Vísperas – San Lucas

SAN LUCAS, evangelista. (FIESTA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: COLUMNAS DE LA IGLESIA, PIEDRAS VIVAS.

¡Columnas de la Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo entero.

De pie en la encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los hambrientos.

De puerta en puerta va vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
no temáis, pecadores, que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Soy ministro del Evangelio en virtud de la gracia que Dios me ha dado.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Soy ministro del Evangelio en virtud de la gracia que Dios me ha dado.

Ant 2. Todo lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo.

Ant 3. Dios me ha concedido la gracia de evangelizar a los gentiles las insondables riquezas de Cristo.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios me ha concedido la gracia de evangelizar a los gentiles las insondables riquezas de Cristo.

LECTURA BREVE   Col 1, 3b-6a

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. Contad a los pueblos la gloria del Señor.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

V. Sus maravillas a todas las naciones.
R. La gloria del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El bienaventurado evangelista Lucas, escriba de la mansedumbre de Cristo, merece las alabanzas de la Iglesia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El bienaventurado evangelista Lucas, escriba de la mansedumbre de Cristo, merece las alabanzas de la Iglesia.

PRECES

Invoquemos a Dios, fuente de toda luz, que por medio del Evangelio de su Hijo nos ha llamado a la fe verdadera, y oremos por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que sacaste de entre los muertos a Jesús, gran pastor de las ovejas,
haz que nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos,
concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que elegiste a san Lucas para que, con su predicación y sus escritos, revelara al mundo tu amor hacia los pobres, concede a quienes nos gloriamos de ser cristianos vivir unidos con un solo corazón y una sola alma y haz que todos los pueblos lleguen a contemplar a tu Salvador. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 18 de octubre

Lectio: Jueves, 18 Octubre, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 10,1-9
Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. Y si algunos no os reciben, salid de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.» Partieron, pues, y recorrieron los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.
Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba y estaba perplejo, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido, y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo.¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.

3) Reflexión

● Hoy es la fiesta de San Lucas, y el evangelio nos habla del envío de los setenta y dos discípulos que deben anunciar la Buena Noticia de Dios en los poblados, en las aldeas y en las ciudades de Galilea. Los setenta y dos somos todos y todas nosotros que vivimos después de los Doce. Mediante la misión de los discípulos y de las discípulas, Jesús trata de rescatar los valores de la tradición de la gente que estaban siendo encubiertos por el doble cautiverio del dominio romano y de la religión oficial. Jesús trata de renovar y de reorganizar las comunidades para que sean de nuevo una expresión de la Alianza, una muestra del Reino de Dios. Por esto, insiste en la hospitalidad, en el compartir, en la acogida a los excluidos. Esta insistencia de Jesús se percibe en los consejos que daba a los discípulos y discípulas cuando los enviaba en misión. En el tiempo de Jesús había diversos otros movimientos que, al igual que Jesús, trataban de presentar una nueva manera de vivir y convivir, por ejemplo Juan Bautista, los fariseos y otros. Ellos también formaban comunidades de discípulos (Jn 1,35; Lc 11,1; He 19,3) y tenían a sus misioneros (Mt 23,15). Pero como veremos había una gran diferencia.

● Lucas 10,1-3: La Misión. Jesús envía a los discípulos a los lugares donde el mismo tiene que ir. El discípulo es el portavoz de Jesús. No es el dueño de la Buena Noticia. El los envía de dos en dos. Esto favorece la ayuda mutua, pues la misión no es individual, sino comunitaria. Dos personas representan mejor la comunidad.

● Lucas 10,2-3: La Corresponsabilidad. La primera tarea es rezar para que Dios envíe obreros. Todo discípulo y discípula debe sentirse responsable de la misión. Por esto tiene que rezar al Padre para que haya continuidad en la misión. Jesús envía a sus discípulos como corderos en medio de lobos. La misión es tarea difícil y peligrosa. Pues el sistema en que los discípulos vivían y en el que seguimos viviendo era y sigue siendo contrario a la reorganización de la gente en comunidades vivas.

● Lucas 10,4-6: La Hospitalidad. Al contrario de los otros misioneros, los discípulos y las discípulas no pueden llevarse nada, ni bolsa, ni sandalias. Pero deben llevar la paz. Esto significa que deben confiar en la hospitalidad de la gente. Pues el discípulo que va sin nada, llevando apenas la paz, muestra que confía en la gente. Piensa que va a ser recibido, y la gente se siente respetada y confirmada. Por medio de esta práctica el discípulo critica las leyes de exclusión y rescata los valores de la convivencia comunitaria. No saludéis a nadie por el caminosignifica que no se debe perder tiempo en cosas que no pertenecen a la misión.

● Lucas 10,7: El compartir. Los discípulos no deben andar de casa en casa, pero sí permanecer en la misma casa. Esto es, deben convivir de forma estable, participar en la vida y en el trabajo de la gente y vivir de lo que reciben en cambio, pues el obrero merece su salario. Esto significa que deben confiar en el compartir. Así, por medio de esta nueva práctica, rescatan una antigua tradición de la gente, critican la cultura de acumulación que marcaba la política del Imperio Romano y anuncian un nuevo modelo de convivencia.

● Lucas 10,8: La Comunión de mesa. Los fariseos, cuando iban en misión, iban prevenidos. Pensaban que no podían confiar en la comida que no siempre era ritualmente “pura”. Por esto llevaban alforja y dinero para poder cuidar de su propia comida. Así, en vez de ayudar a superar las divisiones, las observancias de la Ley de pureza, enflaquecían mucho más la vivencia de los valores comunitarios. Los discípulos de Jesús deben comer lo que la gente les ofrece. No pueden vivir separados, comiendo de su propia comida. Esto significa que deben aceptar compartir la mesa. En el contacto con la gente, no pueden tener miedo a perder la pureza legal. Actuando así, critican las leyes de la pureza en vigor y anuncian un nuevo acceso a la pureza, esto es a la intimidad con Dios.
● Lucas 10,9a: La acogida a los excluidos. Los discípulos deben curar enfermedades, curar a los leprosos y expulsar los demonios (Mt 10,8). Esto significa que deben acoger dentro de la comunidad a los que fueron excluidos. Esta práctica solidaria critica a la sociedad que excluye y apunta hacia salidas concretas. Es lo que hoy hace la pastoral de los excluidos, migrantes y marginados.
● Lucas 10,9b: La llegada del Reino. Si cumplen con todas estas exigencias, los discípulos pueden y deben gritar a los cuatro vientos: ¡El Reino ha llegado! Anunciar el Reino no es en primer lugar enseñar verdades y doctrinas, sino llevar a una nueva manera de vivir y de convivir como hermanos y hermanas desde la Buena Noticia que Jesús nos trae: que Dios es Padre y Madre de todos nosotros.

4) Para la reflexión personal

● Hospitalidad, compartir, comunión alrededor de la mesa, acogida a los excluidos: son los pilares que sostienen la vida comunitaria. ¿Cómo se realiza esto en mi comunidad?

● ¿Qué es para mí ser cristiano, ser cristiana? En una entrevista en televisión, alguien respondió al reportero: “Soy cristiano, trato de vivir el evangelio, pero no participo en la comunidad de la Iglesia”. El reportero comentó: “¡Así que usted se considera como un buen jugador de football, pero no forma parte de ningún equipo!” ¿Es mi caso?

5) Oración final

Alábente, Yahvé, tus creaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas, (Sal 145,10-11)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

51.- «Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina» (DV 2).”

Este punto está transcrito literalmente del Concilio Vaticano II de la Dei Verbum, la Constitución que habla de la palabra de Dios y de la revelación. Lógicamente esa Constitución sobre la palabra de Dios y la revelación es la fuente principal que tiene aquí el Catecismo a la hora de exponer este tema, el de la revelación.

Explicito alguna de las afirmaciones. Muchas veces puede ocurrir, que en el lenguaje teológico y en el lenguaje bíblico se digan afirmaciones que tienen unas resonancias fortísimas. Son afirmaciones que pueden cambiarnos la vida. Pero como no estamos acostumbrados a ese lenguaje bíblico, teológico, etc., escuchamos estas formulaciones y a veces uno dice, es que no sé, como que no termino de hacerme fácilmente al contenido de unas afirmaciones que parecen redondas, que parecen tan perfectas en su formulación. Hay que hacer un esfuerzo.

No hace mucho, en un encuentro que tuve con matrimonios, me decía una persona, después tuvimos un turno de preguntas, y me decía una persona que la liturgia a veces era bastante, tenía un lenguaje bastante incomprensible para muchas generaciones jóvenes especialmente, y no tan jóvenes. Que a veces resultan los signos y las palabras lejanas, muy distantes de la cultura en la que vivimos actualmente y entonces uno, puede ocurrir, que asista a una liturgia y de alguna manera le resbale lo que escucha, que no es el lenguaje en el que él habitualmente se expresa. Es como si lo escuchase en otro idioma, como si oyese hablar en francés, que entiende un poquito de francés, pero que no entiende mucho. Entonces él me decía en la pregunta que formulaba, me decía ¿no será que tenemos que hacer en este momento un cambio de la liturgia para que tenga un idioma como el que popularmente utilizamos, etc.? Yo le contesté diciendo que claro, que la liturgia transmite la revelación que fundamentalmente está en la Palabra de Dios pero también en la tradición de la Iglesia. Entonces nosotros no podemos cambiar la palabra de Dios porque está escrita como está escrita. Sí es verdad que podemos utilizar otros medios como el de la homilía, otros medios como este mismo que estamos utilizando ahora de la radio, o momentos de catequesis para que tengamos una predicación de ese mensaje revelado en un nivel, en un lenguaje mucho más accesible. Claro que también nosotros tenemos que hacer ese esfuerzo. Pero también tiene que haber un esfuerzo en sentido contrario, un esfuerzo en cómo yo me familiarizo con el lenguaje de Dios. Cómo me familiarizo con él. El que es un aficionado al fútbol, al final acaba adquiriendo un lenguaje muy propio, que los que no son aficionado al fútbol muchas veces no se enteran de lo que están hablando. Y el que es aficionado a los coches de carrera pues es que tienen todo un argot, y el que es aficionado a la informática no digamos. Ese habla y muchas cosas de las que está diciendo no las captas. Es decir, que también nosotros tenemos que hacer un esfuerzo. No solo la Iglesia, predicando la palabra de Dios para acercárnosla a nuestro lenguaje, sino también nosotros para familiarizarnos con el lenguaje revelado. Que nosotros no podemos cambiar la Biblia. A ver, vamos a cambiar la Biblia al lenguaje cheli, pues no puede ser eso. Se podrá hacer una versión para niños, o cosas por el estilo, pero la Biblia es la Biblia. Esto lo decía a propósito de que la formulación del Concilio Vaticano II, pues afirma, o está hecha en un lenguaje teológico que vamos a intentar desmenuzarlas un poco por ahí.

Habla de que Dios en su sabiduría, Él dispuso revelarnos su voluntad. Descubrimos la voluntad de Dios, es decir, el querer de Dios. La revelación de Dios es el hecho de que, lo que Dios quiere, o sea, la voluntad de Dios, en la que podemos abrirnos a comprender por qué hemos sido creados, por qué estamos aquí, por qué existe este mundo, qué quiere Dios para nosotros. Esa voluntad se nos ofrece también como la nuestra, la revelación de la voluntad de Dios es que el querer de Dios sea nuestro querer.

“Sea lo que Dios quiera”, “si Dios quiere” y ese tipo de expresiones que utilizamos en el lenguaje castellano, de tradición cristiana, “si Dios quiere”, “que sea lo que Dios quiera”. Es partir, estamos partiendo cuando decimos esas cosas, de que Dios se ha revelado y la voluntad de Dios sabemos que es amorosa, o sea es que yo he ido comprendiendo que lo que Dios quiere es lo mejor. Es lo mejor, es para mi bien, es porque me quiere. Luego la voluntad de Dios no me da miedo, no me da susto. Como a veces decimos, si se te aparece y te pide, pues se te aparece y te pide, pero no me da miedo. La voluntad de Dios es mi gozo, es mi alegría. Si Dios ahora me manifestase, es la hipótesis, que no es la cuestión ni va a suceder, porque Dios tiene otras formas ordinarias de hacerlo. Si en una hipótesis Dios se manifestase mediante una aparición sobrenatural, de una manera así directa lo que piensa de mí lo que ha pensado para mí, no tengo que tenerle ningún miedo, ningún miedo, porque me ha manifestado su voluntad y el ideal de mi vida es que su querer sea mi querer. Ese es el ideal de mi vida.

Dice además: mediante el cual, mediante el designio de Dios, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tiene acceso al Padre en el Espíritu Santo. Es decir, que la revelación ha tenido lugar al hacernos accesibles a Dios Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo. Que si os fijáis esto es lo que en la liturgia decimos siempre después de hacer una petición a Dios. En la oración colecta de la misa dice el sacerdote: Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.Le hemos pedido al Padre y después de habérselo pedido, la petición que fuere, le hemos formulado a Dios Padre una petición y al final dice el sacerdote cuando junta las manos, por nuestro Señor Jesucristo, es decir, le pedimos por Jesucristo que vive y reina contigo, es decir con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Tenemos acceso al Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo. El camino está abierto. Nadie va al Padre si no por mí, dice Jesús en san Juan, en el evangelio de san Juan. Nadie va al Padre si no por mí. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no por mí. Esta es una de las manifestaciones más fuertes del evangelio. Cristo camino, verdad y vida. Al mismo tiempo Jesús es el camino y al mismo tiempo también es la meta a la que lleva el camino. Es la meta que lleva al Padre, pero como Jesús y el Padre son una sola cosa. Comparten la misma naturaleza divina, entonces Jesús es camino para llegar pero también al mismo tiempo es la meta a la que llego. Camino para llegar al Padre.

Este aspecto es central, porque aquí se entiende lo que es la revelación. La revelación ha cubierto una infinita distancia que nosotros no podíamos traspasar. Ese arcoíris que suele aparecer cuando sale el sol en el mismo momento que está lloviendo, o en medio de las nubes, ese arcoíris ha manifestado, bueno sabéis esa lectura viene en el Antiguo Testamento en el mismo momento en que Dios se arrepiente de el diluvio que había enviado. Y salió el arcoíris, que se interpreta, se le da el significado teológico de la alianza que Dios hace con nosotros. Enviaré mediadores y al final enviaré un mediador que será Jesucristo, que será mi hijo. El arcoíris es como un puente que une dos orillas, la orilla de la divinidad y la orilla de la humanidad. Dos orillas que están infinitamente distantes, pero que ese arcoíris las ha unido. Ese arcoíris, lo explican así los padres de la Iglesia, ese arcoíris es Jesucristo, la humanidad de Jesucristo. Que ha unido al Dios y al hombre,  en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Cristo es el puente, es el pontífice, por el que Dios viene a nosotros para que nosotros podamos ir a Él. Él ha trazado el puente. Si ese puente no lo hubiese trazado él, si él no se hubiese revelado, pues la verdad es que nosotros no podríamos ni soñar en tener esta intimidad que tenemos con Dios, no podríamos ni soñar en estar comentar esto que ahora mismo estamos comentando.

Por cierto, no sé si os habéis fijado en un pequeño detalle. El matiz entre la palabra revelarse con v y rebelarse con b. La palabra rebelarse con b viene de rebeldía, que no tiene nada que ver. La revelación con v solamente puede abrirse a los humildes. Abre la boca que te la llene, dice el salmo. Es curioso, porque la palabra rebelarse con b es verdaderamente antitética con la revelación. Dios es humilde, por eso se revela y nosotros necesitamos ser humildes para acoger la revelación de Dios.

Y para rematar esta expresión que estamos comentando del punto 51 del Catecismo, que está cogido de esa Constitución Dei Verbum del Vaticano II, dice una expresión que no sé si hemos caído en cuenta, pero que es impresionante. Dice que de esta manera, al tener acceso al Padre por Jesucristo en el Espíritu Santo nos hace consortes de la naturaleza divina, hacerse consortes. Fijaros que el consorte es el esposo, la esposa. Se utiliza esa imagen del matrimonio para entender que nos hemos casado, que podemos casarnos con Dios. Hacernos consortes de la naturaleza divina, es decir, ha habido una boda y ha sido la boda de Dios con nosotros. La boda de Dios con la humanidad. Dios se ha casado con los hombres asumiendo la naturaleza humana, se ha hecho hombre para siempre. Entonces nosotros podemos ser consortes de la naturaleza divina. Es como un intercambio de naturaleza. Dios se une, se hace hombre para siempre. Recordaros lo que siempre os insisto, que la encarnación no es por unos añitos y luego Jesús deja la condición humana para volver a ser Dios de la misma forma que era antes. No. Dios es distinto para siempre, desde que asume la naturaleza humana. Precisamente el evangelio de Caná de Galilea, de las bodas de Caná de Galilea, muchos escrituristas también lo relatan y lo describen, lo explican bajo la imagen de que Jesús asiste a unas bodas en las que curiosamente no sabemos ni quien es el que casaba allí, no se nos dice el nombre, y eso no parece que sea un dato menor. Cristo es el esposo de las bodas de Caná y se casa con la humanidad. Es su primera aparición en público en la vida pública según el evangelio de san Juan y se presenta como el esposo que se ha casado con el hombre. Nosotros somos consortes de la naturaleza divina. La revelación hace este intercambio, este intercambio de naturalezas.

Dios no fracasa

Confiar en la gracia es, además, garantía de éxito. En palabras de Benedicto XVI, Dios no fracasa. Esa es nuestra esperanza. Con motivo de la Misa celebrada el 7 de noviembre de 2006 con los obispos suizos, el papa Benedicto ilustró maravillosamente esta incapacidad de fracasar por parte de Dios. Fue una homilía «sin papeles», que brotaba del corazón del Pontífice, y conforma una pieza de extraordinario mérito y belleza.
Parece que el hombre en sus inicios, a través del pecado original, pudo arruinar los planes de Dios. Adán pecó, dando la impresión de la derrota de Dios en el inicio de una historia de pecado. Muchas personas dan la espalda a Dios, y sociedades enteras que un día creyeron en Él reniegan actualmente de su nombre. Lo vemos a diario en nuestros entornos profesionales o personales. Es muy difícil encontrar una sola familia donde la totalidad de sus miembros se encuentre en un minimo de relación con Dios. Eso es cosa del pasado.
Sin embargo, la victoria del enemigo no es verdadera victoria. Dios, perfecto director de las almas, respeta la libertad del hombre, aun cuando se le oponga; e inventa nuevos caminos para la caridad, porque su amor es siempre creativo.Él siempre busca nuevos modos de llegar a cada corazón y al mundo entero, apostilla Benedicto XVI.
Dios no facasa porque es capaz de vencer por medio de la humildad y obediencia. En el Calvario, cuando fue brutalmente crucificado, cuando más acabado y sin futuro aparece, más victorioso se levanta por toda la eternidad. Su amor siempre puede más.
Ante el continuo y aparente fracaso de Cristo en Occidente, Benedicto XVI invita a tomar un camino concreto para procurar la victoria del Amor: la identificación con Él; la identificacicón con su humildad. «Aprended a pensar como pensaba Cristo; aprended a pensar como él», exhortaba el Romano Pontífice. «Aprendemos los sentimientos de Jesucristo cuando aprendemos a pensar como él y, por tanto, cuando aprendemos a pensar también en su fracaso, en su experiencia de fracaso, y en el hecho de que incrementó su amor en el fracaso. Si tenemos sus mismos sentimientos, si comenzamos a ejercitarnos en pensar como él y con él, entonces se despierta en nosotros la alegría con respecto a Dios, la convicción de que él es siempre el más fuerte. Sí, podemos decir que se despierta en nosotros el amor a él. Experimentamos la alegría de saber que existe y podemos conocerlo, que lo conocemos en el rostro de Jesucristo, el cual sufrió por nosotros. Creo que lo primero es entrar nosotros mismos en contacto íntimo con Dios, con el Señor Jesús, el Dios vivo».
La invitación del Pontífice coincide con aquella de su predecesor: la oración y los sacramentos. «Por eso, creo que debemos esforzarnos sobre todo por escuchar al Señor, en la oración, con una participación íntima en los sacramentos, aprendiendo los sentimientos de Dios en el rostro y en los sufrimientos de los hombres, para que así se nos contagie su alegría, su celo, su amor, y para mirar al mundo como él y desde él».
Con esta invitación a vivir en manos de Dios, sale de nuevo a nuestro encuentro la necesidad de un guía espiritual, que nos introduzca en ese maravilloso abandono en manos del verdadero director de nuestras almas: el Espíritu Santo.

Gaudete et exsultate (Francisco I)

111. Estas notas que quiero destacar no son todas las que pueden conformar un modelo de santidad, pero son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual.

El cumplimiento de la ley no nos hace automáticamente perfectos

1.- Se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le pregunto: ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: Ya sabes los mandamientos… Él replicó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño. Jesús se le quedó mirando y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, dale el dinero a los pobres… y luego sígueme… Él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. La escena evangélica de este hombre que se quería asegurar la vida eterna la conocemos todos. Sin duda, se trataba de una persona buena, que cumplía todas las normas religiosas establecidas y que quería saber si con eso heredaría la vida eterna. La pregunta se la hace a Jesús, sin duda porque veía en él – Maestro bueno- algo que no veía en los demás maestros de la Ley judía. También muchos de nosotros podríamos hacernos a nosotros mismos esta misma pregunta: yo, ni robo, ni mato, voy a misa todos los domingos y hago lo que la Iglesia manda, ¿me salvaré? Es decir: ¿el cumplimiento literal de las normas religiosas es suficiente para salvarse? La respuesta que dio Jesús a este judío, fiel cumplidor de la Ley, que se lo preguntó, fue, rotundamente, negativa. Debemos suponer, por tanto, que a nosotros nos respondería lo mismo: podemos ser buenos cumplidores de la Ley religiosa y, no obstante, no ser buenos cristianos. ¿Qué nos falta? El desprendimiento total de aquellas cosas que nos impiden seguir del todo a Jesús. ¿Qué cosas son estas? Cada uno de nosotros, en un sincero examen de conciencia, debemos descubrirlo.

2.- Qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero… Los discípulos se espantaron y comentaban: entonces, ¿quién puede salvarse? Se ve que los discípulos entendieron perfectamente la respuesta de Jesús al hombre rico. Ellos no se veían ricos en dinero, sino muy apegados al dinero, como la mayor parte de las personas que ellos conocían. Por eso, preguntaron, tan asustados: entonces, ¿quién puede salvarse? El hombre rico no es que no pudiera alcanzar la vida eterna por ser rico, sino por no atreverse a poner todas sus riquezas al servicio del reino de Dios. Por poner el dinero en primer lugar en su vida. Es decir, que el dinero no debe mandar nunca en nuestra vida, no debe ser nunca lo primero, sino estar siempre al servicio de los valores del reino de Dios.

3.. Invoqué y vino a mí el espíritu de la sabiduría. La preferí a cetros y tronos y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. La quise más que la salud y la belleza y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Estas palabras del libro de la Sabiduría son palabras atribuidas al rey Salomón, al que la tradición judía consideró siempre como prototipo de persona sabia. No olvidemos que la palabra sabiduría, en sentido bíblico, no significa tener mucha ciencia o conocimientos. La palabra sabiduría, en la biblia, hace referencia a nuestras relaciones personales con Dios, con nosotros mismos y con el prójimo. Puede uno ser ignorante científicamente y sabio bíblicamente. ¿Qué debe, pues, significar para nosotros tener a la sabiduría por luz que guíe nuestra vida? Pues que busquemos siempre en nuestras relaciones personales con Dios, con nosotros mismos y con el prójimo poner en primer lugar la verdad, la bondad y el amor de Dios por encima de todo lo demás, incluida la salud, el dinero y la belleza. Esto no es algo fácil de hacer, porque nuestras tendencias naturales nos dicen que lo primero es la salud, el dinero y el amor. Poner la sabiduría como lo primero que debemos intentar seguir siempre en nuestra vida nos exigirá vivir en un continuo examen de conciencia. Cristo no puso lo primero en su vida la salud, el dinero y la belleza, sino el cumplimiento de la voluntad de su Padre. Hagamos nosotros lo mismo, aunque nos cueste.

4.- La palabra de Dios es viva y eficaz. Juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Más de una vez, en el evangelio, Jesús nos dice que es del corazón de donde sale lo bueno o lo malo que hay en el ser humano. Purifiquemos, pues, nosotros nuestro corazón, pidiendo a Dios que nos dé un corazón bueno, manso, humilde y misericordioso, como el corazón de Cristo. Nada se escapa a la mirada de Dios, porque Dios ve dentro de nosotros, lo que hay dentro de nuestro corazón. Nuestras acciones externas no siempre salen del corazón; hay, a veces, mucho fariseísmo en nuestras vidas. Por eso, cuando nos juzguemos a nosotros mismos y a los demás, dejemos que sea Dios el que nos juzgue a todos. Sólo él sabe cómo somos de verdad.

Gabriel González del Estal

El Hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se le acercaron y dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Él les dijo: «¿Qué queréis que haga por vosotros?». Y ellos dijeron: «Que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria». Jesús les dijo: «¡No sabéis lo que pedís! ¿Podéis beber el cáliz que yo beberé o ser bautizados con el bautismo con que yo seré bautizado?». Ellos contestaron: «¡Podemos!». Jesús les dijo: «Beberéis el cáliz que yo beberé y seréis bautizados con el bautismo con el que yo seré bautiza- do, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo; es para quienes ha sido reservado».

Escribe el nombre de una persona que tú creas que vive para servir a los demás, y no para ser servirdo. Escribe una situación de su vida donde se vea esta actitud de servicio.

Los otros diez, al oír esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús los llamó y les dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen con su poderío. Entre vosotros no debe ser así, sino que si alguno de vosotros quiere ser grande que sea vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero que sea el servidor de todos; de la misma manera que el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos».

Marcos 10, 35-45

 

Comentario al evangelio

Jesús nos vuelve a decir las cosas muy claras. Cuando Él nos dice que el Hijo del hombre viene a servir y no a ser servido, nos está invitando a que nosotros hagamos lo que él hace.

Jesús quiere que nosotros seamos capaces de servir a los demás y no querer ser servidos. Eso no quiere decir que seamos los criados de otros, o que los demás puedan hacer de nosotros lo que quieran. Servir a los demás es estar atentos a lo que otras personas puedan necesitar y hacer todo lo posible por ayudarles, por escucharles, por estar con esas personas y que sientan que pueden contar con nosotros.

Los cristianos estamos para servir, y no para ser servidos.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe el nombre de una persona que tú creas que vive para servir a los demás, y no para ser servido. Escribe una situación de su vida donde se vea esta actitud de servicio.

• ¿Por qué crees que esa persona es una servidora de los demás? ¿Eres una persona que está al servicio de los demás? ¿Cómo quiere Jesús que seamos servidores de las personas que más lo necesitan?

• Escribe un compromiso sencillo que te permita estar al servicio de las personas que más lo necesitan.

 

Oración

Señor Jesús,
una vez más, Tú eres claro y directo.
Gracias por tu sinceridad.
Lo que hoy les dices a los Apóstoles
nos lo estás diciendo a nosotros:
Servir y no mandar,
o si toca mandar hacer del mando
un acto de servicio, y desde el amor,
es lo que nos estás ofreciendo como manera de vivir
y de estar en el mundo.
Y esta manera de actuar
no es una elucubración tuya
es lo que vives,
esa es tu manera de ser
y eso que estás por encima de todos
y de todo:
¡Qué ejemplo tan maravilloso!
Esa es tu vida que te sale de dentro
y nos la ofreces a los que queremos
ser tus seguidores:
“Porque el Hijo del Hombre
no ha venido para que le sirvan,
sino para servir y dar su vida
en rescate por todos.”

El que quiera ser grande entre vosotros sea vuestro servidor

Señor Jesús,
una vez más, Tú eres claro y directo.

Gracias por tu sinceridad.

Lo que hoy les dices a los Apóstoles nos lo estás diciendo a nosotros:
Servir y no mandar,
o si toca mandar hacer del mando un acto de servicio,
y desde el amor, es lo que nos estás ofreciendo
como manera de vivir
y de estar en el mundo.

Y esta manera de actuar
no es una elucubración tuya
es lo que vives,
esa es tu manera de ser
y eso que estás por encima de todos y de todo:
¡Qué ejemplo tan maravilloso!

Esa es tu vida que te sale de dentro y nos la ofreces
a los que queremos ser tus seguidores:
“Porque el Hijo del Hombre
no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida
en rescate por todos.”

¡Qué bochorno sentirías, Señor Jesús, al oír la petición
de los hijos del Zebedeo
y constatar después
que todo el grupo pensaba lo mismo!

¡Qué lástima, tanto tiempo con ellos y todavía no habían percibido
el sentido de tu vida!

Estaban junto a Ti pero todavía no te conocían.

Es posible que algo parecido me suceda también a mí.

Te frecuentamos, Señor Jesús, en tu Palabra, en la Eucaristía,
en las celebraciones, en los encuentros,
en las reuniones …
estamos cerca de Ti y quizás,
como en el caso de los Apóstoles,
mantenemos los deseos y aspiraciones del mundo,
no hacemos nuestros tus Proyectos.

Perdón por las veces que no servimos
y lo peor del caso por cuantas veces nos servimos de…

Una vez más nos ofreces
tu vida como espejo,
para que te miremos, te contemplemos
y saquemos las consecuencias pertinentes.

Como a los hijos del Zebedeo, en más de una ocasión,
nos estarás diciendo:“No sabéis lo que pedís”.

Hoy, Señor Jesús,
quiero darte gracias de las personas que han hecho del servicio
su estilo de vida.
Yo conozco alguna de ellas,
que están siempre dispuestas a servir a la comunidad
y lo hacen con alegría y sencillez.

Gracias por cada una.
Con su servicio dan vida
a la comunidad: en Cáritas,
en la catequesis, en la liturgia,
en la limpieza de la Iglesia,
en una asociación, en el vecindario,
en un partido político o sindicato,
en el Movimiento, en los grupos en los que participan…

Gracias, Señor Jesús,
por todas estas personas
que saben servir
como Tú servías.
Señor Jesús
¿cuáles son ahora mis pretensiones?
¿cuáles son mis aspiraciones?

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

• En esta ocasión los protagonistas son los Apóstoles y Jesús.

• Dos de los Apóstoles, los hijos del Zebedeo, son más explícitos y le manifiestan a Jesús sus aspiraciones: ser los primeros, pero los demás tenían los mismos deseos, lo que sucede es que no los expresan.

• Al frecuentar a Jesús constatamos que nos ofrece un estilo de vida, unos valores que no suelen ser los de este mundo. No se nos suele decir en nuestros ambientes “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero sea esclavo de todos”. Más bien la propuesta suele ser bien contraria a lo que dice Jesús.

• Al escuchar y mirar a Jesús vemos que va por otro camino, tiene un estilo de vida diferente: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen…”

• Todos sus Apóstoles participan de las aspiraciones del mundo y están lejos de la propuesta de Jesús, por eso para ser seguidores de Jesús han de convertirse.

• Por lo que hoy y en otras circunstancias, como en el lavatorio de los pies, observamos que Jesús insiste en que el servicio es una de las actitudes que han de estar presentes en toda comunidad cristiana.

• Y todo ello porque ese ha sido su camino, esa ha sido su manera de hacer:

• “Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

• Jesús, como hizo su Madre (He aquí la esclava del Señor), ha hecho de su vida un acto de servicio a Dios y a la humanidad.

• En el texto vemos que todos los Apóstoles van por otro camino, totalmente contrario al que vive Jesús.

• Jesús que es un auténtico maestro no desperdicia ninguna ocasión para ejercer su magisterio y como siempre lo hace partiendo de la vida, de lo que ve, de lo que acontece.

• No anda con teorías y abstracciones sino que lo que dice está muy pegado a tierra.

• La Iglesia, toda ella, está llamada a entrar por ese camino del servicio para ser de verdad seguidora de Jesús.

Comentario al evangelio – 18 de octubre

Después de celebrar a Teresa de Jesús y a Ignacio de Antioquia, hoy celebramos a San Lucas. De su persona sabemos muy pocas cosas, pero nos ha quedado una obra maravillosa en dos partes: el tercer evangelio (dedicado al tiempo de Jesús) y los Hechos de los Apóstoles (dedicados al tiempo del Espíritu, que es el tiempo de la iglesia). Leyendo esta obra se pueden adivinar algunas cosas de este cristiano culto y perseverante. Hay dos que me llaman la atención: el «principio misericordia» y el «principio camino».

Es imposible que Lucas tuviera mal carácter. El Jesús que él nos transmite es el rostro visible de un Dios misericordioso. Sólo Lucas nos transmite, por ejemplo, las parábolas del buen samaritano y del hijo pródigo. Sólo Lucas nos transmite algunos rasgos de María, la madre de Jesús, que caen también dentro del «principio misericordia». Su manera de entender y transmitir el evangelio de Jesús conecta bien con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a menudo heridos en el camino que «baja de Jerusalén a Jericó», o pródigos que han emigrado de la casa paterna, o discípulos desalentados que huyen de Jerusalén y buscan refugio en su Emaús de siempre.

El «principio camino» se advierte en su evangelio (que está concebido como un camino que va de Galilea a Jerusalén) y en el libro de los Hechos (que está también concebido como un camino que parte de Jerusalén y expande el evangelio por Judea, Samaría y hasta los confines de la tierra). Pero, más allá de este primer significado «geográfico», el camino es una concepción de la vida cristiana, una manera de entender el seguimiento de Jesús como proceso de configuración con él. También esto conecta con nuestra sensibilidad moderna. Hoy, que somos tan conscientes de nuestros límites, nos alegra saber que no podemos con «todo» el evangelio en «todo» momento, pero que podemos ir dando pasos cada día, que podemos colocarnos junto al grupo de hombres y de mujeres que iban poniendo sus pies sobre las huellas dejadas por el Maestro.