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Archive for 14/09/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LAS BANDERAS REALES SE ADELANTAN.

Las banderas reales se adelantan
y la cruz misteriosa en ellas brilla:
la cruz en que la vida sufrió muerte
y en que, sufriendo muerte, nos dio vida.

Ella sostuvo el sacrosanto cuerpo
que, al ser herido por la lanza dura,
derramó sangre y agua en abundancia
para lavar con ellas nuestras culpas.

En ella se cumplió perfectamente
lo que David profetizó en su verso,
cuando dijo a los pueblos de la tierra:
«Nuestro Dios reinará desde un madero.»

¡Árbol lleno de luz, árbol hermoso,
árbol ornado con la regia púrpura,
y destinado a que su tronco digno
sintiera el roce de la carne pura!

¡Dichosa cruz que con tus brazos firmes,
en que estuvo colgado nuestro precio,
fuiste balanza para el cuerpo santo
que arrebató su presa a los infiernos.

A ti, que eres la única esperanza,
te ensalzamos, oh cruz, y te rogamos
que acrecientes la gracia de los justos
y borres los delitos de los malos.

Recibe, oh Trinidad, fuente salubre,
la alabanza de todos los espíritus,
y tú que con tu cruz nos das el triunfo,
añádenos el premio, oh Jesucristo. Amén.

SALMODIA

Ant 1. ¡Oh gran obra de amor! Cuando en el árbol murió la Vida, con su muerte destruyó la misma muerte.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh gran obra de amor! Cuando en el árbol murió la Vida, con su muerte destruyó la misma muerte.

Ant 2. Adoramos, Señor, tu cruz y recordamos tu gloriosa muerte; compadécete de nosotros, tú que por nosotros padeciste.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Adoramos, Señor, tu cruz y recordamos tu gloriosa muerte; compadécete de nosotros, tú que por nosotros padeciste.

Ant 3. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

LECTURA BREVE   1Co 1, 23-24

Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo -judíos o griegos-: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Oh cruz gloriosa, en ti triunfó el Rey de los ángeles.
R. Oh cruz gloriosa, en ti triunfó el Rey de los ángeles.

V. Con su sangre lavó nuestras heridas.
R. En ti triunfó el Rey de los ángeles.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Oh cruz gloriosa, en ti triunfó el Rey de los ángeles.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh cruz victoriosa, signo admirable, ayúdanos a alcanzar el triunfo eterno.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh cruz victoriosa, signo admirable, ayúdanos a alcanzar el triunfo eterno.

PRECES

Oremos a nuestro Redentor, que por su cruz nos ha salvado, y digámosle confiados:

Por tu cruz, Señor, llévanos a tu reino.

Oh Cristo, que te anonadaste a ti mismo, tomando la condición de esclavo y pasando por uno de tantos,
haz que la Iglesia imite siempre tu humildad.

Cristo Señor, que te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte y una muerte de cruz,
haz que te sigamos por el camino de la obediencia y de la paciencia.

Cristo Señor, que fuiste levantado por Dios y recibiste el «Nombre-sobre-todo-nombre»,
concede a todos tus fieles perseverar hasta el fin.

Cristo Jesús, ante cuyo nombre se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo,
haz que todos los hombres te adoren y vivan en tu paz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo Jesús, a quien toda lengua proclamará: Señor, para gloria de Dios Padre,
recibe a nuestros hermanos difuntos en el reino de la eterna felicidad.

Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que has querido salvar a los hombres por medio de tu Hijo muerto en la cruz, te pedimos, ya que nos has dado a conocer en la tierra la fuerza misteriosa de la cruz de Cristo, que podamos alcanzar en el cielo los frutos de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Viernes, 14 Septiembre, 2018

Exaltación de la Santa Cruz
El que cree en Jesús tiene vida eterna.
Juan 3,13-17

Oración inicial

Padre, que has querido salvar a los hombres
con la Cruz de Cristo tu Hijo,
concédenos, a los que hemos conocido en la tierra
su misterio de amor,
gozar en el cielo de los frutos de su redención.
Por Cristo nuestro Señor.

1. LECTIO

Lectura del Evangelio:

Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga en él la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

El texto que hoy la liturgia nos propone está sacado de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. No nos tiene que sorprender el que el pasaje elegido para esta celebración forme parte del cuarto evangelio, porque es justamente este evangelio el que presenta el misterio de la cruz del Señor, como exaltación. Y esto está claro desde el comienzo del evangelio: “Así como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre” (Jn 3,14; Dn 7,13). Juan nos explica el misterio del Verbo Encarnado en el movimiento paradójico del descenso-ascenso (Jn 1,14.18; 3,13). Y es éste el misterio que ofrece la clave de lectura para comprender el despliegue de la identidad y de la misión de Jesucristo passus et gloriosus, y podemos decir con razón que esto no vale solamente para el texto de Juan. La carta a los Efesios, por ejemplo, se sirve de este mismo movimiento paradójico para explicar el misterio de Cristo: “Subió. ¿Qué quiere decir, sino que había bajado con los muertos al mundo inferior?” (Ef 4,9).

Jesús es el Hijo de Dios que al hacerse Hijo del hombre (Jn 3,13) nos hace conocer los misterios de Dios (Jn 1,18). Esto el solamente puede hacerlo, ya que el sólo ha visto al Padre (Jn 6,46). Podemos decir que el misterio del Verbo que baja del cielo responde al anhelo de los profetas: ¿quién subirá al cielo para revelarnos este misterio? (cfr. Dt 30,12; Prov 30,4). El cuarto evangelio está lleno de referencias al misterio de aquel que “ha bajado del cielo” (1 Cor 15,47). He aquí algunas citas: Jn 6,33.38.51.62; 8,42; 16,28-30; 17,5.

La exaltación de Jesús está justamente en este bajar hasta nosotros, hasta la muerte, y a la muerte de cruz, desde la cual él será levantado como la serpiente en el desierto y “todo el que la mire … no morirá” (Núm 21,7-9; Zc 12,10). Este mirar a Cristo ensalzado, Juan lo recordará en la escena de la muerte de Jesús: “Mirarán a aquel que traspasaron” (Jn 19,37). En el contexto del cuarto evangelio, el dirigir la mirada quiere significar, “conocer”, “comprender”, “ver”.

A menudo en el evangelio de Juan, Jesús se refiere al hecho de ser levantado: “Cuando hayan levantado en alto el Hijo del hombre, entonces conocerán que yo soy” (Jn 8,28); “‘cuando yo haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí’. Jesús daba a entender así de qué muerte iba a morir” (Jn 12,32-33). También en los sinópticos Jesús anuncia a sus discípulos el misterio de su condena a muerte y muerte de cruz (véase Mt 20,17-19; Mc 10,32-34; Lc 18,31-33). En efecto, Cristo tenía que “sufrir todo esto y entrar en la gloria” (Lc 24,26).

Este misterio revela el gran amor que Dios nos tiene. Es el hijo que nos es dado, “para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”, este hijo a quien nosotros hemos rechazado y crucificado. Pero justamente en este rechazo de nuestra parte, Dios nos ha manifestado su fidelidad y su amor que no se detiene ante la dureza de nuestro corazón. El actúa la salvación, a pesar de nuestro rechazo y desprecio (cfr. Hechos 4,27-28), permaneciendo siempre firme en realizar su plan de misericordia: “Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar el mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

b) Algunas preguntas:

i) En el evangelio ¿qué te ha llamado la atención?
ii) ¿Qué significa para tí la exaltación de Cristo y de su Cruz?
iii) Este movimiento de descenso-ascenso ¿qué consecuencias conlleva en la vivencia de la fe?

3. ORATIO

Salmo 78

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
presta oído a las palabras de mi boca;
voy a abrir mi boca en parábolas,
a evocar los misterios del pasado.

Cuando los mataba, lo buscaban,
se convertían, se afanaban por él,
y recordaban que Dios era su Roca,
el Dios Altísimo su redentor.

Le halagaban con su boca,
con su lengua le mentían;
su corazón no era fiel,
no tenían fe en su alianza.

Él, con todo, enternecido,
borraba su culpa, no los destruía;
bien de veces contuvo su cólera
y no despertó todo su furor.

4. CONTEMPLATIO

“Cristo Jesús es el Señor
para gloria de Dios Padre.” (Fil 2,11)

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Oración de la comunidad

Oración para el Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

Oración comunitaria Domingo XXIV Tiempo Ordinario

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Oración para la mañana en la semana del 17 al 21 de septiembre, con los materiales publicados por los salesianos.

Buenos días 7-11 septiembre. Infantil

Buenos días 17 al 21 de septiembre Ed Infantil

 

Buenos días 7-11 septiembre. Ed. Primaria

Buenos días 17 al 21 de septiembre. Ed. Primaria

 

Historia del Corpus Christi

Buenos días 17 al 21 de septiembre. Ed. Secundaria

 

Descargar

Buenos días 17 al 21 de septiembre. Bachiller

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¡Ay de los ricos!

— ¡Muy bien, Señor! ¡Qué buen palo les diste a los ricos!…
Así hablaba yo, aplaudiendo a mi Maestro por las cosas fuertes que él dijo contra los explotadores, los ricos injustos, y aquella frase de que a los ricos les va a ser muy difícil entrar en el reino.
— ¡Eso es, Maestro! ¡Eso es! —decía yo, frotándome de contento las manos y haciendo castañetas con los dedos.
Los ricos de todos los tiempos nunca fueron de acuerdo con un mensaje que les obligase a ceder a los menos favorecidos un poco de lo que habían amontonado.
Los ricos nunca llegan a entender lo que es pasar hambre y no tener qué dar a los hijos.
Los ricos sólo saben sufrir cuando pasan por el riesgo de una bancarrota o de un proceso por haber burlado las leyes del Estado.
Son los amos del mundo. No merecen más que eso que tú dices.
En mi calle hay un tío que factura casi un millón al día, con todas las lonjas que tiene, y el miserable le paga el sueldo mínimo a la empleada de hogar que le sirve diez horas diarias. Un caso así ni con la cárcel se arregla. Merece lo que tú dices: no entrar en el reino, ¡eso! La felicidad no es para él. Tener el infierno en vida. Eso se merecen.
Estoy deseando ver el día en que este mundo sea más justo y el trabajador pueda dar a los hijos lo que ese ricacho da a los perritos de su hija. ¡Ya sería algo mejor!
Jesucristo no hizo signo alguno de alegría. Me preocupé:
— ¿Cómo, Señor? ¿No te parece que tengo razón? En fin de cuentas, al rico no se le puede tratar con mucha deferencia, pues acaba pensando que con el dinero puede comprar incluso el reino de los cielos. ¡Hay que pegarles duro, Señor!
Jesucristo siguió impasible. Le dije con calma:
— ¿Me he equivocado en algo, Señor?
Me miró fijamente en los ojos y con infinita amargura en su voz dejó desgranar estas palabras:
— Tú hablas con maldad en los ojos y en el corazón. Muchos ricos y muchas prostitutas entrarán en el reino de los cielos delante de ti. Yerras al pensar que el reino de los cielos es sólo para quien no tiene nada en la cartera o en el banco. ¡Yo no quise decir eso! Tú planteas un problema político y social. Yo suelo ir un poco más lejos.
Y si quieres seguir siendo mi profeta, aprende a amar a los ricos: están abiertos a la plabra de Dios. Más de lo que te piensas. Tú sí que andas cerrado, pensando que por no tener apego material, ya sea voluntariamente o por incompetencia, estás ya salvado y eres más puro que ellos.
Vete a su lado y aprende a vivir tu pobreza en medio de ellos, los ricos, para que viendo tu testimonio descubran el valor de la pobreza y aprendan a disfrutar de la riqueza en medio de quienes quisieran participar de ella.
Desde entonces ya no juzgué nunca a un hombre sólo por tener una casa, un coche y un talonario de cheques. Más tarde aprendí que hay pobres codiciosos y ricos desprendidos, como hay también ricos ambiciosos y pobres completamente señores de su pobreza.

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76. La persona que ve las cosas como son realmente, se deja traspasar por el dolor y llora en su corazón, es capaz de tocar las profundidades de la vida y de ser auténticamente feliz[70]. Esa persona es consolada, pero con el consuelo de Jesús y no con el del mundo. Así puede atreverse a compartir el sufrimiento ajeno y deja de huir de las situaciones dolorosas. De ese modo encuentra que la vida tiene sentido socorriendo al otro en su dolor, comprendiendo la angustia ajena, aliviando a los demás. Esa persona siente que el otro es carne de su carne, no teme acercarse hasta tocar su herida, se compadece hasta experimentar que las distancias se borran. Así es posible acoger aquella exhortación de san Pablo: «Llorad con los que lloran» (Rm 12,15).

Saber llorar con los demás, esto es santidad.

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados»


[70] Desde los tiempos patrísticos, la Iglesia valora el don de lágrimas, como se puede ver también en la hermosa oración Ad petendam compunctionem cordis: «Oh Dios omnipotente y mansísimo, que para el pueblo sediento hiciste surgir de la roca una fuente de agua viva, haz brotar de la dureza de nuestros corazones lágrimas de compunción, para que llorando nuestros pecados, obtengamos por tu misericordia el perdón» (Missale Romanum, ed. typ. 1962, p. [110]).

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Guión litúrgico Domingo XXIV de Tiempo Ordinario – Ciclo B, 16 de septiembre de 2018.

Guión Litúrgico Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

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