II Vísperas – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: DIOS DE LA LUZ, PRESENCIA ARDIENTE.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Ant 2. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Salmo 113 A – ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO; LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Co 1, 3-4

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Hijo del hombre ha venido a servir y a dar su vida en rescate por las multitudes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Hijo del hombre ha venido a servir y a dar su vida en rescate por las multitudes.

PRECES

Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y unidad entre ellos
y signo de salvación para todos los pueblos.

Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los obispos
y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.

A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestro Maestro,
y dar testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.

Concede, Señor, al mundo el don de la paz
y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Otorga, a los que han muerto, una resurrección gloriosa
y haz que los que aún vivimos en este mundo gocemos un día con ellos de la felicidad eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, haz que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya y que te sirvamos con un corazón sincero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Las consecuencias nefastas de un falso mexicanismo

1.- Qué queréis que haga por vosotros: concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. No sabéis lo que pedís. Pensar en un mesianismo triunfante en lo político y en lo social, esa fue siempre la tentación del pueblo judío, y lo fue también durante bastante tiempo, a partir del emperador Constantino, de gran parte de toda la Iglesia Católica. Hoy todos nosotros sabemos que el mesianismo triunfante fue una gran equivocación, porque Cristo en su vida histórica, de hecho no triunfó durante su vida porque le persiguieron y terminaron matándole, con una muerte ignominiosa de cruz. El hecho de que Cristo resucitara y ascendiera a los cielos pertenece ya a la otra vida. El mesianismo triunfante nos aleja realmente de la figura real de Jesucristo, pobre, manso y humilde. Debemos examinarnos cada uno a nosotros mismos, para analizar, con sinceridad y verdad, por qué somos cristianos, si por amor a Jesucristo, pobre, manso y humilde, o por devoción a un Cristo que puede concedernos muchos favores. Ser, en definitiva, creyentes en un Dios farmacia, en un Dios que puede resolvernos muchos problemas reales de la vida, en un Dios milagro, antes que en un Dios amor. El mesianismo triunfante se puede infiltrar en muchos actos de nuestra vida, falsificando realmente nuestro cristianismo. Debemos seguir a Jesús siempre por amor, tratando de imitarle en lo que realmente su vida fue. El mesianismo de Jesucristo fue un mesianismo salvador y redentor, intentando salvar siempre en primer lugar a los más pobres, enfermos, marginados y necesitados, sin excluir evidentemente a nadie. Hagamos nosotros lo mismo.

2.- Sabéis que los reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. Debemos tener en cuenta que Jesús no amaba el sufrimiento por el sufrimiento, Jesús amaba el sufrimiento por amor, por amor a las personas; el sufrimiento de Jesús era un sufrimiento salvador y redentor. Los cristianos no debemos ser personas que por prediquemos el sufrimiento como algo deseado, a nadie nos gusta sufrir por sufrir. Para nosotros el sufrimiento sólo es un medio necesario para salvar nuestras vidas y salvar las vidas de los demás. Si el sufrimiento no es fruto del amor verdadero a Dios, a nosotros mismos y a nuestro prójimo, no es verdadero sufrimiento cristiano. El mérito no está en sufrir o no sufrir, sino en sufrir por amor, o no aceptar el sufrimiento con amor. Lo mismo podemos decir del servir. Prácticamente todas las personas servimos a alguien, persona o institución, no se trata, pues, de servir a alguien o no servir a nadie, se trata de servir con amor y por amor a las personas con las que nos relacionamos, o a la institución a la que pertenecemos. Sufrir, servir, sí son términos cristianos, pero sólo si se hacen por amor y son fruto del amor.

3.- Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Este texto del profeta Isaías pertenece al Cuarto Cántico del Siervo de Yahveh. Nosotros, los cristianos, lo aplicamos directamente a Jesús, como Siervo de Dios. El sufrimiento de Jesús nos libró de nuestros pecados, porque Dios Padre vio que el sufrimiento de su hijo era un sufrimiento hecho con amor a nosotros y por nuestro amor, era un sufrimiento salvador y redentor. Nosotros, todos los cristianos debemos aspirar a ser salvadores de los demás, con amor, aunque esto nos cueste esfuerzo y sacrificio. Todos somos, espiritualmente, responsable de todos, al menos en parte.

4.- No tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, Cristo, nuestro sumo sacerdote, es realmente un hermano nuestro, al que podemos dirigirnos con confianza y en la certeza absoluta de que nos entenderá. Procuremos ser nosotros para los demás, sacerdotes al estilo de Cristo, capaces de amar a todos y de sacrificarnos por todos. Cristo nos dio ejemplo, hagamos nosotros lo mismo. Y para conseguir todo esto que venimos diciendo, pidamos a Dios, con palabras del salmo 32, que “su misericordia venga sobre nosotros, como lo esperamos de él”.

Gabriel González del Estal

Jesús convierte el deseo de una madre en un programa de vida: el servicio

Querido amigo: Nos encontramos hoy ante un emocionante encuentro. Es un momento puntual donde Jesús se siente requerido por el deseo de una madre, unos hijos que quieren un puesto mejor y unos discípulos que no entienden todo este tema de esta madre con sus hijos. Tú y yo vamos a entrar en este encuentro con sorpresa, con admiración, pero sobre todo muy pendientes de Jesús y de la reacción de esta madre, de estos hijos, de estos discípulos que nos van a enseñar la gran lección del amor y del servicio. Vamos a estar atentos a todo lo que sucede en este encuentro y escuchamos lo que nos dice el texto de Marcos, capítulo 10, versículo 35-45:

Entonces se acercaron a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen:“Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. Él les dijo: “¿Qué queréis que os haga?”. Ellos le dijeron: “Concédenos que nos sentemos uno a tuderecha y otro a tu izquierda en tu Gloria”. Pero Jesús les dijo: “No sabéis lo que pedís.¿Podéis beber el cáliz que Yo voy a beber o ser bautizados con el bautismo con que Yovoy a ser bautizado?”. Ellos contestaron: “Podemos”. Jesús les dijo: “Ciertamente beberéis el cáliz que Yo beba y seréis bautizados con el bautismo con el que Yo sea bautizado, pero sentaros a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde dároslo,pues es para quien está preparado”. Al oír esto, los diez se indignaron contra Santiago y Juan. Entonces Jesús los llamó y les dijo: “Sabéis que quienes parecen ser los príncipesde las naciones las tiranizan y los poderosos las avasallan. No ha de ser así en vuestro caso, sino que quien quiera ser el mayor entre vosotros, será vuestro servidor, y quien quiera ser el primero, será esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención por muchos”.

Es un encuentro de una madre amorosa que quiere lo mejor para sus hijos y unos hijos que, aprovechando el deseo de su madre, le piden a Jesús lo mejor de lo mejor. Querido amigo, tú y yo nos vamos a situar en el texto, en el encuentro, en el momento, en la situación, y vamos a penetrar todas las reacciones de Jesús para aprender hoy una gran lección: la lección del servicio.

Jesús está ya subiendo a Jerusalén, le queda muy poco para su Pasión y se va acercando poco a poco a esta ciudad. Recorre todo lo largo de Perea de norte a sur, bordea la orilla oriental del Jordán y cuando va a llegar al nivel de Jerusalén, atraviesa este río, este gran río, y dobla hacia la ciudad. Van caminando con los discípulos, Él se adelanta para indicarnos que se adelanta a su Pasión y, con ellos, les va explicando que va a subir a Jerusalén, que va a morir. Está describiendo ya por tercera vez todo lo que va a pasar en su Pasión: ésta vez se lo dice; después en la Transfiguración ha sido otra; y el momento en que Él predice en Cesarea de Filipo la Pasión.

Y ven cómo se adelanta una madre para, ya que dice que va a resucitar, va a entrar en el Reino, ella no entiende, y esta madre, Salomé, la madre de Santiago y deJuan, los dos hijos que se llamaban “los hijos del trueno”, era una de las mujeres que servían a Jesús con sus riquezas y le seguían, aprovecha este comentario y le hace estaimportantísima petición a Jesús. Jesús le dice: “¿Qué quieres?”. “Mira, que mis dos hijos se sienten en el Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús la mira y secalla, pero se acercan estos dos discípulos, Santiago y Juan, y les dice también: “¿Pero qué queréis que os haga?”. “Concédenos lo que ha pedido mi madre: sentarnos uno a la derecha y otro a tu izquierda”. Jesús entiende la petición atrevida de esta madre,sabe lo que es el valor de una madre, el cariño de los hijos, que quiere lo mejor para los hijos, pero se da cuenta de que no entienden la vida de Él y con todo amor lesexplica: “¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber?”. “Sí, sí, podemos”. “Pero el estara mi derecha y a mi izquierda no me corresponde a mí. Mirad, no es así. El primero que quiera ser, el mayor que quiera ser, que sea vuestro criado, que sea vuestro servidor,igual que Yo, que he venido a servir y a dar la vida por muchos”.

Hoy Jesús nos da una gran lección, querido amigo, también con la petición de estos dos discípulos. Los otros discípulos vemos que se indignan… y quieren también…y se dan cuenta de lo ambiciosos que son estos dos discípulos, y Jesús aclara esta situación y ya nos mete en una gran lección: “Mirad, el que quiera ser mayor, el que quiera ser grande, que sea servidor. Y mirad, Yo he venido a servir, y el que sirve entrevosotros, ése es el primero”. ¡Qué gran lección, querido amigo! Hoy se nos dice la granlección de aprender a no querer brillar así, de esa manera, a no ansiar, a no ambicionar las cosas que no son… que son totalmente humanas.

Los discípulos, como esta madre, no entienden la vida de Jesús. Y a mí también me pasa muchas veces: no entiendo la vida de Jesús. No entiendo tu vida, Jesús, y me veo obligada a que Tú me digas que aprenda que no es el primero, no es el aspirar al Reino, sino el servir; y en el servicio está el Reino, en el servicio está el poder. Querido amigo, ¡cuántas veces queremos ser los mejores, ganar lo mejor, las mejores galas, las mejores competiciones, las mejores medallas a todo lo que hacemos, tener fuerza, tener poder, ganar, ocupar puestos de importancia, o tener “brillos” y tener los primeros puestos en todo! A Jesús no le gusta esto, no quiere eso, y nos insiste mucho en que en todo hay que pasar por la cruz, y que este Reino… el que aspira así, tiene que ponerse más abajo, al servicio de los hermanos. Y que Él mismo nos da el ejemplo: no buscó aplausos, sino buscó liberar, sanar, salvar. No se destacó con el poder sino con la cruz.

Hoy, Jesús, me pides que me entregue a los demás, que dé la vida por los demás, como Tú, que dé de lo que es mío. Y yo me pregunto: pero ¿qué es lo que yo puedo dar? Y te contesto, querido amigo, y nos contestamos tú y yo: podemos dar nuestra fe, podemos dar nuestra alegría, podemos dar nuestra ternura, podemos dar nuestra confianza, podemos dar nuestra esperanza. Y ése es el mejor Reino, y ésa es la mejor satisfacción: enriquecer a los demás, liberar, salvar y no disfrutar de halagos, de éxitos, de satisfacciones para enorgullecernos y ser más poderosos pero más pobres ante los demás. ¡Qué gran lección me das hoy, Señor: la del servicio! ¡Qué gran lección! Pero servir con amor. Y pienso que servir es no esperar nada a cambio. Es llegar a dar la vida por los demás, y esto sólo se hace por amor. Y esto es lo que Tú hiciste, Jesús, así nos redimiste, así nos has querido, así has impuesto tu Reino, así has impuesto tu vida. Todo es en este mundo el afán de poseer, de dominar. Pero Tú no quieres eso, Tú quieres la Palabra… que sirva, que me abaje, que me ponga al servicio de los demás, que si quiero ser grande, aprenda a entregarme, a darme a los demás.

Jesús continuamente a través de sus discípulos nos está enseñando la gran lección de la humildad. ¡Cuánto nos cuesta ser humildes y cuánto me cuesta serhumilde, cuánto…! Pero Tú me enseñas y me enriqueces. Yo también, Jesús, hoy no tepido nada, como la madre de los zebedeos, sino te pido que aprenda a entregarme, que aprenda a sobrellevar las dificultades del camino, que aprenda a comprender la satisfacción de los demás, que aprenda a no poner la confianza en las cosas terrenas, sino en ti. Que aprenda a olvidarme de mí para entregarme a los demás. Que aprenda a ser pobre, porque ser pobre es ser rico y ser rico es poseer tu Reino.

Jesús, Tú me llamas hoy y me invitas a una gran actitud de aprender a entregarme, a darme a los demás, a dejar de acaparar, a comenzar a compartir, a no empobrecerme con mis orgullos y mis satisfacciones. Tú me enseñas a entregarme a los demás y me enseñas a darme y me enseñas a querer a los demás. Que yo aprenda esta lección hoy, porque Tú sabes que por mi naturaleza tengo tantos defectos y me gusta a veces el mesianismo en mi vida, y a veces soy como estos hijos del Zebedeo; indirectamente, pero así soy. Y tienes que insistirme: “No aspires a todo esto, noaspires a que te aplaudan, no aspires a más. Rodéate del amor, de la entrega, de dar tuvida por los demás”. Jesús, que yo aprenda esta gran lección hoy y que escuche de tus palabras: “No he venido a servir, sino a entregarme a los demás”. Hoy repetiré mucho, muchas veces en mi interior: “No he venido a servir, sino a darme a los demás. No he venido a servir, sino a entregarme a los demás. El que quiera ser grande que sea vuestro servidor”. Que yo aprenda esta gran lección hoy. Jesús, quiero escucharte peroayúdame en mi debilidad.

Y agradezco a esta madre y recuerdo a mi propia madre también que pide lo mejor para todos nosotros. Y esta Madre que es la Virgen que le pide el que yo aprenda a estar en ese Reino tuyo donde no es “derecha” ni “izquierda”, sino es“amor”, es beber la cruz, es aprender a ser de Él, es aprender a ser tuya, Jesús. No hevenido nada más que a servir y a entregarme a los demás. “El que quiera ser mayor,que sea vuestro siervo. El que quiera ser el primero, que sea vuestro servidor”.Ayúdame Jesús, ayúdame Madre mía a aprender esta gran lección de entregarme sinnada a cambio, sin orgullos, sin riquezas interiores a los demás. “No he venido nadamás que a servir y a entregarme a los demás”.

Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

Existió una época en que las funciones públicas en la sociedad eran consideradas como servicios que determinadas personas estaban llamadas a prestar a la colectividad, no pocas veces por su cuenta. ¿Cómo han cambiado las cosas en nuestra época! Poscandidatos gastan no pocas veces sumas enormes para tratar de convencer a los votantes a que los elijan para esas funciones. (No hay más que considerar como un buen ejemplo de ello la campaña electoral americana!)

Parece de todas formas que no ha cambiado demasiado la naturaleza humana desde la época de Jesús. En el Evangelio del pasado Domingo, hemos podido ver que incluso tras el tercer anuncio de su pasión por Jesús sus discípulos discutan entre si para saber quién de entre ellos iba a conseguir el puesto más importante en su reino. Su esperanza era que Jesús había de restablecer el Reino de David en la tierra.

Desde este momento hasta el suceso que hoy nos narra el Evangelio, no parece que hayan hecho muchos progresos los discípulos. Su concepción parece ser ahora la de que Dios va a confiar el juicio y la condenación de los gentiles no a un Mesías nacionalista sino al Hijo del Hombre anunciado por Daniel, y que este Mesías se hallará rodeado por otros jueces que se sentarán , ellos también, en tronos. Cuando haya sido entregado a los Gentiles el Hijo del Hombre, quieren verse asociados a la venganza divina. Una vez más trata Jesús con no poca paciencia de hacerles comprender que el único camino hacia esos tronos a los que ellos aspiran es el del sufrimiento y el servicio. Él mismo no ha venido para reinar sino para servir. Una vez más se manifiesta como quien cumple la profecía del Siervo de Yahve.

En los últimos capítulos de lo que designamos con el nombre de Libro de Isaías nos encontramos con cuatro cantos de otro profeta, cuyo nombre ignoramos y al que habitualmente llamamos el “Segundo Isaías”. Estos cantos son designados con el nombre de “Cánticos del Siervo sufriente”, y han sido escritos en una época en que el pueblo de Israel se veía sometido a la devastación, el hambre, la angustia, la persecución y el destierro. No les era posible dar con un sentido a todo lo que vivían. El mensaje del Segundo Isaías es una profecía empapada de lágrimas humanas, mezcladas con un gozo que sana todas las heridas, hace desaparecer todas las cicatrices y convierte a todas las generaciones posteriores capaces de comprender el futuro a pesar de kllo absurdo del presente.. Jamás se han oído palabras más aptas para traer consuelo en una situación cuajada de lágrimas y sufrimientos.

Israel se hallaba en el destierro y sus hijos se encontraban “como un antílope en la red”. Los verdugos habían dicho a Israel: “Agáchate, para que podamos pasar por encima de ti” e Israel “había hecho de su espalda como el suelo y como una calzada para que puedan ellos pasar por la misma”. Los desterrados vivían en un miedo constante “debido al furor de sus opresores” Y es entonces cuando aparece el “curador sufriente” – el que ha escogido pasar por ese camino de sufrimiento.. Como un cordero conducido al matadero, o una oveja ante los que la trasquilan, seguía en silencio sin abrir la boca.

A esta figura del siervo sufriente remite Jesús cuando dice a sus discípulos: “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir para dar su vida como rescate de los muchos” Es, pues, en este contexto donde hemos de interpretar la invitación al servicio mutuo. San Juan, en su descripción de la Última Cena, por su parte ha sustituido por el lavatorio de los pies el relato de la Institución de la Eucaristía que encontramos en los otros Evangelios, de manera que no quede ambigüedad alguna respecto de este ideal de servicio.

Cuando vamos a proseguir esta celebración en recuerdo del Siervo de Yahve, pidamos cómo nos ha de ser posible el ser más fieles a esta invitación, en lo concreto de cada día.

A. Veilleux

Gaudete et exsultate (Francisco I)

114. Hace falta luchar y estar atentos frente a nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas para no permitir que se arraiguen: «Si os indignáis, no lleguéis a pecar; que el sol no se ponga sobre vuestra ira» (Ef 4,26). Cuando hay circunstancias que nos abruman, siempre podemos recurrir al ancla de la súplica, que nos lleva a quedar de nuevo en las manos de Dios y junto a la fuente de la paz: «Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones» (Flp 4,6-7).

Lectio Divina – 21 de octubre

Lectio: Domingo, 21 Octubre, 2018

Los jefes deben servir
Marcos 10, 35-45

1. Oración inicial

¡Oh Dios de la paz y del perdón, que nos has dado en Cristo un ejemplo de servicio total, hasta el don de su vida! Concédenos a todos encontrar gracia ante Ti, para que podamos compartir hasta el fondo el cáliz de tu voluntad y vivir un servicio mutuo, generoso y fecundo.

2. Lectura

a) El contexto:

El episodio se sitúa después del tercer anuncio de la Pasión (Mc 10, 32-34). Y como ya había sucedido en los otros anuncios, la reacción de los discípulos no es positiva; dos de los discípulos se preocupan de los primeros puestos en el Reino y los otros se indignan. Señal de la dificultad de los discípulos de entrar en la perspectiva del destino doloroso del Maestro y de comprender el misterio del Reino. Los dos discípulos que hacen la petición – Santiago y Juan – son hermanos, forman parte del primer grupo de compañeros de Jesús (Mc 1, 19-20), se les llama con el sobrenombre de boanerghes (“hijos del trueno”; Mc 3,17). Eran por tanto de carácter algo impetuoso.

b) El texto:

Marcos 10, 35-4535 Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos nos concedas lo que te pidamos.» 36 Él les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?» 37 Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» 38 Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» 39 Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; 40 pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.»
41 Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan.42 Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. 43 Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, 45 que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»

3. Un momento de silencio orante

para releer el texto con el corazón y reconocer a través de las frases y de la estructura la presencia del misterio del Dios viviente.

4. Algunas preguntas

para recoger del texto los núcleos importantes y comenzar a asimilarlos.

a) ¿Por qué esta ambición de los discípulos de ocupar los primeros puestos?
b) ¿Tiene sentido la respuesta de Jesús?
c) ¿Qué quiere decir Jesús con el cáliz que se ha de beber y el bautismo que se ha de recibir?
d) ¿Sobre qué funda Jesús el servicio a la comunidad?

5. Algunos reflexiones más profundas de la lectura

Concédenos que nos sentemos en tu gloria”
Aunque se tomen precauciones en la lectura, está claro que tienen ambiciones notables. Según la tradición, ellos parecen que eran primos de Jesús, y por tanto – según la ley oriental – tenían un derecho particular, como miembros de la familia. De cualquier modo que sea, se ve que no han entendido nada de lo que Jesús estaba por hacer. Se preparaba a la ignominia de la cruz, y ellos todavía no lo habían entendido. El verdadero poder de Jesús no consiste en distribuir los puestos de honor, sino el de hacer que se participe en su trágico destino: “¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?”

“La copa que yo voy a beber, sí la beberéis”
El diálogo sobre la copa y el bautismo (vv 38-39) está en evidente paralelismo. Pero no se entiende cómo los dos puedan beber el cáliz y ser bautizados, si no es pensando en el martirioque sufrirán (entrambos) en seguida. A través de las dos imágenes, Jesús parece evocar sin duda su muerte violenta, que Él presagia como una obligación absoluta de fidelidad hacia al Padre. La respuesta a la petición de ellos de sentarse junto a Él es muy evasiva; pero se entiende que quiere hacer ver que no es ése el modo para obtenerlo.

“Los otros diez empezaron a indignarse”
Claramente también ellos comparten la misma ambición. Pero este versículo parece que ha sido redactado para unir los dos episodios que quizás en el origen no eran dependientes. Cambia totalmente el argumento. Pero el hecho de que se recuerde la indignación, está probablemente fundado en cualquier episodio: porque los discípulos aquí no tienen buena imagen: y por esto debe ser propiamente auténtico.

“Los jefes de las naciones, las dominan…no ha de ser así entre vosotros”
Se refiere a los dirigentes políticos de su tiempo: que en el fondo es el estilo de todos los tiempos. Por el contrario, la comunidad de los discípulos debe ser dominada por el servicio: esto está expresado con dos términos que indican graduación. Se habla de “siervo” (diakonos) y de “esclavos” (doulos). No se puede escoger a quién servir: se debe ser esclavo de todos, cambiando el esquema mundano.

“Que tampoco el Hijo del hombre…”
Encontramos el fundamento de la ley constitucional de la comunidad, siguiendo el estilo del Maestro, dando como Él la vida y no por pretensión. El “rescate” o redención es difícil de interpretar, como dice, por ejemplo, X. Léon Dufour: pero podemos entenderlo bien, considerando las palabras que Jesús pronuncia en la última Cena. Pues toda la vida de Jesús está bajo la luz del “rescate”, de la fidelidad hasta el fin por la libertad de los hombres. Se priva de la libertad, para dar libertad, para rescatar de la no libertad.

El estatuto de la comunidad de los discípulos está caracterizado por el servicio, no por la ambición; por la vida dada y vinculada al rescate de los otros.

6. Salmo 33 (32)

Plegaria por la paz y la justicia

Tocad con el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañad la música con aclamaciones!

Pues recta es la palabra de Yahvé,
su obra toda fundada en la verdad;
él ama la justicia y el derecho,
del amor de Yahvé está llena la tierra.
Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos,
por el aliento de su boca todos sus ejércitos.
Él recoge, como un dique, las aguas del mar,
mete en depósitos los océanos.

¡Tema a Yahvé la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe!
Pues él habló y así fue,
él lo mandó y se hizo.
Yahvé frustra el plan de las naciones,
hace vanos los proyectos de los pueblos;
pero el plan de Yahvé subsiste para siempre,
sus decisiones de generación en generación.

¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahvé,
el pueblo que escogió para sí como heredad!
Yahvé observa de lo alto del cielo,
ve a todos los seres humanos;
desde el lugar de su trono mira
a todos los habitantes de la tierra;
él, que modela el corazón de cada uno,
y repara en todas sus acciones.

7. Oración final

¡Señor Dios nuestro!, aparta a los discípulos de tu Hijo de los caminos fáciles de la popularidad, de la gloria a poco precio, y llévalos sobre los caminos de los pobres y de los afligidos de la tierra, para que sepan reconocer en sus rostros el rostro del Maestro y Redentor. Da ojos para ver los senderos posibles que llevan a la justicia y a la solidaridad; oídos para escuchar las peticiones de salvación y salud de tantos que buscan como a tientas; enriquece sus corazones de fidelidad generosa y de delicadeza y comprensión para que se hagan compañeros de camino y testimonios verdaderos y sinceros de la gloria que resplandece en el crucificado resucitado y victorioso. Él vive y reina glorioso contigo, oh Padre, por los siglos de los siglos.

La teología del delantal

Jesús, a veces, tenía unas contradicciones que me desconciertan. Hoy nos sale con que «si alguno de vosotros quiere ser el primero y el principal, deberá hacerse el último y el servidor de todos»… Al parecer, el alumnado del Maestro era un poco lento en aprender la lección básica: que el seguimiento de Jesús requería aceptar la cruz y renunciarse a sí mismo, y que la grandeza del cristiano pasaba por convertirse a la sencillez y a la entrega incondicional al servicio del prójimo.

La primera clase de «servicio a los demás» nos la daría el mismo Jesús en la escena sobrecogedora y tierna de «el lavatorio de los pies» a sus discípulos cuando, agachándose, no tuvo ningún reparo en ejercer una labor de esclavo; concluyendo con un resumen de la lección impartida: «Lo que he hecho con vosotros, hacedlo vosotros con los demás».

Hace unos años, en un encuentro celebrado con jóvenes, acompañados por un hermano marista, surgió comentar la excesiva profusión de boato y pompa que observamos en las ceremonias religiosas solemnes, en las que se exhiben ropajes rimbombantes y trasnochados. El hermano de Champagnat coincidió en el mismo parecer, añadiendo que la única prenda litúrgica que encontramos en el evangelio es el delantal que Jesús se puso para lavar los pies a sus discípulos; es decir, para servirles y ponerse a su disposición… Desde aquel momento, y durante todo el encuentro, a esta actitud de servicio y de ayuda al prójimo se le llamó la «teología del delantal».

No cabe duda de que esta «teología del delantal» nos reporta una serie de beneficios que sólo experimenta quien la pone en práctica. Efectivamente, el oficio de «servidores» nos produce sencillez: el agacharse ante el prójimo hasta lavarle los pies es el mejor antídoto contra la soberbia y una excelente gimnasia espiritual que nos permite tener a punto nuestra disponibilidad; nos genera satisfacción: el agradable sentimiento del deber cumplido; y es fuente de alegría: emanada por el hecho de haber sido mensajeros de la sonrisa, artífices de la amistad y seguidores de Jesús.

Los recuerdos de la infancia a menudo me atraen y me llevan, como un imán, hacia ella. Y yo tengo uno que me viene ahora a la mente. En la escuela, cuando el maestro te llamaba por tu nombre, la contestación que se nos pedía no era «Dígame», o «Aquí estoy», sino que había que responder «¡Servidor!»..

Y trasplantando recuerdos, pienso que también hoy Dios, vestido de prójimo, nos llama infinitas veces por nuestro nombre para que nos hagamos presentes ante cualquier necesidad que reclame nuestra asistencia. Ojalá no se nos olvide la respuesta de la escuela: «¡Servidor!».

Pedro Mari Zalbide

El Dios en el que creemos

El tema 29 del Itinerario de Formación Cristiana para Adultos “Ser cristianos en el corazón del mundo” se titula: “El Dios en el que creemos los cristianos”, y en su introducción indica que se van a considerar las características del Dios en el que creemos los cristianos: el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Dios que ha enviado a nuestros corazones el Espíritu Santo, el Dios que en sí mismo es Amor. Al leer este párrafo, en el Equipo de Vida se apuntó que esta afirmación, siendo verdadera, es difícil de explicar a personas que atraviesan situaciones de mucho sufrimiento. Y surgen preguntas: ¿Cómo vamos a decirles que Dios es Amor? ¿Por qué, si es Amor, no hace algo y no impide tanto dolor?

Pero el tema continúa: Este Amor, no cualquiera, sino el que se revela en Jesucristo… El Dios en el que creemos no es un amor semejante al que nosotros conocemos: es un Amor que va más allá de lo que podemos imaginar, y para que creamos en ese Amor, se nos ha dado a conocer en Jesucristo.

Y la Palabra de Dios de este domingo nos ofrece algunas indicaciones para entrar en ese misterio de Amor que es el Dios en el que creemos los cristianos. En el Evangelio, Jesús decía: el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.El Dios en el que creemos se ha encarnado, se ha hecho hombre en Jesucristo para dar su vida por nosotros: es un Amor entregado hasta el extremo.

Como recordaba la 2ª lectura, el Dios en el que creemos, al Encarnarse, no ha permanecido apartado de lo que conlleva la condición humana, limitándose a decir bonitas palabras: No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. Él ha querido experimentar el dolor y el sufrimiento en toda su dureza y crudeza: ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. El Dios en el que creemos, que es Amor encarnado, no explica el porqué del dolor y del sufrimiento, sino que lo asume, lo hace suyo, situándose junto a quienes lo padecen, “compadeciendo”, sintiendo y sufriendo con ellos.

Pero este “compadecer” va más allá de ser un mero acompañamiento o solidaridad con los que sufren, como cuando nosotros “acompañamos en el sentimiento” a alguien. El Dios en el que creemos, al dar su vida en rescate por muchos, da un sentido al dolor y al sufrimiento, como hemos escuchado en la 1ª lectura, en ese cuarto cántico del Siervo del Señor. Comienza afirmando con crudeza: El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. El Siervo, figura de Jesús, atraviesa una situación terrible, como tantos que son “triturados” por las circunstancias de la vida; pero Jesús ha venido a dar su vida en rescate por

muchos, y por eso indica el profeta: cuando entregue su vida como expiación… lo que el Señor quiere prosperará por sus manos. A causa de los trabajos de su alma, verá… El Dios en el que creemos, que se revela en Jesucristo, y que porque es Amor se entrega hasta el extremo por nosotros, nos muestra que el sufrimiento y el dolor no son estériles y sin sentido. Unidos a Él, el Siervo que ha sido triturado, probado en todo exactamente como nosotros, veremos que se cumple lo que indica la traducción de este pasaje en la Biblia de La Casa de la Biblia: Después de una vida de aflicción, comprenderá que no ha sufrido en vano (Is 53, 11). El misterio del dolor y del sufrimiento sigue siendo un misterio pero Jesucristo, al dar su vida, nos ofrece una luz de esperanza, y por Él podemos creer en el Dios Amor, porque no es un Amor cualquiera sino el que se revela en Jesucristo.

¿Me he preguntado alguna vez cómo afirmar que Dios es Amor? ¿Creo que el dolor y el sufrimiento pueden tener un sentido gracias a Jesucristo, si nos unimos a Él?

Cuando nos encontremos con quienes padecen sufrimiento y dolor, y nos preguntemos cómo podemos decirles que el Dios en el que creemos es Amor, tengamos presente a Jesucristo dando su vida por todos, y también estas palabras de Benedicto XVI: Con frecuencia, la raíz más profunda del sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios (…) El amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor. Sabe que Dios es amor (1 Jn 4, 8) y que se hace presente justo en los momentos en que no se hace más que amar. En consecuencia, la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisa- mente en el amor (Dios es Amor, 31.c).

¿Quién decide mi vida?

No es fácil responder a esta pregunta. Y no solo porque hemos de contar con ese mundo de fuerzas inconscientes que influyen en nuestras decisiones o porque actuamos muy condicionados por el aprendizaje familiar o social, sino porque vivimos sutilmente programados desde fuera.

Nuestra vida la quieren decidir hoy desde el mercado; la sociedad de consumo necesita saber, no quiénes somos, sino qué vamos a consumir, el dinero del que vamos a disponer, las nuevas necesidades que se han de despertar en nosotros. Desde una perspectiva mercantilista lo que importa es si yo seré un buen consumidor, no una persona digna.

La publicidad, por su parte, pretende marcar qué intereses hemos de tener y hacia dónde hemos de dirigir nuestros gustos y apetencias. Y de la misma manera que la moda decide cómo hemos de vestir, las corrientes culturales nos dictan cómo hemos de pensar, qué hemos de sentir y amar o cómo hemos de valorar los diversos aspectos de la vida.

Al mismo tiempo, cada uno se esfuerza por cumplir lo mejor posible su rol para funcionar ágilmente en esta sociedad. Y uno aprende a ser un buen vendedor, un empleado eficaz o un profesor estimado, aunque su verdadera personalidad se diluya detrás de una máscara.

Es difícil no dejarse vivir desde fuera. Pero el camino de una maduración personal no es aceptar como criterio algo tan postmoderno como el «me apetece» o «me gusta»; ésa puede ser la manera más ingenua de abandonarse al zarandeo de cualquier moda cambiante. Lo más importante es plantearse desde dónde quiero vivir, a quién o a qué le doy poder para decidir mi vida.

«Escoger mi vida» exige acertar con un hilo conductor que oriente de manera más o menos consciente mis decisiones y mi actuación. Y es aquí donde la fe cristiana puede tener un lugar decisivo para elegir un estilo acertado de vivir.

La tarea, sin embargo, no es sencilla pues cuando Jesús explica cómo entiende y vive su vida y la ofrece como modelo a sus discípulos, dice estas sorprendentes palabras: «El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate de muchos.» Según Jesús, la vida se entiende y se vive en su verdadero contenido humano cuando uno se entrega, no a competir, producir, ganar o dar imagen, sino a algo tan poco «normal» y «presentable» en nuestra sociedad como es servir, ayudar, compartir.

Hay muchos estilos de vivir. Desde el que dice «mi vida es mía y solo mía» hasta el que decide darla de mil formas poniéndola al servicio de los demás. Para el cristiano solo ésta es la manera acertada de vivir.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 21 de octubre

Ser cristiano es vivir al servicio de los demás

      Hay muchos que sólo se sienten bien cuando se sienten poderosos, cuando los demás les rodean llenos de admiración y envidia. Se creen muy seguros. Tienen poder y dinero. Y piensan que no les hace falta nada más en la vida. Algunos también creen que la Iglesia debería ser igualmente poderosa. Así, piensan, sería mas respetada y más personas creerían en Jesús y entrarían a formar parte de ella.

      Me atrevería a decir que se equivocan totalmente. Es que leyendo el Evangelio de hoy nos damos cuenta de que ser cristiano no es una cuestión de poder. Más aún. Jesús renunció a todo poder para hacerse servidor de todos los hombres y mujeres. Hasta dar la vida por nuestra salvación. Hasta ese punto se hizo nuestro siervo, nuestro esclavo. Jesús se pone de modelo para sus apóstoles: el que quiera ser grande o ser el primero entre ellos, tiene que ser el servidor de todos. Sólo así los apóstoles se terminarán pareciendo al Hijo del Hombre, a Jesús, que no vino al mundo para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

      La forma de pensar de Jesús es diferente de la forma de pensar del mundo. Entre nosotros hay personas con poder. Se les nota en la ropa, en las cosas que usan, en la casa. Miran a los demás de arriba abajo. Desprecian a los que no son como ellos. Y muchas veces se aprovechan de los demás. Jesús tenía más poder que nadie. Era el Hijo de Dios. Habría podido vivir como nadie nunca ha vivido en este mundo. Pero no lo hizo. En cambio nos vino a ofrecer el amor de Dios. Lo hizo de una forma práctica. No se contentó con decir hermosas palabras. Salió a los caminos, entró en los pueblos, se encontró con los enfermos, les dio palabras de aliento y esperanza, compartió sus dolores. Al final de su vida, lavó los pies a sus discípulos, para dejarles bien claro que su vocación era el servicio, pasar la vida dedicado al bienestar de los demás y no a que los demás le hiciesen sentir bien a él.

      Eso es lo que hace diferente a Jesús. Jesús no se aprovechó de nadie sino que se acercó a los que sufrían y les dio todo lo que tenía. Jesús renunció al poder y a la autoridad para encontrarse de tú a tú con cada uno de nosotros y hablarnos del amor que Dios nos tiene. Por eso el que quiera ser más importante en el Reino, tiene que empezar por hacerse servidor de todos. No hay otro camino. Se lo dejó muy claro a los hijos del Zebedeo. Y hoy nos lo dice con claridad a nosotros: si queremos ser felices más vale que nos empecemos a preocupar por el bienestar y la felicidad de los que nos rodean, porque sólo con ellos seremos nosotros felices. Imitando a Jesús encontraremos la verdadera felicidad.

Para la reflexión

      ¿Crees que Jesús escogió el mejor camino para salvarnos (hacerse servidor de todos)? ¿Te preocupas de verdad de hacer felices a los que te rodean, especialmente a tu familia y a tus amigos? ¿Crees que ésa es la mejor forma que tienes de dar testimonio de Jesús?

Fernando Torres, cmf