Vísperas – Miércoles XX de Tiempo Ordinario

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, REINA (MEMORIA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: DE HERMOSAS CONTRADICCIONES

De hermosas contradicciones
te vemos, Reina, adornada,
muy mujer para divina,
muy celestial para humana.

Con admiración, en ella
se ve la ley derogada,
muy humilde para Reina,
muy exenta para esclava.

Por su caudillo la tienen
las celestiales escuadras,
para combatir muy tierna,
para niña muy armada.

La dignidad de que goza
con su modestia batalla,
para mandar muy pequeña,
para humillarse muy alta.

Une en sus divinos ojos
al temor la confianza,
muy terrible para hermosa,
para espantar muy amada.

Colocada en el empíreo,
en la celestial morada,
corto solio a su grandeza,
a su humildad mucho alcázar. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Señor, tu saber me sobrepasa.

Salmo 138, 1-18. 23-24 – I TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE DIOS.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta mí.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa.

Ant 2. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Salmo 138 II

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has formado portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Ant 3. Todo fue creado por él y para él.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE   Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. El Señor está contigo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichosa tú, María, porque has creído lo que te ha dicho el Señor; por eso reinas ya eternamente con Cristo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosa tú, María, porque has creído lo que te ha dicho el Señor; por eso reinas ya eternamente con Cristo.

PRECES

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:

Mira a la llena de gracia y escúchanos.

Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.

Tú que nos diste a María por Madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
y a todos abundancia de salud y de paz.

Tú que hiciste de María la llena de gracia,
concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.

Confiando en el Señor que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que nos has dado como madre y como reina a la Madre de tu Hijo, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria que tienes preparada a tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 22 de agosto

Lectio: Miércoles, 22 Agosto, 2018

TIEMPO ORDINARIO

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 20,1-16
«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: `Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: `¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ Dícenle: `Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: `Id también vosotros a la viña.’ Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: `Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ Pero él contestó a uno de ellos: `Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

3) Reflexión
• El evangelio de hoy trae una parábola que encontramos sólo en Mateo. No la hay en los otros tres evangelios. Como en todas las parábolas, Jesús cuenta una historia hecha de elementos de la vida diaria de la gente. Retrata la situación social de su tiempo, en la que los oyentes se reconocían. Pero al mismo tiempo, en la historia de la parábola, acontecen cosas que nunca acontecen en la realidad de la vida de la gente. Al hablar del dueño, Jesús piensa en Dios, piensa en su Padre. Por esto, en la historia de la parábola, el dueño hizo cosas sorprendentes que no acontecen en el día a día de la vida de los oyentes. En esta actitud extraña del dueño hay que procurar encontrar la llave para comprender el mensaje de la parábola.
• Mateo 20,1-7: Las cinco veces que el propietario sale en busca de obreros. » El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.” Así empieza la historia que habla por sí y no precisaría de ningún comentario. En lo que sigue, el propietario sale otras cuatro veces para llamar a obreros a que vayan a su viña. Jesús alude al terrible desempleo de aquella época. Algunos detalles de la historia: (a) el dueño sale personalmente cinco veces para contratar a los obreros. (b) En la hora de contratar a los obreros, solamente con el primer grupo decide el salario: un denario por día. Con los de la hora nona dice: Os daré lo que es justo. Con los otros no concordó nada, sólo los contrató para que fueran a trabajar en la viña. (c) Al final del día, a la hora de hacer las cuentas con los obreros, el propietario manda que el administrador cumpla con este servicio.
• Mateo 20,8-10: La extraña manera de acertar las cuentas al final del día. Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Empieza por los últimos y termina por los primeros’. Aquí, a la hora de hacer cuentas, acontece algo extraño que no acontece en la vida común. Parece que las cosas se han invertido. El pago empieza con los que fueron contratados por último y que trabajaron apenas una hora. El pago es el mismo para todos: un denario, como había sido combinado con los que fueron contratados al comienzo del día. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. ¿Por qué el propietario hizo esto? ¿Tú harías así? La llave de la parábola está escondida en este gesto sorprendente del propietario.
• Mateo 20,11-12: La reacción normal de los obreros ante la extraña actitud del propietario. Los últimos en recibir el salario fueron los que habían sido contratados los primeros. Estos, así dice la historia, al recibir el mismo pago, empezaron a murmurar contra el propietario, diciendo: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor!” Es la reacción normal de sentido común. Creo que todos nosotros tendríamos la misma reacción y diríamos la misma cosa al dueño. ¿O no?
• Mateo 20,13-16: La explicación sorprendente del propietario que proporciona la llave de la parábola. La respuesta del propietario es ésta: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?” Estas palabras encierran la clave que explica la actitud del propietario y apunta hacia el mensaje que Jesús quiere comunicar: (a) El propietario no fue injusto, pues actuó de acuerdo con los que había sido combinado con el primer grupo de obreros: un denario al día. (b) Es decisión soberana del propietario dar a los últimos lo mismo que había sido combinado con los de la primera hora. Estos no tienen derecho a reclamar. (c) Actuando dentro de la justicia, el propietario tiene derecho a hacer el bien que quiere con las cosas que le pertenecen. El obrero, por su parte, tiene este mismo derecho. (d) La pregunta final toca el punto central: O ¿va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’ Dios es diferente. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos (Is 55,8-9).
• El trasfondo de la parábola es la coyuntura de aquella época, la de Jesús como la de Mateo. Los obreros de la primera hora son el pueblo judío, llamado por Jesús a trabajar en su viña. Ellos sostuvieron el peso del día, desde Abrahán y Moisés, más de mil años. Ahora, en la undécima hora, Jesús llama a los paganos para que vayan a trabajar en su viña y ellos llegan a tener la preferencia en el corazón de Dios: “Así, los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”.

4) Para la reflexión personal
• Los de la undécima hora llegan, se aventajan y reciben prioridad en la fila de entrada en el Reino de Dios. Cuando tú esperas dos horas en una fila y llega alguien que, sin más, se coloca delante de ti, ¿lo aceptas? ¿Es posible comparar las dos situaciones?
• La acción de Dios supera nuestros cálculos y nuestra manera humana de actuar. Sorprende y a veces incomoda. ¿Ha ocurrido a veces en tu vida? ¿Qué lección saca?

5) Oración final
Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días. (Sal 23,6)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 6, 14-16

«14Y el rey Herodes oyó [hablar], porque su nombre se había vuelto conocido, y [unos] decían que Juan el Bautistahabía sido resucitado de entre los muertos, y por eso los milagros actúan en él; pero otros decían que era Elías; pero otros decían que era un profeta como uno de los profetas. PeroHerodes, al oírlo, decía: “Juan, a quien yo mismo mandé decapitar, ha resucitado”

<

p style=»text-align:justify;»>La historia del viaje misionero de los Doce (6,12-13.30) queda interrumpida por un «flashback» o visión retrospectiva sobre la ejecución de Juan el Bautista por parte de Herodes Antipas (6,17-29). Si Marcos ha intercalado su largo relato sobre la prisión de Juan y su muerte dentro de un contexto en que esa escena no cuadra cronológicamente, debe haber tenido alguna razón narrativa para hacerlo. Desde una perspectiva puramente retórica, este «flashback», con el relato de la muerte de Juan, concede a los discípulos tiempo para ir (realizar la misión) y volver de nuevo. Pero la intercalación de la historia del Bautista probablemente tiene también otras finalidades: quiere mostrar la paradoja del evangelio, según el cual el éxito milagroso de los misioneros se hace posible por la pasión y muerte de Jesús, anticipada por la muerte del Bautista. 
Es probable que esta historia ya existiera sustancialmente en su forma actual antes de que Marcos la incorporara al evangelio. Desde la perspectiva de la historia de las formas, nuestra narración es una historia (o leyenda) de martirio, comparable a historias tan influyentes como la ejecución de los mártires macabeos (2Mac 6,18-31; 4Mac 5,1-6,30) o la descripción del asesinato de Esteban en Hechos (Hch 6,8- 7,60). Constituye un magnífico ejemplo de este género y relata con un gran suspense la cruel historia de la muerte de Juan, empleando con abundancia los trucos que utilizan en este ámbito los contadores de historias. 
Desde la perspectiva de su estructura, nos encontramos ante una de las composiciones unificadas más elaboradas de Marcos. Se trata además de la única historia en la que el foco de atención es alguien distinto de Jesús. Después de la transición (6,14-16), la sección principal de la historia se divide en dos escenas: el arresto y prisión de Juan (6,17-20) y los acontecimientos de la fiesta de cumpleaños de Herodes (6,21-28). La sepultura del cuerpo de Juan por sus discípulos (6,29) forma una especie de añadido final (coda). 


• 6,14-16: La transición entre el relato del viaje misionero de los discípulos y este «flashback» sobre Juan Bautista viene dada por la afirmación de Herodes, al decir que Jesús es el mismo Juan resucitado de entre los muertos (6,14-16). En el contexto actual de Marcos, esta transición remite al tema principal del pasaje anterior. La actividad de los discípulos constituye una extensión de la actividad del mismo Jesús (cf. «les dio autoridad», en 6,7), de tal forma que el éxito de los discípulos redunda en la gloria de Jesús. Herodes Antipas, que es quien escucha el relato sobre Jesús, aparece a lo largo de la historia con el nombre de rey Herodes (6,14.22.25-27). El título de «rey» resulta técnicamente inapropiado (era un simple tetrarca); sin embargo, su empleo reiterado en esta historia no es probablemente una equivocación de Marcos. Por el contrario, se trata de un ejemplo de la ironía del evangelista, muy destacada en este pasaje en el que Herodes aparece dominado por dos mujeres, y derrotado por su propio juramento y por su miedo a perder su dignidad delante de sus cortesanos. En esta línea, a lo largo del pasaje descubrimos que el supuesto «rey» no logra mantener el control sobre sí mismo y mucho menos sobre sus súbditos, sino que aparece más bien esclavizado por sus emociones, que van pasando de un modo muy vivo del miedo supersticioso al terror (6,14.16) y de la fascinación y confusión (6,20) a una explosión de deseo sexual que parece llevarle al borde de la locura (6,22-23) y de la depresión (6,26). En este contexto, su pretensión de autoridad real (6,16.27) aparece casi tragicómica: Herodes es alguien que solamente parece mandar (cf. 10,42), mientras que son otros de hecho los que mueven sus acciones. En la línea de esta incapacidad de Herodes como rey, resulta también inadecuada la opinión que él expresa sobre la identidad de Jesús. Aunque su valoración de Jesús como una reencarnación de Juan el Bautista resulta claramente equivocada a los ojos de Marcos, Herodes la reitera, mostrando de esa manera que su pretensión real de omnipotencia y omnisciencia resulta falsa. Así, Herodes repite tozudamente que Jesús es Juan, aquel a quien «yo decapité». Su insistencia sirve también para que nos introduzcamos en el relato en el que se describe la forma en que tuvo lugar esa decapitación a la que alude Herodes.

Profecía quinta: La duda

¿Dios en medio de la humanidad?
¿Dios que se hace hombre y viene a pasar unos años entre nosotros?
¿Crees tú eso?
Y si lo crees, ¿has medido la extensión de semejante acontecimiento?
Un buen día te despiertas, empiezas a lavarte, a cepillarte los dientes y… de repente miras dentro de ti mismo, miras al espejo, miras tu mesa de trabajo, miras tu cama, miras tus cosas, enciendes la radio para oír las noticias y…
¡No es posible! ¿Dios viviendo lo que yo vivo?
¿Dios teniendo hambre, sed, cansancio, ira, alegría, tristezas, necesidades básicas como cualquier ser humano, y seguir siendo, no obstante, eterno, infinito, inmutable, omnipotente como lo fue siempre?
¿Dios con esas limitaciones que yo sufro, con ese mismo modo mío de vivir?
¡Bueno, tampoco es como tú te lo imaginas! Él era un poquito más elevado que tú en su forma de vivir. Era limitado por elección, mientras tú lo eres por naturaleza.
Pero es verdad que no se parecía en nada a un Dios, tal como se lo imagina la gente. Jesús no tenía casi nada de Dios, según la lógica de aquel tiempo. Y si ahondamos en la narración de su vida, tampoco cuadra con nuestra lógica.
El Dios que nosotros nos imaginamos no tiene, sencillamente, derecho a escapar de los conceptos que los sabios del mundo emitieron sobre él. ¿Cómo creer en un mozo que vino de Nazaret y, aunque fuera extraordinario, no tenía nada de lo que la gente suele imaginar de Dios? Si Jesús hubiera sido fiel al concepto tipificado que la gente suele tener de Dios, entonces…
¡Entonces sí que sería un chasco!
Un Dios que entra en la pasarela del mundo para ser ovacionado y aplaudido por sus creaturas, por su prestación perfectamente encajada en las expectativas de los pueblos… ¡sería un pelele!
¿Por qué no podría el omnipotente haber sido el mismo Jesucristo?
¿Por qué Jesucristo ha de ajustarse a los análisis de los agnósticos que caen siempre en el error de ponerse, sin que nadie se lo pida, como jueces de historiadores y psicólogos de la historia?
¿Por qué Jesucristo y no Buda?
¿Por qué no hubiera podido ser otro el esperado?
¿Y por qué habría de ser otro? ¿Por qué no él?
Y si viniera de otro, ¿qué debería hacer para que el mundo creyera?
¿Qué esquema debería seguir para que le aprobasen los entendidos y sabios, quienes, a veces, ni son capaces de arrancar el coche que les llevará a su gabinete de investigación?
¡Creer a un hombre que murió en cruz entre dos ladrones! ¿Te atreves?
¡Someterse a eso el Diso en quien tú crees!
El Dios que tienes por tuyo, ¿cabe en semejante esquema?
¿Y si fuera pura mentira esa historia de Jesús de Nazaret…?
¿Y si Jesús hubiera sido el mayor camelista de la historia?
Entonces quien hubiera tenido el valor de negarle sería «alguien», pues habría liberado de un error fatídico a millones de personas.
Pero, ¿y si realmente Jesús fuera el Hijo de Dios?
Entonces, ¡sería el caso de imaginarse la responsabilidad del mundo cristiano que vino veinte siglos después de él! ¡Sería el caso de ponderar lo tremendo que debe ser el infierno donde han ido a parar los que hubieran podido ser profetas, pero prefirieron la comodidad del anonimato!
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

53. El II Sínodo de Orange enseñó con firme autoridad que nada humano puede exigir, merecer o comprar el don de la gracia divina, y que todo lo que pueda cooperar con ella es previamente don de la misma gracia: «Aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo»[55]. Posteriormente, aun cuando el Concilio de Trento destacó la importancia de nuestra cooperación para el crecimiento espiritual, reafirmó aquella enseñanza dogmática: «Se dice que somos justificados gratuitamente, porque nada de lo que precede a la justificación, sea la fe, sean las obras, merece la gracia misma de la justificación; “porque si es gracia, ya no es por las obras; de otro modo la gracia ya no sería gracia” (Rm11,6)»[56].


[55] Canon 4, DH 374.

[56] Ses. VI, Decr. de iustificatione, sobre la justificación, cap. 8: DH 1532.

Comentario Domingo XXI de Tiempo Ordinario

Oración

Queremos, Señor Jesús, escucharte en tu Palabra.
Y escuchándola, sintonizar con tu corazón de Hijo confiado en el Padre del cielo, aprender a orar Contigo, a esperar con paciencia activa, a amar y a perdonar sin cansarnos.
Saber una y otra vez cuánto te importa cada hombre y cada mujer, cuánto te interesa nuestra propia paz y felicidad. Enséñanos, Jesús, Señor y Hermano nuestro, a conocerte a través de tu evangelio. ASI SEA.

 

Jn 6, 60-69

«60Así que muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: “Es dura esta palabra, ¿quién puede escucharla?”.

61Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmurabanpor esto, les dijo: “¿Esto os escandaliza? 62¿Así que cuando veáis alHijo del hombre subir adonde estaba antes?… 63El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que yo os he dicho son espíritu y son vida. 64Pero hay entre vosotros algunos que no creen”. (Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar). 65Y decía: “Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre”.

66Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.

67Así que Jesús dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. 68Le respondió Simón Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tienes palabras de vida eterna, 69y nosotros hemos creído y hemos sabido que tú eres el Santo de Dios”.

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El evangelio contiene el séptimo diálogo de Jesús en su discurso del Pan de Vida: 4 había tenido con la gente, 2 con los judíos; ahora, con sus discípulos. El texto alcanza su mayor dramatismo: el v. 66 cae como una losa pesada. La incomprensión y la hostilidad habían ido en aumento hasta llegar a esta cumbre. Sin embargo, cambia el ritmo y ahora Jesús toma la iniciativa (v. 67): ya no responde, sino que interpela. Había comenzado con la muchedumbre, luego los judíos, luego sus discípulos; ahora sólo quedan los Doce. Y a la interpelación de Jesús, responde Simón Pedro dando “la vuelta a la tortilla”: ¡los Doce creen y saben! Sin embargo, elcapítulo 6 termina con unos versículos más siniestros (no recogidos en el texto litúrgico): Jesús hace referencia aJudas, “un diablo”, “uno de los Doce” (vv. 70-71). ¡Ser un discípulo tan cercano a Jesús no garantiza nada!

 

TEXTO

Estamos ante un evangelio con dos unidades textuales. La primera unidad (vv. 60-66) tiene una estructura tripartita.Comienza con la reacción final de “muchos discípulos” ante eldiscurso del Pan de vida, una reacción de rechazo (v. 60). Después, en el centro, las palabras de Jesús (vv. 61-65). Finalmente se consuma el rechazo de aquellos discípulos (v. 66). La segunda unidad sólo está presente en su primera parte (vv. 67-69) y hace de “contrapunto positivo” al comportamiento de “muchos discípulos”: Jesús interpela a los Doce (v. 67) y los Doce, representados en la figura de Pedro, manifiestan la fe en el Señor Jesús (vv. 68-69). Notemos el estilismo retórico: mientras en la primera unidad, las intervenciones de los discípulos son concisas y parcas, y la de Jesús más larga, en la segunda unidad la intervención de Jesús es concisa y parca, y la de Pedro más larga.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El texto evangélico nos pone en una encrucijada, nos pide una decisión. Por un lado, abundan expresionesnegativas respecto al verdadero discipulado (la dureza de la palabra de Jesús, la dificultad de escucharla, murmurar,escandalizarse, no creer, volverse atrás, no andar con Jesús). Por otro, nos encontramos con la respuesta de Pedro (palabras de vida eterna, creer, saber, reconocimiento de la identidad de Jesús). ¿Con qué aspectos nos identificamos más? ¿Cuáles reflejan mejor nuestro discipulado?

• Jesús relaciona estrechamente palabra, espíritu y vida. Las palabras de Jesús, la Palabra de Dios, no son una ideología, una teoría, una tradición humana, una clase para aprender; son Espíritu, un modo de conducirse en la vida, un movimiento interior desde el que comprender, optar, decidir, comprometerse; Son el motor vital de toda persona que se deja guiar por ellas. No se reduce a unos espacios o tiempos determinados, sino que afecta a toda la vida, a todos los aspectos de ella. Una vida recreada yplenificada por la Palabra. A la oferta de Jesús debe corresponder una respuesta decidida y confiada por nuestra parte. ¿La damos?

• La tentación de aquellos discípulos es una tentaciónactual: “comer y beber” a Jesús fue causa de murmuracióny rechazo entonces y también ahora: mucha gente está dejando la Eucaristía y el proyecto de Jesús; mucha otra no acierta a encontrar es riqueza espiritual de la que habla Jesús. ¿A quién o a qué podemos achacar esto? ¿Qué podemos hacer para remediarlo?

• La pregunta que Jesús lanza a los Doce nos la plantea hoy a cada uno de nosotros: ¿Qué respuesta damos a Jesús? ¿Podemos responder como Pedro?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXI de Tiempo Ordinario

XXI Domingo del Tiempo Ordinario
26 de Agosto 2018

Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b; Salmo 33; Efesios 5, 21-32; Juan 6, 55. 60-69

Tú tienes palabras de vida eterna.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida». Al oír sus palabras, muchos discípulos de Jesús dijeron: «Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?» Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen». (En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede». Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También ustedes quieren dejarme?» Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Reflexión

Dios nos da leyes justas para el bien común y para que seamos felices. Las reglas y las leyes son importantes. Por ejemplo, ¿para qué sirven los semáforos? ¿Y las reglas de tu casa y de tu clase? ¿Qué reglas de la escuela rompen a veces? ¿en la casa? ¿cuándo juegan? ¿Qué consecuencias tienen? ¿Qué es más importante parecer bueno o serlo? Para acabar con el mal en el mundo no basta con crear leyes: hay que cambiar el corazón de las personas y el nuestro. ¿Como podemos cambiar nuestro corazón? (Orando, obedeciendo, sacramentos, obras buenas)

Actividad

Repasar los diez mandamientos y la importancia de cumplirlos. Jugar un juego para que se los aprendan bien.

Oración

Señor a veces hacemos las cosas mecánicamente, o por aparentar. Enséñanos a seguirte de corazón, a hacer las obras del amor que Tú nos encargas. Ayúdanos a ayudar a los que pasan necesidad, y a ser fieles a nuestras promesas. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo XXI de Tiempo Ordinario

Cuando Jesús habla de llenarse de Él, a través de la Comunión, muchos de sus seguidores, ni le entienden, ni le creen. Les parece que Jesús exagera en esta petición de «comer su carne y beber su sangre». Entonces, deciden darle la espalda, echándose para atrás en sus intentos de seguirle. Sólo Pedro y los otros diez se mantendrán fieles a Él…

Muchas veces, cuando lo que Jesús nos pide no nos gusta, o no entendemos por qué lo pide, preferimos darle la espalda. Por ejemplo, cuando nos manda:

  • Perdonar al que nos ofende;
  • Hacerle el bien a quien nos hace un mal;
  • Evitar eso que nos gusta tanto, pero que nos aleja de Él;
  • Compartir eso que nos fascina, pero otros tanto necesitan…

Cuando Jesús nos pide algo, es porque sabe que si lo cumplimos, seremos más felices al estar más cerca de Él. ¡Sólo tenemos que creerle!

¡Prueba seguir a Jesús, por increíble que parezca lo que te pide y verás qué bueno es! Es como cuando estamos enfermos y el doctor nos recta un medicamento. Podrá saber mal y no gustarnos, pero si lo tomamos, seguro que sanamos. Así es la Palabra de Dios: si no la seguimos, no funciona, pero si la tomamos y la aplicamos, ¡seguro que nos da paz y nos salva!

Como Pedro, ¡seamos siempre fieles a Jesús!: cuando nos guste lo que nos pide y también cuando nos disguste.

Comentario al evangelio – 22 de agosto

Esta parábola me suscita una especial simpatía. Aunque quizá ésta sea la excusa, el parapeto que me he construido para no tomármela en serio de verdad. El texto es hermoso, pero al mismo tiempo bien duro. Un genial dibujante español fallecido hace poco, D. Antonio Mingote, percibió su significado con una chispa admirable y hace unos años publicó una serie de dibujos en los que aparecíamos retratados serios católicos, muy merecedores de respeto, en un conjunto titulado “Al cielo iremos los de siempre”.

Esos somos “los de siempre”, aquellos que a menudo teniéndonos por justos despreciamos a los demás (cf. Lc 18, 9), los que sí creemos y nos comportamos “como Dios manda” (¡pobre Dios muchas veces!).

He aquí una de nuestras principales tentaciones: considerarnos “los de siempre” y decirle al Señor que no puede tratar igual a quienes han venido después o no se entregan tanto a las tareas del Reino. ¿Cómo les va a pagar lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el calor y el trabajo de toda la jornada? ¡Qué sabia es la Madre Iglesia cuando traduce las renuncias que acompañan el Bautismo y nos pregunta: “¿renunciáis a Satanás, esto es: a estar muy seguros de vosotros mismos, a consideraros ya convertidos del todo, a creeros superiores a los demás…?”!
Es tiempo de dejar a Dios ser Dios; de reconocer que Él sí puede hacer lo que le venga en “su real gana”. ¿O es que nos molesta que sea más generoso, desprendido y sensible que nosotros? Ay, ay, ay… Cuidado: en una situación parecida (Mt 16, 23), Jesús acabó llamando Satanás a Pedro: “¡Aléjate! Piensas como los hombres, no como Dios”.