Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 17/09/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

  1. Dios mío, ven en mi auxilio
    R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

    Himno: YA NO TEMO, SEÑOR, LA TRISTEZA

    Ya no temo, Señor, la tristeza,
    ya no temo, Señor, la soledad;
    porque eres, Señor, mi alegría,
    tengo siempre tu amistad.

    Ya no temo, Señor, a la noche,
    ya no temo, Señor, la oscuridad;
    porque brilla tu luz en las sombras,
    ya no hay noche, tú eres luz.

    Ya no temo, Señor, los fracasos,
    ya no temo, Señor, la ingratitud;
    porque el triunfo, Señor, en la vida,
    tú lo tienes, tú lo das.

    Ya no temo, Señor, los abismos,
    ya no temo, Señor, la inmensidad;
    porque eres, Señor, el camino
    y la vida, la verdad. Amén.

    SALMODIA

    Ant 1. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

    Salmo 135 I – HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL ÉXODO.

    Dad gracias al Señor porque es bueno:
    porque es eterna su misericordia.

    Dad gracias al Dios de los dioses:
    porque es eterna su misericordia.

    Dad gracias al Señor de los señores:
    porque es eterna su misericordia.

    Sólo él hizo grandes maravillas:
    porque es eterna su misericordia.

    Él hizo sabiamente los cielos:
    porque es eterna su misericordia.

    El afianzó sobre las aguas la tierra:
    porque es eterna su misericordia.

    Él hizo lumbreras gigantes:
    porque es eterna su misericordia.

    El sol que gobierna el día:
    porque es eterna su misericordia.

    La luna que gobierna la noche:
    porque es eterna su misericordia.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

    Ant 2. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

    Salmo 135 II

    El hirió a Egipto en sus primogénitos:
    porque es eterna su misericordia.

    Y sacó a Israel de aquel país:
    porque es eterna su misericordia.

    Con mano poderosa, con brazo extendido:
    porque es eterna su misericordia.

    Él dividió en dos partes el mar Rojo:
    porque es eterna su misericordia.

    Y condujo por en medio a Israel:
    porque es eterna su misericordia.

    Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
    porque es eterna su misericordia.

    Guió por el desierto a su pueblo:
    porque es eterna su misericordia.

    Él hirió a reyes famosos:
    porque es eterna su misericordia.

    Dio muerte a reyes poderosos:
    porque es eterna su misericordia.

    A Sijón, rey de los amorreos:
    porque es eterna su misericordia.

    Y a Hog, rey de Basán:
    porque es eterna su misericordia.

    Les dio su tierra en heredad:
    porque es eterna su misericordia.

    En heredad a Israel, su siervo:
    porque es eterna su misericordia.

    En nuestra humillación se acordó de nosotros:
    porque es eterna su misericordia.

    Y nos libró de nuestros opresores:
    porque es eterna su misericordia.

    Él da alimento a todo viviente:
    porque es eterna su misericordia.

    Dad gracias al Dios del cielo:
    porque es eterna su misericordia.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

    Ant 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

    Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

    Bendito sea Dios,
    Padre de nuestro Señor Jesucristo,
    que nos ha bendecido en la persona de Cristo
    con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

    El nos eligió en la persona de Cristo,
    antes de crear el mundo,
    para que fuésemos consagrados
    e irreprochables ante él por el amor.

    Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
    por pura iniciativa suya,
    a ser sus hijos,
    para que la gloria de su gracia,
    que tan generosamente nos ha concedido
    en su querido Hijo,
    redunde en alabanza suya.

    Por este Hijo, por su sangre,
    hemos recibido la redención,
    el perdón de los pecados.
    El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
    ha sido un derroche para con nosotros,
    dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

    Éste es el plan
    que había proyectado realizar por Cristo
    cuando llegase el momento culminante:
    hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
    las del cielo y las de la tierra.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

    LECTURA BREVE   1Ts 3, 12-13

    Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

    RESPONSORIO BREVE

    V. Suba, Señor, a ti mi oración.
    R. Suba, Señor, a ti mi oración.

    V. Como incienso en tu presencia.
    R. A ti mi oración.

    V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    R. Suba, Señor, a ti mi oración.

    CÁNTICO EVANGÉLICO

    Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

    Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

    Proclama mi alma la grandeza del Señor,
    se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
    porque ha mirado la humillación de su esclava.

    Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
    porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
    su nombre es santo,
    y su misericordia llega a sus fieles
    de generación en generación.

    El hace proezas con su brazo:
    dispersa a los soberbios de corazón,
    derriba del trono a los poderosos
    y enaltece a los humildes,
    a los hambrientos los colma de bienes
    y a los ricos los despide vacíos.

    Auxilia a Israel, su siervo,
    acordándose de su misericordia
    -como lo había prometido a nuestros padres-
    en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

    PRECES

    Llenos de confianza en el Señor Jesús que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémosle diciendo:

    Escúchanos, Señor, Dios nuestro.

    Señor Jesucristo, tú eres nuestra luz; ilumina a tu Iglesia
    para que proclame a todas las naciones el gran misterio de piedad manifestado en tu encarnación.

    Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
    y haz que con su palabra y su ejemplo edifiquen tu pueblo santo.

    Tú que, por tu sangre, pacificaste el mundo,
    aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

    Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
    para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

    Se pueden añadir algunas intenciones libres

    Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
    para que sean contados entre tus elegidos.

    Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:

    Padre nuestro…

    ORACION

    Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque el día ya se acaba; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra esperanza; así nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

    CONCLUSIÓN

    V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
    R. Amén.

Anuncios

Read Full Post »

Lectio: Lunes, 17 Septiembre, 2018

Tiempo Ordinario

1. Oración

Santo Padre, por Jesús, tu Hijo, el Verbo hecho carne de la vida para nosotros, envíe a mí tu Espíritu Santo para abrir mis oídos a escuchar la “carta de amor” que escribió a mí y me ilumine mi mente para que pueda comprender en profundidad. Hacer domesticar mi corazón de alegría, ya que aceptar su voluntad y me ayudará a los testigos. Amén 

2. Lectura

Desde el Evangelio de Lucas (7, 1-10)

1Quando había terminado todas sus palabras al pedir a la gente que estaba escuchando, Jesús entró en Cafarnaún. 2La sirviente de un centurión estaba enfermo y moribundo. El centurión había muy caro. 3Perciò, después de haber oído hablar de Jesús y envió a algunos ancianos de los Judios para rogarle que venga a salvar a su siervo. 4Costoro, se acercaron a Jesús, le rogaron encarecidamente: “Se merece que se puede dar lo que pedía – dijo – 5perché ama a nuestro pueblo y fue él quien construyó la sinagoga”. 6Gesù fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión envió amigos a decirle: “Señor, no te molestes! Yo no soy digno de que entres bajo mi techo; 7por yo mismo no me atrevo a venir de ustedes, sino “una palabra y mi criado quedará sano. 8Anch’io hecho están en la posición de Asistente y tengo soldados a mis órdenes, y digo a uno: “Ve!” Y él va, y otro: “Ven”, y viene, ya mi siervo: ” hagas esto! “, y lo hace.” 9All’udire esto, Jesús admirado y, volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: “Yo te digo que ni en Israel he hallado tanta fe.” enviados 10E cuando llegaron a casa, encontró el criado sanó.

  

3. Meditación

    * El cap. 7, Lucas nos ayuda a aceptar la llamada dirigida a los gentiles para unirse a la fe en el Señor Jesús la figura del centurión está liderando el camino para aquellos que deseen aceptar la fe de Israel y luego encontrar y conocer el rostro de Dios en Jesús . En esta meditación del Evangelio, nosotros también se pondrá a la propuesta de abrirnos a la fe o para hacer más fuerte nuestra plena confianza en la Palabra de Dios. Vamos, pues, de seguir con el corazón, los pasos del centurión romano, ya que están presentes en él también.
    * Tal vez el primer aspecto que se desprende de una lectura de la pieza, es el sufrimiento que es el centurión. Trato de escuchar más cuidadosamente todas las palabras que desea poner de relieve esta realidad. Capernaum, un pueblo fronterizo, fuera del alcance, en los márgenes, la ciudad donde la bendición de Dios parece difícil de alcanzar. La grave enfermedad, la muerte inminente de un ser querido.
    * Pero ahora veo que el Señor entra en esta situación, es compartir, a vivir con su presencia amorosa. Subrayar todos los verbos que confirman esta verdad: “Por favor que venga”, “se fue con ellos” era “no muy lejos”. Es fantástico ver este movimiento en Jesús, que va a la persona que llama y le pide que busque la salvación. Lo hace bien con todos.
    * Para mí es un contacto muy útil con la figura del centurión, que aquí es un poco como mi maestro, mi guía en el camino de la fe. “Después de haber oído acerca de Jesús.” Recibió el anuncio, la noticia buena interceptado y le rompió el corazón, no si el escape está hecho, no se cerraron los oídos y la vida. Se acordó de Jesús y ahora se pretende.
      “Mandato”. Dos veces lo hace de esta acción, primero en enviar a Jesús a los ancianos del pueblo, las figuras de autoridad, a continuación, enviar a sus amigos. Lucas utiliza dos verbos diferentes, y esto me ayuda a entender aún más que este hombre ha hecho algo, había un paso: se ha abierto gradualmente más y más para el encuentro con Jesús a los amigos es un poco ‘enviar como ellos mismos. “Para pedirle que venga a salvarnos. Hermoso dos verbos que expresan la intensidad de su solicitud a Jesús que él quiere ser, lo más cerca, se pone en su pobre vida, es decir, para visitar a su dolor. Es una declaración de amor, fe, grandes, porque es como si dijera, “Yo sin ti no puedo vivir. Ven “. Y nadie pide ninguna salvación, la curación de superficie, tal como lo entendemos el verbo particular, que Lucas quiere. De hecho estamos hablando de una salvación cruz, capaz de atravesar toda su vida, toda la persona y capaces de llevar a la persona más, más allá de todos los obstáculos a cualquier esfuerzo o pruebas, incluso más allá de la muerte.
    * “No soy digno”. Dos veces Lucas pone en boca de las palabras del centurión, que ayudan a comprender el gran paso que hizo a sí mismo. Él se siente indigno, incompetente, inadecuado, como la expresión de las dos palabras diferentes griega usada aquí. Tal vez el primer gran avance en el camino de fe con Jesús es la siguiente: el descubrimiento de nuestra gran necesidad de él, su presencia y la conciencia cada vez más seguros de que por sí sola no puede hacerlo porque somos pobres, somos pecadores. Pero para esto, estamos infinitamente amado!
    * “La” palabra “. Aquí está el gran salto, el gran paso de fe. El centurión ahora creen de forma clara, serena confianza. Mientras caminaba hacia él, él también estaba haciendo su camino en el interior, estaba cambiando, se estaba convirtiendo en un hombre nuevo. Primero aceptó la persona de Jesús y luego también su palabra. Porque él es el Señor y, como tal, su palabra es eficaz, real, de gran alcance, capaz de operar lo que dice. Todas las dudas se han derrumbado, todo lo que queda es la fe que de cierta confianza en la salvación en Jesús

4. Cualquier pregunta

    * Me escucha mi oración dirigida al centurión a Jesús que venga a salvarnos? Estoy preparado, también, para darle al Señor mi malestar, mi necesidad de Él? Estoy avergonzado de las enfermedades, la muerte que vive en mi casa en mi vida? Lo que parece tomar este primer paso de confianza?
    * Y si abro mi corazón a la oración, la invocación, si invitas a la venida del Señor, ¿cuál es la actitud de mi corazón? Hay dentro de mí, como el centurión, el sentimiento de ser inútil, no es suficiente para mí, no ser capaz de hacer demandas? Yo me pregunto ante el Señor con humildad que proviene del amor, de la serena confianza en él?
    * Sólo tengo su palabra? Nunca he escuchado hasta el final, con cuidado, con respeto, aunque tal vez no pude comprender en su integridad? Y ahora, ¿qué es la palabra que quiero escuchar de la boca del Señor para mí? ¿Qué debo saber de él?
    * Una fe como el centurión había cargado … y yo, que soy cristiano, tengo esa fe? Tal vez yo debería rezar: “Señor, yo creo, pero me ayuda en mi incredulidad” (Mc 9, 24).

5. Oración Final

Para mis pies antorcha es tu palabra, Señor!

¿Cómo puede un joven su camino?

En cuanto a tu palabra.

Con todo mi corazón yo te busco:

no dejes que me apartan de tus mandatos.

Read Full Post »

1.- Introducción

La calidad de las catequesis que impartimos los catequistas a lo largo de los meses que ahora comenzamos depende en gran manera del talante con el que afrontemos el trabajo a realizar y de la toma de conciencia de la misión eclesial, no sólo personal, que estamos llamados a llevar a cabo.

El grupo de catequistas, en este sentido, puede desarrollar un papel importante tanto para la ayuda mutua como para la elaboración de actividades y celebraciones, reuniones de padres, materiales compartidos, convivencias, etc., como también en una labor conjunta de animación en la bella y difícil tarea de la educación en la fe.

Dedicar al comienzo del curso catequético unas horas a la reflexión y a la oración entre los catequistas de una parroquia o colegio puede resultar de una ayuda apreciable para fomentar el sentido de cuerpo de los que van a desempeñar esta importante labor evangelizadora.

Según el tiempo que se dispone, la convivencia puede ser de un día entero, o de una mañana o tarde.

 

2.- Desarrollo de la convivencia

Presentación

Colocados los catequistas en círculo, comenzar la convivencia presentándose cada uno de ellos: los que son nuevos, los que llevan más años, los que son padres o madres de los niños y niñas, o adolescentes.

Reflexión y diálogo

Como ambientación de la convivencia, a continuación, leer el siguiente párrafo y comentarlo.

“El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reco- nocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co 9,16).” (Evangelii Gaudium n. 9).

¿Qué nos dicen estas palabras del Papa Francisco ahora a punto de comenzar el curso catequético?

Trabajo de grupos

Una vez hechas las presentaciones y la ambientación de la convivencia con el comentario del párrafo anterior, distribuir a los asistentes en grupos.

Proponerles las siguientes cuestiones para dialogar entre ellos. Es conveniente entregar a cada uno los puntos a tratar y dejar unos minutos para la reflexión personal, para de este modo evitar la improvisación en las respuestas.

Cuestiones:

Motivaciones personales que tengo para ser catequista:

• Soy catequista por la necesidad que tiene de ellos la parroquia o colegio al que pertenezco.

• Por invitación del párroco o coordinador o coordinadora de la catequesis en la parroquia o colegio.

• Por vocación.

• Por envío de la comunidad cristiana.

• Otros motivos.

Aportar las compensaciones humanas y cristianas que conlleva el ser catequista como por ejemplo:

• Saber que estoy realizando un servicio a la comunidad eclesial.

• Los catequizandos me quieren y en algunos momentos me lo expresan de diferentes formas.

• Disfruto dando a conocer el Mensaje de Jesús.

• El gozo que experimento el día de la Primera Comunión, o el día de la celebración del sacramento de la Confirmación.

• Otras

Aportar las dificultades y obstáculos con los que me he encontrado como catequista. Como por ejemplo:

• Falta de colaboración de las familias.

• Falta de atención de los catequizandos

• Escasez de medios para impartir las catequesis.

• La comunidad parroquial o el colegio no saben valorar suficientemente el trabajo catequético.

• Otros obstáculos.

¿En qué y cómo podemos ayudarnos el grupo de catequistas para realizar mejor y con más alegría nuestra misión?

Puesta en común

 

3.- Celebración

Símbolo: Colocar la Biblia y en torno unas flechas de papel que salen de ella, en cada una de las cuales aparece el nombre de uno de los catequistas que asisten a la convivencia. Cada flecha tiene al final una vela apagada.

Monición: Comenzamos nuestro trabajo catequético conscientes de que emprendemos una tarea un tanto especial: Anunciar la Buena Noticia de Jesús de Nazaret a un grupo de personas que se nos ha encomendado. La labor es ardua a la vez que ilusionante.

Se trata de crear un clima, preparar una tierra, escribir un pentagrama, preparar un fuego… de forma que el Espíritu de Dios, que sin duda está entre nosotros y nos asiste, pueda crear una relación de amistad, hacer madurar y crecer la semilla de la Palabra, poner música de admiración y alabanza… encender la luz del Jesús en unos corazones que laten en torno nuestro.

En esta celebración dispongámonos nosotros los catequistas, a la acción de Dios que va a actuar con nosotros y a través de nosotros a lo largo de este tiempo.

Canto: De envío. De seguimiento. Misionero…

Lectura: Mt 13, 1 – 8

Silencio

Reflexión

• Como el sembrador de la parábola de Jesús, también nosotros somos sembradores.

• Se nos entrega una semilla: la Palabra de Dios.

• No es nuestra la semilla, se nos ha dado, pero lo que sí es nuestro es el trabajo de la siembra. Mover la tierra, regar, abonar, arrancar las hojas secas… el Espíritu se encarga de la fecundación y el crecimiento de la planta.

Oración compartida: ¿Qué llamada del Espíritu percibo al escuchar esta Palabra?

Después de cada participación, el catequista enciende la vela que está al final de la flecha con su nombre.

Oración final: Envíanos tu Espíritu, Señor, para que nosotros, catequistas, sepamos con su soplo de sabiduría, discernimiento, paciencia e ilusión, llevar la luz de tu Mensaje a esos corazones que hoy pones a nuestro cuidado de sembradores. Amén.

Canto de envío

Elisa Calderón Aguilar, smr

Read Full Post »

Mt 11, 20-24

“Entonces comenzó a reprender a las ciudades en donde sus milagros habían sido más numerosos, y que, sin embargo, no se habían arrepentido.
‘¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que hice en vosotras, seguramente habrían hecho penitencia, vestidos de saco y cubiertos de ceniza. Por eso Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor en el día del juicio. Y tú, Cafarnaúm, ¿pretendes llegar hasta las nubes? Serás hundida en el infierno. Porque si los milagros que se han realizado en ti se hubieran hecho en Sodoma, Sodoma existiría todavía. Por eso os digo que la región de Sodoma será tratada con menos rigor en el día del juicio'” (Mt 11, 20-24; cf. también Lc 10, 12-15).
Los cristianos
 
Los cristianos no son cristianos de veras. ¡Hay mucha cáscara y poco meollo en su mesa, Señor! La mayoría de los que hablan de ti ni siquiera se preocupan de conocer lo que tú decías y en qué contexto solías decirlo.
Somos los mayores pánfilos que la Historia ha conocido. Con la llave del futuro en las manos; con la Historia confiada a nuestros brazos, como don… ¡y somos incapaces de probar al mundo que tenemos la respuesta a las tantas neurosis e incoherencias de nuestra época! Recibimos el pan de la vida, y morimos de hambre a cada minuto. Sabemos cuál es el camino, y tomamos atajos mortales. Conocemos la verdad, y preferimos conformarnos con la mentira social.
Los comunistas consiguen, con una emisora que les caiga en las manos, el milagro de la comunicación y de la masificación. Nosotros no conseguimos ni unir todas las que tenemos para una transmisión religiosa.
Con un periodiquillo consiguen ellos sacudir la mitad de la población. Nosotros no vamos más allá de unas hojas volantes llenas de propaganda, y no tenemos ni siquiera la lucidez de hacer lo que en ellas se sugiere.
Somos tribus dispersas adorando al mismo Dios, pero incapaces de hacer Historia. Sólo nos unimos a la hora de sobrevivir y de luchar por el derecho a existir. Luego volvemos a nuestra isla llamada revista, emisora, editora, parroquia, capillita, comunidad religiosa.
Por eso sostengo que en dos mil años hemos logrado incidir en quinientos millones de almas, de las que ni siquiera el cinco por ciento saben lo que creen. En cambio, ellos, quienes no aceptan lo que tú enseñaste y hablan de ellos como del opio del pueblo, han conseguido mucho más con métodos hasta nada humanos. En menos de sesenta años consiguieron un influjo tres veces más que nosotros, y no tienen intención de parar. Los cristianos, en su mayoría, ya pararon. Quedan unas locomotoras tirando de vagones vacíos, pero el convoy ha descarrilado y no parece estar dispuesto a reemprender la marcha.
Disculpa a los cristianos, Señor. Piensan que ya están salvados y que tú vas a hacer por ellos lo que la culpable indolencia de laicos y sacerdotes de la Iglesia no consiguen hacer.
Un poco más de cruces para el pueblo cristiano, Señor. Un poco más de Historia, Señor. Los cristianos creen que su civilización ya merece un descanso, al místico son de las computadoras y de las máquinas automáticas para comprar cigarrillos y cerveza… que se imaginan haber merecido de propina con la gracia santificante.

Read Full Post »

79. Tal justicia empieza por hacerse realidad en la vida de cada uno siendo justo en las propias decisiones, y luego se expresa buscando la justicia para los pobres y débiles. Es cierto que la palabra «justicia» puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios con toda nuestra vida, pero si le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los desamparados: «Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda» (Is1,17).

Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.

«Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»

Read Full Post »

JAQUE MATE A LA COMPETENCIA

1.- Nos invade un espíritu y una moral competitivos

La competencia es una realidad que trae de cabeza a toda la producción de mercancías y al desarrollo del mercado. Producir mejor y más barato es un lema competitivo. Lo mejor, para ganar más, es una ley. Todo el mundo, entre dos cosas iguales, exige lo mejor. Esta competencia hace que los hombres también entremos en el juego.

No era muy necesario que el espíritu del mercado moderno, nos empujara a ello. Nuestra ambición de dominio, nacida de la voluntad de poder, nos empuja constantemente a ello. La competencia en nuestras relaciones humanas hace que nos consideremos como una mercancía, que destaca en el mercado por su mejor calidad. Esta cadena de la competencia, nos atenaza a todos. Los anuncios de trabajos, la selección de personal, los estimulantes competitivos puestos en circulación por

las empresas para descubrir a los hombres más capaces, crean un clima en el que el espíritu competitivo es lo normal. Los que están en el mismo puesto de trabajo, no son dos hombres solidarios en una misma forma, sino dos rivales.

Así van destacando entre nosotros los más listos, los eficaces, los que dan mayores muestras de sagacidad, los que manifiestan tener más capacidad y agresividad en el mercado. No pocos suben, a veces, a base de tramas, de envidias, zancadillas, abultamientos de la verdad, dejando en la sombra a los otros (aunque otras veces se suba también por el trabajo serio, la responsabilidad, el sacrificio, la obra bien hecha).

Esta es la educación que hemos recibido y a esta lucha por la vida nos han preparado, aun en nombre de Dios. ¿Cómo hemos podido admitir y santificar el principio de que venza el más fuerte? Todos recordamos cómo nos hacían estudiar provocando nuestro amor propio, a costa de subir puestos, de entablar competiciones en clase, de notas y de premios. Todos recordamos cómo los más listos eran encumbrados, alabados. Nunca se ayudó a que los que más sabían trabajaran con los menos despiertos; no se hicieron equipos para que los que sentían facilidad por las letras ayudaran a los de ciencias y viceversa.

De esta manera hemos sido lanzados al ruedo de la vida, en una carrera loca, repartiendo y recibiendo cornadas, burlándonos unos a otros, hasta que ha dado la estocada el más sagaz y nos hemos ido resignando a nuestros puestos.

2.-No, a la competición. Sí, al servicio.

Aunque a todos nos escandalice hemos de decirnos decididamente que estamos en contra de este espíritu competitivo en las relaciones humanas. El espíritu evangélico, norma de relaciones entre los hombres, es totalmente contrario a lo competitivo. Entre los discípulos de Jesús es corriente la discusión sobre «quién era el más importante» (Mc 9). El criterio de Jesús se repite una y otra vez, machaconamente: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos» (Mc 9, 35). San Lucas, en el corazón mismo de la institución de la Eucaristía, sacramento de la anticompetencia humana, introduce este pasaje: «Hubo un altercado sobre quién parecía ser el mayor. El les dijo: Los reyes de las naciones gobiernan como señores absolutos…, pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea el menor y el que manda, como el que sirve» (Lc 22.24 s.).

Jesús es el que siendo Dios se hizo hombre, tomando la figura de esclavo (Fil 2, 6-7), y «está en medio de nosotros como el que sirve» (Lc 22, 27). La competencia cristiana está puesta por referencia al servicio. El que más se entrega, más vale; al que muestra mucho amor, se le perdonan muchos pecados (Lc 7, 47). Cuando a Jesús se le acerca la madre de los Zebedeo y le pide: «Manda que estos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a izquierda en tu Reino» (Mt 20, 21), Jesús le responde: «¿podéis beber el cáliz que yo voy a beber?» (v. 22). La única manera de llegar alto en el Reino de Dios consiste en seguir con fidelidad el camino del servicio pascual, que Cristo ha recorrido.

 

3.- El servicio mutuo eficaz.

Alguien se podrá estar llevando las manos a la cabeza diciendo, «¿a dónde vamos a parar? Hoy esto es imposible». La competencia debe ser sustituida por un servicio eficaz. Hasta ahora el aliciente que hemos tenido para trabajar ha sido el egoísmo; el aliciente del evangelio es el amor. ¿Acaso el amor tiene menos ímpetu que el egoísmo? ¿No decimos,

siguiendo un tópico, que las grandes empresas de la humanidad se han desarrollado por la fuerza del amor? La competencia egoísta tiene, indudablemente, un gran éxito. Pero a causa de muy graves consecuencias: «Codiciáis lo que no podéis tener, y acabáis asesinando. Ambicionáis algo y no podéis alcanzarlo; así que lucháis y peleáis» (Sant 4, 2).

El amor nos empuja a desarrollar todas nuestras facultades, pero no para imponernos a los demás, sino para ponerlas a su servicio. Hay que crear riqueza, bienestar, progreso—dominar la naturaleza—, pero no para apropiarlo, sino para ponerlo a disposición de todos. El que más tiene es el que más ha de dar y el que menos, el que más ha de recibir. En este juego de las relaciones humanas todos estamos entrenzados, como un solo cuerpo. Y la mano no compite contra la cabeza, ni la cabeza quiere ocupar el puesto del corazón. Sino que todos colaboran para alcanzar un mismo fin (1Cor 12, 12 ss.).

Indudablemente nos va a ser muy difícil romper esta costra de la educación recibida. También nos va a impedir realizar este imperativo evangélico la sociedad en que vivimos. Pero mantengamos firmes, al menos, la contradicción y agudicémosla al máximo. Cada vez que nosotros comulgamos, a este Jesús inclinado en actitud de servicio a los pies de los discípulos (Jn 13, 5), nuestro espíritu se debería estremecer. ¿Será capaz la Eucaristía de doblegar nuestro afán competitivo y hacernos caer de hinojos ante los demás?

 

Jesús Burgaleta

Read Full Post »

Ya dijimos el pasado Domingo que la preocupación esencial de Marcos en la segunda parte de su Evangelio (cf. Mc 8,31-16,8), es la de presentar a Jesús como “el Hijo de Dios”. Sin embargo, Marcos tiene cuidado en demostrar que Jesús no ha venido al mundo para cumplir un destino de triunfos y de glorias humanas, sino para cumplir la voluntad del Padre y ofrecer su vida en donación de amor a los hombres. Es en este contexto donde debemos situar los tres anuncios hechos por Jesús acerca de su pasión y muerte (cf. Mc 8,31-33; 9,30-32; 10,32-34).

El texto que se nos propone en este Domingo es, precisamente, el segundo de esos anuncios.

El grupo ha dejado Cesarea de Filipos (donde Jesús, por primera vez, había hablado de su pasión y muerte, como leímos en el Evangelio del pasado Domingo), y ahora está atravesando Galilea. Muy probablemente, la marcha próxima a Jerusalén está en el horizonte de los discípulos y ellos tienen conciencia de que en Jerusalén se va a jugar la carta decisiva de este proyecto por el que habían decidido apostar. En esta fase, todos creen todavía que Jesús entrará en la ciudad como un Mesías político, poderoso e invencible, capaz de liberar a Israel, por la fuerza de las armas, del dominio romano.

A lo largo de esta “caminata hacia Jerusalén”, Jesús va catequizando a los discípulos, enseñándoles los valores del Reino y mostrándoles, con gestos concretos, que el proyecto del Padre no pasa por esquemas de poder y de dominio.

Nuestro texto forma parte de una de esas instrucciones a los discípulos. ¿Entenderán ellos la lógica de Dios y estarán dispuestos a embarcar, con Jesús, en la aventura del Reino?

El texto se divide en dos partes.

En la primera, Jesús anuncia su próxima pasión, en Jerusalén; en la segunda, Jesús enseña a los discípulos la lógica del Reino: el mayor, es aquel que se hace siervo de todos.

En la primera parte (vv. 30-32), Marcos pone en boca de Jesús un segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección, con palabras ligeramente diferentes a las del primer anuncio (cf. Mc 8,31-33), pero con el mismo contenido.

Las palabras de Jesús denotan tranquilidad y una serena aceptación de esos hechos que van a realizarse en un futuro próximo. Jesús recibió del Padre la misión de anunciar a los hombres un camino de realización, de felicidad sin fin; y él va a llevarlo

25o Domingo Tiempo Ordinario-B – 11 –

a cabo haciendo que se realice a través de la cruz. La serenidad de Jesús le viene de la total aceptación y de la absoluta conformidad con los planes del Padre.

Los discípulos se mantienen en un extraño silencio ante este anuncio. Marcos explica que no entienden el lenguaje de Jesús y que tienen miedo de preguntarle (v. 32). Las palabras de Jesús son claras; lo que no está claro, para la mentalidad de esos discípulos, es que el camino del Mesías tenga que pasar por la cruz y por la entrega de la vida. La muerte, en la perspectiva de los discípulos, no puede ser el camino hacia la victoria.

El “no entender” es, aquí, lo mismo que discrepancia: íntimamente, ellos discrepan del camino que Jesús eligió seguir, pues entienden que el camino de la cruz es un camino de fracaso. A pesar de discrepar con Jesús no se atreven a criticarlo. Probablemente recuerdan la dura reacción de Jesús cuando Pedro, después del primer anuncio de la pasión, le recomendó que no aceptase el proyecto del Padre (cf. Mc 8,32- 33).

La segunda parte (vv. 33-37) nos sitúa en Cafarnaún, “en casa” (¿será la casa de Pedro?). La escena comienza con una pregunta de Jesús: “¿Qué discutíais por el camino?” (v. 33). El contexto sugiere que Jesús sabe, claramente, cual había sido el tema de discusión. Probablemente captó alguna cosa de la conversación, y esperó la oportunidad, en la tranquilidad de la “casa”, para aclarar las cosas y para continuar la instrucción de los discípulos.

Sólo en este punto Marcos informa a sus lectores de que los discípulos habían discutido, por el camino, sobre “quién era el más importante” (v. 34). El problema de la jerarquización de los puestos y de las personas era un problema serio en la sociedad palestina de entonces. En las asambleas, en la sinagoga, en los banquetes, el “orden” de presentación de las personas estaba rigurosamente definido y, con frecuencia, se generaban conflictos irresolubles a causa de pretendidas infracciones al protocolo jerárquico. Los discípulos estaban profundamente imbuidos de esta lógica.

Una vez que se aproximaba el triunfo del Mesías e iban a ser distribuidos los puestos clave en la cadena de poder del reino mesiánico, convenía tener claro el esquema jerárquico. A pesar de lo que Jesús les había dicho poco antes acerca de su camino de cruz, los discípulos se negaban a abandonar sus propios sueños materiales y su lógica humana. Jesús ataca el problema de frente y con toda crudeza, pues lo que está en juego afecta a la esencia de su propuesta.

En la comunidad de Jesús no hay una cadena de grandeza, con unos en la cima y otros en la base. En la comunidad de Jesús, sólo es grande aquel que es capaz de servir y de ofrecer su vida a sus hermanos (v. 35). De esa forma, Jesús tira por tierra cualquier pretensión de poder, de dominio, de grandeza, en la comunidad del Reino. El discípulo que piense en términos de poder y de grandeza (esto es, según la lógica del mundo), esta subvirtiendo la lógica del Reino.

Jesús completa la instrucción a los discípulos con un gesto. Toma a un niño, lo pone en medio del grupo, le abraza e invita a los discípulos a acoger a los “niños”, pues quien acoge a un niño acoge al mismo Jesús y acoge al Padre (vv. 36-37). En la sociedad palestina de entonces, los niños eran seres sin derechos y que no contaban desde el punto de vista legal (hasta que no hubiesen hecho el “bar mitzvah”, la ceremonia que definía la pertenencia de un niño a la comunidad del Pueblo de Dios). Eran, por tanto, un símbolo de los débiles, de los pequeños, de los sin derechos, de los pobres, de los indefensos, de los insignificantes, de los marginados. Son esos, precisamente, a los que la comunidad de Jesús debe abrazar.

En el contexto de la conversación que Jesús está teniendo con los discípulos, el gesto de Jesús significa lo siguiente: el discípulo de Jesús es grande, no cuando tiene poder o autoridad sobre los otros, sino cuando abraza, cuando ama, cuando sirve a los pequeños, a los pobres, a los marginados, a aquellos que el mundo rechaza y abandona.

En el pequeño y en el pobre que la comunidad acoge, el mismo Jesús (que también fue pobre, débil, indefenso) se hace presente.

Los anuncios de la pasión testimonian que Jesús, desde muy temprano, tuvo conciencia de que la misión que el Padre le confiaba iba a pasar por la cruz. Por otro lado, la serenidad y la tranquilidad con la que hablaba de su destino de cruz, muestran una perfecta conformación con la voluntad del Padre y la voluntad de cumplir el guión de los proyectos de Dios. La postura de Jesús es la postura de alguien que vive según la “sabiduría de Dios”. Él nunca dirigió su vida según los intereses personales, nunca puso en primer lugar esquemas de egoísmo o de autosuficiencia, nunca se dejó tentar por sueños humanos de poder o de riqueza. Para él, el factor decisivo, el valor supremo fue siempre la voluntad del Padre, el proyecto de salvación que el Padre tenía para los hombres.

Nosotros, cristianos, un día nos adherimos a Jesús y aceptamos andar por el mismo camino que él recorrió.
¿Qué valor y qué significado tiene, para mí, esa voluntad de Dios que un día descubrí en mi vida? ¿Tenemos la misma disponibilidad de Jesús para vivir en fidelidad a los proyectos del Padre? ¿Qué es lo que dirige y condiciona nuestro caminar: nuestros intereses personales, o los proyectos de Dios?

En este episodio, los discípulos son un ejemplo clásico de quien piensa según la “sabiduría del mundo”. Cuando Jesús habla de servir y de dar la vida, ellos no están de acuerdo y se cierran en el silencio; y, luego en el camino, discuten unos con otros a causa de la satisfacción de sus apetitos de poder y de dominio. Lo que les preocupa no es el cumplimiento de la voluntad de Dios, sino la satisfacción de sus propios intereses, de sus sueños personales. La actitud de los discípulos muestra la dificultad que los hombres tienen para entender y acoger la lógica de Dios. Con todo, la reacción de Jesús ante todo esto es clara: quien quiera seguirle, tiene que cambiar la mentalidad, los esquemas de pensamiento, los valores egoístas y abrir su corazón a la voluntad de Dios, a las propuestas de Dios, a los retos de Dios. No es posible formar parte de la comunidad de Jesús, si no estamos dispuestos a realizar este proyecto.

El Evangelio de hoy nos invita a repensar nuestra forma de situarnos ante la sociedad, dentro de la propia comunidad cristiana. La instrucción de Jesús a los discípulos que el Evangelio de este Domingo nos presenta, es una denuncia de los juegos de poder, de las tentativas de dominio sobre los hermanos, de los sueños de grandeza, de las maniobras para conquistar honras y privilegios, de la búsqueda desenfrenada de títulos, de la caza de posiciones de prestigio. Esos comportamientos son todavía más graves cuando suceden dentro de la comunidad cristiana: se trata de comportamientos incompatibles con el seguimiento de Jesús. Nosotros, los seguidores de Jesús no podemos, de ninguna forma, pactar con la “sabiduría del mundo”; y una Iglesia que se organiza y estructura teniendo en cuenta los esquemas del mundo, no es la Iglesia de Jesús.

En nuestra sociedad, los primeros son los que tienen dinero, los que tienen poder, los que frecuentan las fiestas reseñadas en las revistas del corazón, los que visten según las exigencias de la moda, los que tienen éxito profesional, los que saben situarse en los valores políticamente correctos.

¿Y en la comunidad cristiana? ¿Quiénes son los primeros? Las palabras de Jesús no dejan lugar a dudas: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. En la comunidad cristiana, la única grandeza es la grandeza de quien, con humildad y sencillez, hace de la propia vida un servicio a los hermanos. En la comunidad cristiana no hay señores, ni grupos privilegiados, ni personas más importantes que otras, ni distinciones basadas en el dinero, en la belleza, en la cultura, en la posición social. En la comunidad cristiana hay hermanos iguales, a quienes la comunidad confía servicios diversos en vistas al bien común. Lo que nos debe mover es la voluntad de servir, de compartir con los hermanos los dones que Dios nos ha dado.

La actitud de servicio que Jesús pide a sus discípulos debe manifestarse, de forma especial, en la acogida de los pobres, de los débiles, de los humildes, de los marginados, de los sin derechos, de aquellos que no nos aportan reconocimiento público, de aquellos que no pueden pagarnos.

¿Seremos capaces de acoger y de amar a los que llevan una vida poco ejemplar, a los marginados, a los extranjeros, a los enfermos incurables, a los sidosos, a los deficientes, a los que nadie quiere y nadie ama?

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: