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Archive for 15/09/18

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desead la paz a Jerusalén.

Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

Ant 2. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Salmo 129 – DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Pe 1, 19-21

Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Nuestra gloria es la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestra gloria es la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre
no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio
sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones
para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión
y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad
con María y con todos tus santos.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos de bondad y haz que te sirvamos con todo el corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 15 Septiembre, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Juan 19,25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

3) Reflexión

• Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, el evangelio del día relata el paso en el que María, la madre de Jesús, y el discípulo amado se encuentran en el calvario ante la Cruz. La Madre de Jesús aparece dos veces en el evangelio de Juan: al comienzo, en las bodas de Caná (Jn 2,1-5), y al final, a los pies de la Cruz (Jn 19,25-27). Estos dos episodios, exclusivos del evangelio de Juan, tienen un valor simbólico muy profundo. El evangelio de Juan, comparado con los otro tres evangelios es como una radiografía, mientras que los otros tres no son que una fotografía. La radiografía ayuda a descubrir en los acontecimientos dimensiones que la mirada común no llega a percibir. El evangelio de Juan, además de describir los hechos, revela la dimensión simbólica que en ellos existen. Así, en los dos casos, en Caná y en la Cruz, la Madre de Jesús representa simbólicamente el Antiguo Testamento que aguarda la llegada del Nuevo Testamento y, en los dos casos, contribuye en la llegada del Nuevo. María aparece como el anillo entre lo que había antes y lo que vendrá después. En Caná, simboliza el AT, percibe los límites del Antiguo y toma la iniciativa para que el Nuevo pueda llegar. Va a hablar al Hijo: “¡No tienen vino!” (Jn 2,3). ¿Y en el Calvario? Veamos:
• Juan 19, 25: Las mujeres y el Discípulo Amado junto a la Cruz. Así dice el Evangelio: “La madre de Jesús, la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena estaban junto a la cruz”. La “fotografía” muestra a la madre junto con el hijo, de pie. Mujer fuerte, que no se deja abatir. “Stabat Mater Dolorosa!” Ella es una presencia silenciosa que apoya al hijo en su entrega hasta la muerte, y a la muerte de cruz (Fil 2,8). Además de estos, la “radiografía” de la fe muestra cómo se realiza el paso del AT al NT. Como en Caná, la Madre de Jesús representa el AT. El Discípulo amado representa el NT, la comunidad que creció alrededor de Jesús. Es el hijo que nació del AT, la nueva humanidad que se forma a partir de la vivencia del Evangelio del Reino. Al final del primer siglo, algunos cristianos pensaban que el AT ya no era necesario. De hecho, al comienzo del siglo segundo, Marción rechazó todo el AT y se quedó solamente con una parte del NT. Por eso, mucho quierían saber cuál es la voluntad de Jesús al respecto.
• Juan 19,26-28 : El Testamento o la Voluntad de Jesús. Las palabras de Jesús son significativas. Viendo a su madre y a al lado de ella, al discípulo que él amaba, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienen a tu hijo.” Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.” El Antiguo y el Nuevo Testamento deben caminar juntos. A petición de Jesús, el discípulo amado, el hijo, el NT, recibe a la Madre, el AT, en su casa. En la casa del Discípulo Amado, en la comunidad cristiana, se descubre el sentido pleno del AT. El Nuevo no se entiende sin el Antiguo, ni el Antiguo es completo sin el Nuevo. San Agustín decía: “Novum in vetere latet, Vetus in Novo patet”. (El Nuevo está escondido en lo Antiguo, el Antiguo desemboca en el Nuevo). El Nuevo sin el Antiguo sería un edificio sin fundamentos. Y el Antiguo sin el Nuevo sería un árbol de fruta que no llega a dar frutos.
• María en el Nuevo Testamento. De María se habla poco en el NT, y ella misma habla menos aún. María es la Madre del silencio. La Biblia conserva apenas siete palabras de María. Cada una de estas siete palabras es como una ventana que permite mirar hacia dentro de la casa de María para descubrir cómo ella se relacionaba con Dios. La llave para entender todo esto nos la da Lucas en esta frase: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.” (Lc 11,27-28)
1ª Palabra: “¿Cómo puede ser esto si no conozco hombre?” (Lc 1,34)
2ª Palabra: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.” (Lc 1,38)
3ª Palabra: “Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1,46-55)
4ª Palabra: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos” (Lc 2,48)
5º Palabra: “¡No tienen vino!” (Jn 2,3)
6ª Palabra: “Haced lo que él os diga!” (Jn 2,5)
7ª Palabra: El silencio a los pies de la Cruz, más elocuente que mil palabras (Jn 19,25-27)

4) Para la reflexión personal

• María a los pies de la Cruz. Mujer fuerte y silenciosa. ¿Cómo es mi devoción a María, la madre de Jesús?
• En la Pietà de Miguelangel, María aparece bien joven, más joven que su hijo crucificado, cuando ya tenía que tener como mínimo alrededor de 50 años. Al preguntarle al escultor porqué había esculpido el rostro de Maríal tan joven, Miguel Angel contestó: “Las personas apasionadas por Dios no envejecen nunca”. ¡Apasionada por Dios! ¿Hay en mí esta pasión?

5) Oración final

¡Qué grande es tu bondad, Yahvé!
La reservas para tus adeptos,
se la das a los que a ti se acogen
a la vista de todos los hombres. (Sal 31,20)

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1. Palabra

En el proceso de maduración del discípulo de Jesús, representado por Pedro, la escena del Evangelio de hoy plasma el momento crítico:

Jesús ha desconcertado a los discípulos, pues hacía signos-milagros que respondían a sus expectativas, por un lado; pero, por otro, Jesús no cedía a las presiones y pretensiones que intentaban asimilarlo al Rey mesiánico vencedor y glorioso.

En Cesarea de Filipo han de definirse. Llegan al acto de fe en Jesús por encima de sus desconciertos.

Sin embargo, en cuanto Jesús anuncia su pasión, es decir, su camino de sufrimiento y fracaso, el discípulo se escandaliza. ¿Qué fe es ésta, que se echa atrás en el momento decisivo? ¿Es problema de valor? No. Pedro querrá entregar su vida en la noche del Jueves Santo. Es cuestión de seguir a Jesús, confiando en los planes de Dios.

2. Vida

En el proceso de maduración de todo creyente hay dos etapas:

Primera: Dios responde a las expectativas de liberación. El domingo pasado hemos reflexionado sobre ello. Corresponde al acto de confesión mesiánica de Pedro. Es verdad que la experiencia de la liberación ha estado ligada al sufrimiento; pero éste se atribuye a los condicionamientos que impiden la libertad interior.

Segunda: Dios nos llama a compartir con Jesús su destino redentor a través del sufrimiento. Lo que cuenta no es la experiencia de liberación, sino el amor que toma la cruz. Se sabe de antemano que «hay que perder la vida para ganarla»; pero la sensación no es de ensanchamiento liberador, sino de reducción y agujero, de entrar en las tinieblas.

¿En qué etapa te mueves habitualmente? Hay muchos que se someten a Dios y a las pruebas de la vida, y nunca experimentan la liberación. ¿Por qué? ¿Qué sabemos?

Los que hemos tenido la suerte de vivir un proceso de liberación, tenemos el peligro de aferrarnos a él. No terminamos de seguir a Jesús. Todavía estamos esperando a que realice nuestras expectativas.

Javier Garrido

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San 2, 1-9

“Dicen entre sí, calculando falsamente:
Corta y triste es nuestra vida, para el fin del hombre, 
y no se conoce persona que se salve del averno.
Porque somos hijos del azar
y tras esto seremos como si no hubiésemos sido.
Porque humo es la respiración en nuestras narices,
y el pensamiento una centella del latido de nuestro corazón.
Una vez extinguido, el cuerpo se torna ceniza
y el espíritu se desvanece como el aire sutil.
Nuestro nombre, con el tiempo caerá en olvido;
nadie se acordará de nuestras obras.
Como huella de nube pasará nuestra vida,
se disparará como niebla perseguida por los rayos del sol,
y por su calor abatida.
Pues nuestra vida es el paso de una sombra,
y nuestro fin es sin retorno;
porque se pone el sello y nadie vuelve.
Gocemos, pues, de los bienes existentes,
usemos de la creación como en la juventud, apresuradamente.
Llenémonos de vinos exquisitos y perfumes,
y no dejemos pasar ni una flor de la primavera.
Coronémonos de capullos de rosas antes que se marchiten.
Por todas partes dejemos señales de nuestro regocijo,
pues ésta es nuestra herencia y nuestra suerte” (Sab 2, 1-9).
Fui a hablar de Jesucristo a los universitarios.
— ¡Corta el rollo, tío! Aquí el asunto es mucho más realista: Kafka y Herman Hesse, ¿no has visto, no has comprendido?
Volví a hablar con el primero que encontré.
Me escuchó con curiosidad, meneó la cabeza y me deseó buena suerte:
Por ahí hay unos tipos que tal vez te escuchen, amigo carroza Pero si quieres un consejo desinteresado, no sigas hablando de esto, si no la turba puede decirte cuatro cosas desagradables. Este ambiente no es para hablar de renovación o de penitencia.
Seguí mi predicación. Hablé con una chica.
— ¡No me vengas con esas paparruchas, que son antiguallas desde hace ya mucho! -—me dijo—. Todavía hay algunas doncellas cristianas por ahí, pero la moral y los tiempos han cambiado. Jesucristo auqí, sólo para criticarle. El asunto de la virginidad, pureza, casamiento sin divorcio, renuncia, misa, confesión… ¡eso ya pasó! Cambia disco, si quieres sobrevivir aquí.
— ¡Pues vaya vida! ¿Es tan malo el ambiente aquí? —pregunté al grupo.
— ¡Nada de malo, va todo muy bien! Aquí la gente se pirra por el profesor que dice lo que nos gusta oír. El tipo que viene hablando de renuncia, huida del pecado, tomar en serio el amor, sublimar las pasiones…, ése aquí sobra.
Esta es la tierra de muchos dioses y pocos niños. Aquí son válidas todas las sugerencias, con tal de que sugieran lo qeu nos gusta oír. Quien viene con una solución, no vale, pues nosotros seguimos la onda de la ciencia; somos gente abierta e ilustrada, todo lo juzgamos desde un enforque lógico. Quien venga con el tema de querer hacernos cambiar de comportamiento y de imponer algunas renuncias, pierde el tiempo. Somos gente sin tabúes, ¿entiendido?
— Entonces no sois sinceros, no estáis intentando aprender a vivir. Lo que queréis es que los maestros digan amén a cuanto os parece válido, os ayuden a machacar lo que consideráis trasnochado, y que lo digan todo de una forma inteligente que obligue a los demás a imaginar que la cosa es muy complicada y sólo quien tiene cultura puede entenderla.
— ¡Diste en el clavo, tío! Aquí nosotros juzgamos. Si en lo que se nos dice encontramos sentido, entonces aceptamos; si no encontramos sentido, pero tampoco se nos exige todo, también aceptamos. Pero si uno viene exigiéndoselo todo a la gente y pidiendo que ésta cambie, ¡eso ya es moralismo! No hace falta ni rebatirlo. Jesucristo está ya medio pasado aquí. Nos van más Sartre, Marcuse y Krishnamurti.
Y todos asintieron, con los índices apuntando hacia arriba, casi en un gesto de paz y amor:
— ¡Diste en el clavo, tío!
Encontré muy interesantes a esos sabios de la era de la comunicación. Me solacé oyéndoles repetir las mismas frases de cajón, y admiré mucho su sabiduría de consumo. Pensé dentro de mí:
— Cuando descubran que Jesucristo sabía más que todos ellos juntos, ese día se llevarán un susto morrocotudo y desearán volver al abecé de la existencia.
Con todo, hubo algunos profesores y alumnos que me escucharon. Eran los que habían entrado en la facultad para aprender que el hombre no sabe casi nada.

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77. «Hambre y sed» son experiencias muy intensas, porque responden a necesidades primarias y tienen que ver con el instinto de sobrevivir. Hay quienes con esa intensidad desean la justicia y la buscan con un anhelo tan fuerte. Jesús dice que serán saciados, ya que tarde o temprano la justicia llega, y nosotros podemos colaborar para que sea posible, aunque no siempre veamos los resultados de este empeño.

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La confesión de fe

1. Este pasaje ocupa un lugar central en el evangelio de Marcos, al que divide en dos partes. En la primera, Jesús intenta mantener su «secreto mesiánico»; en la segunda, lo revela y explica. En este momento crucial, los discípulos dan un primer testimonio: «Tú eres el Mesías». En realidad, identifican a Jesús como el salvador esperado por los sectores populares nacionalistas. La confesión definitiva la hará el mismo Jesús cuando afirme delante del Consejo judío: «Yo soy el Mesías». A partir de esta afirmación se entiende el mesianismo de Jesús: Jesús predica, actúa y muere por el reino de Dios, que es reino de justicia, de verdad y de vida; no es un Mesías político que intente reinar sobre las naciones o dominar a los pueblos. Lo confirmará el centurión al pie de la cruz: «Verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios».

2. Jesús educa a sus discípulos en un doble sentido: por una parte, silenciar un mesianismo desvirtuado por los intereses políticos y, por otra, aceptar una entrega de total servicio hasta la muerte. Jesús no es un rey poderoso, sino un servidor sufriente. Por lo demás, discípulo de Jesús no es quien se reduce a confesar verbalmente la fe a base de meras fórmulas. Dos son las condiciones esenciales para el discipulado:

1) renunciar a uno mismo (abandonarlo todo); y

2) cargar con la cruz, es decir, llevarla hasta el lugar del suplicio (humillación suprema). De este modo, los seguidores de Jesús participan en su misión siguiendo en pos de él.

3. La vida cristiana es participación en Cristo, que llega a la gloria mesiánica a través de la pasión y la muerte, consecuencia de su estilo de vida. El creyente debe vivir la paradoja cristiana: salvar la vida es perderla, y perderla por Cristo es salvarla.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Conlleva un compromiso real nuestra confesión de fe?

En el fondo, ¿quién es Jesús para nosotros?

Casiano Floristán

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El precio del discipulado

La fe se expresa en obras, en gestos concretos de amor. Este es un tema central del mensaje bíblico.

¿Quién es Cristo para nosotros?

Se trata de un texto clave del evangelio de Marcos. La escena tiene lugar camino a tierra pagana (Cesarea de Filipo), sugerente indicación de la universalidad del alcance del diálogo que va a seguir (cf. Mc 8, 27). Jesús toma la iniciativa y pregunta por la idea que tienen de él quienes lo han oído y visto. La interpelación tiene una cierta cadencia; se hace en dos pasos. Primero se interesa por lo que la gente piensa (cf. v. 27). Hace poco los discípulos habían regresado de una tarea de evangelización (cf. Mc 6, 6-13), por consiguiente la cuestión es también: ¿Qué testimonio habéis dado vosotros de mí? Según la respuesta, las personas lo vinculan a la línea profética (Elías, Juan Bautista),ninguna mención a un pretendido mesianismo político(cf. v. 28). Para ellos Jesús se inscribe en la gran tradición profética. Es una percepción interesante.

La segunda pregunta es más desafiante y va más a fondo: «¿Quién decís que soy yo?» (v. 29). Ellos que lo han seguido y escuchado desde hace tiempo. La pregunta es colectiva, Pedro responde en nombre de todos: «Tú eres el Mesías» (v. 29). No sólo un profeta, sino el Ungido de Dios, el Cristo. El asunto no queda ahí. Jesús anuncia que será rechazado por los grandes de su pueblo, repudio que lo llevará a la muerte. Es mucho para Pedro: se niega a aceptar la dificultad que acarrea la misión de Jesús. El Señor reprocha a Pedro su actitud: «Quítate de mi vista, Satanás» (v. 33), dicen las traducciones corrientes. Más exacto y literal es decir: «Ve detrás de mí», lo que equivale a decir recupera tu puesto de discípulo, no seas un obstáculo (Satanás) en mi camino. Por lo tanto, el reproche de Jesús comprende ya su voluntad de perdón. Cree que Pedro es capaz de retomar su condición de discípulo, de seguidor suyo. Jesús rechaza la postura de Pedro, no a la persona; al contrario, le hace ver que pese a todo confía en él.

Gustavo Gutiérrez

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