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Archive for 3/11/18

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LUZ MENSAJERA DE GOZO.

Luz mensajera de gozo,
hermosura de la tarde,
llama de la santa gloria,
Jesús, luz de los mortales.

Te saludamos, Señor,
oh luz del mundo que traes
en tu rostro sin pecado
pura la divina imagen.

Cuando el día se oscurece,
buscando la luz amable
nuestras miradas te siguen
a ti, lumbre inapagable.

Salve, Cristo venturoso,
Hijo y Verbo en nuestra carne,
brilla en tu frente el Espíritu,
das el corazón del Padre.

Es justo juntar las voces
en el descanso del viaje,
y el himno del universo
a ti, Dios nuestro, cantarte.

Oh Cristo que glorificas
con tu vida nuestra sangre,
acepta la sinfonía
de nuestras voces filiales. Amén.

SALMODIA

Ant 1. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Ant 2. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

Ant 3. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

LECTURA BREVE   Hb 13, 20-21

El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor, Dios nuestro, es el único. Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón sus mandamientos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor, Dios nuestro, es el único. Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón sus mandamientos.

PRECES

Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:

Escúchanos, Señor.

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;
haz que no sean estériles, sino que den fruto, encontrando un corazón noble de nuestra parte.

Dios nuestro, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo,
y enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,
y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

A ti, que eres el médico de las almas y de los cuerpos,
te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos,
cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor de poder y de misericordia, cuyo favor hace digno y agradable el servicio de tus fieles, concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Sábado, 3 Noviembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Lucas 14,1.7-11

Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando.
Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: `Deja el sitio a éste’, y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
3) Reflexión
• El contexto. La Palabra de gracia que Jesús revela con su enseñanza y sus curaciones, corre el riesgo de ser anulada; para Jesús, cada día está más cerca el hecho de la muerte, como ocurrió a todos los profetas que lo precedieron. Esta realidad, hacia la que Jesús se dirige, muestra con claridad el rechazo del hombre y la paciencia de Dios. Rechazando a Jesús como el primer enviado, como la única Palabra de gracia del Padre, el hombre se acarrea su propia condenación y cierra la posibilidad que el Padre le había abierto de acceder a la salvación. Sin embargo, todavía no se ha apagado la esperanza: es posible que un día reconozca el hombre a Jesús como “aquel” que viene en el nombre del Señor, lo cual será un motivo de alegría. Por tanto, la conclusión del cap. 13 de Lucas nos hace comprender que la salvación no es una empresa humana, sino que sólo puede ser recibida como un don absolutamente gratuito. Veamos, pues, cómo acontecerá este don de la salvación, teniendo siempre presente este rechazo de Jesús como enviado único de Dios.

• La invitación al banquete. Ante el peligro de ser obligado a callar, fue sugerido a Jesús que huyese, y sin embargo acepta la invitación a una comida. Esta actitud de Jesús hace comprender que él no teme las tentativas de agresión a su persona, ni siquiera le dan miedo. El que lo invita es “uno de los jefes de los fariseos”, una persona con autoridad. La invitación tiene lugar en sábado, un día ideal para las comidas festivas, que normalmente se tenía hacia mediodía, después que todos habían participado en la liturgia sinagogal. Durante la comida, los fariseos “lo estaban observando” (v.1): una acción de control y de vigilancia que hace alusión a la sospecha sobre su comportamiento. Con otras palabras, lo observaban esperando de él alguna acción incompatible con la idea que ellos tenían de la ley. Pero a fin de cuentas lo controlan no tanto para salvaguardar la observancia de la ley, sino para atraparlo en algún gesto. El sábado, después de haber curado ante los fariseos y doctores de la lay a un hidrópico, ofrece dos reflexiones sobre cómo hay que acoger la invitación a la mesa y con qué ánimo hay que hacer la invitación (vv. 12-14).
La primera la llama Lucas “una parábola”, es decir, un ejemplo, un modelo o enseñanza a seguir. Ante todo, hay que invitar gratuitamente y con libertad de ánimo. Con frecuencia, los hombres, en vez de esperar la invitación, se adelantan y se hacen invitar. Para Lucas, el punto de vista de Dios es el contrario, el de la humildad: “Ha derrocado del trono a los poderosos y ha ensalzado a los humildes”. La llamada a participar de la “gran cena” del Reino tiene como éxito la mejora del nivel de vida del que sabe acoger gratuitamente la invitación a la salvación.
• El último lugar. Es verdad que ceder el propio sitio a los otros no resulta gratificante, sino que puede ser humillante; es una limitación del propio orgullo. Pero resulta más humillante y motivo de vergüenza cuando hay que cambiarse al último lugar; entonces es un deshonor ante los ojos de todos. Por una parte, Lucas piensa en todas las situaciones humillantes y dolorosas en las que el creyente se puede encontrar, y por otra, en el sitio reservado para el que vive estos acontecimientos ante los ojos de Dios y de su reino. Los orgullosos, los que buscan los primeros lugares, los notables, se pavonean de su situación social. Al contrario, cuando Jesús vino a habitar entre nosotros, “no había sitio para él” (2,7) y decidió seguir ocupando un lugar entre la gente humilde y pobre. Por esto Dios lo ha ensalzado. De aquí, la preciosa sugerencia de optar por su misma actitud, escogiendo el último lugar. El lector puede encontrarse incómodo ante estas palabras de Jesús que minan el sentido utilitarista y egoísta de la vida; pero a la larga, su enseñanza se muestra determinante para subir más alto; el camino de la humildad conduce a la gloria.
4) Para la reflexión personal
• En tu relación de amistad con los demás ¿prevalece el cálculo interesado, la búsqueda de recibir recompensa?

• Al relacionarte con los demás, ¿está tu yo siempre y a toda costa en el centro de la atención, incluso cuando haces algo a favor de los hermanos? ¿Estás dispuesto a dar lo que tú eres?
5) Oración final
Como anhela la cierva los arroyos,

así te anhela mi ser, Dios mío.
Mi ser tiene sed de Dios,
del Dios vivo;
¿cuándo podré ir a ver
el rostro de Dios? (Sal 42,2-3)

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La curación del ciego Bartimeo nos dejó camino de Jerusalén. En la cronología de Marcos, el domingo tiene lugar la entrada triunfal; el lunes la purificación del templo; y el martes, en la explanada del templo, las autoridades interrogan a Jesús sobre su poder; los fariseos y herodianos sobre el tributo al César; los saduceos sobre la resurrección. Son enfrentamientos con mala idea, que desembocan en una escena inesperada, en la que un escriba reconoce la sabiduría de Jesús.

1. El protagonista es un escriba. Los escribas son los especialistas en la Ley de Moisés, parecidos a los actuales profesores de teología, pero con una formación mucho más intensa, porque tenían que aprender de memoria el Pentateuco y las interpretaciones de los rabinos; además, no podían ejercer su profesión hasta cumplir los cuarenta años. Gozaban de gran prestigio entre el pueblo, aunque su peligro era el legalismo: la norma por la norma, con todas las triquiñuelas posibles para evadirla cuando les interesaba. Por eso Jesús tuvo tantos enfrentamientos con ellos. En los evangelios aparecen generalmente como enemigos, pero en este caso las relaciones entre el escriba y Jesús son muy buenas y los dos se alaban mutuamente.

2. La pregunta por el mandamiento principal. La antigua sinagoga contaba 613 mandamientos (248 preceptos y 365 prohibiciones), que dividía en fáciles y difíciles. Fáciles, los que exigían poco esfuerzo o poco dinero; difíciles, los que exigían mucho dinero o ponían en peligro la vida. P. ej., eran difíciles el honrar padre y madre, y la circuncisión. Generalmente se consideraba que los difíciles eran importantes; entre los temas importantes aparecen la idolatría, la lascivia, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá (el Pentateuco). Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar, o de saber qué era lo más importante.

3. La respuesta de los contemporáneos de Jesús. Citaré dos casos. El primero se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos Shammay y Hillel, que vivieron pocos años antes de Jesús. Una vez llegó un pagano a Shammay (hacia 30 a.C.) y le dijo: “Me haré prosélito [es decir, estoy dispuesto a convertirme al judaísmo] con la condición de que me enseñes toda la Torá mientras aguanto a pata coja”. Shammay lo echó amenazándolo con una vara de medir que tenía en la mano. Entonces el pagano fue a Hillel (hacia el 20 a.C.), que éste le dijo: “Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpretación”. Y lo tomó como prosélito.

También del Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) se recuerda un esfuerzo parecido de sintetizar toda la Ley en una sola frase: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18); este es un gran principio general en la Torá”.

4. La respuesta de Jesús. El esfuerzo por sintetizar en una sola frase lo esencial se encuentra al final del Sermón del Monte en el evangelio de Mateo: “Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas” (Mt 7,12).

En el evangelio de hoy, Jesús responde con una cita de la Escritura: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6,5), aunque añade también “con toda tu mente”. Estas palabras forman parte de las oraciones que cualquier judío piadoso recita todos los días al levantarse y al ponerse el sol. En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable. No peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente.

La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el mandamiento principal, y añade un segundo, tan importante como el primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19,18). Ambos preceptos están al mismo nivel, deben ir siempre unidos. Jesús no acepta que se pueda llegar a Dios por un camino individual e intimista, olvidando al prójimo. Dios y el prójimo no son magnitudes separables.Por eso, tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo. A la pregunta del escriba por el mandamiento más importante (en singular) responde diciendo que son estos dos (en plural). Y no hay precepto más grande que ellos.

5. La reacción del escriba. El protagonista, que no ha venido a poner a prueba a Jesús (como ocurre a los escribas y fariseos en otros casos), sino a conocer lo que piensa, se muestra plenamente satisfecho de la respuesta. Y añade un comentario importantísimo: amar a Dios y al prójimo “vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Con estas palabras, el escriba abandona el plano teórico y saca las consecuencias prácticas. Durante siglos, muchos israelitas, igual que hoy muchos cristianos, pensaron que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos de animales… Sin embargo, los profetas les enseñaban que, para llegar a Dios, hay que dar necesariamente el rodeo del prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa. En esta línea se orienta el escriba.

Aunque su punto de vista es muy fácil de entender, cuento una anécdota interesante. En la basílica de la Virgen de Luján, en Argentina, un sitio de peregrinación nacional muy frecuentado, era costumbre llevar ramos de flores para la Virgen. La última vez que estuve allí, me llamó la atención un letrero colocado de manera oficial y muy clara advirtiendo a los fieles que a la Virgen le agrada mucho más que se dé de comer al hambriento que el que le regalen a ella un ramo de flores.

José Luis Sicre

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¡Escucha!

La pregunta, que aquel letrado dirige a Jesús, no es banal, ni retórica, porque en ella se ventilaba el problema de la pertenencia al Reino de Dios y así alcanzar la vida eterna (Lc 10, 25).

1. Las diversas escuelas rabínicas habían multiplicado los preceptos, las normas y los ritos. Las prescripciones positivas habían llegado a ser 248 (tantas como los huesos del cuerpo humano) y las prohibiciones eran 365 (tantas como los días del año).

2. Jesús se remonta al Antiguo Testamento y recupera aquella profesión de fe que recitaba diariamente todo buen judío: “Escucha, Israel …” (Dt 6, 4-5).

El segundo mandamiento, también presente en el Antiguo Testamento, habla del amor al prójimo. (Lv 19, 18).

Lo original de Jesús consiste en que relaciona ambos preceptos o ambas líneas de ética. “La vinculación y mutua subordinación entre el amor a Dios y al prójimo es absolutamente original”. Lo cierto es que todos los mandamientos, toda la ética reciben su sentido del primero, que, a su vez, se expresa en el amor al prójimo. (Los siete últimos mandamientos son variantes del amor al prójimo).

Tiene una especial importancia para nosotros que evoquemos la actitud de “escucha”.

Escuchar ¿a quién? Escuchar la voz de la vida, de la conciencia, la palabra de la experiencia, de la historia y sobre todo escuchar el silencio y escuchar a Dios. Hoy en día vivimos en una palabrería crónica, palabrería hueca en muchos casos, interesada en otros, poco amante de la verdad en gran parte de los casos. Oímos la radio, la tele, incluso “oímos misa”, pero escuchamos poco o nada.

No acertamos a escuchar la voz de la vida: el rumor de la esperanza, la tragedia de la muerte, el dolor del hambre, la amargura de la decepción y el fracaso … No escuchamos la voz del amor, de un nacimiento. No escuchamos la voz de la naturaleza, de la creación.

Y si no sabemos escuchar silenciosamente, el griterío ensordecedor de los medios de comunicación, de la palabrería, de los líderes, de las manifestaciones y reuniones’ terminará por sofocar la apertura a la vida, a la luz, a la verdad y a Dios …

En no pocos ambientes, incluido el eclesiástico, los vacíos, la vagancia y la deserción intelectual se llena con una ingente palabrería hueca (reuniones).

Tal vez, más que hablar, más que transmitir doctrina, se trata de hacer aflorar y hacer consciente en el ser humano la voz de la vida, las grandes cuestiones.

Nuestra civilización ha arrasado las cuestiones para las que no tiene una respuesta. El sentido de la vida, las cuestiones éticas, la misma muerte, son problemas que “no existen”. Si usted tiene stress, angustia o depresión se toma una pastilla. Hoy en día uno se muere casi como un perro (con perdón), la civilización actual no tiene una palabra, una esperanza para el ser humano ante la muerte. La naturaleza no es objeto (sacramento) de contemplación, sino un almacén de cosas a consumir. La sexualidad no es encuentro entre personas, sino un mecanismo de placer. El aborto es un simple medio anticonceptivo. El cristianismo, el jubileo, el camino de Santiago son meros productos turísticos …

Tal vez pastoralmente evangelizar signifique: ¡Escucha!

Escucha ¿qué, a quién?

El Señor Dios es el único Dios.

Quizás pueda sonar una afirmación demasiado religiosa, demasiado bíblica. Pero es una verdad no grande, sino absoluta. Solamente la Verdad, el Amor, la Libertad, Dios son el objeto de nuestra escucha.

Las mediaciones políticas, sindicales, culturales, eclesiasles pueden ser importantes, pero nunca absolutas.

Desde la ultimidad de la escucha a Dios cobra sentido el respeto y amor al prójimo. A Dios le escuchamos en el camino de la vida. Dios “se hace presente a lo largo y ancho del mundo” (Rahner, K.)

Quien escucha y ama a Dios (ultimidad, verdad, libertad, justicia) comienza a amar al prójimo, la historia, la vida.

Por estas cosas es por lo que Jesús le dijo al letrado: No estás lejos del Reino de Dios. (v 34).

¡Escucha en la vida!

Textos para la oración personal

* Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. (Dt 6, 2-6)

* Yo te amo, Señor, tú eres mi roca.

Dios mío, roca mía, mi alcázar, mi libertador, mi fuerza salvadora, mi baluarte. (Salmo 17).

* Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. Amarás al prójimo como a ti mismo.

No estás lejos del Reino de Dios. (Mc 12, 28-34).

Tomás Muro

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127. Su amor paterno nos invita: «Hijo, en cuanto te sea posible, cuida de ti mismo […]. No te prives de pasar un día feliz» (Si14,11.14). Nos quiere positivos, agradecidos y no demasiado complicados: «En tiempo de prosperidad disfruta […]. Dios hizo a los humanos equilibrados, pero ellos se buscaron preocupaciones sin cuento» (Qo 7,14.29). En todo caso, hay que mantener un espíritu flexible, y hacer como san Pablo: «Yo he aprendido a bastarme con lo que tengo» (Flp 4,11). Es lo que vivía san Francisco de Asís, capaz de conmoverse de gratitud ante un pedazo de pan duro, o de alabar feliz a Dios solo por la brisa que acariciaba su rostro.

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Siguiendo con nuestro propósito de reflexionar sobre las palabras de Jesús que, nos decía el Apóstol San Pedro, son palabras de vida eterna para nosotros, esta mañana nos encontramos con unas tan importantes que Jesús no dudo en considerarlas como la síntesis de todo lo que suponían la Ley y los profetas. [(Tercera lectura) Mc. 12, 28-34)]
Unas palabras que recogidas ya en el Antiguo Testamento, primera lectura (Dt. 6,26) nos indican claramente cuál es la última intencionalidad de Dios al revelárnoslas: “Para que seamos dichosos y nos multipliquemos en tierra fecunda”.

Siempre ha sido importante subrayar esta buena intención de Dios que, como buen Padre, quiere marcarnos los caminos por los que podamos discurrir adecuadamente. Hoy, que estamos borrachos de la palabra “libertad”, es más importante subrayar ese carácter de ayuda que Dios nos ofrece porque, de una manera casi enfermiza, el hombre actual rechaza todo cuanto huela siquiera lejanamente a autoridad por legítima y justificada que sea.

Hablar de que Dios nos señala unos comportamientos, aunque sean tan claros y elementales como que nos tratemos fraternalmente y creamos en un ser superior, a mucha gente le produce una especie de urticaria mental.

Sin embargo, nada hay más generoso y desinteresado por parte de Dios al comunicárnoslas. Dios no nos necesita absolutamente para nada. Un segundo antes del famoso Big-Bang, cuando solo existía Dios era tan feliz y autosuficiente como lo es ahora unos 13.700 millones de años después. Dios era lo que era sin necesidad de ninguna de sus criaturas. Si nos creó fue exclusivamente por amor. Nunca buscó súbditos sino hijos a quienes amar y enseñar la verdad.

Ese Dios Absolutamente autosuficiente es el que se acerca a nosotros para decirnos que si nos amamos fraternalmente podremos vivir mucho mejor que si nos odiamos mortalmente. Parece mentira que a seres que presumimos de racionales se nos tenga que decir perogrulladas de ese tipo, pero así es. Lo más grave es que después de habérnoslas dicho, seguimos igual mirando a otra parte como si la cosa no fuera con nosotros.

Justificada esta “intromisión” de Dios en nuestra vida, mejor diríamos, formidable ayuda a las posibilidades reales de nuestro progreso y felicidad, escuchemos el mensaje de Jesús, “ese sacerdote hecho perfecto para siempre” que nos decía la segunda lectura. (Heb. 7,23-28)

El primer mandamiento es: El Señor es el único Señor. Le amarás con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

La tendencia a crearnos dioses aparece de una manera espontánea con los primeros seres humanos. Basados en la experiencia diaria de que todo cuanto comienza a ser ha tenido un hacedor, pensaron que también el mundo y cuanto hay en él, tienen un fabricante, uno que lo ha hecho. Así es como la humanidad fue construyéndose dioses que justificaban la existencia de todo aquello que ellos ni habían hecho ni sabían explicar.

Ante esa enorme cantidad de dioses fabricados por la mente humana, a los que adoraban inútilmente, y teniendo en cuenta que fundamentaban una enorme caterva de sacerdotes, chamanes, brujos, etc. que se arrogaban el privilegio de entrar en contacto con ellos, dominando a sí a los demás, Dios salió al paso de tanto error diciéndonos quien era el verdadero Dios. Fue una ayuda que nos prestó, no para sacar nada de nosotros sino para que nosotros no nos humilláramos antes nuestras propias creaturas ni ante sus falsos representantes.

Es lo que han hecho tantas veces nuestros padres con nosotros y vosotros con vuestros hijos: sacarles de errores perniciosos.

Respecto al segundo mandamiento: amar al prójimo, los errores de la humanidad no eran menores. Desde que aparecen los prehomínidos hay signos manifiestos de guerras fratricidas semejantes a las de los demás animales. Cuando ya muy evolucionados comienza a escribirse la historia, resulta ser la historia de la sangre vertida entre hermanos. Sus páginas están llenas de conquistas, matanzas, explotaciones, sufrimientos. Dios en este tema también vino en nuestra ayuda y nos advirtió de los peligros que supone para la convivencia que no sepamos vernos como miembros de una misma especie, como hermanos y como hermanos hijos de un mismo Padre Dios.

Evitarnos errores y ayudarnos a vivir en la verdad es la única razón de ser de la presencia de Dios en nuestras vidas, tenidas por muchos como intolerables “injerencias”.

Ciegos hemos de estar para ver así las cosas, pero así es. Ya hace 2000 años que Jesús nos explicó esto y no hay periódico que hoy, con sus tremendas noticias llenas de crueldad, no demuestren que no hemos entendido ni una sola palabra del mensaje de Jesús.

Seguimos sirviendo y adorando a dioses materiales: el dinero, el poder, el prestigio, y mirándonos de reojo para ver como atacarnos, como dominarnos unos a otros. Decía Cantinflas en una de sus formidables películas (Su Excelencia) que los hombres hemos entendido que lo que nos decía Jesús es que nos armáramos los unos contra los otros en lugar de que nos amáramos los unos a los otros. ¡Tremendo, trágico error!

Escuchemos la enseñanza de Jesús: Son palabras de vida eterna para todos nosotros: amemos a Dios de corazón y al prójimo como a nosotros mismos y viviremos como deben vivir los seres racionales. AMÉN

Pedro Sáez

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1. Entendemos normalmente por mandamiento un precepto u orden que nos viene de Dios o de la Iglesia. En realidad, «mandamiento» es, en el Nuevo Testamento, encargo o invitación que el discípulo acepta porque es creyente y quiere serlo. Los mandamientos básicos no son leyes, sino bienaventuranzas. No se ama por ley, sino por decisión libre y personal basada en el afecto. Los mandamientos son invitaciones a ejercer la caridad.

2. Los dos mandamientos de amor y fidelidad a Dios y amor y lealtad al hombre eran ya conocidos en el Antiguo Testamento. «Prójimo» era sinónimo de «hermano». Entre los prójimos se crea una relación amorosa o amistosa. Ser prójimo de alguien es entrar en su compañía para estar con él o ayudarlo. Por consiguiente —se dice ya en el Levítico—, al prójimo hay que amarlo con el amor de Dios.

3. En tiempos de Jesús se habían multiplicado los mandamientos considerablemente: había 613. En las escuelas rabínicas se discutía cuál era el «primero» o el «mayor»: rechazo de la idolatría, observancia del sábado, prohibición de derramar sangre, no profanar el nombre de Dios, etc. Se discutía quién era prójimo para un israelita. Jesús expresa con toda nitidez el mandamiento nuevo, que sustituye al antiguo de la vieja alianza. Antes se insistía más en el «temor» de Dios. Frente a los escribas y fariseos, Jesús se apoya en las Escrituras, desautoriza la interpretación que de ellas hacen los saduceos, en función de sus propios intereses de clase, y se manifiesta en contra de las tradiciones falsificadoras. Afirma resueltamente haber recibido del Padre dicho mandamiento, que es el distintivo de la nueva comunidad. Un distintivo, a su vez, nuevo por su contenido («unos a otros») y por su radicalidad («hasta dar la vida»). El centro del mandamiento nuevo no es uno mismo, sino Dios y el prójimo desvalido. Quien cumple con el amor al prójimo cumple toda la ley, ya que este amor es la culminación de todos los demás.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Es cierto que la caridad empieza por uno mismo?

¿Qué dificultades encontramos hoy a la hora de cumplir con el mandamiento nuevo cristiano?

Casiano Floristán

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