros. La historia de esta parábola es muy sencilla y la lección es evidente. “Velad, pues, porque no sabéis, ni el día, ni la hora”. Moral de la historia: no seas superficial, mira más allá del momento presente, trata de descubrir el llamado de Dios hasta en las mínimas cosas de la vida, hasta en el aceite que falta en la lámpara.’

4) Para la reflexión personal

• ¿Te ocurrió ya de pensar en el aceite de reserva de tu lámpara?

• ¿Conoces la vida de Santa Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz?

5) Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,

sin cesar en mi boca su alabanza;

en Yahvé se gloría mi ser,

¡que lo oigan los humildes y se alegren. (Sal 34,2-3)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

35.- Las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal. Pero para que el hombre pueda entrar en su intimidad, Dios ha querido revelarse al hombre y darle la gracia de poder acoger en la fe esa revelación en la fe. Sin embargo, las pruebas de la existencia de Dios pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón humana.

Este punto habla de que finalmente Dios se ha revelado. No únicamente uno llega a concluir en la existencia de Dios por sus propias reflexiones, sino que Dios también nos ha hablado, ha salido a nuestro encuentro, no nos ha dejado a ciegas a nuestras solas capacidades a ver si conocemos o como deducimos la existencia de Dios, si no que Él también se ha dado a conocer, ha hablado al Pueblo de Israel y se ha dado a descubrir en la plenitud de la revelación en Jesucristo y esto aumenta mucho la certeza de la existencia de Dios porque ya no sólo conocemos a Dios partiendo de nosotros sino también partiendo de la iniciativa que Él ha tenido de hablar, de descubrirse y de ser conocido también por la fe, no sólo por los argumentos racionales.

Hemos concluido un apartado en el que nos hemos basado en la capacidad natural, racional que tiene el hombre para llegar al conocimiento de Dios.

Jer 17, 5-8

«Así habla Yavé:
— ¡Maldito el hombre que confía en el hombre, que en el mortal se apoya y su corazón se aparta de Yavé!
Es como tamarisco en la estepa,
que no siente cuándo llega la dicha,
porque arraiga en los lugares abrasados del desierto
y en tierra salobreña y despoblada.
Bendito el hombre que confía en Yavé,
en Yavé pone su esperanza.
Es como el árbol plantado junto al agua,
que alarga hacia las corrientes sus raíces;
nada teme cuando llega el calor;
su follaje se mantiene verde;
en año de sequía no se inquieta ni deja de producir frutos» (Jer 17, 5-8).
Precisamente entonces Dios me reprendió:
— ¡Hasta ahora no haces más que hablar de ti mismo! ¿Qué tal si hablases un poquito de mí?
Y yo respondí, un tanto impaciente:
—¡Ya dije que no tenía madera de profeta! ¿Por qué me llamaste, Señor?
Y Dios volvió a reprenderme:
— ¿Y quién dijo que es necesario tener madera para ser profeta? ¿Es que tú has visto algún amor por decreto? ¿No se trata de una vivencia? Tú, ¿vienes o no? ¿Vas o no?
Y de nuevo se estableció un gran silencio entre los dos.
Fue entonces cuando, no teniendo ya otra alternativa, empecé a ser profeta de veras.
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

Una doctrina sin misterio

40. El gnosticismo es una de las peores ideologías, ya que, al mismo tiempo que exalta indebidamente el conocimiento o una determinada experiencia, considera que su propia visión de la realidad es la perfección. Así, quizá sin advertirlo, esta ideología se alimenta a sí misma y se enceguece aún más. A veces se vuelve especialmente engañosa cuando se disfraza de una espiritualidad desencarnada. Porque el gnosticismo «por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio»[38], tanto el misterio de Dios y de su gracia, como el misterio de la vida de los demás.


[38] Carta al Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina en el centenario de la Facultad de Teología (3 marzo 2015): L’Osservatore Romano (10 marzo 2015), p. 6.

Tú tienes palabras de vida eterna

1.- Tristeza de Dios.- «Hermanos: no pongáis tristes el Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final» (Ef 4, 30). Sorprenden estas palabras del Apóstol. Si embargo, sólo con lenguaje antropomórfico. Sólo aplicándole nuestras categorías mentales podemos entender algo. Es verdad que ese lenguaje aplicado a Dios será siempre analógico, aproximado. Y es que Dios no es sólo aquello que nos dice la Biblia, es eso y muchísimo más, infinitamente más.

Hoy San Pablo nos dice que no pongamos triste al Espíritu Santo, que no pongamos triste a Dios… Misterio hondo este de que el hombre pueda entristecer a Dios. Pero ahí están esas palabras que contienen la verdad. Por otro lado no es difícil imaginar que, si Dios nos ama ilimitadamente, su corazón se llene de pena al ver lo mal que correspondemos a su amor. Dios triste, Dios llorando. He visto llorar a Dios, decía una canción. Lágrimas de Dios porque sus hijos no correspondemos a sus desvelos, lágrimas de Padre que ve cómo sus hijos le vuelven la espalda y se pelean entre sí. Misterio y realidad, tristeza de Dios.

«Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros, como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios como hijos queridos y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros como oblación y víctima de suave olor». Así Dios cambiará las lágrimas por una sonrisa. Sí, sonreirá al vernos sin amargura en el alma, sin ira en el corazón, sin enfado en los gestos, sin insultos en la boca, sin malicia en los ojos…Todos sonreiremos entonces, y todos dejaremos de llorar.

Imitadores de Dios, hijos queridos, hermanos bienaventurados que se ayudan y se quieren mutuamente. Una vida hecha de espíritu de entrega y de servicio, un paraíso en la tierra…No pongáis triste al Espíritu Santo, y tampoco vosotros estaréis tristes. Alegrad con vuestra vida el corazón de Dios y también vosotros os llenaréis de paz y de gozo. No tenemos hambre

2.- ¿A quién vamos a ir? – Seguimos contemplando el pasaje evangélico que San Juan recoge en el capítulo sexto de su Evangelio. Fue un acontecimiento que suscitó polémica, y también una ocasión para que Jesús expusiera una doctrina tan importante como la referente a la Sagrada Eucaristía. Sus palabras son claras y contundentes, expresión meridiana de la realidad inefable que constituye el augusto Sacramento del Altar. Su carne es verdadera co-mida, alimento espiritual que transmite la vida eterna y alienta en cierto modo la vida terrena del hombre. Pan vivo bajado del Cielo que, más aún que el maná, fortalecerá a quienes caminamos por este desierto que es la vida misma.

Pero aquellos hombres, lo mismo que ocurre hoy con tantos otros, no entendieron a Jesús; o, mejor dicho, no quisieron comprenderle. Le criticaron abiertamente y le abandonaron. Este momento, después de los discursos de Cafarnaún, fue uno de los más decisivos en la vida de Jesús. A punto estuvo de quedarse solo, abandonado incluso de los más íntimos. Sólo Pedro, siendo el portavoz de los demás apóstoles, hizo un acto de fe al exclamar: ¿a quién vamos a ir, si tú tienes palabras de vida eterna?

Las mismas críticas de entonces, de una u otra forma, se repiten en cierto modo a lo largo de los tiempos. Hoy también surge la incomprensión y la incredulidad, la actitud crítica ante las exigencias de la fe que tratan de obstaculizar la marcha del Reino de Dios. Sin embargo, el daño que causen será siempre periférico, por muy hondo que pueda parecer. Siempre quedará un pequeño resto tan encendido y vibrante, que consiga mantener el fuego sagrado y hacerlo prender una y otra vez en el mundo entero.

Dios está empeñado en que la salvación se lleve a cabo. Él sigue tocando el corazón de los hombres, atrayéndolos de forma irresistible. La gracia divina actúa de forma dinámica y moviliza de mil maneras el corazón humano. Podrá parecer en ocasiones que Dios está ausente, pero no es verdad. El está cerca de nosotros, atento a nuestras necesidades, pronto a socorrernos a pesar de no merecerlo. Dios Padre nos habla a cada uno, y de cada uno espera una respuesta que nos lleve a vivir siempre muy próximo a Jesús, el único que tiene palabras de vida eterna.

Antonio García-Moreno

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

Los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».

Jesús les dijo: «Dejad de criticar. Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trae, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y acepta su enseñanza viene a mí. Esto no quiere decir que alguien haya visto al Padre. Sólo ha visto al Padre el que procede de Dios. Os aseguro que el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del cielo; el que come de él no muere».

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

Juan 6, 41-52

Comentario del Evangelio

Fijaros que los judíos están todo el rato criticando lo que hace Jesús. No llevan muy bien que Jesús les diga algunas verdades y en vez de aprovechar lo que Jesús les dice, creen que el problema está en Jesús y se niegan a cambiar.
A veces nosotros criticamos a otras personas sin ninguna razón. Lo hacemos porque no queremos aceptar lo que la otra persona dice o porque no estamos dispuestos a cambiar y nos defendemos acusando a la persona que nos dice algo que sabemos que es verdad. Jesús quiere que aprendamos unos de otroa y que no perdamos el tiempo en criticar a los demás.

Para hacer vida el Evangelio

Escribe alguna situación en la que hayas criticado a alguna persona de forma injusta.

¿Por qué criticaban los judíos a Jesús? ¿Quiere Dios que nos critiquemos unos a otros?

Escribe un compromiso que te ayude a ser una persona que no critique a los demás.

 

Oración

Porque Tú sacias nuestra hambre infinita, ayúdanos a compartir con los demás
la alegría del comienzo del nuevo día, la ternura de vivir en compañía,
la ilusión de disfrutar cada momento,
la emoción de poner amor en todos,
la sorpresa de lo nuevo de cada persona, la salud del enfermo acompañado,
el compromiso con el mundo
injusto y frío,
que Tú potencias en cada uno
en los adentros.
Porque el mundo tiene hambre de Dios, impúlsanos a hablar de Ti con sencillez, a contar lo que vas haciendo en cada uno, a recordar que Tú liberas de toda atadura, a acompañar vidas haciéndote presente, a ser chispa alegre y cotidiana,
a cambiar la rutina por tu vida
en abundancia,
a entusiasmar con la revolución
del Evangelio,
y a ser buena noticia en donde estemos, pues Tú estás en nosotros para hacernos como Tú.

Todos tenemos hambre

Porque todos, Señor, tenemos hambre de Ti
no nos dejes pasar por la vida sin regalar
nuestra risa, las caricias, los detalles,
que son los gestos que te hacen presente.

Porque tenemos hambre de Ti, Señor,
hemos de llenar la Tierra de confidencias,
de nuestro ser amigos,

de crear buen clima de vecinos,
de generar ambiente cálido
entre los compañeros,
de saber agradecer todo lo que la vida nos regala,
de intentar comprender a todo el mundo,
que es la forma de vivir a tu manera.

Porque Tú sacias nuestra hambre infinita,
ayúdanos a compartir con los demás

la alegría del comienzo del nuevo día,
la ternura de vivir en compañía,

la ilusión de disfrutar cada momento,
la emoción de poner amor en todos,

la sorpresa de lo nuevo de cada persona,
la salud del enfermo acompañado,

el compromiso con el mundo injusto y frío,
que Tú potencias en cada uno
en los adentros.

Porque el mundo tiene hambre de Dios,

impúlsanos a hablar de Ti con sencillez,
a contar lo que vas haciendo en cada uno,
a recordar que Tú liberas de toda atadura,
a acompañar vidas haciéndote presente,
a ser chispa alegre y cotidiana,

a cambiar la rutina por tu vida
en abundancia,
a entusiasmar con la revolución
del Evangelio,
y a ser buena noticia en donde estemos,
pues Tú estás en nosotros para hacernos como Tú.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo XIX de Tiempo Ordinario

• “Los judíos» (41).

– Aquí, Juan utiliza la expresión «los judíos»en lugar de «la gente” como hasta ahora. Eso indica que el contexto de la polémica es la sinagoga de Cafarnaún -adonde todos se han desplazado (Jn 6,17.24)-.

– La expresión «los judíos» sale muchas veces en Juan. Nunca se le da un sentido étnico (el pueblo judío como tal) sino religioso: son los representantes del pueblo de Israel que se oponen a la comunidad a la que pertenece el evangelista y a su fe en Jesús. Pero también expresa la oposición que el mismo Jesús halló en los dirigentes judíos. El marco de la confrontación, aunque es la sinagoga, a menudo es el templo (Jn 2,13-22; 5,10-18; 10,22-39).

• «Criticaban» (41). Es una crítica o murmuración que recuerda la que hacían contra Moisés los que recibieron el maná en el desierto: La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto diciendo:»¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartamos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad (Ex 16,2-3). Allá, como aquí, la murmuración expresaba una falta de fe, negarse a aceptar lo que viene de Dios. Y lo que viene de Dios pasa por Moisés, en un caso, y es Jesús mismo, en el otro. No aceptarlo es no admitir que la fe es gratuita, que no se puede controlar, que es sorprendente. Y que, al mismo tiempo, compromete a asumir la propia responsabilidad para atravesar «el desierto» -la dureza de la vida para ganarse el pan-.

• «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre”. (42).También en la escena del repartode los panes y los peces, la gente pretendía dominar a Jesús encasillándolo en los esquemas que tenían: Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo (Jn 6,14), y lo querían tentar y retener proclamándolo rey (Jn 6,15). Ahora pretenden conocer el origen de Jesús (42). Es otra manera de dominarlo, de encasillarlo. Si aceptan que «ha bajado del cielo» (41), tienen que aceptar que no pueden dominarlo. Está en juego la acogida o el rechazo del Evangelio: La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros (Jn 1, 14).

• «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado» (44). La fe también es don de Dios, tiene el origen el Padre, como el «enviado». Dios, del mismo modo que tiene la iniciativa de salvarnos, tiene la iniciativa en nuestra respuesta, acoger la persona de Jesús. Eso es la fe -acoger la persona de Jesús-, no las creencias que nosotros mismos nos podamos construir.

• «Atraer», en este versículo (44), no tiene nada que ver con un posible juego caprichoso del Padre, que atraería a unos y no a otros. La cita (45) del profeta Isaías (Is 54,13) ha sido corregida por Jesús, precisamente poniendo el»todos» y no «los hijos», para evitar interpretaciones exclusivistas: la llamada de Dios es universal, no hay excepciones.

• Por otro lado, ni ese «atraer» ni la respuestade fe es una experiencia interiorista. La fe, fruto de la atracción del Padre, es entrar en la vida de Dios. Pero consiste en «escuchar” acoger la enseñanza (45) de la Escritura transmitida a Israel. «Escuchar» una voz que viene de fuera, no de dentro de uno mismo. Otra vez podemos tener presente que en Jesús la Palabra se ha hecho carne, se ha hecho hombre (Jn 1,1.14).

• Jesús se presenta Él mismo como «el pan de vida» (35.48), el pan de Dios, el verdadero alimento. Si para los judíos el verdadero alimento era la Ley, ahora tienen el alimento verdadero en la Palabra que se ha hecho carne (Jn 1,1.14). Es decir, el verdadero alimento se ha comprometido en la vida de quienes lo reciben. El verdadero alimento se ha hecho hombre de modo que compromete a quienes lo quieren recibir. La Ley, la Palabra, no es ideología: es una vida concreta. No se queda lejos, en el cielo, de manera que se le pueda hacer decir lo que convenga (=manipular): está con nosotros y dice lo que hace.

• “Mi carne” (51). «Carne» es la misma pala- bra que en el capítulo 1 de Juan se suele traducir por hombre (Jn 1,14). Por tanto, no sedebe entender como la sustancia del organismo humano. Su significado apunta a la naturaleza humana, a la humanidad. Aquí, puesta en labios de Jesús, es para hablar de sí mismo en su condición mortal. Es decir, el que da la vida -muerte y resurrección- por todos (50-51). La adhesión a su persona -«comer»- es nuestra vida, «la vida del mundo» (51).

Comentario al evangelio (9 de agosto)

El día 6 de este mes era fecha para rememorar la II Guerra Mundial. Ese día, el año 1945, se lanzaron las bombas atómicas contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.  Pero también tal día como hoy, 9 de agosto, trae idéntico recuerdo, pues en él se produjeron nuevos bombardeos atómicos. Por su parte, la liturgia propone otra memoria relacionada con aquel conflicto: en este día, en las cámaras de gas del campo de concentración de Auschwitz, murió Edith Stein, filósofa judía convertida a la fe católica y bautizada en enero de 1922.

Ya en 1933, al comenzar la persecución y el hostigamiento a los judíos, había declarado: «Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella». El 14 de abril de 1934 toma el hábito carmelitano y a partir de ese momento llevará el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz, nombre que deja bien explícita la referencia a la pasión de Cristo. El 9 de junio de 1939 redactará su testamento, que contiene estas palabras: «Ya desde ahora acepto con alegría, en completa sumisión y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me ha destinado. Ruego al Señor que acepte mi vida y mi muerte… de modo que el Señor sea reconocido por los suyos y que su Reino venga con toda su magnificencia para la salvación de Alemania y la salvación del mundo».

En aquella historia tan dramática, percibió su vocación y le fue enteramente fiel. Dios llevó a término la obra que había comenzado en ella, Dios la configuró con su Hijo crucificado. Dejemos que resuenen para ella los versos: «Si con él [Cristo] morimos, viviremos con él; si con él sufrimos, reinaremos con él».