Sábado XX de Tiempo Ordinario

Hoy es 25 de agosto, sábado XX de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 23, 1-12):

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Jesús es duro al criticar la hipocresía de los fariseos y los maestros de la ley, que cuidan más las apariencias que el ser y que todo lo hacen para ser honrados y aplaudidos.

Jesús advierte a sus discípulos, y nos advierte a nosotros, para que no caigamos en la misma tentación de vivir una doble vida. Jesús quiere que sus seguidores sean auténticos, que sus palabras estén avaladas con su vida. El mundo necesita testigos, no maestros, como decía el Beato Pablo VI: “el hombre contemporáneo escucha más agusto a los que dan testimonio que a los que enseñan”. Y no nos engañemos, la gente tiene un “olfato muy fino”, aunque no sean creyentes, distinguen muy bien cuando se habla de teoría y cuando se habla desde la experiencia de vida.

Jesús, en el evangelio de hoy, nos enseña el camino a seguir para ser verdaderos discípulos suyos. Su lógica es totalmente opuesta a la de los fariseos. Para Jesús la verdadera grandeza en la comunidad cristiana consiste en ser pequeño, y la verdadera gloria, en servir con humildad. Todos somos hermanos. Cristo es el único Maestro, y Dios es nuestro Padre.

Que el Señor nos ayude a descubrir lo que en nuestra vida hay de hipocresía y nos dé la gracia de buscar humildemente la Verdad y vivirla fielmente en el Amor.

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