Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

El domingo 17de Julio la Liturgia recordaba aquel episodio en el que Jesús percibe que los que le han escuchado no aceptan sus palabras y comienzan a abandonarle. Ante tal situación se dirige a los Apóstoles y les pregunta ¿También vosotros queréis iros? Entonces Pedro dijo: No, y no queremos irnos porque Tú tienes palabras de vida eterna.

¿Qué palabras son esas que tienen valor de vida eterna?

A lo largo de estos domingos y hasta el comienzo del tiempo de adviento, si Dios quiere, procuraremos irlas descubriendo y analizando.

Las palabras de Jesús que hoy vamos a considerar hacen referencia a las relaciones hombre-mujer en general y, en especial, como núcleo de la familia.

Con un lenguaje e imágenes totalmente antropomórficas,adecuadas a la comprensión de unos hombres muy primitivos, Dios, en el relato-historieta del Génesis [Primera lectura, (2,18-4)] revela su proyecto sobre las relaciones hombre y mujer dentro del plan general de la creación.

En él, hombre y mujer aparecen complementándose mutuamente con capacidad para multiplicarse.

Con un lenguaje moderno y científico la doctrina evolucionista viene a decir lo mismo. La naturaleza, millones de años antes de que apareciera el animal humano sobre la tierra para poder influir en el proceso evolutivo, y por consiguiente absolutamente al margen de cualquier influencia política o religiosa, la naturaleza, la materia, se había ido complejizando hasta dar a luz a los primates diferenciados en machos y hembras, una de cuyas ramas evolutivas constituyó el filum humano con las características que le son propias y que hoy disfrutamos los aquí presentes.

La información revelada por Dios no es un arma para declarar la guerra a nadie ni a nada. Dios en este tema, como en otros muchos, nos hace una oferta para que nuestra vida camine con una cierta orientación. Dios ofrece luz. Quien la recibe camina iluminado. Quien no la recibe camina sin esa luz. La responsabilidad de no aceptarla hemos de dejarla al juicio de Dios. Él sabrá qué hacer, porque Él solo conoce en profundidad el corazón y la vida de cada uno.

Por tanto, no como polémica sino como una oferta hecha por Dios a todos los hombres y mujeres, hemos de entender las ideas centrales de los once primeros capítulos del Génesis.

El autor de la carta a los Hebreos, [Segunda lectura (2,9-11)] tal vez San Pablo, nos muestra a Jesús como el enviado por el Padre reforzando así el valor de las proposiciones de Jesús.

Oferta sobre la que Jesús [Tercera lectura (Mc. 10, 2-16)] preguntado sobre este tema aportó varias importantes afirmaciones

1.- El proyecto de matrimonio en los planes de Dios es el que aparece en el Génesis. Dados los conocimientos científicos de aquellos primitivos tiempos no entra en toda la problemática que han despertado los avances de la ciencia y una mayor comprensión del ser humano y su compleja existencia. Esto queda en gran parte en las manos de los científicos y de los teólogos estudiosos de esta materia.

2.- En principio Dios quiere que esa grandeza alcance a todos los humanos.

3.- Por razones de la dureza del corazón, (hoy sería más acertado decir, por la flaqueza humana para realizar un plan tan perfecto, tan grandioso) se permitió acudir al divorcio para remediar males mayores.

4.- Quien rompa la unidad familiar por capricho, culpablemente, comete una acción reprobable. La reprobación NO nace de la naturaleza del asunto sino de la injusticia que se comete caprichosamente infringiendo un daño grave y doloroso a la otra parte y a los hijos. Esa es la razón por la que el divorcio no hemos de contemplarlo solamente como un problema sexual o de amor sino de JUSTICIA.

Podría decirse que estas orientaciones están ampliamente expuestas por el Papa Francisco en la Exhortación: “La Alegría del Amor”, sobre las que ya reflexionamos en el momento de su publicación. Las conclusiones definitivas de la comisión de estudio están pendientes de la aprobación papal.

Lo que a nosotros nos interesa más inmediatamente, es resaltar la grandeza del proyecto de Dios. Dios nos propone grandes planes para que alcancemos a ser grandes personas. Las ideas propuestas son:

1.- El hombre y la mujer son absolutamente iguales en dignidad y derechos. Parece mentira que esto se haya abierto paso de la mano de partidos políticos y no de la Iglesia Jerárquica. Las expresiones del Génesis – tomadas no literalmente sino en su significado profundo- son absolutamente evidentes

a).- La mujer sale de una costilla de Adán. Son de la misma naturaleza.

En otra versión Dios los crea juntos: hombre y mujer los creo.

b).- Aparece como un complemento necesario exigido por el mismo Adán.

c).- A los dos se les encarga procrear y dominar la Tierra.

d).- Forman una sola carne.

Es uno de los muchos casos en los que la influencia de las religiones y tradiciones paganas han prevalecido sobre el auténtico sentido de la Revelación. No podemos olvidar ni evitar el que la religión cristiana se desenvolvió en un clima de paganismo entre el que tuvo que ir abriéndose paso pero del que en muchas ocasiones fue y sigue estando viciada.

2.- La relación fundamental entre ellos es el amor que disuelve sus vidas en una empresa común. El matrimonio es la fusión perfecta del tú y del yo en el nosotros.

3.- En el proyecto de Dios el matrimonio es una unión para darse y compartir felicidad. Para que nunca el otro se sienta solo. Para ser, supuesta la dureza de la vida, el paño de lágrimas que jamás falte en unos ojos llorosos.

4.- En el proyecto de Dios el amor en el matrimonio debe compaginarse con el respeto mutuo. La convivencia no debe dar pie a la utilización indiscriminada del otro. El papa en esa exhortación decía que el matrimonio se salva con tres palabras: Perdón, gracias y por favor. Perdón porque la convivencia crea roces que hay que ir disolviendo cada noche antes de entregarse al sueño. El posponer el encuentro no resuelve la tensión, ésta necesita del perdón sincero y pronto. Gracias porque la disponibilidad del otro nunca debe ser considerada como un vasallaje sino como un favor que se recibe. Por favor porque la cotidianidad nunca debe hacer olvidar el respeto que se debe al otro en razón a su condición de persona libre y responsable.

Como vemos en el proyecto de Dios sobre la pareja humana se tiene en cuenta su grandeza y los remedios necesarios para que esa grandeza no se mengüe sino que crezca a lo largo de la vida compartida, no resignada o lastimosamente sufrida.

5.- El amor que sustenta el matrimonio es un amor que hay que mantener vivo todo el tiempo. No es algo de lo que se pueda vivir como quien ha conseguido una enorme fortuna y le basta con ir sacando de la libreta. No. El amor hay que mantenerlo vivo y para ello hay que utilizar el mismo combustible que sirvió para despegar en el inicio de las relaciones, aquellas horas en las que todo fue alegría, esperanza y ternura.

Que el recuerdo de estas grandes verdades que, de parte de Dios, nos ofrece hoy la liturgia os ayude a los casados a vivir intensamente vuestro amor y a los que estamos fuera de esa situación a darle gracias a Dios porque nosotros fuimos engendrados en un amor así, en un amor ofrecido por Dios a nuestros buenos padres. AMÉN.

Pedro Sáez