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Archive for 1/11/18

TODOS LOS SANTOS. (SOLEMNIDAD)

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: PATRIARCAS QUE FUISTEIS LA SEMILLA.

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, santos Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del ejército de Cristo,
santas y santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a aquel que vive y reina entre vosotros. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, de pie delante del trono.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, de pie delante del trono.

Ant 2. Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí; por eso recibirán de mano del Señor la corona real del honor.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí; por eso recibirán de mano del Señor la corona real del honor.

Ant 3. Por tu sangre, Señor Dios, compraste hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por tu sangre, Señor Dios, compraste hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino.

LECTURA BREVE   2Co 6, 16b; 7,1

Nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios: «Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.» Así, pues, hermanos, estando en posesión de estas promesas, purifiquémonos de toda mancha de cuerpo y espíritu, y vayamos realizando el ideal de la santidad en el temor de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Santos y justos, alegraos en el Señor.
R. Santos y justos, alegraos en el Señor.

V. Dios os eligió como herencia suya.
R. Alegraos en el Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Santos y justos, alegraos en el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Cuán glorioso es el reino en el que todos los santos gozan con Cristo!; vestidos de túnicas blancas, siguen siempre al Cordero.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Cuán glorioso es el reino en el que todos los santos gozan con Cristo!; vestidos de túnicas blancas, siguen siempre al Cordero.

PRECES

Acudamos, alegres, a nuestro Dios, corona de todos los santos, y digámosle:

Por intercesión de todos los santos, sálvanos, Señor.

Dios nuestro, fuente y origen de toda sabiduría, que por tu Hijo Jesucristo has hecho de los apóstoles fundamento de la Iglesia,
concédenos ser totalmente fieles a la fe que ellos enseñaron.

Tú que otorgaste a los mártires fortaleza para dar testimonio de ti hasta derramar su sangre,
concede a todos los cristianos ser fieles testigos de tu Hijo.

Tú que concediste a las vírgenes el don insigne de imitar a Cristo en su virginidad,
haz que sepamos ver siempre su virginidad consagrada como un signo del reino futuro.

Tú que has manifestado en los santos tu presencia, tu grandeza y tu perfección,
haz que los fieles, al venerarlos, se sientan unidos a ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede, Señor, a todos los difuntos gozar siempre de la compañía de María, de san José y de todos los santos,
y, por su intercesión, dales parte en la alegría de tu reino.

Con el gozo que nos da sabernos miembros de la gran familia de los santos, digamos al Padre de todos:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Jueves, 1 Noviembre, 2018

Las Bienaventuranzas

Mateo 5,1-12 

1. Escucha del texto

a) Oración inicial:

¡Oh, Señor!, buscar tu Palabra, que nos lleva al encuentro con Cristo, es todo el sentido de nuestra vida. Haznos capaces de acoger la novedad del evangelio de las Bienaventuranzas, que así es como mi vida puede cambiar. De ti, Señor, no podría saber nada, si no existiese la luz de la Palabra de tu Hijo Jesús, venido, para “contarnos” tus maravillas. Cuando soy débil, apoyándome en Él, Verbo de Dios , me hago fuerte. Cuando me comporto como un ignorante, la sabiduría de su evangelio me restituye el gusto de Dios, la suavidad de su amor. Y me guía por los senderos de la vida. Cuando aparece en mí cualquier deformidad, reflexionando en su Palabra, la imagen de mi personalidad se hace bella. Cuando la soledad me tienta para dejarme sin vigor, uniéndome a Él en matrimonio espiritual mi vida llega a ser fecunda. Y cuando me hallo en cualquier tristeza o infelicidad, el pensar en Él como mMatthew 5:1-12i único bien, me abre el sentido del gozo. Un texto que resume fuertemente el deseo de la santidad, como búsqueda intensa de Dios y escucha de los hermanos, es el de Teresa del Niño Jesús: “Si tú eres nada, no olvides que Jesús lo es todo. Debes por tanto perder tu poca nada, en su infinito todo y no pensar nada más que en este todo totalmente amable…” (Cartas, 87, a María Guerin)

b) Lectura del evangelio:

1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. 2 Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
3 «Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán en herencia la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11 Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. 12Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

c) Momentos de silencio orante:

Para ser alcanzados por la Palabra de Cristo y para que la Palabra, hecha carne, que es Cristo, pueda habitar en nuestros corazones y nos podamos unir a ella, es necesario que se haya escuchado en silencio profundo. Sólo en los corazones silenciosos la Palabra de Dios puede nacer también en esta Solemnidad de los Santos y, también hoy, tomar carne.

2. La Palabra se ilumina (lectio)

a) Contexto:

La Palabra de Jesús sobre las Bienaventuranzas que Mateo recoge de sus fuentes, estaba condensada en breves y aisladas frases y el evangelista las ha colocado dentro de un discurso de más amplio respiro; es lo que los peritos de la Biblia llaman “ discurso de la montaña” (capítulos 5-7). Tal discurso viene considerado como elEstatuto o la Carta Magna que Jesús ha confiado a su comunidad como palabra normativa y vinculante para definirse cristiana.

Los varios temas de la palabra de Jesús contenidos en este largo discurso no son una suma o aglomerado de exhortaciones, sino más bien indican con claridad y radicalidad cual debe ser la nueva actitud que hay que tener con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Algunas expresiones de esta enseñanza de Jesús pueden aparecer exageradas, pero son utilizadas para dar una imagen más viva de la realidad y por tanto realista en el contenido, aunque no en la forma literaria: por ejemplo en los vv. 29-30: “Si tu ojo derecho te es ocasión de escándalo, sácatelo y arrójalo fuera de ti: es mejor que perezca uno de tus miembros, que todo el cuerpo sea arrojado a la Gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de escándalo, córtatela y arrójala lejos de ti; es mejor que perezca uno de tus miembros, que todo el cuerpo termine en la Gehenna”. Tal modo de expresarse es para indicar el efecto que se quiere crear en el lector, el cual debe entender rectamente la palabra de Jesús para no trastocar el sentido.

Nuestra atención por exigencias litúrgicas se detiene en la primera parte del “discurso de la montaña”, aquella precisamente que se abre con la proclamación de las bienaventuranzas (Mt 5,1-12)

b) Algunos particulares:

Mateo prepara al lector a escuchar las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús con una rica concentración de detalles particulares. Ante todo se indica el lugar en el cual Jesús pronuncia su discurso: “Jesús subió al monte” (5,1). Por este motivo los exegetas lo definen como el “sermón del monte” a diferencia de Lucas que lo inserta en el contexto de un lugar llano (Lc 6,20-26). La indicación geográfica “del monte” podría aludir veladamente a un episodio del AT muy semejante al nuestro: es cuando Moisés promulga el decálogo sobre el Monte Sinaí. No se excluye que Mateo intente presentar la figura Jesús, nuevo Moisés, que promulga la ley nueva.

Otro particular que nos llama la atención es la posición física con la que Jesús pronuncia sus palabras: “se sentó”. Tal postura confiere a su persona una nota de autoridad en el momento de legislar. Lo rodean los discípulos y las “muchedumbres”: este particular intenta demostrar que Jesús al pronunciar tales palabras se ha dirigido a todos y que se deben considerar actuales para todo el que escucha. Hay que notar que el discurso de Jesús no presenta detalles de formas de vida imposibles, o que están dirigidas a un grupo de personas especiales o particulares, ni intenta fundar una ética exclusivamente para el interior. Las exigentes propuestas de Jesús son concretas, comprometidas y decididamente radicales.

Alguien ha estigmatizado así el discurso de Jesús: “Para mí, el texto más importante de la historia humana. Se dirige a todos, creyentes o no, y permanece después de veinte siglos, como la única luz que brilla todavía en las tinieblas de la violencia, del miedo, de la soledad en la que ha sido arrojado el Occidente por su propio orgullo y egoísmo” (Gilbert Cesbron)

El término “beati” (en griego makarioi) en nuestro contexto no expresa un leguaje “plano” sino un verdadero y preciso grito de felicidad, difundidísimo en el mundo de la Biblia. En el AT, por ejemplo, se definen personas “felices” a aquellos que viven las indicaciones de la Sabiduría (Sir 25,7-10). El orante de los Salmos define “feliz” a quien teme, o más precisamente , a quien ama al Señor, expresándolo en la observancia de las indicaciones contenidas en la Palabra de Dios (Sal 1,1; 128,1).

La originalidad de Mateo consiste en la unión de una frase secundaria que especifica cada bienaventuranza: por ejemplo, la afirmación principal “bienaventurados los pobres de espíritu” se ilustra con una frase añadida “porque de ellos es el reino de los cielos”. Otra diferencia respecto al AT: la de Jesús anuncian una felicidad que salva en el presente y sin limitaciones. Además, para Jesús, todos pueden acceder a la felicidad, a condición de que se esté unido a Él.

c) Las tres primeras bienaventuranzas

i) El primer grito va dirigido a los pobres: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. El lector queda desorientado: ¿cómo es posible que los pobres puedan ser felices? El pobre en la Biblia es aquel que se vacía de si mismo y sobre todo renuncia a la presunción de construir su presente y futuro de modo autónomo, para dejar, por el contrario, más espacio y atención al proyecto de Dios y a su Palabra. El pobre, siempre en sentido bíblico, no es un hombre cerrado en sí mismo, miserable, sino que nutre una apertura a Dios y a los demás. Dios representa toda su riqueza. Podríamos decir con Santa Teresa de Ávila: felices son los que hacen la experiencia del “¡Sólo Dios basta!”, en el sentido de que son ricos de Dios. 
Un gran autor espiritual de nuestro tiempo ha descrito así el sentido verdadero de la pobreza: “ Hasta que el hombre no vacía su corazón, Dios no puede rellenarlo de sí. En cuanto y en la medida que de todo vacíe su corazón, el Señor lo llena. La pobreza es el vacío, no sólo en lo referente al futuro, sino también en lo que se refiere al pasado. Ningún lamento o recuerdo, ninguna ansia o deseo. Dios no está en el pasado. Dios no está en el futuro. ¡Él es la presencia! Deja a Dios tu pasado, deja a Dios tu futuro. Tu pobreza es vivir en el acto que vives, la presencia pura de Dios que es la Eternidad” (Divo Barsotti) 
Es la primera bienaventuranza, no sólo porque da inicio a la serie, sino porque parece condensar las variedades específicas de las otras.

ii) ”Bienaventurados los mansos porque poseerán la tierra”. La segunda bienaventuranza se refiere a la mansedumbre. Una actitud, hoy, poco popular. Incluso para muchos tiene una connotación negativa y se entiende como debilidad o por aquella imperturbabilidad de quien sabe controlar por cálculo la propia emotividad. ¿Cuál es el significado de “mansos” en la Biblia? Los mansos se perfilan como personas que gozan de una gran paz (Salmo 37,10), son considerados como felices, benditos, amados por Dios. Y al mismo tiempo son contrapuestos a los malvados, impíos, a los pecadores. De aquí que el AT presenta una riqueza de significados que no nos permiten una definición unívoca.
En el NT el primer texto que encontramos es Mt 11,29: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Un segundo texto está en Mt 21,5. Mateo cuando quiere narrar la entrada de Jesús en Jerusalén, cita la profecía de Zacarías 9,9: “He aquí que tu siervo viene a ti manso” En verdad, el evangelio de Mateo pudiera ser definido el evangelio de la mansedumbre.
También Pablo recuerda la mansedumbre como una actitud específica del ser cristiano. En 2 Corintios 10,1 exhorta a los creyentes “por la benignidad y mansedumbre de Cristo”. En Gálatas 5,22 la mansedumbre es considerada un fruto del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes y consiste en ser mansos, moderados, lentos para herir, dulces, pacientes con los demás. Y todavía en Efesios 4,32 y Colosenses 3,12 la mansedumbre es un comportamiento que deriva de ser cristiano y es una señal que caracteriza al hombre nuevo de Cristo.
Y finalmente, una indicación elocuente nos viene de la 1 Pedro 3,3-4: “ Vuestro ornato no ha de ser el exterior, cabellos rizados, ataviados con collares de oro o la compostura de los vestidos, tratad más bien de adornar el interior de vuestro corazón con un espíritu incorruptible lleno de mansedumbre y de paz que es lo precioso delante de Dios”.
En el discurso de Jesús ¿qué significado tiene el término “mansos”? Verdaderamente iluminadora es la definición del hombre manso que nos ofrece el Card. Carlo Maria Martín: “ El hombre manso según las bienaventuranzas es aquel que, a pesar del ardor de sus sentimientos, permanece dúctil y libre, no posesivo, internamente libre, siempre sumamente respetuoso del misterio de la libertad, imitador en esto de Dios, que hace todo en el sumo respeto por el hombre, y mueve al hombre a la obediencia y al amor sin usar jamás la violencia. La mansedumbre se opone así a toda forma de prepotencia material y moral, es la victoria de la paz sobre la guerra, del diálogo sobre el atropello”.
A esta sabia interpretación se añade la de otro ilustre exegeta: “La mansedumbre de la que habla las bienaventuranzas no es otra cosa que aquel aspecto de humildad que se manifiesta en la afabilidad puesta en acto en las relaciones con el prójimo. Tal mansedumbre encuentra su ilustración y su perfecto modelo en la persona de Jesús, manso y humilde de corazón. En el fondo nos aparece como una forma de caridad, paciente y delicadamente atenta para con los demás”. (Jacques Dupont)

iii) “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”.Se puede llorar por un gran dolor o sufrimiento. Tal estado de ánimo subraya que se trata de una situación grave, aunque no se indiquen los motivos para identificar la causa. Queriendo identificar hoy la identidad de estos “afligidos” se podría pensar en todos los cristianos que desean con vehemencia la llegada del Reino y sufren por tantas cosas negativas en la Iglesia; al contrario de preocuparse de la santidad, la Iglesia presenta divisiones y heridas. Pueden ser también aquellos que están afligidos por sus propios pecados e inconsistencias y que, en algún modo, vuelven al camino de la conversión. A estas personas sólo Dios puede llevarles la novedad de la “consolación”.

3. La palabra me ilumina (para meditar)

a) ¿Sé aceptar aquellos pequeños signos de pobreza que a mí me suceden? Por ejemplo, ¿ la pobreza de la salud, las pequeñas indisposiciones? ¿Tengo grandes pretensiones?
b) ¿Sé aceptar cualquier aspecto de mi pobreza y fragilidad?
c) ¿Sé rezar como un pobre, como uno que pide con humildad la gracia de Dios, su perdón, su misericordia?
d) Inspirado por el mensaje de Jesús sobre la mansedumbre ¿sé renunciar a la violencia, a la venganza, al espíritu de revancha?
e) ¿Sé cultivar, en familia y en mi puesto de trabajo, un espíritu de dulzura, de mansedumbre y de paz?
f) ¿Respondo con el mal a las pequeñas ofensas, a las insinuaciones, a las alusiones ofensivas?
g) ¿Sé estar atento con los débiles, que son incapaces de defenderse? ¿Soy paciente con los ancianos? ¿Acogedor con los extranjeros, los cuales a menudo son explotados en su trabajo?

4. Para orar

a) Salmo 23:

El salmo parece rotar en torno a un título “El Señor es mi pastor”. Los santos son imágenes del rebaño en camino: ellos están acompañados por la bondad de Dios, hasta que lleguen definitivamente a la casa del Padre (P. Alonso Schökel, Los salmos de la confianza, Dehoniana libri, Bolonia 2006, 54)

Yahvé es mi pastor, nada me falta.

En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.
Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.

Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.

Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.

b) Oración final:

Señor Jesús, tú nos indica la senda de las bienaventuranzas para llegar a aquella felicidad que es plenitud de vida y de santidad. Todos estamos llamados a la santidad, pero el tesoro para los santos es sólo Dios. Tu Palabra Señor, llama santos a todos aquellos que en el bautismo han sido escogidos por tu amor de Padre, para ser conformes a Cristo. Haz, Señor, que por tu gracia sepamos realizar esta conformidad con Cristo Jesús. Te damos gracias, Señor, por tus santos que has puesto en nuestro camino, manifestación de tu amor. Te pedimos perdón porque hemos desfigurados en nosotros tu rostro y renegado nuestra llamada a ser santos.

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53.- “El designio divino de la revelación se realiza a la vez “mediante acciones y palabras”, íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente (DV 2). Este designio comporta una “pedagogía divina” particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.

Luego viene una cita de san Ireneo que luego leeremos. Afirmaciones principales de este punto. El hecho de que Dios se revela, no sólo con palabras sino con obras y acciones. Se refiere a que también los profetas, también el pueblo de Dios, de Israel, por ejemplo fue liberado, por poner un ejemplo entre tantas cosas, fue liberado de la esclavitud de los egipcios, etc. Hay no sólo palabras sino también hay acciones, mediante las cuales Dios se va revelando, Dios se va descubriendo. Y el mismo Jesucristo, plenitud de la revelación no sólo utiliza palabras, también utiliza signos. Sus milagros son signos que permiten revelarse a Dios. De hecho él dice en un momento determinado, sino me creéis a mí, creed a mis obras. Las obras que realiza, los signos, son también una manera de hablar, de hablarnos.

Es por lo tanto una revelación muy adaptada a nuestras entendederas, a nuestra capacidad de entender. Nosotros no sólo somos hombres racionales de palabra, no, también nos comunicamos por gestos y es más, muchas veces los gestos nos dan más garantía que las palabras. La mayor prueba no suele ser la palabra, la mayor prueba suele ser la entrega por amor. Por eso la cruz es el culmen de la revelación, porque ver la cruz y ver que Cristo muere en ella. Eso no es una palabra, eso es la demostración del amor de Dios. Se revela, esto se ha tomado de la Dei Verbum, otra vez, mediante acciones y mediante palabras. Para apoyarlo y para subrayarlo se recurre al punto 1950, en donde se dice que hay una pedagogía. “La ley moral es obra de la Sabiduría divina.Es una pedagogía de Dios. Prescribe al hombre los caminos, las reglas de conducta que llevan a la bienaventuranza prometida; proscribe los caminos del mal que apartan de Dios y de su amor. Es a la vez firme en sus preceptos y amable en sus promesas.”Firme en sus preceptos, amable en sus promesas. O sea, que también en la ley moral hay una pedagogía. Mira te acompaño para que tu pie no tropiece en el camino. Si te prohíbo algo te lo prohíbo por tu bien, si te animo a caminar por aquí, por esta senda estrecha, sé que es por tu bien. Es decir, hay un caminar de Dios junto a nosotros que es pedagogía divina. Pedagogía divina, dice aquí.

Y luego también habla del tema de la gradualidad de la revelación. ¿A qué se refiere lo de la gradualidad de la revelación? Pues se refiere a que Dios no se puede comunicar de una manera pedagógica si al hombre que está muy embrutecido, al hombre que necesita una purificación muy importante, directamente le descubre el misterio de Dios. No sería capaz. Tiene que irlo preparando pedagógicamente. Por eso todo el antiguo testamento es una pedagogía para prepararnos a la llegada de Jesucristo. Y recuerdo que más de una vez algún oyente ha hecho preguntas del estilo de: ¿Y cómo se entiende eso de que en el Antiguo Testamento se predicase ojo por ojo y diente por diente? Bueno porque era necesario, primeramente, frenar las venganzas desproporcionadas que existían, que estaban totalmente introducidas y como si fuesen la forma normal de proceder y entonces el precepto del Antiguo Testamento, ojo por ojo y diente por diente, era una manera ya de avanzar. Si alguien te ha sacado un ojo, tú sácale únicamente un ojo, pero no te pases más. Fue un avance. Ahora viene Jesús y deroga ojo por ojo y diente por diente, y dice y al que te ha pegado en la mejilla, ponle la otra. Hay un avance. Y a veces también ha habido preguntas del estilo ¿cómo se explica la utilización de la violencia para liberar a Israel? Porque el ejército egipcio cayó, fue aplastado, fue ahogado, pereció en el mar Rojo y entonces parece, cuando uno lee eso, parece que Dios utiliza la violencia. Mire usted, que Dios también se ha adaptado a nuestras entendederas, porque en su revelación hasta que finalmente Jesucristo, llegó a decirle a Pedro: Pedro guarda tu espada. No sabes tú que mi Padre podía haberme enviado una legión de ángeles. Hasta la plenitud de la revelación en Jesucristo ha habido revelación imperfecta. La revelación perfecta es la de Jesucristo. Ese es el culmen de la revelación.

Esta pedagogía, este crecimiento, a otro nivel también lo vivimos en el nivel subjetivo. Porque Dios objetivamente poco a poco se ha ido revelando más. Pero también subjetivamente nos ocurre lo mismo que posiblemente en un primer momento de nuestra vida estamos abiertos a la revelación de Dios, pero la entendemos todavía mezclada con muchos criterios humanos nuestros. Un poco la hacemos a nuestra imagen y semejanza, la hacemos muy carnal. La revelación espiritual de Dios la hacemos muy carnal y según nosotros nos vamos purificando, según nosotros nos vamos desprendiendo del hombre viejo, que dice san Pablo, y vamos siendo criaturas nuevas en Cristo, entonces la revelación cada vez la vamos entendiendo de una manera más sencilla. Y dice uno, fíjate este texto de la palabra de Dios lo que me dice y cuántas veces lo he escuchado yo y no me he abierto a la comprensión más profunda que hoy de repente entiendo, porque yo me voy abriendo a la revelación de una manera pedagógica, cada vez más, poco a poco. Es un ir creciendo en eso. Dios tiene paciencia para que vayamos creciendo. También nosotros tenemos que tener paciencia para ir creciendo, pero paciencia y perseverancia. Yo digo que la paciencia, para que no sea pereza, tiene que ser paciencia perseverante.

Se nos ofrece ahora un texto de san Ireneo que dice lo siguiente:San Ireneo de Lyon habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la imagen de un mutuo acostumbrarse entre Dios y el hombre: “El Verbo de Dios […] ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según la voluntad del Padre” (Adversus haereses, 3,20,2; cf. por ejemplo, Ibid., 3, 17,1; Ibíd., 4,12,4; Ibíd.,4, 21,3).”

Fijaros que san Ireneo de Lyon es un autor del siglo II. Por lo tanto, además un discípulo de la escuela de Juan, quiere decir que tiene su testimonio su comprensión del evangelio, tiene una gran importancia para nosotros. Repito su frase: “El Verbo de Dios […] ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según la voluntad del Padre”. En esa pedagogía divina, en ese ir poco a poco dándose, san Ireneo lo dice como un irse acostumbrando. Irse acostumbrando. Claro que sabéis ese famoso refrán que dice:el roce hace el amor. No se puede aplicar eso en el mismo nivel a Dios y a nosotros, porque está claro que Dios no necesita de esa pedagogía de ir poco a poco para amarnos. Eso se lo aplicamos a Dios en un sentido simbólico. Ya sabemos que Dios no necesita ir creciendo ni necesita ir poco a poco purificándose para acostumbrarse a estar con nosotros. Dios es perfecto, Dios es infinito y por lo tanto en su designio y en su capacidad de amarnos puede hacerlo plenamente y de hecho lo hace plenamente desde el primer momento. Pero claro es verdad que nosotros sí que tenemos que acostumbrarnos a estar con él. El roce hace el amor. En ese sentido eso sí se puede aplicar ese principio del roce hace el amor a nosotros que necesitamos acostumbrarnos a estar con él. Si me permitís un ejemplo, cuando uno va a hacer ejercicios espirituales, pues suele ocurrir que al principio, en las primeras meditaciones, no es tan fácil entrar de golpe en los ejercicios porque uno tiene en su memoria muchos recuerdos, muchas cosas, de las que no termina un poco de deshacerse. Entonces necesita como, dependiendo de cada uno, una, dos, tres, cuatro meditaciones para meterse a tope en los ejercicios, para no distraerse, para disfrutar de las charlas, para disfrutar de la meditación. Es un poco como la ley del embudo. La ley del embudo que hace que tú le metes, quieres introducir desde una garrafa a una botella el agua o el vino que hay y entonces es difícil que entre directamente que entre desde la garrafa que tiene mucha más anchura a la botella que es mucho más estrecha de golpe. Difícilmente va a entrar. Se va a derramar mucho fuera. Entonces qué se hace, se pone un embudo. Se pone un embudo, que aunque no entre directamente, va dando vueltas ahí en el embudo y poco a poco va entrando. Bueno, pues como siempre os digo los ejemplos, ejemplos son. Pero ese es el principio de la paciencia divina. El roce hace al amor y nosotros necesitamos el acostumbrarnos a estar con Dios. Os he puesto el ejemplo de los ejercicios espirituales, que uno necesita desapegarse de las preocupaciones que tiene, acostumbrarse al silencio para estar con Dios. Mientras tanto el agua de la garrafa no entra directa a la botella, pero está en el embudo. Lo importante es que esté en el embudo, vaya dando vueltas y entre en nosotros. El roce hace que la revelación de Dios tiene que ser paulatina. No por Dios, por nosotros. Porque Dios lo podría hacer todo de un golpe, pero nosotros necesitamos la ley de la gradualidad. La necesitamos. Para ir creciendo, para ir madurando, para ir purificándonos. Porque tenemos la ley del crecimiento humano inscrita en nuestra naturaleza.

Y por último hemos dejado sin comentar el punto 1953, al que brevemente también se nos remite para completar esta explicación. Allí decía: “La ley moral tiene en Cristo su plenitud y su unidad. Jesucristo es en persona el camino de la perfección. Es el fin de la Ley, porque sólo Él enseña y da la justicia de Dios: “Porque el fin de la ley es Cristo para justificación de todo creyente” (Rm 10, 4).”Después de haber hablado del crecimiento progresivo de la revelación, al final terminamos hablando de Jesucristo, el alfa y el omega, el principio y el fin. Por él se hizo todo cuanto se ha hecho y además vamos caminando hacia él. Somos cristocéntricos. Al final todo tiene como culmen a Jesucristo, plenitud del hombre, plenitud de la creación. A él le llamamos rey del universo, rey del cielo y de la tierra. Creo que es muy hermoso que invoquemos a Cristo como la plenitud de la revelación. Acordaros también de ese pasaje impresionante del apocalipsis en el que se hablaba de que el libro de la vida está cerrado y Juan, san Juan en aquella visión que tuvo lloraba, porque no se había encontrado a nadie capaz de abrir el libro de la vida. Y él lloraba hasta que de repente vio al cordero degollado que se acercaba, imagen de Cristo y él fue capaz de abrir el libro de la vida en el que, por la gracia y por la sangre de Cristo, está escrito nuestro nombre. Cristo pues plenitud de la revelación.

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Para alcanzar el silencio interior, el recogimiento, «debemos, en primer lugar, evitar todo lo que hace apelación a nuestro afán de sensacionalismo. Debemos guardarnos de ceder a la curiosidad y de llenar nuestro espíritu de cosas inútiles» (D. von Hildebrand, p. 99).
En una sociedad hipersensible, no es fácil acallar la curiosidad. Santo Tomás distinguía la curiosidad buena, que hace referencia a la inteligencia práctica y es común a hombres y animales, de esa otra que venimos hablando: la dispersión de los sentidos, susceptibles a todo estímulo exterior.
Cuando uno se desparrama en la curiosidad, acaba abandonándose tras el estímulo. Algo huele bien, y giro la cabeza. Veo una cosa llamativa, y soy incapaz de no hacerlo patente. Escucho un comentario, y es imposible pensar en dejarlo en paso. Puesto el estímulo, inmediata es la respuesta. Como si no existiera razón alguna que medie entre el estímulo y su respuesta.
Esta mala curiosidad, como mínimo, daña la concentración. Santo Tomás añade que esa mala curiosidad puede inducir al pecado, y esto no es nota menor. El hombre de vista dispersa caerá con facilidad en malos pensamientos y quizá le alcance la lujuria; la mujer de oído pronto a los dimes y diretes se verá envuelta sin mucho esfuerzo en comentarios inútiles o en murmuración (cfr. S. Th., II-II, q. 167, a. 2, resp.).
Alcanzar el dominio de la curiosidad es muy difícil cuando se mira el móvil —de media— ciento cincuenta veces al día. Cada seis minutos. Eso decían las estadísticas. Asimismo, es tarea imposible cuando el tiempo libre se emplea para navegar en los perfiles sociales de otras personas, o en los traps —limpios o sucios– de personalidades públicas. Gran parte de la comunicación por radio, televisión y móviles tiene por objetivo este desparrame en lo periférico, conscientes de que el hombre inquieto es el hombre que más consume. Soluciones periféricas para una vida periférica.
Junto a la curiosidad, es enemigo del recogimiento hablar en exceso. «Incluso el hablar en sí, cuando se prolonga en exceso, obstaculiza nuestro recogimiento, incluso si se trata de coloquios sobre temas profundos« (D. von Hildebrand, p. 100). Estar en silencio es algo fundamentalmente pasivo. Solo en el silencio se puede escuchar el vibrar de la mejor cuerda del mejor violín. Lo más excelso puede pasar inadvertido cuando hay ausencia de silencio. Quien habla mucho, quien escribe mucho en su dispositivo móvil, quien está pegado a su tablet, tendrá dificultad en llegar a la pasividad necesaria para que las experiencias vibren dentro de sí y echen raíces. No hablando siempre se llega con más facilidad a la calma interior.
Sin embargo, «no basta que guardemos silencio exteriormente mientras seguimos charlando en nuestro interior; debemos llegar a un silencio interior». Estamos en grado de afirmar que al silencio interior se llega, en buena medida, a través del silencio exterior. Filtrar la necesidad de comunicarnos puede ser una tarea interesante. Mirarnos a nosotros mismos, y pensar si necesariamente debo compartir siempre toda buena noticia, o consolarme en conversaciones eternas cuando lleguen los malos augurios.
La tercera causa de dispersión habla precisamente de esto: la incapacidad de estar solo. Para muchos, su representación de soledad se asemejaría al dramático grito de Munch. Hay un auténtico horror vacui, horror al vacío. Llegar a casa, y no encontrar a nadie, es un calvario. Ir en el metro, y no escuchar música, insufrible. Caminar por la calle, y no mirar el móvil, tarea imposible. Lo dramático es ver lo que cuesta aguantarse a uno mismo. La solución: verterse hacia los otros o las cosas. Olvidarse de uno mismo, pero no en el sentido evangélico: olvidar lo profundo, para desterrarse al nivel del charcarrillo, del comentario fácil o de la apetencia inmediata.
Un alma que así vive se topa de frente con la última causa de ruido interior: la fatiga. Por el cansancio, no llegamos a ser dueños de nosotros mismos. Somos incapaces de dominar las asociaciones de ideas que se producen dentro de nosotros. Algo habla muy dentro de mí, sin ser yo el responsable. Pensemos en algo, y rápidamente abandonamos esa empresa, porque se cruzó otra impresión, idea o fantasía. Hay gente que incluso habla respondiendo a esta lógica: son incapaces de agotar un argumento, de escuchar una referencia completa, de llegar a las conclusiones de lo expuesto. Su modo de razonar se parece más al sueño que al razonamiento: es casi irresponsable.
Favorece al silencio interior el descanso apropiado y el sueño oportuno. «No podemos vivir siempre intensamente, ya que somos seres de cuerpo y espíritu». Un paseo por el campo, el deporte preferido, una buena partida de cartas. Ocho horas de sueño, o las que cada uno necesite. No se puede estar siempre en tensión. «La necesidad de intercalar entre los momentos de intensidad otros neutros e inocentes, debe conducirnos a admitir humildemente nuestra insuficiencia» (D. von Hildebrand, p. 102). Es verdad: no lo podemos todo. Saberlo es garantía para retirarse a tiempo.
En la tarea del acompañamiento espiritual, el discípulo crecerá necesariamente en cada una de las características que hemos apuntado, porque son condicionantes del silencio interior que es inicio y término de la vida espiritual. En la conversación espiritual estará presente la guarda de los sentidos, la mortificación de la lengua, el aprendizaje a habitar con uno mismo y saber estar slo, así como los modos de descanso. Pero no adelantemos acontecimientos. Todo eso llegará en la tercera parte.
Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

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125. Hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que «se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo»[100]. Es una seguridad interior, una serenidad esperanzada que brinda una satisfacción espiritual incomprensible para los parámetros mundanos.


[100] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 6: AAS 105 (2013), 1221.

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1.- Amar a Dios y al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. El escriba que se acercó a Jesús a preguntarle cuál era el primer mandamiento de todos, sabía muy bien, porque lo recitaba todos los días de memoria, que amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con todo el ser era el primer mandamiento. Sabía también que amar al prójimo era un mandato de la Ley. Pero la respuesta de Jesús, poniendo el mandamiento del amor al prójimo al lado mismo del amor a Dios le pareció muy bien al escriba y así se lo dijo con sinceridad a Jesús. Jesús le responde que está cerca del reino de Dios. No es tan fácil entender esto, ni mucho menos practicarlo. Porque en nuestra vida diaria decimos, y lo decimos con verdad, que nuestra bondad se demuestra haciendo obras buenas: obras son amores y no buenas razones. El árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo, frutos malos. Por sus frutos se conocen los árboles. Yo creo que lo importante aquí es entender qué es lo que hace buena a una obra. Y lo que aquí nos dice Jesús es que es siempre el amor a Dios y al prójimo el que determina la bondad de nuestras obras buenas. Es decir, que una obra legalmente buena no es moralmente buena si no está inspirada directamente en el amor a Dios y al prójimo. Podemos rezar mucho, y hacer muchas limosnas, y cumplir fielmente los mandamientos; si no es el amor a Dios y al prójimo el que inspira y motiva nuestras “buenas” acciones, estas acciones no son moralmente buenas, no nos salvan. Los fariseos se fijaban sobre todo en el cumplimiento legal y externo de las obras que estaban mandadas en la Ley; Jesús prefiere que nos fijemos en el amor con que hacemos estas obras. Porque al final, como nos repetirá frecuentemente San Pablo, sólo nos salvará el amor, el amor a Dios y al prójimo.

2.- Escucha, Israel: amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas. Moisés, en este texto, quiere prevenir a su pueblo contra la idolatría. Le dice a su pueblo que si quiere crecer y multiplicarse debe obedecer a su Dios, a Yahveh, como al único Dios. Yahveh es el único Dios y no tolera que su pueblo entregue su corazón a otros dioses. La idolatría fue siempre el gran peligro del antiguo Israel, rodeado como estaba de pueblos idólatras. También nosotros, hoy día, sufrimos el peligro constante de la idolatría; son muchos los ídolos que quieren dominar nuestro corazón, como pueden ser el dinero, el poder, el placer, la ciencia atea. Jesús sigue diciéndonos hoy a nosotros, a través de su evangelio, que sólo Dios merece nuestra obediencia y nuestra entrega total y que debemos manifestar nuestro amor a Dios amando a nuestro prójimo como el mismo Cristo nos amó. El Dios encarnado en Cristo es nuestro único Dios y a él debemos escuchar y obedecer. Sabiendo que para Jesús el amor a Dios y al prójimo van siempre unidos.

3.- Él no necesita ofrecer sacrificios cada día, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. El autor de esta carta a los Hebreos se refiere, claro está, a Cristo como sumo y eterno sacerdote. Cristo en la cruz se ofreció a sí mismo al Padre, como sacrificio de expiación por nuestros pecados. De este sacerdocio de Cristo participamos todos los cristianos, mediante nuestro bautismo. Todos los cristianos somos, pues, sacerdotes, porque participamos del sacerdocio de Cristo. Es lo que se llama el sacerdocio común, que adquirimos todos los cristianos cuando nos bautizan. Por eso, también cada uno de nosotros debemos ofrecer nuestras vidas a Dios, unidas a la vida de Cristo, como sacrificio de expiación por nuestros pecados y por los pecados del mundo. La vida del cristiano debe ser siempre una vida que salve y redima; somos sacerdotes llenos de debilidades, pero cuando unimos nuestro sacrificio al sacrificio de Cristo participamos de la santidad e inocencia de Cristo, nuestro único y eterno sacerdote.

Gabriel González del Estal

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Un maestro de la ley que había oído la discusión, viendo que les había contestado bien, se le acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?».

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor, Dios nuestro, es el único Señor; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos». El escriba le dijo: «Muy bien, maestro; con razón has dicho que él es uno solo y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale mucho más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, al ver que había respondido tan sabiamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y ya nadie se atrevió a preguntarle más.

Marcos 12, 28-34

 

Comentario del Evangelio

Hay veces que los cristianos estamos tratando de ponernos a prueba unos a otros, olvidando que nuestra misión no es medir lo que hacen los demás, sino que nuestra misión es vivir la fe con alegría y trabajar en construir el Reino.

Jesús en el Evangelio de hoy nos lo deja muy claro: dos cosas son las más importantes. Amar a Dios y amar a los demás, a las personas de este mundo. Sencillo de entender, para que lo podamos vivir de forma sencilla.

El Papa Francisco también nos lo dice muy claro. Quiere que los cristianos seamos discípulos-misioneros. Es decir, que las dos cosas, no sólo una o sólo la otra. Personas cercanas a Dios, personas de oración y personas misioneras, que viven para ayudar a los demás.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe algo que hayas hecho esta semana en que se note que amas a Dios y algo que hayas hecho en que se note que amás a las personas.

• ¿Por qué debemos ser discípulos-misioneros? ¿Qué es lo que más te cuesta vivir como creyente?

• Escribe un compromiso para ser una persona discípula de Dios y misionera en este mundo.

Oración

¡Qué suerte tenemos, Señor, de ser tu Iglesia!
¡Qué gozada es seguirte y vivir como Tú!
No dejes nunca que nos despistemos
con otras cosas.
Márcanos siempre el camino a seguir.
Enséñanos a contar a los otros,
lo que Tú vas haciendo dentro de cada uno,
para que vivan la vida contigo a su derecha
disfrutando de tu Amor,
tu impulso y tu sosiego.
No nos dejes presentarte de forma equivocada.
Señor, ¡cuántas veces hablamos mal de Ti!…
con nuestro vivir triste,
nuestro gesto cansado y nuestros miedos y desconfianzas,
de persona sin fe.
Envuélvenos a todos en tu abrazo paterno,
creyentes, ateos y de todos los grupos,
contágianos a todos tu respeto y tu Amor
para que no viva nadie sin fe en esta tierra,
pues cuando uno cree, vive mucho mejor.

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