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Archive for 30 septiembre 2018

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿DONDE ESTÁ MUERTE, TU VICTORIA?

¿Dónde está muerte, tu victoria?
¿Dónde está muerte, tu aguijón?
Todo es destello de su gloria,
clara luz, resurrección.

Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.

Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.

Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
Sol de su vida y corazón.

Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y señor,
denos su espíritu esperanza
viva y eterna de su amor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Ant 2. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Salmo 113 B – HIMNO AL DIOS VERDADERO.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Ant 3. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Ts 2, 13-14

Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad. Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Todo aquel que os dé a beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo os aseguro que de ninguna manera perderá su recompensa», dice el Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Todo aquel que os dé a beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo os aseguro que de ninguna manera perderá su recompensa», dice el Señor.

PRECES

Demos gloria y honor a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive para interceder en su favor, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Señor Jesús, sol de justicia que iluminas nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche te pedimos por todos los hombres,
que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre
y santifica a tu iglesia para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz
y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, a tus hijos difuntos
y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que manifiestas tu poder de una manera admirable sobre todo cuando perdonas y ejerces tu misericordia, infunde constantemente tu gracia en nosotros, para que, tendiendo hacia lo que nos prometes, consigamos los bienes celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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1.- En aquel tiempo dijo Juan a Jesús: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros. Jesús respondió: no se lo impidáis… el que no está contra nosotros está a nuestro favor. Esta conducta del apóstol Juan, cuando quería que Jesús prohibiera a los “que no eran de los nuestros” hacer milagros en nombre de Jesús, así como la actitud de Moisés, en respuesta a su ayudante Josué, en la primera lectura, permitiendo a Eldad y Medad que profetizaran aunque no estuvieran en la lista de los setenta ancianos que el mismo Moisés había dado, me ha hecho pensar a mí en los miles de personas que, sin haber conocido nunca a Jesús, pueden salvarse. Se trata, en expresión de Karl Rahner, de los cristianos anónimos. Con esta expresión de cristianos anónimos Karl Rahner se refería a los millones de personas que habían nacido antes de Cristo y a los millones de personas que, habiendo nacido después de Cristo, no habían llegado a conocerle, por razones étnicas, culturales, religiosas, o por cualquier otra razón. Karl Rahner defendía que estas personas si obran de acuerdo con el evangelio de Jesús, aunque no lo conozcan, pueden ser salvados por Dios. La verdad es que el mismo Concilio Vaticano II lo dice claramente: Los que sin culpa propia ignoran el evangelio de Cristo y de su Iglesia y, sin embargo, buscan a Dios con sincero corazón y se esfuerzan, bajo la influencia de la gracia en cumplir en sus obras la voluntad de Dios que conocen mediante la voz de su conciencia, pueden alcanzar la salvación eterna. (Lumen Gentium, 16 y Gaudium et Spes, 22). Creo que es bueno saber todo esto para poder responder a los cristianos que siguen insistiendo que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación posible”. Todas las personas somos hijos de Dios y no es posible entender que una persona de buena voluntad que se esfuerza en pasar por la vida haciendo el bien y cumple en la práctica el mandamiento de Jesús de “amar a Dios y al prójimo como Cristo nos amó” pueda ser condenada por un Dios justo y misericordioso. Esforcémonos nosotros, los cristianos que hemos tenido la suerte de nacer en una familia y en una cultura cristiana, de ser fieles a nuestra conciencia cristiana, de pasar por la vida haciendo el bien y de cumplir de palabra y de obra el mandamiento de Cristo de amar a Dios y al prójimo como el mismo Cristo nos amó.

2.- Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados… El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros… Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste. Las palabras tan duras del apóstol Santiago contra los ricos corruptos, que han conseguido su riqueza a base de explotar a sus empleados y jornaleros están muy de acuerdo con la maldición de Jesús a los ricos, (Lc 6, 24). Un cristiano que no condene explícitamente a los ricos corruptos y explotadores no puede llamarse discípulo de Jesús. Y las palabras de Jesús, del apóstol Santiago y de muchos otros profetas bíblicos, debemos aplicárnoslas también cada uno de nosotros, aunque no seamos económicamente millonarios. Cualquiera de nosotros que abuse de su superioridad civil, política, o personal, en el trato con los que son, civil, políticamente, o personalmente, o de cualquier manera que sea, inferiores a él, es corrupto y está explícitamente condenado por las palabras bíblicas contra los ricos corruptos. Todo discípulo de Cristo debe luchar con todas sus fuerzas contra esta desigualdad social y económica en la que, actualmente, vivimos en esta sociedad nuestra del siglo XXI. Y no miremos exclusivamente a nuestra sociedad en general; mirémonos cada uno de nosotros a nosotros mismos en nuestras relaciones con los demás.

Gabriel González del Estal

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Querido amigo: Seguimos con Jesús ahí, en la casa de Pedro, que está enseñando y aleccionando a sus discípulos sobre las varias virtudes, sobre las varias actitudes que debe tener cualquier discípulo en el Reino de Dios. Y hoy nos habla y nos dice unas palabras duras, exigentes y que nos hacen reflexionar mucho, mucho sobre nuestra vida. Nos vamos a valer del texto de Marcos, capítulo 9, versículo 38-43.45.47- 48, donde Jesús, rodeado de sus discípulos, habla y les dice todas las grandes lecciones del amor a Él y a los demás. Y sobre todo para llevar una vida digna del Reino de los Cielos. Escuchemos el texto con atención:

Juan le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que expulsa los demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido porque no viene con nosotros”. Jesús contestó: “No selo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede hablar después mal de mí. Pues quien no está contra nosotros, con nosotros está. En efecto, cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, por el hecho de que sois discípulos de Cristo, os lo aseguro, no perderá su recompensa. A cualquiera que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas ruedas de molino que mueve un asno y lo arrojen en el mar. Y si tu mano te escandaliza, córtatela. Mejor es para ti entrar lisiado en la vida que con las dos manos ir a la gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie te escandaliza, córtatelo. Mejor es para ti entrar cojo en la vida que con los dos pies ser arrojado en el infierno. Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo. Mejor es para ti entrar tuerto en el Reino de Dios que con los dos ojos ser arrojado en el infierno, donde su gusano no muere ni el fuego se apaga”.

Después de oír estas palabras, nos metemos de nuevo en la escena y estamos en casa de Pedro escuchando a Jesús, que es nuestro Maestro, que con toda paciencia va aclarando todas las dudas de sus discípulos. Y vemos una intervención de Juan quele dice: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lohemos querido impedir porque no era de los nuestros”. Y Jesús le responde: “No se loimpidáis, Juan, porque uno que hace milagros en mi nombre está a favor nuestro”. Y como queriéndole decir: “Mira, Juan, todo lo que se hace conmigo, con esa intenciónmía, es bueno; no puede hacer nada contrario, así que respeta, Juan, respeta. Y además te digo más: el que no está contra nosotros, está a favor nuestro”.

Me hace pensar mucho esta frase… ¿Estoy yo a favor de Jesús? ¿Estoy, creo, sigo, siento sus ideas, su mensaje, y las llevo a la práctica? Y le va dando pequeñas frases muy fuertes, que nos hacen pensar y reflexionar. Son frases de éstas que Jesús va dejando, pero que quedan ahí en el corazón haciéndonos un retintín de pensamiento, de exigencia, de compromiso: “El que os dé a beber un vaso de agua os aseguro que no quedará sin recompensa”. Todo lo que haga por los demás, todo lo que haga, cualquier servicio, cualquier expresión, cualquier gesto, cualquier palabra, cualquier cariño, cualquier amor lleva a la recompensa del amor, de la gracia, de la paz y de la felicidad tuya, Señor. ¡Cómo me lleva a exigirme el hacer por los demás el servicio, la tolerancia de la frase anterior! Son las grandes lecciones y actitudes que debo aprender en este encuentro. Escucho a Jesús con mucha atención y me lo dice a mí: “No andes hablando mal, no. Piensa que si está conmigo, es bueno. Y haz todo… y todo lo que hagas por los demás, todo tiene recompensa”.

Pero ahora vemos a Jesús que se pone muy fuerte y en tono autoritario dice:“El que escandalice a uno de estos pequeños más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y le echasen al mar”. Y continúa diciendo: “Todo lo queescandaliza ¡quítatelo! Si tu mano te hace caer, córtatela. Si tu pie te hace caer,córtatelo. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo”. Lección fuerte de Jesús, querido amigo,para ti y para mí: la lección del escándalo. ¿Y qué es el escándalo? Yo entiendo que en sentido suyo, propio, es como una piedra del camino que hace tropezar a los demás y caer; todo lo que hace daño y que induce a los demás a obrar el mal. Y pienso muchas veces si mis actitudes, mis gestos, yo soy motivo de escándalo. ¿Se pueden fijar en mí los demás? ¿Pueden ver cosas buenas mías, palabras mías, gestos, todo mío? ¿Qué derrocho yo? ¿Soy una persona que voy dejando malestar, escándalo, a los demás?

Hoy, Jesús, me dirijo a ti y te digo en este encuentro y te interrumpo: “Jesús, dime, ¿qué es lo que tengo yo que cortar?, ¿qué es lo que escandaliza?, ¿qué es lo que no es de gusto tuyo?, ¿qué es ocasión de hacer daño a los demás en mi forma de hablar, en mi trabajo, en mis cosas, en todo?, ¿soy tropiezo para las personas débiles? Si soy tropiezo, estoy haciendo daño a mis hermanos, hiriendo su conciencia, haciendo daño al débil… ¡Qué pena, Jesús, puedo ser ocasión de escándalo! Y qué gracias tengo que darte porque me pones en guardia y me dices que quite, que corte, que sea como ese cirujano, que para salvar la vida de una persona coge el bisturí y amputa cualquier miembro, aunque le duela, aunque sea un miembro muy querido para la persona. Yo te pido también que seas mi cirujano. ¡Corta y quema, oh divino Jesús, todo lo que en mí no sea de tu puro amor! ¡Corta y quema, oh divino Jesús, todo lo que en mí no seade tu puro amor!”

Y esta otra frase que a mí me gusta tanto repetir: “Jesús, que deje de ser lo que soy para ser lo que Tú eres”. En este encuentro me siento triste, me siento comprometida, me siento fuerte contigo y me siento con acción de gracias, porque me llamas a tu amistad, porque me haces grande, porque me das energía, porque me evitas ocasiones de pecar. Y aunque me duela, corta lo que quieras o lo que no esté bien para ti. Que no me fije en todo lo efímero, en todo lo que pasa, y sea profunda y entre en mi interior y aprenda a ver todo lo que no está bien. Vuelvo a repetirme: ¿soy ocasión de escándalo para los demás? ¿Todo lo que hago favorece a evangelizar, a dar tu mensaje a los demás? ¿Escandalizo a los pequeños, al débil? ¿Sé acoger tu mensaje?

Quiero ser fiel y aunque me cueste dolor, sangre… ¡corta y quema todo! Corta esas palabras duras, esos gestos fríos, esa tibieza, ese «qué más da», ese relativismo. Corta esa frialdad ante ti, el no priorizarte, el dejarte atrás, el llevar una vida muy humana pero poco divina. ¡Corta y quema, oh divino Corazón, todo lo que en mí veas que no es de tu puro amor! ¡Qué dura lección hoy, Jesús, pero qué agradecida estoy al escuchar esta lección! Y, ¡qué fuertes las expresiones que me das! Qué fuertes: no escandalices a los pequeños, a los débiles, a los que hacen daño. ¿Mi vida es tan transparente que puede ser luz, camino, fuerza o… escándalo, daño, herir a los demás?

Me quedo pensando mucho esto contigo y te pido que me ayudes, que no medejes… que veo tantas cosas que tienes que cortar, como ese jardinero que poda lostallos y todo lo que no hace crecer a la planta. Sé Tú mi Jardinero, sé Tú mi Cirujano, sé Tú mi Abogado y Defensor.

Jesús, quiero quedarme contigo en este encuentro haciendo un verdadero examen de mi vida para ver los escándalos, los obstáculos, todo lo que no te gusta y para ver si realmente hago algo por los demás, porque Tú bien me dices que todo lo que haga tiene recompensa. Ayúdame, Jesús, que seas Tú mi guía, mi fuerza, mi seguridad, porque en ti confío y jamás seré confundido. ¡Corta y quema, oh divino Corazón, todo lo que en mí no sea de tu puro amor! Gracias, Jesús, y que no sea nunca motivo de escándalo para nadie.

Así sea.

Francisca Sierra Gómez

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El individualismo es, sin duda, uno de los rasgos que mejor caracterizan al hombre de hoy. Como recordaba el sociólogo americano D. Riesman en su renombrado estudio «La muchedumbre solitaria» (1950), en la época moderna lo sagrado ya no es el grupo ni la familia, sino el individuo suelto y «autodirigido».

Desgraciadamente este individualismo moderno no lleva siempre a la autoafirmación de la persona. Después del toque de alarma de Ch. Lasch en «La cultura del narcisismo» (1979) no son pocos los que nos ponen en guardia ante cierto estilo de vida individualista que conduce a la pérdida de identidad humana.

El individuo moderno defiende «instintivamente» su libertad, pero ésta queda reducida muchas veces a una defensa recelosa de la esfera privada. Es una libertad sin contenido. Lo que importa es no atarse a nada ni a nadie. No depender de otros. Exigir derechos sin asumir obligaciones. Ocuparse y preocuparse sólo de uno mismo.

Este individualismo conduce entonces a un peligroso aislamiento. La persona se desentiende de todo lo que no sea su propio interés. Rehúye el compromiso e incluso el amor. Sólo le interesa su propio yo. Los problemas personales se hipertrofian. La tranquilidad se va convirtiendo en meta suprema. Lo importante es evitar tensiones y vivir sin problemas.

Curiosamente, al encontrarse por fin solo y sin ataduras, el individuo pierde seguridad. No se siente bien. Necesita coincidir con los demás, vivir a la moda, estar informado, encender el televisor, tener la sensación de que no está tan solo en la vida. Necesita sentirse vivo pero ya no sabe lo que es desplegar la vida desde el amor.

Frente a esta «cultura del yo», el Evangelio sigue invitando a la «cultura del nosotros». La humanidad no es «una muchedumbre de individuos aislados». El mundo no termina en mi piel. Todo ser humano es mi «prójimo». De todos me he de sentir responsable, aunque sólo sea para «dar a beber un vaso de agua». El individualismo contemporáneo no será humano mientras no escuche la pregunta de Dios: «Hombre moderno y progresista, ¿qué has hecho de tu hermano?»

José Antonio Pagola

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93. Pero hablamos de las persecuciones inevitables, no de las que podamos ocasionarnos nosotros mismos con un modo equivocado de tratar a los demás. Un santo no es alguien raro, lejano, que se vuelve insoportable por su vanidad, su negatividad y sus resentimientos. No eran así los Apóstoles de Cristo. El libro de los Hechos cuenta insistentemente que ellos gozaban de la simpatía «de todo el pueblo» (2,47; cf. 4,21.33; 5,13) mientras algunas autoridades los acosaban y perseguían (cf. 4,1-3; 5,17-18).

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Lectio: Domingo, 30 Septiembre, 2018

Acoger a los pequeños y marginados
Ninguno es el dueño de Jesús
Marcos 9,38-43.47-48

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El texto del Evangelio de este 26º Domingo del tiempo ordinario nos presenta parte de una larga instrucción hecha por Jesús a sus discípulos (Mc 8,22 a 10,52). (Véase el comentario del evangelio del 24º Domingo). Esta vez el Evangelio expone, sobre todo, tres exigencias de conversión para las personas que quieran seguirlo: (i) corrige la mentalidad equivocada de quien piensa ser el dueño de Jesús (Mc 9,38-40); (ii) insiste en la acogida que hay que dar a los pequeños (Mc 9,41-42) y (iii) manda comprometerse radicalmente por el Evangelio (Mc 9,43-48).

b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:

Marcos 9,38-43.47-48Marcos 9,38-40: Jesús corrige la mentalidad cerrada del apóstol Juan
Marcos 9,41: Quien da un vaso de agua a un discípulo de Jesús será recompensado
Marcos 9,42: Evitar escandalizar a los pequeños
Marcos 9,43-48: Comprometerse radicalmente por el Evangelio

c) Texto:

38 Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» 39 Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí.40 Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.
41 «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.
42 «Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. 43 Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga[44]. 45 Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna[46]. 47 Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, 48 donde su gusano no muere y el fuego no se apaga;49 pues todos han de ser salados con fuego.50 Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?
b) ¿Qué significa hoy, para nosotros, la afirmación de Jesús: “Quien no está en nuestra contra está a nuestro favor”?
c) ¿Cómo traducir hoy el “vaso de agua” del que habla Cristo?
d) ¿Quiénes eran los “pequeños”? ¿Qué significa “ser motivo de escándalo para los pequeños”? (v.42).
e) “Soga al cuello”, “Corta la mano o el pié”, “Saca tu ojo”: ¿Estas expresiones pueden ser tomadas literalmente? ¿Qué querrá decir Jesús con estas expresiones?
f) En nuestra sociedad y en nuestra comunidad, ¿quiénes son los pequeños y los marginados? ¿Cuál y cómo es la acogida que les damos a ellos?

5. Para aquellos que quisieran profundizar todavía más en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

● Como decíamos antes, el Evangelio de este domingo presenta tres importantes exigencias de conversión para el que quiera ser discípulo de Jesús: (i) No tener la mentalidad cerrada del discípulo Juan, que pensaba ser el dueño de Jesús, sino tener una actitud abierta y ecuménica, capaz de reconocer el bien en los otros, aunque sean de otra religión. (ii) Superar la mentalidad de aquellos que se consideraban superiores a los otros, y que , por esto, despreciaban a los pequeños y pobres y se alejaban de la comunidad. Para Jesús esta persona merecía la soga al cuello y ser arrojado al fondo del mar. (iii) Jesús pide no dejar que entre la rutina en el vivir el Evangelio, sino que pide que seamos capaces de romper los lazos que nos impiden vivirlo en plenitud.
● Son tres recomendaciones que tienen mucha actualidad hoy por hoy. En muchas personas que pertenecen a la Iglesia católica existe la tendencia anti-ecuménica de encerrarse en sí mismas, como si nosotros fuésemos cristianos mejores que los otros. En el mundo de hoy, dominado por el sistema neoliberal, existe el desprecio por los pequeños, y de hecho aumenta por todas partes la pobreza, el hambre y el número de prófugos y de abandonados. Falta entre nosotros los cristianos el compromiso de vivir el Evangelio. Pero si nosotros , millones de cristianos, viviésemos realmente el Evangelio, el mundo no estaría como está.

b) Comentario del texto:

Marcos 9;38-40: La mentalidad cerrada
Alguno que no era de la comunidad usaba el nombre de Jesús para arrojar a los demonios. Juan, el discípulo, lo ve y prohíbe hacerlo: “Se lo habíamos prohibido, porque no era de los nuestros”. ¡En nombre de la comunidad Juan impide que otro pueda hacer una buena acción! Por ser discípulo, él pensaba tener el monopolio de Jesús y , por esto, quería prohibir que otros usasen el nombre de Jesús para hacer el bien. Era esta una mentalidad cerrada y antigua del “¡Pueblo elegido, pueblo separado!” Jesús responde: “No se lo prohibáis. ¡Quien no está en mi contra, está a por mí!” Para Jesús, lo que importa no es si la persona forma parte o no de la comunidad, sino si hace el bien que la comunidad debe hacer. Jesús tenía una mentalidad ecuménica.

Marcos 9,41: Quien da un vaso de agua recibe recompensa
Una frase de Jesús ha sido colocada aquí: En verdad os digo: quien os dé de beber un vaso de agua porque sois de Cristo, no quedará sin su recompensa. Dos pensamientos para comentar esta frase: i) “Quien da un vaso de agua”: Jesús se está dirigiendo a Jerusalén para dar su vida. ¡Gesto de gran donación! Pero Él no se olvida de los gestos pequeños de donación en la vida de cada día : un vaso de agua, una acogida, una limosna, y tantos otros gestos con los cuales podemos revelar el amor. ¡Quien desprecia al ladrillo no podrá nunca edificar la casa! ii) “Porque sois de Cristo”, Jesús se identifica con los que quieren pertenecer a Él. Esto significa que, para Él, valemos mucho. Por esto, debemos preguntarnos siempre. “¿Quién es Jesús para mí?” y también es bueno preguntarse: ¿Quién soy yo para Jesús? En este versículo encontramos una respuesta que nos da valor y esperanza.

Marcos, 9,42: Escándalo para los pequeños
Escándalo es aquello que desvía a una persona del buen camino. Escandalizar a los pequeños es ser motivo para que los pequeños se desvíen del camino y pierdan la fe en Dios. Quien hace esto, recibe la siguiente sentencia: “¡Soga al cuello, con una piedra de molino para ser arrojado al fondo del mar!” ¿Por qué tanta severidad? ¡Porque Jesús se identifica con los pequeños! (Mt 25,40.45). Quien los toca, toca a Jesús. Hoy, en muchos lugares, los pequeños, los pobres, muchos de ellos abandonaron la Iglesia católica y las iglesias tradicionales y van a otras iglesias. ¡No pueden creernos! ¿Por qué? Antes de acusar a los que pertenecen a otras iglesias es bueno preguntarse: ¿Por qué se van de nuestra casa? Si se van es porque no se sienten en casa con nosotros. Algo nos falta. ¿Hasta que punto somos culpables? ¿Merecemos la soga al cuello?

Marcos, 9,43-48: Cortar pies y manos
Jesús ordena a la persona cortarse la mano, pie y sacarse el ojo, si fuesen motivo de escándalo. Dice: “Es mejor entrar en el Reino de Dios con un pie (mano, ojo) que entrar en el infierno-Gehenna con dos pies (manos, ojos)”. Estas frases no pueden ser tomadas literalmente. Significan que la persona debe ser radical en su opción por Dios y por el Evangelio. La expresión “Gehenna” (infierno) donde su gusano no muere y el fuego no se extingue” es una imagen que indica una situación de la persona que se queda sin Dios. La Gehenna era el nombre de un valle vecino a Jerusalén, donde se arrojaba toda la inmundicia de la ciudad y donde había siempre un fuego encendido que quemaba toda la porquería. Este pestífero lugar se usaba por el pueblo para simbolizar la situación de una persona que no participaba del Reino de Dios.

Jesús acoge y defiende la vida de los pequeños

Varias veces Jesús insiste en la acogida que hay que dar a los pequeños. “Quien acoge a uno de estos pequeños en mi nombre, me acoge a mí” (Mc 9,37). Quien da un vaso de agua a uno de estos pequeños no perderá su recompensa (Mt 10,42). Pide no despreciar a los pequeños (Mt 18,10). Y en el juicio final los justos serán recibidos porque dieron de comer “a uno de estos más pequeños” (Mt 25.40).

Si Jesús insiste tanto en la acogida, es porque muchos pequeños de hecho no eran acogidos. En efecto, mujeres y niños no contaban (Mt 14,21; 15,38), eran despreciados (Mt 18,10) y obligados al silencio (Mt 21,15-16). Incluso los apóstoles impedían que se acercasen a Jesús (Mt 19,13; Mc 10,13-14). En nombre de la ley de Dios, mal interpretada por las autoridades religiosas, muchas personas buenas eran marginadas. En vez de acoger a los marginados, la ley se usaba para legitimar la exclusión.

En los evangelios la expresión “pequeños” (en griego se dice elachistoi, mikroi o nepioi) a veces indica “ los niños”, otras veces indica sectores excluidos de la sociedad.. No es fácil distinguir. A veces lo que es “pequeño” en el evangelio, quiere decir “niño”, porque los niños pertenecían a la categoría de los “pequeños”, de los excluidos. Además, no siempre es fácil distinguir lo que viene del tiempo de Jesús y lo que viene del tiempo de las comunidades para las cuales se escribieron los evangelios. Pero, sea lo que sea, lo que está claro es el contexto de exclusión vigente de la época, y la imagen que las primeras comunidades tenían de Jesús: Jesús se pone de parte de los pequeños y asume su defensa. Llama la atención lo que Jesús hace en defensa de la vida de los niños, de los pequeños.
Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra aquellos que causan escándalo a los pequeños, o sea, los que con su conducta quitan a los niños la fe en Dios. Para ellos sería mejor ponerse una piedra al cuello y ser arrojados al profundo del mar (Mc 9,42; Lc 17,2; Mt 18,6).
Acoger y tocar. Cuando los niños se acercan a Jesús para pedir su bendición, los apóstoles se enfadan y quieren alejarlos. Según las normas de la época, tanto las madres como los niños pequeños, vivían todos prácticamente en un permanente estado de impureza legal. ¡Tocar quería decir contraer impureza! Pero Jesús corrige a los discípulos y acoge a las madres y a los niños. Y los abraza. “¡Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis!” (Mc 10,13-16; Mt 19,13-15).
Identificarse con los niños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, “ me recibe a Mí” (Mc 9,37). “Y todo lo que hagáis a uno de estos pequeños, me lo hacéis a Mí” (Mt 25,40).
Llegar a ser como niños. Jesús dice a los apóstoles que se conviertan en niños y acepten el Reino como niños. De otra manera, no es posible entrar en el Reino (Mc 10,15, Mt 18,3; Lc 9,46-48). Él está indicando que los niños son los profesores de los adultos. Y esto no era normal. Queremos hacer lo contrario.
Defender el derecho de gritar. Cuando Jesús entra en la ciudad de Jerusalén, son los niños los que más gritan: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticado por los jefes de los sacerdotes y de los escribas, son defendidos por Jesús que invoca incluso las Escrituras para defenderlos (Mt 21,16).
Dar gracias por el Reino presente en los niños. La alegría de Jesús es grande, cuando se da cuenta de que los pequeños, entienden las cosas del Reino que Él anunciaba a la gente. “Padre, yo te doy gracias!” (Mt 11,25-26). Jesús reconoce que los pequeños entienden mejor las cosas del reino que los doctores.
Acoger y curar. Son muchos los niños y jóvenes que Él acoge, cura o resucita: la hija de Jairo, de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naín (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público (Jn 4,50), el niño que tenía cinco panes y cinco peces (Jn 6,9).

6. Orar con el Salmo 34 (33)

Un pobre comparte con nosotros su fe

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren!
Ensalzad conmigo a Yahvé,
exaltemos juntos su nombre.

Consulté a Yahvé y me respondió:
me libró de todos mis temores.
Los que lo miran quedarán radiantes,
no habrá sonrojo en sus semblantes.
Si grita el pobre, Yahvé lo escucha,
y lo salva de todas sus angustias.
El ángel de Yahvé pone su tienda
en torno a sus adeptos y los libra.

Gustad y ved lo bueno que es Yahvé,
dichoso el hombre que se acoge a él.
Respetad a Yahvé, santos suyos,
que a quienes le temen nada les falta.
Los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan a Yahvé de ningún bien carecen.

Venid, hijos, escuchadme,
os enseñaré el temor de Yahvé.
¿A qué hombre no le gusta la vida,
no anhela días para gozar de bienes?

Guarda del mal tu lengua,
tus labios de la mentira;
huye del mal y obra el bien,
busca la paz y anda tras ella.

Los ojos de Yahvé sobre los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
el rostro de Yahvé hacia los bandidos,
para raer de la tierra su recuerdo.

Cuando gritan, Yahvé los oye
y los libra de sus angustias;
Yahvé está cerca de los desanimados,
él salva a los espíritus hundidos.

Muchas son las desgracias del justo,
pero de todas le libra Yahvé;
cuida de todos sus huesos,
 ni uno solo se romperá.

Da muerte al malvado la maldad,
los que odian al justo lo pagarán.
Rescata Yahvé la vida de sus siervos,
nada habrán de pagar los que a él se acogen.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Si hay algo que de continuo escuchamos en el libro del Éxodo es queja y la murmuración. En el capítulo del que se ha tomado nuestra primera lectura, se quejaba el pueblo de la falta de alimento, y Moisés, como puede comprenderse, se quejaba del pueblo. De ahí que dijera Yahweh a Moisés: ”Bueno. Es demasiado el pueblo para ti. Es preciso que hagas a otros partícipes de tus responsabilidades. Reúne a setenta de los Ancianos en la tienda de reunión y yo les daré algo del Espíritu que tú mismo has recibido”

Es lo que hizo Moisés. Pero dos de los setenta a los que había convocado no asistieron a la reunión en la tienda de la reunión en la hora convocada. Lo extraño fue que a pesar de todo también ellos recibieron el Espíritu y comenzaron a profetizar como los demás, y el asistente de Moisés pretendía detenerlos en su profeta. Moisés que no era un hombre de espíritu pobre, le dijo que les dejará seguir profetizando. “Ojalá hubiera derramado el Señor su espíritu sobre todos, dijo Moisés. ¿A qué viene el estar celoso por el Espíritu que otros han recibido? A fin de cuentas ninguno es dueño del Espíritu. De cada uno se adueña el Espíritu y el Espíritu es libre..

Algo semejante sucedió en el Evangelio. Los discípulos no podían ocultar su frustración al ver que algunos que no pertenecía a su grupo estaban expulsando – con éxito – demonios en nombre de Cristo. Podemos muy bien comprender esa frustración si tenemos en cuenta que algo antes un hombre se había visto obligado a llevar a su hijo poseído a donde el mismo Jesús porque sus discípulos habían sido incapaces de expulsar al demonio del mismo.. El éxito de los demás es tanto más difícil de aceptar cuando se sigue de neutro fracasos.

Por su respuesta a los discípulos quería Jesús enseñarles que el hecho de que hayamos sido nosotros a ser sus discípulos no nos hace en manera alguna únicos receptores de su verdad y de su salvación. Nosotros hemos oído hablar de Cristo, hemos recibido su mensaje La mayor parte de nosotros ha nacido de padres católicos, en un país en el que la mayoría de la población profesa la religión cristiana. Para nosotros es completamente normal el ser cristianos. Se no hace difícil que alguien que ha nacido en Pakistán o en Sudan o en la Nueva Caledonia , y que posiblemente jamás ha oído hablar de Cristo, pueda atesorar en su corazón, y ser fiel a todos los valores que Cristo nos enseñó. Es posible que sea él un discípulo más fiel y más ferviente de Cristo que lo somos nosotros, aun cuando jamás haya oído hablar e Él. Gentes en nuestro entorno que son Cristianas como nosotros, pero pertenecen a otras confesiones, pueden asimismo presentar ejemplos de fidelidad a Cristo y de sinceridad que nos pueden dar. Se precisa una buena porción de humildad el aceptar semejante lección.

El Vaticano II acentuó la necesidad de un diálogo entre Católicos y Cristianos de otras tradiciones, entre Cristianos y fieles de tradiciones no cristianas, y, finalmente, entre creyentes y quienes pretender no tener fe alguna. Si pensamos que poseemos a Dios y que poseemos la verdad, no hay posibilidad de diálogo.

Juan Pablo II nos dio un buen ejemplo, hace algo más de 25 años, cuando convocó a los dirigentes de las grandes tradiciones religiosas del mundo a Asís, para un día de oración. Los podía muy bien convocado a Roma, donde hubiera sido el anfitrión, en la Capital de Cristiandad. Pero prefirió convocarlos a la ciudad del más humilde y más universalmente aceptado por todos los aceptado entre los santos cristianos, Francisco de Asís. El Papa llegó temprano a Asís y fue a orar a la Porciúncula, la iglesia más pobre y pequeña de Asís. A continuación se unió a otros dirigentes religiosos, y a lo largo de todo el día estuvo en medio de ellos, como uno más.

No se nos ha llamado a ser los defensores de Dios, impartiendo golpes a diestro y siniestro a cuantos se hallan fuera de nuestra Iglesia. Somos sencillamente llamados a ser testigos suyos. Lo cual importa una muy grave responsabilidad. Si alguno que se halla fuera de nuestra comunidad nos ayuda, tanto mejor. ¡Alegrémonos por ello!

Es muy posible que en nuestra vida de cada día nos encontremos con situaciones como ésta, situaciones en que gentes que no nos parecen buenos cristianos o buenos monjes, vivan en la práctica algunas virtudes que son profundamente cristianas.. Es importante que nos demos cuenta de que lo que los tales hacen y lo que son tiene también en Cristo su origen.

A. Veilleux

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