Vísperas – Viernes XXIX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CALOR DE DIOS EN SANGRE REDENTORA.

Calor de Dios en sangre redentora,
y un río de piedad en tu costado;
bajo tu cruz quédeme arrodillado,
con ansia y gratitud siempre deudora.

Conózcate, oh Cristo, en esta hora
de tu perdón; mi beso apasionado,
de ardientes labios en tu pie clavado,
sea flecha de amor y paz de aurora.

Conózcame en tu vía dolorosa
y conozca, Señor, en los fulgores
de tus siete palabras, mi caída;

que en esta cruz pujante y misteriosa
pongo, sobre el amor de mis amores,
el amor entrañable de mi vida. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Salmo 40 – ORACIÓN DE UN ENFERMO

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor;
«A ver si se muere y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Ant 2. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Salmo 45 – DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Ant 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA BREVE   Rm 15, 1-3

Los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, sin complacernos a nosotros mismos. Cada uno cuide de complacer al prójimo para su bien, para su edificación; que Cristo no buscó su propia complacencia, según está escrito: «sobre mí cayeron los ultrajes de quienes te ultrajaron».

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre suyo.
R. Por la virtud de su sangre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Bendigamos a Dios que escucha con amor la oración de los humildes y a los hambrientos los colma de bienes; digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la iglesia que sufren:
acuérdate que por ellos, Cristo, cabeza de la iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio vespertino.

Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y de los huérfanos,
y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.

Concede a tus hijos la fuerza necesaria
para resistir las tentaciones del Maligno.

Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte:
que seamos fieles hasta el fin y dejemos este mundo en tu paz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Conduce a los difuntos a la luz donde tu habitas
para que puedan contemplarte eternamente.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que los que hemos sido aleccionados con los ejemplos de la pasión de tu Hijo estemos siempre dispuestos a cargar con su yugo llevadero y con su carga ligera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 26 de octubre

Lectio: Viernes, 26 Octubre, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 12,54-59
Decía también a la gente: «Cuando veis que una nube se levanta por occidente, al momento decís: `Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: `Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? «¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.»

3) Reflexión

● El evangelio de hoy nos presenta un llamamiento de parte de Jesús para aprender a leer los Signos de los Tiempos. Fue este texto lo que inspiró a Juan XXIII el convocar a la Iglesia para prestar atención a los Signos de los Tiempos y percibir mejor las llamadas de Dios en los acontecimientos de la historia de la humanidad.
● Lucas 12,54-55: Todos saben interpretar los aspectos de la tierra y del cielo, … “ Decía también a la gente: «Cuando veis que una nube se levanta por occidente, al momento decís: `Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: `Viene bochorno’, y así sucede.”. Jesús verbaliza una experiencia humana universal. Todos y todas, cada cual en su país y en su región, sabemos leer los aspectos del cielo y de la tierra. El cuerpo mismo percibe cuando amenaza lluvia o cuando los cambios del tiempo: “¡Vamos a tener lluvia!” Jesús se refiere a la contemplación de la naturaleza como siendo una de las fuentes más importantes del conocimiento y de la experiencia que él mismo tenía de Dios. Fue la contemplación de la naturaleza lo que le ayudó a descubrir aspectos nuevos en la fe y en la historia de su pueblo. Por ejemplo, la lluvia que cae sobre buenos y malos, y el sol que nace sobre justos o injustos, le ayudarán a formular una de las imágenes más revolucionarias: “¡Amad a vuestros enemigos!” (Mt 5,43-45).
● Lucas 12,56-57: …, pero no saben leer los signos de los tiempos. Y Jesús saca la conclusión para sus contemporáneos y para todos nosotros: “¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo?” San Agustín decía que la naturaleza, la creación, es el primer libro que Dios escribe. Por medio de ella Dios nos habla. El pecado embrolló las letras del libro de la naturaleza y, por ello, ya no conseguimos leer el mensaje de Dios estampado en las cosas de la naturaleza y en los hechos de la vida. La Biblia, el segundo libro de Dios, fue escrito no para ocupar o reemplazar la Vida, sino para ayudar a interpretar la naturaleza y la vida y para aprender de nuevo a descubrir los llamados de Dios en los acontecimientos. “¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” Compartiendo entre nosotros lo que vemos en la naturaleza, iremos descubriendo la llamada de Dios en la vida.
● Lucas 12,58-59: Saber sacar la lección para la vida. “ Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.» Uno de los puntos en que Jesús más insistía es la reconciliación. En aquella época había muchas tensiones y conflictos entre grupos radicales con tendencias diferentes, sin diálogo: zelotes, esenios, fariseos, saduceos, herodianos. Ninguno quería ceder ante el otro. Las palabras de Jesús sobre reconciliación pidiendo acogida y comprensión iluminan esta situación. Pues el único pecado que Dios no consigue perdonar es el que no perdonemos a los demás (Mt 6,14). Por esto, aconseja procurar la reconciliación antes de que sea demasiado tarde. Cuando llegue la hora del juicio, será demasiado tarde. Cuando tengamos tiempo, procuremos cambiar de vida, de comportamiento y de modo de pensar y procuremos acertar el paso (cf. Mt 5,25-26; Col 3,13; Ef 4,32; Mc 11,25).

4) Para la reflexión personal

● Leer los Signos de los Tiempos. Cuando escucho o leo las noticias en la tele o en los periódicos, tengo la preocupación de percibir las llamadas de Dios en estos hechos?
● Reconciliar es la petición en la que Jesús más insiste. ¿Cómo trato de colaborar en la reconciliación entre las personas, las razas, los pueblos, las tendencias?

5) Oración final

De Yahvé es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y cuantos lo habitan,
pues él lo fundó sobre los mares,
lo asentó sobre los ríos. (Sal 24,1-2)

Gaudete et exsultate (Francisco I)

119. No me refiero solo a las situaciones crudas de martirio, sino a las humillaciones cotidianas de aquellos que callan para salvar a su familia, o evitan hablar bien de sí mismos y prefieren exaltar a otros en lugar de gloriarse, eligen las tareas menos brillantes, e incluso a veces prefieren soportar algo injusto para ofrecerlo al Señor: «En cambio, que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios» (1 P 2,20). No es caminar con la cabeza baja, hablar poco o escapar de la sociedad. A veces, precisamente porque está liberado del egocentrismo, alguien puede atreverse a discutir amablemente, a reclamar justicia o a defender a los débiles ante los poderosos, aunque eso le traiga consecuencias negativas para su imagen.

Debemos esforzarnos para que nuestra fe nos permita ver la realidad con la luz de Dios

1.- Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: Jesús, ten compasión de mí… Jesús le dijo: ¿qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: anda tu fe te ha curado. Y, al momento, recobró la vista y le seguía por el camino. Fue la fe la que curó la ceguera del ciego Bartimeo. El ciego Bartimeo no sólo recobro la vista corporal, sino también la vista espiritual, animándole esta y dándole fuerzas para seguir a Jesús por el camino. Todos nosotros, los que nos llamamos cristianos, debemos pedir a Jesús que tenga compasión de nosotros y nos dé una fe fuerte para seguirle por nuestro camino hacia Dios. Es fácil ver la realidad con los ojos del cuerpo, pero no es fácil ver la auténtica realidad con los ojos del espíritu. Todos podemos ser espiritualmente ciegos, aunque tengamos muy buena vista corporal. La vista social de las cosas, incluso la vista científica de la realidad, nos pueden ocultar la auténtica realidad de Dios en nuestro mundo. Sí, aunque seamos personas muy enteradas de la realidad social, de la realidad política y hasta de la realidad científica, si no sabemos ver la realidad con los ojos de la fe podemos vivir espiritualmente tan ciegos como el ciego Bartimeo. No se trata de que nuestra fe nos invite a desconocer la realidad social, política, económica y científica, sino de que nuestra fe nos ayude a superar espiritualmente la fe sólo humana, demasiado humana. Para ser personas religiosas tenemos que ser personas con fe en Dios, una fe que nos da fuerzas para amar a Dios y buscarle siguiendo a su Hijo Jesucristo. La fe cristiana, sin anular, ni deformar la realidad social, política, económica y científica, debe auparnos hasta el amor de Dios y el seguimiento de su Hijo, haciendo de él nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Esto no es algo fácil, viviendo como vivimos en esta sociedad mayoritariamente agnóstica en la que vivimos. Por eso, todos los días debemos gritar interiormente con fuerza, como el ciego Bartimeo: Jesús, ten compasión de mí, haz que mi fe me permita ver espiritualmente la auténtica realidad de tu Padre Dios, y seguirte a ti por el camino de la vida.

2.- Así dice el Señor: Mirad que yo os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna… Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos. Este texto del profeta Jeremías habla de un pueblo –Israel- que vive en el destierro y ha perdido su esperanza de volver a su tierra como pueblo libre. El profeta les dice, en nombre de su Dios, que volverán a su pueblo entre consuelos, como personas libres. Muchos de nosotros podemos haber sufrido alguna vez en nuestra vida el desconsuelo y la desesperanza. Nos parece que hasta Dios mismo nos ha abandonado. Miremos en estos momentos de desconsuelo y desesperanza a nuestro Cristo perseguido, en el Huerto de los Olivos, exclamando abatido: si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, si no la tuya. Al final, Dios, su Padre, le resucitó y le dio la gloria para siempre. También nuestra fe debe darnos ánimos a nosotros, en los momentos malos, para creer con todas nuestras fuerzas que Dios está con nosotros y nos salvará. El desconsuelo y la desesperanza no deben tener nunca, en la vida de un cristiano, la última palabra.

3.- El sumo sacerdote puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. El autor de esta carta a los Hebreos se refiere, por supuesto, al sumo sacerdote judío, cuando entra en la parte más sagrada del templo –el Santo de los Santos- para pedir perdón por sus propios pecados y por los pecados del pueblo. Pues bien, todos los cristianos participamos, por el bautismo, del sacerdocio de Cristo y todos debemos pedir perdón a Dios por nuestros propios pecados y los pecados del pueblo. Lo debemos hacer a todas horas, pero de una manera especial en el sacrificio de la eucaristía. Que toda nuestra vida sea una petición al Señor para que nos haga santos, al estilo de su Hijo, sumo y eterno sacerdote. Así podremos cantar con el salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Gabriel González del Estal

La misa del Domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA:

Muy buenos días a todos: ¡sed bienvenidos a nuestra parroquia en el DIA DEL SEÑOR! Para nosotros supone, una gran alegría y un gran privilegio que, el Señor, nos pregunté un domingo y otro también: ¿qué quieres que haga por ti?

Demos gracias a Dios por esta Eucaristía. Es un gran regalo que, no todos, sabemos valorar lo suficiente.

Queremos dar gracias a Dios, además, por nuestra familia, por la fe, por la esperanza y porque, nuestros catequistas y sacerdotes, nos ayudan a ver las cosas como Dios quiere.

Iniciemos esta celebración con este canto y recibiendo al sacerdote poniéndonos de pie.

Canto: (Vienen con alegría/Ilumíname, Señor/ Hoy es fiesta)

 

2. PENITENCIAL

1. Por las veces en las que estamos demasiado ciegos con las cosas que son inútiles y, por el contrario, no valoramos otras más esenciales: SEÑOR TEN PIEDAD

2. Porque, otras veces, olvidamos que DIOS nos puede hacer muy felices y nos vamos por los caminos de la falsedad o de la mediocridad. CRISTO TEN PIEDAD

3. También pedimos perdón porque, a menudo, corremos detrás de lo que el mundo nos ofrece y no contemplamos la belleza que Jesús nos da: SEÑOR TEN PIEDAD

Canto: GLORIA A DIOS /Gloria a Ti por siempre/ Gloria y Alabanza

 

3. LECTURAS:

Jeremías 31,7-9

Hebreos 5,1-6

Marcos 10,46-52

 

4. PETICIONES

1. Tengamos un recuerdo especial por el Papa Francisco. Que nunca se canse de animar a la iglesia para que, los hombres, abran bien los ojos y puedan ver en los acontecimientos de la vida la presencia del Señor. Roguemos al Señor.

2. No olvidemos a todos los que componemos la catequesis de la parroquia; a nuestros catequistas; a nuestros sacerdotes. Pidamos para que nuestros padres nos enseñen también a ver con buenos ojos las enseñanzas de la Iglesia. Roguemos al Señor.

3. Pidamos a Jesús que, también nosotros, soltemos el manto del egoísmo, de la tristeza. Que demos un salto todos los domingos para que, al venir a misa, veamos lo que ocurre en el mundo de otra manera. Roguemos al Señor.

4. Oremos, también, por los ciegos. Por los que tienen tantos bienes materiales que olvidan y no ven los espirituales. Para que Dios les lleve por el camino de la luz verdadera. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

1. Queriendo simbolizar, nuestro deseo de ver y de seguir a Jesús, traemos hasta el altar estas GAFAS. Son las gafas de la fe; con ellas podemos ver el más allá; la vida que nos espera; el rostro de Jesús.

2. Con estas vendas queremos dar gracias a Jesús porque, EL, nos cura. Nos alegra cuando estamos tristes. Nos levanta cuando caemos. Nos alimenta en cada Eucaristía.

3. Finalmente, traemos la ofrenda que más gusta al Señor: el pan y el vino. Quiere representar el esfuerzo de nuestros padres, catequistas, amigos y sacerdotes para que descubramos el amor que Dios nos tiene.

 

6.- ORACIÓN FINAL

Señor, antes de marchar queremos decirte:
Enséñanos a mirar con amor (repiten todos)
Ayúdanos a buscarte cada día (todos)
Quítanos las telarañas de nuestros ojos (todos)
Danos lo que más necesitamos para seguirte (todos)
Gracias, Señor, por la Eucaristía (todos)
Gracias, Señor, por tu Palabra (todos)
Gracias, Señor, por tu presencia (todos)
Gracias, Señor, por habernos curado (todos)

 

8.- NOTAS:

1. Se puede representar, perfectamente, el evangelio de este día con los niños/as.

2. Otra forma, de hacerles entender el evangelio, es poner a un niño/a mirando a las cosas del mundo (dinero, imágenes, juegos, etc) y, luego, a otro mirando simplemente a la cruz: hay que ver al Señor por encima de todo lo material.

Enciéndenos la luz (Oración)

ENCIÉNDENOS LA LUZ

Al comenzar la oración mira alrededor. Fíjate en lo que te rodea. A lo mejor es tu habitación o tu clase u otro lugar. Fíjate en las personas que están ahí, en los colores, en las formas. Y ahora, cierra los ojos. ¡Qué diferencia más grande hay entre ver y no ver! ¿Te imaginas no poder ver nunca? Tendrías que aprender a mirar de otra manera. Con el tacto, con el oído, con el olfato. A veces podemos estar ciegos y necesitamos que Jesús nos enseñe a ver. Es lo que le pasó al hombre del evangelio de hoy.

El texto es una adaptación de Mc 10, 46-52:

Había un hombre ciego que se llamaba Bartimeo. Estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Cuando oyó que pasaba Jesús se puso a gritar: “Jesús, ten compasión de mí”. La gente le mandaba callarse. Porque en aquel tiempo se pensaba que la enfermedad era como un castigo de Dios, y por eso los enfermos eran muy mal mirados. Pero él, confiando en Jesús, gritaba más alto. “Jesús, amigo, ayúdame”. Cuando Jesús oyó sus gritos se detuvo y dijo: “Llamadlo”. Entonces trajeron al ciego Bartimeo a donde estaba él. Jesús le preguntó: “¿Qué puedo hacer por ti?” Él contestó: “Maestro, haz que vea”. Jesús le dijo: “Tu fe te ha curado”. Y de golpe fue como si se encendiera la luz después de muchos años de oscuridad, empezó a ver. Se puso muy feliz. Y seguía a Jesús por el camino.

Jesús, amigo, ayúdame. Son solo tres palabras, pero expresan todo. Yo también pido ayuda a veces, a mis padres con las tareas, a los amigos, a los profesores… Y al mismo Jesús le puedo pedir que me ayude. Pienso si me puede ayudar en algo y se lo digo.

Ahora imagino que Jesús me dice: ¿qué puedo hacer por ti? Y yo le contesto, Maestro enciéndeme la luz para que aprenda a ver las cosas como tú. Que vea la bondad de las personas, que vea la tristeza para aprender a curarla. Que vea el mundo tan bonito como tú lo sueñas y me imagino que Jesús me toca los ojos y él me dice, quiero que veas. Quiero que tengas luz y voz y amor.

Tu LUZ nos hace ver la Luz
Tu LUZ nos hace ver la Luz
Tu LUZ nos hace ver la Luz
Tu LUZ nos hace ver la Luz

Tu AMOR nos hace ver Amor
Tu AMOR nos hace ver Amor
Tu AMOR nos hace ver Amor
Tu AMOR nos hace ver Amor

Tu VOZ nos hace alzar la Voz
Tu VOZ nos hace alzar la Voz
Tu VOZ nos hace alzar la Voz
Tu VOZ nos hace alzar la Voz

Tu luz interpretado por Beatriz Grifol, «Con la música a otra parte».

Hay muchas cosas que ver. Y a veces estamos ciegos, por eso Jesús te pido: Enciéndenos la luz.

Para ver a los que necesitan ayuda: enciéndenos la luz.
Para fijarnos en los más pequeños, en los más pobres, en los más sencillos: enciéndenos la luz.
Para aprender a descubrir el amor y la generosidad: enciéndenos la luz.
Para que nos acordemos de ser agradecidos: enciéndenos la luz.

 

Padre nuestro,

que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.
Amén.

Comentario al evangelio – 26 de octubre

Jesús se queja de que sus contemporáneos saben interpretar muy bien el tiempo atmosférico, pero no son capaces de descubrir los signos del Reino en medio del tiempo histórico que viven: tienen al Mesías que les comunica la buena nueva y realiza signos, pero están cerrados y siguen esperándolo como si no estuviese ya entre ellos.

No son capaces de acoger el tiempo de gracia y de reconciliación que les ofrece mientras van de camino. Nos puede pasar la mismo a nosotros; es verdad que, por vivir en la ciudad, puede que ya no seamos tan expertos en escudriñar las señales atmosféricas, pero sí sabemos informarnos de ellas muy bien a través de los medios modernos. Somos expertos en muchas otras cosas, como en las tablas de resultados deportivos, en las novedades literarias y musicales y, sobre todo, en el avance de las nuevas tecnologías, pero quizá sólo estamos acumulando información o esclavizándonos de las técnicas. A lo mejor tampoco nosotros estamos leyendo con profundidad de fe el sentido del momento histórico que vivimos.

La creciente falta de trabajo, la pérdida de viviendas, la disminución del poder adquisitivo, los reajustes sociales… ¿Son signos de qué? ¿Cómo leemos este duro y convulsionado momento social que nos toca vivir? ¿Bastará con decir que se trata de una crisis mundial que ya pasará, como han pasado otras? ¿No será una llamada a pensar a fondo en las causas que nos han traído hasta este punto: un estilo de vida social inconsciente y despilfarrador, que no era sostenible, y un modelo de sistema económico que cada vez deja a más personas al margen? Para un cristiano no basta con pensar que este fuerte chaparrón ya pasará y que mientras tanto sólo debe protegerse de la mejor manera posible, necesita leer este “kayros” histórico en clave de fe: escuchar al Señor que nos vuelve a recordar las bienaventuranzas y nos enseña a vivir de otro modo: una vida pobre que renuncia a los excesos y sabe de austeridad, esfuerzo, solidaridad, respeto, transparencia y creatividad. Llama la atención el papel que Cáritas está teniendo en este momento social; los cristianos no podemos quedarnos quietos ante el sufrimiento de tantos hermanos, es un signo que nos invita a descubrir las llamadas actuales de Jesús. En realidad, la historia social y nuestras propias historias están cargadas de muchos signos claros de la presencia del Reino, que nos invitan a despertar y a comprometernos.

Carlos Sánchez Miranda, cmf

Viernes XXIX de Tiempo Ordinario

Hoy es 26 de octubre, viernes de la XXIX semana de Tiempo Ordinario.

Ha llegado el momento. Ese de tratar de buscar calma. Pero una calma activa, la calma que apaga los ruidos de fuera y me deja concentrarme en estar contigo, Señor. Me preparo para escuchar lo que me quieres decir. Sé que tú regarás mi vida para que sea fértil, si es que me dejo empapar de tu palabra.

La lectura de hoy es de la carta de Pablo a los Efesios (Ef 4, 1-6):

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Hoy es uno de esos días, en que el texto es muy cercano. Lejos de hablar de un amor idealizado, de cuentos infantiles, me habla de sobrellevarse. Me habla de que las relaciones con los demás no son fáciles. De hecho, este puede ser un buen momento para poner en manos del Señor algunas de esas relaciones difíciles con las que tengo que lidiar a menudo y que a veces me desilusionan o disgustan.

La lectura de hoy habla de vocación. Cada uno tiene la suya, yo tengo la mía. Puede ser a nivel profesional o personal. Desde la vida religiosa hasta el matrimonio como vocación. Desde la vida independiente a la vida en comunidad. Con humildad se me invita a abrirme a lo que Dios me convoca. A mirarlo cara a cara o a revisar mi vocación.

Humildad, amabilidad y comprensión, aceptas en mi vida a cultivar y a cuidar cada día. Hacerlas más presentes me ayudará a ir sintiendo la paz de Dios más cierta y más real. Puedo repetirlas lentamente durante unos instantes para buscarles un hueco en mi interior. Humildad, amabilidad, comprensión.

Aún con todas las ganas del mundo, hay momentos en que me cuesta mantenerme firme en estos propósitos. Ahí es donde realmente entra en juego la comunidad, apoyarme en otros me ayuda mucho.

El Señor sabe que cuando se trata de temas importantes que tocan partes esenciales de mi vida, surgen mis miedos, mis dudas, mis dificultades. Es momento de compartirlas con él, de mostrárselas y ponerlas en sus manos.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.