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Archive for 13/09/18

SAN JUAN CRISÓSTOMO, obispo y doctor de la Iglesia (MEMORIA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.

Salmo 131 I – PROMESAS A LA CASA DE DAVID.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.

Ant 2. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

Salmo 131 II.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

Ant 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA BREVE   St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra.
R. En la asamblea le da la palabra.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Le da la palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Juan Crisóstomo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Juan Crisóstomo, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, fortaleza de los que en ti confían, tú que quisiste que el obispo san Juan Crisóstomo brillara por su admirable elocuencia y por su gran fortaleza en medio de las pruebas, haz que la sabiduría de este eximio doctor de la Iglesia nos ilumine y que el ejemplo de su invencible constancia nos fortalezca. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Jueves, 13 Septiembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 6,27-38
«Pero a vosotros, los que me escucháis, yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; entonces vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los perversos. «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la segunda parte del “Sermón de la Planicie”. En la primera parte (Lc 6,20-26), Jesús se dirigía a los discípulos (Lc 6,20). En la segunda parte (Lc 6,27-49), se dirige a “los que me escucháis”, esto es, aquella multitud inmensa de pobres y de enfermos, llegada de todos los lados (Lc 6,17-19).
• Lucas 6,27-30: ¡Amar a los enemigos! Las palabras que Jesús dirige a este pueblo son exigentes y difíciles: amar a los enemigos, no maldecir, ofrecer la otra mejilla a quien te hiera en una, no reclamar cuando alguien toma lo que es tuyo. Tomadas al pie de la letra, estas frases parecen favorecer a los ricos que roban. Pero ni siquiera Jesús las observó al pie de la letra. Cuando el soldado le hirió en la mejilla, no ofreció la otra, sino que reaccionó con firmeza: “Si hablé mal, ¡pruébalo! Y si no ¿por qué me golpeas?” (Jn 18,22-23). Entonces, ¿cómo entender estas palabras? Los versículos siguientes nos ayudan a entender lo que Jesús quiere enseñarnos.
• Lucas 6,31-36: ¡La Regla de Oro! Imitar a Dios. Dos frases de Jesús ayudan a entender lo que él quiere enseñar. La primera frase es la así llamada Regla de Oro: ” ¡Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten!” (Lc 6,31). La segunda frase es: “¡Sed compasivo como vuestro Padre celestial es compasivo!” (Lc 6,36). Estas dos frases muestran que Jesús no quiere invertir sencillamente la situación, pues nada cambiaría. Quiere cambiar el sistema. Lo Nuevo que el quiere construir nace de la nueva experiencia de Dios como Padre lleno de ternura que ¡acoge a todos! Las palabras de amenaza contra los ricos no pueden ser ocasión para que los pobres se venguen. Jesús manda tener una actitud contraria: “¡Amar a vuestros enemigos!” El amor no puede depender de lo que recibimos del otro. El verdadero amor tiene que querer también el bien del otro, independientemente de que él o ella hagan por mí. El amor tiene que ser creativo, pues así es el amor de Dios para nosotros: “¡Sed compasivos como el Padre celestial es compasivo!”. Mateo dice lo mismo con otras palabras: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). Nunca nadie podrá llegar a decir: Hoy he sido perfecto como el Padre celestial es perfecto. He sido compasivo como el Padre celestial es compasivo”. Estaremos siempre por debajo del listón que Jesús puso ante nosotros.
En el evangelio de Lucas, la Regla de Oro dice: “¡Y todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos” y añade: “Pues en esto consisten la Ley y los Profetas” (Mt 7,12). Prácticamente todas las religiones del mundo tienen la misma Regla de oro con formulaciones diversas. Señal de que aquí se expresa una intuición o un deseo universal que nace del fondo del corazón humano.
• Lucas 6,37-38: Porque con la medida con que midáis se os medirá. “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá”. Son cuatro consejos: dos de forma negativa: no juzgar, no condenar; y dos de forma positiva: perdonar y dar con medida abundante. Cuando dice “y se os dará”, Jesús alude al tratamiento que Dios quiere tener con nosotros. Pero cuando nuestra manera de tratar a los otros es mezquina, Dios no puede usar la medida abundante y rebosante que a El le gustaría usar.
Celebrar la visita de Dios. El Sermón de la Planicie o Sermón del Monte, desde su comienzo, lleva a los oyentes a optar, a una opción a favor de los pobres. En el Antiguo Testamento, varias veces, Dios colocó a la gente ante la misma opción de bendición o de maldición. La gente tenía la libertad de escoger. “Te puse delante la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Escoge, por tanto, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Dt 30,19). No es Dios quien condena, sino que la gente misma según la opción que hará entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Estos momentos de opción son los momentos de la visita de Dios a su gente (Gén 21,1; 50,24-25; Ex 3,16; 32,34; Jer 29,10; Sal 59,6; Sal 65,10; Sal 80,15, Sal 106,4). Lucas es el único evangelista que emplea esta imagen de la visita de Dios (Lc 1,68. 78; 7,16; 19,44; He 15,16). Para Lucas Jesús es la visita de Dios que coloca a la gente ante la posibilidad de escoger la bendición o la maldición: “¡Bienaventurados vosotros los pobres!” y “¡Ay de vosotros, los ricos!” Pero la gente no reconoce la visita de Dios (Lc 19,44).
4) Para la reflexión personal
• ¿Será que miramos la vida y a las personas con la misma mirada de Jesús?
• ¿Qué quiere decir hoy “ser misericordioso como el Padre celestial es misericordioso”?
5) Oración final
Tú me escrutas, Yahvé, y me conoces;
sabes cuándo me siento y me levanto,
mi pensamiento percibes desde lejos;
de camino o acostado, tú lo adviertes,
familiares te son todas mis sendas. (Sal 139,1-3)

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40.- Puesto que nuestro conocimiento de Dios es limitado, nuestro lenguaje sobre Dios lo es también. No podemos nombrar a Dios sino a partir de las criaturas, y según nuestro modo humano limitado de conocer y de pensar.

Habíamos comentando que los puntos anteriores, cada uno matiza al anterior, sin negarse. Si en el punto anterior hemos afirmado que Dios nos ha creado como interlocutores y que podemos hablar de Dios y que, el hecho de que no utilicemos nuestra capacidad de lenguaje y de raciocinio para hablar de Dios es como infrautilizar la capacidad de conocimiento y de dialogo del hombre, ahora se dice, ¡ojo! ¡que nuestro conocimiento de Dios es limitado! que de Dios podemos y debemos hablar, pero hay que hacerlo de un modo humilde. Hemos de darnos cuenta de que hablamos de Dios siempre a través de las criaturas, tomando a las criaturas como referencia para llegar al creador. Si este paisaje que estoy observando, si el firmamento y las estrellas es tan inmenso, tan hermoso, tan impresionante… ¿Cómo será Dios? Y estamos partiendo de las criaturas para llegar al creador. Pero obviamente, la visión de Dios no es posible en esta vida. La visión de Dios será un modo de conocimiento de Dios esencialmente superior que es la visión de Dios que tiene lugar en el cielo, lo que se llama visión beatífica. En el cielo hay una capacidad de conocimiento de Dios que es esencialmente diferente, allí Dios mismo es objeto directo de conocimiento, aquí tiene que ser indirecto. A través de las criaturas llegamos al creador. La visión de Dios es esencialmente, infinitamente superior en el cielo. Esto nos tiene que hacer caer en cuenta de que nuestra forma de hablar con Dios debe de ser muy humilde y nos tiene que hacer concluir que en muchos momentos que Dios se muestra como un misterio para nosotros que no comprendemos, suele haber algunas ocasiones en nuestra vida que resulta incomprensible como en la providencia de Dios se permiten ciertas cosas. No lo entendemos. Muchas veces tenemos que decir, Dios sabe más, yo no entiendo nada, pero solo sé que Dios “es” y es bueno, y es infinito, y tiene un plan providencial de salvación del mundo, Dios sabe más. Esta reflexión de “Dios sabe más” es muy importante porque hay momentos en los que es básico saber pronunciarla, además, no con una especie de resignación propia de quien no le queda más remedio, sino con la confianza de que decir Dios sabe más es decir también, confío en Él, Dios es bueno.

Fue la gran lección de Job, es prácticamente la tesis del libro de Job, o una de las tesis, si no la única. El libro de Job viene como a decir “¿Tú te crees que tú puedes pedirle cuentas a Dios? ¿Tu pretendes meterte en la mente de Dios para decir esto es justo o esto es injusto? … si tú no tienes ni idea ¿tú has contado las estrellas del cielo? ¿tú has contado las gotas de agua? ¿los granos de arena de los desiertos?… A Job se le va haciendo entender que él se ha rebelado frente a Dios porque no ha entendido algunas cosas y finalmente se concluye el libro de Job diciendo “Señor, hablé una vez y ya no voy a hablar indebidamente de ti”. Por tanto, capacidad de hablar de Dios sí, pero tiene que ser siempre una capacidad humilde, a través de las criaturas. Por ejemplo, con mucha frecuencia en este programa del catecismo utilizamos imágenes comparativas, yo soy consciente que a veces cuando se explican cosas ayudan algunos ejemplos que se pongan, algunas imágenes. Por ejemplo, estamos hablando de algún aspecto concreto del Evangelio y decimos, al igual que nos pasa con los hijos, como en la familia los padres con los hijos… y ponemos un ejemplo relativo a la familia, que suele ser uno de los ejemplos más recurrentes. Pero es verdad que tenemos que hablar de la familia o recurrir a ese ejemplo de una manera humilde porque no es que Dios sea como nuestro padre o nuestra madre, sino más bien al revés, nuestro padre o nuestra madre han sido creados a imagen y semejanza de Dios, su paternidad, su maternidad son una participación de la paternidad o maternidad de Dios. Así no es que “Dios sea como” sino más bien hay que decir que “nosotros somos imagen o semejanza de Dios” y nosotros estamos llamados a ser como Dios. Así, debemos poner ejemplos, imágenes porque las necesitamos, porque nuestro conocimiento necesita puntos de referencia para hablar de Dios, no podemos hablar de Dios en el vacío.

En esto somos muy distintos que esas concepciones orientalistas en las cuales el conocimiento de Dios consiste en hacer un vacío mental, no voy a pensar nada, entonces es cuando yo me quedo en el vacío mental es cuando ya me he fusionado con Dios que es el todo, yo soy la nada y entonces desde el vacío interior…no pienses, no sientas… Mire usted, esto no es partir de la realidad del hombre, Dios nos ha hecho con una capacidad de conocimiento a través de las criaturas que reflejan la luz de Dios, por tanto, si las criaturas reflejan la luz de Dios aunque la reflejen imperfectamente, no se trata de que yo me quede en el vacío, que yo no piense …¡no!… ese tipo de concepciones orientalistas en el fondo parten de un desprecio de la materia, de un desprecio de la creación, como si todo lo material no fuese bueno y creado por Dios y hubiese que desprenderse de eso para unirse con Dios. No. Dios no es solo creador del alma sino también del cuerpo y también lo es de nuestras facultades sensibles y nuestras facultades racionales. Lejos de tener que llegar al vacío del pensamiento para unirnos con Dios hay que utilizar el pensamiento, pero humildemente, diciendo muchas veces, Dios sabe más. Yo conozco a Dios porque Él ha querido darme esa capacidad para conocerle y Él ha querido ser conocido, pero le tengo que conocer humildemente, al modo humano, como una criatura, todavía lejos de esa visión de Dios que Él nos concede poder tener en la visión beatífica en el cielo. Aquí conocemos como en sombras, pero allí conoceremos a Dios cara a cara.

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Lc 8, 16-18

“Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama; por el contrario, la pone en un candelero, para que vean la luz los que entren. No hay nada escondido que no salga a la luz, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse claramente. Fijaos bien, por consiguiente, en la manera como escucháis; porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que él cree tener” (Lc 8, 16-18; cf también Mc 4, 21-25; Mt 5, 15; 10-26).

 

Pido dimitir de profeta
— Yo no sé ir hasta las últimas consecuencias, Señor. Pido de nuevo dimitir como profeta. — Así le hablaba yo a mi Señor.
— Veamos esta vez cuál es tu problema -me preguntó él.
— No tengo vocación para autoinmolarme. No tengo valor ni para aguantar un dolor de muelas, ¿cómo voy a arrancarme un ojo, o cortarme la mano en el caso de que me escandalicen?
— ¿Y sólo por eso pides dimitir de profeta?
— ¡Pues claro que sí, Señor! Me doy cuenta de propasarme, más que de contenerme, con mis ojos, mis manos y mis pies. Son ellos los que llevan la voz cantante aun cuando pienso que ya les he domado. ¡Pero es que no tengo valor para dejarlos fuera de juego, y mucho menos para cercenarlos!
— ¿Pero tú sabes lo que yo quería decir con esas frases?
— No; pero sé que si he de ser profeta, he de serlo de cuerpo entero.
— Mucho quieres ser tú según tu modo de ver; y yo en cambio necesito un profeta que viva de manera como conviene a mi Padre.
— ¡Ya dije desde el principio que no tengo madera para ser profeta, Señor! Hay tantos cristianos por ahí, disponibles, con ganas de ocupar mi lugar: ¿por qué tengo que ser profeta precisamente yo? ¿No habría otro por ahí con vocación para ello?
— ¿Tienes miedo de acabar mutilado?
— Un profeta es siempre un sujeto mutilado, Señor. Hacen mil pedazos de él, y cuando tiene oportunidad de recomponerse, resulta que le faltan la mitad de las piezas que el pueblo se apropió de él para tener, al menos, un tufillo de profeta cada uno en su casa. ¡Yo no quiero ser el mesías, Señor! Intento sencillamente facilitar el camino al libertador… ¡Pero están exigiéndome que diga que soy yo el libertador! Pido, pues, la dimisión de profeta antes de que las cosas se compliquen más de lo que están.
— ¿Vienes o no vienes? ¿Vas o no vas? -me preguntó.
— Ya sabes que no quiero ir; pero si no voy, no sabría a dónde encaminarme. ¡Así que iré!
Y mi dimisión no fue aceptada.

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75. El mundo nos propone lo contrario: el entretenimiento, el disfrute, la distracción, la diversión, y nos dice que eso es lo que hace buena la vida. El mundano ignora, mira hacia otra parte cuando hay problemas de enfermedad o de dolor en la familia o a su alrededor. El mundo no quiere llorar: prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas, esconderlas. Se gastan muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento, creyendo que es posible disimular la realidad, donde nunca, nunca, puede faltar la cruz.

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1.- El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará. Pedro, y los demás discípulos, creían en un Mesías triunfante, glorioso y vencedor, creían en un Reino de Dios en el que el Mesías sería el rey y ellos sus ministros. Jesús no quiere que sus discípulos le vean como Mesías triunfante, sino como Mesías sufriente, a quien, después de padecer y morir, el Padre resucitará y le hará vencedor del mal y de la muerte. Pedro no está dispuesto a aceptar que el Mesías tenga que pasar por un primer periodo de humillación y muerte, y, por eso, increpa a Jesús y le invita a retractarse. La respuesta de Jesús es tajante y contundente; ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! Con la respuesta que Jesús dio a Pedro, nos está diciendo a nosotros, los cristianos, y a la Iglesia de Cristo, en general, que tenemos que tomar muy en serio la misión de predicar, de palabra y de obra, a un Mesías sufriente a quien el Padre resucitará, después de la muerte. En este mundo, los discípulos de Cristo debemos luchar contra el mal con todas nuestras fuerzas, imitando a nuestro Maestro, y estando dispuestos a sufrir, hasta la muerte, si fuera preciso, en la defensa del evangelio de Jesús. No es nuestro objetivo primero, para los cristianos, hacer de la Iglesia de Jesús una Iglesia poderosa y triunfadora, sino un Iglesia humilde y verdadera. Muchas veces, a lo largo de los siglos, no lo hemos hecho así, y por eso, en más de una ocasión, hemos merecido la reprensión de Jesús, lo mismo que reprendió a Pedro. El Papa actual, por ser fiel a su Maestro, está predicando, un día sí y otro también, a una Iglesia humilde, luchadora contra el mal, venga este de donde venga, e imitadora del Jesús sufriente, a quien el Padre resucitó para siempre. Hagamos hoy, pues, nosotros, los cristianos de este siglo, el propósito de predicar a un Mesías sufriente, estando dispuestos a sufrir y a morir, si fuera preciso, en la defensa de este Cristo Mesías sufriente, predicador de la verdad y de la justicia, y vencedor del mal, a quien el Padre resucitó y en el que nosotros creemos.

2.- El Señor me abrió el oído; yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me aplastaban. No hay duda que algunos de los profetas del Antiguo Testamento se parecen bastante, en palabras y hechos, al Mesías, al siervo de Yahvé, que ellos predicaron. El profeta Isaías fue uno de estos profetas. El texto que leemos este domingo nos lo demuestra: ofrecía la espalda a los que me aplastaban… no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos… por eso endurecía el rostro como pedernal sabiendo que no quedaría defraudado… el Señor me ayuda, ¿quién me condenará? Estas mismas palabras, aunque dichas en otros términos, las dicen los evangelistas de nuestro Mesías, el Señor Jesús. Nosotros, como cristianos, tenemos la obligación de aceptar, si llega el caso. en nuestra vida, ultrajes y desprecios por defender el evangelio, con ánimo sereno, sabiendo que el mismo Jesús y Dios nuestro Padre nos defenderá y nos lo premiará. Hagámoslo así, como buenos cristianos, como seguidores de un Mesías sufriente y resucitado.

3.- ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? Estas palabras del apóstol Santiago nos parecen, y son, evidentes en sí mismas, sin que tengamos que ver contradicciones con las palabras de los apóstoles san Juan y del apóstol Pablo, cuando dicen que lo que nos salva es la fe en Cristo Jesús. ¡Claro que lo que nos salva es la fe! Pero la fe cristiana supone fidelidad y compromiso con lo que creemos, tal como nos lo demostraron el mismo san Juan y el apóstol Pablo con su vida y muerte. El apóstol Pablo, en concreto, de quien conocemos bastante de su vida, por los Hechos de los Apóstoles, y por sus mismas cartas, sufrió muchas persecuciones y muerte por ser fiel a su fe en Cristo. Nadie debe poder decir nunca de un buen cristiano que tiene fe cristiana, pero que no tiene obras cristianas. Que tampoco nadie pueda decir de nosotros que tenemos fe cristiana, pero que nuestras obras contradicen nuestra fe. Si lo hacemos así caminaremos en presencia del Señor, tal como nos recomienda el salmo responsorial de este domingo.

Gabriel González del Estal

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Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le dijeron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas».

Él les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el mesías». Y Jesús les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Desde entonces comenzó a declararles que el hijo del hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, morir y resucitar al tercer día. Esto lo decía con toda claridad. Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle. Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, riñó a Pedro diciéndole: «¡Apártate de mí, Satanás!, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará.

Marcos 8, 27-35

 

Comentario del Evangelio

Y tú, ¿quién dices que es Jesús? ¿Quién es Jesús para ti? No podemos decir que somos cristianos y que eso no suponga algo muy importante en nuestra vida.

Por ejemplo, muchas veces vemos a las personas que son seguidores de un equipo de fútbol o son seguidores de algunos cantantes y hacen todo lo posible por estar en un partido de fútbol o en un concierto.

Nuestra pasión es Jesús y debemos vivirlo así… y transmitirlo a los demás. ¿Somos realmente así? ¿Vivimos a tope que somos cristianos? Debemos animarnos unos a otros para vivir con alegría el Evangelio.

 

Para hacer vida el Evangelio

• ¿Quién es para ti Jesús? Piesa durante un rato y escribe con sinceridad quién es para ti Jesús.

• ¿Cómo debemos vivir los cristianos ser seguidores de Jesús? ¿Y cómo lo debemos transmitir a los demás?

• Escribe un compromiso que te ayude a vivir a tope ser una persona que vive a tope ser seguidora de Jesús.

Oración

¿Quién decimos que eres, Señor?
¿Cómo te presentamos a los otros?
En este momento de la historia,
los dioses son:
el dinero, el prestigio, el trabajo,
la realización personal y el viajar.
La gente cree que no te necesita.
¿Cómo deberíamos hablar de Ti?
¿Cómo podríamos contagiar su vida
de tu presencia?
¿Cómo decir que Tú llenarías sus vacíos,
calmarías sus ansiedades,
relajarías su estrés
y colmarías su vida de ilusión y de sentido?

Haznos profetas, Señor,
que sepamos hablar de Ti
con lenguaje de hoy,
que no te presentemos en forma caducada,
ni envuelto en normas o ritos huecos,
sino como propuesta concreta de vida.

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