Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 1/09/18

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿QUIÉN ES ÉSTE QUE VIENE?

¿Quién es éste que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Ant 2. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   Col 1, 3-6a

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cumplid los preceptos del Señor, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra prudencia a los ojos de los pueblos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cumplid los preceptos del Señor, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra prudencia a los ojos de los pueblos.

PRECES

Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa Francisco y por nuestro obispo N.;
protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra
para que a nadie falte el pan de cada día.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, ten piedad de los difuntos
y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios todopoderoso, de quien procede todo don perfecto, infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, aumentes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Anuncios

Read Full Post »

Lectio: Sábado, 1 Septiembre, 2018

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio según Mateo 25,14-30
«Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: `Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado.’ Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.’ Llegándose también el de los dos talentos dijo: `Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado.’ Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.’ Llegándose también el que había recibido un talento dijo: `Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.’ Mas su señor le respondió: `Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.’

3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos habla de la Parábola de los Talentos. Esta parábola está situada entre dos otras parábolas: la parábola de las Diez Vírgenes (Mt 25,1-13) y la parábola del Juicio Final (Mt 25,31-46). Las tres parábolas esclarecen y orientan a las personas sobre la llegada del Reino. La parábola de las Diez Vírgenes insiste en la vigilancia: el Reino puede llegar en cualquier momento. La parábola del Juicio Final dice que para tomar parte en el Reino hay que acoger a los pequeños. La parábola de los Talentos orienta sobre cómo hacer para que el Reino pueda crecer. Habla sobre los dones o carisma que las personas reciben de Dios. Toda persona tiene algunas cualidades, sabe alguna cosa que ella puede enseñar a los otros. Nadie es solamente alumno, nadie es solamente profesor. Aprendemos unos de otros.
Una clave para comprender la parábola. Una de las cosas que más influyen en la vida de la gente es la idea que nos hacemos de Dios. Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos se imaginaban a Dios como un Juez severo que los trataba según el mérito conquistados por las observancias. Esto causaba miedo e impedía el crecimiento de las personas. Sobre todo impedía que ellas abriesen un espacio dentro de sí para acoger la nueva experiencia de Dios que Jesús comunicaba. Para ayudar a estas personas, Mateo cuenta la parábola de los talentos.

• Mateo 25,14-15: La puerta de entrada en la historia de la parábola. Jesús cuenta la historia de un hombre que, antes de viajar, distribuye sus bienes a los empleados, dándoles cinco, dos o un talento, según la capacidad de cada uno. Un talento corresponde a 34 kilos de oro, ¡lo cual no es poco! En el fondo, cada uno recibe igual, pues recibe “según su capacidad”. Quien tiene vaso grande, recibe el vaso lleno. Quien tiene el vaso pequeño, recibe el vaso lleno. Luego el dueño se va al extranjero y queda allí mucho tiempo. La historia tiene un cierto suspense. No se sabe con qué finalidad el dueño ha entregado su dinero a los empleados, ni sabe cómo va a ser el final.

• Mateo 25,16-18: La manera de actuar de cada empleado. Los dos primeros trabajan y hacen duplicar los talentos. Pero aquel que recibe un talento cava un hoyo en la tierra y lo esconde bien para no perderlo. Se trata de los bienes del Reino que se entregan a las comunidades y a las personas según su capacidad. Todos y todas recibimos algunos bienes del Reino, ¡pero no todos respondemos de la misma manera!

• Mateo 25,19-23: Rendimiento de cuentas del primero y del segundo empleado, y la respuesta del Señor. Después de mucho tiempo, el dueño vuelve. Los dos primeros dicen la misma cosa: “Señor, cinco/dos talentos me entregaste: aquí tienes otros cinco/dos que gané!” Y el señor da la misma respuesta: “Muy bien, siervo bueno y fiel. En lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré. Entra en el gozo de su señor”

• Mateo 25,24-25: Rendimiento de cuentas del tercer empleado. El tercer empleado llega y dice: “Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.!” En esta frase despunta una idea errada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve a Dios como un patrón severo. Ante un Dios así, el ser humano tiene miedo y se esconde atrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, al actuar así, la severidad del legislador no va a poderle castigar. En realidad, una persona así no cree en Dios, sino que apenas cree en si misma y en su observancia de la ley. Se encierra en si misma, se desliga de Dios y no consigue interesarse en los otros. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata a la comunidad, acaba con la alegría y empobrece la vida.

• Mateo 25,26-27: Respuesta del Señor al tercer empleado. La respuesta del señor es irónica. Dice: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses.!” El tercer empleado no fue coherente con la imagen severa que tenía de Dios. Si se imaginaba a un Dios severo de aquella manera, hubiera tenido por lo menos que colocar el dinero en un banco. Es decir que él será condenado no por Dios, sino por la idea errada que tenía de Dios y que lo deja miedoso e inmaduro. No va a ser posible ser coherente con aquella imagen de Dios, pues el miedo deshumaniza y paraliza la vida.

• Mateo 25,28-30: La palabra final del Señor que esclarece la parábola. El señor manda quitarle el talento para darlo a aquel que tiene diez “Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.”. Aquí está la clave que aclara todo. En realidad, los talentos, el “dinero del dueño”, los bienes del Reino, son el amor, el servicio, el compartir. Es todo aquello que hace crecer la comunidad y revela la presencia de Dios. Aquel que se encierra en si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, va a perder hasta lo poco que tiene. Pero la persona que no piensa en sí y se entrega a los demás, va a crecer y recibir de forma inesperada, todo aquello que entregó y mucho más. “Pierde la vida quien quiere asegurarla, la gana quien tiene el valor de perderla”
• La moneda diferente del Reino. No hay diferencia entre los que reciben más y los que reciben menos. Todos tienen su don según su capacidad. Lo que importa es que este don sea puesto al servicio del Reino y haga crecer los bienes del Reino que son amor, fraternidad, compartir. La clave principal de la parábola no consiste en hacer producir los talentos, sino en relacionarse con Dios de forma correcta. Los dos primeros no preguntan nada, no buscan su bienestar, no guardan para sí, no se encierran en sí mismos, no calculan. Con la mayor naturalidad, casi siempre sin darse cuenta y sin buscar mérito, empiezan a trabajar para que el don que Dios les ha dado rinda para Dios y para el Reino. El tercero tiene miedo, y no hace nada. De acuerdo con las normas de la antigua ley estaba en lo correcto. Se mantiene dentro de las exigencias. No pierde nada y no gana nada. ¡Por esto, pierde hasta lo que tenía. El Reino es riesgo. Aquel que no corre riesgos, pierde el Reino!

4) Para la reflexión personal
• En nuestra comunidad, ¿tratamos de conocer y valorar los dones de cada persona? Nuestra comunidad ¿es un espacio donde las personas pueden desenvolver sus dones? A veces los dones de una persona engendran envidia y competitividad en los otros. ¿Cómo reaccionamos?
• ¿Cómo entender la frase: “Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará?”

5) Oración final
Esperamos anhelantes a Yahvé,
él es nuestra ayuda y nuestro escudo;
en él nos alegramos de corazón
y en su santo nombre confiamos. (Sal 33,20-21)

Read Full Post »

Palabra

El proceso de personalización de la fe presupone, en primer lugar, que la persona no viva esclava de la Ley. Sin duda, los fariseos y letrados Evangelio) leían Deut 4 y se identificaban con él (primera lectura): la Ley se revela como fuente de vida y sabiduría. Nos ocurre también a nosotros: las normas de conducta han sido internalizadas y son parte esencial de mí mismo. Sólo, a través de un proceso, descubro que yo no soy mis normas, ni mis ideales, ni mis deseos.

Cuando Jesús pone en crisis las intenciones del corazón al cumplir la Ley, es decir, cuando desenmascara lo que el hombre religioso busca a través de dicho cumplimiento (derecho ante Dios, seguridad de salvación), se revela el corazón del hombre, sus fondos oscuros de pecado (por ejemplo, que la fidelidad a la Ley está dominada por la desconfianza en el amor de Dios) Pero tal es el camino para transformar el corazón.
 

Vida

La transformación de la persona no es cuestión de establecer exigencias mayores, leyes de perfección. Así lo hemos hecho muchas veces. Hasta que un día descubrimos nuestras mentiras ocultas, y entonces nos sentimos impotentes ante las tinieblas del propio corazón. Momento de Gracia.

La sabiduría de la personalización está en las actitudes básicas del corazón. Dos, especialmente, son importantes:

Autenticidad. No huir de la verdad. Ser fiel a lo real, aunque hiera mi amor propio. El narcisismo (confundir el ideal del yo con el yo real) encuentra terreno abonado en lo religioso, si éste se erige en un mundo aparte y no se confronta.

Confiar. La autenticidad no debe ser una trampa para pretender dominar la existencia y controlar el futuro (otro narcisismo: el que niega la finitud y erige la autoposesión en último criterio de la libertad). Mirar más allá de mí. Percibir el Amor como fuente de ser. Apertura a la Gracia.

¿Te parece que estas actitudes van siendo la dinámica de tu vida? ¿En qué lo notas?

Javier Garrido

Read Full Post »

Mañana

¿Y si mañana tuviese yo que rendir cuentas de mis actos, oyendo las palabras exigentes de mi Dios y Padre, y sintiendo que era el momento de mirarle cara a cara…?
¿Y si mañana debiera yo hablar de lo que hice por el hombre, teniendo ante mí a cuantos un día pasaron por mi vida, y estando delante de mi Dios y Padre para responder a sus preguntas…?
¿Y si mañana tuviera yo que recordar las cosas buenas que hice, o por lo menos alguna de ellas que justificase los dolores de parto de una señora a la que Dios bendijo…?
Me parece que yo tendría miedo y no sabría qué presentar.
Me parece que me avergonzaría mucho de mí mismo.
Me parece que caería espiritualmente de rodillas pidiendo perdón y clemencia.
Pero si, a pesar de ello, todos insistieran
en saber lo que yo hice;
si mi Dios y Padre me exigiera una respuesta;
y si Jesucristo quisiera la devolución, con intereses,
de los talentos que me prestó…
si insistiesen para que yo presentara al menos
una cosa en favor mío, o un gesto,
por pequeño que fuera, que dejara mi impronta
en el cuadro de la historia;
si me dijeran que tan sólo pedían una prueba
de que yo no hubiese vivido en vano
y que esperaban de mí, por lo menos, algún gesto digno,
o algún rasgo de humanidad cabal y bien vivida…
Yo diría tímidamente a mi Dios y Padre,
a mi maestro y modelo Jesucristo
y a los hermanos que estuvieran presentes,
que yo…
que yo nutrí un gran amor por la juventud,
y que intenté, aun cayendo en muchos fallos,
transmitir a los jóvenes
un poco de la paz y de la serenidad que Jesucristo
me había dado…
Y no sé si yo acabaría siendo premiado con el cielo,
pero sí estoy seguro de que por lo menos dos o tres
de los presentes acabarían agradeciéndome ese gesto:
y uno de ellos sería el Padre de Jesucristo.
P. Zezinho

Read Full Post »

CAPÍTULO TERCERO
A LA LUZ DEL MAESTRO

63. Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas[66]. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.


[66] Cf. Homilía en la Misa de la Casa Santa Marta (9 junio 2014): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (13 junio 2014), p. 11.

Read Full Post »

Resistencia a los cambios

1. Los letrados y fariseos representan el culto hipócrita que se ciñe a lo externo, a lo de «fuera» (la rúbrica, la norma), perdiendo de vista lo profundo, lo de «dentro» (la plegaria, la justicia). Frente a una religiosidad basada en la observancia legal de ritos y en la interpretación rígida de la doctrina, Jesús enseña una nueva forma de relacionarse con Dios. Dios está en la comunidad de hermanos, en la justicia con los pobres y harapientos. Las legalidades son accesorias. La letra mata, y el espíritu vivifica.

2. La distinción bíblica y cristiana fundamental no es puro/impuro o sagrado/profano, sino justo/injusto. En el templo puede anidar la injusticia, del mismo modo que también habita la justicia en el ámbito profano del mundo. La santificación se opera con un corazón limpio, una conciencia sin dobleces y una conducta intachable, conforme a la voluntad de Dios. Así se cumple la justicia con el pueblo.

3. El culto cristiano es en espíritu y en verdad; se dirige al Padre, por Cristo, en el Espíritu, desde la justicia del reino. Expresa el gran mandamiento de Cristo, no los «preceptos humanos» o las «tradiciones» trasnochadas. Precisamente cuando el culto se convierte en actividad automática, el hombre se vuelve hipócrita, preocupado sólo por las formas externas. También la Iglesia puede caer en la tentación de abandonar el mandamiento de Dios por las tradiciones humanas, o de honrar a Dios con los labios, pero no con el corazón.

REFLEXIÓN CRISTIANA

¿Es nuestra liturgia verdadera, desde el corazón?

¿Que cupo de fariseísmo hay en nuestras vidas?

Casiano Floristán

Read Full Post »

Visitar a los huérfanos

Si la fe en Dios no se expresa en gestos de amor hacia el prójimo, está vacía de contenido.

Las manos limpias

La polémica de Jesús con los fariseos está marcada por la oposición entre una religión formal y exterior y las exigencias reales e interiores del reino de Dios. Los discípulos han comenzado a liberarse de esos preceptos religiosos, los fariseos aprovechan esto para colocar a Jesús fuera de lo que ellos consideran la tradición de su pueblo (cf. Mc 7, 1-5). El Señor responde apoyándose precisamente en la tradición, la auténtica, la que representa el profeta Isaías. Se sitúa así en una gran perspectiva profética: lo que Dios quiere es una conversión del corazón y no palabras o actitudes puramente formales. La demanda de estas últimas no viene de Dios: han sido creadas para evitar las verdaderas exigencias (cf. v. 7-8). Jesús no se limita a este tirón de orejas. Lo proclama en voz alta, a todo el pueblo, para que todos sepan de esa religión fácil e hipócrita que los fariseos predican (cf. v. 14-15). La suciedad no consiste en no lavarse las manos, sino en hacer daño a los demás, en olvidarse de sus necesidades, en creerse «limpio».

Este reclamo del Señor tiene plena vigencia. Los evangelios señalan el fariseísmo como el riesgo de todo creyente. Lo vemos también entre nosotros y en nosotros. Una manera de domesticar el evangelio es convertirlo en un conjunto de reglas formales que basta con observar exteriormente. Quienes lo hacen, o pretenden hacerlo, miran con desprecio a quienes a su juicio viven al margen de ellas. ¡Cuántas veces el pueblo pobre se considera «pecador» porque vive en un mundo complejo y enredado en el que no puede seguir lo que Jesús llama más bien, de acuerdo con Isaías, «preceptos de hombres» (v. 6)! Normas propias de cristianos arrogantes, sin compasión, que tienen las manos limpias, porque no tienen manos, como decía el poeta Péguy.

La religión pura

La verdadera limpieza consiste en poner en práctica la palabra de Dios (cf. Dt 4, 1; Sant 1, 22). Palabra de amor, don de Dios de quien todo viene (cf. Sant 1, 16), que nos exige gestos concretos hacia el prójimo. Visitar a los huérfanos y a las viudas (cf. v. 27). Visitar a las víctimas de la pobreza, la explotación y el olvido significa comprometerse a favor de un orden justo y humano, y en contra de lo que produce muertes, desapariciones y sufrimientos.

Miguel Company, Michael Tomaszek, Zbigniew Strzalkowskit, amigos y hermanos en la esperanza, vinieron a nuestro país a «visitar a los huérfanos», no a lavarse las manos. Por eso fueron a Chimbote y a Pariacoto, se solidarizaron con el pueblo pobre, anunciaron al Dios de la vida. Por visitar a los huérfanos y por no olvidar las necesidades concretas de los pobres fueron —en el caso de Miguel se intentó hacerlo— asesinados. La entrega de sus vidas nos aleja de todo formalismo.

Gustavo Gutiérrez

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: