I Vísperas – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LOS PUEBLOS QUE MARCHAN Y LUCHAN

Los pueblos que marchan y luchan
con firme tesón
aclamen al Dios de la vida.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Agiten laureles y olivos,
es Pascua de Dios,
mayores y niños repitan:
«Cantemos hosanna que viene el Señor.»

Jesús victorioso y presente
ofrece su don
a todos los justos del mundo.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Resuenen en todo camino
de paz y de amor
alegres canciones que digan:
«Cantemos hosanna que viene el Señor.»

Que Dios, Padre nuestro amoroso,
el Hijo y su Don
a todos protejan y acojan.
Cantemos hosanna que viene el Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Salmo 140, 1-9 – ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su malicia.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Ant 2. Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.

Salmo 141 – ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TU ERES MI REFUGIO

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.

Ant 3. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

LECTURA BREVE   Rm 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es origen, camino y término de todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Todo el que acoge a uno de estos niños por amor a mí me acoge a mí en persona y a aquel que me ha enviado.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo el que acoge a uno de estos niños por amor a mí me acoge a mí en persona y a aquel que me ha enviado.

PRECES

Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo:

Escucha a tu pueblo, Señor.

Padre todopoderoso, haz que abunde en la tierra la justicia
y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte de tu reino
y que el pueblo judío sea salvado.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
y que sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
y concédeles la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra
y dales el descanso eterno.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, has hecho del amor a ti y a los hermanos la plenitud de la ley; concédenos cumplir tus mandamientos y llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 22 de septiembre

Lectio: Sábado, 22 Septiembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 8,4-15
Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de las ciudades. Les dijo entonces en parábola: «Salió un sembrador a sembrar su simiente y, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra y, después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos y, creciendo los abrojos con ella, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena y, creciendo, dio fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.» Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
«La parábola quiere decir esto: La simiente es la palabra de Dios. Los de a lo largo del camino son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la palabra, la reciben con alegría; pero no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba abandonan. Lo que cayó entre los abrojos son los que han oído, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida les van sofocando y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra son los que, después de haber oído, conservan la palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.
3) Reflexión
• En el evangelio de hoy vamos a meditar la parábola de la simiente. Jesús tenía una manera bien popular de enseñar por medio de parábolas. Una parábola es una comparación que usa las cosas conocidas y visibles de la vida para explicar las cosas invisibles y desconocidas del Reino de Dios. Jesús tenía una capacidad muy grande de encontrar imágenes bien simples para las cosas de Dios con las cosas de la vida que la gente conocía y experimentaba en su lucha diaria por la sobre vivencia. Esto supone dos cosas: estar dentro de las cosas de la vida y estar dentro de las cosas de Dios, del Reino de Dios. Por ejemplo, la gente de Galilea entendía de simiente, de terreno, de lluvia, de sol, de sal, de cosecha, de pesca, etc. Ahora bien, son exactamente estas cosas conocidas por la gente las que Jesús usa en las parábolas para explicar el misterio del Reino. El agricultor que escucha, dice: “Simiente en el terreno, ¡yo sé lo que es! Jesús dice que esto tiene que ver con el Reino de Dios ¿qué será?” ¡Y es posible imaginar las largas conversaciones de la gente! La parábola se mezcla con la gente y lleva a escuchar la naturaleza y a pensar en la vida.
• Al terminar de contar una parábola, Jesús no explicaba, pero solía decir: “¡Quién tiene oídos para oír que oiga!” Lo que significaba: “¡Y esto! Vosotros lo habéis oído. ¡Ahora tratad de entender!” De vez en cuando, explicaba para los discípulos. A la gente le gustaba esta manera de enseñar, porque Jesús creía en la capacidad que las personas tienen de descubrir el sentido de las parábolas. La experiencia que la gente tenía de la vida era para él un medio para descubrir la presencia del misterio de Dios en sus vidas y engendrar valor para no desanimar a lo largo del camino.
• Lucas 8,4: La multitud detrás de Jesús. Lucas dice: Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de las ciudades. Entonces el contó esta parábola. Marcos describe como Jesús contó la parábola. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar (Mc 4,1).
• Lucas 8,5-8a: La parábola de la simiente retrata la vida de los campesinos. En aquel tiempo, no era fácil vivir de la agricultura. El terreno era muy pedregoso. Había mucho matorral. Poca lluvia, mucho sol. Además de esto, muchas veces, la gente acortaba el camino y, pasando en medio del campo, pisoteaba las plantas (Mc 2,23). Sin embargo, a pesar de todo esto, cada año, el agricultor sembraba y plantaba, confiando en la fuerza de la simiente, en la generosidad de la naturaleza.
• Lucas 8,8b: ¡Quién tiene oído para oír, que oiga! Al final, Jesús termina diciendo: “¡Quien tiene oído para oír, que oiga!” El camino para llegar a comprender la parábola es la búsqueda: “¡Tratad de entender!” La parábola no entrega el significado de inmediato, pero lleva a la persona a que piense. Le lleva a descubrir el mensaje desde la experiencia que la persona misma tiene de la simiente. Despierta la creatividad y la participación. No es una doctrina que ya viene pronta para ser enseñada y decorada. La Parábola no da agua en botella, sino que entrega la fuente.
• Lucas 8,9-10: Jesús explica la parábola a los discípulos. En casa, a solas con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. Jesús respondió por medio de una frase difícil y misteriosa. Dice a los discípulos: “A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan”. Esta frase hace que la gente se pregunte: Al final, la parábola ¿sirve para qué? ¿Para aclarar o para esconder? Jesús ¿usaba las parábolas, para que la gente continuara en la ignorancia y no llegara a convertirse? ¡Ciertamente que no! Pues en otro lugar se dice que Jesús usaba parábolas “según la capacidad de los oyentes” (Mc 4,33). La parábola revela y esconde ¡al mismo tiempo! Revela para “los de dentro”, que acepan a Jesús como Mesías Servidor. Esconde para los que insisten en ver en él al Mesías como Rey grandioso. Estos entienden las imágenes de la parábola, pero no llegan a comprender su significado.
• Lucas 8,11-15: La explicación de la parábola, parte por parte. Una por una, Jesús explica las partes de la parábola, desde la simiente y el terreno hasta la cosecha. Algunos estudiosos piensan que esta explicación fue añadida después. No sería de Jesús, sino de alguna comunidad. ¡Es bien posible! ¡No importa ¡pues dentro del germen de la parábola está la flor de la explicación. Germen y flor, ambos tienen el mismo origen que es Jesús. Por esto, nosotros también podemos continuar la reflexión y descubrir otras cosas bonitas dentro de la parábola. Una vez alguien preguntó en una comunidad: “Jesús dijo que teníamos que ser sal. ¿Para qué sirve la sal?” Las personas fueron dando su opinión a partir de la experiencia que cada cual tenía de la sal. Discutían y, al final, encontraron más de diez finalidades diferentes para la sal. Y aplicaron todo esto a la vida de la comunidad y descubrieron que ser sal es difícil y exigente. ¡La parábola funcionó! Lo mismo vale para la simiente. Todo el mundo tiene alguna experiencia de la simiente.
4) Para la reflexión personal
• La simiente cae en cuatro lugares diferentes: camino, piedra, espinos y tierra buena. ¿Qué significa cada uno de estos cuatro terrenos? ¿Qué tipo de tierra soy yo? A veces la gente es piedra, otra vez espinos. Otras veces es camino o tierra buena. En nuestra comunidad, ¿qué somos normalmente?
• ¿Cuáles son los frutos que la Palabra de Dios está produciendo en nuestra vida y en nuestra comunidad?
5) Oración final
Señor, explicando tus proezas a los hombres,
el esplendor y la gloria de tu reinado.
Tu reinado es un reinado por los siglos,
tu gobierno, de edad en edad. (Sal 145,12-13)

Domingo XXV de Tiempo Ordinario

Situación

Las personas necesitamos valoración social. Esto no es malo. Si no hubiésemos sido importantes para nuestros padres, nos faltaría ese mínimo de autoestima que nos permite tener dignidad y nos capacita para crecer. Si no somos mínimamente valorados en nuestro trabajo, en las relaciones, terminamos cerrándonos sobre nosotros mismos.

El Evangelio presupone este equipamiento básico de la persona. Está dicho a otro nivel. Cuando la valoración social se constituye en fundamento y sentido de la propia vida (lo que se traduce en búsqueda de prestigio social, en necesidad de «status» más alto, en la ansiedad del poder), el «test» es muy claro: insensibilidad para acercarse a los despreciados, alejamiento del mundo de los pobres.

El Evangelio trae un mensaje claro: Porque hay tantos sin valoración social, sin ese equipamiento básico, y precisamente, porque nosotros somos los privilegiados, que lo tenemos, carecemos de derecho a aupamos sobre los demás y humillarnos. Al contrario, somos los llamados a liberarnos de la mentira del prestigio social y hacernos solidarios con los desechados, construyendo un mundo nuevo, fraternal e igualitario.

Contemplación

La Palabra emplaza al discípulo ante la figura del Mesías-Siervo. El que representa a Dios en la tierra, el Importante se hizo despreciable.

La primera lectura refleja el contraste entre los malvados poderosos, que acechan al inocente porque desenmascara su mentira y pecado. A su luz, adquieren contenido realista las palabras de Jesús que anuncian su próxima pasión en Jerusalén (Evangelio).

Hacer mía la oración de Jesús, el perseguido y despreciado por los poderosos, con el salmo responsorial. Ahí experimentamos «el corazón manso y humilde de Jesús», en su actitud radical de pequeñez ante Dios y ante los hombres.

Que la escucha de la Palabra me haga celebrar la Eucaristía sintiéndome uno más en la comunidad cristiana, cercano a los más sencillos.

Reflexión

Hay gente que sigue a Jesús sin saberlo. Les ha tocado ser los siervos de todos. El discípulo (cada uno de nosotros) es llamado a seguir a Jesús voluntariamente. Tiene que llegar a ser pequeño por proceso de conversión, por gracia de Dios.

No olvidemos que la naturaleza se resiste con uñas y dientes. Perder prestigio nos hace sentirnos inseguros. Lo notamos en cosas muy elementales: la necesidad de excusarnos cuando algo hemos hecho mal o de justificarnos cuando se nos atribuye algo que no hemos hecho.

Hay que luchar contra corriente, porque lo que cuenta alrededor nuestro es subir de «status social», codearse con gente de bien, tener fama… Si el prestigio social viene de lo económico, lo importante es ganar mucho, tener un apartamento en la costa… Si el prestigio está en lo profesional, hay que escalar puestos en la empresa… Y si en el contexto se valora lo cristiano, hay que demostrar la propia virtud y competir en las prácticas religiosas o en las tareas de ayuda a los marginados.

Seguir a Jesús en la vida ordinaria es un buen criterio para liberarse del prestigio social. No tiene sentido optar por los pobres si buscamos, inconscientemente, prestigio social.

  • Habrá que comenzar por casa. ¿Por qué ocultar nuestras debilidades? ¿Qué actitud adoptamos ante los más vulnerables? Siempre hay alguno a quien le toca soportar más peso: la «oveja negra», el «chivo expiatorio», el «no adaptado»…

  • En nuestro ámbito de trabajo, allí, en un rincón, haciendo un trabajo oscuro, hay alguien «poco importante».

  • En las relaciones sociales, ¿con quiénes me gusta rozar?, ¿a quiénes imito en el vestir, en los gustos? ¿Por qué?

El Evangelio pone atención especial en los niños. En aquel contexto, eran los menos importantes. Hoy, con frecuencia, son los pequeños tiranos. Siguen siendo, sin embargo, muy vulnerables. Valorarlos no significa realizar todos sus caprichos, auparlos a señores, sino ayudarles a crecer como personas.

Existen, además, otros muchos «pequeños» que se nos cruzan cada día: la dependienta de la tienda, el solitario malhumorado, el adolescente que necesita ser escuchado…

Javier Garrido

Sigo creyendo en Jesucristo

Sigo creyendo en Jesucristo.
No sé responder a todas las preguntas que se lanzan contra él.
No sé formular todas las cuestiones que un hombre de cultura debería saber plantearse respecto a su Dios.
No sé solucionar los dramas que me caen en las manos.
No dispongo de una palabra de sabiduría para los hombres de mi tiempo.
No domino ningún secreto que desmonte la máquina que ha montado nuestra civilización humana.
No tengo odio ni rencor.
No quiero usar palabra alguna contra alguien en especial, pero tampoco me deja insensible la desfachatez con la que se pisotea la dignidad humana.
No me gusta tener que atacar con la verdad, cuando podrían sencillamente bendecir.
No he escogido a ningún culpable en especial para remitirlo al tribunal de la HIstoria.
Tengo, eso sí, un gran amor al mundo que me ha sido dado como regalo, al mundo que siente hambre de Dios y no lo sabe, tiene miedo de creer en Jesucrito y no lo admite, anda loco tras la santidad y la pureza de sentimientos pero se avergüenza de admitirlo.
Jesucristo me ha lanzado a la Historia y me ha hecho desarrollar, uno por uno, mis cortos talentos, mostrándome que no soy nadie, no tengo nada que ofrecer, no sé casi nada, pero si puedo, en la medida de mis limitaciones, mostrar a los hombres de mi tiempo que somos mejor de lo que pensamos.
¡Yo creo en Jesucristo!
Creo, sin contriciones, que el joven crucificado en Jerusalén era el hombre esperado por todos los pueblos.
Creo sin miedo al escarnio o a las invectivas, que Jesucristo es el Hijo de Dios.
No puedo decir que sé todo lo que debía saber al respecto.
No puedo garantizar que los hechos narrados sobre él hayasn sido registrados exactamente como sucedieron. Pero creo que en lo que trataron de afirmar.
No puedo decir que tengo la paz y las soluciones que él trajo consigo.
No puedo decir que tengo respuestas para los hombres de mi tiempo.
Pero creo que Jesucristo fue y es la respuesta.
Y lamento profundamente que no siempre le he escuchado.
No puedo obligar a nadie a creer en la misma verdad que hoy condivido con quinientos millones de creaturas humanas:
hombres,
mujeres,
jóvenes,
ancianos,
niños
y adultos de mi tiempo cansados de teorías y de sistemas filosóficos.
No puedo probar al mundo que Jesucristo es Dios. Para quien de antemano decide que ello no cabe en la lógica humana, todo intento de argumentación es inútil.
No puedo acunar la ilusión de que conseguiré convencer a mi mundo de esa verdad, pero aun a través de las dudas tómese cuenta de ella.
Yo creo en la doctrina y en las exigencias de Jesús de Nazaret.
Y tengo la seguridad…, una profunda certidumbre, de no estar solo en tal convicción. Este mi mundo va a ser aún un lugar decente para que los niños que nacieren en él crezcan sabiendo que un día, en un aoscura ciudad de Judea. Dios visitó a su pueblo.
Y desde entonces el mundo tiene un peso en la conciencia. Y Jesucristo mora dentro de él…

Gaudete et exsultate (Francisco I)

84. Lo que más hay que cuidar es el corazón (cf. Pr 4,23). Nada manchado por la falsedad tiene un valor real para el Señor. Él «huye de la falsedad, se aleja de los pensamientos vacíos» (Sb 1,5). El Padre, que «ve en lo secreto» (Mt 6,6), reconoce lo que no es limpio, es decir, lo que no es sincero, sino solo cáscara y apariencia, así como el Hijo sabe también «lo que hay dentro de cada hombre» (Jn 2,25).

El servidor de los demás

1. Jesús sitúa las exigencias del seguimiento a partir de un segundo anuncio de la Pasión, que los discípulos siguen sin entender, porque discuten acerca de «quién es el más importante». No comprenden el sentido de la cruz ni el protagonismo de los últimos. Precisamente en la cruz se hizo Jesús el último, y en la resurrección pasó a ser el primero. Los discípulos se resisten a aceptar una comunidad en la que los primeros criterios son el servicio y la humildad. Con estas actitudes se sirve a los niños.

2. La llegada del reino trastoca los esquemas del mundo, siempre proclives a encumbrar al primero y a menospreciar al último, en virtud de la vanidad, el orgullo y la ambición. Los menores, es decir, los pobres y marginados, tienen en la comunidad nueva una relevancia inusitada, porque son sacramento desconcertante de Dios. La comunidad cristiana se diferencia de cualquier otra comunidad por estos criterios operativos evangélicos. Por eso la acogida a los menores es acogida cristiana, y la opción por los pobres es criterio fundamental de la Iglesia.

3. El seguimiento de Jesús entraña incomprensión y persecución. Jesús fue «entregado en manos de los hombres», es decir, manipulado. Tiene conciencia de que se dirige al encuentro de una muerte violenta. Constantemente, a lo largo de la historia, los justos sufren afrentas, los profetas son perseguidos y los mártires padecen una muerte violenta.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Aceptamos los sufrimientos inherentes a una vida cristiana?

¿Por qué queremos ser siempre los primeros?

Casiano Floristán

He venido a servir

Por segunda vez Jesús anuncia que la hostilidad que su predicación del Reino encuentra entre los grandes de su tiempo lo llevará hasta la muerte.

¿Quién es el mayor?

Marcos es el evangelista que recuerda con más frecuencia lo difícil que fue para los apóstoles creer en Jesús y aceptar las exigencias de su seguimiento. «Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle» (9, 32). Jesús se propone ayudarlos a dar el salto definitivo, «¿de qué discutíais por el camino?», les pregunta (v. 33). No obstante, los discípulos «no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante» (v. 34). Ser compañeros cercanos de un maestro seguido por la multitud ya era un prestigio para estos modestos habitantes de Galilea; se preguntan ahora, en medio de su confusión, qué lugar tendrán en el cambio que Jesús promete. Es más, cada uno codicia (cf. Sant 4, 2) la mejor tajada.

No es que no hayan entendido que el Señor propugna una transformación en el orden religioso. Lo grave es que incluso en ese terreno puede presentarse la ambición del prestigio y el poder. No es necesario creer en un reino temporal para caer en esa actitud. Lo vemos entre nosotros todos los días. La búsqueda de honores, el deseo de ser el centro de decisiones, la autocomplacencia en la autoridad de que se está investido, son tentaciones existentes al interior mismo de la Iglesia. Se trata de una profunda perversión del mensaje del Señor que nos recuerda, una vez más, que la marca de sus seguidores es ser «el último de todos y el servidor de todos» (v. 35).

Sin hipocresía

En un gesto de tipo profético Jesús toma a un niño, es decir, a alguien que los adultos no valoraban, y afirma su profunda identificación con él (cf. v. 36). Quien recibe a un ‘insignificante’ lo recibe a él mismo y a su Padre (cf. v. 37). El texto nos recuerda el célebre Mt 25, 31ss. El servicio a todos debe comenzar por el servicio a los últimos de la sociedad.

Esta es la sabiduría «que viene de arriba»(Sant 3, 17). No estamos sólo ante una postura interior; debe traducirse en obras, en «buenas obras» (v. 17). «Su fruto es la justicia», resultado de la acción de los artesanos de la paz (v. 18), es decir, del shalom de Dios que significa vida, integridad. Esa debe ser la sabiduría de los discípulos del Señor, sin la hipocresía (cf. v. 17) de quienes mantienen un lenguaje de servicio cuando en verdad ejercen la autoridad en su propio beneficio.

Esa actitud encontrará resistencias. Quienes están habituados a la codicia harán la guerra a los que buscan vivir así (cf. Sant 4, 2). Aquellos que no viven la autoridad como un servicio sino como un mero instrumento de poder y de dominación, someterán «a la prueba de la afrenta y la tortura» (Sab 2, 19) a los creyentes. Dudarán de la veracidad de sus palabras y actos (cf. v. 17) y los hostilizarán «para comprobar su moderación y apreciar su paciencia» (v. 19). Llegarán incluso a condenarlos «a muerte ignominiosa» (v. 20). Es lo que sucede a Jesús en manos de los que abusan —incluso con pretendidas justificaciones religiosas— del poder que tienen. A ellos el Señor opone el testimonio de su manera de entender la autoridad: como un servicio. El Señor nos invita a todos, sin excepción, a seguir su ejemplo.

Gustavo Gutiérrez

Entender a Jesús

Los apóstoles también discutían. Si bien parece que procuraban no hacerlo en presencia de Jesús. En ésta ocasión, mientras caminaban, formaban dos grupos. En uno de ellos Jesús iba hablando de los acontecimientos en relación con su vida y que tendrían lugar en Jerusalén poco tiempo después. Jesús observó que hablaban de distintos asuntos. Jesús iba desgranando detalladamente sobre cómo serían sus futuros días u horas. “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de la autoridad y lo matarán, y, después de muerto, a los tres días resucitará”.

En el segundo grupo, del cual no formaba parte Jesús, se enzarzó discutiendo “quién era el más importante” y, quienes ocuparían los puestos más codiciados en el futuro Reino que el Maestro esperaban que fundase. Finalizado el recorrido, Jesús se sentó, llamó a los DOCE y les dijo: ”Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” . Y aquí Jesús tuvo un gesto apabullante: Llamó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mi” .

Al leer los textos bíblicos de este domingo, me imaginaba estar leyendo las noticias de la primera página de cualquier diario o periódico de nuestras ciudades. El apóstol Santiago nos recuerda en su carta que “donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males.” Que no nos equivoquemos, “los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia”. No se limitan a hablar.

Volviendo al gesto de Jesús, me recuerda la lista de los abusos sexuales cometidos por personas consagradas y no consagradas. Pero, sobre todo por las consagradas, destinadas a actuar como pastores fieles y, sin embargo ejercen de zorras, de lobos devoradores. Ciertamente se han escrito páginas tristes respecto a vidas infantiles.

Dando un salto o cambiando de tema, dice el evangelio de hoy que los oyentes no le entendían. Es que el camino de Jesús es distinto al nuestro. ¿Pero cuál es el correcto, el bueno, el válido?. El evangelista apunta, subraya y denuncia la envidia, el afán de poder. Es lo que observamos en muchos de nuestros dirigentes o en muchos que aspiran a serlo.

Sin rebajar una pizca la gravedad de los abusos sexuales, quizá sea útil anotar la diferencia con la que se trata hoy al niño y cómo se le trataba en tiempos de Jesús.Entonces el niño, en general, y hoy en muchos sectores y regiones del mundo es objeto de abusos por ser el más débil, el más frágil, el más vulnerable. En zonas extensas, especialmente en países pobres o empobrecidos, niños y niñas son víctimas del comercio más inhumano, empezando en algunos casos por sus padres y por sus hermanos. Ahí están, como muestra, los niños- soldados y las niñas- esclavas sexuales.

Otra minoría goza de todos los medios que uno se puede imaginar respecto a la educación. Y por fin se hace notar una minoría que no conoce el mínimo respeto, incordiantes, rebeldes sin causa y no practican los modales ni los valores más elementales. “Educar en valores” es la puerta que se nos abra en este mundo delicado y amplísimo de la educación (del verbo “educere”: sacar a la luz lo mejor de cada uno).¿Cómo y en qué valores?. He ahí la pregunta que algunos han acertado en la respuesta.

Podemos finalizar con un interrogante: ¿De qué tema o asuntos hablamos en nuestras conversaciones? ¿Cuáles son nuestros valores?

Josetxu Canibe

¿Por qué lo olvidamos?

Camino de Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos sobre el final que le espera. Insiste una vez más en que será entregado a los hombres y estos lo matarán, pero Dios lo resucitará. Marcos dice que “no le entendieron y les daba miedo preguntarle”. En estas palabras se adivina la pobreza de los cristianos de todos los tiempos. No entendemos a Jesús y nos da miedo ahondar en su mensaje.

Al llegar a Cafarnaún, Jesús les pregunta: “¿De qué discutíais por el camino?”. Los discípulos se callan. Están avergonzados. Marcos nos dice que, por el camino, habían discutido quién era el más importante. Ciertamente, es vergonzoso ver a Jesús Crucificado acompañado de cerca por un grupo de discípulos llenos de estúpidas ambiciones. ¿De qué discutimos hoy en la Iglesia mientras decimos seguir a Jesús?

Una vez en casa, Jesús se dispone a darles una enseñanza. La necesitan. Estas son sus primeras palabras: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. En el grupo que sigue a Jesús, el que quiera sobresalir y ser más que los demás, se ha de poner el último, detrás de todos; así podrá ver qué es lo que necesitan y podrá ser servidor de todos.

La verdadera grandeza consiste en servir. Para Jesús, el primero no es el que ocupa un cargo de importancia, sino quien vive sirviendo y ayudando a los demás. Los primeros en la Iglesia no son los jerarcas sino esas personas sencillas que viven ayudando a quienes encuentran en su camino. No lo hemos de olvidar.

Para Jesús, su Iglesia debería ser un espacio donde todos piensan en los demás. Una comunidad donde estamos atentos a quien nos puede necesitar. No es sueño de Jesús. Para él es tan importante que les va a poner un ejemplo gráfico.

Antes que nada, acerca un niño y lo pone en medio de todos para que fijen su atención en él. En el centro de la Iglesia apostólica ha de estar siempre ese niño, símbolo de las personas débiles y desvalidas, los necesitados de apoyo, defensa y acogida. No han de estar fuera, junto a la puerta. Han de ocupar el centro de nuestra atención.

Luego, Jesús abraza al niño. Quiere que los discípulos lo recuerden siempre así. Identificado con los débiles. Mientras tanto les dice: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí…acoge al que me ha enviado”.

La enseñanza de Jesús es clara: el camino para acoger a Dios es acoger a su Hijo Jesús presente en los pequeños, los indefensos, los pobres y desvalidos. ¿Por qué lo olvidamos tanto?

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 22 de septiembre

Se dice en castellano de los que se meten a discutir cosas inútiles y muy enrevesadas que se meten en cuestiones “bizantinas”. Es que parece ser que a los bizantinos les gustaba discutir y dialogar horas interminables aunque fuese de cosas tan inútiles como el sexo de los ángeles. Leyendo la primera lectura de este día, parece que en la comunidad de los corintios, también había muchos bizantinos a los que les gustaba dedicarse a discutir sobre cuestiones “bizantinas”. Porque el tema de la resurrección da mucho de sí. Si vamos a resucitar, ¿qué resucita: nuestra alma o nuestro cuerpo? Y si resucita nuestro cuerpo, ¿qué cuerpo va a ser: el que tenemos ahora o uno nuevo? Pablo trata de dar una respuesta pero todo se queda en atisbos, intuiciones, ideas difíciles de explicar en la realidad que nos toca vivir. ¿Qué es eso del hombre celestial?

En el fondo, lo que nos quiere decir es que más allá de hablar de lo que no sabemos, y posiblemente no sabremos nunca, creemos en Jesús. Creemos que Dios le ha resucitado a una vida nueva y plena. Y creemos que Dios nos resucitará a nosotros también a una vida nueva y plena. Por eso, vivimos en la esperanza, porque creemos en un Dios de vida, que da y regala la vida a todos los vivientes. Y viviendo así es como somos ya esos hombres y mujeres nuevos, capaces de vivir la fraternidad y el amor con todos. Igual que Dios.

La fe es la semilla que se ha sembrado en nuestro corazón. Como en la parábola del Evangelio, la Palabra de vida y esperanza ha sido sembrada en nosotros. Ahora es tarea nuestra acogerla, vivirla, hacerla crecer, multiplicarla, para que llegue a los corazones de todos, para que la fraternidad del Reino no sea un sueño imposible, convertido muchas veces en una pesadilla horrible, sino una experiencia de vida. Para que nadie se sienta excluido de la mesa del banquete del Reino. Vivir es así es dejarse de cuestiones “bizantinas” y aterrizar en la vida de cada día. Porque lo que Jesús nos pide no es divagar por los cielos sino transformar las relaciones con nuestros vecinos, acoger a los excluidos, compartir el pan con el hambriento, hacer que la justicia llegue a todos… Estas son las cuestiones “reales” en las que nos tenemos que comprometer los seguidores de Jesús.