Vísperas – Viernes XIX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: YO HE SENTIDO, SEÑOR, TU VOZ AMANTE

Yo he sentido, Señor, tu voz amante,
en el misterio de las noches bellas,
y en el suave temblor de las estrellas
la armonía gocé de tu semblante.

No me llegó tu acento amenazante
entre el fragor de trueno y de centellas;
al ánima llamaron tus querellas
como el tenue vagido de un infante.

¿Por qué no obedecí cuando te oía?
¿Quién me hizo abandonar tu franca vía
y hundirme en las tinieblas del vacío?

Haz, mi dulce Señor, que en la serena
noche vuelva a escuchar tu cantilena;
¡ya no seré cobarde, Padre mío! Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Salmo 134 I – HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Ant 2. Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Salmo 134 II.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Ant 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE   St 1, 2-4

Hermanos míos, si estáis sometidos a tentaciones diversas, consideradlo como una alegría, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce constancia. Pero haced que la constancia dé un resultado perfecto, para que seáis perfectos e íntegros, sin defectos en nada.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre suyo.
R. Por la virtud de su sangre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Invoquemos al Hijo de Dios, a quien el Padre entregó por nuestras faltas y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo:

Señor, ten piedad.

Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que se confiesen culpables
y en tu bondad otórganos el perdón y la paz.

Tú que, por medio del Apóstol nos has enseñado que donde se multiplicó el pecado sobreabundó mucho más la gracia,
perdona con largueza nuestros muchos pecados.

Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia infinita;
vuélvete a nosotros para que podamos convertirnos a ti.

Salva a tu pueblo de sus pecados, Señor,
y sé benévolo con nosotros.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que abriste las puertas del paraíso al buen ladrón,
ábrelas también para nuestros hermanos difuntos.

Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Padre santo, que quisiste que tu Hijo fuese el precio de nuestro rescate, haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en los padecimientos de Cristo, nos gocemos también en la revelación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 17 de agosto

Lectio: Viernes, 17 Agosto, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 19,3-12

Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?» Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.» Dícenle: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?» Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio.»
Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse.» Pero él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que fueron hechos tales por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.»
3) Reflexión
• Contexto. Hasta el cap. 18, Mateo ha mostrado cómo los discursos de Jesús han marcado las varias fases de la constitución y formación progresivas de la comunidad de los discípulos en torno a su Maestro. Ahora, en 19,1, este pequeño grupo se aleja de las tierras de Galilea y llega al territorio de Judea. La llamada de Jesús, que ha atraído a sus discípulos, sigue avanzando hasta la elección definitiva: la acogida o el rechazo de la persona de Jesús. Esta fase tiene lugar a lo largo del camino que lleva a Jerusalén (cap.19-20) y al templo, después de llegar finalmente a la ciudad (cap.21-23). Todos los encuentros que Jesús efectúa en estos capítulos tienen lugar a lo largo del recorrido de Galilea a Jerusalén.

• El encuentro con los fariseos. Al pasar por la Transjordania (19,1) tiene Jesús el primer encuentro con los fariseos, y el tema de la discusión de Jesús con ellos es motivo de reflexión para el grupo de los discípulos. La pregunta de los fariseos se refiere al divorcio y de manera particular pone a Jesús en apuros acerca del amor dentro del matrimonio, que es la realidad más sólida y estable para la comunidad judía. La intervención de los fariseos pretende acusar la enseñanza de Jesús. Se trata de un verdadero proceso: Mateo lo considera como “un poner a prueba”, como “un tentar”. La pregunta es ciertamente crucial: “¿Es lícito a un hombre repudiar a la propia mujer por cualquier motivo?” (19,3). Al lector no se le escapa la torcida intención de los fariseos al interpretar el texto de Dt 24,1 para poner en aprietos a Jesús: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo pondrá en su mano y la despedirá de su casa”. A lo largo de los siglos, este texto había dado lugar a numerosas discusiones: admitir el divorcio por cualquier motivo; requerir un mínimo de mala conducta, o un verdadero adulterio.
• Es Dios el que une. Jesús responde a los fariseos citando Gn 1,17: 2,24 y remitiendo la cuestión a la voluntad primigenia de Dios creador. El amor que une al hombre y a la mujer viene de Dios, y por este origen, une y no puede separar. Si Jesús cita Gn 2,24 “El hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne”, (19,5) es porque quiere subrayar un principio singular y absoluto: la voluntad creadora de Dios es unir al hombre y a la mujer. Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, es Dios el que los une; el término “cónyuges” viene del verbo congiungere, coniugare, es decir, la unión de los dos esposos que conlleva trato sexual es efecto de la palabra creadora de Dios. La respuesta de Jesús a los fariseos alcanza su culmen: el matrimonio es indisoluble en su constitución originaria. Ahora prosigue Jesús citando a Ml 2, 13-16: repudiar a la propia mujer es romper la alianza con Dios, alianza que, según los profetas, los esposos la viven sobre todo en su unión conyugal (Os 1-3; Is 1,21-26; Jr 2,2;3,1.6-12; Ez 16; 23; Is 54,6-10;60-62). La respuesta de Jesús aparece en contradicción con la ley de Moisés que concede la posibilidad de dar un certificado de divorcio. Dando razón de su respuesta, Jesús recuerda a los fariseos: si Moisés decidió esta posibilidad, es por la dureza de vuestro corazón (v.8), más concretamente, por vuestra indocilidad a la Palabra de Dios. La ley de Gn 1,26; 2,24 no se ha modificado jamás, pero Moisés se vio obligado a adaptarla a una actitud de indocilidad. El primer matrimonio no es anulado por el adulterio. La palabra de Jesús dice claramente al hombre de hoy, y de modo particular a la comunidad eclesial, que no ha de haber divorcios, y sin embargo observamos que existen; en la vida pastoral, los divorciados son acogidos y para ellos está siempre abierta la posibilidad de entrar en el reino. La reacción de los discípulos no se hace esperar: “Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse” (v.10). La respuesta de Jesús sigue manteniendo la indisolubilidad del matrimonio, imposible para la mentalidad humana pero posible para Dios. El eunuco del que habla Jesús no es el que no puede engendrar, sino el que, una vez separado de la propia mujer, continúa viviendo en la continencia y permaneciendo fiel al primer vínculo matrimonial: es eunuco con relación a todas las demás mujeres.
4. Para la reflexión personal
• ¿Sabemos acoger la enseñanza de Jesús en lo que se refiere al matrimonio con ánimo sencillo sin adaptarlo a nuestras legítimas elecciones y conveniencia?

• El pasaje evangélico nos ha recordado que el designio del Padre sobre el hombre y la mujer es un maravilloso proyecto de amor. ¿Eres consciente de que el amor tiene una ley imprescindible que comporta el don total y pleno de la propia persona al otro?
5) Oración final
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,

renueva en mi interior un espíritu firme;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)

Jesucristo

Un ansia sucia me sofoca el pecho ante el ridículo a que tantas veces me expuse entre el pueblo, y ante el espectáculo en que me convertí, como cristiano, de cara a un mundo que tiene en sus manos los más sofisticados instrumentos de comunicación y, con todo, consigue sólo dividir, confundir, separar e incomunicar.
A Jesús de Nazaret no le hubiera gustado esta forma de masificar. Él no hubiera soportado la despersonalización a que son sometidos los jóvenes de mi tiempo víctimas de amenazas terribles, en una época en la que un botón destruye millones de vidas; víctimas de alucinaciones y fugas colectivas en el sexo, en el erotismo y en la droga Jesús no se hubiera quedado callado, y hubiera lanzado algunso nombres, bastante más impublicables que el de «sepulcros blanqueados», a quienes saben quitar a Dios de los corazones jóvenes, sin sustituirlo por nada ni por nadie. Somos un mundo de sanguijuelas morales, vaciadores y parásitos de lo infinito. Somos peores aún.
Jesús de Nazaret nos incomoda. E incomoda porque, en un mundo que se considera por encima de él, nadie ha conseguido jamás pronunciar una frase que no estuviese ya en las suyas, ni sacar a relucir un pensamiento humano que no fuera consecuencia del suyo, ni inventar  sistema alguno que no acabase o superponiéndose o contraponiéndose al de él.
Y ese joven judío de Nazaret está diciendo al mundo que nadie consigue ser algo si no sigue sus palabras; que nadie es capaz de nada válido, si no se apoya en él; y que el hombre es una perfecta nulidad sin sus enseñanzas.
Y ese judío innovador de Nazaret dice a su puebo y a todos cuantos le sigan que ciergo es quien no le ve a él, y que «camina en tinieblas» quien no le sigue a él.
Y ese mozo de Nazaret, que no tenía ningún diploma ni certificado de cultura, ni cátedra, está diciendo a la humanidad que él es la puerta, que quien no entra por ella es ladrón y salteador; que su Padre es el padre de todos; que él es el hombre a quien el mundo entero estuvo buscando, aun sin saberlo.
Y ese desconcertante Jesús de Nazaret tiene la osadía de asegurar a los sabios tan experimentados y curtidos sobre los misterios del universo, que él es el camino, la verdad y la vida…
Y unos seguidores de ese mozo, que nunca fue a la facultad, ¡se permiten dudar del existencialista que tiene setenta libros publicados, treinta diplomas, premios de literatura y un sistema filosófico de campanillas!…
Ante tantos títulos, ¿quién es ese Jesús y quiénes esos cristianos, que sólo saben alienar a la gente?
Jesús es el que sabe responder, mientras los sabios del mundo sólo saben preguntar y enjaquimar sistemas y teorías sobre el posible significado o el abusrdo de la existencia humana. Jesús de Nazaret es quien grita a los psicólogos y psiquietas del mundo entero que la paz y la tranquilidad son sólo para quienes se acercan a él y a sus enseñanzas.
Jesús es quien avisa a los capitalistas, marxistas, materialistas y teóricos del mundo entero que de nada le vale al hombre ganar el mundo, si pierde su humanidad.
Jesús es aquel que no responde cuando le llaman a rendir cuentas; y no mueve una paja cuando le exigen una señal de su poder; y calla cuando le preguntan, para finalmente, cuando deciden condenarle, decir a sus opositores que vayan a indagar entre el público lo que él dijo o hizo…, si es que realmente quieren saber algo a su respecto.
Jesús es un rebelde que se pone bajo la ley, pero no bajo quien piensa ser el amo de ella.
Jesús es un corderito manso, que va sin pestañear a la tortura y a la muerte, cuando podría, con un gesto espectacular, acabar con toda la farsa de su condena. Y es un hombre airado cuando ve la payasada que se hacía en el templo del Dios vivo.
Jesús de Nazaret no cabe en la cabeza del hombre. Hace todo lo que la gente cree que no debería hacer Dios, y no hace nada de lo que sabemos e indagadores imaginan que Dios o, al menos, un superdotado debería hacer.
Jesús es una píldora demasiado amarga para el orgullo humano. No se le puede analizar a rigor de lógica; así que dice el sabio: Jesús sólo ha podido ser un accidente histórico, una farsa, una invención, fruto de fanatismo, una compensación, un oportunista, un inocente usado por un grupito oprimido…, etc.
¡Todo sería más fácil si Jesús se dejara pasar por el cribo de un análisis! ¡Pero a eso no se somete él!
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

48. Porque el poder que los gnósticos atribuían a la inteligencia, algunos comenzaron a atribuírselo a la voluntad humana, al esfuerzo personal. Así surgieron los pelagianos y los semipelagianos. Ya no era la inteligencia lo que ocupaba el lugar del misterio y de la gracia, sino la voluntad. Se olvidaba que «todo depende no del querer o del correr, sino de la misericordia de Dios» (Rm9,16) y que «él nos amó primero» (1 Jn 4,19).

La misa del Domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Cada domingo, los cristianos, celebramos la fiesta de la Eucaristía. Y, además, lo hacemos en el domingo porque este día es santo. EN una mañana radiante y dominical, el Señor, resucitó.

Participemos de este momento. No rechacemos lo que el Señor nos da: su Cuerpo y su Sangre. Y, ya que es una fiesta, pongamos nuestra sonrisa, nuestros corazones, nuestros mejores sentimientos delante del altar.

El Señor va hablar, va hacerse presente. Escuchemos su voz y comulguemos su pan.

Iniciamos esta celebración.

 

2. PENITENCIAL

1. Porque bajas, Señor, para empujarnos y animarnos en la tierra. Señor, ten piedad

2. Porque eres un pan especial, sagrado, que nos da vida eterna. Cristo, ten piedad

3. Porque nos haces partícipes de tu divinidad y nos quieres atraer hacia Ti. Señor, ten piedad

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

En el mundo, desgraciadamente, faltan razones para vivir, para soñar. El hombre, cada día más, se queja de que algo nos falta para ser totalmente felices.

Las lecturas de este día nos van animar. Nos dicen que Jesús es el pan que baja del cielo. Nos llaman a la sensatez. Al banquete de la vida y de la amistad.

Escuchemos con atención

 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1 Un recuerdo especial por el Papa Francisco. Que Dios le asista en sus trabajos y desvelos. Roguemos al Señor.

2. Una oración por los sacerdotes. Que el Señor les dé salud, esperanza, fortaleza y entereza. Roguemos al Señor.

3. Una súplica por los que no dan importancia a la Eucaristía. Para que descubran en esta fuente, la vida, la verdad, la gracia y la alegría del Señor. Roguemos al Señor.

4. Una oración por todas las familias. Para que no les falte lo esencial para vivir. Roguemos al Señor.

5. Por todos los que están de vacaciones. Por todos los que están en la playa, en el mar o en sus trabajos. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

1. Con este pan a trozos, queremos representar al Señor que se parte por toda la humanidad. ¡Gracias, Señor!

2. Con este mural, en el que hemos puesto diferentes dramas del mundo –hambre, pobreza, guerra, enfermedades- queremos depositar la esperanza en el Señor. Que nos ayude a conseguir un mundo mejor.

3. Con el pan y el vino proclamamos nuestra fe en la Eucaristía. Que el Señor nos haga partícipes de su Cuerpo y de su Sangre

 

6. ORACION FINAL

BAJAS DEL CIELO, SEÑOR
En cada rincón y a cada corazón
A cada hombre y en cada mujer
En el que te busca y con su mano te reza

BAJAS DEL CIELO, SEÑOR
A invitarnos a tu cena
A sentarnos a tu mes
A mirar y corregir nuestra vida

BAJAS DEL CIELO, SEÑOR
Para que luchemos contra el mal
Para que alimentemos al hambriento
Para que no olvidemos al pobre

BAJAS DEL CIELO, SEÑOR
A compartir tu Cuerpo
A derramar tu Sangre
A decir lo mucho que nos quieres

BAJAS DEL CIELO, SEÑOR

Viviremos para siempre

1.- Centinela, alerta.«Fijaos bien como andáis; no seáis insensatos, sino sensatos», (Ef 5, 15) recomienda Pablo en este pasaje de la epístola que escribió a los cristianos de Éfeso. Y luego añadirá: «No estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere». Son expresiones que nos recuerdan la necesidad perentoria de vivir alerta, siempre con la guardia montada. La vida del hombre sobre la tierra es una milicia, decía Job. Un continuo estado de guerra en donde es preciso estar siempre preparados para dar batalla, siempre con el oído atento y las armas preparadas.

Antes que San Pablo ya lo recomendó el Señor con insistencia al exigir a sus seguidores una actitud vigilante, un sentimiento de esperanza siempre viva. Es necesario orar de continuo, velar sin descanso, para no entrar en la tentación. El enemigo no descansa; es como un león hambriento que busca a quien devorar. Es ésta una comparación que pone San Pedro en su primera carta, él que tanto sabía de tentaciones y de luchas, de caídas y de victorias.

Qué importante es saber aprovechar las ocasiones que la vida nos va brindando. Ocasiones que hay que saber valorar, conscientes de que a veces no se repiten más. De la ocasión a que se refiere Pablo, depende además algo tan importante como nuestra salvación, nuestra felicidad durante la vida terrena, y sobre todo la de nuestra felicidad eterna después de la muerte.

La noche va muy avanzada, dirá también el Apóstol a los romanos, y se acerca el día. Es ya hora de surgir del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cercana… Sí, es preciso que no olvidemos que vivimos inmersos en la noche de nuestra vida temporal, y que sólo cuando amanezca el día definitivo, cuando llegue para siempre la luz, el peligro habrá desaparecido y la vigilancia ya no será necesaria. Pero hasta que llegue ese momento, no lo olvidéis, fijaos bien cómo andáis.

2.- El Pan Vivo.- Las palabras de Jesús son claras y contundentes: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo». Los judíos se sorprenden ante esta afirmación, se resisten a creer en el Señor, que repite una y otra vez que su Carne es verdadera comida y su Sangre verdadera bebida. Pero los israelitas no entendían lo que Jesús estaba diciendo, pues no tenían fe en él, a pesar del milagro que acababa de realizar ante ellos.

Hoy sabemos que esa comida y esa bebida la tomamos de forma sacramental y mística. Lo cual no quiere decir que no tomemos realmente el Cuerpo del Señor, ya que en la Eucaristía se contiene a Jesucristo con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. De todas formas, hoy como entonces, es preciso adoptar una actitud de fe, si de veras queremos aceptar la doctrina acerca de la Eucaristía. Sólo así, por la fe, podremos acercarnos al Misterio y captar de alguna manera la grandeza, que en nuestros sagrarios tenemos, la de Jesús mismo.

Otra idea que el Maestro repite en este pasaje evangélico es la de que quien come su Carne y bebe su Sangre tiene vida eterna, es decir, vivirá para siempre. Este alimento transmite, por tanto, una vida nueva, a la que la muerte no podrá vencer jamás. Una vida sin fronteras de tiempo, una vida siempre joven, una vida singular, la vida misma de Dios.

Acercarse a comulgar es acercarse a la eternidad, es pasar de un nivel terreno a otro muy distinto, trasladarnos a una atmósfera de luminosidad y de gozo. Comulgar, en definitiva, es unirse íntimamente con Dios, penetrar en el misterio de su vida gloriosa y disfrutar, en cierto modo, de la alegría singular de los bienaventurados en el Cielo.

El Señor lo dice explícitamente en esta ocasión: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí». Así, pues, lo mismo que Jesús está unido al Padre, así el que participa en la Eucaristía vive unido al Señor. El que comulga con las debidas condiciones, limpio de pecado mortal, llega a la unión mística y grandiosa del alma con Dios, se remonta hasta la cumbre del más grande Amor; ese estado dichoso en que el hombre se identifica, sin confundirse, con el mismo Dios y Señor.

Antonio García-Moreno

El restaurante de Jesús (Oración)

EL RESTAURANTE DE JESÚS

 

¡Ummm! Es pensar en pan y me viene a la mente un bocadillo de jamón o de queso y chocolate. Hoy Jesús, dice a sus discípulos que tienen que comer su carne y beber su sangre. Los discípulos se quedan asombrados. No entienden muy bien. Discuten entre ellos.

Pero, ¿cómo va a querer Jesús que le comamos? Si está vivo y es una persona. ¡Eso es imposible! ¿Qué habrá querido decir?

Cierra los ojos, escucha con atención las palabras de Jesús.

Adaptación de Jn 6, 51-58:

Una vez más Jesús se juntó y les explicó a la gente que él era como el pan. Es que eran muy duros de cabeza y no lo entendían. Les decía que tenían que comer su carne y beber su sangre. Le miraban sin entender nada, porque claro, no era para que se lo tomasen al pie de la letra, ¿te imaginas? ¡qué brutos! Lo que quería decir es que tenían que vivir y actuar como él. Porque nosotros podemos alimentar a las personas cuando les damos lo que somos, nuestro tiempo, nuestro talento, nuestro cariño, nuestra inteligencia… y es lo que hizo Jesús.

O sea, que comer el pan que es Jesús consiste en hacerse como él. Pues a mí me gustan mucho los bocadillos. Mis padres siempre me preparan unos muy ricos para merendar.

Piensa que ahora tú eres el cocinero, y vas a preparar ese bocadillo. Tú vas a poner los mejores ingredientes para dar de comer a otros. Piensa… ¿qué podrías en ese bocadillo para que todos puedan alimentarse de lo que nos enseñó Jesús?

¿Qué cosas buenas te gustaría dar a tus amigos, a tus padres, a tus profesores?

Si estas con alguien, dile en voz muy bajita a quien tengas cerca cuáles son los ingredientes que vas a poner en ese bocadillo. Si no hay nadie más, cuéntaselo a Jesús.

Dame de comer tu pan,
dame de beber de Ti.
Calma mi hambre y mi sed,
que yo no quiero morir.
Dame de Tu ser la luz
y renovarás mi fe.
Y en espíritu y verdad
postrado te adoraré.

Dame de comer interpretado por Siloé, «Es el momento.»

Para terminar, rezamos juntos el Padrenuestro. Presto hoy especial atención a la frase: danos hoy nuestro pan de cada día y en cómo me siento cuando no tengo lo que necesito, cariño, descanso, comida…

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Comentario al evangelio – 17 de agosto

Ezequiel desde su profetismo, denuncia las abominaciones cometidas por las instituciones nacidas para fomentar la vida y generadoras de muerte; que se arrogan la verdad y se identifican con la figura de Jerusalén, amada por Dios, pero que «siguen viviendo como brotes campestres», seguras de su belleza y amparadas en su fama, pero incapaces de alimentar la esperanza en el pueblo.

Ezequiel abandona la causa de los opresores y traslada a Babilonia lo que era válido en Jerusalén. Destruye el falso profeta que lleva dentro, el que se puede vender, y elabora una profecía en comunidad, en confrontación de pareceres. El profeta despierta la responsabilidad individual en el mal camino comunitario y propone que cada uno lea su responsabilidad a la hora de generar sufrimiento a los demás.

En la profecía de Ezequiel, el Espíritu aparece como la única posibilidad para dar vida a tanta muerte esparcida por las ambiciones humanas. El profeta hace una opción clara por la vida reconstruyendo al ser humano desde lo más terreno: nervios, carne, piel. La misión del profeta no es destruir la carnalidad del hombre sino elevarla, transformarla, vivificarla, hacerla Adán vivo (37,1-14).

El Espíritu y el ser humano logran lo imposible: Vivir creando y recreando la tierra prometida y las estructuras en la que se sustentó el pueblo: las tribus, la monarquía, el templo, Jerusalén, las leyes, el sacerdocio, las ciudades. Ezequiel supo cuál era la utopía, pero no encontró los medios.

Es Dios quien renueva su alianza para ser reconocido como el Señor. Su misericordia no abandonará al hombre.

Quien se hace eunuco por el Reino de los Cielos está dando un paso para poner un nuevo espíritu a los huesos y a la carne del mundo. «El que pueda con esto que lo haga».