I Vísperas – Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. (FIESTA)

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LUZ MENSAJERA DE GOZO.

Luz mensajera de gozo,
hermosura de la tarde,
llama de la santa gloria,
Jesús, luz de los mortales.

Te saludamos, Señor,
oh luz del mundo que traes
en tu rostro sin pecado
pura la divina imagen.

Cuando el día se oscurece,
buscando la luz amable
nuestras miradas te siguen
a ti, lumbre inapagable.

Salve, Cristo venturoso,
Hijo y Verbo en nuestra carne,
brilla en tu frente el Espíritu,
das el corazón del Padre.

Es justo juntar las voces
en el descanso del viaje,
y el himno del universo
a ti, Dios nuestro, cantarte.

Oh Cristo que glorificas
con tu vida nuestra sangre,
acepta la sinfonía
de nuestras voces filiales. Amén.

SALMODIA

Ant 1. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Ant 2. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Ant 3. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

LECTURA BREVE   Hb 13, 20-21

El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los oídos de los sordos se abrirán y la lengua del mudo cantará: es Dios mismo quien nos viene a salvar. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los oídos de los sordos se abrirán y la lengua del mudo cantará: es Dios mismo quien nos viene a salvar. Aleluya.

PRECES

Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:

Escúchanos, Señor.

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;
haz que no sean estériles, sino que den fruto, encontrando un corazón noble de nuestra parte.

Dios nuestro, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo,
y enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,
y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

A ti, que eres el médico de las almas y de los cuerpos,
te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos,
cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que nos has enviado la redención y concedido la filiación adoptiva, protege con bondad a los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra fe en Cristo, la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 8 de septiembre

Lectio: Sábado, 8 Septiembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 1,1-16.18-23
Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró, de la mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés,
Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos,
cuando la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín,
Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ajín, Ajín engendró a Eliud,
Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».
3) Reflexión
• Hoy, 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, el evangelio nos presenta la genealogía o el carné de identidad de Jesús. Por medio de una lista de nombres de los antepasados, el evangelista cuenta a las comunidades quién es Jesús y cómo Dios actúa de forma sorprendente para cumplir en él su promesa. Nuestros carnés de identidad llevan nuestro nombre y el nombre de nuestro país. Algunas personas, para decir quiénes son, recuerdan también todos los nombres de los antepasados de la familia. Otras se avergüenzan de algunos de ellos, y se esconden detrás de apariencias que engañan. El carné de identidad de Jesús tiene muchos nombres. En la lista de estos nombres hay una gran novedad. En aquel tiempo, las genealogías traían a menudo los nombres de hombres. Por esto extraña el que Mateo coloque a cinco mujeres entre los antepasados de Jesús: Tamar, Raab, Ruth, la mujer de Urías y María. ¿Por qué escogió exactamente a estas cinco mujeres y no a otras? Esta es la pregunta que el evangelio de Mateo deja en nuestra cabeza.
• Mateo 1,1-17: La larga lista de nombres – el comienzo y el final de la genealogía. En el comienzo y en el final de la genealogía, Mateo deja claro cuál es la identidad de Jesús: él es el Mesías, hijo de David e hijo de Abrahán. Como descendiente de David, Jesús es la respuesta de Dios a las expectativas del pueblo judío (2 Sam 7,12-16). Como descendente de Abrahán, es una fuente de bendición y de esperanza, para todas las naciones de la tierra (Gén 12, 13). Así, tanto los judíos como los paganos que formaban parte de las comunidades de Siria y de Palestina, en la época de Mateo, ambos podían ver sus esperanzas realizadas en Jesús.
Al elaborar la lista de los antepasados de Jesús, Mateo adoptó un esquema de 3 x 14 generaciones (Mt 1,17). El número 3 es el número de la divinidad. El número 14 es dos veces 7, que es el número de la perfección. En aquel tiempo, era común interpretar o calcular la acción de Dios a través de números y fechas. Por medio de estos cálculos simbólicos, Mateo revela la presencia de Dios a lo largo de generaciones y expresa la convicción de las comunidades: Jesús apareció en el templo establecido por Dios. Con su llegada la historia alcanza su pleno cumplimiento.
• El mensaje de las cinco mujeres citadas en la genealogía. Jesús es la respuesta de Dios a las expectativas tanto de judíos como de paganos, sí, pero lo es de una forma totalmente sorprendente. En las historia de las cuatro mujeres del AT, citadas en la genealogía, existe algo anormal. Las cuatro eran extranjeras, concibieron a sus hijos fuera de los patrones normales del comportamiento de la época y no satisficieron las exigencias de las leyes de la pureza en el tiempo de Jesús. Tamar, una cananea, viuda, se vistió de prostituta para obligar a Judá a que fuera fiel a la ley y a darle un hijo (Gén 38,1-30). Raab, una cananea, prostituta de Jericó, hizo alianza con los israelitas. Los ayudó a entrar en la Tierra Prometida y profesó su fe en Dios libertador del Éxodo (Js 2,1-21). Betsabé, una hitita, mujer de Urías, fue seducida, violentada y fue puesta encinta por el rey David, que, además de esto, mandó matar a su marido (2 Sam 11,1-27). Rut, una moabita, viuda pobre, optó por quedar con Noemí y adhirió al Pueblo de Dios (Rut 1,16-18). Aconsejada por la suegra Noemí, Rut imitó a Tamar y pasó la noche en la era, junto a Booz, forzándolo a que observara la ley y a que le diera un hijo. De la relación entre los dos nació Obed, el abuelo del rey David (Rut 3,1-15; 4,13-17). Estas cuatro mujeres cuestionan los patrones de comportamiento impuestos por la sociedad patriarcal. Asimismo, sus iniciativas poco convencionales darán continuidad al linaje de Jesús y traerán la salvación de Dios para todo el pueblo. Fue a través de ellas que Dios realizó su plan y envió al Mesías prometido. ¡Realmente, la manera de actuar de Dios sorprende y hace pensar! Al final, el lector o la lectora queda con una pregunta: ¿Y María? ¿Existe también en ella alguna irregularidad? ¿Cuál?” La respuesta nos la da la historia de San José que sigue en el texto (Mt 1,18-23).
• Mateo 1,18-23: San José era justo. La irregularidad en María es que ella quedó embarazada antes de convivir con José, su esposo prometido, que era un hombre justo. Jesús dice: “Si vuestra justicia no es mayor que la justicia de los fariseos y de los escribas, no vais a poder entrar en el Reino de los cielos”. Si José hubiese sido justo según la justicia de los fariseos, hubiera tenido que denunciar a María y ella hubiera sido apedreada. Jesús hubiera muerto. Gracias a la verdadera justicia de José, Jesús pudo nacer.
4) Para la reflexión personal
• Cuándo me presento a los demás, ¿qué digo de mí y de mi familia?
• Si el evangelista coloca apenas estas cinco mujeres al lado de más de cuarenta hombres, sin duda, quiere comunicar un mensaje. ¿Cuál es este mensaje? ¿Qué nos dice todo esto sobre la identidad de Jesús? ¿Qué nos dice sobre nosotros mismos?
5) Oración final
Alábente, Yahvé, tus creaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas. (Sal 145,10-11)

Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

En este evangelio se relata un hecho prodigioso, cosa que se advierte únicamente al final del episodio. La gente llegó al colmo del asombro, al ver lo que Jesús había hecho. ¿Qué es lo que había hecho? Muy sencillo: había conseguido que un sordomudo pudiera oír y pudiera hablar. Es decir, Jesús había logrado que un hombre, que vivía incomunicado, se pudiera comunicar. Eso fue todo. Pero eso, a juicio de aquellas gentes, resultó ser algo asombroso. Algo que, por lo visto, era mucho y representaba mucho. Hacer de la incomunicación una verdadera comunicación es un portento que produce en los seres humanos el “colmo del asombro”. ¿Por qué es esto tan asombroso?

Porque, si ya era complicada y difícil la verdadera comunicación humana en tiempos de Jesús, indeciblemente más difícil lo es hoy, precisamente hoy, en estos tiempos, en los que tenemos la tecnología de la comunicación más desarrollada. Tan desarrollada que jamás se pudo imaginar que llegásemos a tales avances y tanta perfección. Y sin embargo cada día nos entendemos menos y nos comunicamos menos. ¿Por qué? Porque nos sobra “información” y nos falta “comunicación”. Más aún: en la misma medida en que se desarrollan las técnicas de la información, en esa mismísima medida se empobrece la auténtica comunicación entre las personas.

La actualidad de este evangelio es apasionante. Vivimos en la sociedad de las tecnologías de la información. Las tecnologías que nos sacian de noticias, pero nos ocultan las verdades. Y, sobre todo, nos alejan de las personas, de los problemas de las personas, del dolor y la alegría que viven los seres humanos. Sabemos mucho de los demás, pero no los conocemos, sus verdaderos problemas no nos interesan, no nos importan, no los sentimos como nuestros. Y así, lo que ocurre es que cada día estamos más solos. Y terminamos siendo más egoístas. Hoy tenemos una excelente “teoría de la acción comunicativa”. Pero el hecho es que la información (manipulada) está haciendo cada día más complicada la verdadera comunicación que hace más transparentes a las personas.

José María Castillo

Me cansé de ser profeta

Pero un día volví completamente frustrado a mi querida soledad. ¡Ya no conseguía perdonar! (Yo tenía un pequeño mundo, que llamaba “Mi monte Alvernia”, donde me retiraba cuando el mundo bullicioso me colmaba la paciencia.)
— ¡Me cansé! —dije, y me puse a mirar a mi amigo.
— ¿De qué te cansaste?
— De ser profeta, Señor. ¡Es una dosis demasiado recargada para un hombre de estatura interior tan pequeña como la mía!
— Pero un profeta no necesita ser grande. Basta que tenga tiempo y esté disponible. Mi Padre trabaja con un instrumento de cualquier tamaño.
— ¡Eso no está bien, Señor! —repliqué, y añadí casi a grito pelado—: Lo que quiero decir es esto:
Yo no sé remar contra la corriente; y el profeta es un hombre que tiene que vivir remando contra la corriente.
 
— Calma —me dijo él—. Gritando no comunicas nada. ¿Qué historia es ésa de remar contra la corriente?
— Es esto, Señor: A mí me parece que el mundo no tiene interés en seguir un camino de amor. Yo lo sé. ¡Nadie hace caso de nada! Es el cine sucio y nauseabundo, es la televisión vacía y alienante, es el libro pornográfico, es el triunfo del pillo y del canalla, es el aumento de la criminalidad, es el engaño, es la explotación en el comercio, es el burlar las leyes, es la injusticia que todos cometen por lo menos un poquito ada día, es la provocación contra la moralidad, contra la religión, contra la decencia, contra las leyes de mi pueblo… ¡eso es lo que la gente sigue! De lo demás, nadie quiere saber nada. Desde que tú viniste al mundo, casi nada ha cambiado. Incluso algunos de los grandes devotos de todo lo que tú dijiste, se apoyan en esas cosas para hacer exactamente lo contrairo de lo que tú querías. ¡Este no va a ser nunca un mundo decente!
Pido la dimisión de profeta. Es inútil remar contra corriente. Para empezar… ¡yo no tenía que haber aceptado este papel de profeta!
— Como quieras —me dijo él—. Yo sólo quisiera recordarte que al final de la corriente hay un abismo.
Si quieres vivir esa experiencia, allá tú. Luego no vengas a decirme que no lo sabías. Ya he tenido a quien consiguió remar en contra y llegar al lugar donde las aguas son pacíficas y tranquilas. Piénsalo un poco, y luego vienes a presentar la dimisión. Mientras, ¡júntate a su grupo!
— ¿Al grupo de quien, Señor?
— Al de los pillos y canallas que acompañan la fatalidad del mal. ¿No me hablabas de ellos hace poco?
Pillería…, canallada…, abismo…, desaliento…
No me gustó. ¡Preferí seguir remando!
P. Zezinho

Gaudete et exsultate (Francisco I)

70. Lucas no habla de una pobreza «de espíritu» sino de ser «pobres» a secas (cf. Lc 6,20), y así nos invita también a una existencia austera y despojada. De ese modo, nos convoca a compartir la vida de los más necesitados, la vida que llevaron los Apóstoles, y en definitiva a configurarnos con Jesús, que «siendo rico se hizo pobre» (2 Co 8,9).

Ser pobre en el corazón, esto es santidad.

«Felices los mansos, porque heredarán la tierra»

Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

Situación

La personalización es un proceso, no sólo en cuanto la vida es tiempo, sino, radicalmente, en cuanto es transformación gradual. A veces, la transformación se da de repente, en el camino de Damasco. Se le llama «la gracia tumbativa». En la historia de los creyentes hay momentos en que irrumpe la Gracia y se da un viraje. Más tarde comenzará a entenderse que el cambio repentino estaba precedido por cierto proceso crítico, por una especie de tensión acumulada. Ocurre, además, que estos cambios producen la ilusión de haber superado todas las dificultades. Cuando pasa la intensidad del golpe, si la transformación es del Espíritu Santo, permanecen los frutos esenciales del cambio (nuevo sentido de la existencia, paz, emergencia de la vida teologal), pero vuelven las tendencias que se creían superadas (ansiedades sicológicas, reacciones temperamentales, etc.).

En la mayoría de los casos, la transformación no es repentina, sino gradual. Es al cabo de cierto tiempo, cuando, mirando retrospectivamente, nos hacemos conscientes de la transformación vivida.

Contemplación

— La lectura de Is 35 habla en términos irruptivos para destacar la fuerza transformadora de la Gracia. Sea irruptivo el cambio o sea gradual, la experiencia es la misma: «Han brotado aguas en el desierto».

— El salmo responsorial celebra la fidelidad del Dios Salvador de los pobres y cautivos.

La curación del sordomudo del Evangelio de hoy resulta altamente simbólica. A diferencia de otros relatos, éste se detiene en cada uno de los gestos de Jesús. Ábrete es la palabra salvadora. El evangelista destaca que Jesús se la dice mirando al cielo y suspirando. El resultado es un hombre nuevo: abierto a la Palabra, libre para anunciar la Buena Nueva y que habla sin dificultad, sin miedo.

Pidamos al Señor Jesús que nos dé su Espíritu, que nos abra por dentro, cerrados como estamos a Dios y al prójimo.
 

3. Reflexión y praxis

El proceso de liberación interior se traduce muy bien por ese «soltarse» del sordomudo, que dice el Evangelio.

Durante mucho tiempo ni siquiera nos damos cuenta de lo atados que estamos. Ataduras de todo tipo:

– Represiones sicológicas.

– Bloqueos de relación con algunas personas.

– Incapacidad para salir de nosotros mismos.

– Miedo al sufrimiento.

– Necesidad de dominar la existencia.

– Aferrados a la autoimagen.

– Amor estrecho, calculador, torpe.

Algún acontecimiento imprevisto, la lectura de algún libro, la conversación con una persona que nos lee «por dentro», una luz en la oración, alguna experiencia afectiva que nos descontrola, …y comienza a hacerse por dentro la revolución. Momentos críticos en que sufrimos dolorosamente nuestras ataduras. Se ha desencadenado el proceso de transformación.

Al principio asusta. Se tiene la tentación de volver atrás, a lo seguro. La liberación va a depender del espíritu de verdad, de no huir de la propia realidad, y, con frecuencia, de la disponibilidad a dejarse ayudar. La autosuficiencia suele enmascarar los miedos al cambio.

Después de una etapa de confusión, se recogen los primeros frutos: Uno puede dar nombre (¡puede hablar!) a su pasado, a sus limitaciones y miserias, y comienza a leerse la historia personal en una unidad de sentido. Experiencia de reconciliación consigo y con el pasado. Liberación de la autoimagen narcisista, integración positiva de lo negativo.

La fe, el mundo de Dios, se perciben progresivamente en correlación con la realidad humana. Se descubre al Dios de la liberación y de la historia, su humanidad; y viceversa, la existencia humana adquiere una densidad nueva, abierta a la Trascendencia. La Gracia es entendida y vivida no sólo como algo que adviene «desde fuera». La finitud y el mal ya no necesitan explicación, pues la vida tiene su fuente en la confianza. El secreto gozoso, recién descubierto, se llama Amor fiel e incondicional, que lo sustenta todo, lo recrea todo, lo conduce todo a una Plenitud insospechada.

Javier Garrido

La apertura a la palabra

1. El sordomudo representa a las personas incomunicadas con sus semejantes y con Dios. Para que este sordomudo comprenda, Jesús realiza con él un doble gesto, tocándole los oídos (para que oiga) y la lengua (para que hable). De este modo, el sordomudo se abre a la palabra de Cristo. Este es el significado profundo del prodigio. Y, para que no se divulgue como mero milagro o como acción de un mesías político, ordena Jesús guardar silencio; es el «secreto mesiánico» de Marcos. Se podrá proclamar cuando se entienda la acción de Jesús como un signo del advenimiento del reino (Is 35,5). El aspecto triunfante de Jesús en los signos de poder debe ser complementado con el otro aspecto: el de la cruz.

2. En el catecumenado primitivo se hacía antes del bautismo un rito de apertura de los oídos y de la boca con este gesto y la palabra «effetá», que significa «ábrete». Recordemos que la liturgia es dialogal: Dios habla, y la asamblea responde con la profesión de fe y las preces de los fieles y del presidente. Sin oídos para escuchar ni boca para hablar, es imposible la comunicación con Dios.

3. Nuestro pueblo apenas tiene voz, y apenas si se le permite escuchar, es decir, enterarse. Se le trata como a un sordomudo.

Hoy necesitamos que nuestro pueblo escuche y hable, para lo cual son fundamentales la comunidad fraterna y los gestos de apertura.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Dejamos hablar y sabemos escuchar?

¿Tenemos los oídos prestos para escuchar a Dios?

Casiano Floristán

Criterios falsos

esús, el predicador itinerante de Galilea, cruza las fronteras de su pueblo y lleva la buena nueva a tierras paganas (cf. Mc 7, 24. 31).

La lengua del mudo cantará

El pasaje de Marcos invita fácilmente a una interpretación figurada: el Señor abre nuestro espíritu y nos permite hablar correctamente de Él. Se trata de un sentido legítimo y provechoso para nuestra vida cristiana. No obstante, ello no debe hacer olvidar el significado primero y literal: un sordo y tartamudo comenzó a oír con sus oídos y a hablar con su boca. El texto nos conserva un término arameo, Effata (v. 34), que remite a los hechos que el autor recuerda y que maravillan a quienes fueron testigos de la curación (cf. v. 37).

Realidad física, a la que se une una realidad social. En efecto, para la mentalidad de la época la sordera y la mudez (probablemente de nacimiento) pertenecen al tipo de enfermedades que son consideradas un castigo. Quien las sufre es visto como un pecador o es tal vez hijo de pecadores (cf. el caso del ciego de nacimiento, Jn 9). Jesús, al abrir los oídos y soltar la lengua del hombre que le había sido presentado (cf. v. 32-35), le devuelve la salud, y éste deja de ser un enfermo. Pero al mismo tiempo lo reintegra a la vida social y a sus derechos religiosos, deja de ser un marginado.

Una comunidad de personas abierta a la palabra debe ser solidaria con quienes sufren en su cuerpo y en la sociedad. Hambre y enfermedad, así como marginación y explotación social son incompatibles con la voluntad de vida de Dios.

La buena nueva es vida, el texto de Isaías nos lo recuerda también. El Señor «despegará los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará» (35, 5-6).

No hacer acepción de personas

Creer en el Dios de la vida es algo exigente. Santiago nos habla desde su experiencia eclesial. Nos presenta su «ejemplo» (cf. 2, 2) con un detalle que prueba que se trata de algo vivido. Hay quienes en la comunidad cristiana no son conscientes de todo lo que implica ser un seguidor de aquel que dijo: «Los últimos serán los primeros».Mantienen las categorías mundanas y dan los primeros lugares en la Iglesia a quienes los tienen igualmente en la sociedad porque son poderosos y visten bien (cf. v. 2-3). En cambio al pobre, al mal vestido, al que tal vez huele mal, lo tratan con menosprecio. Es hacer lo contrario de lo que manda el Señor.

La Carta de Santiago es particularmente sensible a la preferencia de Dios por los insignificantes. Acusa por ello a quienes hacen esas distinciones de proceder con «criterios malos» (v. 4), es decir, opuestos a la verdad de Jesús. El sencillo, pero exigente, texto de Santiago nos sigue interpelando. ¿Acaso entre nosotros, los buenos apellidos, el poder económico y social, «la buena presencia» no siguen siendo razones para tener un peso y una opinión que no son reconocidos a los pobres? No podemos construir una Iglesia, signo del Reino de vida, si hacemos acepción de personas.

Gustavo Gutiérrez

Curar la sordera

La curación de un sordomudo en la región pagana de Sidón está narrada por Marcos con una intención claramente pedagógica. Es un enfermo muy especial. Ni oye ni habla. Vive encerrado en sí mismo, sin comunicarse con nadie. No se entera de que Jesús está pasando cerca de él. Son otros los que lo llevan hasta el Profeta.

También la actuación de Jesús es especial. No impone sus manos sobre él como le han pedido, sino que lo toma aparte y lo lleva a un lugar retirado de la gente. Allí trabaja intensamente, primero sus oídos y luego su lengua. Quiere que el enfermo sienta su contacto curador. Solo un encuentro profundo con Jesús podrá curarlo de una sordera tan tenaz.

Al parecer, no es suficiente todo aquel esfuerzo. La sordera se resiste. Entonces Jesús acude al Padre, fuente de toda salvación: mirando al cielo, suspira y grita al enfermo una sola palabra: “Effetá”, es decir, “Abrete”. Esta es la única palabra que pronuncia Jesús en todo el relato. No está dirigida a los oídos del sordo sino a su corazón.

Sin duda, Marcos quiere que esta palabra de Jesús resuene con fuerza en las comunidades cristianas que leerán su relato. Conoce a más de uno que vive sordo a la Palabra de Dios.Cristianos que no se abren a la Buena Noticia de Jesús ni hablan a nadie de su fe. Comunidades sordomudas que escuchan poco el Evangelio y lo comunican mal.

Tal vez uno de los pecados más graves de los cristianos es esta sordera. No nos detenemos a escuchar el Evangelio de Jesús. No vivimos con el corazón abierto para acoger sus palabras. Por eso, no sabemos escuchar con paciencia y compasión a tantos que sufren sin recibir apenas el cariño ni la atención de nadie.

A veces se diría que la Iglesia, nacida de Jesús para anunciar la Buena Noticia de Jesús, va haciendo su propio camino, lejos de la vida concreta de preocupaciones, miedos, trabajos y esperanzas de la gente. Si no escuchamos bien las llamadas de Jesús, no pondremos palabras de esperanza en la vida de los que sufren.

Hay algo paradójico en algunos discursos de la Iglesia. Se dicen grandes verdades y se proclaman mensajes muy positivos, pero no tocan el corazón de las personas. Algo de esto está sucediendo en estos tiempos de crisis. La sociedad no está esperando “doctrina social” de los especialistas, pero escucha con atención una palabra clarividente, inspirada en el Evangelio y pronunciada por una Iglesia sensible al sufrimiento de las víctimas, que sale instintivamente en su defensa invitando a todos a estar cerca de quienes más ayuda necesitan para vivir con dignidad.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 8 de septiembre

Celebramos el nacimiento de la Virgen María

Alegrémonos todos celebrando el nacimiento de la Virgen María. Hoy es su día. El día de su cumpleaños. Una nueva vida que nace siempre es motivo de exultante alegría. Cuánto más si nace la Madre de nuestro Salvador. Hasta en un tono popular y filial, podemos entonar el ¡Cumpleaños feliz!

Los Padres de la Iglesia, y a la liturgia le gusta, recurren a la imagen bellísima: el nacimiento de María es la Aurora que anuncia el nacimiento del Sol de justicia, Cristo el Señor. En efecto, nace María, y florece la carne que luego será morada y arca de la carne de Jesús. En esta criatura se formará “la criatura que viene del Espíritu Santo y salvará a su pueblo de sus pecados”. En el seno de esta niña que nace acampará el Verbo de Dios hecho carne.

Con esto estamos diciendo que a María, para envolverla en su luz propia, hemos de colocarla siempre en el misterio de la Redención de Cristo. Ella es, ante todo, la Madre del Redentor.

En el Evangelio de hoy, María aparece la última de una lista de mujeres; algunas de ellas procedentes de la paganía y del pecado, como Tamar, Rajab, Rut, Betsabé. Al final, como la luz sobre la tiniebla, María “de la cual nació Jesús”, la llena de gracia. Brilla, a la vez, el misterio de la encarnación en todo su realismo junto a la victoria sobre el mal.

En esta genealogía caprichosa de San Mateo podemos vernos alineados nosotros. Por una parte, nos sentimos hijos de María. Por otra parte, los bautizados en Cristo, nacidos del agua y del Espíritu, por la fe alargamos la descendencia, prolongamos la encarnación que se dio en María.

No podemos acabar sin un guiño elemental en todo cumpleaños. El regalo. ¿Qué nos pide la Virgen en este día? Pensémoslo, y no seamos ruines sino filialmente generosos. Que es su día.