II Vísperas – Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HACEDOR DE LA LUZ: TÚ QUE CREASTE

Hacedor de la luz: tú que creaste
la que brilla en los días de este suelo,
y que, mediante sus primeros rayos,
diste principio al universo entero.

Tú que nos ordenaste llamar día
al tiempo entre la aurora y el ocaso,
ahora que la noche se aproxima
oye nuestra oración y nuestro llanto.

Que cargados con todas nuestras culpas
no perdamos el don de la otra vida,
al no pensar en nada duradero
y al continuar pecando todavía.

Haz que, evitando todo lo dañoso
y a cubierto de todo lo perverso,
empujemos las puertas celestiales
y arrebatemos el eterno premio.

Escucha nuestra voz, piadoso Padre,
que junto con tu Hijo Jesucristo
y con el Santo Espíritu Paráclito,
reinas y reinarás en todo siglo. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Yo mismo te engendré entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo mismo te engendré entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Ant 2. Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.

Salmo 111- FELICIDAD DEL JUSTO

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.

Ant 3. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «El que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará», dice el Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «El que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará», dice el Señor.

PRECES

Alegrándonos en el Señor, de quien vienen todos los dones, digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado desde donde sale el sol hasta el ocaso,
fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haz que seamos dóciles a la predicación de los apóstoles,
y sumisos a la fe verdadera.

Tú que amas la justicia,
haz justicia a los oprimidos.

Libera a los cautivos, abre los ojos al ciego,
endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que nuestros hermanos que duermen ya el sueño de la paz
lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos de bondad y haz que te sirvamos con todo el corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

Nos encontramos en una época del año en que cambia la temperatura. Da la impresión de que a veces nos encontramos aún en verano; en otros momentos que nos hallamos ya en invierno. La hojas de los árboles han comenzado a caer. No hay duda posible; vemos que pronto tendremos el otoño.

En el Leccionario de los domingos nos encontramos con un cambio muy semejante. La escena del Evangelio que acabamos de escuchar sirve de transición entre las dos grandes partes que constituyen las dos mitades del Evangelio de Marcos. Hasta ahora asistíamos a una revelación gradual de quién era Jesús, aun cuando nadie lo comprendiera. A partir de ahora va a comenzar una larga marcha que lo conducirá hasta Jerusalén y finalmente a la muerte. Para nosotros, tras la celebración gozosa de pascua, nos ha conducido la liturgia a la comprensión de determinados aspectos del misterio de Cristo. Ahora comienza dicha liturgia a mostrarnos las exigencias de ese misterio para nosotros.

Jesús pregunta a sus discípulos: “Para la gente, ¿quién soy yo?”, a lo que sigue: “Y vosotros, ¿qué decís vosotros? Para vosotros, ¿quién soy yo?”

Es muy probable que la pregunta “quién es Jesús?” nos haya parecido durante mucho tiempo, para la mayor parte de nosotros, una pregunta más bien teórica – sin duda alguna hasta el día en que, por razones propias de cada uno, nos hemos visto empujados a preguntarnos sobre el sentido de nuestra propia existencia. Es entonces cuando nos hemos preguntado: “¿Quién soy yo?”

¿Quiere ello decir que la pregunta planteada por Jesús a sus discípulos era retórica? ¿Qué era un artificio pedagógico para poder enseñarles quién era? – No lo creo. Creo por el contrario que en este momento en su existencia humana, este problema revestía para Él una importancia vital, y ello por dos razones. La primera de ellas era la de descubrir el misterio de su identidad era tan crucial e importante para Jesús como lo es para cada uno de nosotros; y la segunda era que no le era más indiferente de lo que pueda serlo para cualquiera de nosotros cómo iba a sobrevivir en el recuerdo de sus amigos.

Jesús sabía en efecto que estaba perdiendo la batalla con las autoridades del pueblo. Sabía que pronto iba a morir, dejando tras de si un puñado de discípulos que eran sumamente débiles. ¿Sería ello el final de todo? ¿Iba a ser su misión un fracaso total? ¿Seguirían acordándose de Él? Estaba su memoria suficientemente viva para darles la fuerza necesaria para proseguir la misión que había comenzado y que iba a ser interrumpida de manera tan abrupta?

Cuando una persona se ve confrontada con una crisis profunda, necesita tener una comprensión, más profunda que de costumbre, de su identidad personal. Necesita asimismo tener la certeza de que, sea cual fuere el fracaso o el desastre, habrá quienes no perderán su fe en ella; y que ella proseguirá viviendo en su memoria. Jesús se hallaba en este punto en su vida.

Se muestra incluso impaciente con Pedro, al que le cuesta comprender y que se asemeja un poco a ese ciego al que había curado Jesús al comienzo de este capítulo. Escena ésta que es en verdad sorprendente. Se trata de la curación de un ciego en etapas sucesivas. En un primer momento puede el ciego ver a los hombres, mas se halla aun su visión aun tan embrollada que le parece que son árboles que están andando..Jesús lleva a cabo entonces la segunda fase de la operación y el ciego recobra totalmente la vista. Algo semejante le acontece a Pedro. Después que hubo calmado Jesús la mar, cuando todos se preguntaban: “¿quién puede ser éste?”, aparecía claro para Pedro que Jesús era el Mesías. Pero todavía es una visión confusa. No sabía, y ni siquiera quería saber, que Jesús era un Mesías crucificado. Sólo más tarde, tras la Crucifixión llegará a comprenderlo.

Tan difícil de aceptar era para Pedro como para nosotros esa verdad. Y ello a causa de las consecuencias que de ello habían de seguirse lo mismo en su vida que en la nuestra. Seguir a a un candidato popular a la realeza y a un taumaturgo de fama era algo más bien agradable. Algo totalmente diferente era ser discípulo de un condenado muerte. Y sin embargo es bien claro el mensaje de Jesús: “Si quiere alguien seguirme, que renuncie a si mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Si se nos hace difícil, e incluso imposible interpretar estas palabras, se debe ello a que no precisan de interpretación alguna y no soportan el verse interpretadas. Es menester que las tomemos en su sentido literal: “Si quiere alguien seguirme, que e renuncie a si mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

A. Veilleux

La pregunta directa de Jesús: y tú, ¿quién dices que soy yo?

Querido amigo: El encuentro de hoy es un encuentro íntimo, profundo, ansioso de Jesús, de saber qué pienso, qué siento, qué sé, qué quiero de Él. Y junto a losdiscípulos, me pregunta: “Bueno, ¿y tú qué piensas de mí? ¿Tú quién dices que soy Yo?”. Lo vamos a ver en el texto que nos narra hoy Marcos en el capítulo 8, versículo27-35. Nos vamos a aquella escena, escuchamos lo que ocurre y lo que dice Jesús en este momento:

Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo y por elcamino preguntó a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que soy Yo?”. Ellos lerespondieron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?”. Pedro respondió: “Tú eres el Cristo”. Y les ordenó taxativamente que no lo dijeran a nadie. Y empezó aenseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Y hablaba de esto con toda claridad. Pedro entonces, tomándole aparte, se puso a reprenderle. Pero Él, vuelto hacia sus discípulos y mirándolos, reprendió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, que no sientes las cosas que son de Dios, sino las de los hombres!”. Y llamando a las gentes junto con sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, pues quien quiera salvar su vida la perderá, mas quien pierda su vida pormí y por el Evangelio, la salvará”.

Bien, querido amigo, nos transportamos a Cesarea de Filipo. Es uno de los parajes y de los paisajes más bellos de Tierra Santa. Junto al Jordán, allí, Jesús ha venido a descansar, ha estado orando, y está con sus discípulos. Y en medio de esaintimidad, les pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?”. Ha hecho milagros, lehan querido alabar, le han querido hacer Rey, todo lo hace bien… Pero Él, ahora, en la intimidad quiere preguntar a los discípulos: “¿Quién decís que soy Yo?”.

No puedo continuar, querido amigo… Hoy, también, Jesús a ti y a mí en la intimidad de este encuentro, igual que a los discípulos, nos pregunta: “¿Y tú, quién dices que soy Yo?”. “La gente dice que eres, unos Juan —contestan los discípulos—, otros Elías, otro el Profeta…”. “Vale, pero vosotros —tú y yo, querido amigo, somos interrogados en estos momentos por el amor de Jesús que espera nuestra respuesta con toda ansia y con todo cariño—, ¿quién pensáis que soy Yo?”. Y en estos momentosnos sale de todo en nuestro interior. ¿Qué pensamos de Él? Que Él es nuestra vida, que Él es nuestro amigo, que Él es nuestro compañero, que Él es nuestra fuerza, nuestra fuente de amor.

Y seguimos con los discípulos viendo todo lo que ocurre. Una vez que los discípulos le contestan así, Pedro enseguida con ese amor, con ese ardor, primario, ledice: “Tú eres el Mesías”. Entonces le lleva aparte, le empieza a recriminar, le empieza a decir… pero a Jesús no le gusta eso, que le increpe. Le dice: “¡Quítate de aquí, Pedro!¡Quítate de mi vista! Tú ahora mismo no piensas nada más que como hombre, y nopiensas como Dios. Tú sabes… ¿quieres saber quién soy Yo? Pues mira, si quieres saber, si quieres seguirme, si quieres venir conmigo, tienes que negarte, tienes que cargar la cruz, tienes que seguirme, porque así te salvarás. Y el único camino para seguirme, Pedro, —y también se dirige a ti y a mí, querido amigo— es negarte a ti mismo, es cargar, aceptar todo lo que tengas, que es cruz. ¿Y qué es cruz? Todo lo que te produce sufrimiento y dolor, y sobre todo, todo lo que no aceptas. Pero tienes que aceptarlopara saber que ése es el abrazo mío”.

¡Con qué amor, con qué ansia espera Jesús mi respuesta! Cuando todo es fácil, cuando todo es aclamación, positividad… las cosas van bien. Pero cuando ya no es así, cuando entra en el camino de la vida el sufrimiento, el dolor, la persecución, la contradicción, no pensamos así. Por eso a Jesús le interesa preguntarnos, evaluarnos, controlar cuál es nuestro pensamiento: “La gente dice esto, pero tú ¿qué dices?, ¿quésoy Yo para tu vida?”. Querido amigo, vamos a escuchar a Jesús que nos lo pregunta y en pleno silencio y en pleno amor le vamos a contestar. Él quiere que aprendamos su camino, que aprendamos que su vida es una vida de renuncia, de seguirle, de tomar la cruz cada día. Que es costoso, ya lo sabemos. Que es difícil de entender, ya lo sabemos. Pero está Él ahí, Él nos ayuda.

Y qué gracias le tenemos que dar en este encuentro a Jesús, que nos recuerda su forma de ser, que nos recuerda que si le aceptamos somos de Él, en la alegría y en el sufrimiento, en la alabanza y en la persecución, cuando tenemos luz, cuando no latenemos. Muchas veces le decimos a Jesús: “Si Tú eres el todo para mí, pero ¿sabes?, muchas veces la vida nos resulta dura. Unas veces por nuestra misma forma de ser, nuestra misma forma natural; otras por el ambiente, porque unos y otros nos hacemos sufrir. Pero no entendemos que Tú eres al que te ganamos cuando nos perdemos, cuando seguimos tomando tu cruz”.

Hoy, Jesús, es un compromiso hacia ti, un encuentro íntimo, cariñoso,amoroso… ¡Tú eres el todo para mí! Dejemos que nuestro corazón se desfogue diciéndole lo que es para nosotros. Dejemos que nos explayemos seducidos por suamor, por su fuerza, por su persona, porque nos contagia su vida, su espíritu… ¡por todo! Y dejemos que este corazón, este pobre corazón sepa apegarse sólo a Él y sepa apegarse para que Él nos ayude a seguir, a continuar en este camino, a fortalecer nuestro ánimo cuando veamos que todo es cruz, cuando veamos que las cosas no son como queremos.

Resuena en mi interior esa frase, como un disco repetitivo —y un Jesús que me espera con una cara de amor, una espera de cariño y una respuesta que quiere que le diga quién eres Tú para mí—, oigámoslo una y otra vez: “¿Quién eres Tú para mí?”. Sí, Señor, Tú me preguntas quién eres Tú para mí y yo te contesto: “Tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Eres mi Dios, mi Señor, mi Maestro, mi único Amigo, mi Todo. En ti descanso, en ti me fortalezco, en ti me consuelo, en ti me alegro. A veces no sé seguirte, pero quiero seguirte. Enséñame a negarme. Enséñame a cargar con la cruz, con lo que me cuesta, con lo que no acepto, con lo que no entiendo, porque si lo acepto me abrazo a ti, y ese abrazo definitivo me une a ti para siempre y me une y me da vida en mi vida”.

“¿Quién eres Tú para mí?”… Dejemos que resuene, querido amigo, esta frase y entremos en pleno diálogo con el Señor dejando rienda suelta a nuestro corazón y engrandeciendo nuestra fe. Que al fin de nuestra vida pueda decir una y mil veces:“Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que te quiero. Dudo, pero aumenta mi débil fe…¿Quién eres Tú para mí? Señor, Tú eres mi Camino, mi Vida, mi Fuerza y mi Amor”. Mequedo contigo hablando en el interior de mi corazón y respondiendo con mi pobreza ante tanto amor para ti.

Le pedimos a la Virgen que nos ayude en este encuentro para que le demostremos a Jesús todo el amor que tenemos y todo lo que le queremos. “Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que te quiero. ¿Quién eres Tú para mí?”…

Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

San 2, 13-24

“‘Acechemos al justo, pues nos fastidia,
y se opone a nuestras obras,
y nos echa en cara las infracciones de la ley,
y nos acusa de traicionar nuestra educación.
Se gloría de tener el conocimiento de Dios,
y se tiene por hijo de Dios.
Él es un reproche de nuestros pensamientos, 
y aun el verlo nos es molesto.
Porque su vida no se parece en nada a la de los otros,
y muy distinto son sus caminos.
Somos para él como escoria,
y se aparta de nuestros caminos como de impureza.
Proclama feliz la suerte de los justos,
y se gloría de tener a Dios por padre.
Veamos si sus palabras son verdaderas,
y probemos cómo se las arregla en su suerte final.
Porque si el justo realmente es hijo de Dios,
Él lo protegerá,
y lo librará de las manos de sus adversarios.
Probémoslo con ultrajes y tormento,
veamos su dulzura  y probemos su paciencia.
Condenémoslo a muerte infame,
pues, según dice, habrá quien vele sobre él’.
Así razonan, pero se engañan.
Su maldad les cegó, y no conocen los secretos de Dios,
ni esperan recompensa de la piedad,
ni reconocen el premio de las almas irreprochables.
Porque Dios creó al hombre para la incorrupción,
y lo hizo a imagen de su propio ser.
Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo,
y la experimentan los que le pertenecen” (Sab 2, 13-24).
Yo dije:
— ¿Sabes una cosa, Señor? Los comunistas, que no creen en la eficacia de lo que tú enseñaste, y llegan a destruir a quienes predican amor y fe al Padre común, están teniendo más éxito que nosotros.
Marx tuvo más suerte con sus adeptos. Sus seguidores viven su doctrina hasta las últimas consencuencias y mueren incluso por ella, matando o no.
Y hay todavía más, Señor: ellos predican abiertamente la lucha de clases, sin retroceder ante la violencia. Al contrario, se apelan a la guerra de guerrillas, el sabotaje, el terrorismo y las matanzas, si es necesario, pues creen estar seguros y viviendo un estado de excepción en el mundo, mientras el comunismo no quede implantado. Por eso viven haciendo guerras de liberación. Y juran no descansar hasta haber implantado este sistema en el último pueblo de la tierra.
Conocen muy bien la doctrina de su maestro y tienen a gala el divulgarla abierta o clandestinamente.
Gracias a eso, hoy son, tras medio siglo, el doble de lo que nosotros conseguimos ser en dos mil años.
A este respecto, los seguidores de Jesús de Nazaret siguen bien acomodados y sin ningún interés de ver el mundo conquistado a su doctrina.
En las grandes ciudades cristianas, ni siquiera el 5% de la población practica la religión. Ni un 3% se reúne para oír las cosas que él transmitía. ¡Los cristianos nunca tienen tiempo para oír hablar de su Señor y Maestro! Hay más antros de fetichismo, en medida desproporcionada, que iglesias; y en ellos hablan de otros “dioses”, no de ti.
El número de sacerdotes disminuye; el de las mujeres consagradas a tu causa, va de capa caída. El pueblo se apasiona por las cosas más misteriosas y complicadas.
¡Has perdido cotización, Jesús! Ha quedado sólo un nombre y una costumbre piadosa. Si no fuera por el grupito testarudo de quienes decidieron que el siglo XX tenía que conocer al Maestro de los siglos, ni se te nombraría ya.

Gaudete et exsultate (Francisco I)

78. Pero la justicia que propone Jesús no es como la que busca el mundo, tantas veces manchada por intereses mezquinos, manipulada para un lado o para otro. La realidad nos muestra qué fácil es entrar en las pandillas de la corrupción, formar parte de esa política cotidiana del «doy para que me den», donde todo es negocio. Y cuánta gente sufre por las injusticias, cuántos se quedan observando impotentes cómo los demás se turnan para repartirse la torta de la vida. Algunos desisten de luchar por la verdadera justicia, y optan por subirse al carro del vencedor. Eso no tiene nada que ver con el hambre y la sed de justicia que Jesús elogia.

Lectio Divina – 16 de septiembre

Lectio: Domingo, 16 Septiembre, 2018

Cómo seguir a Jesús
Cuidado de los discípulos, curación de los ciegos
Marcos 8,27-35

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El texto del evangelio de este 24º domingo del tiempo ordinario trae el primer anuncio de la pasión y muerte de Jesús a los discípulos, el intento de Pedro de eliminar la cruz y la enseñanza de Jesús sobre las consecuencias de la cruz para ser sus discípulos.
Pedro no entiende la propuesta de Jesús sobre la cruz y el sufrimiento. Él aceptaba a Jesús Mesías, pero no como Mesías sufriente. Pedro estaba condicionado por la propaganda del gobierno de la época que hablaba del Mesías sólo en términos de rey glorioso. Pedro parecía ciego. No entreveía nada y quería que Jesús fuese como él. Pedro, deseaba e imaginaba. Hoy todos creemos en Jesús, Pero no todo lo entendemos en la misma forma. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cuál es hoy la imagen más común que la gente tiene de Jesús? ¿Existe hoy una propaganda que intenta interferir nuestro modo de ver a Jesús? ¿Quién soy yo para Jesús?

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

Marcos 8,27-28: La pregunta de Jesús sobre la opinión de la gente y la respuesta de los discípulos
Marcos 8,29-30: La pregunta de Jesús y la opinión de sus discípulos
Marcos 8,31-32ª: El primer anuncio de la pasión y muerte
Marcos 8,32b-33: La conversación entre Pedro y Jesús

c) El texto:

27 Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» 28 Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.» 29 Y él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo.» 30 Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él.
Marcos 8,27-3531 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. 32Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro se puso a reprenderle. 33 Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»
34 Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 35 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha gustado y que ha llamado más tu atención?
b) ¿Cuál es la opinión de la gente y de Pedro sobre Jesús? ¿Por qué Pedro y la gente piensan de este modo?
c) ¿Cuál es la relación entre la curación del ciego, descrita un poco antes (Mc 8,22-26) y la conversación de Jesús con Pedro y los otros discípulos?
d) ¿Qué pide Jesús a aquéllos que lo quieren seguir?
e) ¿Qué nos impide hoy reconocer y asumir el proyecto de Jesús?

5. Para aquéllos que desean profundizar en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

i) En el texto de Marcos 8,27 comienza con una larga instrucción de Jesús a sus discípulos que llega hasta el pasaje de Marcos 10,45. Tanto al principio como al final de esta instrucción, Marcos coloca la curación del ciego: Marcos 8,22-26 y Marcos 10,46-52). Al comienzo la curación del ciego no fue fácil y Jesús tuvo que curarlo en dos etapas. También fue difícil la curación de la ceguera de los discípulos. Jesús tuvo que dar una larga explicación sobre el significado de la Cruz para ayudarles a atisbar la realidad, porque era la cruz la que provocaba su ceguera. Al final la curación del ciego Bartimeo es el fruto de la fe en Jesús. Sugiere el ideal del discípulo: creer en Jesús y aceptarlo como es, y no como yo quiero y me lo imagino.

ii) En los años 70, cuando Marcos escribe, la situación de la comunidad no era fácil. Había mucho dolor, eran muchas las cruces. Seis años antes, en el 64, el emperador Nerón había decretado la primera persecución, matando a muchos cristianos. En el 70, en Palestina, Jerusalén, estaba por ser destruida por los romanos. En otros países, se estaba iniciando una fuerte tensión entre judíos convertidos y judíos no convertidos. La más grande dificultad era la Cruz de Jesús. Los judíos pensaban que un crucificado no podía ser el Mesías tan esperado de la gente, porque la ley afirmaba que cualquiera que hubiese sido crucificado debía ser considerado como un maldito de Dios. (Dt 21,22-23).

b) Comentario del texto:

Marcos 8,22-26: Curación del ciego
Le llevan a un ciego, y le piden a Jesús que lo cure. Jesús lo cura, pero de un modo diverso. Primero lo lleva fuera de la aldea, después pone saliva en sus ojos, le impone las manos y le dice: “¿Ves algo?” El hombre responde: “¡Veo a los hombres, algo así como árboles que andan!” Veía sólo una parte. Veía como árboles y los intercambiaba por la gente, la gente por árboles. Sólo en un segundo intento Jesús cura al ciego y le prohíbe entrar en la aldea. ¡Jesús no quiere una propaganda fácil! Esta descripción de la curación del ciego es una introducción a la instrucción que le será dada después a los discípulos, porque en realidad, eran ciegos Pedro y los otros discípulos. Y la ceguera de los discípulos es curada por Jesús, aunque también ella, no al primer golpe. Ellos aceptaban a Jesús como Mesías, pero sólo como Mesías glorioso. Notaban sólo una parte. No querían el compromiso de la Cruz. ¡Cambiaban árboles por personas!

Marcos 8,27-30. VER: el descubrimiento de la realidad
Jesús pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos responden indicando las diversas opiniones de la gente: “Juan Bautista”, “Elías o uno de los profetas”. Después de escuchar las opiniones de los otros, Jesús pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?” Pedro responde: “¡Tú eres el Cristo, el Mesías!” O sea: “¡El Señor es el que la gente está esperando!” Jesús está de acuerdo con Pedro, pero le prohíbe hablar de esto con la gente. ¿Por qué Jesús se lo prohíbe? Porque entonces todos esperaban la venida del Mesías, pero cada uno a su modo, según la clase y la posición social que ocupaban: algunos lo esperaban como rey, otros como sacerdote, doctor, guerrero, juez o profeta! Ninguno parecía esperar al Mesías Siervo, anunciado por Isaías (Is 42,1-9).

Marcos 8,31-33. JUZGAR: aclaración de la situación: primer anuncio de la pasión
Jesús comienza a enseñar que Él es el Mesías Siervo anunciado por Isaías, y será preso y muerto en el ejercicio de su misión de justicia (Is 49,4-9; 53,1-12). Pedro se llena de temor, llama a Jesús aparte para desaconsejarlo. Y Jesús responde a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!” Pedro pensaba que había dado la respuesta justa. Y , en efecto, dice la palabra justa: “¡Tú eres el Cristo!” Pero no da a esta palabra el significado justo. Pedro no entiende a Jesús. Es como el ciego de Betsaida. ¡Cambiaba la gente por árboles!. La respuesta de Jesús fue durísima. ¡Llama a Pedro, Satanás! Satanás es una palabra hebrea que significa acusador, aquél que aleja a otros del camino de Dios. Jesús no permite que nadie lo aleje del camino de Dios, de su misión. Literalmente, Jesús dice: “¡Ponte detrás!” O sea, Pedro debe caminar detrás de Jesús, debe seguir a Jesús y aceptar el trayectoria o la dirección que Jesús indica. Pedro quería ser el primero en indicar la dirección . Quería un Mesías a su medida y a su deseo.

Marcos 8,34-37. OBRAR: condiciones para seguir
Jesús saca conclusiones que son válidas para hoy mismo:¡Quien quiera venir detrás de mí coja su cruz y sígame! En aquel tiempo, la cruz era la pena de muerte que el imperio romano imponía a los marginados. Tomar la cruz y cargársela detrás de Jesús quería decir, por tanto, aceptar ser un marginado por el injusto sistema que legitimaba la injusticia. Indicaba una rotura radical y total. Como dice San Pablo en la carta a los Gálatas: “En cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gál 6,14). La Cruz no es fatalismo, ni siquiera una exigencia del Padre. La cruz es la consecuencia del compromiso libremente asumido por Jesús para revelar la Buena Noticia que Jesús es Padre y por tanto todos deben ser aceptados y tratados como hermanos. Por causa de este anuncio revolucionario, fue perseguido y no tuvo miedo de dar su vida. ¡Prueba mayor que dar a vida por el propio hermano!

c) Ampliando conocimientos:

La instrucción a los discípulos

Entre las dos curaciones del ciego (Mc 8,22-26 y Mc 10,46-52), se encuentra una larga instrucción de Jesús a sus discípulos, para ayudarles a entender el significado de la cruz y sus consecuencias para la vida (Mc 8,27 a 10,45). Parece un documento, una especie de catecismo, hecho por el mismo Jesús. Habla de la cruz en la vida del discípulo Es una especie de esquema de instrucción:

Mc 8,22-26: Curación de un ciego
         Mc 8,27-38: Primer anuncio de la Pasión
                   Mc 9,1-29: Instrucción sobre el Mesías Siervo
         Mc 9,30-37: Segundo anuncio de la Pasión
                   Mc 9,38 a 10-31: Instrucciones sobre la conversación
         Mc 10,32-45: Tercer anuncio de la Pasión
Mc 10,46-52: Curación de un ciego.

Como se ve en el cuadro anterior, la instrucción está compuesta de tres anuncios de la pasión. El primero es de Mc 8,27-38, el segundo de Mc 9,30-37 y el tercero de Mc 10,32-45. Entre el primero y el segundo hay una serie de instrucciones que aclaran la conversión que debe acaecer en la vida de los que aceptan a Jesús como Mesías Siervo (Mc 9,38 a 10,31). El conjunto de la instrucción tiene como fondo el camino de la Galilea a Jerusalén, del lago a la Cruz. Jesús está en camino hacia Jerusalén (Mc 8,27; 9,30.33; 10, 1.17.32), donde encontrará la cruz.

En cada uno de estos tres anuncios, Jesús habla de su pasión, muerte y resurrección como parte del proyecto de Jesús: “El Hijo del Hombre debe sufrir mucho, y ser rechazado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y por los escribas, para después ser muerto y, después de tres días, resucitaré” (Mc 8,31; 9,31; 10,33). La expresión debe indica que la cruz ha sido anunciada ya en las profecías (cf Lc 24,26)

Cada uno de estos tres anuncios de la pasión está acompañado por gestos o palabras de incomprensión por parte de los discípulos. En el primero, Pedro no quiere la cruz y critica a Jesús (Mc 8,32). En el segundo, los discípulos no entienden a Jesús, tienen miedo y quieren ser grandes (Mc 9,3-34). En el tercero, tienen miedo y buscan promociones (Mc 10,35-37). Y esto porque en las comunidades para las cuáles Marcos escribe su evangelio había muchas personas como Pedro; ¡no querían la cruz! Eran como los discípulos: no entendían lo de la cruz, tenían miedo y quería ser los más grandes; vivían en el temor y querían ser promocionados. Cada uno de estos tres anuncios deja una palabra de orientación por parte de Jesús, criticando la falta de comprensión de los discípulos y enseñando cómo debe ser su comportamiento. Así, en el primer anuncio, Jesús exige de los que quieren seguirlo, llevar la cruz detrás de Él, perder la vida por amor a Él y su evangelio, no avergonzarse de Él y de su palabra (Mc 8,34-38). En el segundo, exige: hacerse siervos de todos, recibir a los niños, los pequeños, como si fuese Jesús mismo (Mc 9,35-37). En el tercero exige beber el cáliz que Él beberá, no imitar a los poderosos que explotan a los demás, sino imitar al Hijo del Hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida para rescate de muchos (Mc 10,35-45)

La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el empeño práctico, caminandocon Él a lo largo del camino del servicio, de la Galilea a Jerusalén. Quien insista en mantener la idea de Pedro, o sea, la del Mesías glorioso sin la cruz, no entenderá y no alcanzará a asumir el comportamiento del verdadero discípulo. Continuará siendo ciego, cambiando gente por árboles (Mc 8,24). Porque sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y qué significa seguir a Jesús.

El camino del seguimiento es el camino de la dedicación, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del dolor, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un accidente del recorrido, sino que forma parte del camino. Porque en el mundo, organizado a partir del egoísmo, el amor y el servicio pueden existir sólo crucificados. Quien da la vida en servicio por los demás, incomoda a los otros que viven prendidos de los privilegios, y sufre

6. Oración del Salmo 25 (24)

¡Muéstrame, Señor, tus caminos!

A ti, Yahvé, dirijo mi anhelo.
A ti, Dios mío.
En ti confío, ¡no quede defraudado,
ni triunfen de mí mis enemigos!
El que espera en ti no queda defraudado,
queda defraudado el que traiciona sin motivo.

Muéstrame tus caminos, Yahvé,
enséñame tus sendas.
Guíame fielmente, enséñame,
pues tú eres el Dios que me salva.
En ti espero todo el día,
por tu bondad, Yahvé.

Acuérdate, Yahvé, de tu ternura
y de tu amor, que son eternos.
De mis faltas juveniles no te acuerdes,
acuérdate de mí según tu amor.

Bueno y recto es Yahvé:
muestra a los pecadores el camino,
conduce rectamente a los humildes
y a los pobres enseña su sendero.

Amor y verdad son las sendas de Yahvé
para quien guarda su alianza y sus preceptos.
Haz gala de tu nombre, Yahvé,
y perdona mi culpa, que es grande.

Cuando un hombre respeta a Yahvé,
él le indica el camino a seguir;
vivirá colmado de dicha,
su estirpe poseerá la tierra.

Yahvé se confía a sus adeptos,
los va instruyendo con su alianza.
Mis ojos están fijos en Yahvé,
que sacará mis pies de la trampa.

Vuélvete a mí, tenme piedad,
me siento solo y desdichado.
La angustia crece en mi corazón,
hazme salir de mis tormentos.

Mira mi aflicción y mi penar,
perdona todos mis pecados.
Mira cuántos son mis enemigos,
la violencia del odio que me tienen.

Guarda mi vida, ponme a salvo,
no me avergüence por confiar en ti.
Integridad y rectitud me ampararán,
porque espero en ti, Yahvé.
Redime, Dios, a Israel
de todas sus angustias.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

Este relato es mucho más duro y fuerte de lo que imaginamos. Tiene dos partes: la primera (Mc 8, 27-30), en la que Jesús acepta y reconoce que él es el Mesías; la segunda (Mc 8, 31-33), donde Jesús explica cómo realizará su condición de Mesías. Estos dos textos no se deben separar porque forman una unidad. Sin el segundo, el primero puede ser mal interpretado. Jesús no es simplemente el Mesías que salva este mundo perdido. Es (juntamente con eso) el Mesías sufriente y que fracasa. Y, además de eso, el Mesías que no quería la religión establecida.

A renglón seguido de la aceptación pública de su condición de Mesías, Jesús les dice a los discípulos que le espera: “padecer mucho”, “ser condenado” y morir “ejecutado”. Pero no solo eso. Para el “Profeta” y el “Mesías” de Dios, lo más duro tuvo que ser que el sufrimiento, la condena y la ejecución vendrían de parte de las máximas autoridades de la religión. Lo que, en sana lógica, planteaba, para aquellos hombres, una pregunta sin respuesta: o Jesús era un falso profeta y un falso Mesías; o la falsedad y la mentira estaba en la religión que iba a matar a Jesús. Por eso Pedro no aguantó y se atrevió a “increpar” a Jesús.

El Evangelio nos relata que Pedro “increpó” a Jesús y que Jesús “increpó” a Pedro (Mc 8, 32-33). Este verbo tiene (en los evangelios) una fuerza que impresiona. Jesús (utilizando este término) venció el poder demoniaco del viento y las olas en el mar (Mc 4, 39 par) y liberó a un muchacho del espíritu inmundo que lo poseía (Mc 9, 25 par; Mt 17, 18; Lc 9, 42). Jesús, al obrar así, demuestra que está enteramente del lado de Dios, el único a quien corresponde, según el A. T. (Sal 18, 6; 2 Sam 22, 16; Sal 104, 7…) vencer a los demonios o a los poderes hostiles a Dios. Por eso, la palabra con que Jesús responde a Pedro hace que esta escena se asemeje a la expulsión de demonios. Y es que, el problema de fondo (en todo este relato) está en que ni a Pedro, ni a los otros apóstoles les entraba en su cabeza que Jesús pudiera traer salvación al mundo precisamente pasando por el rechazo frontal de la religión y sus responsables. Lo peor de todo es que a muchos de nosotros nos ocurre lo mismo que a Pedro. Queremos más a la religión y sus ritos que a Jesús y su mesianismo rechazado por los sacerdotes.

José María Castillo