Vísperas – Martes XXIX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: NOS DIJERON DE NOCHE.

Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela
junto a tu cuerpo;
La noche entera,
la pasamos queriendo
mover la piedra.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

No supieron contarlo
los centinelas,
nadie supo la hora
ni la manera;
antes del día,
se cubrieron de gloria
tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos
buscan el sueño,
que la fe tenga el suyo
vivo y despierto;
la fe velando,
para verte de noche
resucitando.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor da la victoria a su Ungido.

Salmo 19 – ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY.

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión;

que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

Ant 2. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Salmo 20, 2-8. 14 – ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Ant 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA BREVE   1Jn 3, 1a. 2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

V. Tu fidelidad de generación en generación.
R. Más estable que el cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, su pueblo adquirido, y supliquémosle diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que al subir al cielo llevaste contigo una gran multitud de cautivos,
devuelve la libertad de los hijos de Dios a nuestros hermanos que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor Dios todopoderoso, porque has permitido que lleguemos a esta noche; te pedimos aceptes con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 23 de octubre

Lectio: Martes, 23 Octubre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 12,35-38
«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!
3) Reflexión
• Por medio de la parábola, el evangelio de hoy nos exhorta a la vigilancia.
• Lucas 12,35: Exhortación a la vigilancia. “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas”. Ceñirse significaba amarrar una tela o una cuerda alrededor del traje talar, para que no estorbara los movimientos del cuerpo. Estar ceñido significaba estar preparado, pronto para la acción inmediata. La víspera de la huida hacia Egipto, en la hora de celebrar la pascua, los israelitas debían ceñirse, esto es, estar preparados para poder partir inmediatamente (Ex 12,11). Cuando alguien iba a trabajar, a luchar o a ejecutar una tarea se ceñía (Ct 3,8). En la carta a los Efesios, Pablo describe la armadura de Dios y dice que los riñones deben estar ceñidos con el cíngulo de la verdad (Ef 6,14). Las lámparas debían de estar encendidas, pues la vigilancia es tarea tanto para el día como para la noche. Sin luz no se anda en la oscuridad de la noche.
• Lucas 12,36: La parábola. Para explicar lo que significa estar ceñido, Jesús cuenta una pequeña parábola. “Y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.” La tarea de aguardar la llegada del dueño exige una vigilancia constante y permanente, sobre todo cuando es de noche, pues el dueño no tiene una hora determinada para volver. Puede hacerlo en cualquier momento. El empleado ¡ha de estar atento, vigilante siempre!
• Lucas 12,37: Promesa de felicidad. “Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.” Aquí, en esta promesa de felicidad, los papeles se invierten. El dueño se vuelve empleado y empieza a servir al empleado que se vuelve dueño. Evoca a Jesús en la última cena que, aún siendo señor y maestro, se hizo siervo y empleado de todos (Jn 13,4-17). La felicidad prometida tiene que ver con el futuro, con la felicidad en el fin de los tiempos, y es lo opuesto de aquello que Jesús prometió en otra parábola que decía: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?’ ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?’ ¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” (Lc 17,7-10).
• Lucas 12,38: Repite la promesa de felicidad. “Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!” Repite la promesa de felicidad que exige vigilancia total. El dueño puede volver en medio de la noche, a las tres de madrugada, o en cualquier otro momento. El empleado tiene que estar preparado, ceñido para poder entrar en acción.
4) Para la reflexión personal
• Somos empleados de Dios. Debemos estar ceñidos, preparados, atentos y vigilantes, veinte y cuatro horas al día. ¿Lo consigues? ¿Cómo?
• La promesa de felicidad futura es al revés del presente. ¿Qué nos revela esto de cara a la bondad de Dios para con nosotros, para conmigo?
5) Oración final
Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro
para su pueblo y sus amigos,
que no recaerán en la torpeza.
Su salvación se acerca a sus adeptos,
y la Gloria morará en nuestra tierra. (Sal 85,9-10)

La lucha ecofeminista en el conjunto de todas las luchas

Cada día, al levantarnos y mirar nuestra Agenda, repasamos y repensamos nuestros compromisos, las actividades previstas y las imprevistas, afirmamos nuestras ganas de cambiar el mundo y los esfuerzos para que este mundo no nos trague, no nos asimile desde una hegemonía cultural que tritura las subjetividades, las conciencias, los corazones.

Este ejercicio cotidiano, es asaltado sistemáticamente por alguna emergencia. Jóvenes desaparecidas, niñas incineradas en Guatemala, hermanas de lucha asesinadas o prisioneras en Colombia, o en Perú, campesinas sin tierra presas en Brasil. Y al mismo tiempo, genocidas que vuelven a las calles, feminicidas que nos amenazan, pueblos afectados por la contaminación que las corporaciones transnacionales y los gobiernos que les sirven desparraman en los territorios, y por enfermedades que se multiplican como consecuencia de los agrotóxicos, del cianuro, del veneno en las aguas y en las tierras.

No faltan entre estos sobresaltos golpes de estado posibles o concretados, invasiones, masacres, violencias mediante las cuales el poder mundial busca reafirmar su dominación sobre nuestros cuerpos y territorios, que en Abya Yala se refuncionalizan en clave neocolonial y capitalista.

Las brujas del siglo XXI. Creadoras/cuidadoras

Ser creadoras y cuidadoras de un proyecto de vida, de buen vivir, es la pulsión que nos anima a quienes pensamos el feminismo desde los movimientos indígenas, campesinos, de trabajadoras, de las barriadas, de las escuelas y universidades, de las plazas, de las esquinas, en clave de refundación de Nuestra América, promoviendo e impulsando desde nuestros proyectos inmediatos, caminos hacia las revoluciones ecofeministas, socialistas, del buen vivir, que nos permitan desmontar todas las opresiones.

Las políticas de muerte de las corporaciones transnacionales, los imperialismos y los narcoestados, intentan retrotraer no sólo los derechos conquistados por las mujeres y por los pueblos en más de cinco siglos de luchas libertarias; pretenden arrasar por completo con nuestro deseo, nuestra rebeldía, nuestra convicción sobre la necesidad de realizar las revoluciones postergadas.

La rapacidad con la que violentan a los territorios para saquearlos en el menor tiempo posible, satisfaciendo así su lógica de acumulación por desposesión, por rapiña y por superexplotación de la fuerza de trabajo, nos coloca en los bordes de una auténtica guerra, que en cualquier momento se vuelve guerra abierta, de mediana o alta intensidad. Una guerra que no hemos elegido. Una guerra que nos espanta. Una guerra que no queremos, pero que si no enfrentamos, nos va exterminando silenciosamente.

La violencia es el mecanismo coercitivo con el que buscan disciplinar las voluntades, para que seamos nosotras, las mujeres, quienes renunciemos a nuestros saberes, a nuestros modos de estar en el mundo, y rehagamos una y otra vez la cultura patriarcal. Sin embargo, las mujeres de este Continente tenemos una experiencia intensa de resistencia a los genocidios con que se marcaron las fronteras coloniales, y se dibujaron las heridas de nuestros cuerpos que fueron botín de todas las guerras de conquista.

En la última década, una sucesión de crímenes dibuja los contornos del continente salpicado de “feminicidios territoriales”, que tuvieron su voz de alerta con el asesinato en México de Bety Cariño, el 27 de abril del 2010, luego el asesinato de Ber- ta Cáceres, en Honduras, coordinadora general del COPINH, el 2 de marzo de 2016. Dos mujeres emblemáticas, cuidadoras de los ríos, de los territorios, de los bosques, de las mujeres, de los pueblos. Como lo eran también Lesbia Yaneth Urquía Urquía, vinculada al COPINH, que lideraba una lucha en Honduras contra dos proyectos hidroeléctricos, asesinada el 6 de julio del 2016; y Macarena Valdés, educadora de la comunidad mapuche Newen Tranquil, quien era parte de la lucha contra una represa en Chile, asesinada el 22 de agosto del 2016; Laura Leonor Vasquez Pineda, integrante del Comité en Defensa de la Vida de San Rafael Las Flores, que se enfrentó al proyecto minero San Rafael, asesinada en Guatemala el 16 de enero de este año; y Luz Herminia Olarte, Maricela Tombé, Ruth Alicia López Guisao y Yoryanis Isabel Bernal Varela, mujeres indígenas, campesinas, líderes populares, asesinadas este año en Colombia.

Podríamos seguir nombrando a todas las mujeres asesinadas por ser mujeres en Abya Yala, y a todas las presas y amenazadas de prisión o de muerte. Pero lo que buscamos señalar son los diferentes modos de feminicidios. Algunos que pretenden terminar con el avance de la conciencia de las mujeres, que se concreta en nuestra autonomía, en nuestra capacidad de decidir sobre nuestros cuerpos y vidas. Quienes históricamente se han sentido propietarios de «sus mujeres», pretenden disciplinar el crecimiento de nuestra rebelión feminista a través de la violencia. Otros son los «feminicidios territoriales», con los que el poder busca exterminar o disciplinar mediante el miedo, a las mujeres cuidadoras de los territorios tierra, de los bienes comunes, de las posibilidades de vida presente y futura de nuestros pueblos.

Por eso nuestro ecofeminismo, indígena, negro, campesino, popular, desafía todas las lógicas de conquista: la que destroza a la naturaleza y la que nos mata «por ser mujeres». El ecocidio, el feminicidio, el genocidio, son distintas caras de un mismo proyecto capitalista que ya no disimula su agresividad ni la barbarie, realizadas en nombre de la «civilización», el «progreso» o el «desarrollo».

Nuestras revoluciones están en marcha

A pesar de toda la agresión, nuestro proyecto de vida es sostenido y renovado generacionalmente por millares de mujeres que, en el campo o en las ciudades, han ido aprendiendo de sus madres, abuelas, ancestras, que nuestra resistencia es invencible. Que nuestro feminismo es un hacer colectivo y multitudinario, que no se puede «controlar» a través del asesinato. Que es un movimiento de millares de brujas que vuelan los cielos en bandadas, invitando a desobedecer el orden y a romper el silencio patriarcal.

Nuestras acciones no están reducidas a un grupo de temas de «interés de las mujeres». Somos parte del conjunto de las luchas populares por la vida, y por la libertad, por la justicia y por la dignidad. Sabemos que estas luchas exigen revoluciones. Transformaciones profundas de nuestros modos de estar en el mundo, de relacionarnos entre nosotras, nosotros y en la naturaleza. Por eso, a la vez que somos parte del conjunto de luchas sociales y políticas, de las luchas por reformas y por revoluciones, exigimos a nuestros compañeros en las organizaciones políticas, en los movimientos populares y en las casas, que sean sensibles y pasen a formar parte de nuestras demandas como mujeres. Porque no alcanza con volverse «políticamente correctos», y decirse solidarios con las luchas feministas. Es imprescindible que las revoluciones los atraviesen, y que quienes tienen privilegios por ser varones, o por ser blancos/as, o por otros factores que se vuelven hegemónicos, renuncien conscientemente a esos privilegios, para caminar a la par de las más oprimidas entre los oprimidos.

Nuestras revoluciones están en marcha. A pesar del retroceso que sacude al Continente y al mundo, a pesar de la guerra que nos han declarado, las feministas seguimos en las calles, no abandonamos las plazas, no aceptamos que nos impongan los derechos de propiedad sobre nuestras vidas o sobre nuestros territorios.

Aunque nos maten, aunque nos amenacen, aunque nos encarcelen, seguiremos acompañando a cada hermana que defiende su cuerpo o su espacio de vida, acuerparemos a cada mujer amenazada, a cada lesbiana, trans, travesti, hostigada por la heteronormatividad, a cada niña abusada. Seguiremos buscando a cada muchacha desaparecida. Y continuaremos denunciando a cada violento hijo del patriarcado y a sus cómplices. No van a lograr encerrarnos en el mundo doméstico otra vez.

Somos herederas de esas brujas que ardieron, y de las que sobrevivieron para contarlo. Somos las mujeres invisibles, que ahora ocupamos el espacio público, y todos los espacios que deseamos, para revolucionar las revoluciones, desde nuestros cuerpos y territorios insurrectos.

Claudia Korol

B. Algunos fundamentos del acompañamiento espiritual

El último —y único— fundamento de la vida espiritual, así como de toda forma de acompañamiento espiritual, es la convicción de que Dios nos habla. Dios, que existe antes de que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra (cfr. Sal 89, 2), se dignó en tiempos antiguos a entablar conversación con su pueblo, Israel; y hoy lo sigue haciendo con cada hombre que quiera atender a su llamada. Abraham, Moisés y los profetas son testigos de la sobrecogedora experiencia de escuchar a Dios. La voz de Dios cambió sus vidas, y los transformó, respectivamente, en padre de un gran pueblo, liberador de una nación y en cajas de resonancia del divino querer.
¿Y hoy? ¿Cómo es ahora esa voz de Dios? ¿Cómo reconocerla? En Jesucristo, voz de Dios y voz de hombre se unen sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. Cuando jesús habla, hablan Dios y hombre a la vez, sin mezclarse, pero sin separarse. La misma voz que es obedecida por los muertos (¿acaso los muertos escuchan voz de hombre?), o que domina las tormentas y mareas en las más duras tempestades, es la que clama por un amigo muerto, o pide humildemente pasar pronto el trago amargo del dolor. En ella se reconocen la omnipotencia de Dios… y la contingencia del hombre.
Jesucristo, vivo y resucitado, quiere hacer resonar su mensaje en cada corazón, y perpetuar en la historia ese doble milagro qeu sobrecoge el alma: que Dios pueda fijarse en mí (¡qué inmenso cariño!) y que pueda obrarse en mí su Palabra (la extraordinaria humildad de Dios). Nosotros no somos como el lago de Galilea, que obedecía inconsciente a la voz de Jesucristo. Él quiere persuadir nuestra libertad, conquistar cada alma, cada libertad. Aspira a nuestra entrega, y empeña su gracia en ello.
El acompañamiento espiritual es un instrumento al servicio del cumplimiento del plan de Dios en nosotros. Independientemente de toda motivación que conduzca a este diálogo espiritual, el fundamento de esa conversación es único: Dios habla; y se despliega al menos en tres consideraciones.
En primer lugar, para poder disfrutar de un acompañamiento espiritual eficaz, es necesario que exista apertura al don divino capítulo 5). Dios necesariamente supera toda expectativa, y tenemos que estar abiertos a la posibilidad de su eterna novedad. Podemos tener seguridad de que Él tendrá planes para nosotros que van mucho más allá de nuestras planificaciones u objetivos. No importa; al contrario, es maravilloso ser conducidos por quien tanto nos ama. Solo nos pide una cosa: apertura al don divino.
A esa disposición fundamental se llega por un camino privilegiado: el silencio (capítulo 6). Resulta muy difícil escuchar a Dios en el bullicio. Es verdad, la voz de Dios no resuena en el terremoto, la tormenta o el fuego, sino en el callado clamor de un sonoro silencio (cfr. 1R 19, 12).
Finalmente, podemos tener la convicción de que la voz de Dios aspira a ser escuchada. En el capítulo 7 nos adentraremos en la difícil disciplina de la escucha; porque, cuando se refiere a Dios, su palabra no aspira solo a ser comprendida, sino —sobre todo— obedecida.
Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

Gaudete et exsultate (Francisco I)

116. La firmeza interior que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social, porque la gracia aplaca la vanidad y hace posible la mansedumbre del corazón. El santo no gasta sus energías lamentando los errores ajenos, es capaz de hacer silencio ante los defectos de sus hermanos y evita la violencia verbal que arrasa y maltrata, porque no se cree digno de ser duro con los demás, sino que los considera como superiores a uno mismo (cf. Flp 2,3).