Jesucristo

Un ansia sucia me sofoca el pecho ante el ridículo a que tantas veces me expuse entre el pueblo, y ante el espectáculo en que me convertí, como cristiano, de cara a un mundo que tiene en sus manos los más sofisticados instrumentos de comunicación y, con todo, consigue sólo dividir, confundir, separar e incomunicar.
A Jesús de Nazaret no le hubiera gustado esta forma de masificar. Él no hubiera soportado la despersonalización a que son sometidos los jóvenes de mi tiempo víctimas de amenazas terribles, en una época en la que un botón destruye millones de vidas; víctimas de alucinaciones y fugas colectivas en el sexo, en el erotismo y en la droga Jesús no se hubiera quedado callado, y hubiera lanzado algunso nombres, bastante más impublicables que el de «sepulcros blanqueados», a quienes saben quitar a Dios de los corazones jóvenes, sin sustituirlo por nada ni por nadie. Somos un mundo de sanguijuelas morales, vaciadores y parásitos de lo infinito. Somos peores aún.
Jesús de Nazaret nos incomoda. E incomoda porque, en un mundo que se considera por encima de él, nadie ha conseguido jamás pronunciar una frase que no estuviese ya en las suyas, ni sacar a relucir un pensamiento humano que no fuera consecuencia del suyo, ni inventar  sistema alguno que no acabase o superponiéndose o contraponiéndose al de él.
Y ese joven judío de Nazaret está diciendo al mundo que nadie consigue ser algo si no sigue sus palabras; que nadie es capaz de nada válido, si no se apoya en él; y que el hombre es una perfecta nulidad sin sus enseñanzas.
Y ese judío innovador de Nazaret dice a su puebo y a todos cuantos le sigan que ciergo es quien no le ve a él, y que «camina en tinieblas» quien no le sigue a él.
Y ese mozo de Nazaret, que no tenía ningún diploma ni certificado de cultura, ni cátedra, está diciendo a la humanidad que él es la puerta, que quien no entra por ella es ladrón y salteador; que su Padre es el padre de todos; que él es el hombre a quien el mundo entero estuvo buscando, aun sin saberlo.
Y ese desconcertante Jesús de Nazaret tiene la osadía de asegurar a los sabios tan experimentados y curtidos sobre los misterios del universo, que él es el camino, la verdad y la vida…
Y unos seguidores de ese mozo, que nunca fue a la facultad, ¡se permiten dudar del existencialista que tiene setenta libros publicados, treinta diplomas, premios de literatura y un sistema filosófico de campanillas!…
Ante tantos títulos, ¿quién es ese Jesús y quiénes esos cristianos, que sólo saben alienar a la gente?
Jesús es el que sabe responder, mientras los sabios del mundo sólo saben preguntar y enjaquimar sistemas y teorías sobre el posible significado o el abusrdo de la existencia humana. Jesús de Nazaret es quien grita a los psicólogos y psiquietas del mundo entero que la paz y la tranquilidad son sólo para quienes se acercan a él y a sus enseñanzas.
Jesús es quien avisa a los capitalistas, marxistas, materialistas y teóricos del mundo entero que de nada le vale al hombre ganar el mundo, si pierde su humanidad.
Jesús es aquel que no responde cuando le llaman a rendir cuentas; y no mueve una paja cuando le exigen una señal de su poder; y calla cuando le preguntan, para finalmente, cuando deciden condenarle, decir a sus opositores que vayan a indagar entre el público lo que él dijo o hizo…, si es que realmente quieren saber algo a su respecto.
Jesús es un rebelde que se pone bajo la ley, pero no bajo quien piensa ser el amo de ella.
Jesús es un corderito manso, que va sin pestañear a la tortura y a la muerte, cuando podría, con un gesto espectacular, acabar con toda la farsa de su condena. Y es un hombre airado cuando ve la payasada que se hacía en el templo del Dios vivo.
Jesús de Nazaret no cabe en la cabeza del hombre. Hace todo lo que la gente cree que no debería hacer Dios, y no hace nada de lo que sabemos e indagadores imaginan que Dios o, al menos, un superdotado debería hacer.
Jesús es una píldora demasiado amarga para el orgullo humano. No se le puede analizar a rigor de lógica; así que dice el sabio: Jesús sólo ha podido ser un accidente histórico, una farsa, una invención, fruto de fanatismo, una compensación, un oportunista, un inocente usado por un grupito oprimido…, etc.
¡Todo sería más fácil si Jesús se dejara pasar por el cribo de un análisis! ¡Pero a eso no se somete él!
P. Zezinho
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