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Archive for 9/09/18

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SANTA UNIDAD Y TRINIDAD BEATA.

Santa unidad y Trinidad beata:
con los destellos de tu brillo eterno,
infunde amor en nuestros corazones,
mientras se va alejando el sol de fuego.

Por la mañana te cantamos loas
y por la tarde te elevamos ruegos,
pidiéndote que estemos algún día
entre los que te alaban en el cielo.

Glorificado sean por los siglos
de los siglos el Padre y su Unigénito,
y que glorificado con entrambos
sea por tiempo igual el Paracleto. Amén

SALMODIA

Ant 1. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.

Ant 2. El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. Aleluya.

Salmo 110 – GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. Aleluya.

Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 1, 3-5

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Todo lo ha hecho bien, ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo lo ha hecho bien, ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro Padre, que maravillosamente creó el mundo, lo redimió de forma más admirable aún y no cesa de conservarlo con amor, y digámosle:

Renueva, Señor, las maravillas de tu amor.

Señor, tú que en el universo, obra de tus manos, nos revelas tu poder,
haz que sepamos ver tu providencia en los acontecimientos del mundo.

Tú que por la victoria de tu Hijo en la cruz anunciaste la paz al mundo,
líbranos de todo desaliento y de todo temor.

A todos los que aman la justicia y trabajan por conseguirla,
concédeles que cooperen con sinceridad y concordia en la edificación de un mundo mejor.

Ayuda a los oprimidos, consuela a los afligidos, libra a los cautivos, da pan a los hambrientos
y fortalece a los débiles, para que en todos se manifieste el triunfo de la cruz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que al tercer día resucitaste a tu Hijo gloriosamente del sepulcro,
haz que nuestros hermanos difuntos lleguen también a la plenitud de la vida.

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que nos has enviado la redención y concedido la filiación adoptiva, protege con bondad a los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra fe en Cristo, la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Cuando llegamos al final del capítulo 7 del evangelio de Marcos, Jesús ha curado ya a muchos enfermos: un leproso, un paralítico, uno con la mano atrofiada, una mujer con flujo de sangre; incluso ha resucitado a la hija de Jairo, aparte de las numerosas curaciones de todo tipo de dolencias físicas y psíquicas. Ninguno de esos milagros le ha supuesto el menor esfuerzo. Bastó una palabra o el simple contacto con su persona o con su manto para que se produjese la curación.

Ahora, al final del capítulo 7, la curación de un sordo le va a suponer un notable esfuerzo. El sordo, que además habla con dificultad (algunos dicen que los sordos no pueden hablar nada, pero prescindo de este problema), no viene por propia iniciativa, como el leproso o la hemorroisa. Lo traen algunos amigos o familiares, como al paralítico, y le piden a Jesús que le aplique la mano. Así ha curado a otros muchos enfermos. Jesús, en cambio, realiza un ritual tan complicado, tan cercano a la magia, que Mateo y Lucas prefirieron suprimir este relato.

Conviene advertir cada una de las acciones que realiza Jesús:

1) toma al sordo de la mano;

2) lo aparta de la gente y se quedan a solas;

3) le mete los dedos en los oídos;

4) se escupe en sus dedos;

5) toca con la saliva la lengua del enfermo;

6) levanta la vista al cielo;

7) gime;

8) pronuncia una palabra, effatha (se discute si hebrea o aramea), misteriosa para el lector griego del evangelio.

Desde el punto de vista de la medicina de la época, lo único justificado sería el uso de la saliva, a la que se concede un poder curativo. Las otras acciones, el gemido, la palabra en lengua extraña, nos recuerdan al mundo de la magia.

Sin embargo, los espectadores no piensan que Jesús sea un mago. Se quedan estupefactos, pero no relacionan el milagro con la magia sino con la promesa hecha por Dios en el libro de Isaías, que leemos en la primera lectura: «Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo.» La curación demuestra que con Jesús ha comenzado la era mesiánica, la época de la salvación.

La dificultad de curar a un ciego

Si la selección de los textos litúrgicos hubiera estado bien hecha (¡ojalá la Comisión de liturgia realice algún día su revisión!), dentro de dos o tres domingos habríamos leído un milagro parecido, de igual o mayor dificultad, y fundamental para entender el evangelio de hoy: la curación de un ciego. Como no se lee, recuerdo lo que cuenta Marcos en 8,22-26. Le presentan a Jesús un ciego y le piden que lo toque. Exactamente igual que ocurrió con el sordo.

Jesús:

1) lo toma de la mano;

2) lo saca de la aldea;

3) le unta con saliva los ojos;

4) le aplica las manos;

5) le pregunta si ve algo; el ciego responde que ve a los hombres como árboles;

6) Jesús aplica de nuevo las manos a los ojos y se produce la curación total.

Los relatos no coinciden al pie de la letra (aquí falta el gemido y la palabra en lengua extraña) pero se parecen mucho. No extraña que Mateo y Lucas supriman también este episodio.

La sordera y ceguera de los discípulos

¿Por qué detalla Marcos la dificultad de curar a estos dos enfermos? La clave parece encontrarse en el relato inmediatamente anterior a la curación del ciego, cuando Jesús reprocha a los discípulos:«¿Tenéis la mente embotada? Tenéis ojos, ¿y no veis? Tenéis oídos, ¿y no oís?» (Mc 8,17-18).

Ojos que no ven y oídos que no oyen. Ceguera y sordera de los discípulos, enmarcadas por las difíciles curaciones de un sordo y un ciego. Ambos relatos sugieren lo difícil que fue para Jesús conseguir que Pedro y los demás terminaran viendo y oyendo lo que él quería mostrarles y decirles. Pero lo consiguió, como veremos el domingo 30, cuando Jesús cure al ciego Bartimeo.

Reflexión final

Tomado por sí solo, en el evangelio de hoy destaca la reacción final del público: «Todo lo ha hecho bien». Recuerda las palabras que pronunciará Pedro el día de Pentecostés, cuando dice de Jesús que «pasó haciendo el bien». El público se fija en la promesa mesiánica; Pedro, en la bondad de Jesús. Ambos aspectos se complementan.

Pero quien desea conocer el mensaje de Marcos no puede olvidar la relación de este milagro con la curación del ciego. Debe verse reflejado en esos discípulos con tantas dificultades para comprender a Jesús, pero que siguen caminando con él.

José Luis Sicre

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Hoy vamos a ser testigos de un Jesús tierno, cercano, delicado, que se compadece del sufrimiento humano y que cura en solitario. Y nos lo narra el Evangelio de Marcos, capítulo 7, versículo 31-37, donde le vemos cómo cura, cómo toca y cómo pone las manos a un hombre sordo y un hombre mudo. Escuchemos con atención el texto que nos narra Marcos:

Saliendo de nuevo de la región de Tiro fue por Sidón hacia el Mar de Galilea atravesando el centro de la Decápolis. Llevaron un sordo y mudo y le rogaron que le impusiera su mano. Apartándole de la multitud, metió sus dedos en los oídos de éste y con saliva le tocó su lengua. Y mirando al cielo suspiró y le dijo: “¡Epheta!” (que quiere decir «ábrete»). Al instante se le abrieron los oídos y quedó suelta la atadura de su lengua, de modo que hablaba correctamente. Les mandó que no lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo proclamaban. Y tan admirados estabanque decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Acabamos de ver a Jesús que ha dejado la región de Tiro y de allí sale y atraviesa la ciudad de Sidón, que está bañada por el Mediterráneo. Pasaría por Cesarea de Filipo, por Betsaida, llega a la región de Decápolis y allí, en la parte del Mar de Genesaret, se para junto a la corriente del lago. Y en ese momento le presentan a un hombre que es sordo y que es mudo y le ruegan que le ponga la mano sobre él para curarle.

Nos extraña la forma de curar a este hombre: Jesús siempre lo hace delante de la multitud pero, querido amigo, vamos a ver cómo actúa Jesús ante esta situación. No quiere conflictos con los enemigos ni con nadie, ni el entusiasmo de la gente, y coge a este hombre de la mano, lo lleva a un sitio solo, aparte de la gente, y empieza a hacer sus acciones simbólicas para curarle: le mete sus dedos en los oídos y le toca la lengua para darle elasticidad y movimiento, y también para excitar la fe de este hombre y curarle en todo, en el cuerpo y en el alma. Como siempre, se dirige a su Padre, mira al Cielo —dice el texto que “gimió”, que “suspiró”—. Le dio tanta pena este hombre, tuvo una condolencia tan fuerte con este enfermo, que exclamó: “¡Epheta!… Ábrete”, comodiciendo “¡Venga, desátate ya, que tu lengua ya pueda hablar, que pueda hablar bien!”.Y empezó este hombre a hablar bien. Y hablaba y todo el mundo se quedaba admirado.Pero le dijo y les dijo: “No se lo digáis a nadie”. Pero cuanto más lo decía, más lodivulgaban. Comentaban: “Todo lo ha hecho bien: ha hecho oír a los sordos y ha hecho hablar a los mudos”.

Querido amigo, es un texto para no perdernos ni un momento, para estar ahí delante de Jesús tú y yo y hacernos personalmente igual que este sordomudo, y ver cómo Jesús nos tiene y nos trata aparte. Me admira Jesús. Él nos conoce a cada uno, nos cuida a cada uno, se preocupa de cada uno y nos cura uno por uno en un trato íntimo con Él. Cuando yo le trato íntimamente y voy con mis enfermedades, con mis sorderas, con mis «mudeces», Él me cura y Él me toca. Hoy nos tenemos que dejar tocar por Jesús: que ponga los dedos en nuestros oídos para que oigamos la Palabra, para que sepamos hablar, para que entremos en el camino de la fe.

¡Y con qué gestos de cariño nos lo dice! ¡Y cómo nos cura todas nuestras enfermedades con sus palabras, con sus formas! Jesús siempre nos ayuda a abrirnos, siempre nos ayuda a darnos a los demás, a abrir los oídos. Y pienso cuántas sorderas, cuántos ruidos… cuánto entorpecen mis oídos y los oídos tuyos también, querido amigo, cuánto… Estamos hechos de ruido, nos acosa el ruido, tanto ajetreo, tanta cultura ruidosa, tanto ruido… ¡No podemos oír así al Señor! Tenemos una vidaensordecida; no lo podemos encontrar así. Necesitamos que nos cure y necesitamos que nos devuelva otra vez el oído y el habla. Porque si no sabemos oír y no podemos oír a Jesús en nuestro corazón, no podremos hablar. ¿Por qué nos extrañamos de que no podemos hablar, de que no nos salen palabras en nuestro interior? No puede ser si tenemos los oídos taponados y no podemos ni siquiera pronunciar una palabra. Necesitamos que el Señor nos cure, que nos diga muchas veces “¡Epheta! Ábrete…ábrete”.

Y nos dirá a ti y a mí personalmente: “Tú que andas con tanto ruido exterior, que tienes tantos ruidos extraños, que estás acostumbrado a todo el jaleo y el ajetreo,a la prisa…, es imposible que captes la onda y el susurro de Dios, es imposible que captes espiritualmente nada interiormente. Tanta publicidad, tanta visión de todo… ¡Esimposible! El mundo, tú y yo necesitamos que Jesús nos toque y que quite todos esos niveles que tenemos para que entre ese aire y esa voz tuya, y así podamos hablar, y así podamos proclamar su Evangelio, su amor. Cuántas veces Jesús quejándose en elEvangelio, decía: “Quien tenga oídos, que oiga”. Y yo me pregunto también mucho que no sólo es la sordera física. Para mí es muy duro y muy triste la sordera espiritual. Es más grave el ser víctima de una sordera espiritual, más que corporal; y el ser mudo espiritualmente.

¿Y cuándo podemos ser sordos y mudos espiritualmente? Cuando escuchamos sólo la voz de nuestra razón, cuando escuchamos sólo el ruido exterior, cuando no sabemos qué hacer y no interiorizamos, cuando oímos la Palabra y no nos dice nada porque estamos sordos, cuando no aceptamos, no vemos, no captamos el susurro, elpaso, las inspiraciones de Dios. Y mudos… ¿cuántas veces no hablo nada y tengo un Jesús dentro y está esperando mis palabras, no hablo con Él, no sé dialogar con Él, no sé decirle nada?

Querido amigo, este encuentro es un encuentro de mucha petición. Es un encuentro de decirle al Señor que ponga sus dedos en nuestros oídos y ponga su saliva en nuestra boca, que abra estos oídos para escucharle y que abra estos labios para proclamarle con firmeza. No quiero ser sordo de conveniencia, no. Quiero acercarme a Jesús y oírle y escucharle y sentirle. Por eso en este encuentro vamos a pedirle que aumente la fe, que quite esta debilidad de fe para que sepamos escuchar y proclamar y sentir lo que es Él en nuestra vida. Y que sepamos también quererle, amarle, sentirle. ¡Qué lección tan grande nos das en este encuentro!

Querido amigo, vamos a reflexionar mucho junto a Jesús y ahí, delante de Él nos vamos a poner para que nos toque y nos cuide y sepamos escucharle y sepamos amarle y sepamos también escuchar, para escuchar también los ruidos de los demás, para ver los gestos de cariño hacia los demás, para entender a los demás, para abrirnos, para no tener estos oídos cerrados y saber cómo hablamos, qué decimos. Pero no tenemos que tener miedo; Jesús siempre viene en nuestro auxilio y nos toca, y nos cura, y nos llena de su ternura y de su amor, sin lastimarnos, sin nada. Por esto en este encuentro nos quedamos con Él dejándonos tocar sin miedo y dejándonos ver y palpar y oír esas palabras de amor y de ternura, esos suspiros cuando nos ve Jesús así, que nos dice: “¡Epheta! Ábrete. Ábrete al amor, ábrete al calor mío, ábrete a la Palabra”.

Pero antes de terminar me pregunto y te pregunto: ¿realmente me dejo tocar y sanar por Jesús? ¿Mi vida se está dejando sanar por Él? ¿Y qué es mi vida? ¿Soy de los que va dando amor? ¿Se nota que oigo al Señor en mi vida para después darlo? Le pedimos mucha ayuda a Jesús y le decimos: “Abre Señor mis labios, abre Señor mis oídos para que pueda escucharte, hablarte y amarte. Gracias, Jesús, por curarme, por quererme así personalmente, por cuidar esta obra tan pequeña y tan pobre como soy yo. Gracias por darme tanta confianza. Ayúdame a no dejar pasar ninguna oportunidad sin ponerme junto a ti para que realmente me cures y pueda oír más de una vez“¡Epheta! Ábrete, hijo. Mi amor te cura, mi amor te perdona, mi amor te abre a la vida y te abre al amor”.

Gracias, Jesús. Escuchamos en el interior de nuestro corazón, envueltos por elcariño y por la ternura de Jesús, tocados por su amor y por su mano: “¡Epheta! Ábrete.Ábrete a mi amor”. Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

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El padre

Una noche, Jesucristo me dijo:
— No hablas lo suficiente sobre el amor y la ternura de mi Padre.
Y yo repuse:
— No he tenido valor de hacerlo, Señor.
— ¿Po rué no? —me preguntó.
Enjaquimé mi discurso:
— No es por nada, Señor, no; ¡pero intenta hablar a estos hombres de mi tiempo sobre la misericordia del Padre, cuando el clima es de indiferencia, de chirigota y hasta de rebelión!
¿Qué le voy a decir yo al industrial, podrido de riqueza, que no obedece ni a las leyes de su país, respecto a los derechos de sus asalariados? ¿Qué le voy a decir yo a la madre que perdió a su hijo único? ¿Qué le voy a decir a la madre de tres ciaturitas que pierde al marido en un accidente? ¿Qué voy a decirles a los padres que tienen un hijo subnormal? ¿Qué se le puede decir al hombre que trabaja diez horas diarias y no logra sacar adelante su hogar? ¿Qué le voy a decir al padre cuya hija murió repentinamente? ¿Cómo le voy a decir al padre cuya hija murió repentinamente? ¿Cómo voy a hablarles de que Dios es Padre? ¿Con qué cara iré a decirles que el Padre de Jesucristo cuida de ellos?
Jesucristo me oyó con paciencia.
— ¿Sabes lo que es ser mezquino? —preguntó.
— No, Señor; pero a veces sé que lo soy y mucho —respondí.
— Yo nunca te pedí decir que mi Padre es paternalista. Te dije sólo que hablaras de que él nutre amor y una gran ternura por los hombres. No te dije que debías anunciar a tus hermanos que el Padre va a resolver todos sus problemas, librándoles de todo lo que no les gusta. Yo dije sólo que es necesario que hables del amor y de la ternura del Padre. 
— ¡Pero yo no sabría explicar, si me preguntasen…! ¿Por qué hablar de eso?
— Si tú amases a mi Padre, hablarías aun sin saber explicar nada.
Y en eso precisamente quedamos.
P. Zezinho

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71. Es una expresión fuerte, en este mundo que desde el inicio es un lugar de enemistad, donde se riñe por doquier, donde por todos lados hay odio, donde constantemente clasificamos a los demás por sus ideas, por sus costumbres, y hasta por su forma de hablar o de vestir. En definitiva, es el reino del orgullo y de la vanidad, donde cada uno se cree con el derecho de alzarse por encima de los otros. Sin embargo, aunque parezca imposible, Jesús propone otro estilo: la mansedumbre. Es lo que él practicaba con sus propios discípulos y lo que contemplamos en su entrada a Jerusalén: «Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica» (Mt 21,5; cf. Za 9,9).

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Lectio: Domingo, 9 Septiembre, 2018

Curación del sordomudo
Jesús vuelve a dar al pueblo el don de la Palabra
Marcos 7,31-37

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Una clave de lectura:

La liturgia de este domingo nos pone delante a Jesús que cura un sordomudo en la tierra de la Decápolis y recibe del pueblo este elogio: “¡Todo lo ha hecho bien; a los sordos hace oír y a los mudos hablar!” Este elogio se inspira en algunas frases de Isaías (Is 29,8-19; 35,5-6; 42,7) y demuestra que el pueblo estaba viendo en Jesús la venida de los tiempos mesiánicos. Jesús mismo había usado esta frase para responder a los discípulos de Juan: “Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto: Los ciegos ven, los sordos oyen, los mudos hablan” (Mat 11,4-5).

Los primeros cristianos usaban la Biblia para aclarar e interpretar las acciones y conductas de Jesús. Hacían esto para expresar su fe de que Jesús era el Mesías, aquél que debía realizar la promesa y para poder entender mejor todo lo que Jesús había hecho y enseñado en aquellos pocos años que Jesús había pasado en medio de ellos en Palestina.

b) Una división del texto para ayudar a la lectura:

Marcos 7,31: descripción geográfica: Jesús está en un territorio fuera de la Judea
Marcos 7,32: la situación del hombre: sordomudo
Marcos 7, 33-34: el gesto de Jesús para curar al hombre
Marcos 7,35: el resultado de la acción sanadora de Jesús
Marcos 7,36 la recomendación del silencio no es obedecida
Marcos 7,37: el elogio del pueblo

c) El texto:

Marcos 7,31-3731 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 32 Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. 33 Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.34 Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!» 35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. 36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. 37Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es la conducta de Jesús frente al sordomudo y de frente al pueblo? ¿Cómo entiendes tú los gestos de Jesús: le puso los dedos en los oídos y con saliva le tocó la lengua; mirando después al cielo, emitió un suspiro y dijo: «Effetá»?
b) ¿Como entender la preocupación de Jesús que lleva al hombre lejos de la gente?
c) ¿Por qué Jesús prohíbe la divulgación? ¿Cómo entender la desobediencia del pueblo al mandato de Jesús?
d) ¿Qué otros textos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento se evocan o subyacen en el fondo de este texto?

5. Otras informaciones sobre el Evangelio de Marcos

i) Comentario al texto

Marco 7,31: Jesús en la tierra de la Decápolis
El episodio de la curación del sordomudo es poco conocido. Marcos no dice claramente dónde se encuentra Jesús. Da a entender que está fuera de la Palestina, en tierra de paganos, atravesando una región llamada Decápolis: Decapolis significa, literalmente Diez ciudades. Era pues una región de diez ciudades al sudeste de Galilea, cuya población era pagana, marcada por la cultura helenista.

Marcos 7,32: Un sordomudo es llevado a Jesús.
Aun cuando no estaba en su propia tierra, Jesús es conocido como uno que puede curar enfermos. Por esto el pueblo le lleva un hombre sordo que habla con dificultad. Se trata de una persona que no puede comunicarse con los otros. Es la imagen de muchas personas que hoy viven masificadas en las grandes ciudades en completa soledad, sin la posibilidad de comunicación

Marcos 7,33-34: Una curación diferente
El modo de curar es diferente. El pueblo deseaba que Jesús impusiese simplemente las manos sobre el enfermo. Pero Jesús va mucho más allá de la petición. Jesús lleva al hombre lejos de la gente, pone los dedos en los oídos y con la saliva le toca la lengua y miró al cielo, suspiró profundamente y dijo: «Effetá», que significa “¡Ábrete”! El dedo en los oídos recuerda la frase de los magos de Egipto que decían: “Aquí está el dedo de Dios” (Ex 8,15) y también la frase del salmista: “¡Abriste mis oídos!” (Sal 40,7). El toque de la lengua con la saliva restablece en ella la facultad de hablar. En la opinión del pueblo de aquel tiempo, la saliva tenía un poder medicinal. La mirada hacia lo alto indica que la curación viene de Dios. El gemido es un modo de súplica.

Marcos 7,35: El resultado de la curación
En el mismo instante, los oídos del sordo se abrieron, la lengua se soltó y el hombre comenzó a hablar correctamente. ¡Jesús desea que el pueblo abra los oídos y suelte la lengua! ¡También hoy! En muchos lugares, a causa del comportamiento del poder religioso, el pueblo está callado y no habla. Es muy importante que el pueblo pueda recuperar la palabra dentro de la Iglesia para poder expresar su experiencia de Dios y así enriquecerse todos, incluso el clero.

Marcos 7,36: Jesús no quiere publicidad
Jesús ordena que no cuenten lo que ha sucedido. Algunas veces se exagera la importancia que el evangelio de Marcos atribuye a la prohibición de divulgar la curación, como si Jesús tuviese un secreto que debía mantener. De hecho, algunas veces Jesús ordena no divulgar la curación (Mc 1,44; 5,43; 7,36; 8,26). Él pide silencio, pero obtiene el resultado contrario. Cuanto más prohíbe, tanto más la Buena Nueva se difunde (Mc 1,28.45; 3,7-8; 7,36-37). Por otra parte, en la mayoría de los casos, o sea en todas las otras veces que Jesús obra un milagro, no pide silencio. Es más, una vez pide publicidad (Mc 5,19).

Marcos 7,37: El elogio del pueblo
Todo el pueblo quedó admirado y dijo: “¡Todo lo hizo bien!” Esta afirmación hace recordar la creación: “Dios vio que todo lo que había hecho era muy bueno” Gén 1,31). A pesar de la prohibición, las personas que asisten a la curación empiezan a proclamar lo que habían visto, resumiendo la Buena Noticia de Jesús con estas palabras: “¡Todo lo ha hecho bien!” Es inútil prohibir hablar. ¡La fuerza interna de la Buena Nueva es tan grande que se divulga por sí misma! ¡ Quien ha hecho la experiencia de Jesús, lo cuenta a los demás lo quieran o no!

ii) Información sobre las divisiones dentro del Evangelio de Marcos

1ª Clave: El Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído y escuchado en comunidad. Cuando lees un libro estando solo, puedes interrumpir siempre y volver atrás para enlazar una cosa con otra. Pero cuando estás en comunidad y alguno está leyendo el Evangelio delante de todos, no puedes gritar: “¡Párate. Lee otra vez! ¡No he entendido bien!” Un libro para ser escuchado en celebraciones comunitarias tiene un modo diverso de dividir el tema, de otro libro escrito para ser leído de modo individual.

2ª Clave: El Evangelio de Marcos es una narración.
Una narración es como un río. Recorriendo el río en barca, no se perciban las divisiones de las aguas. El río no tiene divisiones. Es un solo fluir, desde el principio hasta el fin. En el río, las divisiones las haces tú a partir de la orilla. Por ejemplo, puedes decir: “ ¡Qué bello espacio de río el que va de aquella casa en la curva, hasta aquella palmera que está tres curvas después!” Pero en el agua no se ve ninguna división. La narración de Marcos fluye como un río. Sus divisiones las encuentran los oyentes en la orilla, o sea en los lugares por los que Jesús pasa, en las personas que Él encuentra, en los caminos que recorre. Estas indicaciones en las márgenes ayudan a los oyentes a no perderse en medio de tantas palabras y acciones de Jesús y sobre Jesús. El cuadro geográfico ayuda al lector, o lectora, a caminar con Jesús, paso a paso, de la Galilea hasta Jerusalén, del lago hasta el calvario.

3ª Clave: El Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído de una sola vez
Los hebreos así leían los libros pequeños del Antiguo Testamento. Por ejemplo, en la noche de Pascua leían de una sola vez todo el libro del Cantar de los Cantares. Algunos expertos creen que el Evangelio de Marcos ha sido escrito para ser leído de una sola vez todo entero en la noche de Pascua. Ahora bien, a fin de que los oyentes no se cansaran, la lectura debía tener sus divisiones, sus pausas. Porque, cuando una narración es larga, como la del Evangelio de Marcos, su lectura debe interrumpirse de vez en cuando. Se debe tener pausas en algunos momentos. Si no, los oyentes se pierden. Estas pausas ya estaban previstas por el mismo autor de la narración. Estaban señaladas con pequeños sumarios entre una lectura larga y otra. Estos sumarios son como bisagras que recogían lo que se había leído antes y abrían el camino a lo que venía después. Esto permite pararse y empezar de nuevo, sin interrumpir la secuencia de la narración. Eso ayuda al oyente a situarse dentro del río de la narración que fluye. El Evangelio de Marcos tiene muchas de estas pausas que permiten descubrir y seguir el recorrido de la Buena Noticia de Dios que Jesús reveló y que Marcos nos cuenta. En total hay seis bloques de lecturas más largas, intercaladas de pequeños bisagras o sumarios, donde es fácil hacer una breve pausa.

Basándonos en estas tres claves, presentamos aquí una división del Evangelio de Marcos. Otros lo dividen diversamente. Cada división tiene su marca distintiva y su valor. El valor de una división es aquél de abrir uno de los muchos modos de entrar en el texto, de ayudarnos a descubrir algo de la Buena Nueva de Dios y de llevarnos a percibir el camino que Jesús abrió para nosotros hacia Dios y hacia los hermanos.

Introducción: Mc 1,1-13: Comienzo de la Buena Nueva
Prepara el anuncio
Sumario: 1,14-15

1ª lectura: Mc 1,16-3,16 : Crece la Buena Nueva
Aparece el conflicto
Sumario: 3,7-12

2ª lectura: Mc 3-13-6,6: Crece el conflicto
Aparece el Misterio
Sumario: 6,7-13

3ª lectura: Mc 6,14-8,21: Crece el Misterio
Aparece el no entendimiento
Sumario: 8,22-26

4ª lectura: Mc 8,27-10,45: Crece el no entendimiento
Aparece luz obscura de la Cruz
Sumario: 10,46-52

5ª lectura: Mc 11,1-13,32: Crece la luz obscura de la Cruz
Aparecen la rotura y la muerte
Sumario: 13,33-37

6ª lectura: Mc 14,1-15,39: Crecen la rotura y la muerte
Aparece la victoria sobre la muerte
Sumario: 15,40-41

Conclusión: Mc 15,42-16,20: Crece la victoria sobre la muerte
Reaparece la Buena Nueva

En esta división los títulos son importantes. Indican el soplo del Espíritu Santo, de la inspiración, que recorre todo el Evangelio. Cuando un artista se siente inspirado, trata de expresar esta inspiración en una obra de arte. La poesía o la imagen que resulta lleva en sí esta inspiración. La inspiración es como una fuerza eléctrica que corre invisible entre los hilos y enciende las lámparas en nuestras casas. Así, la inspiración corre invisible en las palabras de la poesía o en la forma de las imágenes para revelar o encender dentro de nosotros una luz igual o casi igual a la que brilló en el artista. Es por este motivo por el que las obras de arte nos atraen tanto. Lo mismo sucede cuando leemos o meditamos el Evangelio de Marcos. El mismo Espíritu o la Inspiración que mueve a Marcos a escribir el texto, queda presente en el hilo de las palabras de su Evangelio. A través de su lectura atenta y orante, este Espíritu entra en acción y comienza a obra en nosotros. Así, poco a poco, descubrimos el rostro de Dios que se reveló en Jesús y que Marcos nos comunica en su libro.

6. Salmo 131

Abandono filial

Mi corazón, Yahvé, no es engreído,
ni son mis ojos altaneros.
No doy vía libre a la grandeza,
ni a prodigios que me superan.
No, me mantengo en paz y silencio,
como niño en el regazo materno.
¡Mi deseo no supera al de un niño!
¡Espera, Israel, en Yahvé
desde ahora y por siempre!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén

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Sordo y mudo

“Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis…Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará”. Con estas palaras que hoy se leen en la misa, el profeta Isaías anuncia un futuro en que las capacidades humanas serán potencidas por Dios (Is 35,4-7).

Llega para el pueblo la hora en que será liberado de la esclavitud que había padecido en Babilonia. Además, la recuperación de los sentidos vendrá acompañada por un sorprendente cambio en el paisaje. En el desierto brotarán manantiales de agua y el páramo se convertirá en un estanque. Todo demuestra que Dios es el Señor del hombre y de su mundo.

Claro que para que la liberación traiga la armonía hay que escuchar la palabra de Dios y no hacer discriminación de personas. Ese es el mensaje de la carta de Santiago que se proclama en la segunda lectura (Sant 2,1-5).

LOS GESTOS Y LA PALABRA

El evangelio se hace eco de las promesas de Isaías. En tierra de paganos, a Jesús le presentan un sordo que apenas puede hablar. Son otros los que lo llevan hasta el Señor y suplican que le imponga las manos. Como se ve, el enfermo depende de los demás. Un aviso para nuestra autosuficiencia. Necesitamos que alguien nos acerque al Salvador

El texto anota que Jesús aparta de la gente al sordomudo. Es cierto que la persona necesita la ayuda de los demás para llegar hasta el Maestro, pero sólo de él puede venir la salvación. Jesús, que es la Palabra de Dios, es el único que puede capacitarnos para oír su mensaje y para poder transmitirlo a los demás.

Es interesante ver que los que acompañan al enfermo piden a Jesús que le imponga las manos. Ese gesto se convertiría en tradicional entre los creyentes. Pero no puede reducirse a un gesto mágico. Con él reconocemos la gratuidad de la bendición y los dones del Señor.

Jesús metió sus dedos en los oídos del sordo y con la saliva le tocó la lengua. Esos eran precisamente los gestos que podían llevar a aquel enfermo a comprender el don que Jesús le concedía. Sin embargo, los gestos fueron acompañados por una palabra, que la comunidad quiso conservar en la lengua original: “Effetá”, esto es “ábrete”.

ESCUCHAR Y PREGONAR

El relato evangélico recoge el comentario de las gentes que conocieron aquella curación: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. Nos alegra comprobar que Jesús suscitaba la admiración de las gentes.

  • Jesús hace oír a los sordos. A los de antes y a los de ahora. No quieren oír la voz del Maestro quienes no están dispuestos a ajustar su conducta a sus propuestas. Pero aun entre los discípulos del Señor, parece difícil escuchar la palabra de Dios y vivir de acuerdo con su mensaje de vida y de limpieza. Es preciso rogarle que nos libre de nuestra sordera.
  • Jesús hace hablar a los mudos. Se dice que el mal de este mundo surge por la maldad de los corrompidos y por el silencio de los que se creen buenos y honrados. Es urgente pedirle al Señor que nos dé la osadía que nos aconseja el papa Francisco en su exhortación “Gaudete et exsultate”. El evangelizado está llamado a ser evangelizador.

– Señor Jesús, en esta sociedad que te rechaza a ti y rechaza tu palabra, nos resulta difícil escuchar tu voz entre el bullicio y la publicidad. Abre tú nuestro oído para que aceptemos tu mensaje. Y suelta nuestra lengua para que podamos pregonar el “gozo del evangelio”. Amén.

José-Román Flecha Andrés

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