Vísperas – Jueves XIX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ENFRÍA, SEÑOR, MI BOCA

Enfría, Señor, mi boca;
Señor, reduce mi brasa;
dame, como te lo pido,
concordia de cuerpo y alma.

Frente al perverso oleaje,
ponme costado de gracia;
dame, como te demando,
concordia de cuerpo y alma.

Señor, mitiga mi angustia;
remite, Señor, mi ansia;
dame, como te la clamo,
concordia de cuerpo y alma.

No dejes que los sentidos
me rindan en la batalla;
Señor, Señor, no me niegues
concordia de cuerpo y alma. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.

Salmo 131 I – PROMESAS A LA CASA DE DAVID.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.

Ant 2. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

Salmo 131 II.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

Ant 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA BREVE   1Pe 3, 8-9

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque vuestra vocación mira a esto: a heredar una bendición.

RESPONSORIO BREVE

V. Nos alimentó el Señor con flor de harina.
R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.

V. Nos sació con miel silvestre.
R. Con flor de harina.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nos alimentó el Señor con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:

Señor, refugio nuestro, escúchanos.

Bendito seas, Señor, que nos has llamado a tu santa Iglesia;
haz que seamos fieles a esta dignación de tu amor.

Tú que has encomendado al Papa Francisco la preocupación por todas las Iglesias,
concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
y concede a todos la penitencia y la salvación.

Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
acuérdate de los que viven lejos de su familia y de su patria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A todos los difuntos que esperaron en ti,
concédeles el descanso eterno.

Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos con plena confianza a Dios nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, en él hayamos cometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 16 de agosto

Lectio: Jueves, 16 Agosto, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor.
2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 18,21-19,1
Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: `Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó ir y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: `Paga lo que debes.’ Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: `Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: `Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste.¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
3) Reflexión
• En el evangelio de ayer oímos las palabras de Jesús sobre la corrección fraterna (Mt 18,15-20). En el evangelio de hoy (Mt 18,21-39) el asunto central es el perdón y la reconciliación.
• Mateo 18,21-22: ¡Perdonar setenta veces siete! Ante las palabras de Jesús sobre la corrección fraterna y la reconciliación, Pedro pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Siete veces?” Siete es un número que indica una perfección y, en el caso de la propuesta de Pedro, siete es sinónimo de siempre. Pero Jesús va más lejos. Elimina todo y cualquier posible límite para el perdón: «¡No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete!” Es como si dijera: “¡Siempre, no! Pedro, sino setenta veces siempre!” Pues no hay proporción entre el amor de Dios para con nosotros y nuestro amor para con el hermano. Aquí se evoca el episodio de Lamec del AT. “Dijo, pues, Lamec a sus mujeres Ada y Selía: ‘Escúchenme ustedes, mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras: yo he muerto a un hombre por la herida que me hizo y a un muchacho por un moratón que recibí. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta siete veces» (Gén 4,23-24). La tarea de las comunidades es la de invertir el proceso de la espiral de violencia. Para esclarecer su respuesta a Pedro, Jesús cuenta la parábola del perdón sin límite.
• Mateo 18,23-27: La actitud del dueño. Esta parábola es una alegoría, esto es, Jesús habla de un dueño, pero piensa en Dios. Esto explica los contrastes enormes de ésta parábola. Como veremos, a pesar de que se trata de cosas normales y diarias, existe algo en esta historia que no acontece nunca en la vida cotidiana. En la historia que Jesús cuenta, el dueño sigue las normas del derecho de la época. Estaba en su derecho si tomaba a un empleado y a toda su familia y lo ponía en la cárcel hasta que hubiera pagado su deuda por el trabajo como esclavo. Pero ante la petición del empleado endeudado, el dueño perdona la deuda: diez mil talentos. Un talento equivale a 35 kg. Según los cálculos hechos, diez mil talentos equivalen a 350 toneladas de oro. Aunque el deudor junto con su mujer y sus hijos hubiesen trabajado la vida entera, no hubieran sido nunca capaces de reunir 350 toneladas de oro. El cálculo extremo está hecho a propósito. Nuestra deuda ante Dios es incalculable e impagable.
• Mateo 18,28-31: La actitud el empleado. Al salir de allí, el empleado perdonado encuentra a uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Agarrándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. La moneda de cien denarios es el salario de cien días de trabajo. Algunos calculan que era de 30 gramos de oro. ¡No existe medio de comparación entre los dos! Ni tampoco nos hace entender la actitud del empleado: Dios le perdona 350 toneladas de oro y él no quiere perdonarle 30 gramos de oro. En vez de perdonar, hace con el compañero lo que el dueño podía haber hecho, pero no hizo. Mandó a la cárcel al compañero, según las normas de la ley, hasta que pagara toda la deuda. Actitud chocante para cualquier ser humano. Choca a los otros compañeros. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Nosotros también hubiéramos tenido la misma actitud de desaprobación.
• Mateo 18,32-35: La actitud de Dios. “Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: `Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía.” Ante el amor de Dios que perdona gratuitamente nuestra deuda de 350 toneladas de oro, es nada más que justo que perdonemos al hermano una pequeña deuda de 30 gramos de oro. ¡El perdón de Dios es sin límites. El único limite para la gratuidad de misericordia de Dios viene de nosotros mismos, de nuestra incapacidad de perdonar al hermano! (Mt 18,34). Es lo que decimos y pedimos en el Padre Nuestro: “Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros personamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12-15).
La comunidad como espacio alternativo de solidaridad y fraternidad. La sociedad del Imperio Romano era dura y sin corazón, sin espacio para los pequeños. Estos buscaban un amparo para el corazón y no lo encontraban. Las sinagogas eran exigentes y no ofrecían un lugar para ellos. En la comunidad cristianas, el rigor de algunos en la observancia de la Ley, llevaba a la convivencia los mismos criterios de la sociedad y de la sinagoga. Así, en la comunidad empezaban a haber divisiones que existían en la sociedad y en la sinagoga entre rico y pobre, dominación y sumisión, hombre y mujer, raza y religión. La comunidad, en vez de ser un espacio de acogida, se volvía un lugar de condena. Juntando las palabras de Jesús, Mateo quiere iluminar la caminada de los seguidores y de las seguidoras de Jesús, para que las comunidades sean un espacio alternativo de solidaridad y de fraternidad. Deben ser una Buena Noticia para los pobres.
4) Para la reflexión personal
• Perdonar. Hay gente que dice: “¡Perdono, pero no olvido!” ¿Y yo? ¿Soy capaz de imitar a Dios?
• Jesús nos da el ejemplo. En la hora de su muerte pide perdón pos sus asesinos (Lc 23,34). ¿Soy capaz de imitar a Jesús?
5) Oración final
¡De la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el nombre de Yahvé!
¡Excelso sobre los pueblos Yahvé,
más alta que los cielos su gloria! (Sal 113,3-4)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

36.- «La Santa Iglesia, nuestra madre, mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas» (Cc. Vaticano I: DS 3004; Cf. 3026; Cc. Vaticano II, DV 6). Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado «a imagen de Dios» (Cf. Gn 1,27).

Esta afirmación primera, es una de las definiciones dogmáticas que hizo el Concilio Vaticano I. Un concilio que no pudo terminar todas las sesiones tuvo que interrumpirse porque la guerra en Italia impedía su normal desarrollo. Entre las cosas que sí le dio tiempo suficiente para poder estudiar y definir fue la posibilidad, que nosotros afirmamos, la Iglesia Católica afirma que Dios puede ser conocido con certeza mediante la capacidad natural que Dios le ha dado al hombre, mediante su razonamiento, mediante su voluntad… tenemos una capacidad natural de conocer a Dios. Es decir, que la Iglesia cree en el hombre y en sus facultades naturales para conocer a Dios. Incluso dice la Carta a los Romanos que son inexcusables los que, habiendo conocido las maravillas de Dios, las obras de Dios, no han deducido la existencia del Creador. Como Dios nos ha dado una cierta capacidad para conocerle, pues lógicamente cada uno tendrá que responder delante de Dios sobre su fe en Dios. ¡También el que no ha tenido la explicación de la fe! Pues, también al que no se le ha explicado el Evangelio ha tenido una cierta capacidad de conocer a Dios, todos en su conciencia tienen la capacidad de conocer a Dios. Cada uno será juzgado según lo que haya podido llegar a conocer en lo íntimo de su conciencia como verdad suprema.

¿Por qué el Concilio Vaticano I afirma esto? Porque había habido una crisis filosófica en torno a la ilustración, en torno al racionalismo, al fideísmo, que había supuesto que la sana filosofía, lo que se había entendido como principios básicos de la filosofía realista habían sido puestos en cuestión. ¿Dónde había nacido este confusionismo?

Bueno, hay una famosa frase de Descartes que dice “Pienso luego existo” (Cogito, ergo sum). Una frase suya que, por cierto, Juan Pablo II comentaba en un libro que él publicó “Cruzando el umbral de la esperanza” en 1996. Era un libro entrevista hecho por el periodista Vittorio Messori, quien le preguntaba al papa y el papa decía “Me parece que apuntan más bien hacia otro terreno, el puramente racionalista, que es propio de la filosofía moderna, cuya historia se inicia con Descartes, quien, por así decirlo, desgajó el pensar del existir y lo identificó con la razón misma: Cogito, ergo sum («Pienso, luego existo»). ¡Qué distinta es la postura de Santo Tomás, para quien no es el pensamiento el que decide la existencia, sino que es la existencia, el esse, lo que decide el pensar! Pienso del modo que pienso porque soy el que soy, es decir, una criatura- y porque Él es El que es, es decir, el absoluto Misterio increado.” Es decir, se había dado una especie de inversión de una concepción del mundo objetiva a una concepción subjetivista. Descartes había dicho “Pienso, luego existo”. Nosotros desde una concepción realista hubiésemos dicho al revés “Porque existo puedo pensar” El pienso, luego existo, parece que la existencia, la realidad es consecuencia de que yo la perciba, pero no, aunque yo no perciba la realidad, la realidad existe, no la creo yo, no es proporcional a mi capacidad de entenderla, de conocerla, de lo contrario parece que hago una realidad conforme a mi imagen y a mi semejanza. Luego la realidad se me impone, es obvio la existencia de la realidad.

A partir del racionalismo aparece una duda sobre el realismo “¿Me engañan mis sentidos? ¿No me engañan? ¿Esto que yo conozco es la realidad en sí misma o en el fondo me estoy engañando?”. Esta frase del pienso, luego existo, es un giro antropológico en el que la subjetividad del hombre es la medida de la realidad. A esto se refiere Juan Pablo II, criticando esta postura y proponiendo una concepción realista del conocimiento de la realidad.

¿Por qué sintió el Concilio Vaticano I necesidad de definir la capacidad racional natural del hombre, de conocer la existencia de Dios? Porque había existido esta crisis racionalista en la que la razón se entiende como una razón inmanente, no trascendente, que únicamente es capaz de conocer lo que está dentro de mí, una razón cerrada dentro de sí misma: es verdad únicamente lo que me convence a mí interiormente, no hay razones objetivas que me vengan de fuera. Pero mira, vamos a ver, independientemente del lío mental que nosotros nos podamos hacer, hay razones objetivas para la creencia en Dios. Por ejemplo, los milagros. Dios ha hecho intervenciones objetivas en la historia para sacudir nuestra incredulidad y claro, desde esta concepción racionalista se está como a la defensiva frente a los acontecimientos objetivos, únicamente es verdad lo que en mi interior me convenza a mí mismo como tal, pero no hay razones objetivas que me vengan de fuera. Es una crisis de subjetivismo.

A este racionalismo se liga el fideísmo paradójicamente. El racionalismo y el fideísmo es como fundamentar la fe, pero no en razones objetivas sino en el fondo, en una especie de opción voluntarista, como una necesidad interior que uno tiene de fundar las cosas, como una opción personal, es decir, se llega a la creencia en Dios desde una especie de necesidad interior de fundar las cosas, pero no porque exista una razón objetiva para creer en Dios. Curiosamente el racionalismo y el fideísmo se dan la mano y eso que en teoría parecen dos cosas distintas o contrapuestas. Al final resulta que se dan la mano. El racionalismo es un rechazo de que existan razones objetivas fuera de nosotros ante las cuales nosotros tengamos que rendirnos, “Tú tienes que rendirte ante la realidad”, no, eso el racionalismo lo rechaza. Más bien es una razón inmanente dentro de mí, es el pienso luego existo, no es el existo luego pienso. Lo primero es mi yo, luego mi yo, y luego mi yo, pero no hay razones fuera de mí que de alguna manera la verdad se impone por su propio peso. Eso el racionalismo lo rechaza, eso de que la verdad se impone por su propio peso. Luego, para llegar a Dios se agarran a la vía no de la objetividad, sino del fideísmo, de una opción digamos voluntarista en la que la necesidad de fundar las cosas, de fundar la moral, hace conveniente la existencia de un ser superior. Estos dos extremos que se tocan, como aquel, el chiste de que había uno tan gordo, tan gordo que se caía de la cama por los dos lados, pues lo mismo pasa con el racionalismo y con el fideísmo, que al mismo tiempo son opuestos, pero tienen lugar en una misma crisis de concepción de la vida. Este es el panorama, y aunque estos términos filosóficos a veces se hacen durillos, pero es necesario a veces hacer referencia a ellos.

En medio de esta crisis de pensamiento, de tanto subjetivismo, la Iglesia nos dice: “Dios nos ha dado unas facultades, una razón y una voluntad capaces de descubrir la existencia de Dios y capaces de adherirnos a ella”. Esto también está ligado a lo que Santo Tomás decía de la “analogía del ser”. Nosotros creemos entre el Creador y la criatura. Entre el Dios trascendente y el mundo que Él ha creado. Ahora, si la distancia entre el Dios creador y el mundo que ha creado fuese tal que fuesen totalmente distintos y no tuviésemos absolutamente ningún punto de conexión entre nosotros, entonces sería imposible hablar de Dios, conocer a Dios, creer en Dios. Luego el primer error es decir que entre Dios y la criatura hay una distancia tal que es imposible decir nada de Dios, es totalmente distinto a nosotros. Y el extremo contrario es el del panteísmo, como si Dios y el mundo fuesen una sola cosa, pensar que todo es Dios o que la naturaleza es Dios. Es casi confundir el Creador y la criatura. Y entre estos dos errores de signo contrario, el pensamiento cristiano ha dicho: Dios es trascendente y trasciende al hombre, y distinguimos el Creador y la criatura, pero sí que existe cierta similitud entre ellos, es la analogía del ser. No es ni lo mismo, pero tampoco absolutamente distinto.

Como estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, hay una cierta capacidad del hombre de conocer a Dios, si no sería imposible conocer nada, porque nosotros hemos sido creados por la participación del ser de Dios. Hemos recibido nuestra existencia participando de la existencia de Dios. A este principio se le conoce como analogía del ser, es decir, aproximación al ser de Dios de la criatura. Él nos trasciende, pero aunque nos trascienda, estamos hechos a su imagen y semejanza, y por tanto hay la semejanza mínima para que el hombre pueda hablar de Él, y para que las cosas que digamos de Él sean objetivas.

Todo esto que estoy diciendo tiende a hacer la siguiente contextualización: La Iglesia en el Concilio Vaticano I defiende la capacidad racional del hombre de conocer a Dios porque se da cuenta de que hay una crisis de filosofía, que se está cayendo en el subjetivismos, que es el “pienso luego existo”, mirarse al ombligo olvidando la capacidad que tiene el hombre de conocer el mundo, de preguntarse por sus causas últimas, de preguntarse por Dios como origen del mundo, es como un pensamiento o una filosofía totalmente encerrada en nosotros mismo, en cómo me siento, qué me parece a mí, etc. En vez de preguntarse por las cosas objetivas. Es una crisis de subjetivismo que lógicamente también afecta a la fe.

Por eso, el concilio Vaticano I sale con el tema de que Dios nos ha dado una capacidad de conocerle también naturalmente. Quiere decir que nosotros somos realistas, no es que el ser cristiano esté ligado a una escuela filosófica concreta, pero un cristiano básicamente tiene que tener un realismo en la concepción dela vida, es decir, la realidad existe y es absurdo que tenga que estar demostrando que la realidad existe. Hay cosas que se nos imponen por el sentido común, eso de que los sentidos te engañan… claro que cabe una posibilidad de equivocarse, pero básicamente los sentidos nos permiten conocer la realidad, y del conocimiento sensible podemos extraer una serie de conclusiones… Es decir, nosotros afirmamos en la capacidad natural del hombre de conocer a Dios y creemos en un principio, frente al subjetivismo, creemos en un principio realista de la existencia.

Juan 6, 51-67

«El pan que yo daré es mi carne, y la daré para la vida del mundo.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.
Muchos de los que habían seguido a Jesús dijeron:
— ¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién puede soportarlo? ¿Cómo este hombre va a darnos a comer su carne?
A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirlo.
Jesús preguntó a los doce:
— ¿También vosotros queréis dejarme?ª (Jn 6, 51-67).
A mí Dios me caía bien. Me gustaba mucho. En mi casa se hablaba mucho de él. Había un montón de cosas que no gusta recordar, pero todo se hacía soportable porque allí, en mi casa, a todos nos gustaba mucho nuestro Dios.
Si había tristeza, yo siempre oía decir a alguien que aquello debía cambiar porque Dios no quería semejante comportamiento.
Cuando había alegría y fiesta, siempre escuchaba yo un «¡graicas a Dios!»
Si  había miedo, yo escuchaba un «¡Dios nos libre!»
Si había desempleo, oía musitar: «Todo mejorará, si Dios quiere».
Cuando había desunión, mamá decía: «¡Dios nos perdone!»
Me gustaba Dios. Me gustaba mucho. Crecí con la seguridad de que él me gustaba. Y yo pensaba que realmente me gustaba.
Llegó el día en que me hice joven, y descubrí que mi Dios no era exactamente como la gente solía imaginárselo.
Dios me caía muy bien, pero empecé a tener algunas dudas. Vi muhcas cosas que no hubiera querido ver y de las que él, así lo creía yo, debía haberme librado.
Mis ojos vieron, mis oídos oyeron y todo mi cuerpo sintió que vivir era una aventura arriesgada por demás, a causa de ese enigma que Dios me dio: mi libertad.
Precisamente por ella Dios no me ahorraba nada.
Vi el crimen, el hambre, la injusticia, el odio, la mentira, la calumnia, la traición, la falsedad, los mutilados, los animrlaes, los explotadores, los explotados, los ladrones, las prostitutas, los homosexuales, los cínicos, los vividores, los indefensos… y toda la enorme procesión de los que nacieron para sufrir.
Pensé para mí: Dios es la solución de todo eso. Pero mi Dios, tal como yo me lo imaginaba, no resolvió nada. Entonces grité:
— ¡Cómo! Mi Dios ¿es un callejón sin salida? ¿A quién deberán acudir los que necesitan un vengador, un juez, un defensor de los oprimidos?
Dios me caía muy bien, pero después que vi las injusticias manifiestas y los casos sin solución alguna, un poco menos. Yo pregunté miles de veces, queriendo saber por qué Dios, en quien yo confiaba tanto, nunca respondía…, y nadie me hizo caso. Decían:
— ¡Paciencia, hijo! La vida es así. Dios sabrá. Más tarde, en el cielo, las cosas serán diferentes…
Y hasta ahbía los más ortodoxos que me mandaban cerrar la boca blasfema… porque no hacía más que preguntar por qué Dios no actuaba de la manera como a mí me parecía debía ser.
Mucho me gustaba Dios, y siguió gustándome, aunque mi confianza anduviera bastante alicaída.
Justo entonces cometí la locura de decir, tras haber leído algunos libros de gente más desesperada que yo, que Dios ya no me iba. ¡Yo había escogido el camino de los «inteligentes»!
Me puse a analizar el mundo, y no perdí coyuntura alguna para subrayar el lado negatio. ¡Me pasé cordialmente a la oposición, vamos! Me planté a vigilar las acciones del Dios a quien yo, hasta hacía poco, acostumbraba a llamar mi amigo íntimo.
Claro que en el fondo, muy en el hondón del alma… yo no conseguía dejar de admirarle. Era todo demasiado consufo e intrincado para que yo llegase a negar su existencia. Mi rebelión no llegó tan lejos. No perdí la lucidez.
Cierto día, cuando yo lamentaba el problema de los infelices y prepararba, una vez más, mi discurso de oposición, un niño me miró profundamente a los ojos y, desde su sillita de ruedas, que nunca podía abandonar, me preguntó si también yo era amigo de Dios…
Me gustaba mucho Dios; y como me gustaba tanto, comencé a no gustar del mundo. Por fin volvió a gustarme mucho Dios, porque durante todo el tiempo en que no gusté de él, él siguió gustando de mí y del mundo.
Hoy son un hombre que no acepta esas cosas carentes de explicación, pero sé que cuando se ama todo se asimila, aunque no todo pueda explicarse. Dios nunca se enfadó por eso; no tiene miedo a quien le pregunta. Unicamente no acepta a quienes tienen respuesta prefabricada para todo.
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

El pelagianismo actual

47. El gnosticismo dio lugar a otra vieja herejía, que también está presente hoy. Con el paso del tiempo, muchos comenzaron a reconocer que no es el conocimiento lo que nos hace mejores o santos, sino la vida que llevamos. El problema es que esto se degeneró sutilmente, de manera que el mismo error de los gnósticos simplemente se transformó, pero no fue superado.

¿Qué tiene el pan de Dios?

Cuántas veces, acontecimientos familiares o personales, queremos que sean iluminados por la Palabra de Dios y, sobre todo, con la Acción de Gracias que es la Eucaristía.

1. – En estos dos próximos domingos, la Iglesia, nos hace reflexionar sobre el tema eucarístico. Entre otras cosas, porque la Iglesia, sabe que bebe y se alimenta de este sacramento que, por lo que sea, algunos de nuestros hermanos o conocidos dejaron de frecuentar.

La Eucaristía, además de ser testamento del mismo Cristo, es alimento para todo creyente. Es un punto en el que convergen Dios y el hombre. Un lugar en el que, la debilidad, se transforma en fuerza invencible. Un momento, que cuando se vive apasionadamente, se entra en comunión perfecta con Dios y se cae en la cuenta de que estamos llamados a ser instrumentos de su amor en medio del mundo.

Si con la Eucaristía, ya nos resulta a algunos mantener encendida la llama de la fe, ¡cuánto más difícil sería sin ella ser fieles a la verdad o en el seguimiento a Jesús!

Hoy nos escandaliza los suicidios que, muchas personas, buscan como única salida para su vida. También, en la vida cristiana, existe la muerte espiritual: cuando dejamos de participar en la asamblea dominical; cuando, hostigados por tanto enemigo, dejamos de apetecer el pan de la vida y el vino de la salvación que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo; cuando preferimos tener una fe individual y sin más referencia al evangelio que nuestra forma de ver las cosas, y al mismo Dios, a nuestra manera y con nuestro propio criterio.

Cada vez que comulgamos, además de llenarnos de Dios, nos sentimos llamados a ser sus heraldos. Los pregoneros de su amor y de su poder. De su gracia y de su ternura. Por el contrario, cuando no lo comulgamos, cuando nos dejamos empalagar por el manjar del mundo, corremos el riesgo de quedarnos vacíos, traídos y llevados por el zigzag de los caprichos.

2. – Pidamos al Señor que sea la vida de nuestra vida. La sangre que corra por nuestras venas. El horizonte de nuestra existencia.

–Pidamos al Señor que, su Cuerpo y su Sangre, sea alto precio que El pague por nuestras debilidades, fracasos, traiciones o deserciones.

–Pidamos al Señor que, la Eucaristía, sea una fiesta en la que nos sintamos hermanos. Ser cristiano, además de estar configurados con Cristo, es saber que el que está a nuestro lado, no es un adversario; es un hermano, un amigo, un hijo de Dios. Alguien que, siempre, puede contar conmigo. Entre otras cosas porque tenemos un mismo Padre.

–Pidamos al Señor que nosotros los sacerdotes celebremos con la misma emoción del día de nuestra primera misa, cada Eucaristía. Que no seamos meros funcionarios. Que sepamos transmitir, celebrar y vivir todo el Misterio que rodea a este Sacramento. En definitiva, que sepamos repartir a manos llenas el Pan de la Vida que es Jesús.

3.- LA FIESTA ERES TU, SEÑOR

Cada domingo, con la Eucaristía,
nos unimos en un mismo sentir,
en una misma esperanza.
Brota la alegría de creer
la esperanza del más allá.
Nuestra fiesta, la auténtica fiesta,
eres Tú, Señor.

Cada domingo, la mesa del altar,
se agranda de tal manera
que, nadie puede quedar sin pan;
sin el pan de la fraternidad
sin el pan de tu Palabra
sin el pan de tu presencia

¿Qué tiene tu pan, Señor?
Tiene el sabor de la eternidad
El brillo del cielo
El amor de Dios
La fuerza del Espíritu

¿Qué tiene tu pan, Señor?
Tiene el gozo de la vida cristiana
Es fiesta adelantada del cielo
Es pregón de lo que un día nos espera
Sí, Señor; ¡Eres fiesta, eterna fiesta!

Aquí, en esta mesa del altar,
aperitivo, un adelanto
de lo que estamos llamados a gustar
de una forma definitiva y eterna
junto a Ti, junto a Dios, en el Espíritu
con María, la Virgen, allá en el cielo.
Eres fiesta, cada domingo Señor,
eres fiesta que pone en vilo nuestras almas.
Amén

Javier Leoz

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente».

Marcos 6, 51-58

Comentario del Evangelio

Hoy Jesús nos habla de lo importante que es comer de su carne y beber de su sangre. Dicho así parece muy raro, pero Jesús insiste en que si no comemos de su carne y no bebemos de su sangre, todo lo demás no tiene sentido. Jesús insiste en lo importante que es la Comunión en la vida de los cristianos. No sólo la Primera Comunión, sino vivir en la vida de la Iglesia participando cada semana en la misa de la parroquia, que es donde celebramos la Comunión con el resto de las personas de la parroquia. Podemos hacer muchas cosas y cosas buenas; pero si no vivimos la misa y participamos de la Comunión, no estamos viviendo como cristianos.

Para hacer vida el Evangelio

• Pregúntale al cura de tu parroquia por qué es importante para los cristianos la Comunión y la par- ticipación en la misa de la parroquia.

• ¿Podemos ser cristianos sin la misa y sin participar de la Comunión? ¿Cómo quiere Jesús que vivamos el sacramento de la Comunión?

• Si conoces a alguien que le cuesta participar de la misa de la parroquia, piensa la forma de animar a esa persona para que viva con intensidad la misa.

 

Oración

Cada vez que comulgo, Señor, estoy reforzando mi amistad contigo, te capto como alguien vivo y cercano y siento tu esperanza y fortaleza en mi interior.

Cada vez que comulgo contigo, acepto tus ideas radicales, de preferir a los pobres y marginados para gastar mi vida en mejorar la suya. Cada vez que te recibo en mis entrañas, renuevas mis ilusiones fraternas, porque me indicas claramente la ruta de construir una tierra justa y nueva. Cada vez que me acerco hasta tu altar, me llenas de entusiasmo y de sentido y ya no puedo prescindir de tu misión de agrandar mi corazón universal.

Comulgar es estar de acuerdo contigo

Cada vez que comulgo, Señor,
estoy reforzando mi amistad contigo,
te capto como alguien vivo y cercano
y siento tu esperanza y fortaleza
en mi interior.

Cada vez que comulgo contigo,
acepto tus ideas radicales,
de preferir a los pobres y marginados
para gastar mi vida en mejorar la suya.

Cada vez que te recibo en mis entrañas,
renuevas mis ilusiones fraternas,
porque me indicas claramente la ruta
de construir una tierra justa y nueva.

Cada vez que me acerco hasta tu altar,
me llenas de entusiasmo y de sentido
y ya no puedo prescindir de tu misión
de agrandar mi corazón universal.

Cada vez que entras en mis adentros,
tu espíritu me anima y me sostiene,
haces renacer en mí la solidaridad,
un talante agradecido y sensibilidad.

Cada vez que me encuentro contigo,
mi corazón se ensancha y se dinamiza,
me sacas de todos mis pequeños egoísmos
y me llenas de tu capacidad
de obrar el bien.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo XX de Tiempo Ordinario

• Hoy empezamos con el último versículo del Evangelio del domingo pasado (51), en cuyo comentario se decía algo sobre la expresión «carne» (51-56), que en estos versículos de hoy abunda más. Decía el comentario que «carne» es la misma palabraque en el capítulo 1 de Juan se refiere a la condición humana de Jesús (Jn 1,14). Portanto, no se debe entender como la substancia del organismo humano. Su significado apunta a la naturaleza humana, a la humanidad. Aquí, puesta en labios de Jesús, es para hablar de sí mismo en su condición mortal.

• Es una palabra que nos habla de encarnación: la persona del Hijo de Dios se ha hecho hombre y, «dándose», nos ha dado «vida» (51).

• Lo mismo tenemos que decir de la palabra «sangre» (53-56): significa, también, elhombre entero en su condición natural, terrena. También significa la vida misma, de la que sólo Dios puede disponer.

• «Darnos a comer su carne» (52): el término «carne» ha sustituido el término «pan». El pan, por tanto, era metáfora deldon de Dios que da vida.

• En relación con eso, «comer» significa acoger plenamente el don de Dios, vivir de la Palabra, vivir del Dios que se da Él mismo -muerte en la cruz- para que tengamos vida. Lo mismo podemos decir de «beber» (53ss). Se trata de la adhesión defe al Hijo de Dios que da su propia vida.

• «Los judíos» (5 2) -recordemos que el contexto de estos versículos es la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,17.24.59)- se oponen (52) al planteamiento de Jesús -a quien sólo ven como hombre, tal como argumentaban en el texto del domingo pasado, diciendo que conocían a su familia (Jn 6,41-42)-: según ellos, por la entrega de un hombre no se puede obtener la vida para siempre» (58). Yes que ellos no confiesan que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios; creerlo sería creer que el Hijo dispone de la vida (Jn 5,26).

• «Habita en mí y yo en él» (56): la relación que une indisociablemente «al Padre que vive» con el Hijo que vive «por el Padre» (57),es la misma relación que se establece entre el Hijo que da su vida y el creyente que lo acoge por la fe. Éste es el tema de estos versículos.

Algunas notas sobre la Eucaristía

* Este discurso de Jesús que Juan nos transmite en el capítulo 6 no es ningún relato de la institución de la Eucaristía que Jesús habría hecho en este momento, aunque, eso sí, usa un vocabulario sacramental. No debemos olvidar que en la redacción de los Evangelios, con la narración de los hechos y las palabras de Jesús que han llegado a cada comunidad, se mezcla la experiencia que está viviendo la propia comunidad cristiana, la cual celebra la Eucaristía cada domingo.

* Lo que sí ofrece este texto es el fruto queda la Eucaristía, porque es el mismo que da la fe. Es decir, la Eucaristía es la expresión privilegiada de la fe, entendida como acogida de Jesús, la Palabra encarnada, y la adhesión a Él. Y el fruto de la fe -y, por tanto, de la Eucaristía- es la vida nueva del discípulo, unido a Jesucristo.

* El cristiano, por tanto, no podrá prescindir de la Eucaristía, si realmente la ha descubierto como expresión de la fe y la vive impregnada de esa misma fe, que no es un conjunto de creencias sino, repitámoslo, la unión -o comunión- con Jesucristo, «enviado del Padre que vive» (57) o «pan que ha bajado del cielo» (58). La Eucaristía vivida asícambia la vida, da una vida nueva, una vida de discípulo -vale la pena recordar que Juan, en la Última Cena no narra la institución de la Eucaristía sino el lavatorio de los pies (Jn 13,1ss)- y da una «vida para siempre» (58):»yo lo resucitaré en el último día» (54)…

Comentario al evangelio – 16 de agosto

Todos estamos dispuestos a perdonar, seguro. Basta que la ofensa no haya sido de esas que duelen, de esas “imperdonables”. Por cierto ¿con qué frecuencia y en qué sentido utilizamos los cristianos el calificativo de “imperdonable”? Muchas veces en un sentido figurado, pero otras…

Decíamos que todos sabemos perdonar, y perdonamos, las faltas leves, o aquellas cometidas por alguien a quien de verdad queremos, y al que justificamos casi todo. Pero lo difícil es perdonar las otras faltas, las de otros que también nos ofenden y a los que no tenemos tanto aprecio.

Jesús enseña a sus discípulos que hay que perdonar. Y habla de perdonar al hermano, no de perdonar una falta u otra. El perdón se dirige al ofensor. Por eso no depende del tipo de falta, ni existe una graduación según la gravedad. No se puede perdonar más o menos. O sí, o no.

Y, puesto que hablamos de personas, el fundamento, la razón para perdonar está en ellos y ellas, en que son hijos e hijas de Dios. Y esa es la clave. Dios nos quiere a todos por igual y es capaz de perdonar por amor. Por eso nuestra tarea, el mandamiento principal, no es perdonar porque Dios perdona. Nuestra tarea es querer como Dios quiere. Y el perdón vendrá con ello.

No es cuestión de perdonar porque esté mandado. Ni para conseguir que luego me perdonen… Es cuestión de perdonar por amor. Y, como siempre, llegar a ello es tarea de toda la vida. Pero “de toda la vida” no significa que haya que conformarse con lo que somos ahora porque “ya iremos mejorando”; no es cuestión de vivir tranquilos pensando que “ya llegará el momento”. De toda la vida significa también desde el comienzo de la vida; es decir, que el mandato es que perdonemos ya desde ahora, desde hoy mismo, a todos y para siempre. Por supuesto, sólo lo conseguiremos contando con la ayuda de Dios.