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Archive for 18/09/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TÚ QUE ERES CRISTO, EL ESPLENDOR Y EL DÍA.

Tú que eres, Cristo, el esplendor y el día,
y de la noche ahuyentas las tinieblas,
Luz de Luz que a tus fieles
cual luz te manifiestas,

te pedimos, Señor, humildemente
esta noche que estés de centinela,
en ti hallemos reposo
y la paz nos concedas.

Si se entregan al sueño nuestros ojos,
en ti vigile el corazón alerta,
y rogamos tus hijos,
Señor, que nos protejas.

Defensor nuestro, míranos, rechaza
al enemigo cruel que nos acecha
y, a quienes redimiste
con tu sangre, gobierna.

A ti, Cristo, Señor del universo,
y a ti, Padre, alabanza dondequiera,
y al Amor, por los siglos
loores. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Salmo 136, 1-6 – JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Ant 2. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Salmo 137 – HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre;

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu izquierda contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Ant 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE   Col 3, 16

Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

Cristo, fortaleza nuestra, concede a todos tus fieles, a quienes has llamado a la luz de tu verdad,
que tengan siempre fidelidad y constancia.

Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.

Tú que con cinco panes saciaste a la multitud,
enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.

Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cuando vengas en tu día a ser glorificado en los santos,
da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús, y oremos al Padre diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que nuestras palabras concuerden siempre con los sentimientos de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Martes, 18 Septiembre, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 7,11-17
A continuación se fue a una ciudad llamada Naín. Iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; la acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: «No llores.» Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de él se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy narra el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naím. Es esclarecedor el contexto literario de este episodio en el capítulo VII del Evangelio de Lucas. El evangelista quiere mostrar cómo Jesús va abriendo camino, revelando la novedad de Dios que avanza por medio del anuncio de la Buena Nueva. Se van dando la transformación y la apertura: Jesús acoge la petición de un extranjero no judío (Lc 7,1-10) y resucita al hijo de una viuda (Lc 7,11-17). La manera como Jesús revela el Reino sorprende a los hermanos que no estaban acostumbrados a tan gran apertura. Hasta Juan el Bautista se quedó como perdido y mandó preguntar: “¿Eres tú el señor o debemos esperar a otro?” (Lc 7,18-30). Jesús llegó a denunciar la incoherencia de sus anfitriones: “¡Sois como niños que no saben lo que quieren!” (Lc 7,31-35). Y al final, la apertura de Jesús para con las mujeres (Lc 7,36-50).
• Lucas 7,11-12: El encuentro de las dos procesiones. “A continuación se fue a una ciudad llamada Naín. Iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; la acompañaba mucha gente de la ciudad.”. Lucas es como un pintor. Con pocas palabras consigue pintar el cuadro tan bonito del encuentro de las dos procesiones: la procesión de la muerte que sale de la ciudad y acompaña a la viuda que lleva a su único hijo hacia el cementerio; la procesión de la vida que entra en la ciudad y acompaña a Jesús. Las dos se encuentran en la pequeña ciudad, junto a la puerta de la ciudad de Naín.
• Lucas 7,13: La compasión entra en acción. “Al verla el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: ¡No llores! Es la compasión que lleva a Jesús a hablar y a actuar. Compasión significa literalmente: “sufrir con”, asumir el dolor de la otra persona, identificarse con ella, sentir con ella el dolor. Es la compasión que acciona en Jesús el poder, el poder de la vida sobre la muerte, poder creador.
• Lucas 7,14-15: “¡Joven, a ti te digo, levántate!” Jesús se aproxima, toca el féretro y dice: “¡Joven, a ti te digo, levántate!” El muerto se incorporó y se puso a hablar. Y Jesús se lo dio a su madre”.
A veces en momentos de gran sufrimiento provocado por el fallecimiento de una persona querida, las personas dicen: “En aquel tiempo, cuando Jesús andaba por la tierra había esperanza de no perder a una persona querida, pues Jesús podría resucitarla”. Ellas miraban el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naín como un evento del pasado que apenas suscita añoranza y una cierta envidia. La intención del evangelio, sin embargo, no es suscitar añoranza ni envidia, sino ayudar a experimentar mejor la presencia viva en media de nosotros. El está hoy con nosotros, y ante los problemas y el sufrimiento que nos azotan, nos dice: “¡Te lo ordeno: levántate!”
• Lucas 7,16-17: La repercusión. “Todos se quedaron con mucho miedo y glorificaban a Dios diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios vino a visitar a su pueblo” Y lo que se decía de él se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina” Es el profeta que fue anunciado por Moisés (Deut 18,15). El Dios que nos vino a visitar es el “Padre de los huérfanos y de las viudas” (Sal 68,6; Cf. Judit 9,11).

4) Para la reflexión personal

• Fue la compasión lo que llevó a Jesús a resucitar el hijo de la viuda. El sufrimiento de los demás ¿Produce en nosotros la misma compasión? ¿Qué hago para ayudar al otro a vencer el dolor y crear vida nueva?
• Dios visitó a su pueblo. ¿Percibo las muchas visitas de Dios en mi vida y en la vida de la gente?

5) Oración final

Servid a Yahvé con alegría,
llegaos a él con júbilo!
Sabed que Yahvé es Dios,
él nos ha hecho y suyos somos,
su pueblo y el rebaño de sus pastos. (Sal 100,2-3)

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Un mito

«En épocas remotas, en la Tierra del Fuego, entre los indios Onas y Vaganes, las mujeres se sentaban en la proa de las canoas y los hombres en la popa. Las mujeres cazaban y pescaban. Salían de las aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las hogueras contra el frío, cuidaban de los hijos y curtían las pieles de abrigo. Un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron sus máscaras. Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras crecían, sus asesinos les decían y repetían que servir a los hombres era su destino. Ellas les creyeron. También les creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas” (Galeano, Mulheres, Porto Alegre 2001). Pero quedaron algunas para contar y provocar la historia de hoy sobre las relaciones: relación de la humanidad con el medio ambiente, con los seres de otro sexo, con el transcendente.

Género

Género: «conjunto de normas con las cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en producto de la actividad humana», afirma Gayle Ruben.

La lógica de la reflexión es la concepción de que los sistemas del sexo/género no son emanación ahistórica de la mente humana, son productos de la actividad humana. Dice también la misma autora: «la diferencia entre los sexos es construida socialmente, lo que quiere decir que ni la anatomía ni la naturaleza explican el dominio de los hombres sobre las mujeres, sino que esa dominación social reinterpreta, utiliza y atribuye sentido a la diferencia biológica, y en particular, a la maternidad, y a la paternidad».

A partir de esa percepción, utilizar la categoría de género en análisis social significa rechazar explícitamente las justificaciones biológicas para las desigualdades sociales entre los sexos, y poner el énfasis sobre todo un sistema de relaciones que puede incluir el sexo, pero que no es directamente determinado por el sexo ni determina directamente la sexualidad.

La relación actual de género ha sido marcada por la violencia, o sea, por actos de violación de la libertad y del derecho de alguien a ser sujeto constituyente de su historia.

Las relaciones de género no son naturales, sino construidas socialmente. ¿Cómo es el proceso de su construcción? ¿De qué forma se mantiene en una sociedad que se jerarquiza en desventaja para las mujeres? Una de las formas de encontrar respuesta a estas cuestiones es analizar la formación diferenciada de las identidades de género masculina y feminina a partir de las representaciones sociales, dado que las relaciones de género, en cuanto lugar de alteridad son el terreno sobre el que las representaciones sociales se establecen y se desarrollan.

La religión, con sus símbolos, teje una tela de representaciones compartidas por la sociedad. La construcción simbólica del género y de la religión se funda en representaciones sociales: mujeres y hombres representan socialmente lo que cargan subjetivamente, acumulado a través de una vida cultural, en la que la religión establece, refuerza conductas sociales y papeles femeninos y masculinos diferenciados. Papeles que la sociedad espera que sean cumplidos: lo que se espera y está permitido a lo masculino, lo que se espera y está permitido a lo femenino. Las definiciones determinadas por la condición de género estructuran la percepción y la organización concreta y simbólica de toda la vida social. Existen tres elementos sociales involucrados en la categoría de género:

• símbolos culturales colocados en la vida social, que implican múltiples representaciones;

• los conceptos normativos expresan interpretaciones de los significados de los símbolos: en la religión, en la educación, en la ciencia, en la política, categorizando lo masculino y lo femenino;

• las organizaciones e instituciones en las que se dan las relaciones sociales.

Si recorremos la historia humana encontraremos que estos tres elementos definen la inferiorización femenina. Si género es una categoría relacional, envuelve y revela relaciones de poder entre lo femenino y lo masculino. Género, así como clase y etnia, se construye históricamente en una sociedad construida con base en la jerarquización. Las tres dimensiones, de clase, etnia y género, constituyen un triple apoyo de sostén de la jerarquía social. Sujetos históricos son definidos por sus condiciones de clase, de raza/ etnia y de género, jerarquizados social, cultural y religiosamente. ¿Qué papel desempeña la religión en la construcción de esas representaciones?

Genero y poder

El paradigma kiriarcal (kirios = Señor) nos ayuda a percibir el orden asimétrico social, cultural y religioso que origina el poder hegemónico. Elisabeth Schüssler Fiorenza afirma que un análisis de las fuerzas y relaciones sociales no puede reducirse a las desigualdades y marginaciones de género; debe abordar críticamente «las complejas dominaciones, de género, raza, clase y colonialismo y sus implicaciones… y revelar así que la subordinación y la explotación de las mujeres y de los hombres es crucial para el mantenimiento de las culturas y religiones kiriarcales. Por tanto, cualquier teoría y praxis adecuada de emancipación y liberación debe tener en cuenta explícitamente las múltiples estructuras de dominación y marginación” (Caminhos de sabedoria, Nhandutí, SP 2009).

Las sociedades, culturas y religiones kiriarcales consagran un orden histórico que, por su propio carácter hegemónico, despoja por la fuerza a los grupos sociales localizados en la base de la pirámide.

Los grupos hegemónicos convalidan jurídica e institucionalmente el poder que detentan, y fundan su validez en la prerrogativa de propiedad que deriva del derecho de nacimento, origen étnico y sucesión. Esta concepción coloca élites de hombres propietarios en el vértice de la pirámide social, y desde allí imponen sus intereses, pretextando que son intereses del conjunto social e influencian el rumbo de la economía y de la sociedad entera.

La categoría kiriarcal, como categoría analítica, nos ayuda a comprender que estos grupos, estas élites de poder hegemónico kiriarcal controlan el poder político, los instrumentos del aparato estatal, la propiedad de la tierra y de las personas, los sistemas económicos y de comercio, los códigos legales y simbólicos, el sistema que elabora la ideología y el conocimiento, como también las religiones, las iglesias y las teologías. El feminismo necesita deconstruir este paradigma que niega la vida de las personas y de todo lo que nos rodea.

Feminismo

El feminismo latinoamericano es claramente una fuerza política poderosa, vibrante, creativa y exuberante, aunque cargada de tensiones.

Ante todo debemos hablar de pluralidad de feminismos, pues se expresa en múltiples formas y espacios: corrientes de opinión, instituciones feministas, grupos de presión, expresiones culturales, propuestas político-culturales… Está presente en universidades, en el medio popular, en medios de comunicación, en el arte y en la literatura, en el cine, en la política… Son muchas las formas y los espacios de cuestionamiento de las desigualdades y marginaciones de los sexos y de los conflictos de género; son muchas las formas en que están intentando transformar las estructuras de poder en las relaciones interpersonales, sexuales y sociales. El proceso feminista latinoamericano actual fortalece la identidad política de las mujeres en una construcción sostenida por una visión y una práctica democrática.

Las luchas feministas por la democracia, por la reconceptuación de los derechos humanos y por el respeto de los derechos de la mujer están injertadas en espacios conocidos y desconocidos. Espacios conocidos como el propio cuerpo, la casa, el barrio, la ciudad, el trabajo, la universidad, el Estado, las iglesias, los partidos políticos, las organizaciones populares, lo cotidiano y lo global, lo micro y lo macro. Podemos hablar de la teología tomando la palabra y osando afirmar Dios/Diosa. Espacios desconocidos, pues no sabemos las posibilidades que la historia nos reserva. Mucho camino se ha recorrido, pero no todas las puertas están abiertas, ni todos los muros han caído. Hoy no basta hablar de las «necesidades» de las mujeres; hay que generar conocimientos y prácticas que lleven al respeto de sus derechos. Es una nueva manera de pensar y de ser, de la que nos beneficiamos mujeres y hombres. Una nueva postura ética que abre brechas para la re-apropiación y re-definición de la identidad femenina y masculina, animada por el deseo de aprender, interpretar el mundo, descifrar para crear, inventar y mostrar en la cotidianidad que la utopía es posible.

Tea Frigerio

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Lc 20, 46-47

“Desconfiad de los maestros de la Ley, que gustan de pasearse con largas vestiduras y ser saludados en las plazas, ocupar los primeros lugares en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Son gente que devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan tras largas oraciones. Habrá para ellos un juicio sin compasión” (Lc 20, 46-47).
Fariseo
 
— Oráculo del Señor, Dios de los pobres… ¡Oráculo del Señor, Dios de los pobres!
¡Oídme, pobres de la tierra! Tengo para vosotros una promesa que conviene escuchéis con toda atención.
El día en que Jesucristo triunfe y todos los hombres empezaren a entender, palabra por palabra, lo que él enseñó, vosotros tendréis salarios más justos y los ricos repartirán un poco mejor su fortuna. Recibiréis vuestra parte en los bienes de la empresa y ya no habrá la diferencia que ha habido hasta ahora.
Ya no existirán países podridos de riqueza ni países muriendo de penuria.
La tierra conocerá un período de abundancia como nunca se conoció y sobrará de todo a todos.
El día en que a Jesucristo se le tome en serio, el mundo será más humano y más fraternal. Necesitaréis trabajar menos tiempo para el pan de vuestros hijos y disfrutaréis de la comodidad y de la paz que merecéis. Así que luchad con denuedo por vuestros intereses y deberes: un día todo eso será realidad. ¡Oráculo del Señor!
Cuando el profeta bajó de la tribuna, uno de los presentes le pidió limosna. El metió la mano en el bolso, pero no encontró calderilla.
— Desgraciadamente no tengo suelto; sólo traigo billetes grandes. ¡Perdone! Desde la próxima vez puede usted pedir, que traeré suelto…
La pregunta del pobre:
— ¡Señor Profeta! ¿Puede usted decirme qué día habrá abundancia y Jesucristo será tomado en serio?…
La playa
 
— ¿Conoces a Jesucristo? —pregunté al niño en bañador.
— ¡Claro que le conozco! Es un buen tipo… —me dijo él, enseñándome un crucifijo al cuello.
Seguí…
— Usted, señor, ¿ha oído hablar de Jesucristo? —pregunté al hombre gordo de gafas oscuras que miraba fijamente sin vérsele los ojos.
— ¿Amable o predicador? — rebatió.
— Es que soy un profeta y quería hablarle a usted sobre la santidad y la pureza de sentimientos.
— Después… Este no es lugar para eso. Estoy de vacaciones y los asuntos espirituales los dejo para cuando regrese a la dignidad de mi hogar. Búsqueme allá en la ciudad. 
Seguí…
— Usted, señora, ¿ha oído hablar de Jesucristo? —pregunté a una matrona rodeada de hijos.
— ¡Oh, sí! Mi madre era muy devota. Yo no me ocupo de esas cosas, pero creo algo. Ya sabe, la gente necesita tener algo en qué creer…
Seguí…
— Joven, ¿puedo hablarte de Jesucristo?
— Por poder, puede; pero no va a adelantar nada. Tengo ya formada mi opinión y nada me hará cambiar de punto de vista. Tengo mi religión y vivo como manda la conciencia. Aparte de eso, no es éste lugar para hablar de religión. Me ocupo aquí de muy otras cosas… Con perdón, necesito entrar al agua. Me está llamando mi chica.
Seguí….
— Y tú, niña, ¿qué piensas de Jesucristo?
— ¡Estupendo! ¡Arrobador! Yo estoy con él. Le encuentro valiente al morir, espectacular, sensacional. No tenía preconceptos ni hablaba de esas cosas de pecado, confesión, Adán y Eva, suciedad y tabú que después los otros han traído a la religión. Creo que cada uno debe ponerse de su parte de la manera que mejor le parezca.
Seguí mi camino…

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80. La misericordia tiene dos aspectos: es dar, ayudar, servir a los otros, y también perdonar, comprender. Mateo lo resume en una regla de oro: «Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella» (7,12). El Catecismo nos recuerda que esta ley se debe aplicar «en todos los casos»[71], de manera especial cuando alguien «se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil»[72].


[71] Catecismo de la Iglesia Católica, 1789; cf. 1970.

[72] Ibíd., 1787.

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Oración Domingo XXV Tiempo Ordinario

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Cantos del Domingo XXV

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