Sigo creyendo en Jesucristo

Sigo creyendo en Jesucristo.
No sé responder a todas las preguntas que se lanzan contra él.
No sé formular todas las cuestiones que un hombre de cultura debería saber plantearse respecto a su Dios.
No sé solucionar los dramas que me caen en las manos.
No dispongo de una palabra de sabiduría para los hombres de mi tiempo.
No domino ningún secreto que desmonte la máquina que ha montado nuestra civilización humana.
No tengo odio ni rencor.
No quiero usar palabra alguna contra alguien en especial, pero tampoco me deja insensible la desfachatez con la que se pisotea la dignidad humana.
No me gusta tener que atacar con la verdad, cuando podrían sencillamente bendecir.
No he escogido a ningún culpable en especial para remitirlo al tribunal de la HIstoria.
Tengo, eso sí, un gran amor al mundo que me ha sido dado como regalo, al mundo que siente hambre de Dios y no lo sabe, tiene miedo de creer en Jesucrito y no lo admite, anda loco tras la santidad y la pureza de sentimientos pero se avergüenza de admitirlo.
Jesucristo me ha lanzado a la Historia y me ha hecho desarrollar, uno por uno, mis cortos talentos, mostrándome que no soy nadie, no tengo nada que ofrecer, no sé casi nada, pero si puedo, en la medida de mis limitaciones, mostrar a los hombres de mi tiempo que somos mejor de lo que pensamos.
¡Yo creo en Jesucristo!
Creo, sin contriciones, que el joven crucificado en Jerusalén era el hombre esperado por todos los pueblos.
Creo sin miedo al escarnio o a las invectivas, que Jesucristo es el Hijo de Dios.
No puedo decir que sé todo lo que debía saber al respecto.
No puedo garantizar que los hechos narrados sobre él hayasn sido registrados exactamente como sucedieron. Pero creo que en lo que trataron de afirmar.
No puedo decir que tengo la paz y las soluciones que él trajo consigo.
No puedo decir que tengo respuestas para los hombres de mi tiempo.
Pero creo que Jesucristo fue y es la respuesta.
Y lamento profundamente que no siempre le he escuchado.
No puedo obligar a nadie a creer en la misma verdad que hoy condivido con quinientos millones de creaturas humanas:
hombres,
mujeres,
jóvenes,
ancianos,
niños
y adultos de mi tiempo cansados de teorías y de sistemas filosóficos.
No puedo probar al mundo que Jesucristo es Dios. Para quien de antemano decide que ello no cabe en la lógica humana, todo intento de argumentación es inútil.
No puedo acunar la ilusión de que conseguiré convencer a mi mundo de esa verdad, pero aun a través de las dudas tómese cuenta de ella.
Yo creo en la doctrina y en las exigencias de Jesús de Nazaret.
Y tengo la seguridad…, una profunda certidumbre, de no estar solo en tal convicción. Este mi mundo va a ser aún un lugar decente para que los niños que nacieren en él crezcan sabiendo que un día, en un aoscura ciudad de Judea. Dios visitó a su pueblo.
Y desde entonces el mundo tiene un peso en la conciencia. Y Jesucristo mora dentro de él…
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