I Vísperas – Domingo XXI de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LOS PUEBLOS QUE MARCHAN Y LUCHAN

Los pueblos que marchan y luchan
con firme tesón
aclamen al Dios de la vida.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Agiten laureles y olivos,
es Pascua de Dios,
mayores y niños repitan:
«Cantemos hosanna que viene el Señor.»

Jesús victorioso y presente
ofrece su don
a todos los justos del mundo.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Resuenen en todo camino
de paz y de amor
alegres canciones que digan:
«Cantemos hosanna que viene el Señor.»

Que Dios, Padre nuestro amoroso,
el Hijo y su Don
a todos protejan y acojan.
Cantemos hosanna que viene el Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Salmo 140, 1-9 – ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su malicia.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Ant 2. Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.

Salmo 141 – ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TU ERES MI REFUGIO

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.

Ant 3. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

LECTURA BREVE   Rm 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es origen, camino y término de todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Hijo del hombre ha subido al cielo, de donde había bajado; pan que da la vida al mundo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Hijo del hombre ha subido al cielo, de donde había bajado; pan que da la vida al mundo.

PRECES

Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo:

Escucha a tu pueblo, Señor.

Padre todopoderoso, haz que abunde en la tierra la justicia
y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte de tu reino
y que el pueblo judío sea salvado.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
y que sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
y concédeles la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra
y dales el descanso eterno.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 25 de agosto

Lectio: Sábado, 25 Agosto, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 23,1-12
Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; ensanchan las filacterias y alargan las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame `Rabbí’. «Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar `Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie `Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar `Instructores’, porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.

3) Reflexión

• (Hoy, 23 de agosto, en América Latina, se celebra la fiesta de Santa Rosa de Lima que tiene su propio evangelio: Mateo 13,44-46, cuyo comentario se encuentra en el día 30 de julio).
• El evangelio de hoy forma parte de la larga crítica de Jesús contra los escribas y los fariseos (Mt 23,1-39). Lucas y Marcos tienen apenas unos trozos de esta crítica contra las lideranzas religiosas de la época. Sólo el evangelio de Mateo nos informa sobre el discurso, por entero. Este texto tan severo deja entrever lo enorme que era la polémica de las comunidades de Mateo con las comunidades de los judíos de aquella época en Galilea y en Siria.
• Al leer estos textos fuertemente contrarios a los fariseos debemos tener mucho cuidado para no ser injustos con el pueblo judío. Nosotros los cristianos, durante siglos, tuvimos actitudes anti-judaicas y, por esto mismo, anti-cristianas. Lo que importa al meditar estos textos es descubrir su objetivo: Jesús condena la incoherencia y la falta de sinceridad en la relación con Dios y con el prójimo. Está hablando contra la hipocresía tanto de ellos como de nosotros, hoy.
• Mateo 23,1-3: El error básico: dicen y no hacen. Jesús se dirige a la multitud y a los discípulos y critica a los escribas y fariseos. El motivo del ataque es la incoherencia entre palabra y práctica. Hablan y no practican. Jesús reconoce la autoridad y el conocimiento de los escribas. “Están sentados en la cátedra de Moisés. Por esto, haced y observad todo lo que os digan. Pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen!”
• Mateo 23,4-7: El error básico se manifiesta de muchas maneras. El error básico es la incoherencia: “Dicen y no hacen”. Jesús enumera varios puntos que revelan una incoherencia. Algunos escribas y fariseos imponen leyes pesadas a la gente. Conocían bien las leyes, pero no las practican, ni usan su conocimiento para aliviar la carga sobre los hombros de la gente. Hacían todo para ser vistos y elogiados, usaban túnicas especiales para la oración, les gustaba ocupar sitios importantes y ser saludados en la plaza pública. Querían ser llamados ¡“Maestro”¡ Representaban un tipo de comunidad que mantenía, legitimaba y alimentaba las diferencias de clase y de posición social. Legitimaba los privilegios de los grandes y la posición inferior de los pequeños. Ahora, si hay una cosa que a Jesús no le gusta son las apariencias que engañan.

• Mateo 23,8-12: Cómo combatir el error básico. ¿Cómo debe ser una comunidad cristiana? Todas las funciones comunitarias deben ser asumidas como un servicio: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor!” A nadie hay que llamar Maestro (Rabino), ni Padre, ni Guía. Pues la comunidad de Jesús debe mantener, legitimar, alimentar no las diferencias, sino la fraternidad. Esta es la ley básica: “Ustedes son hermanos y hermanas!” La fraternidad nace de la experiencia de que Dios es Padre, y que hace de todos nosotros hermanos y hermanas. “Pues, el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado!”
• El grupo de los Fariseos.
El grupo de los fariseos nació en el siglo II antes de Cristo con la propuesta de una observancia más perfecta de la Ley de Dios, sobre todo de las prescripciones sobre la pureza. Ellos eran más abiertos que los saduceos a las novedades. Por ejemplo aceptaban la fe en la resurrección y la fe en los ángeles, cosa que los saduceos no aceptaban. La vida de los fariseos era un testimonio ejemplar: rezaban y estudiaban la ley durante ocho horas al día; trabajaban durante ocho horas para poder sobrevivir; descansaban y se divertían otras ocho horas. Por eso, eran considerados grandes líderes entre la gente. De este modo, a lo largo de siglos, ayudaron a la gente a conservar su identidad y a no perderse.

La mentalidad llamada farisáica. Con el tiempo, sin embargo, los fariseos se agarraron al poder y dejaron de escuchar los llamados de la gente, ni dejaron que la gente hablara. La palabra “fariseo” significa “separado”. Su observancia era tan estricta y rigurosa que se distanciaban del común de la gente. Por eso, eran llamados “separados”. De ahí nace la expresión «mentalidad farisáica». Es de las personas que piensan poder conquistar la justicia a través de una observancia escrita y rigurosa de la Ley de Dios. Generalmente, son personas miedosas, que no tienen el valor de asumir el riesgo de la libertad y de la responsabilidad. Se esconden detrás de la ley y de las autoridades. Cuando estas personas alcanzan una función de mando, se vuelven duras e insensibles para esconder su imperfección.
Rabino, Guía, Maestro, Padre. Son los cuatro títulos que Jesús no permite que la gente use. Y sin embargo, hoy en la Iglesia, los sacerdotes son llamados “padre”. Muchos estudian en las universidades de la Iglesia y obtienen el título de “Doctor” (maestro). Mucha gente hace dirección espiritual y se aconseja con las personas que son llamadas “Director espiritual” (guía). Lo que importa es que se tenga en cuenta el motivo que llevó a Jesús a prohibir el uso de estos títulos. Si son usados para que una persona se afirme en una posición de autoridad y de poder, son mal usados y esta persona se merece la crítica de Jesús. Si son usados para alimentar la fraternidad y el servicio y para profundizar en ellos, no son criticados por Jesús. .

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son las motivaciones que tengo para vivir y trabajar en la comunidad?
• Cómo la comunidad me ayuda a corregir y mejorar mis motivaciones?

5) Oración final

Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro
para su pueblo y sus amigos,
que no recaerán en la torpeza. (Sal 85,9)

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna

Querido amigo: hoy tú y yo estamos muy cerquita de Jesús. Sabemos que está en Cafarnaún, sabemos que ha estado en la Sinagoga, sabemos que ha tenido su discurso solemne sobre cómo Él es pan, cómo es carne, cómo hay que acudir a Él, cómo Él es el que tiene vida. Y se encuentra que no lo entienden; están como escandalizados de Él. Y vamos a ver lo que pasa… Lo que pasa: que a Jesús le duele y siente la frustración después de haber estado tanto tiempo explicándoles todo. Lo vemos en el Evangelio de San Juan, capítulo 6, versículo 60-69. Es el final del discurso. Lo escuchamos con toda atención:

Muchos de sus discípulos, oyéndole, dijeron: “Dura es esta enseñanza, ¿quiénpuede escucharla?”. Conociendo Jesús en su interior que murmuraban de esto sus discípulos, les dijo: “¿Esto os escandaliza? ¿Y si vierais subir al Hijo del Hombre adonde antes estaba? El espíritu es el que da la vida; la carne de nada aprovecha. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Sin embargo entre vosotros hay algunos que no creen”. En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién le iba a entregar, y decía: “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no le es concedido por el Padre”. Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás yno andaban ya con Él. Por esto preguntó Jesús a los doce: “¿También vosotros os queréis marchar?”. Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna. Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios”.

Como hemos dicho y hemos oído ahora, el impacto que produjo en los discípulos y en toda la gente este discurso tan fuerte, tan increíble, muy ininteligible…Y vemos la reacción. Jesús ya —como hemos dicho— ha terminado ese discurso y empiezan este episodio que nos narra hoy el Evangelio. Ante la insistencia de Jesús de afirmar que la comida de su carne es para la vida espiritual, que es para darle fuerza, ellos no lo entienden, se alteran, no lo entienden, creen que se trata de comer su cuerpo y de beber su sangre, y no lo entienden. Jesús ve su incredulidad, se siente frustrado, solo, triste, incomprendido.

Le miro con toda fuerza… Amigo mío, no nos perdamos ningún momento de este encuentro, no nos lo perdamos. Dice el texto que muchos discípulos cuandooyeron este lenguaje dijeron: “Duro es este razonamiento, esto es intolerable, eschocante lo que está diciendo, ¿quién puede oír esto?”. Jesús se da cuenta de ello y dándose cuenta de que estaba murmurando la gente, los discípulos, ya les presentaotra forma de diálogo: “¿De qué os escandalizáis? ¿Esto os extraña? ¿Y si vierais al Hijo de Hombre subir adonde estaba antes? No lo entenderíais. Mirad…” Y con toda paciencia otra vez les dice: “El Espíritu es el que da vida. La carne nada aprovecha. Una vez que se separa del espíritu, nada… no tiene vida. Pero el espíritu es el que tiene vida. Yo todo lo que os he dicho os lo he dicho con mucho espíritu, con mucho amor, con mucha vida, y he querido ser pan para vosotros, pero no lo entendéis”.

Jesús ya sabe que está muy próxima su Pascua, a su paso de este mundo con su Padre y se da cuenta de que hay muchos que no creen pero sabe también que está entre ellos uno que le va a hacer daño, que va a ser el escándalo; y le duele. Y sabe quién es el que le va a entregar. Y esta incredulidad causa escándalo en todos. Y lo mástriste que dice el texto de hoy: “Muchos de sus discípulos se fueron de su lado y ya noandaban con Él”. Querido amigo, miremos ahora a Jesús con todo amor y veamos latristeza que le da ver cómo se van los discípulos porque les está diciendo cosas que no entienden. A ti y a mí nos pasaría lo mismo. ¿Cómo vamos a entender este lenguaje? ¡Esto es dificilísimo! Tú y yo, que todo lo queremos razonar, que todo lo queremos sopesar, que todo lo queremos decir y ver el sentido, nos escandalizaríamos lo mismo y haríamos lo mismo; y seríamos dolor para Jesús. Pero Jesús quiere reafirmarlos en la fe; no les deja así. Y se dirige a sus discípulos y les dice: “¿También vosotros queréisiros?, ¿también?”. Entonces Simón, el más mayor de todos, el representante de todos,tiene esta frase tan maravillosa, que indica el camino de fe más grande y el acto de fe más grande después de un paso fuerte de dudar de todo: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.

En este encuentro, querido amigo, te digo y me digo que repitamos mucho esto:“Señor, ¿a quién iré? Tú tienes palabras de vida eterna”. Cuántas veces tengo otros dioses, quiero no-razonamientos, quiero ver todo, quiero comprender, entro por caminos difíciles y no me doy cuenta de que la fe no es comprender, es aceptar y arriesgarse, meterse en el abismo del amor de Dios. Decir como San Pablo: “Sé de quién me he fiado”. Es la fuerza, la fuerza de nuestra fe. ¡Cuántas veces dudamos y qué débiles somos! Todo lo queremos saber, todo lo queremos hacer lógica, razonar… y lafe es algo más grande. Es aceptarle, es entregarse, entregarse y dejarse caer en sus manos porque sé de quién me he fiado y que Él me va a salvar. Es entregar mi corazón plenamente a Él. Es dejar otros dioses extraños a los que adoro, como es mi forma de pensar y mi forma de actuar.

¡Cómo le duele a Jesús esto! Y le duele también mis faltas de fe; y le duele mis dudas, mis desaires; y le duele la forma en que yo pienso de Él y tengo ideas de Él. Mecreo que con cumplir, que con hacer cosas ya está… Es la fe, es abandonarme en sucorazón, es fortalecerme en Él, es alimentarme en mi camino dudoso, tortuoso y difícil, porque lo quiero llevar yo, lo quiero razonar yo; no le dejo al Señor que sea Él la guía de mi vida. ¡Qué débil soy!… ¡Qué débil soy! ¡Y cuántas veces paso hambre de Él! Y tengo hambre insaciable de vivir otra vida. Tengo dificultades pero no me doy cuentade que Él me dice: “Cree. Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo”. ¿Por qué mecuesta tanto abandonarme? Se me exige tantas cosas —quitarme todas estas dificultades: la soledad, la falta de amor, la falta de cariño, la falta de entrega—, que todo eso impide mi fe.

Pero se me dice que tengo que creer en Jesús. ¿A quién iré? Tú tienes palabras de vida eterna. Ahí está lo que es la fe con palabras sencillas, sin palabras rebuscadas, sin nada. Ponerme delante de Dios, decir: “Señor, creo, pero ayuda mi débil fe. ¿A quién iré? ¿A quién voy a acudir?”. Y responderé en mi interior: “Sólo a ti, Jesús”. La feno se basa en una seguridad de todo, se basa en una búsqueda continua, insegura, arriesgada, que se va haciendo mi propia vida. Tengo que ir siguiendo a Jesús poco a poco y así, entrar en amistad con Él, y así, entrar en comunión. ¿Por qué exijo demostraciones? ¿Por qué? “¿También tú quieres irte? ¿También tú te vas?”. “No. Tú tienes palabras de vida eterna”.

Querido amigo, en este encuentro vamos a descubrir a Jesús, y vamos a ser como Pedro, que a pesar de sus debilidades, en ese momento tuvo la lucidez de decir—y no irse—: “Tú tienes palabras de vida eterna”. Y ahí estar con Él, y coger el valor en Él, la fuerza en Él. No pedir más, sino quedarme ahí.

Gracias, Jesús, por ser mi pan, por ser mi vida, pero ayuda mi débil fe. Que yo no quiera más, sino buscarte. Y buscarte con todas las durezas que pueda tener, pero porque sé que Tú estás conmigo, que Tú me ayudas, que Tú me quieres, que Tú eres mi camino, que Tú eres mi vida eterna. Tú eres mi Dios, el que nunca me falla; Tú eres mi mejor amigo, el que nunca me falla. Que a pesar de las dificultades, a pesar de mis entorpecimientos intelectuales, comprenda que Tú eres mi pan, mi carne y mi bebida. Tú eres todo para mí. Tú tienes palabras de vida eterna. Tú eres el todo de mi vida.

Terminamos este encuentro diciéndole a Jesús ese acto de fe: “Creo, Señor,pero aumenta mi fe. Aunque no entienda, aunque me veas débil, aunque parezca queno crea… creo, Señor, pero aumenta mi fe”. ¿A dónde iré yo? ¿A caer en el abismo? ¿A caer en el vacío? ¿A caer en el hastío? No, Señor. ¿A dónde iré? Tú tienes palabras devida eterna… Tú tienes palabras de vida eterna… Sé que Él me ha escogido, me ha querido. ¡Tú tienes palabras de vida eterna! Ésta es la fe y éste es el amor que quierodemostrarte hoy. Jesús, contigo, repito una y otra vez: “Señor, sólo quiero ir a ti ycontigo porque sé que nunca me fallas y porque Tú tienes palabras de vida eterna”.

Francisca Sierra Gómez

Jer 23, 16-24

«No escuchéis las palabras de los profetas, porque os engañan; 
visiones de su fantaís os cuentan, no de la boca de Yavé.
Dicen a quienes desprecian la palabra de Yavé: ‘Tendréis paz’, 
y a todos los que siguen el capricho de su corazón:
‘¡No os sobrevendrá ningún mal!’
Pero, ¿quién ha asistido al consejo de Yavé?
¿Quién ha visto y oído su palabra?
¿Quién ha puesto atención a su palabra y la ha escuchado?
Ved. La borrasca de Yavé estalla, un huracán se desencadena,
sobre la cabeza de los impíos se precipita.
La ira de Yavé no volverá atrás
hasta que no haya ejecutado y realizado
los designios de su corazón;
en los tiempos futuros comprenderéis bien esto.
No he enviado yo a estos profetas, y ellso corren;
No les he dicho nada, ¡y ellos profetizan!
Si es que han asistido a mi consejo,
¡anuncien mis palabras a mi pueblo,
le hagan convertirse de su mal camino,
de la perversidad de sus acciones!
¿Acaso soy yo Dios sólo decerca -dice Yavé-,
y de lejos no soy Dios?
Si un hombre se oculta en escondrijo, ¿no le veré yo acaso?
-dice Yavé-.
¿Es que los cielos y la tierra no los lleno yo?
-dice Yavé-» (Jer 23, 16-24).
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

56. Solamente a partir del don de Dios, libremente acogido y humildemente recibido, podemos cooperar con nuestros esfuerzos para dejarnos transformar más y más[62]. Lo primero es pertenecer a Dios. Se trata de ofrecernos a él que nos primerea, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle en nosotros: «Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rm 12,1). Por otra parte, la Iglesia siempre enseñó que solo la caridad hace posible el crecimiento en la vida de la gracia, porque si no tengo caridad, no soy nada (cf. 1 Co 13,2).


[62] Esta es, en definitiva, la doctrina católica acerca del «mérito» posterior a la justificación: se trata de la cooperación del justificado para el crecimiento de la vida de la gracia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2010). Pero esta cooperación de ninguna manera hace que la justificación misma y la amistad con Dios se vuelvan objeto de un mérito humano.

Domingo XXI de Tiempo Ordinario

El escándalo que produjeron las palabras de Jesús sobre la Eucaristía estuvo motivado por una mala interpretación de lo que Jesús quiso decir. Esa mala interpretación consistió en lo que se ha llamado el «cafarnaísmo» (porque de esto habló Jesús en Cafarnaún), que consiste en la idea de que comulgar es comerse la carne histórica de Jesús. Cuando la Eucaristía se explica así, tal explicación puede ser motivo de escándalo y de que haya gente que se aleja para siempre de la Iglesia.

Jesús insiste en que para comprender lo que representa la Eucaristía es indispensable la fe. Jesús no se refería, lógicamente, a la fe que consiste en creer en unos dogmas. Jesús se refería a la fe que consiste en vivir como vivió el mismo Jesús, con sus mismos criterios, según sus costumbres y los valores que él propuso y defendió. Quien vive eso, entiende lo que es la Eucaristía, comer su carne y beber su sangre, que es la expresión simbólica de la unión y hasta la fusión con su vida y su destino.

Cuando se vive esta unión con Jesús (tal era el caso de Pedro y de los discípulos que se quedaron con él), las crisis de dudas y oscuridades se superan. La fuerza del Espíritu se hace fuerza en nuestra vida, que sigue una marcha rectilínea, sin desviarse a un lado o a otro, según nos conviene o según nos lo imponen nuestros miedos. Es la vida que se caracteriza por la firmeza en ir por la vida como fue Jesús y por la transparencia del que no tiene nada que disimular.

José María Castillo

Palabra difíciles de digerir

Los que seguían las lecciones de Jesús entendieron más o menos lo que significaba «vivir para siempre»; pero eso de «comer su carne y beber su sangre», así, entendido tal cual, no podían digerirlo, les causaba extrañeza y les parecía una especie de canibalismo... La cosa es que se manifestaron: «¡Qué duras son estas palabras!» y, poco a poco, fueron abandonándolo. Jesús se quedó como si le hubieran echado un jarro de agua fría, se llenó de tristeza y experimentó en su corazón la amargura del desamparo. Fue entonces cuando se dirigió a los Doce y les preguntó tímidamente:»¿También vosotros queréis marcharos?». Y el vehemente Pedro no se dejó esperar: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna?».

Jesús, a lo largo de su vida pública, experimentó momentos de alegría y satisfacción: la respuesta de los apóstoles a la primera llamada: «Y dejándolo todo, le siguieron», la fe inquebrantable de la gente sencilla, la conversión del bueno de Zaqueo, que reaccionó después de una charla fructífera con el Maestro y se desprendió de una cantidad de dinero mayor de la que había robado… Pero también soportó escenas que concluyeron con la experiencia del desencanto y del abandono: la actitud del joven rico al que miró con ternura y que no se decidió a vender sus posesiones para atender a los pobres; los que se excusaron para no asistir al banquete alegando razones baladíes; el que enterró el denario en lugar de hacerlo producir; la cantidad de «higueras estériles» con que se encontró, perezosas para dar trigo; las tres negaciones de Pedro; la traición de Judas; y el extraño desamparo por parte del Padre cuando Jesús se encontraba colgado en el madero de la cruz: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?».

De estas últimas palabras del Nazareno surgió el dicho acuñado en el argot popular cuando sobrevienen realidades o acontecimientos adversos: «Estamos dejados de la mano de Dios»… En primer lugar, quiero puntualizar que Dios no nos abandona nunca; lo que sucede es que a veces se esconde detrás de alguna colina, como los niños cuando juegan al escondite, porque quiere que lo busquemos.

¿Qué programa de vida podríamos elaborar para no caer en el pozo negro del abandono y de la soledad? Propongo cuatro sugerencias que pueden resultarnos útiles para vivir con alegría nuestra existencia:

* Buscar a Jesús. En el escenario de la vida, en las personas, en los acontecimientos, en la búsqueda de la verdad, la justicia, el amor…, allí está Jesús, aunque se halle escondido detrás de cualquier cortina; pero al fin se dejará ver y sentir.

* Fiarnos de él. Sin reparos ni vacilaciones. Que podamos exclamar con san Pablo: «Sé muy bien de quién me he fiado». Desde aquel día en que el Maestro nos aseguró: «Os llamo amigos», no dudamos ni una pizca de segundo en que es el amigo leal verdadero, que nunca falla.

* Conocer, aceptar y cumplir su voluntad. Sin confundirla con la nuestra. A veces somos tan insensatos que pensamos que Dios quiere lo que nosotros deseamos que quiera.

* Poner todo nuestro empeño en fortalecer nuestra entrega y vigilar nuestras debilidades. Tenemos que no escatimar nuestra generosidad y estar al acecho de nuestras imperfecciones.

Todo menos sentirnos abandonados.

Pedro Mari Zalbide

Domingo XXI de Tiempo Ordinario

El domingo pasado reflexionamos sobre la propuesta de Jesús para que, “alimentándonos” con Él mediante la Eucaristía, actuáramos tal y como lo hubiera hecho Él en nuestra situación.

De ser así, viviríamos nuestra familia con el mismo amor y entrega con la que Él vivió la suya, seriamos fieles en el cumplimiento de nuestros deberes diarios con la misma entrega y honradez que Él y veríamos en los otros no enemigos o piezas para ser movidas por nuestros intereses, sino hermanos con quienes convivir y a quienes ayudar en sus respectivas necesidades.

San Pablo convencido de ello les pedía a los cristianos de Éfeso [(2ª lectura (5,21)] que vivan “Respetándose unos a otros por fidelidad a Cristo”, imitando a Cristo.

De haberlo hecho así hubiéramos construido un mundo completamente diferente.

¿No se hubiese cumplido ya entre nosotros aquello que decía San Juan en el Apocalipsis de la Tierra nueva y los Cielos nuevos porque todo lo malo ha quedado atrás superado? Indudablemente SÍ. Nuestro mundo sería otro mundo.

Ante este extraordinario proyecto. ¿Se puede seguir diciendo que el cristianismo es algo superado, algo sin garra y sin futuro?

Pues, SÍ. Pero no por defecto del proyecto en sí o por la lucha que el mal pueda ofrecer a su desenvolvimiento sino, quizás, sobre todo, porque, como en los tiempos de Jesús, no hay mucha gente que quiera creer que eso es posible llevarlo a la práctica. Todos anhelamos un mundo perfecto pero son pocos los que creen de verdad que es perfectamente realizable en sus pequeños ámbitos de influencia. Es algo que ya le pasó al mismo Jesús cuando se ofreció como pan para la vida del mundo; muchos dijeron escandalizados: ¡Eso no es posible! ¿Quién puede creer eso? Y le abandonaron.

Jesús por el contrario convencido de que su idea es realizable preguntó, incluso a sus más íntimos colaboradores, los apóstoles,¿también vosotros queréis iros? Se sobreentendía. A mí me da igual lo que decidáis porque no pienso rebajar la grandeza del proyecto. Ya habrá alguien que la tome en serio y si no, se quedará sin hacer, pero no será por defecto de proyecto sino por falta de brazos.

Hoy Jesús nos sale al paso a cada uno de nosotros con la misma oferta de trabajo. Hay mucho, casi todo, por hacer.

¿Quieres venir a trabajar en esa empresa?

Es una pregunta que Dios viene haciendo a los hombres desde la antigüedad, como refleja el texto de la primera lectura (Jos. 4 1-, 15-17, 18b) “Escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río, es decir, al Dios Revelado, o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis”

Deberíamos pensárnoslo mucho antes de contestar porque el tiempo apremia y las calamidades del mundo acosan por todas partes. Sigue teniendo máxima actualidad aquello de San Pablo a los efesios que recordábamos el domingo pasado (5, 15-20) “No seáis insensatos, sino inteligentes, aprovechando el tiempo, porque los días son malos. Por consiguiente, no actuéis como necios, sino procurad conocer cuál es la voluntad del Señor”.

La voluntad del Señor es clara: convocarnos para trabajar en su gran viña. Hoy, como aquel señor que salió a contratar operarios y a las cinco encontró todavía gente sin hacer nada, nos pregunta¿Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada? (Mt. 20,6)

Los cristianos estamos demasiado ociosos en la construcción del Reino de Dios en la Tierra. Hacemos muchos planes, los hace incluso la Iglesia Jerárquica, pero damos a luz pocos compromisos.

Jesús nos pidió que fuéramos luz, sal, levadura de un mundo que lo necesita porque camina desorientado. Dijo que quería que el mundo ardiera, que ardiera todo lo malo que hay en él para que pudiera brotar todo lo bueno que alberga.

No desoigamos a San Pablo. Los días que nos toca vivir son malos, ciertamente. Pero están abiertos a un futuro mejor. Solo hace falta que tomemos la misma resolución que San Pedro (Tercera lectura, Jn. 6,60-69) ante la pregunta de Jesús y como él contestemos: No te abandonaremos, y no lo haremos, “porque solo Tú tienes palabras de vida eterna”.

Todos somos conscientes de que cada uno de nosotros puede muy poco en la transformación del mundo, pero hemos de convencernos de que podemos mucho, en el pequeño mundo de mi familia, mi trabajo, mi centro de estudios, la vecindad, el deporte, la diversión…. En esas pequeñas parcelas podemos jugar un papel impresionante si dejamos atrás nuestros cansancios y miedos, nuestra desidia, nuestra falta de coraje apostólico y nos decidimos a ir arrancando las malas hierbas de la soberbia, el egoísmo, la injusticia, los odios y revanchas, todo cuanto ennegrece el horizonte de la vida y en su lugar vamos sembrando el cariño, el perdón, el servicio, la entrega, el amor, en una palabra, todo lo que hace que la vida merezca la pena de ser vivida.

Seamos fieles a Jesús y digámosle de corazón: Para la transformación de ese mi pequeño mundo, Jesús, cuenta conmigo. Que así sea.

Pedro Sáez

Pregunta decisiva

El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. No tenemos apenas datos. Solo se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar. Probablemente les parece excesiva la adhesión que reclama de ellos. En un determinado momento, «muchos discípulos suyos se echaron atrás». Ya no caminaban con él.

Por primera vez experimenta Jesús que sus palabras no tienen la fuerza deseada. Sin embargo, no las retira sino que se reafirma más: «Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen». Sus palabras parecen duras pero transmiten vida, hacen vivir pues contienen Espíritu de Dios.

Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. Dirigiéndose a los Doce les hace la pregunta decisiva: «¿También vosotros queréis marcharos?». No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos sino amigos. Si quieren puede volver a sus casas.

Una vez más Pedro responde en nombre de todos. Su respuesta es ejemplar. Sincera, humilde, sensata, propia de un discípulo que conoce a Jesús lo suficiente como para no abandonarlo. Su actitud puede todavía hoy ayudar a quienes con fe vacilante se plantean prescindir de toda fe.

«Señor, ¿a quién vamos a acudir?». No tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y más convincente: Si no siguen a Jesús se quedarán sin saber a quién seguir. No se han de precipitar. No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.

Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva? ¿Basta sustituirlo por un estilo de vida rebajada, sin apenas metas ni horizonte? ¿Es mejor vivir sin preguntas, planteamientos ni búsqueda de ninguna clase?

Hay algo que Pedro no olvida: «Tú tienes palabras de vida eterna». Siente que las palabras de Jesús no son palabras vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera. Su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Con qué podrían sustituir el Evangelio de Jesús? ¿Dónde podrán encontrar una Noticia mejor de Dios?

Pedro recuerda, por último, la experiencia fundamental. Al convivir con Jesús han descubierto que viene del misterio de Dios.Desde lejos, a distancia, desde la indiferencia o el desinterés no se puede reconocer el misterio que se encierra en Jesús. Los Doce lo han tratado de cerca. Por eso pueden decir: «Nosotros creemos y sabemos». Seguirán junto a Jesús.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 25 de agosto

La Iglesia nos propone hoy el comienzo del capítulo 23 de Mateo; volveremos a él el lunes y el martes próximos. ¿Lo escucharemos de verdad?

En el París de 1968 un físico español repartía octavillas a la salida del metro. De repente, apartándose de la reacción de casi todos los demás viandantes, un hombre se dio la vuelta: “¡pero si el papel que usted me ha dado está en blanco!”. “Claro -respondió el militante español-, está en blanco para que usted lo rellene”.

¿Con qué actitud entramos a diario a leer los comentarios de Ciudad Redonda? Demos un paso más: ¿con qué actitud nos colocamos ante la Palabra de Dios de cada día? No dudo de las sanísimas intenciones de la mayoría de nosotros. Pero no está de sobra que nos hagamos algunas preguntas: ¿qué vengo buscando?, ¿a qué estoy dispuesto/a?, ¿qué hemos ido a ver ‘en el desierto’ (Mt 11, 7)?…

Habrá quien lea los comentarios sin leer siquiera los textos sagrados; me temo que algo falla. Habrá quien busque sobre todo palabras ‘para otros’ (qué decir a los fieles, a los chicos de catequesis, a…); ¿y lo que la Palabra nos tiene que decir a cada uno? ¡Cuidado!

Habrá quien busque que la octavilla esté bien llena, y las propuestas de acción bien claras… Los trozos en blanco nos ponen nerviosos. Hace unas décadas se hablaba mucho del miedo a la libertad. Está claro que también tenemos miedo al amor y al compromiso, y al camino compartido y a la corrección… Es admirable que busquemos ayuda, pero tengamos cuidado: hay pasos y respuestas que sólo cada uno de nosotros puede dar. Para ello hay mucha Palabra que escuchar y mucho silencio que hacer. Caminamos. Como siempre, María, silenciosa y sonriente, nos acompaña: vamos bien. ¡Feliz fin de semana!