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Archive for 2/09/18

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿DONDE ESTÁ MUERTE, TU VICTORIA?

¿Dónde está muerte, tu victoria?
¿Dónde está muerte, tu aguijón?
Todo es destello de su gloria,
clara luz, resurrección.

Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.

Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.

Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
Sol de su vida y corazón.

Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y señor,
denos su espíritu esperanza
viva y eterna de su amor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Ant 2. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Salmo 113 B – HIMNO AL DIOS VERDADERO.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

Ant 3. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Ts 2, 13-14

Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad. Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Escuchad y comprended las tradiciones que el Señor os ha dado.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Escuchad y comprended las tradiciones que el Señor os ha dado.

PRECES

Demos gloria y honor a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive para interceder en su favor, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Señor Jesús, sol de justicia que iluminas nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche te pedimos por todos los hombres,
que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre
y santifica a tu iglesia para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz
y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, a tus hijos difuntos
y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios todopoderoso, de quien procede todo don perfecto, infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, aumentes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Hoy, querido amigo, vamos a asistir a una entrevista de los fariseos y letrados de Jerusalén a Jesús. Una entrevista en la que ellos están observando detenidamente todos los pasos y todo lo que hacen los discípulos para ir a quejarse a Jesús. Pero Él les va a dar la gran lección de la pureza de vida, de la limpieza de corazón. Vamos a escuchar primero el texto, que lo vemos en Marcos 7, versículo 1 al 8, versículo 14 al 15 y versículo 21-23. Lo escuchamos:

Se acercaron a Él los fariseos y algunos escribas llegados de Jerusalén, y habiendo observado que algunos de sus discípulos se disponían a comer el pan con manos impuras, es decir, sin lavar, pues los fariseos y todos los judíos, siguiendo la tradición de sus mayores nunca comen sin lavarse cuidadosamente las manos, ni comen de lo que viene del mercado sin haberse purificado, y otras muchas cosas que observan por tradición —purificación de copas, jarros, bandejas y lechos—, los fariseosy escribas le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los antiguos, sino que comen el pan con manos impuras?”. Él les contestó: “¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros según está escrito: «Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí. En vano me dan culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres». Dejando el mandamiento de Dios os aferráis a la tradición de los hombres”. Llamó de nuevo a las gentes y les dijo:“Oídme todos y entended: nada hay fuera del hombre que al entrar en él pueda hacerlo impuro, pero lo que sale del hombre, eso sí que hace impuro al hombre”. Pues decía:“Lo que sale del hombre, eso hace impuro al hombre, porque del interior del corazón de los hombres proceden las malas intenciones: las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, maldades, engaños, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez. Todas estas cosas proceden del interior y hacen impuro al hombre”.

Realmente, cuando leo siempre este texto, se me graba la palabra “corazón” yse me graba la palabra “vacío” y se me graba la palabra “lo que sale de dentro”. Querido amigo, después de ver cómo Jesús es criticado, tentado, puesto a prueba, diciendo que sus discípulos comen con manos impuras, no se someten a las leyes ni a las abluciones que hay que hacer —lavar jarros, vasos, ollas… y todas esas tradiciones—, y se quejan ante Jesús de por qué ellos lo hacen y no lo siguen, Jesús a ti y a mí nos da una gran lección, y tiene esta queja: una queja de un pueblo que vivía enhipocresía, y les dice: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejosde mí. El culto que me dan es vacío”.

Me hace pensar mucho esta frase. Jesús quiere recalcar que no tengamos doble cara, doble faceta, que no hagamos las cosas por cumplir. No quita ningún precepto; lo que le da es sentido, le da el valor y el valor del corazón, el valor del amor. Es hacer de mi vida una vida con corazón. ¿Y qué es hacer de mi vida una vida con corazón? —yo me lo pregunto—. Es amar en todo “hasta que me duela”, como decía la Madre Teresade Calcuta. No es hacer lo que hago, sino cómo lo hago y cuánto amor pongo en lo que hago. Así lo ordinario será, con el amor, extraordinario.

Hoy Jesús se queja y me compromete a revisar mi vida, cómo hago todas las cosas: ¿con un corazón lleno o con un corazón vacío? ¿Con un corazón que ama o con un corazón que cumple? ¿Con un corazón que pone todo su amor en lo que hace o con un corazón disperso, vacío, cumplidor por fuera pero que no tiene nada por dentro, vacío? Quizás mi vida no sea más que un sueño, más que una realidad de amor; mi vida sea como un deber cumplido pero sin amor, sin riqueza, sin gozo, sin misterio, sin el éxito que supone el vivir una vida desde el corazón. ¡Qué lección tan grande me das hoy, Jesús! Me siento recriminada y llamada a pensar mucho esta frase: “Este pueblome honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan estávacío”. Y siento pena cuando reviso mi vida: cumplir… ¡pero cuántos hechos vacíos!… hechos sin poner toda la atención y todo el amor ahí; hechos y realidades y lo tuyo muy rutinario, muy hecho, buena obra, pero sin fruto, sin amor. Es mi incoherencia.

Yo diría que en este encuentro tú y yo nos planteemos la coherencia de vida, no el cumplir sólo unos ritos, unos actos, unas costumbres ya arraigadas que tengo, unas normas, sino ver si esas normas llevan actitud de corazón y actitud de amor. ¡Cómo a Jesús le duele que estos fariseos, estos letrados están hasta el máximo con la ley! Pagan el diezmo de lo pequeño, pero descuidan la misericordia y la fe y el amor. Todoes exterior. Parece como que hoy, Jesús, me dices: “Purifícate por dentro. ¡Cambia tu corazón!”. Por eso se me graba la palabra “dentro”. Y hoy en el texto lo dices muy claro: lo que mancha es lo que sale desde dentro, no lo que nos viene de fuera. ¿Qué tengo yo en mi corazón? ¿Qué pureza tengo? ¿Tengo buenos propósitos pero pocos hechos? ¿Tengo injusticias? ¿Tengo envidias? ¿Tengo orgullos? ¿Qué es lo que tengo?

Querido amigo, tú y yo nos vamos a hacer esta pregunta bajo la mirada misericordiosa de Jesús, nunca en soledad. Porque a veces no vivimos lo que creemos. Pregonamos un mensaje y una vida pero no la practicamos. Hablamos mucho pero nosomos por dentro nada. Campanas que retiñen… ¡nada! Nos falta el amor… nos falta el amor… Por eso en este encuentro, que es de puro silencio, de pura reflexión, me voy a preguntar qué es lo que tengo dentro, cómo cumplo lo que tengo que hacer, qué hago,cómo es mi vida. Y que se me grabe fuerte, muy fuerte, la palabra “corazón”, “vacío” y “lo que sale de dentro”. Que mis labios —lo que pronuncien—, tengan amor, tengan corazón.

Cómo le duele a Jesús “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos… lejos…”. Jesús nos llama a suavizar, a limpiar nuestro corazón y a ver lo que me mancha y lo que está mal en nuestro interior. Por eso se lo vamos a pedir mucho hoy y vamos a estar profundamente centrados en esta frase que Jesús les dice. También nos va a decir Jesús, como a los fariseos y a estos doctores, nos va a decir: “Sí, tú me haces muchas cosas, pero estás muy lejos de mí. Tienes un corazón nada limpio. Tienes de todo dentro. Tu vida es una vida insuficiente, floja, vacía, sin vida”. Y medirás también: “Me gusta lo que haces pero Yo veo cómo lo haces, cuánto amor pones, qué fe pones, cómo trabajas, cómo te esfuerzas para que esté lleno de amor hacia mí y hacia los demás”. No se trata de lo que hacemos, sino se trata de cómo lo hacemos.

Hoy, y en este encuentro, le vamos a pedir a Jesús: “Jesús, entra en mi corazón, limpia, corta, quema todo lo que veas que no está bien y dame una sensibilidad fuerte para tener un corazón ardiente y amoroso y poner ese amor en todo lo que haga. Que te atienda a ti con todo amor, que asista a todo lo tuyo con amor, que trabaje con amor, que lo que haga sea con amor. Que no sea nada vacío y simplemente por cumplir un precepto. Entra en mi corazón y llénalo de bondad, de amor, y quita todo lo nocivo, lo sucio, todo lo que brota de un corazón que no es tuyo”.

Hoy también siento la tristeza tuya al ver que estos hombres están mirando escrupulosamente a los demás, y ellos no hacen nada de lo que critican a los demás. Que yo esté en ti y no esté pendiente de nada ni de nadie, sino de amarte, de quererte y de poner todo eso que siento dentro, y eso que siento que eres Tú, que lo ponga ahí con todo amor. Que mi corazón sea con una pureza no legal, sino una pureza de vida. Que aprenda a hacer todas las cosas desde el corazón: que hable con corazón, que piense con corazón, que actúe con corazón, que viva con corazón.

Termino contigo y me quedo pensando lo que sale de mi corazón: actitudes, gestos, pensamientos… todo. Pero confío en que Tú me lo vas a arreglar, me lo vas alavar, me lo vas a cuidar. En ti pongo toda mi confianza, Señor, ayúdame para que mi vida no sea una farsa, mi vida sea una realidad vivida desde el fondo del corazón y con todo amor. Que al final del día y al final de mis días y al final de mi historia no tenga un calendario vacío, muy luminoso, muy llamativo, pero vacío porque mi corazón está lejos de ti. Ayúdame. Que así sea. Que así pueda vivir como Tú quieres y que te ame de todo corazón y con toda entereza desde mi propia vida, que nace sólo de la fuente tuya y acudiendo a ti y estando en ti y pensando en ti.

Le pido a la Virgen que nos ayude en este camino y que Ella purifique, lave, como buena Madre, todo eso que sale de dentro, para que mi vida sea una vida espléndida de amor, de alegría y de felicidad en ti.

Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

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Hemos celebrado ayer la festividad de San Agustín. Uno de sus Escritos más bellos y mejor conocidos es sin duda alguna el Libro de sus Confesiones – “confesiones” no por supuesto en el sentido de “confesión de pecados” cuanto en el sentido de “confesión o proclamación de las maravillas de Dios en su vida.

Ahora bien, hay un profeta del Antiguo Testamento que también nos ha dejado sus “Confesiones”. Al es por otra parte el título que se le ha dado a una parte del libro de Jeremías, justamente la parte de donde se ha tomado la perícopa que hemos escuchado como primera lectura de esta Eucaristía.

Jeremías es una de las figuras más patéticas del Antiguo Testamento. No era de esa naturaleza ardiente y poderosa que cabe esperar de un profeta. Era débil, sensible en extremo, un tanto depresivo. Y por fidelidad a la misión recibida de Dios – una misión que trató de rehuir – hubo de transmitir de continuo al pueblo un mensaje que éste no quería escuchar. En determinados momentos se sentía como engañado por Dios, enmarañado en lazos de amor. Para describir la violencia co la que había entrado Dios en su vida, utiliza un lenguaje explícitamente sexual:”Tú me has seducido, y yo me he dejado seducir, me has hecho violencia (en hebreo: “Me has violado”), y has acabado por vencer”.

Si pasamos ahora al Evangelio, podemos ver que esa misma fue la experiencia de Jesús. Tras la confesión de fe de Pedro en Cesarea de Filipo, que hemos podido escuchar en la lectura del Evangelio del pasado Domingo, Jesús comienza a hablar de su muerte a sus discípulos. Más tarde hablará de os a las muchedumbres; pero es preciso que en primer lugar vaya preparando a sus discípulos: “Jesús comenzó a decir abiertamente a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y sufrir…ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Hay en esta frase del Evangelio una palabra de suma importancia:. El verbo deber. “…comenzó diciéndoles abiertamente que debía ir a Jerusalén…” La muerte de Jesús no fue en su vida algo que le venía del exterior, algo así como un accidente que le ocurre a alguien, por pura casualidad. Esta muerte formaba parte de su destino, o mejor dicho, de su misión. Debía morir. Jesús fue obediente a esta misión, obedeciendo hasta la mere, a pesar del miedo y de la angustia que podía sentir.

Tras de lo cual, en la segunda parte del Evangelio, oímos a Jesús que prepara a sus discípulos a que también ellos acepten su muerte, con la misma actitud, con idéntico empeño.:”Si quiere venir alguien tras de mi, que se renuncie a si mismo, que cargue con su cruz…” Es preciso, debe, estar dispuesto a perder su propia vida. Se trata de algo mucho más importante que el “hacer sacrificios”. En efecto, no pocos están dispuestos a sacrificarse, pero no lo están a darse. Ahora bien, es eso precisamente lo que Jesús pide.

Si somos fieles a nuestra misión de Cristianos, si seguimos las huellas de Cristo, se nos presentarán numerosas ocasiones en las que habremos de escoger entre: obrar bien como todo el mundo o morir a nosotros mismos; entre recibir la aprobación de la muchedumbre o morir a nosotros mismos; entre seguir la corriente o morir a nosotros mismos. Nos será entonces posible descubrir, como Jesús, que debemos morir. Se trata de un “deber”, de un aspecto de nuestra misión. En esta muerte reside la plenitud de la vida.

Todo lo cual introduce en nuestra vida una tensión, un sentimiento de urgencia que expresaba Jeremías de manera admirable en sus Confesiones: “Yo me decía: ‘ No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre’ Pero en mi corazón ardía un fuego ardiente, prisionero en mis huesos…”

Cuando nos vemos tentados a refugiarnos en el silencio de la complicidad, cuando quisiéramos escaquear nuestra misión de testigos, que arda el amor de Cristo cual fuego ardiente en nuestros corazones y en nuestros huesos. Que el pan que vamos a comer esta mañana sea en nosotros cual fuego devorador que nos proteja contra toda forma contra toda forma de cobardía o de infidelidad y nos haga capaces de amar hasta morir por ello.

A. Veilleux

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Di a Cristo indistintamente.
Lo di a todos los que se acercaban a la mesa, aunque no supieran nada sobre la Eucaristía.
Se lo di al patrón que paga medio jornal a quien trabaja doce horas.
Se lo di al muchacho retrasado, que se reía mietnras me mojaba los dedos.
Se lo di a la madre de familia, que se persignó tres veces antes de recibirlo.
Se lo di al viejecito que se enjuagó la boca cinco veces antes de encontrarse con Jesús, el puro.
En esa mesa aparecen todo tipo de hermanos.
A ella van los buenos, los puros, los pecadores, los escrupulosos, los desorientados, los tradicionalistas, los progresistas, los teólogos, los filósofos, los supersticiosos, los cumplidores de promesas, los niños y los semiadultos en la fe.
Para ser coherente, yo debería negárselo a algunos hermanos de los que se acercan a la mesa. Muchos de ellos no saben ni por qué ni para qué se ponen en esa fila.
Para ser caritativo, yo debería educarles en la fe antes de darles a Cristo.
Ya me he preguntado si quizás no he dado el cuerpo y la sangre de Cristo a los indignos. Realmente las apariencias indican que muchos se acercan a la cena sin llevar el traje nupcial.
Sin embargo, entre los indignos acaso sea yo el primero.
Entre los necesitados, tal vez yo parezca, sin serlo, el último.
Como Jesucristo no me dio ningún termómetro para medir el calor humano que se esconde bajo esas apariencias, yo administro. Doy el cuerpo y la sangre de Cristo a quien, si no, se alejaría un poco más.
Es posible que yo haya echado perlas a los cerdos, según la dura expresión evangélica.
Es posible… Pero no tengo la certidumbre de estar ante un degradado o ante un hijo de Dios, prefiero creer que estoy dando alimento a quien tiene hambre.
Es posible que yo haya distribuido el cuerpo y sangre de Cristo a mucho alejados. De habérselo negado, no por eso hubiera dejado yo de oír en mi interior el eco qeu me resuena y persigue sin tregua:
— Si es que están alejados, ¿quién les ha separado de Cristo?
Por eso les administré el sacramento…
P. Zezinho

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64. La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha.

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Lectio: Domingo, 2 Septiembre, 2018

Sobre lo que es puro o impuro
Jesús realiza el gran diseño del pueblo: estar en paz con Dios
Marcos 7,1-8.14-15.21-23

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El Evangelio de este 22º Domingo del Tiempo Ordinario describe las costumbres religiosas de la época de Jesús, habla de los fariseos que enseñaban al pueblo estos usos y costumbres y sobre las instrucciones de Jesús con respecto a estos temas. Muchos de estos usos y costumbres habían ya perdido su significado y hacían muy difícil la vida del pueblo. Los fariseos veían pecado en todo y amenazaban con el castigo del infierno. Por ejemplo, comer sin lavarse las manos, era considerado un pecado. Pero estos usos y costumbres seguían siendo transmitidos y enseñados o por miedo o por superstición. ¿Tú conoces cualquier uso religioso actual que haya perdido su significado, pero que se sigue enseñando? En el transcurso de la lectura del texto trataremos de poner atención a la conducta de Jesús, a lo que Él dice con respeto a los fariseos y a lo que Él enseña en relación con los usos religiosos enseñados por los fariseos.

El texto de la liturgia de este domingo hace una selección y omite algunos versículos para hacer el texto menos largo y más comprensible. A continuación, damos el texto íntegro y ofreceremos un comentario también de los versículos omitidos por la liturgia. Las partes omitidas por la liturgia van en cursiva

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

Marcos 7,1-2: Ataque de los fariseos y libertad de los discípulos
Marcos 7,3-4: Explicación de Marcos sobre la Tradición de los Ancianos
Marcos 7,5: Escribas y fariseos critican el comportamiento de los discípulos de Jesús
Marcos 7,6-8: Dura respuesta de Jesús sobre la incoherencia de los fariseos
Marcos 7,9-13: Ejemplo concreto de cómo los fariseos vaciaban de contenido el mandamiento de Dios
Marcos 7,14-16: Aclaración de Jesús a la gente: un nuevo camino para llegar a Dios
Marcos 7,17-23: Aclaración de Jesús a los discípulos.

c) El texto:

Marcos 7,1-8.14-15.21-231 Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. 2 Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, 3 -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, 4 y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-. 5 Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?» 6 Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7 En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. 8 «Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.»

9 Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. 11 Pero vosotros decís: Si uno dice a su padre o a su madre: `Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán -es decir: ofrenda-‘, 12 ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, 13 anulando así la palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»

14 Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. 15 Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.

16 Quien tenga oídos para oír, que oiga.» 17 Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. 18 Él les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, 19 pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» -así declaraba puros todos los alimentos-. 20 Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.

21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, 22adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. 23 Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención? ¿Por qué?
b) Según el texto ¿cuáles son las costumbres que los fariseos enseñaban a la gente?¿Qué crítica hace Jesús en relación con los fariseos?
c) En el texto ¿cuál es el nuevo camino que Jesús señala a la gente para llegar a Dios?
d) En nombre de la “tradición de los antiguos” no observaban los mandamientos. ¿Sucede esto hoy? ¿Dónde y cuándo?
f) Los fariseos eran judíos practicantes, pero su fe estaba separada de la vida de la gente. Por esto Jesús los critica. ¿Nos criticaría hoy Jesús? ¿En qué?

5. Para aquéllos que quieren profundizar en el tema

a) Contexto de entonces y de hoy:

i) Durante la lectura de esta Lectio miramos de cerca el comportamiento de Jesús respecto a la pureza. Marcos había ya afrontado este tema. En Mc 1,23-28, Jesús arroja un demonio impuro. En Mc 1,40-45, cura un leproso. En Mc 5,25-34, cura a una mujer considerada impura. En otros diversos momentos, Jesús toca a enfermos físicos sin miedo de convertirse impuro. Ahora, aquí, en el capítulo 7º, Jesús ayuda a la gente y a los discípulos a profundizar el concepto de pureza y las leyes de la pureza.

ii) Desde siglos, los judíos, para no contraer la impureza, tenían prohibido entrar en contacto con los paganos y de comer con ellos. En los años 70, época en la que Marcos escribe su evangelio, algunos judíos convertidos decían: “¡Ahora que somos cristianos debemos abandonar las antiguas usanzas que nos separan de los paganos convertidos!”. Pero otros judíos convertidos pensaban que se debía continuar observando las leyes relativas a la pureza. La conducta de Jesús, descrita en el evangelio de hoy, ayuda a superar este problema

b) Comentario del texto:

Marcos 7,1-2: Control de los fariseos y libertad de los discípulos
Los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén, observaban que los discípulos de Jesús comían el pan con manos impuras. He aquí tres puntos que merecen ser señalados: (i) ¡Los escribas son de Jerusalén, de la capital! Esto significa que habían venido para observar y controlar los pasos de Jesús. (ii) ¡Los discípulos no se lavan las manos antes de comer! Significa que la convivencia con Jesús les da valor para transgredir las normas impuestas por la tradición, pero que no tienen sentido para la vida.(iii) La costumbre de lavarse las manos, que continúa siendo hoy una importante norma de higiene, había tomado para ellos un significado religioso que servía para controlar y discriminar a las personas.

Marcos 7,3-4: Explicación de Marcos sobre la tradición de los antiguos
“Las tradiciones de los antiguos” transmitía las normas que debían ser observadas por la gente para poder obtener la pureza legal querida por la ley. La observancia de la pureza era un tema muy serio. Se pensaba que una persona impura no podría recibir la bendición prometida por Dios a Abrahán. Las normas de la pureza eran enseñadas de modo que, las personas, observándolas, pudiesen tener un camino hacia Dios , fuente de paz. En realidad, en vez de ser una fuente de paz, era una prisión, una esclavitud. Para los pobres, era prácticamente imposible observarla. ¡Se trataba de centenares y centenares de normas y de leyes! Por esto, los pobres eran despreciados y considerados personas ignorantes y malditas que no conocían la ley (Jn 7,49)

Marcos 7,5: Escribas y fariseos critican el comportamiento de los discípulos de Jesús
Los escribas y fariseos preguntan a Jesús: ¿Por qué tus discípulos no viven según la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?¡Ellos fingen estar interesados por conocer el porqué de la conducta de los discípulos! En realidad, critican a Jesús por permitir a los discípulos transgredir las normas de la pureza. Los escribas y los doctores de la leyeran los encargados de la doctrina. Dedicaban su vida al estudio de la Ley de Dios, sobre todo las normas relativas a la pureza. Los fariseos formaban una especie de hermandad, cuya preocupación principal era la de observar todas las leyes relativas a la pureza. La palabra fariseo significa separado, Ellos luchaban de modo que, a través de la observancia perfecta de las leyes de la pureza, la gente consiguiese ser pura, separada y santa como lo exigían la Ley y la Tradición. Gracias a los testimonios ejemplares de sus vidas que seguía las normas de la época, ellos tenían mucha autoridad en las aldeas de Galilea.

Marco 7,6-8: Dura repuesta de Jesús ante la falta de coherencia de los fariseos
Jesús responde citando a Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombre. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Is 29,13)

Por que los fariseos, insistiendo en las normas de la pureza, vaciaban de consistencia los mandamientos de la ley de Dios. Jesús presenta enseguida un ejemplo concreto de cómo vuelven insignificante el precepto de Dios.

Marcos 7,9-13: Ejemplo concreto de cómo los fariseos convertían inconsistente el mandamiento de Dios
La “tradición de los antiguos” enseñaba: el hijo que consagra sus bienes al Templo, no podrá ya usar estos bienes para ayudar a sus padres necesitados. Y así, en nombre de la tradición, ellos desvanecían el cuarto mandamiento que manda amar al padre y a la madre. Hoy en día encontramos personas que obran así. Parecen muy observantes, pero lo son sólo externamente. Internamente, el corazón lo tienen lejos de Dios. Como dice un canto que se cantaba en las eucaristías hace años: “Su nombre es el Señor y pasa hambre, y vive al intemperie en la calle y todos los que lo ven pasan de largo, seguros de llegar temprano al templo”. En tiempos de Jesús, el pueblo, en su sabiduría, no estaba de acuerdo con todo lo que se enseñaba. Esperaba que un día el Mesías viniese a señalar otro camino para ser puros. Esta esperanza se realiza en Jesús.

Marcos 7,14-16: Aclaración de Jesús a la gente: un nuevo camino para llegar hasta Dios
Jesús dice a la gente: “No hay nada fuera del hombre, que entrando en él, pueda contaminarlo” (Mc 7,15). Jesús invierte las cosas: lo que es impuro no viene de fuera hacia dentro, como enseñan los doctores de la ley, sino de dentro hacia fuera. Y así, ninguno tienen necesidad de preguntarse si este alimento o bebida son puros o no. Jesús coloca lo que es puro o impuro en otro nivel, sobre el nivel del comportamiento ético. Abre un camino para llegar hasta Dios, y así, realiza el deseo más profundo de la gente. Y Jesús termina su aclaración con una expresión que a Él le gusta mucho usar: “¡Quien tengas oídos para oír que oiga! O sea: ¡Esto es lo hay! ¡Lo habéis oído! ¡Ahora tratad de entenderlo!” Dicho con otras palabras, usad la cabeza y el buen sentido y analizad las cosas partiendo de la experiencia que tenéis de la vida.

Marcos 7,17-23: Aclaración de Jesús a los discípulos
Los discípulos no acaban de entender lo que Jesús quería decir con aquella afirmación. Cuando llegaron a casa pidieron una explicación. Esta petición dejó maravillado a Jesús. Pensaba que al menos ellos lo hubiesen entendido. La explicación va hasta el fondo de la cuestión de la pureza. Declara puros todos los alimentos. O sea, ningún alimento que desde fuera entra en el ser humano podrá volverlo impuro, porque no va al corazón, sino al estómago y termina en el excusado. Lo que vuelve impuro, dice Jesús, es lo que desde dentro, desde el corazón, sale para envenenar las relaciones humanas. Y las enumera: Fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, calumnia, soberbia, insolencia, insensatez” Así, de muchos modos, por medio de la palabra, del gesto o de la convivencia, Jesús ayudaba a las personas a ser puras. Por medio de la palabra, purificaba a los leprosos (Mc 1,40-44), arrojaba los espíritus inmundos (Mc 1,26-39; 3,15.22 etc.) y vencía la muerte, fuente de todas las impurezas. Por medio del gesto, la mujer considerada impura vuelve a ser limpia (Mc 5,25-34). Por medio de la convivenciacon Jesús, los discípulos se ven animados a imitar a Jesús que, sin miedo de contaminarse, come con las personas consideradas impuras. (Mc 2,15-17),

c) Ampliando conocimientos:

Las leyes de la pureza y de la impureza en tiempos de Jesús

La gente de aquella época tenía una gran preocupación por el problema de la pureza. Las normas sobre la pureza indicaban las condiciones necesarias para poder ponerse en presencia de Dios y sentirse a gusto ante Él. No se podía estar delante de Dios de cualquier modo. Porque Dios es Santo. La Ley decía: “¡Sed santos, porque Dios es Santo!” (Lev 19,2). Quien no se hallaba puro no podía ponerse delante de Dios para recibir la bendición prometida a Abrahán.
Para entender la seriedad y la gravedad de estas leyes sobre la pureza conviene recordad lo que sucedía en nuestras iglesias hace ahora unos cincuenta años. Antes del Concilio Vaticano II, para poder comulgar por la mañana era necesario estar en ayunas desde la media noche precedente. Quien comulgaba sin haber ayunado cometía pecado mortal llamado sacrilegio. Se pensaba que un poco de alimento o algo de beber nos volvía impuros para recibir la hostia consagrada.
También en el tiempo de Jesús había muchas cosas y actividades que volvían impuras a las personas, imposibilitadas de ponerse delante de Dios: tocar un leproso, comer con publicanos, comer sin lavarse las manos, tocar la sangre o el cadáver y otras muchas. Todo esto volvía impura a las personas y el contacto con estas personas contaminaba a otros. Por esto, estas personas “impuras” debían ser evitadas. La gente vivía apartada, siempre amenazada de tantas cosas impuras que amenazaban su vida. Todos vivían bajo el miedo, temerosos de todo y de todos.
Ahora, con la venida de Jesús, de improviso, todo cambia. Por la fe en Jesús, era posible obtener la pureza y sentirse cómodo delante de Dios, sin que fuese necesario observar todas aquellas leyes y normas de la “tradición de los antiguos”. ¡Fue una verdadera y propia liberación! La Buena Noticia anunciada por Jesús hace salir al pueblo de la defensiva y le restituye las ganas de vivir, la alegría de ser hijos de Dios, sin miedo a ser felices.

6. Plegaria del Salmo 24 (23)

¡Quien puede subir a la montaña de Dios!

De Yahvé es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y cuantos lo habitan,
pues él lo fundó sobre los mares,
lo asentó sobre los ríos.

¿Quién subirá al monte de Yahvé?
¿quién podrá estar en su santo recinto?
El de manos limpias y puro corazón,
el que no suspira por los ídolos
ni jura con engaño.
Ése logrará la bendición de Yahvé,
el perdón de Dios, su Salvador.
Ésta es la generación que lo busca,
la que acude a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Puertas, alzad los dinteles,
levantaos, antiguos portones,
y que entre el rey de la gloria!

¿Quién es el rey de la gloria?
Yahvé, el fuerte, el valiente,
Yahvé, valiente en la lucha.
¡Puertas, alzad los dinteles,
levantaos, antiguos portones,
y que entre el rey de la gloria!
¿Quién es el rey de la gloria?
Yahvé Sebaot,
él es el rey de la gloria.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Este conflicto de Jesús con los fariseos y los maestros de la ley indica, con suficiente claridad, el rechazo que el mismo Jesús expresó respecto a los ritos religiosos. Los ritos (sociales, culturales, deportivos, militares, religiosos…) son fundamentales para la pervivencia de las sociedades humanas. Y en las religiones, los ritos son tan importantes que constituyen todo el sistema de signos que mantiene a la religión. Pero los ritos tienen un inconveniente importante: son acciones que, debido a la exactitud y al rigor de su observancia, “se constituyen en un fin en sí mismos”. Lo cual tiene una consecuencia fatal. Que consiste en que el “rito” se separa de la “conducta” del observante de ese rito.

Por eso, este evangelio pone al descubierto el peligro de engaño que tiene la religión. Es el engaño que se produce en todo el que antepone el ritual a la ética. Porque la honradez, la bondad, la sinceridad, la honestidad, todo eso no nace del ritual, sino del corazón. Jesús lo afirma rotundamente. Y la vida nos enseña que hay gente que se pasa años observando escrupulosamente rituales, sacramentos y observancias, pero sabemos que, después de tantos años de fidelidades religiosas, el observante sigue teniendo los mismos defectos y las mismas miserias humanas que tenía hace años, quizá muchos años.

De ahí que lo importante, para Jesús y para nuestra vida, no son los gestos externos (lavatorios, gestos corporales, utilización de objetos sagrados…), sino lo que nos sale de dentro, de nuestros sentimientos y de nuestras experiencias más profundas. Es decir, lo importante no son los “ritos”, sino los “símbolos”,que son la expresión de nuestras experiencias más hondas y más auténticas: una mirada, un beso, un abrazo, la expresividad de nuestro rostro. Estos gestos simbólicos son los que dicen lo que somos de verdad.

José María Castillo

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