Vísperas – Santa Rosa de Lima

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: PORQUE ES TARDE, DIOS MÍO.

Porque es tarde, Dios mío,
porque anochece ya
y se nubla el camino,

porque temo perder
las huellas que he seguido,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro,
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
dígnate ser mi amigo.
¡Qué aprisa cae la tarde…!
¡quédate conmigo! Amén.

SALMODIA

Ant 1. Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.

Salmo 143 I – ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.

Ant 2. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Salmo 143 II

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Ant 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA BREVE   Col 1, 23

Perseverad firmemente fundados e inconmovibles en la fe y no os apartéis de la esperanza del Evangelio que habéis oído, que ha sido predicado a toda creatura bajo los cielos.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V. En verdes praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados:

Señor, danos tu luz, la salvación y la paz.

Luz indeficiente y palabra eterna del Padre, tú que has venido a salvar a los hombres,
ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.

No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
pues de ti procede el perdón.

Señor, tú que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza,
haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres.

Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos;
que con libertad de espíritu y sin desánimo puedan realizar su ideal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, tú que abres y nadie puede cerrar, ilumina a nuestros difuntos que yacen en tiniebla y en sombra de muerte,
y ábreles las puertas de tu reino.

Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 23 de agosto

Lectio: Jueves, 23 Agosto, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio de Mateo 22,1-14
Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: `Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda.’ Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se enojó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos: `La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. «Cuando entró el rey a ver a los comensales vio allí uno que no tenía traje de boda; le dice: `Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’ Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: `Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.’ Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy narra la parábola del banquete que se encuentra en Mateo y en Lucas, pero con diferencias significativas, procedentes de la perspectiva de cada evangelista. El trasfondo, sin embargo, que llevó a los dos evangelistas a conservar esta parábola es el mismo. En las comunidades de los primeros cristianos, tanto de Mateo como de Lucas, seguía bien vivo el problema de la convivencia entre judíos convertidos y paganos convertidos. Los judíos tenían normas antiguas que les impedían comer con los paganos. Después de haber entrado en la comunidad cristiana, muchos judíos mantuvieron la costumbre antigua de no sentarse en la mesa con un pagano. Así, Pedro tuvo conflictos en la comunidad de Jerusalén, por haber entrado en casa de Cornelio, un pagano y haber comido con él (Hec 11,3). Este mismo problema, sin embargo, era vivido de forma diferente en las comunidades de Lucas y en las de Mateo. En las comunidades de Lucas, a pesar de las diferencias de raza, clase y género, tenían un gran ideal de compartir y de comunión (Hec 2,42; 4,32; 5,12). Por esto, en el evangelio de Lucas (Lc 14,15-24), la parábola insiste en la invitación dirigida a todos. El dueño de la fiesta, indignado con la desistencia de los primeros invitados, manda a llamar a los pobres, a los lisiados, a los ciegos, a los mancos para que participen en el banquete. Con todo, sobran sitios. Entonces, el dueño de la fiesta manda invitar a todo el mundo, hasta que se llene la casa. En el evangelio de Mateo, la primera parte de la parábola (Mt 22,1-10) tiene el mismo objetivo de Lucas. Llega a decir que el dueño de la fiesta manda entrar a “buenos y malos” (Mt 22,10). Pero al final añade otra parábola (Mt 22,11-14) sobre el traje de la fiesta, que insiste en lo que es específico de los judíos, a saber, la necesidad de pureza para poder comparecer ante Dios.
• Mateo 22,1-2: El banquete para todos. Algunos manuscritos dicen que la parábola fue contada para los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. Esta afirmación puede así servir como llave de lectura, pues ayuda a comprender algunos puntos extraños que aparecen en la historia que Jesús cuenta. La parábola empieza así: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir”. Esta afirmación inicial evoca la esperanza más profunda: el deseo de la gente de estar con Dios para siempre. Varias veces en los evangelios se alude a esta esperanza, sugiriendo que Jesús, el hijo del Rey, es el novio que viene a preparar la boda (Mc 2,19; Apc 21,2; 19,9).
• Mateo 22,3-6: Los invitados no quisieron venir. El rey hizo unas invitaciones muy insistentes, pero los invitados no quisieron ir. “Se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron”. En Lucas, son los cometidos de la vida cotidiana que impiden aceptar la invitación. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.’ Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.’ Otro dijo: `Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.”(cf. Lc 14,18-20). Dentro de las normas y las costumbres de la época, aquellas personas tenían el derecho, y hasta el deber, de no aceptar la invitación que se les hacía (cf Dt 20,5-7).
• Mateo 22,7: Una guerra incomprensible. La reacción del rey ante el rechazo, sorprende. “Se enojó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad”. ¿Cómo entender esta reacción tan violenta? La parábola fue contada para los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo (Mt 22,1), los responsables de la nación. Muchas veces, Jesús les había hablado sobre la necesidad de conversión. Llegó a llorar sobre la ciudad de Jerusalén y a decir: «Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.» (Lc 14,41-44). La reacción violenta del rey en la parábola se refiere probablemente a lo que aconteció de hecho según la previsión de Jesús. Cuarenta años después, fue destruida (Lc 19,41-44; 21,6;).
• Mateo 22,8-10: La invitación permanece en pie. Por tercera vez, el rey invita a la gente. Dice a los empleados: “La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.“ Los malos que eran excluidos como impuros de la participación en el culto de los judíos, ahora son invitados, específicamente, por el rey para participar en la fiesta. En el contexto de la época, los malos eran los paganos. Ellos también son convidados para participar en la fiesta de la boda.
• Mateo 22,11-14: El traje de fiesta. Estos versos cuentan como el rey entró en la sala de fiesta y vio a alguien sin el traje de fiesta. El rey preguntó: ‘Amigo, come fue que has entrado aquí sin traje de boda?’ Él se quedó callado. La historia cuenta que el hombre fue atado y echado a las tinieblas. Y concluye: “Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.” Algunos estudiosos piensan que aquí se trata de una segunda parábola que fue añadida para ablandar la impresión que queda de la primera parábola donde se dice que “malos y buenos” entraron para la fiesta (Mt 22,10). Lo mismo, admitiendo que ya no es la observancia de la ley que nos trae la salvación, sino la fe en el amor gratuito de Dios, esto en nada disminuye la necesidad de la pureza de corazón como condición para poder comparecer ante Dios.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son las personas que normalmente son invitadas a nuestras fiestas? ¿Por qué? ¿Cuáles son las personas que no son invitadas a nuestras fiestas? ¿Por qué?
• ¿Cuáles son los motivos que hoy limitan la participación de muchas personas en la sociedad y en la iglesia? ¿Cuáles son los motivos que ciertas personas alegan para excluirse del deber de participar en la comunidad? ¿Son motivos justos?

5) Oración final

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

37.- “Sin embargo, en las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a Dios con la sola luz de su razón:

«A pesar de que la razón humana, sencillamente hablando, pueda verdaderamente por sus fuerzas y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un Dios personal, que protege y gobierna el mundo por su providencia, así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo hay muchos obstáculos que impiden a esta misma razón usar eficazmente y con fruto su poder natural; porque las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles, y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan de que son falsas, o al menos dudosas, las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas» (Pío XII, enc. Humani generis: DS 3875).”

Es decir, ha afirmado anteriormente que Dios nos ha creado con una capacidad de poder conocer a Dios, pero en el punto siguiente reconoce que en la situación actual en la que nos encontramos, aunque tengamos esa capacidad de conocer a Dios, no es tan fácil, tenemos dificultades. Para explicar esto introduce un párrafo de la Encíclica Humani Generis de S.S. Pío XII.

Primero, la existencia de un ser infinito creador del mundo, que es un ser personal, que no es una energía, que gobierna el mundo con su providencia, que sustenta una ley natural puesta por el creador. Estas afirmaciones son, digamos, las que podamos llegar a conocer por la razón natural. Existe un Dios infinito, creador de todo lo visible. También al mismo tiempo afirmamos que es un Dios personal, que gobierna el mundo, que en su providencia y que ha fundado una ley natural, en toda la existencia hay una ley natural puesta por Dios.

Esas afirmaciones, sin embargo, también la Iglesia no es ingenuamente optimista, sino que también es consciente de que una cosa es lo que en teoría podríamos o deberíamos conocer con facilidad, pero que luego vienen ciertas situaciones que nos ofuscan y que, no nos impiden totalmente, pero sí que ponen la cosa complicada. Primero, porque las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. En esta primera frase ha puesto dos razones para entender por qué no es tan sencillo. Primero porque el hablar sobre Dios sobrepasa lo sensible y, claro, el hombre para conocer la realidad tiene que partir de lo sensible, de los sentidos nuestros, ver, oír, palpar… y Dios no se puede percibir por los sentidos, no es perceptible, luego tiene que ser abstraído, uno conoce por los sentidos a las criaturas y utilizando la razón de ahí tiene que abstraer… pero claro, es más fácil conocer directamente por los sentidos y eso no es que imposibilite pero dificulta el conocimiento de Dios. Hay mucha gente que vive a nivel de los sentidos y por desgracia en la capacidad de raciocinio, como decíamos el otro día, no es que andemos muy sobrados. Muchas veces es lo inmediato, lo que toco, lo que palpo, lo que puedo ver y eso hace que lo otro suene más a teórico. Pero, además, el concluir la existencia de Dios nos compromete después. No es sólo un conocimiento teórico. Si tú conoces a Dios, decir que Dios existe, que reconoces su existencia es algo que te compromete, porque si has dicho eso, si has reconocido eso tienes que vivir y comportarte de acuerdo con la existencia de ese ser superior, que ordena tu vida, ha fundado una ley natural, luego no puedo vivir como me dé la gana sino conforme a la ley natural en la que han fundado la existencia. Así creer en Dios te compromete. Una de las razones por la que a veces nos cuesta llegar a concluir la existencia de Dios, en el fondo es más de índole moral tuya, propia. No sé si quiero creer o no. No sé si quiero concluir o no la existencia de Dios porque sé que eso me compromete. No sé si habéis oído hablar de un episodio que se cuenta tanto de la vida del Cura de Ars como del Padre Pio, San Pio de Pietrelcina, expertísimos confesores. Se cuenta de ellos que estaban ambos en situaciones distintas hablando con algunas personas que estaban torturadas de dudas y que no querían reconocer la existencia de Dios porque tenían muchas dudas, porque tenían muchas dudas, cómo Dios podía encarnarse… Entonces tanto el Cura de Ars como San Pío de Pietrelcina le dicen a estas personas…

<

p style=»text-align:justify;»>– “Déjate, confiésate”
- “Pero como voy a confesar, si necesitaría…” – “Confiésate”
- “Pero eso supondría que la Iglesia…”

Al final se confiesan y se llevan la sorpresa de que en el mismo momento en que reciben la absolución sus dudas quedan disipadas. “Explícame que duda tenías…” “Ya no tengo dudas”. Es decir, muchas veces las dificultades que tenemos de creer en Dios son como defensivas, es como, me pongo a la defensiva para no creer para que así no me cuesta cuestionado o no sienta una exigencia hacia la conversión. Esto es como una razón objetiva de la que habla aquí.

Y sigue diciendo, el espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original.

Quiere decir que, aunque es verdad que nosotros tenemos una capacidad de conocimiento, es decir, nuestros sentidos tienen capacidad de conocer la realidad. ¡Eso de que algunos filósofos se arman un lío “Mis sentidos me engañan”! Hombre, yo estoy viendo unos acontecimientos y los estoy viendo objetivamente, soy un testigo objetivo. Cuando yo voy a un juicio y me toman declaración como testigo, desde luego, sería ridículo que dijese “Yo vi como cogió una pistola y le disparó al otro, pero no sé si mis sentidos me engañan, porque ya dijo Descartes…Pienso luego existo…”. Es del genero tonto. Nosotros en nuestra vida real, estamos creyendo en la capacidad de que nuestros sentidos conozcan la realidad. Pero es verdad, como dice Pio XII en la encíclica Humani Generis, que también tenemos cierta capacidad de distorsionar las cosas. Cuando uno tiene malos deseos dentro de su corazón y no ama a una persona, cuantas veces lo que ve lo juzga mal, interpreta mal las cosas, porque sus malos deseos hacen que meta una interpretación negativa en lo que ve. Con frecuencia ¿no nos ha ocurrido que fruto de que no amamos a una persona que debiéramos amarla, vemos algo y hacemos una interpretación negativa? “Ah, mira, eso que le han pasado seguro que es porque estaba escondiendo no sé qué…” Y luego te enteras de la realidad y sientes cierta vergüenza “¡Como he podido pensar eso, si era exactamente lo contrario, yo ya me había hecho una interpretación!”. También ocurre que nuestra falta de amor, la distorsión de nuestro pecado original hace que tengamos malos deseos, la imaginación ya está interpretando cosas deformadamente, etc. O sea que sí que es verdad que, aunque creemos en un principio realista de conocer el entorno, pero tenemos que ser humildes en decir, “Si, tenemos capacidad de conocerlo, pero cuando nos ponemos a deformar las cosas, anda que no somos especialistas”.

Y termina diciendo:

De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan de que son falsas, o al menos dudosas, las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas.

O sea, que el hombre se puede auto engañar. Dios nos ha dado una capacidad de conocer la realidad, pero es verdad que nosotros, fruto de nuestro pecado personal tenemos una capacidad de mentirnos a nosotros mismos y creérnoslo verdaderamente notoria. En ese sentido, no somos Superman. Es decir, no podemos tener una visión ingenua de un falso optimismo pensando que todo lo conocemos con exactitud, con certeza, no. No. También somos mendigos de querer conocer la verdad con más profundidad, con más exactitud, con más certeza. Hasta aquí la reflexión de Pio XII la Humani Generis.

Mi tiempo

Esa es mi generación, que tiene hambre de Dios y no lo sabe.
Esa es mi generación que tiene hambre de un padre, y no sabe que todos somos hijos de él.
Esa es mi generación, que ríe de las cosas de Dios… mientras está llorando su neurosis ante los ídolos de vatios, amperios y voltios.
Esa es mi generación, que da la espalda al templo y camina, ciega, en dirección a los tribunales del divorcio o de las matanzas colectivas.
Esa es mi generación, que se tumba en la cama y conoce las mil posiciones y técnicas a usar en el lecho conyugal, pero que se atormenta con histeria ante las cunas vacías o trocadas en mortajas del angelito muerto antes de nacer.
Esa es mi generación que tiene hambre de crear, y ni siquiera consigue arrodillarse delante del Creador.
Esa es mi generación, que cuenta por las esquinas y círculos sociales las infidelidades que maquina, y en cambio se avergüenza de repetir las oraciones que rezó en un tiempo para la sobrevivencia del amor.
Y esa generación mía pide un milagro y una solución, porque las soluciones descubiertas hasta ahora siguen dirigidas a las grandes ciudades… a la espera de que alguien pulse un botón.
Y el mundo sigue temblando de miedo ante la locura de una entera civilización que decir no hacer la guerra… ¡porque no sabe quién tiene más botones que pulsar!
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

54. El Catecismo de la Iglesia Católica también nos recuerda que el don de la gracia «sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana»[57], y que «frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito alguno de parte del hombre. Entre él y nosotros la desigualdad no tiene medida»[58]. Su amistad nos supera infinitamente, no puede ser comprada por nosotros con nuestras obras y solo puede ser un regalo de su iniciativa de amor. Esto nos invita a vivir con una gozosa gratitud por ese regalo que nunca mereceremos, puesto que «después que uno ya posee la gracia, no puede la gracia ya recibida caer bajo mérito»[59]. Los santos evitan depositar la confianza en sus acciones: «En el atardecer de esta vida me presentaré ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos»[60].


[57] N. 1998.

[58] Ibíd., 2007.

[59] Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiae I-II, q.114, a.5.

[60] Sta. Teresa de Lisieux, “Acto de ofrenda al Amor misericordioso” (Oraciones, 6).

Ser muy humildes y sinceros

1.- Mujer y marido.- «Las mujeres que se sometan a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer; así como Cristo es cabeza de la Iglesia» (Ef 5, 22). Estas palabras de San Pablo dan la impresión de que era un tanto antifeminista, como si estuviera en contra de la igualdad del hombre y de la mujer. Pero hay que reconocer que sólo es una impresión, sacada además de unas frases sueltas. El mismo apóstol dirá en otro lugar que ante Cristo no hay griego ni judío, ni hombre ni mujer, sino que todos son iguales ante el Señor. Palabras que sin duda resultaban atrevidas en el tiempo en que se dijeron, cuando la misma sociedad consideraba a la mujer como un ser inferior respecto del hombre.

Y, en realidad, esa condición de la mujer sobre la que habla aquí el Apóstol no supone un menoscabo hacia ella, como si fuese una especie de esclava de su marido, o de criada gratuita, sin voz ni voto, con la única finalidad de trabajar y de dar hijos al marido… En realidad, lo que Pablo quiere decir es que la mujer ha de estar dispuesta a ser esposa y madre, con todo lo que eso lleva consigo de honor y de responsabilidad. Desligarse de esas dos facetas de su vida familiar, como mujer casada, es destruirse a sí misma y hacer del hogar un infierno en donde no se puede vivir.

San Pablo pasa luego al reverso de la medalla. Se enfrenta con el hombre y le recuerda la gravedad de la misión que, al casarse, ha puesto Dios sobre sus hombros. Ante todo ha de amar a su esposa como Cristo amó a su Iglesia, nada menos. Y sigue diciendo: «Él se entregó a sí mismo por ella para consagrarla, purificándola con el baño del agua y de la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino casta e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son».

«Amar a su mujer es amarse a sí mismo, añade -San Pablo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne…» Ojalá, tanto la mujer como el marido, se percaten de lo que significan estas palabras y se esfuercen por vivirlas. Sólo así se salvará la familia y con ella toda la sociedad.

2.- Sólo los humildes.- Este modo de hablar es inadmisible, dijeron muchos de los que escucharon las palabras del Maestro divino, sobre la necesidad de comer su carne y de beber su sangre. Hoy también hay quienes repiten lo mismo, quienes se echan atrás a la hora de ser consecuentes con las exigencias, a veces duras, que comporta la fe. Son los que ven las cosas con criterios humanos, juzgan los hechos con medidas terrenas; olvidan que sólo con la fe y la esperanza, con un grande y profundo amor, podremos entender y aceptar la revelación de Dios.

Jesús les explica de alguna manera el sentido de sus palabras sobre la Eucaristía. Les hace comprender que lo que ha dicho tiene un sentido más profundo, del que parece a simple vista. Su carne y su sangre son ciertamente comida y bebida, pero no en un sentido meramente físico, como si se tratase de una forma de canibalismo. Se trata de algo muy distinto que, en definitiva, sólo por medio de la fe se puede aceptar y, en cierto modo, hasta entender.

Lo que sí hay que destacar es que Jesús no se desdice de lo que ha dicho acerca de su presencia real en la Eucaristía, y sobre la inmolación de su cuerpo y su sangre en sacrificio redentor por todos los hombres. Por otra parte, es preciso subrayar que en ocasiones seguir a Cristo supone negarse a sí mismo, dejar el propio criterio y abandonarse en la palabra y en las manos de Dios.

Para eso hay que ser muy humildes y sinceros con nosotros mismos. En el fondo, humildad y sinceridad se identifican. Se trata, en una palabra, de reconocer la propia limitación de entendimiento y comprensión, aceptar que uno es muy poca cosa para captar bien todo lo referente a Dios. Fiarse del más sabio y del más fuerte, saberse pequeño y torpe, escuchar con sencillez al Señor.

Entonces sí «comprenderemos», entonces sí aceptaremos. Dios que siente debilidad por los humildes, nos iluminará la mente y nos encenderá el corazón, para que la dicha y la paz inunden nuestro espíritu, en ese acercamiento supremo entre Dios y el hombre, que se realiza en la Sagrada Eucaristía.

Antonio García-Moreno

¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna

Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Esto que dice es inadmisible. ¿Quién puede admitirlo?». Jesús, conociendo que sus discípulos hacían esas críticas, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¡Pues si vierais al hijo del hombre subir adonde estaba antes! El espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero
entre vosotros hay algunos que no creen». (Jesús ya sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a traicionar). Y añadió: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre». Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.

Jesús preguntó a los doce: «¿También vosotros queréis iros?». Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios».

Marcos 6, 60-69

Comentario del Evangelio

Seguro que Jesús les pareció muy majo a muchos de los que vivieron en aquel tiempo… Pero no hemos llegado hasta aquí porque Jesús fuese una persona maja.

Estamos aquí porque Jesús es el Hijo de Dios; no porque estemos de acuerdo con las cosas que Jesús nos ha dejado en los Evangelios, sino porque seguimos al Hijo de Dios.

Muchas veces, la Palabra de Dios no es cómoda, nos dice cosas que sabemos que tenemos que hacer, pero que no nos apetece hacer o nos cuesta mucho. No es fácil seguir a Jesús, pero si le seguimos sin condiciones, la vida es preciosa.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Pregúntale a algunas personas que conozcas quién es para ellos Jesús.

• ¿Qué supone para nosotros, los cristianos, que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Sería lo mismo si no fuese el Hijo de Dios? ¿Por qué?

• Escribe un compromiso que te ayude a vivir a tope que Jesús es el Hijo de Dios.

Oración

Seguirte, Jesús, es vivir comprometido. Porque lo esencial es tenerte de amigo, después viene el amar a todo el mundo y el dejarse afectar por el dolor del hermano.

Sé Tú nuestra fuerza interior, nuestra convicción más profunda, nuestro compromiso más transformador y el Amigo con el que más contamos. Haznos tu presencia en nuestro entorno, utilízanos como buena noticia, recuérdanos tu estilo y tu manera de actuar y conviértenos del todo en profetas del Amor.

Tú eres, Señor, el amigo más fiel

Tú nos sales al encuentro de verdad,
sin reservas.
Tú nos llamas del todo,
sin mediocridades,
Tú nos pides un sí incondicional a tu amistad,
Tú nos ofreces un camino claro y radical.

Seguirte, Jesús, es vivir comprometido.
Porque lo esencial es tenerte de amigo,
después viene el amar a todo el mundo
y el dejarse afectar por el dolor
del hermano.

Sé Tú nuestra fuerza interior,
nuestra convicción más profunda,
nuestro compromiso más transformador
y el Amigo con el que más contamos.

Haznos tu presencia
en nuestro entorno,
utilízanos como buena noticia,
recuérdanos tu estilo y tu manera de actuar
y conviértenos del todo en profetas del Amor.

Tú que nos alimentas
con palabras de vida eterna,
nutre también de ellas nuestra cotidianidad,
ilusiona nuestra rutina para ser
una presencia alegre
y fortalece nuestra entrega para ir
construyendo tu Reino.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo XXI de Tiempo Ordinario

• Hasta ahora los interlocutores de Jesús eran los judíos (Jn 6,41.52). Ahora, después de la polémica con ellos, son “los discípulos” los que hasta entonces lo seguían (60.61.66), quienes ponen en cuestión las palabras de Jesús.

• Así vemos, por tanto, que el debate no es una tertulia cualquiera sino que está en juego el seguimiento de Jesús. Un seguimiento que, como hemos visto en los domingos anteriores, supone la aceptación del hijo de José, de quien conocemos a su padre y a su madre (v. 42), como Hijo de Dios, pan que ha bajado del cielo (y. 41). Las resistencias de los judíos eran éstas: creer que el Hijo de Dios se ha hecho hombre y creer que por la muerte y resurrección de Jesús se obtiene la vida (vv. 51-59). Ahora senos dice que también son las resistencias de los discípulos -el «modo de hablar duro» (60) se refiere a las palabras anteriores de Jesús-.

• Por tanto, ante Jesús todos se definen. Pero no hablando de Él en tertulias, para ver quién sabe más. El reconocimiento de que «es duro» (60) quiere decir que lo han entendido, pero que no quieren escucharlo. Lo que define a una persona es la opción de vida una vez que se ha conocido a Jesús: o bien se le sigue -es decir, se vive como Él, se hace lo que Él hace, se llega con Él a la cruz- o bien se le abandona -viviendo según otros criterios que pretenden esquivar la cruz, que no tienen la entrega por amor como norma.

• «Ver (=creer) al Hijo del hombre subirá donde estaba antes» (62) se corresponde a la «bajada» de la que se ha hablado a lo largo del capítulo. Sólo la fe puede «ver» en Jesús a aquel que ha bajado del Padre y que sube al Padre habiendo pasado por la muerte.

• Pero eso -la fe- no es posible sin «el Espíritu» (63). Jesús, que se había identificado como quien da la vida (Jn 5,21), identifica «sus palabras» con el don del «Espíritu» (63), el que hace nacer de nuevo (Jn 3,5-8). Sus palabras dan vida. Es lo que dirá Simón Pedro más adelante: «Tú tienes palabras devida eterna» (68).

• Poniendo «la carne» en oposición al»Espíritu» (63), se indica no un desprecio dela carne (recordemos que la palabra indica la condición humana en su precariedad, la que asume el Hijo de Dios), sino el papel del Espíritu de Dios, que da la capacidad de creer.

• Por tanto, encerrados en los propios razonamientos, encerrados en los propios criterios, no podemos creer en Jesús; es el Espíritu quien permite creer en Jesús como pan bajado del cielo (Jn 6,50). Igualmente, haciendo la lectura en clave sacramental -la clave de los que celebran la Eucaristía-, sólo por el Espíritu podemos creer que en la recepción del Pan Eucarístico estamos recibiendo a Cristo y, con Él, la vida nueva y eterna.

• El v. 64 constata la libertad humana ante Dios que se hace hombre: hay algunos que no creen. Los «muchos discípulos suyos» que «no volvieron a ir con él» (66), además, anticipan la traición de uno de los Doce (Jn 6,71). El v. 66 será el definitivo en constatar el abandono. Creer es «ir con él», ser su seguidor.

• Y el v. 65, como antes el v. 44, nos recuerda que eso de la fe es iniciativa del Padre. En Jn 6,44 se hablaba de «atracción»; aquí se subraya el don. Pero ni allá ni aquí se supone determinismo alguno: lo que se dice es que la fe no nos la inventamos nosotros sino que la recibimos. La recibimos si la queremos, ya que es un don para todos.

• El capítulo termina con el diálogo con Simón Pedro. Es un auténtico diálogo; de tú a tú. Antes, los que Jesús tenía ante sí no se le dirigían sino que murmuraban entre ellos (vv. 41.61). Ahora Jesús es directo: «vosotros» (67); y ellos, por boca de Simón Pedro, también: «Tú» (68).

• Ése que vemos entre Jesús y Pedro es el diálogo de la fe. Pedro representa a los verdaderos discípulos de Jesús: personas que dialogan con Jesús -le hablan y lo escuchan-, mirándolo cara a cara, que lo quieren conocer para seguirlo de cerca.

• Los «Doce» hacen su opción (68), como losotros (66) han hecho la contraria. Los «Doce» se arriesgan, dan confianza a las «palabras» de Jesús, portadoras de «vida eterna».

Comentario al evangelio – 23 de agosto

Algunos estudiosos de la Escritura insinúan que el texto evangélico de hoy está formado por dos parábolas inicialmente independientes que se han agrupado por su afinidad. La primera (vv. 1-10) nos habla claramente de la voluntad salvífica del Padre, que invita al banquete del Reino a hombres y mujeres de toda raza, lengua, pueblo y nación, y de la dureza de corazón con que el primer Israel fue rechazando esa invitación. Una vez más Israel podemos ser nosotros: unos nos vamos al campo, otros a nuestros negocios, otros… y la llamada del Señor pasa a un segundo lugar. No falta quien llega a responder con violencia a los enviados del Señor. Pocos versículos antes el evangelista ha recogido lo que solemos llamar la parábola de los viñadores homicidas.

La segunda parábola (vv. 11-14) advierte de que no todos los invitados que llegan a acercarse al banquete lo hacen en las condiciones adecuadas. Hay quien no lleva un traje apropiado. Las palabras usadas por Jesús nos resultan duras: “atadlo, echadlo fuera, allá será el llanto y el crujir de dientes”. En casi todos nuestros países hay normas y costumbres que indican cómo hemos de vestirnos según la circunstancia: nadie en su sano juicio se pone la misma ropa para ir a bañarse a la playa que para asistir a un funeral. La Carta a los Colosenses nos invita a revestirnos de “profunda compasión, amabilidad, humildad, mansedumbre, paciencia”; la dirigida a los Efesios a lucir el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia. Que el amor real y efectivo al Padre y a los hermanos, hecho gestos concretos de vida, sea nuestro mejor traje.