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Archive for 2/10/18

LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS. (MEMORIA)

 

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ÁNGELES DE LA GLORIA Y DEL SERVICIO

Ángeles de la gloria y del servicio,
que vivís junto a la fuente de la vida,
la santidad de Dios es vuestra estancia
y su divina faz es vuestra dicha.

Ángeles servidores de la paz
en Belén junto al Hijo de María,
ángeles que rendís adoración
en el desierto al vencedor Mesías,

jóvenes de celestes vestiduras
para anunciar en Pascua la noticia,
la Iglesia reconoce vuestros pasos
y da gracias al Padre que os envía.

Ángeles invisibles y callados,
vuestra gracia supera fantasía;
sois gozo de la excelsa Trinidad
y ayuda de la Iglesia peregrina.

Honor y majestad a Jesucristo,
cuyo rostro los ángeles ansían;
honor y gratitud al Unigénito,
al que nos dio su honor con su venida. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.

Salmo 33 I – EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.

Ant 2. Vive el Señor, cuyo ángel me ha protegido.

Salmo 33 II

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.

La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vive el Señor, cuyo ángel me ha protegido.

Ant 3. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, pues él os ha mostrado su misericordia.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, pues él os ha mostrado su misericordia.

LECTURA BREVE   Ap 8, 3-4

Vino un ángel y se puso en pie junto al altar, con un incensario de oro. Y se le dio gran cantidad de incienso, para que lo ofreciese en representación de las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, que está delante del trono. Y el humo del incienso subió a la presencia de Dios, de mano del ángel, en representación de las oraciones de los santos.

RESPONSORIO BREVE

V. A sus ángeles Dios ha dado órdenes.
R. A sus ángeles Dios ha dado órdenes.

V. Para que te guarden en tus caminos.
R. Dios ha dado órdenes.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A sus ángeles Dios ha dado órdenes.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sus ángeles están de continuo viendo el rostro de mi Padre celestial.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sus ángeles están de continuo viendo el rostro de mi Padre celestial.

PRECES

Oremos al Señor, pidiéndole que nos haga siempre prontos a la voz de su palabra, como los ángeles, y démosle gracias, diciendo:

Con los ángeles, cantamos el himno de tu gloria.

Señor, tú que quisiste que los ángeles anunciaran tus maravillas a los hombres,
haz que nosotros con su ayuda proclamemos también tus grandezas ante nuestros hermanos.

Dios altísimo, cuya santidad proclaman sin cesar los ángeles,
haz que tu Iglesia cante también siempre tu alabanza.

Tú, Señor, que has dado órdenes a tus ángeles para que guarden siempre los caminos de tus hijos,
haz que cuantos viajan por la tierra, por el mar y por el aire puedan regresar con paz y alegría a sus hogares.

Tú que quisiste que los ángeles anunciaran la paz a los hombres que tú amas,
envía también a tus ángeles a los que gobiernan las naciones para que procuren la paz de los pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cuando mandes a tus ángeles con la trompeta atronadora para reunir a tus elegidos de los cuatro vientos,
haz que nuestros difuntos sean colocados entre tus elegidos.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios, Padre misericordioso, que, en tu providencia inefable, te has dignado enviar, para nuestra guarda, a tus santos ángeles, concede a quienes te suplican ser siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Martes, 2 Octubre, 2018

 

Mateo 18,1-5.10

 

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia; derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 18,1-5.10

En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?» Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy presenta un texto sacado del Sermón de la Comunidad (Mt 18,1-35), en el cual Mateo reúne frases de Jesús para ayudar a las comunidades del final del siglo primero a superar los problemas que debían abordar en aquel momento, es decir, la salida de los pequeños por causa del escándalo de algunos (Mt 18,1-14) y la necesidad de diálogo para superar los conflictos internos (Mt 18,15-35). El Sermón de la Comunidad aborda distintos asuntos: el ejercicio del poder en la comunidad (Mt 18,1-4), el escándalo que excluye a los pequeños (Mt 18,5-11), la obligación de luchar para que los pequeños vuelvan (Mt 18,12-14), la corrección fraterna (Mt 18,15-18), la oración (Mt 18,19-20) y el perdón (Mt 18,21-35). El acento cae en la acogida y en la reconciliación, pues el fundamento de la fraternidad es el amor gratuito de Dios que nos acoge y nos perdona. Sólo así la comunidad será señal del Reino.

• En el evangelio de hoy vamos a meditar sobre la acogida que hay que dar a los pequeños. La expresión, los pequeños, no se refiere sólo a los niños, sino a las personas sin importancia en la sociedad, inclusive a los niños. Jesús pide que los pequeños, estén en el centro de las preocupaciones de la comunidad, pues “el Padre quiere que ni uno sólo de estos pequeños se pierda” (Mt 18,14).

• Mateo 18,1: La pregunta de los discípulos que provoca la enseñanza de Jesús. Los discípulos quieren saber quién es el mayor en el Reino. El mero hecho de preguntar indica que no han entendido bien el mensaje de Jesús. La respuesta de Jesús, es decir, todo el Sermón de la Comunidad, es para que se entienda que entre los seguidores y las seguidoras de Jesús tiene que primar el espíritu de servicio, de entrega, de perdón, de reconciliación y de amor gratuito, sin buscar el propio interés.

• Mateo 18,2-5: El criterio de base: el menor es el mayor. “El llamó un niño y lo puso en medio”. Los discípulos quieren un criterio para poder medir la importancia de las personas en la comunidad. Jesús responde que el criterio son ¡los niños! Los niños no tienen importancia social, no pertenecen al mundo de los mayores. Los discípulos, en vez de crecer por encima o hacia el centro, deben crecer hacia abajo y hacia la periferia. ¡Así serán los mayores en el Reino! Y el motivo es éste: “Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.” El amor de Jesús por los pequeños no tiene explicación. Los niños no tienen méritos, son amados por los padres y por todos por ser niños. Aquí se manifiesta la pura gratuidad de Dios que pide ser imitada en la comunidad por los que creen en Jesús.

• Mateo 18,6-9: No escandalizar a los pequeños. El evangelio de hoy omite estos versículos de 6 a 9 y continúa en el versículo 10. Damos una breve clave de lectura para estos versículos de 6 a 9. Escandalizar a los pequeños significa: ser motivo por los cuales los pequeños pierden la fe en Dios y abandonan la comunidad. El insistir demasiado en las normas y en las observancias, como hacían algunos fariseos, alejaba a los pequeños, porque no encontraban la práctica libertadora traída por Jesús. Ante esto, Mateo guarda unas frases bien fuertes de Jesús, como aquella de la piedra de molino agarrada al cuello, o la otra: “¡Ay de aquel que fuera causa de escándalo!” Señal de que en aquel tiempo los pequeños no se identificaban con la comunidad y buscaban otros refugios. Y ¿hoy? Cada año, en Brasil casi un millón de personas abandonan las iglesias históricas y emigran hacia las iglesias pentecostales. Y son los pobres los que transitan. Si se van, es porque los pobres, los pequeños, no se sienten a gusto en nuestra casa. ¿Cuál es el motivo? Para evitar este escándalo, Jesús manda cortar la mano o el pie y arrancar el ojo. Estas afirmaciones de Jesús no pueden tomarse al pie de la letra. Significan que hay que ser muy exigente en combatir el escándalo que aleja a los pequeños. No podemos permitir, de ninguna forma, que los pequeños se sientan marginados en nuestra comunidad. Pues en este caso la comunidad dejaría de ser señal del Reino di Dios. No sería de Jesucristo. No sería cristiana.

• Mateo 18,10: Los ángeles de los pequeños en presencia del Padre. “Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Hoy, a veces, se oye que alguien pregunta: “Los ángeles ¿existen? ¿No serán un elemento de la cultura persa, donde los judíos vivieron tantos siglos cuando el exilio de Babilonia?” Es posible que sea así. Pero no es esto el quid de la cuestión, no es la cuestión principal. En la Biblia, el ángel tiene otro significado. Hay textos en que se habla del Ángel de Yahvé o del Ángel de Dios y de repente se habla de Dios. Se cambia en uno por el otro (Gén 18,1-2.9.10.13.16: cf Jue 13,3.18). En la Biblia, ángel es el rostro de Yahvé dirigido hacia nosotros. Ángel de la guarda es el rostro de Dios ¡hacia mí, hacia ti! Es la expresión personalizada de la convicción más profunda de nuestra fe, a saber, que Dios está con nosotros, conmigo, ¡siempre!. Es una forma de concretar el amor y la presencia de Dios en nuestra vida, hasta los mínimos detalles.

4) Para la reflexión personal

• Los pequeños ¿son acogidos en nuestras comunidades? Las personas más pobres del barrio ¿participan en nuestra comunidad?

• Ángel de Dios, ángel de la guarda. Muchas veces, el ángel de Dios es la persona que ayuda a otra persona. En tu vida, ¿hay muchos ángeles y ángelas?

5) Oración final

Porque tú Señor has formado mis riñones,

me has tejido en el vientre de mi madre;

te doy gracias por tantas maravillas:

prodigio soy, prodigios tus obras. (Sal 139,13-14)

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Ana maría Rizzante y Sandro Gallazzi

La segunda parábola de la creación nos provoca: todo el bien que Yavé Dios había hecho con sus palabras y sus manos, culminan en un hombre y una mujer, desnudos, en el jardín de las felicidades, amándose, volviéndose una sola carne, sin vergüenza. Y vio que todo era muy bueno: en perfecta armonía no sólo con Dios y la naturaleza, sino también, del hombre y la mujer entre sí. Era, y continúa siendo, la utopía que orienta nuestras relaciones, hasta la reconstrucción del jardín definitivo.

Sin embargo, la realidad es conflictiva, de violencia: los humanos se esconden de Dios con vergüenza de su desnudez y son expulsados del jardín; la madre tierra es maldita, y entre el hombre y la mujer ya
no hay armonía: Tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.

A lo largo de los siglos la mujer acabará cargando la responsabilidad de esta violencia. Es por culpa de la mujer que comenzó el pecado y es por causa de ella que todos morimos (Sir 25,24). Y no es sólo cosa del primer testamento; el segundo repite el mismo estribillo: Adán no fue engañado; la mujer es la que fue seducida y cometió la transgresión (1Tm 2,14), asumido y repetido por nuestras iglesias en ritos y liturgias hasta introducirlo en la mentalidad de hombres y mujeres, en la sociedad y en las iglesias.

El producto final de la Toráh, el Pentateuco, es la mujer impura, inferior, propiedad del hombre, al servicio del hombre y de la casa del hombre. Es una tradición secular que se manifiesta también como resultado de una sabiduría que, con gran satisfacción masculina, sentencia con sarcasmo: es mejor la maldad del hombre, que la bondad de la mujer (Sir 42,14), y más amarga que la muerte es la mujer; redes y lazos su corazón, ataduras sus manos; quien sea bueno ante Dios escapará de ella, mas el pecador quedará preso por ella (Qo 7,26).

Hay otros textos que celebran alternativas, no desisten del sueño y proclaman que el «jardín» es posible. Es el jardín reconstruido del Cantar de los Cantares: canto que sale de la boca de una mujer amante y amada. Sin maridos/señores, sin hijos/herederos: mujer y hombre, sólo, en una relación libre, cómplice, socia: soy para mi amado y mi amado es para mí (Ct 2,16). Los dos, juntos, finalmente buenos.

Deseo no es y nunca será maldición para la mujer, como sentenciaba Gn 3,16. Soy de mi amado, y para mí es su deseo (Ct 7,11). Es el jardín antes de la serpiente del poder, antes de querer ser como Dios. ¿Por qué ser como Dios, si Dios es como nosotros, cuando nos amamos? Y así será en el jardín definitivo, cuando, finalmente, no habrá ya ambigüedad, contradicción, conflicto o violencia: Y el espíritu y la esposa dicen: ven (Ap 22,17). ¡La utopía es posible!

Los textos bíblicos, como vimos, dicen, desdicen, se contradicen. Memoria de una violencia asombrosa del hombre contra la mujer es la página final del libro de los jueces (17-21) que nos cuenta lo que ocurrió con la concubina de un levita. Y fue el levita, dueño absoluto del cuerpo y de la vida de su concubina, quien la entregó a los impíos de Gabaá, que la violaron toda la noche, hasta que murió. El altar sobre el cual el levita descuartiza el cuerpo de su concubina, es símbolo de una violencia que el templo legitima y usa para manifestar y mantener su poder. Para «vengar» la pérdida de su propiedad, el levita convoca a una guerra santa que provoca in- numerables víctimas y que concluye con el rapto de seiscientas muchachas para quienes habían quedado viudos por causa de los combates. Texto-memoria de un simbolismo extremo: el templo y lo sagrado siempre garantizaron los privilegios de los hombres a costa del sufrimiento y de la opresión sobre el cuerpo de la mujer. Todavía no existía la opresión de los reyes, pero para las mujeres, la violencia y la muerte ya eran realidad. ¡La utopía no puede morir!

¿Cómo no recordar a la mujer sorprendida en adulterio, tirada a los pies de Jesús, en el patio del templo? Moisés manda apedrear a tales mujeres… Quien no tenga pecado, tire la primera piedra… Y salieron uno por uno, comenzando por los más viejos. La pregunta de Jesús es provocativa: ¿Dónde están los que te condenaban? La mujer levanta los ojos y descubre que el templo es sólo para ella, al lado de Jesús. Nadie más. ¡La utopía es posible!

Es la palabra de Oseas la que resuena: mi reclamo es contra ti, sacerdote… Viven de los pecados de mi pueblo… No castigaré a vuestras hijas prostitutas, ni a vuestras nueras adúlteras… (Os 4,4-14). Oseas y Gomer saben que el templo no trae nada nuevo; es necesario volver al desierto, al lugar de la seducción, ¡el lugar donde el corazón puede hablar y oír! Sólo así serán renovadas relaciones como las del jardín original. Es a partir de la mujer –por fin puesta en primer lugar, para ser amada y no prostituida–, don- de lo nuevo comienza, dentro de casa, pues la propia casa reproduce el esquema dominador del Estado, del templo, de los baales…

Ella me llamará mi hombre y ya no mi marido/ baal (Os 2,16). Oseas deja de ser un Baal/patrón para Gomer, para ser su hombre/amante, en una relación de igualdad, no de dominación o explota- ción. Cortejaré contigo para siempre, en la justicia y el derecho, en el amor y la ternura. Cortejaremos en la fidelidad y conocerás a Yavé (Os 2,21s). Este es el camino para vivir una siempre renovada relación de amor entre dos amantes: justicia y derecho, amor y ternura, fidelidad para siempre. Eso es conocer a Yavé ¡La utopía es posible!

¿Cómo leer estas contradicciones, no sólo entre textos del primer testamento, sino, como hemos visto, también entre textos del testamento cristiano? ¿Cómo conciliar la afirmación de la carta a los Gá- latas Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, pues todos sois uno en Cristo Jesús(Gl 3,28), con lo que dice la carta a Tito: las mujeres de más edad… sepan enseñar a las jóvenes a amar a sus maridos, a querer bien a sus hijos, a ser prudentes, castas, trabajadoras de la casa, bondadosas, sumisas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada (Tt 2,3-5)? Las Iglesias del fin del primer siglo, para evitar la persecución, trataban ya de ser reconocidas por el imperio, y para eso debían vivir como se vivía en todo el imperio: con la sumisión de la mujer al marido, así como la sumisión de los esclavos a sus amos (1Tm 6,1).

Esta es la tensión permanente presente en muchos textos bíblicos, y presente en nuestras casas, todavía hoy. Es lo que experimentamos quienes decidimos vivir el desafío de una relación hombre-mujer teniendo en el horizonte y en el deseo una relación paritaria, cómplice, amorosa y solidaria, y viviendo cada día las ambigüedades de nuestros límites, cargados de toda la cultura y los prejuicios seculares que convierten a hombres y mujeres en víctimas de códigos, hábitos, papeles que nos esclavizan y nos colocan unos contra otras, a pesar nuestro. Es el desafío diario y continuo de querer vencer y superar, deseando lo que es bueno, pero viviendo todavía en el límite y en el pecado que nos condiciona. Es la tensión cotidiana de acoger las diferencias, no como antagonismos, sino como riqueza que nos completa. Vivir eso y mostrarlo a hijos/as, en el día a día y en las grandes opciones y luchas.

Hemos vivido decenas de años al lado de las campesinas/os de la Amazonía, escuchándolas y reflexionando juntos sobre los cambios sociales necesarios y, al mismo tiempo, sobre el inaplazable cambio de relaciones dentro de casa: reconocer el papel político y subversivo de la maternidad, combatir la hipocresía de querer una sociedad igualitaria sin asumir el mismo compromiso dentro de la familia, abarcando no solamente lo masculino y lo femenino, sino las gene- raciones, sabiendo que las diferencias nunca pueden ser sinónimo de desigualdad, sino de reciprocidad, acogida y enriquecimiento.

«¡También tenemos derecho en la lucha!», fue el grito de las mujeres de las orillas del Amazonas, que hicieron de los límites impuestos por la sociedad patriarcal una palanca para cambios familiares, sociales, culturales, aprendiendo y enseñando nuevos caminos, nuevas relaciones familiares y sociales. ¡Y nosotros con ellos!

Superar la división de tareas tradicionalmente im- puestas, afrontar los prejuicios, asumir y vivir nuevos paradigmas, entre nosotros, hombre y mujer y con nuestro hijo e hija, nieto y nieta, con los vecinos, en las Iglesias, en los movimientos, en las pastorales, son señales exteriores de la tensión que nos habita y que no terminará nunca, siempre comenzando, errando, acertando. La utopía es posible y nosotros insistimos en ensayarla, en esa nostalgia atávica que nos habita, de estar cerca y en sintonía, entre nosotros, deseándola para los hijos/as, para hombres y mujeres, pues ¡no es bueno que el hombre esté solo!

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Los horarios laborales y comerciales, los modos en que se desarrollan los tiempos de descanso, las agendas de niños y adolescentes… ponen de manifiesto, con demasiada claridad, el ansia de la sociedad contemporánea. Los pequeños tienen hasta tes actividades extraescolares, por no hablar de los idiomas extranjeros. Por su parte, los adultos padecen jornadas inagotables de trabajo, aderezadas con la labor doméstica, siempre por realizar, relegada a esos tiempos llamados de descanso, y que entonces dejan de ser tales.
La población, por otra parte, se aglutina en torno a las grandes urbes, con las dificultades que le son propias: tráfico asfixiante, medios de comunicación saturados, smog y boina de contaminación. Los padres están obligados a vincular a aus hijos a muchas actividades fuera de casa (comedor, permanencia por la mañana, permanecia por la tarde), porque es imposible desplazarse por la ciudad con garantía de ser puntual: comen en el trabajo, y cuando se quiere llegar a cenar, los niños ya están dormidos. Hasta los abuelos comienzan a estar estresados, porque cargan con responsabilidades propias de padre y madre, pero no cuentan ya con las fuerzas de la juventud.
Esta situación genera un elenco de consecuencias que conviene tener en cuenta. Urgidos por el quehacer más próximo, la concentración se convierte en tarea casi imposible. ¿Quién estudia sin el móvil cerca? ¿Quién trabaj sin estar amenazado por alguna alarmante circunstancia externa? ¿Quién hace algo sin tener la cabeza en otro algo?
Se ha dicho que el hombre moderno se explota a sí mismo; y que de esa moderna forma de explotación brotan patologías tales como el ansia, la depresión, la hiperactividad; pero también estados más corrientes como la desilusión, el agobio y sobre todo la incapacidad de disfrutar. Sí, disfrutar; ser capaz de gustar un buen vino, una excelente música o un bello paisaje; dejar que todo eso se acerque al alma y al corazón, al entendimiento… disfrutar, sin interrumpir esa relación con la volátil ansia de compartir ese lo-que-sea en cualquier red social.
La precipitación en el ansia arroja al hombre a la disyuntiva poco alentadora de debatirse entre una vida cotidiana frenética, y una necesidad abrumadora de descanso. El hombre ansioso es habitualmente periférico; busca en experiencias periféricas compensación al pesado día a día. El ansia nos hace poco centrados y muy sensibles; el ansia es de algún modo la úlcera del carácter, y motiva que cualquier roco o circunstancia produzca un mortal desengaño. En el plano educativo, se ve muy claramente en la relación padres-maestros: muchos padres tienen tan poca tolerancia con los errores de sus hijos que prefieren negarlos, quitando autoridad al profesor. Una explicación, quizá no única pero releavnte, es que en el estado de máxima ansiedad, en la situación límite de una conciencia, lo único que resa para que todo colapse es que el hijo falle. Eso no puede ocurrir.
 
La vida de compensaciones va de la mano con el bajo ánimo. Como es obvio, esas compensaciones no pueden ser demasiado esforzadas, ni pueden estar fiadas a un futuro lejano: han de ser intensas y de ejecución inmediata. Ansia y frenesí también caminan juntos.
No escapa a nadie que la tristeza encuentra en la diversión un espejismo de descanso y un horizonte de satisfacción. Mediante el gozo intenso e inmediato, se escapa del drama. Al menos por un tiempo. Pero la tristeza vuelve, más fundada, más instalada, más crecida. El mercado de las

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El gran protocolo

95. En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46), Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (25,35-36).

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Oración Domingo XXVII Tiempo Ordinario

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Cantos para el Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

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